El cuento de las mentiras

RELATOS

Todos los días el hombre bajaba al río a pescar y luego vendía los pescados en el bazar; la ganancia alcanzaba para las comidas diarias. Pero una mañana el pescador se sintió mal y no quería levantarse.
–¿No irás a pescar hoy? –le preguntó entonces su mujer– ¿Y de qué viviremos? ¿Qué comeremos? ¡Levántate! Yo llevaré el canasto y la red.

De modo que ese día fueron los dos al río y pescaron un buen rato en los acantilados cercanos al palacio real. Casualmente el rey miró por una de las ventanas que daban al mar y vio a la mujer. Quedó asombrado y se enamoró perdidamente de ella. Llamó al visir y le dijo:
–¡Oh, visir! Vi a la mujer del pescador y me enamoré de ella. Es tan hermosa como la luna en su noche de plenitud. ¡Por Alá!, en todo mi palacio no hay ninguna que pueda competir con su belleza. ¡Debe ser mía!
–¿Y qué piensas hacer, oh rey? –preguntó el visir.
–Debemos hacer venir al pescador al palacio y matarlo –contestó el rey –. Así podré casarme con su mujer.
– ¡Por tu honor, oh rey! No puedes matar al pescador sin que haya cometido ningún crimen –objetó el visir–. Todos tus súbditos verían ese proceder con malos ojos. Te hago otra propuesta: mi padre posee un salón que es más o menos tres veces más grande que tu parque. Haremos venir al pescador y le diremos que el rey quiere una alfombra de una sola pieza para cubrir su piso. Le daremos tres días de plazo; si no cumple, morirá. De este modo tendrás un motivo para matarlo y tus súbditos no podrán decir nada.

Al día siguiente el visir llamó al pescador, lo condujo al salón y le ordenó lo que había tramado el rey. El pobre hombre protestó:
–¿Por qué me piden eso a mí? ¿Acaso yo negocio con alfombras? En lugar de la alfombra puedo traer peces de todo tamaño y color. Haré todo lo posible; trataré de conseguír los más extraños.
–No le sirve de nada discutir –lo interrumpió el visir–. El rey así lo ha ordenado.

Desesperado, el pescador fue corriendo a su casa.
–¿Qué es lo que te abruma? –le preguntó su mujer.
–Cállate y junta nuestras pocas cosas. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes.
–¿Por qué? –preguntó ella sin comprender.
–El rey quiere matarme si en el término de tres días no le llevo una alfombra de cuatro mil metros cuadrados… ¡Y de una sola pieza!
–¿Es eso todo? Entonces no te hagas problemas; mañana tendrás la alfombra –dijo aliviada la mujer.
– ¡¿También tú estás tan loca como el visir?! –gritó el hombre–. ¡Somos pescadores, no comerciantes de alfombras!
Pero ella le dijo tranquila:
– Si ya la quieres tener hoy, tendrás que ir a buscarla tú mismo.
– Sí, sí, mejor me aseguro ahora. Pero dime, dime cómo debo hacer.
– Ve hasta la mezquita, sigue siempre derecho y en el tercer cruce encontrarás un aljibe debajo de un olivo. Asómate y di: “Badwia, tu hermana te pide el huso que dejó olvidado ayer porque debemos tejer una alfombra”.

El pescador fue hasta el aljibe. Hizo lo que su mujer le había dicho y una voz le contestó desde la profundidad: “Toma el huso y haz la alfombra”. Una mano salió del pozo y le alcanzó lo que pedía. El pescador tomó el huso y regresó a su casa. Cuando llegó le preguntó a su mujer:
–¿Y cómo voy a hacer semejante alfombra en tan poco tiempo y con tan poco hilo?
–Vé a ver al visir y pídele un martillo y un clavo. Clávalo en un rincón del salón, sujeta el hilo del huso al clavo y luego coloca la alfombra como tú quieras.
– ¡¿Acaso hay una alfombra dentro del huso?! ¿Quieres que me tomen por loco y que el rey me mate? –preguntó el pescador fuera de sí.
–Haz lo que te dije –le contestó con firmeza su mujer.

El hombre fue a casa del visir. Por el camino pensaba: “Hoy es mi último día en este mundo”. Cuando llegó, el rey y el visir le preguntaron burlones:
–¿Trajiste la alfombra, oh pescador?
Y como él asintiera, prosiguieron curiosos:
–¿Dónde la traes, oh pescador?
–Dentro de mi bolsillo, oh dueño del poder –respondió él.
Ahí rieron los otros de buena gana y burlándose más le preguntaron:
–¿Es acaso un ovillo?
–¿Qué importa? Dame un clavo y un martillo, oh visir, y colocaré la alfombra en tu salón.
El visir mandó llamar secretamente al verdugo y le dijo:
–No te muevas de esta puerta. Si el pescador no logra cubrir el piso con una alfombra desenvaina tu espada y córtale la cabeza.

Fue así como una valiosa alfombra de seda cubrió el piso por completo. Era tan fina y brillante que el rey empalideció de envidia porque en todo su palacio no había otra igual.

El visir, estupefacto, dijo:

–Esto lo has logrado, oh pescador, pero el rey quiere pedirte otra cosa: desea que le traigas un niñito de ocho días que le cuente un cuento que empiece y termine con una mentira.
–¿Conoces tú, oh visir, un niñito de ocho días que sepa hablar? –preguntó indignado el pescador–. Ni siquiera el hijo del Diablo sabe hablar a los ocho días, y menos contar un cuento.
–Es inútil discutir –respondió el visir– El rey lo quiere así. Tienes ocho días de plazo.
El pescador, furioso, regresó a su hogar y contó lo ocurrido a su esposa.
– No te preocupes ahora por eso –le respondió ella –. Ocho días es mucho tiempo.
Cuando llegó la mañana del octavo día el pescador dijo a su mujer:
– Hoy es el día. ¡Por Alá! ¿Qué haremos ahora?
– Vé otra vez al aljibe que está debajo del olivo y dí: “Badwia, tu hermana te saluda y te pide el niño que nació ayer porque lo necesitamos con urgencia”.
– Y¿Tú tambièn eres tan tonta como el visir? Ni el hijo del Diablo sabe hablar una palabra después de tan sólo ocho días –gritó el pescador–. ¡Y tú me hablas de niñito de un día!
–Vé y haz lo que te dije –le ordenó con firmeza su mujer.

Mientras el pescador se dirigía al aljibe, pensaba: “Hoy es mi último día en este mundo”. Y se puso muy triste. Cuando llegó al lugar indicado hizo lo que su mujer le había dicho. Una mano salió del pozo, le alcanzó el niño y una voz le dijo desde la profundidad: “Pronuncia el nombre de Alá sobre él”.
–En nombre de Alá, el bondadoso y compasivo –dijo el pescador, y regresó a su casa con el niño. Por el camino le dijo a la criatura:
–Habla, así puedo estar seguro de que no moriré.
Pero el niño comenzó a llorar como cualquier niño. Entonces el pescador pensó: “Mi mujer y el visir se han aliado para matarme Cuando llegó a la casa, dijo a los gritos a su esposa:
–¡Aquí está el niño, pero no dice nada!
Ella respondió:
–Llévalo ante el rey y el visir, allí hablará. Pide tres almohadas; siéntalo en el medio del diván y colócale una almohada debajo del brazo derecho, otra debajo del brazo izquierdo y la tercera detrás de la espalda. Así hablará.

El pescador tomó nuevamente al niño y fue al palacio del rey. El visir salió a su encuentro, pero cuando comprobó que la criatura sólo lloraba ”buah… buah…” fue muy contento a ver al rey y le dijo:
–Por mi honor, acabaremos ahora con el pescador; el niño sólo dice “buah… buah…” como todos los niños. Llama a los jueces, sabios y jeques. Como este hombre no ha cumplido, podremos matarlo delante de todos y tendremos la ley de nuestro lado.

Una vez que toda la concurrencia se hubo reunido, el rey ordenó al pescador:
–Trae al niño para que nos cuente el cuento de las mentiras.
El hombre pidió las almohadas, los criados las trajeron. Cuando terminó de acomodar al niño, el rey preguntó:
–¿Es éste el que nos contará el cuento?
Y el niñito contestó:
– ¡Que la paz sea con todos!
Los invitados se extrañaron ante el saludo. El rey, balbuceando, saludó a su vez y le ordenó:
–Bien, niño, cuéntanos el cuento de las mentiras.
El niñito comenzó:

–En la flor de la juventud abandoné la ciudad al calor del mediodía. Me encontré con un vendedor de melones y le compré uno por un dinar. Lo corté en pedazos y en su interior descubrí una gran ciudad con bazares multicolores, suntuosos palacios y mezquitas. Me interné en el melón y admiré los edificios. Tambièn vi gente de muchas razas. Caminé mucho, tanto que alcancé las afueras de la ciudad. Llegué a campos. Allí encontré una palmera que tenía unos dátiles de un metro. Como tenía hambre, me trepé al árbol para comer alguno. Cuando llegué arriba vi que muchos campesinos sembraban y cosechaban el trigo sobre las hojas. Comí un poco y luego bajé y seguí caminando. Entonces encontré a otro campesino que partía gran cantidad de huevos sobre el borde de un jarrón de piedra. De ellos salían infinidad de pollitos. Las gallinas volaban hacia la izquierda y los gallos hacia la derecha. Seguí caminando y me topé con un burro que llevaba tortitas de sésamo sobre el lomo. Corté un pedacito de una y me lo comí. Enseguida volví a encontrarme fuera del melón, que se cerró totalmente hasta quedar tal cual como yo lo había comprado.

–¡Basta ya de mentiras! –exclamó el rey muy enojado–. ¿Dónde se ha visto una ciudad dentro de un melón? ¿Y quién ha oído hablar de pollitos que salen de un huevo con sólo cascarlo?

–¡Pero mi rey! Tu deseo era que te contara un cuento lleno de mentiras. ¿O es que acaso planeabas matar al pescador para quedarte con su hermosa mujer? ¡Es una vergüenza! Eres rey, sultán y jefe de los creyentes y te enamoras de la mujer de un pescador. ¡Por Alá! ¡Si no dejas en paz a este hombre, borraré tu cabeza de este mundo!

El rey se puso muy pálido y todos dirigieron su mirada hacia él. Entonces el pescador, aliviado, tomó al niño entre sus brazos y regresó feliz a su casa. Allí vivió con él y su mujer en armonía hasta la muerte.

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El mendigo sabio

RELATOS

El califa se encontró con un mendigo en el mercado y le preguntó:
-¿Qué quieres?
El mendigo se rió y dijo:
-¿Me preguntas como si pudieras satisfacer mi deseo?
El califa dijo:
-Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo. ¿Dime qué es?
Y el mendigo, que era muy sabio dijo:
-Piénsalo dos veces antes de prometer.
El califa Insistió:
-Te daré cualquier cosa que pidas. Soy el príncipe de los creyentes. ¿Qué puedes desear que yo no pueda darte?
El mendigo le dijo:
-Es un deseo muy simple. ¿Ves aquella escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?
Por supuesto -dijo el emperador.
Llamó a uno de sus servidores y le dijo:
-Llena de dinero la escudilla de este hombre.
El servidor lo hizo… y el dinero desapareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escuadrilla del mendigo siempre estaba vacía.
Todo en el mercado se reunieron. El prestigio del califa estaba en juego. Les dijo a sus servidores
-Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme.
Diamantes y perlas caían en la escudilla… los tesoros se iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba reunida en silencio. El califa se tiró a los pies del mendigo y admitió su derrota.
Le dijo:
-Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad. ¿De qué está hecha tu escudilla?
El mendigo se rió y dijo:
-Está hecha del mismo material que la mente humana. No hay ningún secreto… simplemente está hecha de deseos humanos.
Que la paz sea con todos.

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El Hombre, su caballo y su perro

RELATOS

Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.
Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga y el sol era muy fuerte y los tres estaban empapados en sudor estaban sedientos. En una curva del camino, vieron un portón de oro y mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al guardián que cuidaba de la entrada.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el guardián.
-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.
-Esto es el cielo -fue la respuesta.
-Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante.
-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.
-Mi caballo y mi perro también están con sed.
-Lo lamento mucho -le dijo el guardián-. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar , con sed y agotados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra bordeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía…
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?
-Este lugar es el cielo -respondió el hombre.
-¿Cielo? ¡El guardián del otro lado del portón de mármol y oro me dijo que allí era el cielo!
-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.
El caminante asombrado dijo:
-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.
-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

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La piedra de toque

RELATOS

Se cuenta de un hombre al que un anciano sabio reveló un secreto fabuloso llamado “la piedra de toque”. Se trataba de hallar dicho talismán tras lo cual estaría a su alcance todo aquello que deseara. La Piedra de Toque podría encontrarse, según le informó el sabio, entre los guijarros de una playa. Todo cuanto debía hacer era pasear por la orilla e ir recogiendo guijarros. Si una de esas piedras la sentía tibia al tacto, cosa contraria a lo que suele suceder con los guijarros, habría encontrado la Piedra de Toque.

El hombre se marchó inmediatamente a su casa y decidió dedicar una hora cada día a la búsqueda de tal tesoro. Y cada mañana al amanecer recogía piedras en la playa. Cuando agarraba un guijarro que sentía frío, lo tiraba al mar. Esta práctica continuó hora tras hora, día tas día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Cada guijarro se sentía frío. Cada guijarro era inmediatamente lanzado al mar. Sin embargo, se consolaba pensando que aquella práctica resultaba sana y agradable. De hecho, pasados los años, casi había olvidado la razón de sus paseos matinales por la playa, disfrutaba mirando el mar, observando el oleaje, escuchando a las gaviotas y recoger y tirar los guijarros pasó a ser casi un juego divertido, un hábito.

Pero entonces, tarde en una mañana, sucedió que tomó un guijarro que sintió tibio, a diferencia de los demás. El hombre, cuya conciencia apenas percibió la diferencia, lo lanzó al mar. Ni siquiera se dio cuenta que había tirado La Piedra de Toque. El tesoro cuya búsqueda había comenzado hace tantos años.

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El juicio

RELATOS

En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco.
Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo, pero el hombre decía: “Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo.

Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo:

-Viejo estúpido. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!

-No vayan tan lejos -dijo el viejo-. Simplemente digan que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es juicio de ustedes. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento.¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?

La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes.

De nuevo se reunió la gente diciendo:

-Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte.

-De nuevo están yendo demasiado lejos -dijo el viejo-. Digan sólo que el caballo ha vuelto… ¿quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Están leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo pueden juzgar el libro entero?

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro sabían que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos…

El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar:

-De nuevo tuviste razón -dijeron-. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y a tu edad él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca.

-Están obsesionados con juzgar -dijo el viejo-. No vayan tan lejos, sólo digan que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto.

Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían.

-Tenías razón, viejo, era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre.

-Siguen juzgando -dijo el viejo-. Nadie sabe. Sólo digan que sus hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Sólo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda.

No juzgues o jamás serás uno con el todo. Te quedarás obsesionado con fragmentos, sacarás conclusiones de pequeñas cosas. Una vez que juzgas, has dejado de crecer.

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La muchacha de las zapatillas rojas

RELATOS

Pocos años antes de que el país fuera invadido por los persas, gobernó en Egipto el faraón Amasis. para proteger el territorio de la amenaza de Ciro el persa, que estaba conquistando todo el mundo conocido, el monarca permitió que los griegos comerciasen y se estableciesen sin trabas en Egipto; también les concedió la ciudad de Naucratis para su uso exclusivo.

En Naucratis, cerca de la desembocadura del Nilo en Canope, vivía un próspero comerciante griego llamado Charaxos. Había nacido en la isla de Lesbos, y era hermano de la celebre poetisa Safo; pero la mayor parte de su vida la Había dedicado a comercio con Egipto. Cuando accedió a la edad madura decidió asentarse en Naucratis.

Un día, mientras se paseaba por el mercado, divisó una muchedumbre que se arremolinaba donde vendían a los esclavos. Arrastrado por la curiosidad, se abrió paso a empellones y vio la causa del revuelo: una hermosa muchacha que acababa de ser puesta en venta en la tribuna de piedra.

Su apariencia delataba los griegos de su origen: una pálida piel y unas mejilla sonrosadas como capullos de una rosa. Charaxos se quedo sin aliento: era la criatura mas hermosa que había visto en su vida.

En cuanto comenzó la puja. Charaxos entró inmediatamente en ella, decidido a hacerse con la muchacha. Como era uno de los comerciantes más ricos de Naucratis, logró su propósito sin muchos contratiempos.

Después de adquirir a la muchacha se enteró de que se llamaba Rodopis, que venía del norte de Grecia y que había sido raptada por piratas cuando era una chiquilla. La habían vendido a un rico terrateniente que tenia numerosos esclavos a su servicio en la isla de Samos. Allí había transcurrido su niñez; otro de los esclavos que vivían con ella era un hombrecillo mas bien feo llamado Esopo, que había sido siempre muy gentil con la niña y le contaba unas historia y fábulas cautivadoras sobre animales, aves y seres humanos.

Cuando se hizo una mujercita, su amo decidió sacar el partido a una muchacha tan bella, así que la mandó a Naucratis para ponerla en venta.

La historia de la muchachazo nacer en Charaxos una profunda compasión. Al poco andaba como chalado por ella. Le regaló una casa estupenda con un jardín en el patio y niñas esclavas que le servían. Le colmó de presentes, de joyas y suntuoso ropajes, y la malcrió como si hubiese sido su propia hija.

