Oración sobre el incienso

POEMAS

Llega el incienso
El perfume está sobre ti
El aroma del ojo de Horus está sobre ti
El perfume de la diosa Nejbet
Que llega desde Nejeb
Te limpia, te adorna
Se hace sitio entre tus manos
Saludos oh incienso
Trae contigo el ojo de Horus
Tu perfume está sobre ti

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Poema XV

POEMAS

El ganso silvestre grita atrapado por el cebo.
Pero tu amor me retiene,
y ya no puedo liberarme.

Amor, déjame ir,
necesito desatar mis redes
¿Qué dirá mi madre ante la que cada noche regreso,
cargada con el pso de mi captura’
Vaya. ¿No ha puesto hoy ninguna red?

Ganso salvaje, oigo tu lamento.
¡Yo soy la cautiva, atrapada por amor

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Poema XIV

POEMAS

Oh, divino mío, oh, mi flor de loto
Amo ir a bañarme ante ti
Te permito contemplar mi belleza
Vestida con fino lino
Empapada en ungüento perfumado
Me sumerjo en el agua para estar contigo
Y salgo a la superficie con un pez rojo
Que aparece espléndido entre mis dedos
Y lo pongo ante ti
Vamos! Mírame!

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Canción encontrada en un tumba de Tebas sobre el 2500 A.C

POEMAS

Desde el tiempo de los dioses los cuerpos se van
y en lugar de ellos, vienen los jóvenes.
El Sol se muestra en la mañana,
en la tarde desaparece en el Poniente.
Los hombres procrean, las mujeres conciben.
Todos los nacidos respiran el aire,
pero todo lo que producen
al día siguiente desaparece.
¡ Festeja el alegre día¡
¡ Pon canto y música por delante!
Aléjate de la tristeza
y piensa en la alegría
hasta que llegue el día en que se muere

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Cancion de amor

POEMAS

¿Hay algo más dulce que en esta hora?
Cuando estoy contigo, y tú me robas el corazón.
Porque no hay abrazo más cariñoso cuando me visitas.
Y nos entregamos juntos al inmenso placer.

Si tú deseas acariciar mis muslos.
Entonces te ofreceré mis senos —que no nos separaran ya más.
Y si te marchas porque estás hambriento.
¿Acaso eres esa clase de hombre preocupada por su estomago?

Si te marcharas porque necesitas ropa que ponerte.
Aquí te ofrezco mi pecho de fino lino.
Si te marcharas porque quieres algo de beber.
Aquí te ofrezco mis senos, llenos a punto de desbordar para ti.

Glorioso es el día de nuestros abrazos.
Que atesoro en cientos de miles de millones.

Tu amor se marchó y atravesó mi cuerpo.
Como miel en el agua.
Como una droga en especias mezclada.
Como el vino diluido en el agua.

¡Oh!. Tu que deberías correr a ver a tu hermana.
Como una carga en el campo de batalla, como el toro corre al pasto.
Desde el cielo nos envía amor como la llama se extiende sobre la paja.
Y el deseo como el vuelo del halcón.

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Canción de Cuna

POEMAS

Todos los dioses protegen tu cuerpo
así como todo el lugar donde te halles,
toda la leche que te alimente,
cualquier regazo que te acoja,
todas las rodillas sobre las que te apoyes,
todos los vestidos que te abriguen,
todas las casa donde mores,
toda ayuda y protección que se te ofrezca,
todos los objetos sobrelos que te acuestes,
todos los nudos que para tí se anuden,
todos los amuletos que de tu cuello cuelgan
Con ellos y por ellos te proteges
y ta conservas sano y fuerte.
Gracias a ellos te sientes bien.
Con ellos aplacas a todos los dioses y a todas las diosas.