Pero un día acaeció algo extraño mientras Rodopis se bañaba en la piscina de mármol de
su jardín privado. Era mediodía, cuando el clima, en verano, adquiere todo su calor, incluso en el norte de Egipto. La muchacha se refrescaba lánguidamente en el agua y las niñas esclavas le guardaban la ropa, vigilando un cinturón de piedra preciosas y unas zapatillas de un rojo intenso, por las que Rodopis sentía predilección.

Todo parecía estar tranquilo y calmado. Pero de pronto apareció un águila en medio del cielo azul y bajó planeando, directa al grupo de la piscina como si fuera a atacarlas. Las esclavas tiraron los ropajes y huyeron despavoridas a esconderse entre la vegetación del jardín. Rodopis salió del agua y se quedó de espaldas a la fuente de mármol que había en uno de los extremos, mirando el ave con los ojos asustados y como platos.

El águila estaba tan campante. Fue directa a una de las zapatillas y la estrujó firmemente entre las garras. Luego remontó el vuelo batiendo sus enormes alas; con la zapatilla en su poder, desapareció por el valle del Nilo en dirección al sur.

Rodopis vertió amargas lágrimas por la pérdida de su zapatilla roja, pues estaba convencida de haberla perdido para siempre. También le apenaba haber extraviado un regalo de Charaxos.

Pero el águila parecía haber sido enviada por los dioses, por el propio Horus quizás, dios al que estaba consagrada su especie. El pájaro fue directo a Memfis, siguiendo el Nilo y descendió grácilmente hasta el palacio.
En ese mismo instante, el faraón Amasis se hallaba en el patio real, impartiendo justicia entre sus súbditos y atendiendo a las quejas que éstos deseasen formularle.

El águila pasó sobrevolando el patio y dejó caer la zapatillas roja en el regazo del faraón.

Las gentes profirieron exclamaciones de asombro ante tal acontecimiento; Amasis tampoco quedó impasible. Examinó la pequeña zapatilla y admiró su delicada estructura y su pequeño tamaño; imaginó que la muchacha dueña de tal zapatilla debía de ser sin duda de una hermosura sin par.

Este acontecimiento impresionó tan hondamente al faraón que promulgó el siguiente decreto: <>.

Los emisarios se postraron ante él y exclamaron con reverencia:
-¡Oh faraón nuestro, a quien deseamos larga vida y fortaleza! ¡El faraón ha hablado y sus órdenes serán cumplidas!

Partieron los emisarios. Pasaron por Heliópolis, Tanis y Canope hasta al fin llegaron a Naucratis. Allí se enteraron de la existencia de un tal Charaxos, un rico comerciante que había adquirido a una hermosísima joven griega en el mercado de esclavos que la trataba con tal lujo como si fuese una princesa que los dioses hubiesen dejado a su cargo.

Se encaminaron sin dilación a la mansión junto al Nilo y allí hallaron a Rodopis en el tranquilo jardín junto a la piscina.

Cuando le enseñaron la zapatilla, la joven no pudo reprimir una exclamación, porque la había reconocido. Extendió el pie para que pudiesen ver que la zapatilla era suya; mandó a una de las niñas esclavas a buscar la otra, que había guardado como recuerdo del extraño episodio del águila.

Entonces, los emisarios se dieron cuenta de que era ésta la joven que el faraón andaba buscando; se arrodillaron ante ella y exclamaron:

-¡El buen dios, el faraón Amasis, a quien deseamos larga vida y fortaleza, os ruega que acudáis de inmediato a su palacio de Memfis! Allí seréis tratada con todos los honores y se os concederá un alto rango entre sus esposas reales, pues está convencido de que Horus, hijo de Osiris e Isis, mandó el águila para hacerle saber de vuestra existencia.

Era imposible no acatar una orden semejante. Rodopis se despidió de charaxos, que se hallaba dividido entre una enorme alegría por la suerte de la muchacha y la pena por perderla, y partió para Memfis.

Cuando Amasis vio cuán bella era, no le cupo la menor duda de que se la habían mandado los dioses. No sólo la incorporó a su harén de esposas reales, sino que la hizo su primera esposa y reina de Egipto. Y vivieron felices por el resto de sus días; los dos murieron un año antes de la invasión de Cambises, el rey persa.

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El barbaro real y su sobrina

RELATOS

Era un valiente personaje que obtuvo el titulo de Barbero del Rey y aunque nunca lucho logro hacer un prisionero

Cuando lo llevo a Egipto, su sobrina se enamoro de el y nadie, ni siquiera un Barbero Real podia obligar a casarse o no casarse a una Egipcia, presa de la desesperacion, el barbero le dono parte de sus bienes a su prisionero e incluso le lego su puesto a su ex-prisionero

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El soldado y la mujer

RELATOS

Corrian los tiempos de la victoria sobre los hiksos y segun la costumbre los soldados podrian llevar algunos prisioneros para trabajar para ellos antes de ser liberados

Un soldado hizo prisioneros a 3 personas, un hombre y dos mujeres, cuando de pronto una de las mujeres cae al suelo por el cansancio, ella se arrepiente por haber ayudado a los enemigos y cree que merece morir abandonada, pero el soldado no lo cree asi, la toma en sus brazos y se la lleva cargada

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La princesa y el demonio

RELATOS

Ramses II gobernaba en Egipto y tambien dominaba todos los territorios que iban desde Libia, por el oeste, a Persia, por el este; de la tierra de los hititas, al norte de Siria, hasta el sur de Babilonia.

En los sesenta y dos años que aún se prolongó su reinado, cada cierto tiempo el monarca emprendía viajes a lo ancho de su vasto imperio.En tales ocasiones, fijaba su residencia temporalmente en alguna ciudad de sus territorios.Los príncipes que le debian obediencia y habitaban cerca acudían entonces con sus presentes y ofrendas, para demostrarle su lealtad.

En una determinada ocasión, la corte de Ramsés se hallaba establecida en la ciudad de Babilonia, capital de Mesopotamia, que los egipcios llamaban Nehern.
Los reyes y principes de todos sus confines acudieron a rendir pleitesía al faraón.

Todos le traían ricos presentes: oro, lapislázuli, turquesa y finas maderas; todos querían que su ofrenda superase a las demás en magnificencia y singularidad.

Le llegó el turno al príncipe de Betjen, que traía algo más que los acostumbrados metales preciosos y aromáticas maderas: traía a su hija mayor.La mandó colocarse ante Ramsés y le dijo al faraón:

-¡Oh farón de todas las tierras, a quien deseo larga vida y fortaleza! He aquí que os ofrezco a lo más hermoso que ha dado mi reino: esta princesa, mi propia hija.

Ramsés contempló a la muchacha y quedó en efecto hechizado por su hermosura sin par, por su exquisita apariencia, pues era alta y esbelta como una palmera. Una mirada fue suficiente para cautivarlo; al instante proclamó su voluntad:

-Acepto vuestra ofrenda, príncipe de Betjen:el más hermoso regalo y de más incalculable valor que jamás he recibido de un monarca súbdito. He aquí que le impongo un nuevo nombre: se llamará Neferu-Ra, la hermosura de Ra; hago saber que la tomo como primera esposa, y que como tal será reconocida en Egipto y en todos mis territorios. Escribas:¡esculpid el nombre de la hermosa reina Neferu-Ra en los cartuchos y sellos reales! ¡Cinceladlo bajo el mío en los lugares de honor de mi templo de Abu Simbel, que mis arquitectos acaban de escabar en la roca!

Sus deseos fueron cumplidos; de vuelta en Egipto, Ramsés continuó honrando a su primera esposa, la hermosa reina Neferu-Ra, del mismo modo que si hubiese accedido al trono de Egipto por derecho propio.

Transcurrieron varios años. En el decimoquinto de su reinado, Ramsés se hallaba en la ciudad de Tebas, porque allí se iban a celebrar las festividades en honor de Amon-Ra, ocasión en que las barcas surcan el Nilo provistas de lámparas y antorchas; surca las aguas la sagrada barca de Ra, ornada de oro y piedras preciosa; se lleva la embarcación de templo en templo y así las gentes contemplan la imagen viajera de Amon-Ra.

La reina Neferu-Ra se hallaba junto a Ramsés, sentada a su lado
en el grandioso templo que hoy conocemos como Karnak. Allí recibían ambos las ofrendas y adoración de las gentes, y también atendían a las peticiones que los súbditos quisiesen hacerles.
De pronto, el jefe de la casa real apareció ante los monarcas, se inclinó ante ellos humildemente y exclamó:

-¡Oh mi faraón, a quien deseo larga vida y fortaleza! ¡Ha llegado un emisario del prícipe de Betjen, que trae ricos presentes para la reina de los egipcios, Neferu-Ra!

-Que acuda a nuestra divina presencia y deposite los presentes a nuestros pies-dijo Ramsés.

Cuando entró el emisario, se postró ante el faraón y besó el suelo como muestra de obediencia.Cuando hubo mostrado los presentes que traía de parte de su señor real dijo:

-¡Oh faraón, a quien deseo larga vida y fortaleza! Traigo un mensaje de vuestro súbdito, el principe de Betjen, acerca de su hija la princesa Bentresht, hija de la alegría, hermana de la reina Neferu-Ra. Unos males extraños la afligen y nadie en la tierra de Nehern puede curarla ni adivinar el origen de su dolencia, y eso que Babilonia es reputada por sus sabios.Por tanto, mi señor os pide que le enviéis a los hechiceros egipcios más sabios y expertos, ya que no hay nadie en el mundo más versado en todo lo oculto que los sacerdotes de las tierras negras que bañan el Nilo.

Ramsés se volvió hacia sus cortesanos y dijo:

-Haced venir a los escribas más doctos de la casa de la vida y a los más sabios de los que conocen el saber que se oculta en las cámaras secretas de los templos divinos.

Cuando los tuvo ante su presencia, Ramsés dijo:

-Oíd la petición del príncipe de Betjen; cuando la hayais oido, elegid de entre vosotros al más docto y sabio, que irá a Nehern para curar a Bentresht, la hermana menor de mi primera esposa.

Una vez hubieron departido entre ellos, los sabios de Egipto eligieron a Tehuti-em-heb, el escriba real.Éste partió de inmediato con el emisario del principe de Bejten; al cabo de un viaje de muchos meses, llegó a la tierra de Nehern y al palacio donde yacía enferma Bentresht.

Al poco tiempo, gracias a sus artes mágicas, Tehuti-em-heb descubrió que un demonio se había introducido en el cuerpo de Bentresht y que todos sus poderes eran inútiles contra la maligna criatura.

Le dijo entonces al príncipe de Bejten:

-No hay ser humano capaz de expulsar este demonio. Pero os aconsejo que mandéis de nuevo un emisario a Egipto y pidáis la ayuda del poderoso dios Jons, el que libera a los demonios, cuyo templo se haya en Tebas.

El prícipe de Bejten envió a Tehuti-em-heb enseguida a Egipto como emisario, acompañado de un guarda fornido y digno de confianza, además de numerosas y ricas ofrendas para Jons.

Cuando Ramsés supo del mensaje que el príncipe de Bejten le enviaba, y dado que su esposa Neferu-Ra le pedía implorante que ayudase a su hermana menor, acudió personalmente al templo de Jons.
En el santuario más recondito de este templo lleno de explendor, había una imponente estatua del dios de la luna, que libera los demonios.El poderoso Ramsés se detuvo delante y entonó la siguiente plegaria al dios:
-Jons, benévolo señor, acudo a ti para implorarte que saleves la vida de Bentresht.Haz que el Ka de tu espíritu entre en la estatuilla para viajar a Bejten; que una vez allí la libere del demonio que la posee.
Entonces, la grandiosa estatua de Jons le inclinó dos veces la cabeza, para señalar que la plegaria había sido atendida.
Ramsés salió del templo y les contó todo lo que había acontecido a Tehuti-em-heb y a los emisarios del Príncipe de Bejten, que emprendieron jubilosos la marcha.Llevando la estatua de Jons con los honores que ésta merecía.

Su viaje duró muchos meses, pero al fin llegarón a Bejten.llevaron a Jons a la alcoba de Bentresht.En un abrir y cerrar de ojos, el demonio que la poseía abandonó su cuerpo y enseguida se sintió la princesa como si nada le hubiese sucedido.

El demonio que la había poseido se presentó ante Jons y le dijo:

- Habeis venido en son de paz, gran dios egipcio.La ciudad de Bejten os pertenece ahora. ¡Me arrodillo ante vos, pues también yo soy vuestro esclavo! Me retiro ahora a mi lugar de origen, pero quiero pediros que me reservéis un día festivo al año, en virtud del poder que poseéis en Bejten.

-¡Que el príncipe y las gentes de Bejten hagan un sacrificio en honor de esta criatura y que de ahora en adelante le honren un día al año!- dijo Jons.

Enseguida instauraron un día de fiesta para el demonio, le cantaron himnos de alabanza y le hicieron sacrificios.

El príncipe quería quedarse con la estatua de Jons, ya que así protegería la ciudad y atraería muchos peregrinos.

Le dijo a Tehuti-em-heb:

- Parte deprisa a Egipto y dile al farón que Bentresht se halla libre del demonio gracias a los poderes de Jons.Cuando le haya rendido al dios los honores necesarios os mandaré su estatua, con ricos presentes.

Tehuti-em-heb regresó a Egipto.Pero el príncipe de Bejten no devolvía la estatua de Jons.Se la quedó tres años, cuatro meses y cinco días.
Al final de ese periodo, un día en que el prícipe estaba de rodillas rezandole a la imagen, Jons recobró la voz y le dijo:

- Egipto es mi tierra, y mi morada la ciudad sagrada de Tebas.Allí me dirijo en este mismo instante.

Apenas hubo pronunciado estas palabras, el Ka de Jons salió volando de la estatua, bajo la forma de un halcón con plumas de oro.A la velocidad de un rayo cruzó montañas y desiertos hasta llegar a Egipto.

El miedo se apoderó del prícipe de Bejten e imediatamente dio la siguiente orden:

- Devolved presto a Egipto la imagen que ha dado cobijo al dios Jons durante este tiempo.

La estatua fue colocada en un carro rebosante de presentes y maravillosas riquezas; una fastuosa comitiva se encargó de conducirla a Egipto. Muchos meses duró su viaje, pero al fin llegaron a Tebas.

El faraón Ramsés y su primera esposa, dieron la bienvenida a la estatua del dios Jons.Entre los dos volvieron a colocarla en el lugar sagrado que le correspondía en el templo. Todos los presentes de Bejten fueron consagrados a Jons y los faraones no se reservaron nada para ellos.

El gran dios Jons esbozó una benevolente sonrisa desde su posición. A partir de aquel día, su protección acompañó siempre a Ramsés, a Neferu-Ra y a Bentresht y los colmó de ventura y prosperidad por el resto de sus días.Haz click para ver los artículos sobre templos, con fotos, mapas, etc.

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La canasta vacia

RELATOS

La esposa del Faraón de Egipto había perdido muchos hijos en su vientre…

Este parto, seguramente, era su última oportunidad para darle un heredero al Faraón.

Rodeada de médicos y sirvientas el dolor de su vientre fue en aumento hasta que explotó en un grito de dolor liberador y, simultáneamente a su muerte dio un parto de cinco hijos, cuatro de ellos varones y una niña.

El Faraón crió con amor y dedicación a sus hijos, dándoles la educación de futuros gobernantes a los varones y de princesa a la hija.

Pasados los años y crecidos sus hijos, el Faraón se enfrentó al dilema de escoger a su sucesor.

Dado que todos habían nacido en el mismo parto, no había un primogénito a quién el derecho le correspondiese naturalmente.

Consultó con el Consejo de Ancianos:

- ¿Qué debo hacer ?, ¿Cómo elegir a mi sucesor ?, ¿Quizás deba dividir el Imperio en cuatro reinos para ser justo con todos ellos ?

Los sabios respondieron:

- No su majestad, dividir el Imperio implica debilitarlo y ello acarreará su destrucción, además, usted tuvo cinco hijos y sería injusto con su hija.
Lo mejor es hacer un Concurso entre ellos y el que traiga el Proyecto que más beneficie a Egipto, ese sea el escogido

Satisfecho con la sabiduría del consejo recibido, el Faraón citó a sus hijos -incluida la hija- y les dijo:

- Tienen seis meses para plantear el Proyecto más beneficioso para Egipto, quién así lo haga será elegido mi sucesor

En ese mismo instante los cuatro varones se miraron suspicaces, surgiendo por primera vez entre ellos el recelo, el temor y quizás, hasta el odio mismo.

Seis meses después los cinco hijos se congregaron en el Salón del Faraón portando los varones gran cantidad de maquetas y planos y la hija una canasta vacía.

El Faraón escuchó por turno los proyectos…cada cual superaba al anterior: Que un Sistema de Caminos para el Reino, que un Sistema de Canales de Riego, que un Sistema de Silos para las Cosechas, que un Sistema de Puertos para el comercio… era difícil pensar en uno que superase en beneficios al otro.

La discusión para analizar el valor de cada uno, sin duda sería ardua, problemática y difícil.

Sin embargo, al llegar el turno a la hija ésta mostró su canasta vacía y dijo:

- Padre, yo traigo una canasta vacía que hoy vale tanto como las maquetas que has visto. Nadie puede decir qué obra es la mejor hasta no verla hecha y, para ese entonces el contenido de mi canasta podría superar en valor a cualquiera de ellos.