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Poema a Nefertiti

POEMAS

La Heredera,
la más grande de palacio,
la hermosa de rostro,
la adornada con las dos plumas,
señora del jubilo,
al sonido de cuya voz el faraón se rogocija,
dueña de gracia,
grande de amor,
cuyas disposiciones son del agrado del faraón,
cabecilla de la difusión de Atón…
Todas sus órdenes son cumplidas,
La Gran Esposa Real, su amada, la Señora de Egipto…
que viva eternamente

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Poema Nostalgia de Menfis

POEMAS

Mira, mi corazón se ha ido en silencio.
Parte hacia un lugar que conoce,
va hacia el Sur, a fin de ver Menfis.
¡Ah, ojalá estuviera yo en su lugar!

Estoy sentado y espero a mi corazón,
para que me diga en qué estado se encuentra Menfis.
No tengo noticias,
y mi corazón está inquieto.

Ven a mí, Ptah, y llévame a Menfis.
Haz que te vea a placer.
Mi corazón sueña todo el día,
mi corazón no está en mi cuerpo.

Todo mi ser es presa de grave enfermedad.
Mis ojos se han cansado de ver, mis orejas están vacías.
Mi voz dice: “¡Ah, si poseyera las palabras que todo lo cambian!”
Séme favorable y haz que allí abajo llegue.

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Poema XIII

POEMAS

La dulce, dulce de amor, Mutirdis, sacerdotisa de Hathor.
La dulce, dulce, de amor, dice el rey Menkheperre.
La dulce soberana, dicen los hombres.
La soberana del amor, dicen las mujeres.
La hija del rey, dulce de amor,
es la más bella de las mujeres.
Una doncella como nadie ha visto igual.
Su cabellera es más oscura que la oscuridad de la noche,
que las uvas, que los frutos de la higuera.
Sus dientes están mejor alineados que los granos de…
Sus senos se elevan, firmes, sobre su pecho.

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Poema Ramsés II y la princesa de Khatti

POEMAS

El Gran Príncipe de Kharti escribía
para calmar a Su Majestad, cada año.
El rey Ramsés II
jamás se dignó escucharle.

Y al ver a su país en estado miserable,
Bajo la férrea dominación del Soberano de los Dos Países,
el Gran Príncipe de Khatti se dirigió
a su ejército y a sus vasallos:

“¿Cuál es la causa de todo esto? Nuestro país está desvastado,
nuestro Señor Seth está enfadado con nosotros,
el cielo no nos ha enviado lluvia,
pues nosotros hemos combatido.

Así pues ordeno que donemos todos nuestros bienes,
y en primer lugar mi hija mayor.
Ofrezcamos al Dios clemente un presente de honor,
a fin de que la paz nos otorgue, y que vivir podamos.”

Su hija mayor fue llevada ante él,
acompañada de presentes suntuosos: montones de oro, plata, piedras preciosas,
innumerables yuntas, decenas de miles de bueyes, de cabras y de ovejas,
y otros productos de su país, los cuales no tenían fin.

Se anunció a Su Majestad:
“He aquí lo que ha hecho el Gran Príncipe de Khatti:
envía a su hija mayor, como presentes innumerables,
cubren con sus tesoros el lugar done se encuentran.

La hija del Príncipe y los Príncipes del País de Khatti los traen.
Han atravesado muchas montañas y desfiladeros peligrosos,
y van a alcanzar las fronteras de Tu Majestad.
Envía un ejército y nobles, para darles acogida.”

Su Majestad no cabía en sí de alegría, el señor del palacio fue feliz,
cuando fue informado de este acontecimiento extraordinario,
del que no se conocía parangón en Egipto.
Envió un ejército y nobles para acogerlos sin más tardanza.

Su Majestad consultó con su corazón:
“¿En qué estado están quienes envié en misión,
que están en camino hacia Siria con mi expedición,
los días de lluvia o de nieve en invierno?”

Consagró una gran ofrenda
a su padre Seth, y le dirigió una oración:
“El cielo reposa entre tus manos,
y la tierra está bajo tus pies.

Lo que tú ordenas se cumple:
haz que cesen la lluvia, la tempestad y la nieve,
hasta que me lleguen las maravillas
que tú me has enviado.”

Seth, su padre, oyó todo lo que le dijo.
El cielo fue pacífico, vinieron días de estío.
El ejército partió dichoso,
el cuerpo erguido, el corazón alegre.

La hija del Gran Príncipe de Khatti
iba camino de Egipto.
Los soldados, la caballería, la nobleza de Su Majestad la acompañaban,
Mezclados con los soldados, con la caballería, con la nobleza del País de Khatti.

Las tropas de Khatti, arqueros y caballeros,
todas las gentes del País de Khatti,
se mezclaban con las del país de Egipto:
comían y bebían juntos.

Estaban unidos como hermanos,
sin que ninguno de ellos se querellara con otro.
La paz y la amistad reinaban entre ellos,
como sólo suele pasar entre egipcios.

Los grandes jefes de todos los países que atravesaban
estaban desconcertados, incrédulos, y sin fuerza se quedaban,
al ver que todas las gentes de Khatti
se habían unido al ejército del Rey.

Uno de los príncipes decía a los demás:
“Es cierto, lo que Su Majestad dijo…
Cuán grande es lo que con nuestros ojos vemos,
todo país le pertenece como sirviente sumiso, y
no hace más que uno junto con Egipto.

Lo que fue Khatti le pertenece, igual que Egipto;
el mismísimo cielo,
está bajo su sello,
y hace todo lo que él ordena.”

Y varios días después de esto,
alcanzaron la ciudad de Ramsés,
-una gran maravilla en el triunfo, y una gran fuerza-
en el año treinta y cuatro, en el cuarto mes de invierno.

Condujeron a la hija del Gran Príncipe de Khatti
que había venido a Egipto, ante Su Majestad,
y tras ella vinieron los innumerables presentes.
Entonces Su Majestad vio que su rostro era hermoso, como el de una diosa.

Y este fue un acontecimiento grande y raro,
una maravilla radiante que jamás se había producido hasta entonces,
como nunca de boca en boca se había contado igual,
de la que no había recuerdo en los escritos de los ancestros:

La hija del Gran Príncipe de Khatti
fue agradable al corazón de Su Majestad.
La amó más que a nada del mundo.
Como algo delicioso que su padre Ptah le hubiese regalado.

Su Majestad le impuso su nombre de Reina:
Mat-Nefru-Ra (la que ve la belleza de Ra)
hija del Gran Príncipe de Khatti,
hija de la Gran Princesa de Khatti.

Fue una maravilla misteriosa y desconocida,
acaecida en el país de Egipto gracias a su padre Ptah,
que se la dio en signo de victoria:
el país de Khatti era de un solo corazón bajo los pies de Su Majestad.

Y cuando un hombre o una mujer, por sus asuntos,
partían hacia Siria y alcanzaban el País de Khatti,
no albergaba ningún temor su corazón,
tal era la grandeza del poder de Su Majestad.

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Poema XII

POEMAS

La princesa, rica en alabanzas, dueña de la gracia,
dulce de amor, Soberana de los Dos Países,
la bella, cuyas manos sostienen los sistros,
la que alegra a su padre Amón.

La muy amada que lleva la corona,
la cantante del rostro hermoso, la gloriosa con dos plumas,
la más grande del gineceo del Señor del Palacio,
aquella cuya palabra os hace feliz.

Todo lo que pide por ella se hace,
toda cosa bella adviene según su corazón,
todas sus palabras traen la dicha a los rostros,
se vive de oír su voz.

(Escrito parece ser para Mut-Nefertari, esposa de Ramsés II)

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Poema XI

POEMAS

El faraón a bailar viene;
viene para cantar.
Dama soberana, ¡ved cómo baila!
Esposa de Horus , ¡ved cómo salta!