Todos quedaron sorprendidos por el enunciado, pero el Faraón y el Consejo de Sabios estuvieron de acuerdo en que discutir el valor de los proyectos no tenía más sentido que discutir el valor del contenido de una canasta vacía.

Entonces la solución fue obvia: los recursos del reino se afectarían al desarrollo de los proyectos durante dos años y, al cabo de ese tiempo se analizaría el beneficio real de cada obra para el Reino.

Pasaron los dos años de febril actividad y llegó el momento de presentarse al Salón del Trono.

Cada uno de los hijos venía orgulloso con gran cantidad de documentos y asesores para demostrar que su obra había sido la más beneficiosa al Reino… y la hija llegó con su canasta vacía…

A su turno cada hijo expuso el valor de las obras hechas: de cómo ahora el sistema de riego había aumentado las cosechas, de cómo ahora el sistema de caminos permitían que esas cosechas llegasen hasta el último rincón del Reino, de cómo ahora el sistema de silos permitía almacenarlas de modo limpio y seguro, de cómo ahora los nuevos puertos eran fuente de comercio y prosperidad.

Al llegar el turno de la hija, esta señaló su canasta y dijo:

- Padre, tal como lo anuncié, el tiempo me permitiría dar valor al contenido de esta canasta…ahora lo ves, gracias a mi canasta vacía el Reino tiene canales, caminos, silos y puertos…sin ella sólo hubiésemos tenido Proyectos y una larga discusión para ver cual era el mejor sin que nunca ocurriese nada…

Los cuatro hermanos se dieron vuelta sorprendidos y azorados y, tras un momento de vacilación se arrodillaron frente a su hermana…

… Y así Egipto tuvo su primera Reina….

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Los nueve dioses

RELATOS

Shu y Tefnet fueron los primeros de los hijos de Ra-Atum. Ellos se quisieron con un amor tan grande y profundo que, al cabo de poco tiempo, Tefnet dio a luz unos gemelos. El primero en nacer fue Geb, el dios de la tierra, y el segundo, Nut, diosa del cielo.

Geb amaba a su hermana apasionadamente, la bella Nut, y durante muchísimo tiempo permanecieron fuertemente abrazados. Como consecuencia de tal efusión el cielo se mantenía estrecho contra la tierra y entre ellos no quedaba espacio para que pudiera alguien vivir o crecer.

Al final, Ra-atum cogió enormes celos del gran amor de Nut por Geb y con gran ira tomó la decisión de que nunca más pudieran estar juntos. Para ello ordenó al padre de ambos, Shu, que hiciera algo para separarlos definitivamente. Así se lo hizo saber y el poderoso dios pisó a Geb para que no pudiera elevarse. Luego levantó a Nut con las manos y la mantuvo, de esta forma, muy por encima de su hermano, de manera que les mantenía separados. A pesar de que Nut esperaba un hijo, Ra-Atum la maldijo, como castigo por su actitud anterior, para que fuera incapaz dar a luz ninguno de los días del año.

Al verse separados de una forma tan violenta, Geb luchaba sin descanso y con gran valentía bajo los pies de su padre, mientras que Nut intentaba abalanzarse hacia abajo para acercarse a él, pero no había forma de que se pudieran alcanzar y con ello su tristeza y desesperación fue en aumento.

Mientras tanto, el Creador había ido dando vida a muchos otros seres, entre ellos a Thot, el más sabio de los dioses. Un día, Thot levantó los ojos y vio el bonito cuerpo de Nut encima del mundo, mientras se debatía por regresar hasta su amado, y la amó de una forma tan pura y profunda que se compadeció de ella.

Decidió prestar su ayuda a la infeliz diosa para que al menos pudiera dar a luz a sus hijos, e inmediatamente inventó el juego de las damas. Entonces, decidió desafiar a los demás dioses a que jugaran contra él siempre y cuando utilizaran el tiempo a modo de apuesta. Poco a poco, el sabio dios consiguió ir ganando a sus contrincantes hasta obtener de ellos cinco días.

El Creador había fijado la duración del año en trescientos sesenta y cinco días, pero Thot le añadió el tiempo que había ganado y lo alargó en cinco días más. Este periodo no estaba sometido al curso de Ra-Atum, y de esta forma Nut pudo finalmente dar a luz a sus hijos.

El primer día dio a luz a un niño ya coronado, que fue llamado Osiris y el segundo, después de grandes dolores, Seth. Los días tercero y cuarto llegaron al mundo las dos hijas, Isis y Neftis.

Osiris e Isis se habían enamorado en el interior del vientre de su madre y no tardaron demasiado en convertirse en marido y mujer.

Seth y Neftis también se casaron con el tiempo, pero nunca existió un verdadero amor entre ambos.

Las dos hijas de Nut eran totalmente diferentes de carácter. Isis era valiente, bella y astuta, la Señora de la Magia, más sabia que millones de hombres, mientras que Neftis era leal y dócil.

Los hermanos Osiris y Seth tenían, si cabe, todavía más diferencias. Osiris era hermoso, gallardo noble y generoso, mientras que Seth tenía la cabeza de bestia salvaje y ello ya delataba su naturaleza, porque era ambicioso, maligno y cruel. Nunca pudo perdonar a Osiris que fuese su hermano mayor y, por tanto, el destinado a ocupar el trono.

Ra-Atum, con sus hijos Shu y Tefnet, sus nietos Geb y Nut y sus biznietos Osiris e Isis, Seth y Neftis, fueron adorados como los nueve grandes dioses bajo el nombre de la Enéada.

El Creador fue dando existencia a muchos otros dioses y diosas y llenó el cielo de encima y debajo de la Tierra de espíritus, demonios y divinidades menores. Vivieron todos ellos bajo el poder del primero de todos.

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Verdad y Mentira (La ceguera de Verdad)

RELATOS

Había una vez dos hermanos que se llamaban Verdad y Mentira.

Verdad era noble y honrado, y su hermano maligno, llamado Mentira, le odiaba.

Un día Mentira fue a ver a la Enéada y se quejó ante los dioses que Verdad le había robado la daga. Cuando le pidieron que describiera la daga, Mentira dijo:

-Todo el cobre del monte Jal sirvió para hacer la hoja y toda la madera de Koptos para el mango. La vaina tiene el largo del pozo de ventilación de una tumba y la piel de todos los rebaños de Kal sirvió para hacer el cinto –insistió Mentira-, y Verdad me la ha robado. Si se niega a devolvérmela, cegadlo y dádmelo para que me haga de portero.

Verdad fue llamado ante la presencia de la Enéada y afirmó su inocencia. No pudo presentar la daga, pues ésta no existía, y las acusaciones de Mentira parecían tan convincentes que Verdad fue condenado. La Enéada ordenó que le quitaran los ojos y que fuera entregado a Mentira para que le hiciera de portero.

Mentira pronto se dio cuenta que no podría soportar la presencia de Verdad sentado plácidamente delante de su puerta. Aquello le recordaba cada día su crueldad así como la inocencia de su hermano. Por este motivo les dijo a dos de los antiguos criados de Verdad:

-Llevaos a vuestro amo al desierto y dejadlo en un sitio donde una manada de leones lo pueda encontrar fácilmente. No regreséis hasta que no estéis seguros que esté muerto.

Los criados tenían demasiado miedo de Mentira para negarse a llevar a cabo tal acto. Muy tristes, cogieron a Verdad uno por cada brazo y lo condujeron al desierto. Cuando el hombre ciego notó la tierra del desierto bajo sus desnudos pies, preguntó adónde le estaban llevando. Los criados le contaron las órdenes que tenían con los ojos llenos de lágrimas.

Un día más tarde, una señora que se llamaba Deseo paseaba por su jardín, cuando dos criadas corrieron a ella para decirle:

-Señora, hemos encontrado un ciego sentado entre las cañas cerca del lago. ¡Ven a verlo!

-Traédmelo aquí –dijo Deseo.

Los criados no tardaron en llegar llevando a Verdad entre los dos. Estaba desfallecido y medio muerto de hambre, pero Deseo pensó que era el hombre más hermoso y apuesto que jamás había visto.

Le aceptó en su casa y en su cama y tuvo un hijo con él, pero Deseo pronto se cansó de su nuevo amante y lo echó fuera del hogar.

El hijo de Deseo y de Verdad no era un niño normal y corriente. Se hizo alto y hermoso como un dios, y a los doce años superaba a sus compañeros de colegio tanto en la lectura y la escritura como en las artes de la guerra. Los demás muchachos le tenían muchísima envidia y se mofaron de él diciendo:

-Si eres tan listo, quién es tu padre.

El hijo de Deseo no lo sabía y el resto de los niños no paraban de burlarse por ello, hasta que un día no lo pudo resistir más y fue corriendo a ver a su madre para preguntarle:

-Por favor, dime quién es mi padre y así se lo podré decir a los demás compañeros de clase.

-¿Ves ese ciego que está sentado sobre el polvo? –preguntó Deseo a su hijo-. Pues bien, ese hombre es tu padre.

El niño corrió al patio y abrazó a su padre. Después acompañó a Verdad dentro de la casa y le hizo sentar en la mejor silla. Después de poner los mejores y más selectos platos delante de él y de ayudarle a comer y beber cuanto le vino en gana, le preguntó:

-Padre, ¿quién fue el que tuvo la osadía de dejarte ciego? Si me lo dices, te vengaré.

-Fue mi propio hermano –contestó con tristeza Verdad.

El muchacho preparó inmediatamente un plan y luego fue a la despensa de su madre a buscar diez panes, un bote de agua, una espada, un bastón y un par de sandalias de cuero.

Después cogió un magnífico buey del rebaño de su madre y se dirigió hasta donde Mentira estaba pastando sus propios animales. El niño se acercó al vaquero principal y le dijo:

-Tengo que partir para un largo viaje. Si me guardáis el buey mientras estoy fuera, podréis quedaros con las provisiones, la espada, el bastón y estas preciosas sandalias de cuero.

El vaquero aceptó lleno de contento y el muchacho simuló que se iba fuera de la comarca.

Unas semanas más tarde, Mentira fue a inspeccionar sus rebaños. Inmediatamente se encaprichó el precioso buey.

El vaquero principal objetó que el buey era propiedad de un chico que regresaría pronto para reclamarlo. Mentira se encogió de hombros:

-¿Y qué más da? –añadiendo-. Cuando el chico regrese le puedes dar el mejor del rebaño.

Y así Mentira se llevó el buey y lo hizo sacrificar. El hijo de Verdad se enteró pronto y fue a ver al vaquero.

-Cualquiera de estos animales es tuyo –dijo el vaquero principal-. Elige el que prefieras.

-¿Por qué, si ninguno se puede comparar al que era mío? –preguntó el muchacho-. Mi buey era más grande que, si se situara en la isla de Ammon, el hocico le llegaría hasta el desierto de Nubia y la cola hasta los pantanales del delta, con la punta de un cuerno apoyada sobre las Montañas Occidentales y la otra en las Orientales.

El vaquero se quedó estupefacto:

-¿Existe un buey tan grande?

El hijo de Verdad simuló un gran enfado y llevó al vaquero principal y a Mentira al tribunal para ser juzgados por la Enéada por el robo de su buey. Mentira exclamó:

-¡Vaya tontería! ¡Nadie ha visto jamás un buey de las dimensiones que estás diciendo!

-Tampoco nadie ha podido jamás ver una daga de las medidas del pozo de ventilación de una tumba –dijo el hijo de Verdad-, con todo el cobre del monte Jal en la hoja, toda la madera de Koptos en el mango y toda la piel de las bestias de Kal en su cinto.

Mentira se volvió amarillo al oír las palabras que acababa de pronunciar el chico ante la Enéada.

-Volved a juzgar a Verdad y Mentira. ¿Cómo podéis condenar a Verdad basándoos en esta historia? Yo soy su hijo y estoy ante vosotros para defender su inocencia.

Mentira continuó afirmando que todo cuanto había estado explicando hasta el momento era cierto.

-Y si Verdad está vivo y puede venir a negarlo, entonces me confesaré culpable de lo que dice el joven. Luego podréis arrancarme los ojos y convertirme en su portero.

Mentira estaba convencido de que su hermano había muerto, pero el joven dijo:

-Tú mismo te has juzgado. Venid conmigo.

Entonces llevó a la Enéada a casa de su madre y les mostró a su padre. Después de oír su historia, ordenaron que sacaran los ojos a Mentira y desde ese día Verdad y su hijo vivieron juntos y felices y Mentira les hizo de portero”.

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Los hijos de Nut

RELATOS

Hace mucho tiempo, Ra, el señor de todos los dioses, aún reinaba sobre la Tierra como faraón. Vivía en un enorme palacio a orillas del Nilo, y todos los habitantes de Egipto acudían a presentarles sus respetos. Los cortesanos no dudaban en complacerle, y él pasaba el tiempo cazando, jugando y celebrando fiestas. ¡Una vida realmente placentera!

Pero un día llegó a palacio un cortesano que le contó una conversación que había oído. Thot, el dios de la sabiduría y la magia, le había dicho a la diosa Nut que algún día su hijo sería faraón de Egipto. Ra se puso muy furioso. Nadie salvo él era digno de ser faraón. Caminaba de un lado a otro gritando:
-¡Cómo se atreve Thot a decir eso! ¡Ningún hijo de Nut me destronará!

Reflexionó sobre ello largo tiempo, al cabo del cual, tras invocar sus poderes mágicos, lanzó la siguiente maldición:
“Ningún hijo de Nut nacerá en ningún día ni en ninguna noche de ningún año”.
La noticia pronto se extendió entre los dioses. Cuando Nut se enteró de la maldición. Se sintió muy apesadumbrada. Deseaba un hijo, pero sabía que la magia de Ra era muy poderosa. ¿Cómo podría romper el maleficio? La única persona que podía ayudarla era Thot, el más sabio de todos los dioses, así que fue a verlo.

Thot quería a Nut y, al verla llorar, decidió ayudarla.
-No puedo romper la maldición de Ra, pero puedo evitarla. Espera -le pidió.
Thot sabía que Jonsu, el dios Luna, era jugador, así que le retó a una partida de senet. Jonsu no pudo resistirse y cedió al desafío.
-¡Oh, Thot! -exclamó-. ¡Tal vez seas el dios más sabio, pero yo soy el mejor jugador de senet! No he perdido ninguna partida. Jugaré contigo y te ganaré.
Los dos se sentaron a jugar. Thot comenzó ganando todas las partidas.
-Has tenido suerte, Thot -dijo Jonsu-. Apuesto una hora de mi luz a que te gano la siguiente partida.
¡Pero también perdió! Thot continuó ganando y Jonsu siguió apostando su luz hasta que Thot hubo conseguido una luz equivalente a la de cinco días.
Entonces, Thot se puso en pie, dio las gracias a Jonsu y se fue llevándose la luz consigo.
-¡Menudo cobarde! -murmuró Jonsu-. Mi suerte empezaba a cambiar. ¡Habría ganado esta partida!
Thot colocó los cinco días entre el final de ese año y el comienzo del siguiente. En aquella época, un año tenía 12 meses de 30 días cada uno, lo que sumaba un total de 360 días.
Nut se sintió feliz cuando Thot le contó lo que había hecho. Como los cinco días no pertenecían a ningún año, sus hijos podrían nacer en esos días sin romper el maleficio de Ra.
El primer día Nut dio a luz a Osiris, que sería faraón después de Ra; el segundo día, a Harmachis, que está inmortalizado en la Esfinge; el tercer día, a Seth, que más tarde mataría a Osiris y se convertiría en faraón; el cuarto día, a Isis, que sería la esposa de Osiris; y el quinto día, a Neftis, que sería la esposa de Seth.
En cuanto a Jonsu, el dios Luna, quedó tan debilitado tras la partida que ya no pudo brillar con fuerza todo el tiempo. Aún hoy, la Luna sólo brilla toda entera durante unos cuantos días del mes, y ha de pasar el resto del tiempo recobrando fuerzas.

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El Nombre secreto de Ra

RELATOS

ISIS era una diosa muy sabía, casi tanto como el gran RA, tan solo le faltaba conocer el nombre secreto de este para tener su poder.

Tanto ella como los demás dioses envidiaban a RA, el era quien dominaba el mundo y toda criatura estaba sometida a él. En su juventud luchó por conseguir la autoridad que en su madurez le otorgaría el respeto y el reconocimiento que merecía por un reinado justo y pacífico.

Pero el tiempo no perdona, ni siquiera a las divinidades, y según RA envejecía, los demás veían que cada vez estaba más cerca el momento de poder hacerse con su poder aprovechando su debilidad.

ISIS trazó su plan. Hizo con sus manos una serpiente con barro y la dio apariencia de bastón. Cuando RA cogió el bastón la serpiente le mordió, provocándole mucho dolor. Fue entonces cuando ISIS apareció y le convenció de que moriría si no le decía su nombre secreto para poder acabar con el maleficio. Cuando no puedo soportar más dolor le dijo su nombre e inmediatamente el sufrimiento desapareció, pero a la vez RA fue consciente de lo que había hecho, a partir de ese momento tendría que compartir su poder con ISIS.
La Creación
Se cuenta que NUN era agua, era el Dios de las tinieblas, era el principio de todo… pero dormía, solo dormía.

Cuando por fin NUN despertó, solo encontró aburrimiento, a su alrededor era él todo lo que veía. Ni animales, ni plantas, ni hombres… ni siquiera dioses. Entonces, reconociendo en sí mismo el poder inmenso de crear, decidió ponerse manos a la obra y comenzar con la creación de universo.