El faraón de las manos fragantes,
de los dedos puros.
Dama soberana, ¡ved cómo baila!
Esposa de Horus, ¡ved cómo salta!

Ofrece por ti,
esta jarra de vino.
Dama soberana, ¡ved cómo baila!
Esposa de Horus, ¡ved cómo salta!

Su corazón es puro, su ser transparente,
no hay una sombra en su pecho.
Dama soberana, ¡ved cómo baila!
Esposa de Horus, ¡ved cómo salta!

Oh Dorada, qué cantos tan maravillosos,
parecen los cantos del propio Horus.
El faraón canta cual maestro de coro.
Es el niño que agita los sistros.

Ven, oh Dorada, tú que te nutres de cantos,
y tu corazón anhela la danza,
tú, por las horas de sueño radiante,
tú, feliz en danzas nocturnas.

Ven a visitar los lugares de embriaguez,
bajo el pórtico de la fiesta.
Su orden permanece, sus ordenanzas son firmes,
en ella no hay deseo insatisfecho.

Los hijos del rey te contentan con lo que amas.
Los príncipes te ofrecen presentes siempre nuevos.
El maestro de ceremonias te celebra con alabanzas.
El sabio lee tu libro de fiesta.

El músico te glorifica con su tambor,
quienes llevan tamboriles, con sus dedos.
Las damas se alegran en tu honor, con coronas,
y las jovencitas, con guirnaldas.

En tu honor, cuando es de noche, los ebrios hacen ruido.
A ti cantan quienes se despiertan por la mañana.
En tu honor saltan los beduinos, con sus cinturones,
y también lo hacen los nubios, con sus garrotes.

Por ti los libios trepan a los árboles,
a ti saludan los barbudos del País de los Dioses,
en tu honor brincan los monos armados de varas,
y los simios, armados de cañas.

Por ti los buitres abren sus alas,
y hacia ti los peces vuelven la cabeza.
Los hipopótamos te alaban con sus bocas abiertas,
y, ante ti, levantan las patas.

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Poema a la noche

POEMAS

La bóveda celeste ha traido la noche,
La bóveda celeste ha parido la noche.
La noche pertenece a su madre.
A mí me pertenece el saludable reposo.

Oh, noche, dame la paz,
y te daré la paz.
Oh, noche, déjame reposar,
y te dejaré reposar.

Me he prevenido contra el destino
Y de mi sueño he sabido cuidar.
Para mí he hecho…
Este amuleto de mi lecho.

La noche se apartó.
Su bastón se quebró.
Su tina se agrietó.
Su agua mala fluyó.

La noche pertenece a su madre, a la Dorada.
A mí me pertenece el reposo de la vida.

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Poema X

POEMAS

Pasé, de noche, cerca de su casa.
Llamé: más no me abrieron.
¡Un dondiego de noche como portero!
¡Oh, puerta, yo abro!

Cerrojo, eres mi destino,
pues eres mi genio amigo.
En el interior de la casa, nuestro buey te será sacrificado,
oh, cerrojo, por el poder de tu gloria.

A la puerta se sacrifica un buey,
a la cerradura, un toro,
una oca gorda al umbral,
y mucha grasa a la llave.

Los pedazos escogidos de nuestro buey
son para el hijo del carpintero,
a fin de que haga una puerta de caña,
y un cerrojo de paja.

Venga cuando venga el amado,
hallará la puerta abierta,
camas cubiertas de lino,
y una joven hermosa junto a ellas.

Entonces la joven dirá:
“Esta casa pertenece al hijo del señor de la ciudad”.

(Escriba Nakht Sebeck)

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Cantos de la Huerta (III)

POEMAS

El joven sicomoro que plantó con sus manos,
abre ahora la boca para hablar;

El murmullo de sus hojas
parece perfume de miel,
lleno de gracia, sus ramas breves,
se vuelven frescas y verdes.

Está cargado de frutos maduros,
Frutos más rojos que el jaspe;
su follaje parece turquesa,
y azulejo su corteza.

Invita a quienes no están debajo.
Su sombra refresca el aire.

Una misiva pone, a una joven, en la mano,
la hija del hortelano;
y la hace correr en pos de la amada:
“Ven a pasar un momento delicioso con tus compañeras de juego.

El campo es celebración.
A mi vera hallarás follaje, y también un pabellón.

Mis amos se regocijan
como niños cuando te ven.
Que el servicio te preceda,
y con lo necesario venga.
Uno se embriaga al hacia ti correr,
incluso antes de comenzar a beber.

Las criadas llegaron con sus quehaceres
y las más diversas cervezas y pan de mil variedades.
Muchas flores de hoy y de ayer,
Y fruta de toda clase, para mejor refrescarse.

¡Ah! pasa el día de forma encantadora,
y mañana, y luego pasado, y luego hasta tres,
sentada a mi sombra.
Su amigo a su derecha.

Ella lo embriaga
y hace según él dice,
mientras donde se bebe cerveza, la embriaguez todo lo turba,
y ella atrás se queda con su amado.

Tiene lugar bajo mis sombras,
El paseo de la amada.
Soy discreto
Y, sin una sola palabra, no revelo lo que veo.”

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Cantos de la Huerta (II)

POEMAS

Las higueras abren la boca.
Su bosquecillo empieza a hablar.

Cuán hermoso es obedecer el mandato de mi dueña.
¿Hay mujer que se le parezca?
Si las sirvientas faltaran,
Sería yo su sirvienta.

De Siria he sido traída,
ala amada, como cautiva
En su huerta,
me hizo plantar.

Ella no me da vino,
el día de embriaguez.
Ella no llena mi cuerpo
con la humedad del pellejo.

A uno descubre, actuando a su estilo,
la sola mirada de quien no ha bebido.
Tan cierto como que ahora estoy vivo, oh amada,
Esto te será restituido.

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Cantos de la Huerta (I)

POEMAS

El granado habla:
A sus dientes se asemejan mis granos
y mis frutos sus senos parecen.
Soy el árbol más hermoso del huerto,
Pues en toda estación permanezco.

La amada y su amigo
Bajo mis ramas pasean,
ebrios de vino y de vino dulce,
perfumados de aceite y esencias balsámicas.

Salvo yo, todas perecen,
las plantas del campo.
Cada año vivo los doce meses,
y permanezco.

Si una flor se marchitase,
una nueva flor de mí brotase.
Así soy del jardín del primer árbol,
pero como segundo soy considerado.

Si una vez más actuaran así,
por ellos más no callaría.
Tampoco la escondería,
y se conocería su ardid.

Entonces la armada será descubierta,
adornar no podrá ya a su amigo,
con un bastrón de lotos blancos y azules
engalanado de capullos y flores.

Reconoce su falta estando ebrio
de cervezas de todas clases.
Te hace pasar el día como más es de tu agrado,
Una choza de cañas es el lugar reservado.

Ea, razón tiene el granado,
que sea pues adulado.
Que ordene el día entero a su guisa,
pues él es quien nos cobija.

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Poema IX

POEMAS

Hay en él enredaderas,
Que a una la exaltan.

Soy tu amada, la mejor.
Tuya soy, como la tierra
que sembré toda de flores
y plantas de mil especies, con los perfumes más dulces.

Cuán encantador el canal que hay en aquella parte,
y que tu mano cavó,
en él hallamos refresco, al soplar viento del norte:
un lugar de paseo sin par.

Tu mano sobre mi mano.
Mi corazón es feliz.
Mi corazón es dichoso.
Pues ahora juntos vamos.

Oír tu voz, para mí es vino dulce.
Y vivo de oírla.
Cada mirada que posas en mí
me da más que beber o comer.

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Poema VIII

POEMAS

Azulejos,
mi corazón te consagro.
Por ti lo que desea hago,
Cuando entre tus brazos yugo.