Como era agua comenzó creando tierra, hizo surgir de sí una gran isla de tierra limosa, era Egipto, y pensó que al haber nacido Egipto del agua, debía ser esta quien le diera la vida, fue entonces cuando creó el río divino, el Nilo.

NUN continuó creando… el cielo, el aire, plantas, animales y dioses, pero algo faltaba, no había una oscuridad absoluta, pero tampoco había luz. Un día, de un loto que flotaba en el Nilo surgió luz. La flor se resistía a abrirse y cuando ya no pudo aguantar más, de su interior nació RA, el sol, dando al mundo lo que le faltaba, esa luz con la que apreciar los colores, la belleza de la creación y por supuesto el tiempo, ya que RA volvía al interior del cáliz de la flor del loto a descansar mientras duraba la noche. RA se convirtió en el dios más poderoso, el amo del mundo y también el más envidiado…

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El hebreo Yusuf y la egipcia Zulaija

RELATOS

En Egipto vivía el poderoso Aziz, casado con la bella Zulaija.

Cierto día llegó a él la noticia de que había entrado en la ciudad un joven hebreo llamado Yusuf, de gran virtud y honradez. Ante este hecho, Aziz decidió adoptarle como bajo y así se lo comunicó a su esposa, quien se mostró encantada ante tan maravillosa idea.

Pero Yusuf era de gran hermosura y Zulaija se enamoró de él. Por eso siempre procuraba estar a su lado y atenta a la menor necesidad del joven y se complacía peinando sus cabellos. Sin embargo, Yusuf no correspondía a su pasión, todo su pensamiento lo tenía puesto en Dios.

Esto expresaba a Zulaija, hasta el punto de que sus mejillas empezaron a palidecer y su cuerpo languideció, solo pensaba en cómo lograría que el joven hebreo cediese a sus deseos.

Cierto día en que estaba, como de costumbre, pensativo, entró en su habitación su antigua nodriza y le dijo que había un medio bien sencillo para que Yusuf ardiera en amor hacia ella: que le hiciera fijarse bien en la hermosura de su rostro y en la exquisita perfección de su cuerpo. Si la dejaba obrar a ella libremente, pronto vería cumplidos sus más íntimos deseos.

Zulaija la dejó hacer. Entonces la nodriza encargó a unos competentes albañiles que hicieran una cámara con arreglo a sus indicaciones.

Después encargó a un pintor que retratara con todo detalle las figuras de Yusuf y Zulaija abrazándose.

Por último, compró un magnífico lecho de oro, incrustado de perlas y piedras preciosas, y lo colocó en el centro de la habitación, cubriéndolo con una maravillosa colcha de seda llena de fantásticos dibujos. El suelo lo alfombró con un rico tapiz y colgó de las paredes bellas cortinas de suave tejido.

Hechos estos preparativos, se dirigió a la estancia donde se encontraba Zulaija y la atavió espléndidamente. Coronó sus cabellos con una valiosa diadema y puso sobre su cuerpo una delicada túnica. Así fueron hacia la cámara que antes había preparado, y Zulaija se tendió en el lecho.

A continuación, la nodriza fue en busca de Yusuf y le dijo que su señora le necesitaba y le rogaba que fuese a su cámara. Yusuf le contestó que obedecería al instante y se encaminó hacia donde se encontraba Zulaija.

Cuando llegó ante la cámara, el joven comprendió los deseos de la egipcia y quiso volverse pero ella, rápida como el pensamiento, fue hacia él y, cogiéndole de la mano, le condujo hacia el lecho. Luego le alabó la belleza de su rostro, de sus ojos, de sus cabellos, el delicioso aroma de su aliento.

Yusuf le contestaba diciendo que toda esa belleza se convertiría en polvo cuando muriera, y si entonces aspiraba su aliento, que tanto le agradaba ahora, huiría asqueada ante el hedor que desprendería todo su cuerpo.

Cuando Zulaija le preguntó a qué se debía que cuanto más se acercaba ella a él tanto más huía, respondió el joven hebreo que de esa manera esperaba acercarse más a su Señor.

Zulaija siguió insistiendo, pero la decisión de Yusuf era firme, y su propósito de no ofender a su Dios, inquebrantable. Por eso, cuando vio una oportunidad para escapar, no vaciló y corrió hacia la puerta. Pero Zulaija se agarró a su túnica y la desgarró.

Y he aquí que en ese momento acertó a pasar junto a la habitación Aziz, quien al ver a Yusuf tan apenado y a Zulaija llorosa y mesándose los cabellos, entró en la cámara para saber lo que sucedía. Entonces ella le dijo que su protegido hebreo, aquel al que había favorecido con todo su cariño, había querido cometer con ella una mala acción.

Al oír esto, Aziz se dirigió hacia Yusuf y, afeándole su conducta, le preguntó cómo había podido intentar tan reprochable acto. Entonces Yusuf, invocando a Dios, le explicó la verdad del caso.

Aziz estaba asombrado; su mirada iba de Yusuf a Zulaija, y de ésta al hebreo. Pero Yusuf se acordó, de pronto, de que podía citar a un testigo en su favor. En la habitación donde había tenido lugar aquella escena se encontraba un niño pequeño en una cuna; este niño había sido adoptado por Zulaija, en vista de que Dios no le concedía ningún hijo, y dormía siempre en su misma alcoba.

Yusuf elevó al cielo su oración y pidió al Señor que le ayudara en su crítica situación. Entonces Dios hizo bajar a la Tierra a Gabriel -¡sobre él sea la paz!- y le dio la orden de que hiciese hablar al niño para que declarase a favor de Yusuf.

Gabriel hizo como el Señor le mandaba, y el niño empezó a hablar y dijo a Aziz que si la túnica de Yusuf hubiera estado desgarrada por delante, Zulaija habría dicho la verdad; pero que al estarlo por detrás, ella mentía, y el testimonio de Yusuf era sincero.

Aziz comprobó que cuanto había dicho el pequeño era totalmente cierto, entonces, dirigiéndose a su mujer, le mandó que pidiera sincero perdón al muchacho hebreo.

Y sucedió que a partir de aquel día empezó a divulgarse la noticia por todo Egipto, principalmente entre las mujeres, que lo comentaban riendo y no podían comprender cómo la mujer de Aziz había podido incurrir en tal extravío.

Zulaija se enteró de todo y quiso demostrar a sus amigas cómo no tenía culpa de lo que había ocurrido.

Así, pues, les envió un mensaje invitándolas a merendar en su casa.

Cuando la reunión estuvo formada, les dio naranjas con miel, y para que mondaran las naranjas entregó a cada una un pequeño cuchillo.

Las damitas empezaron su faena, y en ese instante Zulaija mandó que hicieran entrar en el salón al joven Yusuf, al que antes había vestido y adornado con todo esmero.

Cuando sus amigas vieron al bello hebreo, su admiración no tuvo límites. Tan absortas estaban en contemplar su hermosura, que, en vez de cortar las naranjas, cortaban sus propias manos, y era tal su atolondramiento que no sentían correr la sangre ni el dolor que con el cuchillo se producían.

Zulaija, mientras, se reía de ellas, comentándoles que si por un momento que le habían visto habían llegado al extremo de no percatarse de lo que hacían, comprenderían que a ella, en siete años que llevaba junto a él, le hubiera acontecido aquello que antes de conocer al joven les causara tanta extrañeza.

Pero incluso después de lo sucedido Zulaija seguía deseando castigar a Yusuf por su desprecio. Para ello fue a ver al rey Rayan ibn al Salid, con el que tenía gran influencia, y logró que le permitiera encarcelar al hebreo.

Cuando pasó algún tiempo, ante la represión de Aziz por su conducta, Zulaija se arrepintió y desde entonces no podía conciliar el sueño, y solo estaba contenta al hablar de Yusuf.

Se cuenta, acerca de las mujeres que vieron al bello mancebo, que murieron siete de ellas por su amor.

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La leyenda de Amasis

RELATOS

Cuenta Herodoto que Amasis había llegado al trono de Egipto desde una vil condición, ya que antes se había dedicado al robo y al pillaje.

Su elevación al trono causó una gran sorpresa y un enorme disgusto, pues los orgullosos egipcios se vieron así mandados por un hombre a quien juzgaban de clase inferior a los más bajos.

Amasis, viendo el desprecio con que era tratado, resolvió dar una lección a sus desdeñosos súbditos.

Entre los objetos que poseía para su uso personal se encontraba una jofaina de oro en la que se lavaban los pies todos los que iban a comer con Amasis. Mandó fundir la palangana y con el oro hacer una estatua de una divinidad, poniéndola después en una plaza pública.

Todo los que pasaban por enfrente de la estatua se volvían a ella y la adoraban con veneración.

Amasis mandó reunir a todos los que habían adorado a la estatua y les dijo:

- Esa estatua ante la cual os habéis inclinado tan reverentemente no es más que la jofaina en que os lavabais los pies, modelada de nuevo. A mí me ha ocurrido lo mismo: si en otro tiempo era hombre de clase inferior, ahora soy vuestro rey. Por lo tanto, habréis de respetarme y tenerme veneración.

Y en efecto, desde aquel día cesó el desdén de los egipcios por Amasis y le prestaron acatamiento y respeto.

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El faraón Dyoser y la crecida del Nilo

RELATOS

Sentado en su trono, silencioso y apenado, se encontraba el faraón Dyoser.
Egipto había caído en desgracia ya que hacía siete años que la crecida del Nilo era insuficiente. No había agua suficiente para regar las tierras, y las reservas de los graneros, que hasta ahora habían permitido al pueblo alimentarse, se estaban quedando vacíos.

Los meses pasaban y la preocupación del faraón aumentaba. Su pueblo no tenía apenas con qué alimentarse, los campesinos observaban con tristeza los campos secos, los niños lloraban y los ancianos se debilitaban. Incluso los templos se cerraban por falta de ofrendas a sus dioses.

El Nilo se negaba a fecundar la tierra de Egipto. Por eso, decidió pedir ayuda a su amigo y primer ministro Imhotep, arquitecto, médico, mago y astrólogo.

- Nuestro país está sufriendo una grave situación – dijo el rey dirigiéndose a Imhotep -. Si no encontramos una solución moriremos de hambre. Hay que darse prisa y descubrir dónde nace el Nilo para saber cuál es el poder divino responsable de que suban las aguas.

Imhotep se marchó a Heliópolis, donde se encontraba el gran templo de Thot, dios de la sabiduría y protector de los escribas. Buscó entre los libros sagrados y documentos más antiguos que hablaran sobre la crecida del Nilo y volvió al palacio para informar a Dyoser.

- Eres el primer faraón que se interesa por los secretos de los caudales del Nilo – comentó Imhotep mientras desenrollaba un montón de papiros, y prosiguió -. Los textos indican que en el sur de Egipto se encuentra la isla de Elefantina. Allí apareció la luz divina cuando decidió dar vida a todos los seres. El Nilo nace en ese lugar, en dos cavernas de donde manan todas las riquezas de la tierra. Cuando lo desea, el Nilo fertiliza sus orillas.

- ¿Quién vigila esas cavernas? – preguntó ansioso el faraón.

- El dios Jnum, quien modela en su torno de alfarero a todos los seres.

Se encuentra en Elefantina y retiene bajo sus sandalias el caudal del río. Mientras no las levante no habrá crecida. Jnum es quién dispone las tierras fértiles del Alto y del Bajo Egipto, quien hace crecer el trigo, quien hace posible la producción de piedras en las canteras para elevar los templos. Gracias a él prosperan los animales y las plantas.

Para conseguir que Jnum liberara la crecida, Dyoser tuvo que ir a Elefantina en busca de una paleta de escriba y una cuerda de agrimensor para medir los campos. El faraón imploró los favores del dios pidiéndole la salvación de su pueblo. Pero sus plegarias no fueron atendidas. Sin embargo, decidió quedarse en la isla de Elefantina luchando hasta el final, aunque le costara la vida.

Dyoser, vencido por el cansancio se quedó dormido, y en sus sueños se le apareció el dios Jnum. El rey alzó sus manos en señal de respeto, y el dios le habló.

- Soy Jnum, el dios creador; dame un abrazo para que mi magia te proteja… ¿Qué te sucede Dyoser? ¿Por qué me llamas con tanta insistencia?

- Estoy preocupado por mi país y mi pueblo.

- ¡Tienes motivos para estarlo! Te he dado numerosos materiales para que edifiques templos y construyas estatuas a los dioses y tú no los has hecho. Tienes que restaurar los monumentos antiguos y construir otros nuevos. El pueblo de Egipto debe adorar a sus dioses y el faraón dar ejemplo. Ahora ya sabes los motivos de mi enfado.

Jnum, señor del Nilo y de la fecundidad de las tierras de Egipto, vigilaba las dos grutas que se encontraban en el santuario secreto del templo de Jnum de esta isla. De allí procedían las fuentes del Nilo. Una puerta impedía a los humanos el acceso para evitar que descubrieran el secreto e hicieran mal uso de él.

- Por ti, que eres el servidor de los dioses y de tu pueblo, abriré esta puerta dejando circular el caudal del Nilo. Regará sus orillas y sus campos se fertilizarán. Egipto prosperará – dijo Jnum, y cogiendo de la mano a Dyoser le llevó al fondo de las dos grutas, donde el Nilo dormía en forma de serpiente debajo de sus sandalias.

- Mi maestro de obras Imhotep edificará tu templo en la isla del origen del mundo y tu santuario guardará para siempre el secreto de la crecida del Nilo – añadió el faraón.

Jnum levantó sus sandalias.
La serpiente se convirtió en un joven fuerte con la cabeza cubierta de cañas que se emergió en el agua estancada transformándola en una caudalosa riada.

Cuando Dyoser despertó, observó que el caudal del Nilo fluía con fuerza. A sus pies estaba la tabla de escriba con un texto grabado: una plegaria al dios Jnum que nunca debería olvidarse.
Ese mismo día ordenó que iniciaran las obras de construcción de un templo dedicado a Jnum. En sus muros se escribiría en jeroglíficos la plegaria para que cada año subieran las aguas del Nilo regando sus campos y procurando la prosperidad del pueblo egipcio.

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El ojo del Sol

RELATOS

Ra, el rey de los dioses, sabía que su hija Hathor, cuando tenía apariencia humana, era la diosa más agraciada en virtudes. Llenaba de alegría y de encanto todos los lugares. Era la protectora de los dioses.
“El Ojo Del Sol” era el lado más negativo de la diosa Hathor. Ella adquiría muy variadas formas. Cuando se enojaba todos los dioses la temían.

Un día Ra tuvo que discutir con su hija, El Ojo Del Sol tenía muchísimos celos de los dioses que creó su padre. Éste no pudo consentir ese comportamiento tan injusto y Hathor se enfadó muchísimo y se marchó hacia Nubia, teniendo que atravesar desiertos. La diosa ya no mostraba su forma humana, tenía la apariencia de un gato salvaje o la de una leona furiosa. Cualquier criatura que se le acercase sería víctima de ella. Cazaba y mataba, vivía de ese modo.
Ra, entristeció y cayó en una profunda melancolía, hasta tal punto que “ El dios Sol” ocultó su rostro y la tierra se quedó sin luz, en una profunda oscuridad.

¿Cómo pudo ocurrir tal cosa, él, que es el que envía la alegría al mundo y auyenta las desgracias y las penas?
Egipto estaba desconocido. Era muy cruel ver ese panorama en la tierra. ¡Qué tristeza!

Ra pidió ayuda a los dioses y le dijo a Thot, el dios más sabio, que fuera a Nubia a convencer a Hathor para que volviera a Egipto. Thot estaba atemorizado, pues sabía que en cuanto lo viera, Hathor lo mataría. Entonces pensó que lo mejor sería adquirir la forma de un mandril para ser más insignificante.

Después de seguir los pasos de la diosa, la encontró y se acercó a ella. Thot le dió conversación haciendo referencia a Ra y recordándole que era la hija del sol, pero ella bajo la forma de gato salvaje le dijo:
- ¡Dime lo que tengas que decir y muere!
Thot comenzó a contarle una historia para distraerla y a su vez para recordarle que el rey de los dioses, Ra, su padre, siempre hacía justicia. Comenzó contándole la historia de un buitre hembra que había tenido pollitos y una gata que había tenido gatitos. Ambas mamás habían hecho un pacto y habían jurado por Ra que ninguna atacaría a las crías de la otra.
«Un día uno de los pollitos se escapó del nido en una de las ausencias de la madre, y al no saber volar fue a caer donde estaban los gatitos y les quitó un poco de comida. La madre gata sin pararse a pensar atacó al polluelo y lo hirió, después le dijo que se fuera.
El pequeñín no podía volar todavía porque era un pollito, pero le dijo a la gata:
-¡Has roto el pacto y Ra te lo hará pagar!
El polluelo murió. Su madre lo buscó y finalmente lo encontró en la otra montaña muerto. El buitre se dirigió enseguida hacia los gatitos y cuando estuvo ausente la gata, entonces los mató y se los llevó al nido como alimento para sus polluelos.
La gata se enfureció y le pidió a Ra vengar al buitre. El dios Sol decidió castigar a las dos mamás por haber roto el juramento que habían hecho en su nombre. Entonces ocurrió lo siguiente: El buitre vió a un cazador que se estaba asando una pierna para comérsela y enseguida se lanzó a por ella para llevársela a su nido como alimento, pero resulta que la carne contenía todavía brasas que estaban encendidas y éstas cayeron sobre los pollitos, muriendo éstos y sin poder hacer nada la madre por ellos.»
Thot terminó de hablar y El Ojo Del Sol se quedó pensativa y recordó lo poderoso y lo justo que era su padre. Hathor había cambiado su carácter completamente. Thot le había recordado a su padre, a su hermano Shu, a su tierra “Egipto“… Y en ese momento recordó lo mucho que los hombres la adoraban.
También el más sabio de los dioses le comentaba como estaba Egipto sin ella: en tinieblas, triste, sin alegría…
Pero cuando más confiado estaba Thot en hacerla regresar, ésta se dio cuenta de que el mandril quería disuadirla para volver a Egipto y entonces montó en cólera por haberla hecho llorar, y se enfureció de tal manera que se convirtió en una enorme leona.