El deseo que tengo de hacerlo, es mi pintura de ojos.
Cuando ellos te ven, mi mirada es brillante.
Me arrimo a ti para conocer tu amor,
oh esposo que moras en mi corazón.

¡Qué hermosa es esta hora!
Que se eternice sin demora.
Desde que dormí contigo,
mi corazón se ha enaltecido.

Se lamente o sea feliz,
no te apartes más de mí.

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Canto del rey Autef

POEMAS

Este es el testamento de este excelente soberano, de maravilloso destino:

Las generaciones se desvanecen y desaparecen,
otras toman su lugar, desde los tiempos de los ancestros,
los dioses que vivieron en otro tiempo,
y reposan en sus pirámides.

Los nobles y los afortunados
en sus tumbas yacen amortajados.
Habían levantado casas, en lugares que ya no existen.
¿Qué ha sido de ellos?

He oído las palabras
de Imhotep y Hardedef
que se citan en proverbios
y que a todo sobreviven.

¿Qué fue de esos lugares que les pertenecieron?
Los muros se han derrumbado,
Las plazas han desaparecido,
Como si no hubiesen existido.

Nadie regresa de allí para decirnos su suerte,
para contar de qué carecen,
y apaciguar nuestro corazón, hasta que nosotros lleguemos
a ese lugar, al que fueron.

Que tu corazón, pues, se apacigüe.
El olvido es saludable.
Obedece al corazón,
tanto tiempo como vivas.

Ponte mirra en la frente,
Cúbrete de fino lino,
Perfúmate con verdaderas maravillas,
que parte son de la ofrenda divina.

Aumenta tu bienestar,
para tu corazón no marchitar.
Sigue tu deseo y tu dicha,
cumple tu destino en la tierra.

No llenes de apuro tu corazón,
Hasta el día en que el lamento fúnebre te alcance,
Quien tenga el corazón cansado su grito no oirá,
su grito a nadie la tumba evitará.

Haz, pues, del día una fiesta,
y no te canses de ella.
Mira, nadie se lleva consigo sus bienes,
Mira, nadie regresa una vez que se fue.

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Poema VII

POEMAS

Mi corazón se acordó de tu amor.
La mitad de mi cabeza está trenzada.
Pues, con prisa, he venido a buscarte,
y he descuidado mi peinado.

Pero cuando me dejes partir
yo peinaré mis cabellos
y estaré lista al instante.

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Poema VI

POEMAS

La voz de la paloma se hace oír:
Dice: “La tierra se ilumina, ¿cuál es tu ruta?”
-¡Ah! ¡Déjame, pájaro!
¡Me lo reprochas!

Encontré a mi amado en su habitación.
Mi corazón se inundó de alegría.
Dijimos: “Nunca te abandonaré,
mi mano está en tu mano”.

Contigo, visito
los lugares más encantadores.
Ha hecho de mí la primera de las jóvenes
y no hiere mi corazón.

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Poema V

POEMAS

¡Oh tú el más bello de los hombre! Mi deseo
es ocuparme de tus bienes, ser el alma de tu casa,
que tu brazo repose en mi brazo
y que te sirva mi amor.

Me digo a mí misma, en mi corazón,
con el deseo de una amante:
“Dámelo esta noche por esposo,
sin él, soy como un hombre en la tumba”.

¿Pues no eres tú la salud y la vida?
¿cómo se alegra de que estés vivo,
cuán dichoso es de que tengas buena salud,
mi corazón que te busca!

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Poema IV

POEMAS

Amor mío, oh tú a quien amo,
tu amor es mi deseo.
Todo está listo para ti,
y te digo: “Esto es lo que hay hecho”.

Vine a cazar pájaros:
en una de mis manos tenía la trampa,
y en la otra la red,
con el bumerang.

Todos los pájaros de Punt toman tierra
en el país de Egipto, perfumados de mirra.
El que llegó primero
se llenó mi cebo.