- ¡En nombre de Ra, perdóname! ¡Antes de atacarme escucha la historia que te voy a contar! -dijo Thot.
El sabio Thot comenzó enseguida a contarle otra historia para tranquilizarla:
«Dos buitres se pasaban el tiempo discutiendo sobre cual de ellos poseía más dones:
- Yo soy capaz de… -decía uno de ellos.
- Pues yo puedo… -replicaba el otro.
De repente uno de ellos se empezó a reir y dijo :
- Si supieras lo que he visto.
- ¿Qué has visto? -contestó el otro.
- Como tú ya sabes tengo una poderosa vista y he podido contemplar lo siguiente: He visto como una lagartija se comía una mosca. Después una serpiente se comía la lagartija y posteriormente un halcón se llevaba la serpiente, pero como ésta pesaba mucho, el halcón cayó al mar y los dos fueron comidos por un pez. Y seguidamente ha pasado un pez más grande y se ha comido al primero. El pez grande se había acercado a la orilla del mar y había sido capturado por un león. Después apareció una criatura extraña, mitad león y mitad águila y se lo ha llevado a su nido para comérselo.
Uno de ellos dijo:
- Seguramente que esa criatura extraña es un mensajero de Ra . Los que matan mueren. Y no hay nada que se pueda comparar con la justicia del rey de los dioses.»
Thot le dijo a El Ojo Del Sol:
- Tu propio padre es quien da bien por bien y mal por mal.
En ese momento la diosa se sintió muy orgullosa de su padre y le dijo al mandril:
- No te preocupes que no te voy a matar.
El sabio Thot emprendió el viaje hacia Egipto acompañado por el gato salvaje (la diosa). Como no se fiaba todavía de ella comenzó a contarle otra historia:
- “ Dos chacales que vivían en el desierto…”
Cuando terminó de contarle la historia le dijo:
- Como me has perdonado la vida yo te protegeré durante todo el camino.
La diosa se empezó a reir y le dijo que El Ojo Del Sol no necesitaba su protección, pues el mandril era mucho más débil que ella.
El mandril, es decir, Thot, comenzó a hablar:
- Te voy a recordar una historia: «Trata de un león que buscaba desesperadamente al hombre para matarlo. El león pensaba que él era el más fuerte. Se había enfurecido pensando que una criatura que no conocía, “el hombre”, pudiera con una pantera que se había encontrado medio muerta. Con un león y con varias criaturas que se habían cruzado por el camino y que habían sido víctimas del hombre. Con lo que no contaba el león era con el arma más poderosa del hombre: ”la astucia”. En su búsqueda desesperada se encontró con un ratoncillo, y éste le dijo:
- Oiga, por favor, no me aplaste. Si me aplasta para luego comerme, no le va ha merecer la pena, pues soy tan diminuto que no le voy a saber a nada.Dejándome en libertad algún día le devolveré el favor.
El león no le mató y se fue riéndose a carcajadas.
- Un ratoncillo ayudarme a mí, ja, ja,ja -dijo el león.
Al poco tiempo sucedió que el león fue a caer en una trampa que había preparado el hombre. El león cayó en un agujero que estaba tapado con ramas, y éste había quedado atrapado en una red. Quedaba poco tiempo para que el hombre lo matara. A media noche pasó el ratoncillo por allí y enseguida ayudó al león para que éste pudiera escapar. El diminuto animal comenzó a roer todas las redes, todas las cuerdas. Y el león se fue lejos de aquel lugar, donde no le pudiese atrapar el hombre. Pero la experiencia le hizo comprender que un ser más débil puede ayudar al que tiene más fuerza.»

Hathor le escuchó y comenzó a tenerle mucho más respeto al mandril.
En El-Kab, al pasar la frontera de Egipto, Hathor tomó la apariencia de un buitre, y en el siguiente pueblo volvió a cambiar de aspecto. Hasta acercarse a Tebas, allí adquirió la apariencia de un gato salvaje.
Todo Egipto estaba pendiente del regreso de su bella diosa. También estaban los enemigos de Ra, y mientras Hathor dormía, una serpiente venenosa se le acercó, pero Thot que estaba vigilante, avisó a su diosa y ésta saltó como una fiera hacia la serpiente y la mató.

Hathor recordó la historia del ratón y el león y se fue dándole las graciás a su amigo el mandril.
Al llegar a Tebas por la mañana se transformó en una bella mujer, llena de bondad y alegría, como ella era. La bella Hathor se juntó con su padre en la ciudad sagrada de Heliópolis y se dieron un fuerte abrazo. Todo Egipto saltó de alegría. Thot volvió a mostrar su apariencia normal y la diosa le reconoció.

Ra agradeció a Thot el regreso de El Ojo Del Sol y formaron una gran fiesta.

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Las Hators

RELATOS

Se cuenta que un faraón y su esposa estaban desesperados. Llevaban mucho tiempo esperando tener un hijo que llenase el palacio de alegría y sucediera al faraón llegado el momento. Rogaron, rezaron e hicieron ofrendas a todos los dioses, hasta que al fin sus suplicas tuvieron respuesta y tuvieron un precioso bebe varón.

Cuando las siete HATORS, acudieron como de costumbre, a hacer sus profecías para el futuro del pequeño, el palacio volvió a llenarse de tristeza y rabia, ya que, afirmaron que el príncipe moriría a manos de un perro, un cocodrilo o una serpiente.

El faraón, decidido a salvar la vida de tan deseado hijo, ordeno construir un gran palacio en el desierto con la idea de alejar al príncipe de todo mal. Allí fue donde el niño vivió y creció…. Y al crecer, el gran palacio se le quedó pequeño. La primera decisión importante que tuvo que tomar el rey fue la petición de su hijo de tener un perro, que al final le concedió pensando que un cachorro no podría hacerle daño.

El perro y el príncipe se hicieron inseparables, pero eso no era suficiente para que el joven, lleno de vitalidad, fuese feliz en su palacio que para él era su prisión.

Fue así como un día decidió huir con su perro hasta una ciudad en la que nadie le conocía. En esta ciudad, Naharin, la princesa había vivido también aislada en una torre de la que, por orden del rey, únicamente saldría cuando sus de los pretendientes consiguiera de un salto llegar hasta ella.

Nuestro príncipe lo consiguió, pero el rey, aunque no estaba muy contento por no conocer la procedencia del chico, tuvo que aceptar y cumplir su promesa.

Como el príncipe y la princesa compartieron sus pasados y él le confesó su procedencia y le contó la profecía de las HATORS, ella siempre estaba atenta y preocupada de que nada le ocurriera, por lo que una vez mientras el príncipe dormía, ella consiguió matar a una serpiente que intentó atacarlo y a la que el perro se comió después.

Años más tarde, su perro intentó atacarle y el príncipe se tiro huyendo al río, donde se encontró con el cocodrilo que desde que él nació había luchado cada día contra las aguas que trataban de matarlo para protegerle. El cocodrilo estaba tan cansado de luchar que en vez de atacar al príncipe, le propuso no atacarle a cambio de que el príncipe le ayudase a librarse del acoso del espíritu de las aguas. Fue así como los dos juntos vencieron y él pudo salir ileso del agua. Creyéndose a salvo se tumbó a descansar en la orilla y su perro volvió a atacarle. Esta vez tubo que matarlo, y eso le hizo pensar que por fin era libre, que había vencido al destino, podría volver a ser totalmente libre y algún día suceder a su padre.

La princesa y él estaban saltando de alegría cuando la profecía de las HATORS se cumplió, la serpiente había salido viva del interior del perro… y de un picotazo acabó con su vida

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Bata y Anubis

RELATOS

BATA era el hermano pequeño de ANUBIS y vivía junto a este y su esposa como si fuera un hijo. Cooperaba en las tareas de la casa, de las tierras y los animales incansablemente junto a ANUBIS.

Pero un día estando en el campo, BATA fue enviada por su hermano a la casa a recoger semillas para la siembra y al llegar la esposa de su hermano le hizo proposiciones nada honestas. BATA lleno de rabia le recordó, que ella era además de una madre para él, la esposa de su hermano y que olvidaría ese momento para que su hermano no sufriera.

Al llegar la noche, ANUBIS entró en la casa y encontró a su mujer en la cama simulando haber sido golpeada y le contó que el causante de sus heridas había sido BATA enfadado porque ella se había negado a aceptar sus proposiciones.

ANUBIS cogió un cuchillo y se dirigió a los establos con la intención de acabar con la vida de su hermano, que al darse cuenta de las intenciones de ANUBIS emprendió la huida. Mientras ANUBIS le perseguía, BATA consiguió que RA escuchase su llamada y creó entre ambos un lago lleno de cocodrilos que hacía imposible que llegasen el uno al otro. A la mañana siguiente se sometieron al juicio de RA, en el que BATA contó a su hermano lo que le había sucedido realmente con su esposa y le dijo que pensaba irse lejos de él, al valle de los cedros, donde se arrancaría el corazón y lo dejaría sobre una flor de cedro. Le dijo también que en algún momento, cuando el árbol se cortase, el moriría, y que si realmente le quería debería ir a recoger su corazón y meterlo en vaso de agua fresca para que pudiera resucitar y vengar el trato recibido. La señal sería una jarra de cerveza que se desbordaba.

BATA se dirigió al valle de los cedros y ANUBIS volvió a su casa y asesinó a su mujer.

En el valle de los cedros BATA construyó un bonito palacio al que llegó la Enéada, que sintiendo compasión por él, mandaron modelar a la mujer más bella del mundo para que fuese su esposa.

La existencia de tan bella mujer llegó a oídos del faraón que mandó a buscarla para hacerla su esposa principal, la gran favorita del harén. La favorita contó al faraón quien era su esposo y también el secreto para destruirlo. Así el rey, envió a sus hombres a cortar el cedro que guardaba el corazón de BATA, y al instante, murió.

ANUBIS, que había seguido con su vida, al llegar ese día a su casa, pidió una jarra de cerveza que al serle servida se desbordó. Recordando las palabras de su hermano, se puso en marcha al valle de los cedros donde lo encontró muerto.

Buscó su corazón sin éxito durante años hasta que ya a punto de desistir lo encontró y siguiendo las instrucciones que le diera BATA consiguió resucitarlo.

Ahora a BATA le tocaba vengar la traición de su esposa y se convirtió en un gran toro al que ANUBIS debía conducir a palacio. Todo salió según los planes y el faraón nada ver al toro quiso cambiárselo a ANUBIS por una importante cantidad de oro con la que regreso a su casa como había acordado con BATA.

Una vez en palacio, BATA con forma de toro le hizo saber a la favorita que no estaba muerto y ella pidió al faraón que matase al toro. Al matarlo, dos gotas de su sangre hicieron crecer dos hermosas perseas junto a las puertas de palacio. BATA aún seguía con vida, esta vez, en forma de persea y al hacérselo saber a la favorita, ésta volvió a pedir al faraón que cortase las perseas ya que quería acabar con él a toda costa y de nuevo el faraón consintió y las cortó. Esta vez, una astilla de las perseas al ser cortadas, se clavó en la favorita y esta quedó embarazada. Nadie lo sabía, pero el futuro bebe sería de nuevo BATA.

El faraón, encantado con el pequeño varón lo nombró heredero del reino y al ser anciano y morir, el príncipe le sucedió e inmediatamente contó a sus consejeros todo lo que había sufrido a causa de la maldad de su mujer y ésta fue castigada con la muerte.

Reinó durante treinta años y fue sucedido por ANUBIS a quien había nombrado príncipe heredero.

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Isis y los siete escorpiones

RELATOS

El malvado dios Seth desconocía que Osiris e Isis tuvieron un hijo llamado Horus. Isis y Horus se escondían cuando Seth los encontró y los encerró.

Cuando caía la tarde y con la ayuda de Thot, dios de la justicia y la verdad en la tierra y el cielo, escaparon de su prisión. Durante su viaje envió siete escorpiones mágicos para guiarles y protegerles.

Tras un largo viaje por la Tierra de Egipto, llegaron a Per-Sui, ciudad donde se venera al cocodrilo. Isis y su hijo llegaron muy fatigados y con ganas de descansar. Vieron una casa cercana a las marismas donde, en la puerta, se encontraba una mujer muy rica llamada Usert. Pero al ver los siete escorpiones que los acompañaban, se negó a ayudarles y les cerró la puerta de su casa. Aunque al final encontraron donde descansar, pues una mujer pobre los albergó amablemente en su casa.

Los escorpiones, a pesar de todo, estaban muy enfadados por la actitud de la mujer rica, y decidieron darle una lección por su falta de caridad. Le dieron todo su veneno a su jefe, Tefen, quien entró en la casa de la mujer rica y de este modo picó a su hijo que estaba durmiendo. La mujer comenzó a llorar pidiendo ayuda, pero nadie acudía a socorrerla. Sin embargo, la diosa Isis salió corriendo a ayudarla. Cogió en brazos a su niño y ordenó al veneno mortal mediante sus palabras que saliera de su pequeño cuerpo, y de este modo se salvó de la muerte.

La mujer de nombre Usert, se dio cuenta de que Isis, la Señora de la Magia, había salvado la vida de su hijo, a quien antes sin consideración ninguna había negado hospedarla. Sentía tales remordimientos que ofreció toda su fortuna a Isis y a la mujer pobre de las marismas que ofreció su casa sin temor alguno.

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La sandalia de Nitocris

RELATOS

En un pequeño pueblo del Bajo Egipto vivía una joven de veinte años cuya belleza se asimilaba a la de una diosa. Su nombre era Nitocris.

Le gustaba ayudar a su padre que trabajaba como escriba de rebaños, contando cabezas de ganado y evitando las discusiones entre los ganaderos. Nitocris sabía leer, escribir y contar, y cuando su padre se jubilara, le sustituiría.

Todos los chicos del pueblo y de los alrededores deseaban casarse con Nitocris, pero ella sólo compartiría su vida con un hombre al que amara con todo el corazón. Los jóvenes seguían insistiendo pero ella los rechazaba tajantemente. Su padre se extrañaba, incluso le proponía casamiento con el apuesto hijo del alcalde, pero ella no podía soportarle.
Sus padres sólo deseaban la felicidad de la hermosa joven:
- Nitocris, solamente tú puedes elegir al hombre al que amarás como esposo.

La tarde estaba soleada y Nitocris salió a darse un baño al canal pensando que a esa hora nadie la molestaría. Se quitó las sandalias, se desvistió y se metió poco a poco en el agua que gozaba de una temperatura deliciosa. Estuvo nadando durante mucho tiempo.
Por allí cerca, los chicos cazaban o jugaban a la pelota. Cuando la joven volvió hacia la orilla, un chico le hizo señas con la mano ofreciéndole su ayuda para salir del agua. Se trataba del hijo del alcalde, que muy orgulloso, armado con un arco y unas flechas, le regalaba una liebre que había cazado.
- No quiero tus regalos. ¡Aléjate de mi! – dijo Nitocris.
- ¡Ni hablar! Deseo hablarte. Sabes que yo seré tu marido – contestó el joven.
- ¡Jamás! ¡Nunca me casaré contigo!

Nitocris se fue en busca de sus sandalias, cuando escuchó el ruido de un aleteo. Un halcón bajó hacia el suelo a gran velocidad cogiendo una de sus sandalias con sus garras, y de nuevo subió al cielo.
Cuando el hijo del alcalde tensó su arco apuntando hacia el halcón, Nitocris gritó:
- ¡No tires! El halcón es el animal sagrado del dios Horus, el protector del faraón. Nadie puede matarlo.
El joven se fue muy avergonzado por su acción.

Un poco más tarde se celebraba el consejo de ministros presidido por el faraón en el jardín del palacio. El rey continuaba soltero y esta situación no debía alargarse más. La Regla exigía que reinara junto a él una gran esposa real, pero ninguna le interesaba.
Estaba pensativo y no prestaba atención al ministro, cuando de repente, el halcón se abalanzó hacia el rey dejando caer algo en sus rodillas. Se trataba de una sandalia, la más bonita que jamás había visto. Rápidamente hizo llamar al jefe de guardia, y se dirigió a él enérgicamente:
- Envíe a sus hombres a todas las ciudades y pueblos y ordene que todas las muchachas se prueben la sandalia. ¡Encuentren a su dueña!

El hijo del alcalde iba hacia la casa de Nitocris, cuando vio a dos guardias cumpliendo el encargo del faraón. No dudó en preguntar qué ocurría, a lo que le respondieron amablemente. Sólo les quedaba visitar la última casa del pueblo que se encontraba al final de la calle. El chico, al reconocer la sandalia de Nitocris, trató de evitar que la encontraran. Pero en ese momento, la muchacha salió de su casa portando un ramo de flores de loto. El guardia, al verla, quedó impresionado por su belleza, y al probarle la sandalia comprobó que era suya.

Nitocris atravesó los inmensos jardines de tamariscos, sicomoros y palmeras, llegando a una enorme sala del palacio. El suelo estaba decorado con azulejos en forma de lotos y en las paredes se representaban preciosas pinturas con escenas de caza. Allí, en su trono, estaba sentado el faraón de Egipto.

La joven se arrodilló ante el faraón como muestra de admiración y respeto. El rey, portando sus insignias reales, la tomó de la mano ayudándola a levantarse. Admirado por su belleza, el faraón le calzó la sandalia que le había hecho llegar el halcón. Nitocris era la esposa elegida por los dioses, y ella se había enamorado del faraón.

- Reinarás en Egipto junto a mi como Gran Esposa Real. Mandaré construir para ti una pirámide que inmortalizará nuestro amor y hará brillar tu nombre para siempre.

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Sinuhé , El Egipcio

RELATOS

En el palacio real reinaba el silencio. Su faraón Amenemhat I había muerto, y toda la Corte mostraba su respeto en señal de duelo. Aunque también se sentía una gran preocupación en el ambiente… ¿quién sucedería al rey?

El mayor de sus hijos, quien debía sucederle, se encontraba lejos de palacio al frente del ejército protegiendo el país. Rápidamente partieron mensajeros en su busca para informarle, y así, Sesostris I decidió regresar apresuradamente.

Por su parte, los demás hijos del rey Amenemhat I querían sucederle al enterarse de su muerte.
Sinuhé, hombre de confianza del faraón, observó que un hombre informaba a uno de los príncipes. Amenemhat había sido víctima de un complot, siendo asesinado por unos cortesanos que bajo las órdenes de este príncipe burlaron la guardia. Sinuhé temía por su vida, creyendo que al no haberse enterado de esas malas intenciones y no poder informar al futuro sucesor (Sesostris I) como era su deber, sería castigado a pesar de su inocencia. Pensó entonces en marcharse de Egipto.

Y así lo hizo. Sinuhé esperó el momento apropiado y tras esconderse evitando a los oficiales y cortesanos, se dirigió hacia el Delta del Nilo. Por la noche, tras esquivar la vigilancia de los centinelas, cruzó la frontera saliendo de Egipto.

Pero no contaba con una gran dificultad en su camino: el desierto. Caminando bajo el sol, muerto de sed, sintió como iba perdiendo sus fuerzas hasta caer sobre la arena. Y pasaron las horas, o incluso días, hasta que de pronto despertó al escuchar el sonido de un rebaño y una voces a su alrededor. Abrió los ojos y se encontró con un grupo de nómadas inclinados sobre él que lo observaban. Un hombre del grupo reconoció a Sinuhé, a quien había conocido en Egipto, y ordenó que le dieran de comer y de beber, invitándole a unirse a la caravana. De manera que accedió y les acompañó por el desierto ganándose el cariño de todos rápidamente.

El príncipe beduino Amunenshi había oído hablar de Sinuhé y requirió su presencia para proponerle que se quedara bajo su amparo, como ya habían hechos muchos otros egipcios.

-¿Por qué te fuiste de Egipto? ¿Ha ocurrido algo grave en tu tierra? –preguntó el príncipe Amunenshi.

Sinuhé le contó sobre la muerte del faraón y su temor a caer en desgracia. Y para no parecer un traidor, dado que se encontraban numerosos egipcios acogidos en la corte de Amunenshi, contestó:

-El primogénito del rey regresó a palacio y sin duda gobierna Egipto. Yo sólo he temido por mi vida, y por eso me he marchado.

Amunenshi quedó satisfecho con sus respuestas, y a partir de entonces Sinuhé se quedó en su Corte, quien rápidamente fue querido por todos. Se casó con la hija mayor del príncipe, y recibió como regalo las tierras más fértiles del oasis.
Sinuhé se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos, llegando a ser jefe de una tribu. Incluso fue nombrado general de los ejércitos, ganando grandes batallas. Y de este modo, su fama se fue extendiendo.

Pero también existían hombres envidiosos. Y así fue que uno de los mejores guerreros de Retenu que sentía celos de Sinuhé se atrevió a desafiarle en combate.
Durante toda la noche, Sinuhé estuvo preparando sus armas. Todo el pueblo se había congregado nervioso para presenciar la lucha, pero la gran mayoría estaba a favor de Sinuhé.
El guerrero sirio era muy fuerte y valiente, y manejaba las armas con mucha habilidad. Sinuhé no era tan fuerte como él, pero era astuto y ágil. ¿Quién vencería el combate?.
El egipcio consiguió fácilmente esquivar las armas que el guerrero sirio arrojaba contra él, quedándose al poco tiempo sin armas con las que luchar, salvo con sus propias manos. El sirio se puso tan nervioso que se lanzó furioso contra Sinuhé, pero éste arrojó una flecha contra él venciéndolo.
El príncipe Amunenshi, y todo el pueblo, saltaban de alegría por la victoria de Sinuhé.

Sin embargo, Sinuhé no era del todo feliz. Pensaba a menudo en su tierra, Egipto, y cada vez se sentía más apenado. Su mayor deseo era regresar a Egipto para cuando muriera poder ser enterrado en su tierra. Esto era muy importante para un egipcio: ¿cómo su alma alcanzaría el reino de Osiris?.
Y esta era su constante preocupación. Mientras cumplía con sus deberes como jefe de la tribu, en secreto invocaba a sus dioses pidiéndoles que permitieran su regreso a Egipto.

En Egipto reinaba con justicia el faraón Sesostris I, pero para ello había tenido que luchar duramente debido a las revueltas políticas. Por fin reinaba la paz.
A oídos del faraón llegaron noticias de Sinuhé a través de los viajeros egipcios que habían pasado por su casa, y le escribió pidiéndole su regreso a palacio y a su tierra, ya que sabía de su inocencia en el complot contra su padre.
Sinuhé, lleno de alegría, contestó a la carta de Su Majestad explicando sus temores y motivos de su huída. Pasó el día repartiendo todos sus bienes entre sus hijos y se despidió de todos sus amigos, regresando a Egipto.

Sesostris I fue muy generoso con Sinuhé entregándole una enorme casa reformada que perteneció a un noble de la Corte y colmándole de bienes; y ordenó que le construyeran una magnífica tumba de piedra preparándole un merecido ajuar funerario para cuando le llegara el momento de su muerte.

Y así fue cómo Sinuhé el egipcio, colmado de honores y riquezas, esperó el momento de su muerte dichoso por encontrarse de nuevo en Egipto.

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El faraón Esnofru y la joya perdida

RELATOS

Una calurosa tarde de verano, antes de reunirse con los sacerdotes para preparar la gran fiesta de año nuevo, el faraón Esnofru pensó en distraerse un rato. Preguntó por los músicos de palacio, pero éstos descansaban para el concierto de la noche. Buscó al mejor jugador de ajedrez del reino, pero había regresado al Sur. ¿Qué podía hacer ahora el faraón para divertirse?

Entonces pidió que buscaran al jefe de los magos Dyadyaemanj. Y así, se presentó haciendo una reverencia ante el faraón:

- ¿Para qué necesita mis servicios el Señor de Egipto? – preguntó el mago.
- ¿Qué entretenimiento me aconsejas? – contestó el rey.

El mago le propuso un paseo en barca acompañado de las mujeres más hermosas de palacio. Mientras ellas remaban, el faraón podría contemplarlas rodeadas de un hermoso paisaje lleno de frondosos papiros y verdes riberas.
El faraón Esnofru sonrió satisfecho y ordenó que prepararan la barca más bonita.

Esnofru vestido con un sencillo faldellín blanco esperaba en el embarcadero, cuando vio llegar a veinte jovencitas de cabellos trenzados y ligeros vestidos. Se fijó en una que llevaba un colgante de turquesas con forma de pez, quien bajando los ojos se dirigió al faraón:

- Majestad, estamos listas.

Subieron a la barca y comenzaron a mover los hermosos remos de madera de ébano chapada en oro. Esnofru miraba a la remera principal, la muchacha del colgante, pues era la más bella de todas. El rey se sentía feliz, olvidando por un rato sus problemas. ¡Qué razón tenía el mago!

Pero… de repente, escucharon un sonido extraño. Algo se había caído al agua. Las muchachas dejaron de remar ante el lamento de la remera principal que decía angustiada:

- ¡Qué desgracia! Se ha caído mi colgante de turquesas al fondo del lago. ¡Era mi tesoro más preciado!

El faraón le ofreció una nueva joya, pero ella insistió en el valor que tenía su colgante puesto que se la había regalado su novio. Cuatro de las remeras se lanzaron al agua sin encontrarla, y Esnofru decidió regresar al palacio: “¿No es mi deber hacer felices a mis súbditos?”, pensó. El mago encontraría una solución.

Esnofru entró en el laboratorio del mago agradeciéndole su estupenda idea. Le contó la pérdida de la joya de la remera principal, pidiéndole su ayuda para recuperarla. El mago buscó en los libros de magia sin obtener resultados. Y fue en la Casa de la Vida donde a través de la lectura de unos jeroglíficos encontraron una solución.

Volvieron al lugar donde se había perdido el colgante de turquesas, mientras el sacerdote y mago Dyadyaemanj leía una antigua fórmula transmitida de sabio a sabio. Todos estaban en silencio. El mago se puso en pie y fijando sus ojos en la superficie del lago, extendió los brazos. Pero no tuvieron miedo porque junto al faraón nada podía pasarles. Las aguas se separaron en dos, y en el fondo, sin agua, brillaba la joya de turquesas. El mago bajó a recogerla y se la entregó a la joven. De nuevo las aguas volvieron a su sitio por orden del mago, y continuaron navegando felizmente sobre la superficie del lago.

La noticia se extendió por todo Egipto y más allá de sus fronteras. ¡La magia del faraón podía hacer milagros!.

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La creación

RELATOS

Se cuenta que NUN era agua, era el Dios de las tinieblas, era el principio de todo… pero dormía, solo dormía.

Cuando por fin NUN despertó, solo encontró aburrimiento, a su alrededor era él todo lo que veía. Ni animales, ni plantas, ni hombres… ni siquiera dioses. Entonces, reconociendo en sí mismo el poder inmenso de crear, decidió ponerse manos a la obra y comenzar con la creación de universo.

Como era agua comenzó creando tierra, hizo surgir de sí una gran isla de tierra limosa, era Egipto, y pensó que al haber nacido Egipto del agua, debía ser esta quien le diera la vida, fue entonces cuando creó el río divino, el Nilo.

NUN continuó creando… el cielo, el aire, plantas, animales y dioses, pero algo faltaba, no había una oscuridad absoluta, pero tampoco había luz. Un día, de un loto que flotaba en el Nilo surgió luz. La flor se resistía a abrirse y cuando ya no pudo aguantar más, de su interior nació RA, el sol, dando al mundo lo que le faltaba, esa luz con la que apreciar los colores, la belleza de la creación y por supuesto el tiempo, ya que RA volvía al interior del cáliz de la flor del loto a descansar mientras duraba la noche. RA se convirtió en el dios más poderoso, el amo del mundo y también el más envidiado…

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El campesino elocuente

RELATOS

El Campesino elocuente

Su nombre era KHUNAPUP y vivía en la llanura de la sal junto a su mujer y sus hijos. Gracias a que era un hombre muy constante y trabajador, la familia vivía bien. Algunas cosas solo podían conseguirlas en Heliópolis y por eso su mujer le ayudó con los preparativos del próximo viaje. Prepararon la comida y bebida que necesitaría durante el viaje y cargaron los asnos con todo eso más la mercancía que iba a utilizar para cambiar en la ciudad por lino, madera y algunos alimentos que no podía conseguir en el oasis.

KHUNAPUP comenzó su viaje, debía atravesar el desierto y el camino sería muy duro.

Llegó a unas tierras administradas por RENSI, representante del faraón, y al cuidado de DEHUTINEKHT, cuyas tierras se encontraban a un lado del estrecho camino y al otro estaba el río.

DEHUTINEKHT, viendo acercarse al campesino con sus asnos cargados, mandó poner en el camino una sabana de lino como parte de un plan para robarle. Cuando KHUNAPUP llegó hasta él, DEHUTINEKHT le advirtió que no debía pasar por encima de la sabana de su propiedad y tampoco por los lados, ya que estaban su casa y el río. Mientras discutían unos de los asnos pisando la tela comenzó a comer cebada de sus tierras y de esta forma le ofreció la excusa perfecta para robar al campesino, solicitando quedarse con todos los vienes por el perjuicio causado por el asno. Pasó diez días lamentándose y quejándose pero DEHUTINEKHT no le hizo el menor caso, así que KHUNAPUP, viendo que en fuerza física el contrario ganaría, decidió dirigirse a Heliópolis a ver a RENSI y contarle lo ocurrido para que sus asnos le fueran devueltos y el ladrón castigado.

RENSI escucho atento sus explicaciones y quedo tan sorprendido por su forma de hablar y expresarse, que decidió ponerlo en conocimiento del rey que se aburría bastante en palacio. Para los dos, la solución al caso era fácil, pero el rey quiso saber más de la elocuencia del campesino y mando a RENSI citarle cada mes para exponer su caso y tomar nota de todas sus palabras para así matar el aburrimiento.

Fue así como KHUNAPUP pasó meses acudiendo a RENSI, cada vez con menos paciencia pero mas elocuencia, no se repetía en sus argumentos y cada vez estaba mas enfadado, porque aunque el rey se había encargado de que a su familia en el oasis no le faltase de nada, el lo ignoraba.

Al fin, tras su última visita en la que incluso acusaba y amenazaba al rey, este no tubo más remedió ya, que después de tanto tiempo, dar una solución justa al campesino.

Todos sus vienes, los del ladrón y el propio ladrón convertido en su esclavo, le fueron entregados KHUNAPUP, para hacer justicia y recompensar su elocuencia y paciencia.

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El conflicto del Faraón

RELATOS

.- Setne soñó un día que paseando por la avenida del templo de Ptah en Menfis encontraba a una mujer bellísima. El deseo de poseerla le inflama y sin rodeos se dirige a ella para proponérselo a cambio de diez monedas de oro. Ella responde: —Soy una sacerdotisa, no una cualquiera. Si quieres hacer conmigo lo que deseas, ven al templo de Bastet, a mi casa donde hay todo ajuar, y harás lo que deseas conmigo sin que nadie del mundo me encuentre. No me comporto como una plebeya en la calle. Setne dijo: es justo, y no dudó en ir al templo de Bastet. Encontró una casa muy alta con un muro alrededor, que tenía un jardín al norte y un embarcadero a la entrada. Setne preguntó: ¿De quién es esta casa?. Le dijeron: Es la casa de Tabubu. Setne atravesó la puerta y dirigió la vista a la casa del jardín. Avisaron de esto a Tabubu, y ella bajó, tomó la mano de Setne y le dijo: —¡Por la salud de la casa del profeta de Bastet, señora de Anejtauy, a la cual has llegado! ; me será muy agradable que subas conmigo. Setne subió la escalera de la casa junto a Tabubu, hasta alcanzar el piso superior de la casa, que estaba limpio y regado con agua, y su pavimento regado era de auténtico lapislázuli y de auténtica malaquita. Allí había muchas camas cubiertas de tela preciosa y sobre la mesa había muchos vasos de oro. Pusieron incienso en el quemador y llevaron ungüento del que usa el faraón. Setne pasó un día feliz con Tabubu, pero no veía aún su aspecto. Setne dijo a Tabubu: —Hagamos aquello por lo que hemos venido aquí. Ella le dijo: —Estás próximo a satisfacer tu deseo, pero yo soy una sacerdotisa, no una mujer cualquiera. Si quieres hacer conmigo lo que ansías, me tienes que hacer un escrito de alimentos y una cesión de todo cuanto poseas. Él dijo: —¡Que traigan un escriba de la escuela!. Lo trajeron inmediatamente y Setne le hizo redactar un escrito de alimentos y una cesión de todo cuanto poseía. Avisaron a Setne: —Tus hijos están abajo Él dijo: —Hacedlos subir Entonces Tabubu se levantó y se vistió con un vestido de tela preciosa; a través del cual Setne podía ver todos sus miembros. El deseo que sentía se hizo mayor que antes. Setne dijo: —Tabubu, permite que haga aquello por lo que he venido aquí. Pero ella dijo: —Estás próximo a satisfacer tu deseo, pero yo soy una sacerdotisa, no una mujer cualquiera. Si quieres hacer conmigo lo que ansías, deberás hacer que tus hijos firmen mi documento para que no lleguen jamás a litigar con mis hijos por tus bienes. Setne hizo subir a sus hijos y les hizo firmar el documento. Entonces Setne dijo: —A ver si puedo hacer aquello por lo que he venido aquí Pero ella le dijo: —Estás próximo a satisfacer tu deseo, pero yo soy una sacerdotisa, no una mujer cualquiera: si quieres hacer conmigo lo que ansías, deberás hacer que maten a tus hijos, para que no lleguen jamás a litigar con mis hijos por tus bienes. Setne dijo: —Que les hagan la atrocidad que te ha venido a la mente. Mataron a sus hijos delante de él y les arrojaron a la calle desde la ventana, a los perros y a los gatos, para que comieran sus cadáveres, y él lo oyó mientras bebía con Tabubu. Entonces dijo Setne: —Tabubu, hagamos aquello por lo que hemos venido aquí; he hecho todo lo que has dicho. Ella le dijo: —Ven a esta habitación. Setne fue a la habitación y se tumbó en una cama de marfil y ébano y su deseo hallaba cumplimiento: Tabubu se acostó junto a Setne, y él alargó el brazo para tocarla. Pero entonces ella abrió su boca hasta el suelo con un gran grito y Setne se despertó como si estuviera dentro de un horno.

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.- EL SUEÑO.- El sol va desapareciendo, y poco a poco, el manto de la noche va cubriendo la ciudad de Tebas. Paulatinamente va remitiendo el calor sofocante, y la ciudad vuelve a la vida. Antes de que el sol se oculte, ella va cada día con su madre a esperar al más mayor de sus hermanos, que asiste al Templo para aprender el oficio de escriba. Pero sus ojos buscan entre los aprendices a uno en especial, aquel que le provoca un sentimiento de amistad distinto a lo que había conocido hasta ahora. Ahí está, su poeta. Se miran, sonríen, y toman caminos opuestos, aunque saben que minutos más tarde van a encontrarse bajo las acacias que hay cerca del río, donde su intimidad está libre de miradas y habladurías. Cada tarde ansía volver a verlo, y charlan durante horas sobre sus cosas, él le escribe poemas, le dice las cosas más hermosas que ella haya oído en su vida. Es algo maravilloso. La hace sentir, reír, llorar… Él es su espejo, su otro yo, es la mitad que la complementa desde que en tiempos remotos, los dioses separaron las almas de cada ser en dos partes semejantes, que desde entonces se buscan eternamente y rara vez se encuentran. Esta vez, el destino les había sonreído y los hizo encontrarse. Pero ella sabía, desde el principio, que su bella historia no duraría para siempre, que algún día él tendría que partir hacia otras tierras, y ella quedaría allí, con el alma rota de nuevo, esperando que llegara la hora de reencontrarse. Pero, pase lo que pase, dejará en ella una huella imborrable, y un sentimiento especial que perdurará más allá de la muerte. La procedencia de esta poesía es de: Marta Perez Egiptodreams
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POESIA EGIPCIA Oh, quien fuese su espejo, Para ser siempre el blanco de su mirada Oh, quien fuese su vestido, Para estar siempre envolviéndola Oh, quien fuese el agua que lava su cuerpo Oh, quien fuese bálsamo perfumado para ungirla Oh, quien fuese la banda de lino que ciñe sus pechos Oh, quien fuese el colar que acaricia su cuello Oh, quien fuese la sandalia que ella pisa. …………………………………… Hace siete dias que no veo a mi amada La enfermedad me ha atacado, El corazon me oprime Su recuerdo, paraliza mis miembros Voy dando tumbos, con fiebre entristecida Navego hacia el ensueño de Isis De vez en cuando, ni tan siquiera recuerdo mi nombre Mi amada, es para mi, mejor que cualquier remedio Es mas para mi que el recetario Mi secreto, es el remedio casero de Hathor Al sonido de su voz Mi corazon late al compas de su melodía Cuando la beso Ra en su esplendor son sus pechos Cedros del libano sus muslos Huyen de mi los demonios, Dejándome sereno. Pero ella se fue hace siete dias.
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EL IMPONENTE MUNDO DE LOS MUERTOS Si grande era el poder de los dioses y casi tanto el de sus designados, los faraones, el mundo de la muerte era, en definitiva, el que gobernaba la vida de los humanos, ya que toda la vida se orientaba a cumplir con el costoso rito

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Relato Erótico

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Hoy ya que es el día de los enamorados quiero contaros una historia que cuenta el escritor José Ignacio Velasco Montes, en su último libro de “Egipto Eterno”.
Es una historia que se cuenta mucho aunque nunca se ha demostrado si es verdad.
Empieza así:

Hapi, el Dios del río, se le consideraba masculino.
Esta consideración de sexo es por lo que se cuenta la siguiente historia.
Este presunto sexo del Nilo hacía que se le echara, en la fecha adecuada, una muchacha virgen y engalanada al inicio de la crecida.
Se suponía y deseaba que el dios realizara un coito con ella, quedara satisfecho y fuera generoso en su crecida y en los resultados de esta.

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Regalo para una Reina

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Hoy mi amiga de la Web:princesa de un cuento sin final ha escrito esto que a continuación os pongo.

La mañana se levantaba suave. La tenue luz del sol que abrasaba la arena y las vías centrales de Tebas, bañaba el dormitorio real con la reverencia de un subordinado. A los pies de la cama escondida tras blancas cortinas de fino lino, un vestido se deslizaba serpenteando el borde de la alcoba. Tras las finas cortinas de lino la silueta de Hatshepsut se desperezaba .

El matinal ritual del baño, el masaje con ungüentos y perfumes estaba preparado en la sala anexa al principal dormitorio. La peluquera real se abrió paso entre las demás sirvientas que esperaban a la reina-faraón para darle la bienvenida a un nuevo día como a un dios, como lo que realmente representaba como faraón y descendiente de Amón.

Rodeada de aromas capaces de embriagar al más hediondo de los animales, Hatshepsut pensaba en las palabras que Senenmut, ministro de su máxima confianza, le había recitado la noche anterior. Algo maravilloso vería aquella mañana en la orilla oeste de la ciudad. Allí se levantaba la principal obra ordenada por la soberana, un templo dedicado a Amón, su padre divino, y a Tutmosis I, su padre terrenal. Como todo faraón, Hatshepsut había ordenado levantar diversos templos que asegurasen una morada para los dioses por todo el Alto y Bajo Egipto, pero ninguno se parecería a Dayr al-Bahari.

Tras el aseo rutinario, la sesión de peluquería y también la de maquillaje, la reina atravesaba su corte seguida por sus damas que cuidaban el largo y casi transparente vestido que Hatshepsut había elegido para aquel día. En medio del patio central de palacio, Senenmut aguardaba a la reina con la que muchos comentaban que el ministro tenía una relación más íntima que profesional. La verdad era que la reina había posado el cuidado y protección de su única hija, Neferure, en aquel ministro que gozaba de múltiples privilegios permitidos por la soberana. Aquella mañana, ser el acompañante oficial de Hatshepsut era uno de aquellos favoritismos por el ministro.

Coartados por las compostura que debían tomar ante el pueblo, Senenmut y Hatshepsut tan sólo se cruzaban miradas que se colaban en el descanso de algún vigía de la figura real. Al fin y al cabo, el destino estaba cerca y una vez dentro del templo, serían libres para dar libertad a sus sentimientos. Los olores de flores y arbustos de todas las especies, y el romper del agua sobre alguna dura superficie indicaban que ya estaba cerca de su destino, el paraíso construido para albergar el ka de la reina-faraón se encontraba a tan sólo unos metros de ellos.

Dicen que los ojos de Hatshepsut brillaron como el sol cuando vieron la maravilla que su ministro había dirigido para ella. En la estéril tierra que ahora se extiende frente al templo de Dayr al-Bahari, una amplia avenida de árboles daba paso a la entrada principal del santuario. A su paso y a una de los lados, el gran estanque del templo albergaba barcas que desprendían el dulce olor del incienso, las mismas barcas que se utilizarían después para los rituales guiados por la reina bajo su papel de faraón. Ella había sido la que había dibujado el relieve de aquel templo, pero no podía imaginarse el paraíso terrenal que su ministro había diseñado para ella.

Inmersa en una atmósfera celestial, la pareja atravesó el jardín y accedió al interior del templo donde Hatshepsut se pudo ver representada en las paredes como máxime heredera del trono del Alto y Bajo Egipto. Allí estaba, junto con el joven Tutmosis III, adorando a sus antepasados, su abuelo Tutmosis I y su padre Tutmosis II, y también a su madre, la reina Amosis. Senenmet, como maestro de obras había cuidado todos los detalles del linaje de su reina a la que en la terraza superior había mandado representar como Osiris, atravesando el umbral de la muerte y convirtiéndose en sol. Aquel templo recogía todos los episodios de gran relevancia que se habían sucedido en la vida de la reina egipcia.

Enamorada de aquella morada, Hatshepsut decidió pasar aquel día en su templo, en su paraíso y acompañada únicamente por un pequeño séquito que garantizara todos los placeres necesarios, y por su ministro Senenmet. Aquel regalo merecía una gran recompensa antes de que los rituales convirtieran aquel escenario en algo sagrado y de obligatorio respeto.

Dayr al-Bahari es conocido como el templo sagrado de los sagrados, el espléndido de los espléndidos, un lugar donde la vida, la importancia y el papel que representó una reina-faraón que estuvo por años condenada al olvido por ser mujer. Sin embargo, aquel templo fue tan importante para la sociedad del Antiguo Egipto, que muchos fueron los enfermos que residieron en el interior del templo para buscar su cura y la paz que supo dirigir en Egipto Hatshepsut, la reina-faraón.

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Cuento del mago Djedi

RELATOS

CUENTO DEL MAGO DJEDI

Entonces el príncipe Dedefhor se levantó par ahablar y dijo:
-(Hasta ahora has escuchado) ejemplos de lo que pudieron (realizar) aquellos que (hoy en día) están muertos. Precisamente por eso, resulta difícil distinguir la verdad de la mentira. Pero hay, bajo tu majestad, en este tiempo tuyo, (alguien) sl que no conoces (y que es un gran mago).
Y Su Majestad dijo:
De quien se trata, Dedefhor (hijo mío)? El príncipe Dedefhor (respondió:)
-Existe un hombre que se llama Djedi y vive en Djeclsnefíu. Es un hombre que tiene ciento diez años, que come quinientos panes y, de carne, medio buey y que bebe cien cántaros de cerveza todavía hoy. Sabe volver a poner en su sitio una cabeza que ha sido cortada. Puede lograr que vaya detrás de él un león cuya correa (arrastre) por tierra. Conoce el número de las cámaras secretas del santuario de Tot.
Se daba el caso que Su Majestad el rey Keops, había pasado todo su tiempo buscando personalmente esas cámaras secretas del santuario de Tot, a fin de construir algo semejante que le sirviera de tumba. Entonces Su Majestad dijo:
-Tú mismo, Dedefhor, hojo mío, irás a buscarlo.
Inmediatamente se fletaron barcos para el príncipe Dedefhor, y éste remontó el Nilo hasta Djedsnefru. Y cuando estos barcos atracaron en la orilla, siguió el camino, después de haberse sentado en una silla de ébano llevada por porteadores, cuyas varas eran de madera-sésenein revestida de oro.
Cuando llegó a la casa de Djedi, la silla de porteadores fue depositada en tierra y a continuación se levantó para saludarle. Lo encontró acostado sobre una estera, en el suelo de su morada. Un sirviente le sostenía la cabeza y se la frotaba (con ungüento), mientras que otro le daba masaje en los pies. Entonces el príncipe Dedefhor dijo:
-Tu estado es semejante al del hombre que no ha alcanzado todavía una edad avanzada (pese a que en realidad ya has llegado) a la vejez completa, al momento de la muerte, de la sepultura, del enterramiento. Con todo, (eres un hombre) que duerme hasta que comienza el día, que no se ve aquejado de las enfermedades y que no sufre ataques de tos.
Así se saluda a un personaje venerable.
-He venido para suplicarte de parte de mi padre Keops. Comerás cosas exquisitas que obsequia el rey y alimentos reservados a aquellos que le sirven, y él hará que llegues, después de una vida feliz, a donde se encuentran tus padres que están en la Necrópolis.
Entonces Djedi replicó:
-La paz sea contigo, la paz sea contigo, Dedefhor, hijo real amado de su padre. ¡Que tu padre Keops te recompense! ¡Que adelante tu rango entre los antiguos! ¡Que tu ka combata contra tu enemigo y tu alma conozca los caminos que conducen a la puerta Hebesbag!.
Así se saluda al hijo de un rey.
Entonces el príncipe Dedefhor le tendió las manos y después se levantó y fue con él hacia el río, llevándole dela mano. Y Djedi dijo:
-Ordena que me entreguen una barca, para que pueda llevar a mis hijos y mis libros.
Entonces se pusieron a su disposición dos barcas con su tripulación, y Djedi descendió por el Nilo en el barco en que se encontraba el príncipe Dedefhor. Después de llegar a la corte, el príncipe Dedefhor se presentó ante Su Majestad el rey Keops para ponerle al corriente de lo sucedido. El príncipe Dedefhor le dijo:
-Soberano, vida, salud y fuerza, señor mío, he traído a Djedi.
Su Majestad replicó:
-Ve y tráemelo.
Después Su Majestad se dirigió hacia la gran sala del palacio, vida , salud y fuerza. Ante su presencia introdujeron a Djedi, y su majestad dijo:
-¿Cómo ha sido posible, Djedi, que (hasta ahora) no haya tenido oportunidad de verte?
Y Djedi respondió:
-El que viene es aquel al que llaman, soberano. Cuando me han llamado he venido.
Su Majestad dijo:
-¿Es cierto lo que se cuenta de que puedes volver a poner en su lugar una cabeza que ha sido cortada?
Djedi contestó:
-Sí, sé (hacerlo), soberano, vida , salud y fuerza, señor mío.
Entonces Su Majestad dijo:
-Que me traigan al prisionero que está en la prisión cuando haya sido ejecutado.
Pero Djedi repuso:
-No, que no sea un ser humano, soberano, vida, salud y fuerza, señor mío, porque está prohibido hacer una cosa semejante al rebaño sagrado (de dios).
Entonces le trajeron una oca, a la que habían cortado el cuello. Después colocaron la oca en el lado occidental de la gran sala y su cabeza en el lado oriental de la gran sala. Djedi pronunció unas palabras mágicas y la oca se levantó titubeando y su cabeza hizo lo mismo. Cuando ambas se juntaron, la oca comenzó a cloquear. Después trajeron una oca (llamada) “gran bosque” y actuaron con ella de la misma manera. Su Majestad hizo también que trajeran un buey cuya cabeza había sido cortada. Djedi pronunció unas palabras mágicas, y el buey se puso en pie detrás de él, mientras que su correa estaba caída por el suelo.
El (rey) Keops dijo entonces:
-¿Y qué hay de eso que se dice de que conoces el número de las cámaras secretas del santuario de (Tot)?
Djedi respondió:
-La verdad es que no conozco su número soberano, vida, salud y fuerza, señor mío, pero conozco el lugar donde están.
Su Majestad dijo:
-¿Y dónde están?
A lo que Djedi respondió:
-Hay un cofre de piedra, en una Cámara llamada “(Cámara del) Inventario”, en Heliópolis. En sese cofre (se encuentra).
Su Majestad dijo:
-Ve y tráemela.
Pero Djedi respondió:
-Soberano, vida, salud y fuerza, señor mío, no, no soy yo quien te la traerá.
Su Majestad dijo:
-Entonces ¿quién me la traerá?
Djedi respondió:
-El mayor de tus tres hijos, que están en el seno de Reddejedet, te la traerá.
Y Su Majestad dijo:
-Ciertamente, ¡me encantará!. Pero (a propósito de ) lo que me estabas contando, ¿quién es esa Reddjedet?
Djedi respondió:
-Es la mujer de un sacerdote de Ra, señor de Sajebu, que está encinta de tres hijos de Ra, señor de Sajebu, y ha dicho de ellos que ejercerían esta función bienhechora en este país y que el mayor de ellos será Grande de los videntes de Heliópolis.
El corazón de Su Majestad se sumió en la tristeza al (escuchar) aquello, pero Djedi (le) dijo:
-¿A qué se debe esa tristeza, soberano, vida, salud y fuerza, señor mío? ¿Es a causa de los tres hijos? Yo quise referirme a ti, después a tu hijo, luego a su hijo y luego a otro de ellos.
Entonces dijo Su Majestad :
-¿En qué época dará a luz Reddjedet?
-Dará a luz el quince del primer mes del invierno.
Y Su Majestad dijo:
-Precisamente es entonces cuando los bancos de arena del canal de los Dos Peces se encuentran al descubierto, servidor. (De no ser así) yo habría pasado en persona (en barco) y habría visto (de esa manera) el templo de Ra, señor de Sajebu.
Djedi replicó:
-¡No importa! Yo haré que haya cuatro codos de agua sobre los bancos de arena del canal de los Dos Peces.
Entonces Su Majestad se fue a su palacio y dijo:
-Que se ordene a Djedi que entre en la casa del príncipe Dedefhor; que viva con él y que se aseguren sus raciones alimenticias, consistentes en mil panes, cien cántaros de cerveza, u buey y cien manojos de legumbres.
Y se hizo conforme a lo que Su Majestad había ordenado.

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La Esfinge y el príncipe

RELATOS

hoy quiero contaros una fabula , y como lo que no quiero es dar detalles porque si no perdería la gracia.
Érase una vez, muchos más años que ti pueden decirme que, y el doble de mí pueda decirte, hubiera príncipe en Thutmose nombrado Egipto. Él era el hijo del gran Amenhotep y había sido nombrado para su abuelo, el pharaoh Thutmose III quién había tenido éxito a gran reina, Hatshepsut.

Porque él era el más viejo hijo de Amenhotep, muchos de sus hermanos y hemanastros trazarían contra él, porque desearon ser pharaoh. Trazarían hacer que Amenhotep piensa que Thutmose era indigno tenerlo éxito. Trazarían hacer que él mira a tonto delante de la gente de modo que no lo desearan como pharaoh. Mientras que él consiguió más viejo incluso trazarían contra su vida. Pero todos estos diagramas fallarían, porque Thutmose honró a dioses, y así que sonrieron sobre él.

Con todo Thutmose fue preocupado en su corazón, y estas cosas lo hicieron infeliz. Él saldría con frecuencia de Memphis para ir caza en el desierto, o para buscar soledad en las montañas. Aun cuando su padre deseaba su presencia para un festival o hablarte simplemente, Thutmose permanecería tan brevemente una época como él podría y entonces irse con el suyo confiaba en a criados una vez más. Amenhotep se afligía que su hijo era infeliz, y rogado a los dioses que su corazón pudiera ser levantado.

Un día, durante el gran festival del Ra en Heliopolis, cuando la corte de todo el pharaoh estaba presente, Thutmose se escapó una vez más, porque él deseaba ver las pirámides de Saqqara, el más viejo de ellas todas. Él y dos servents montaron hacia fuera en el desierto en donde él encontró la gran pirámide del paso de Zoser, el antepasado de Amenhotep.

El día siguiente, fueron caza para el gazelle toda la mañana, y cuando el Ra había alcanzado la altura del cielo, y el día creció caliente, Thutmose y sus criados se encontraron cerca de las grandes pirámides de Giza, que los pharaohs Khufu, Khafre, y Menkaure había construido sobre doce cientos años antes de que Thutmose fue llevado.

Thutmose hizo una oferta su resto de los criados en una piscina cerca, porque él deseaba apagarse por una época que él puede ser que ofrezca a rezo a sus antepasados. Él montó su chariot hacia fuera a las pirámides, el sol que destellaba de sus lados pulidos. Él paró y se maravilló en ellos, sabiendo que en ninguna parte eran su gusto igualado, y que nunca puesto que podría cualquier cosa como ellos ser construida. Él miró sobre ellos por una época y después notó una cabeza de piedra enorme que se levantó de la arena.

Thutmose había oído hablar de esta maravilla, la esfinge de Khafre, aunque él nunca tenía verla antes. Fue modelado en el animal sagrado de Harmakhet, Horus del sol de levantamiento, y de una criatura de la grandes sabiduría y energía. Durante las muchas edades desde el reinado de Khafre, las arenas lo habían enterrado casi totalmente. Solamente seguía habiendo su cabeza sobre la arena, desafiando todas las tentativas de ocultarla por siempre.

Thutmose sentó y comtemplaba la gran cara, que fue dicha para ser la cara de Khafre. Usó los headdress del pharaoh, de una gran corona y del velo, con el ojo de la cobra y del udjat del uraeus, símbolos de la energía, puestos en él. Él nunca había visto tal belleza aterrorizante. Él rogó a Harmakhet para el deliverance de sus apuros.

Cuando lo acabaron, había un sonido del retumbo, y la arena tembló debajo de sus pies. ¡Thutmose miraba para arriba la esfinge y comenzó, porque la cabeza se había movido! La esfinge se movió como un gran gato que procuraba liberarse de enlaces, y después dio vuelta a su cabeza hacia Thutmose y al rayo en una voz poderosa con todo buena.

“Behold, Thutmose, hijo de Amenhotep, que es pharaoh de hombres por la energía de Horus, saben que soy Harmakhet, Horus del sol de levantamiento. Soy tu padre, y el padre de todos los pharaohs de Egipto. Es tu destino que la corona doble de Egipto superior y más bajo vendrá a ti, que se tomarán o molde a un lado pues.

“Saber que si haces pharaoh, mis bendiciones estarán sobre ti, y tendrás duradero y salud todos tus días. Bajo tu regla, Egipto llegará a ser fuerte y rico, y su gente nunca deseará, porque habrá días de la abundancia.

“Me has demostrado la dedicación este día, cuando mi estatua es toda sino olvidado en el desierto, y así que he mirado amablemente sobre ti. Pero pido de ti una cosa: ¿ver que cómo la arena me incluye y que me oculta de mi gente? Pido eso si eres un buen hijo, eso que me ayudarás y libre yo de las arenas del desierto. Despejar lejos el que me sostenga rápido de modo que la gente pueda venir a mí y y adorarse de nuevo.”

Entonces Thutmose fue rodeado por la luz y él no sabía no más. Cuando él se despertó, el barco del sol del Ra se hundía en el oeste. Él oyó que las voces de sus criados que llamaban él y a él dijeron en voz alta que él estaba vivo y bien. Él miraba para arriba y vio la esfinge, sin vida una vez más, y él recordó la visión.

¡Él estaba parado y gritó en voz alta, “Harmakhet mi padre! ¡Este día juro un juramento, e invito a dioses para atestiguarlo! Si hago pharaoh, mi primer comando será que tu imagen sagrada, esta esfinge, será liberada de la arena y restaurada a su gloria, que todos los hombres pueden venir darte honor!”

Thutmose y sus criados montaron de nuevo a Memphis, y a partir de ese día adelante, todo que lo hizo Thutmose fue bendecido. Pronto su padre Amenhotep lo nombró mientras que el heredero al trono, y los años más adelante, Thutmose hicieron pharaoh. Lo miraron como gran rey, y los dioses lo bendijeron todos los días de su duradero y él era querido por su gente. Egipto llegó a ser de hecho fuerte y rico, y había abundancia en todo el Egipto.

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Cuento de Caliph

RELATOS

Como hoy tengo el día muy liado que mejor que poneros este cuento.

Ma’mun subió laborioso su manera encima de los 41.2 cubits de sacudir escalas, a la entrada original de la gran pirámide, una tarea difícil para bien-alimentó Caliph y un momento preocupante para sus consejeros. Después de que una diapositiva corta abajo del paso descendente, él entrara en el eje áspero pequeño que sus hombres habían cavado alrededor de los bloques del enchufe del granito y revuelto en el paso ascendente. Allí de él luchó encima de la galería magnífica, sus hombres que empujaban cautelosomente su bulto de detrás. El sudar y el maldecir, él finalmente se arrastró en las manos y las rodillas en el compartimiento del ¹ s del rey, una experiencia que degradaba y que agotaba que ningún Caliph había aguantado antes o desde entonces.

Ma’mun flustered, incluso enojado, pero también elated. ¡Aunque lo habían resumido que el compartimiento del ¹ s del rey era básicamente vacío, qué poseyó era un sarcófago sin tocar, enigmático y totalmente sellado! ¡Éste era el premio que justificó estos privations, Ma’mun iba a estar en la abertura de este sarcófago en cualquier coste él no era dejó alrededor su principal funcionamiento más vizier con del tesoro de los reyes antiguos, o quizás incluso los secretos de los dioses ellos mismos!

Una barra de pudelar desorganizada de trabajadores llegó y alzaprimó en la tapa de la caja con las palancas; maldijeron, juraron y gritaron, pero la tapa apenas no bulliría. Finalmente, hacia adentro un estado de la anticipación ecstatic, Ma’mun empujó la barra de pudelar a un lado y pidió la caja para ser roto con las almádenas. El principal gaffir apuntó algunos soplos pesados y con un gran desplome, una esquina del sarcófago voló apagado – el resultado todavía que era visible hoy.

Ma’mun pidió a trabajadores lejos, gritó para el silencio, asido una lámpara que oscilaba de un soldado y acercado el agujero en la agitación. Entonces, la significación del momento lo pulsó. Él estaba parado dentro del más grande de todos los monumentos antiguos del ¹ s del mundo, una estructura rumoreada para haber sido construido por los dioses ellos mismos. Aquí en el corazón de este monumento sagrado poner un simple, unadorned, caja solitaria del negro-granito, que tenido sellado para los millares de años; y él, al Ma’mun de Caliph, iba a ser el primer a ver adentro. Su mano comenzó a temblar en el pensamiento y él lo estabilizó rápidamente con su otro, menos los trabajadores lo ve como aprensivo.

¡La luz osciló y era difícil ver, pero en el último se estabilizó y él vio para se que era el sarcófago ……. vacia!

Esto es exactamente qué sucedió al arqueólogo Zakaria Goneim al milenio más adelante. Él excavaba la pirámide de Sekhemkhet en Saqqara, cuando un sarcófago sellado todavía fue encontrado completo con sus guirnaldas funerarias en la tapa. ¡Con gran dificultad el extremo que resbalaba de la caja fue levantado y era …… vacia!

Mientras que Zakaria Goneim estuvo decepcionado grandemente, el Al Ma’mun de Caliph era absolutamente lívido. Sospechando, quizás, que uno de sus trabajadores había fabricado este pequeño rouse, lo voló en una rabia violenta y expresó su cólera en algunas víctimas desafortunadas de la justicia sumaria. Ma’mun, sin embargo, no estaba a punto de ir de nuevo a su palacio con las manos vacías, después de que todo él hubiera estado a través. Pero el compartimiento contuvo solamente el sarcófago y era absolutamente obvio que era más grande que la entrada al compartimiento. Como premio de la consolación, encontraron que la tapa del sarcófago se podría dar vuelta diagonalmente y apenas sobre apretón a través de los bloques resistentes de la entrada del granito del rey del compartimiento del ¹ s. Ma’mun iba a tenerla como recuerdo a toda costa.

Desafortunadamente para los trabajadores, sin embargo, después de resbalar el gran bloque de la piedra abajo de la galería magnífica, encontraron que la tapa no iba a exprimir alrededor de los bloques del enchufe y en el paso descendente. Además, la tapa debe haber pesado una tonelada, y si consiguió siempre en el paso descendente, nadie podría pensar en una manera de evitar que hunda hasta el final abajo al fondo de la pirámide. Además, la piedra-aleta original de la entrada era demasiado pequeña lejano para conseguir la tapa a través. Llegaba a ser todo un poco una pesadilla.

Estimulado encendido por un Caliph enfurecido, sin embargo, el jefe de la ingeniería subió con una respuesta. La única solución práctica era forzar un túnel nuevo de la ensambladura de los callejones descendentes y ascendentes, horizontalmente a través de los bloques de la base de la pirámide y en el al aire libre. ÉSTE es túnel forzado s del ¹ de Ma’mun.

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El cuento de la Cenicienta (Origen Egipcio)

RELATOS

Hoy tengo ganas de contaros un cuento, y como me se uno de la cenicienta, os le quiero contar, pero no sin antes contaros una cosa que me contaron resulta que el cuento de la cenicienta es de origen Egipcio y la verdad es que como vosotros no tenia ni la menor idea, y os lo contare como me lo contaron a mi:
“Sucedió hace mucho más de mil veces mil lunas y tuvo lugar en el lejano y antiguo Egipto…

Reinaba por aquel entonces un faraón joven y hermoso, además de valiente y sagaz, un faraón que todavía estaba soltero. Sus consejeros habían querido atarle con el lazo matrimonial a princesas reales con quienes establecer alianzas políticas muy ventajosas, pero el joven faraón rechazaba siempre sus propuestas aduciendo que los quehaceres guerreros le tenían demasiado absorbido y que aún había tiempo para contraer nupcias.

Los años transcurrían pues, y el faraón continuaba inmerso en sus batallas, expediciones y conquistas bélicas y el trono del Alto y Bajo Egipto no contaba con un heredero de sangre azul que pudiese sucederle como hijo de su soberano. Y de tal manera esta situación parecía no tener remedio, que incluso los dioses de su religión, empezaron a preocuparse.

Isis, la Madre, fue a visitar a su marido Osiris y le manifestó su preocupación por el hecho de que el joven faraón no tuviera descendencia. Osiris meditó sobre el problema largo tiempo y luego hizo llamar a su hijo Horus, el halcón.

-Hijo mío- le dijo-, te ordeno que vueles a mis amadas tierras del Nilo y encuentres solución al despego que muestra el joven soberano reinante acerca de la cuestión de su matrimonio, ya que es menester casarse y perpetuar la dinastía.

Y dijo Horus:

-¿Cómo he de hacer, padre mío?

Y dijo Osiris:

-Tu ingenio te ayudará.

Y oyendo y obedeciendo, el noble Horus, se transformó en halcón y voló hacia las fértiles riberas del padre Nilo, porque el Nilo es la vida para Egipto y Horus sabía que allí iba a encontrar la solución al problema planteado.
Faraón, mientras tanto, regresaba victorioso de una guerra entre las aclamaciones de su pueblo. Se soltaron palomas y se mandó erigir un obelisco que conmemorase tan brillante campaña, luego los escribas se pusieron a escribir los hechos de la batalla, cantando la gloria de Faraón y los escultores empezaron a tallar estatuas gigantescas de su soberano.
Atardecía y el joven faraón, desde la terraza de su palacio contemplaba la puesta de sol ensimismado, cuando de pronto, hete aquí que un rayo pareció descender del cielo y un hermosísimo halcón vino a posarse en su mano. El faraón, maravillado hasta el límite del asombro al comprobar que el halcón, aun siendo salvaje era manso, quedó todavía más sorprendido al comprobar que el ave rapaz llevaba en su pico, cogida por la breve cinta de cuero de una correa, la más diminuta sandalia de mujer que sus ojos hubieran visto nunca, y todavía no había tenido tiempo de comprender lo que aquello significaba y ya el halcón se alejaba raudo dejando a sus plantas la sandalia.

Faraón se inclinó recogiendo personalmente la prenda, y se dijo:

-¿A quién pertenecerá esta breve sandalia?… Su dueña tiene un pie pequeño y estrecho, lo que revela gentileza y donaire, también juventud… Debe ser adolescente y muy bella.

Y por primera vez en su vida, el faraón sintió como el amor entraba en su corazón y en aquel mismo instante y hora, se enamoró perdidamente de la desconocida poseedora de la sandalia, y como era el soberano del Alto y Bajo Egipto, mandó proclamar por todo su reino que sólo se casaría con la joven en cuyo píe se ajustase perfectamente aquella sandalia.

Al instante partieron en dirección a los cuatro puntos cardinales, mensajeros para extender la nueva y ya al día siguiente comenzaron a afluir al palacio real centenares de bellas jóvenes que iban a probarse la sandalia, pero… ¡Oh desilusión!, en ningún pie se ajustaba exactamente, ya que o bien sobraba o bien faltaba.

Faraón estaba desesperado, su desconocida amada no aparecía… Y fueron viniendo de todos los lugares de Egipto doncellas y más doncellas y en ningún pie se ajustaba la sandalia. Como la voz se corrió, hasta de los reinos vecinos llegaron aspirantes a la prueba, pero fue inútil, no hubo nadie que pudiera calzarse la diminuta sandalia.

El faraón se puso enfermo. No quería ni comer ni beber, no dormía, había olvidado las batallas, la gloria, sólo suspiraba y palidecía, sólo deseaba morir ya que la tristeza le devoraba.

La diosa Isis, muy preocupada otra vez, fue a visitar de nuevo a su esposo Osiris y le contó lo que sucedía en el país del Nilo, y Osiris, dios bondadoso y comprensivo, llamó a su hijo Horus, preguntándole enfadado:

-¿Es así como me obedeces?

Y dijo Horus:

-Padre mío, confía en mí.

Y convirtiéndose en halcón, voló hasta el palacio del faraón en cuya cámara entro. Al verle, el joven monarca pareció revivir y ante el asombro de la corte entera que ya le daba por muerto, corrió en pos el halcón, diciéndole:

-¡Tú me trajiste su sandalia, dime, ¿dónde está ella?!

A lo que el halcón, con un aleteo le indicó :”sígueme” y el faraón le obedeció. Salieron de palacio, cruzaron la ciudad y llegaron al Nilo, allí el halcón se posó sobre una barca y el faraón se subió a ella como improvisado marinero dado que empezó a remar siguiendo el vuelo del ave, de este modo alcanzó la otra orilla del río y se detuvo, porque el halcón había hecho lo mismo encima de la humilde morada de un pescador.

Desorientado quedó Faraón ante aquel final, y más todavía cuando, abriéndose la puerta de la choza, surgió de su interior una bellísima adolescente que caminaba descalza. El faraón dijo:

-¿Quién eres, hermosa entre las hermosas, gentil niña?, pues no te conozco, ya que tú no viniste a mi palacio a probarte la sandalia…

Y la joven respondió con una voz más dulce que el soplo de la brisa:

-Cómo podía ser, mi señor, si yo soy tan pobre que sólo tenía un par de sandalias, y un día mientras me bañaba en el Nilo, debió venir algún ladrón y me arrebato una de ellas, de tal suerte, que no me pude presentar ante tu divina majestad, ya que únicamente me queda ésta, que es su pareja y no iba ir yo al palacio del faraón del Alto y Bajo Egipto, calzada de un pie y descalza del otro.

Y en así diciendo, la bella pescadora, extrajo de su delantal un pequeñísima sandalia, hermana gemela de aquella que Horus, el halcón, había llevado al soberano.”

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El misterio de la vida

RELATOS

EL OTRO DÍA LEYENDO SOBRE EGIPTO , VI ESTA FRASE Y ME GUSTO MUCHO, Y POR ESO HOY QUIERO PONERLO, PARA QUE TODOS LOS HIJOS VEAMOS LO QUE NUESTRAS MADRES HAN DADO POR NOSOTROS, Y LO IMPORTANTES QUE SON.

“DEVUÉLVELE A TU MADRE EL DOBLE DE PAN QUE ELLA TE DIO Y LLÉVALA COMO ELLA TE LLEVÓ.
FUISTE PARA ELLA UNA FATIGOSA Y PESADA CARGA.
ELLA NO SE DESENTENDIÓ CUANDO LLEGASTE A TU FIN.
SU NUNCA TE LLEVÓ.
SUS SENOS ESTUVIERON EN TU BOCA DURANTE TRES AÑOS.
NO SE DISGUSTO DE TU SUCIEDAD Y NO SE DESANIMO DICIENDO :
¿ Y AHORA QUE HAGO?

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