Su perfume viene de Punt,
sus garras están llenas de esencias balsámicas;
por amor hacia ti, lo dejaremos volar,
y así estaremos a solas.

He obrado de modo que oyeras el lamento
de mi bello perfumado de mirra,
mientras esperabas, allí, cerca de mí,
y yo preparaba mi trampa.

Ir a los campos es delicioso
Para quien es amado.

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Poema (La fuerza del amor)

POEMAS

I

¿Te vas porque los alimentos te vienen a la mente?
¿Eres hombre a quien conduce el vientre?
¿Te levantas a causa de tus vestidos?
¡Seré la dueña de un pedazo de lino!

¿Te vas porque tienes hambre?
¿Te alejas porque tienes sed?
¡Toma mi pecho!
Su contenido te será sobreabundante.

II

El amor que por ti tengo se derrama por mi cuerpo,
como la sal se funde en el agua,
como la manzana se impregna de grasa aromática,
como el licor se mezcla al vino.

¡Ah!, ojalá puedas tú apresurarte,
para ver a tu amada,
como un caballo en el campo de batalla,
como un toro que corre hacia su forraje.

El cielo regala su amor,
como una llama prende la paja,
como una vela atrae al halcón.

III

La armonía de mi lugar de reposo es turbadora.
La boca de mi amada es el botón de una flor.
Sus senos son manzanas de amor,
sus brazos tan bien torneados.

Su frente es una trampa de madera de sauce,
y yo soy el pato salvaje.
Mi vista toma por cebo su pelo
en la trampa dispuesta a caer.

IV

¡No debo ser dócil a tu amor!
¡Amado mío, obedece a tu embriaguez!
Yo no renunciaré a ella, aun cuando los golpes me ahuyenten
-porque paso todo el día en la marisma-
hacia la tierra de Siria, a porrazos,
hacia la tierra de Nubia, a bastonazos,
a los confines del desierto, golpeado,
a las orillas de os mares, azotado.

No obedeceré a quienes dicen
que me aparte de tu deseo!

V

En la barca desciendo el curso del río al son de los remos,
mi haz de cañas al brazo.
Deseo ir a Menfis, para decirle a Ptah , dios de la verdad:
“¡Dame a mi amada esta noche!”

El río es vino.
Ptah es su caña, el Poder su follaje.
Sus mensajeros son sus botones.
El Dios del loto es su flor.

La Dorada es dichosa:
ante su belleza la tierra se ilumina.
Menfis es una copa llena de fruta,
puesta ante Aquel cuyo rostro es hermoso.

VI

Iré a acostarme a mi morada,
y fingiré que estoy enfermo.
Entonces mis vecinos vendrán, para ver lo que me pasa.
Y, con ellos, vendrá mi amada.
Hará la medicina inútil,
pues ella conoce mi mal.

VII

En la casa de campo de mi amada,
la puerta se abre en medio de la fachada,
está abierta a dos batientes, el cerrojo ha saltado;
mi amada está encolerizada.

¡Ah!, quisiera ser el portero,
que ella se hubiese irritado conmigo
pues, entonces, oiría su voz, cuando ella gritara airada,
como niño a quien asustara.

VIII

He descendido la corriente por el Canal del Príncipe,
y he entrado en el Canal de Ra ,
teniendo en el corazón el deseo de ver levantar las tiendas,
en lo alto, a la entrada de la laguna.

Y mientras me apresuraba en ello,
mi corazón se acordó del Dios Sol,
y pensó que podría ver a mi amado,
que quiere ir a la Casa del Señor.

Estaba en pie a tu lado, en la entrada de la laguna;
te llevaste mi corazón hacia la ciudad del pilar de Ra,
y me deslizaba contigo bajo los árboles,
que rodean la casa del Señor.

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Poema (Tres Deseos)

POEMAS

I

¡Ah!, ojalá puedas apresurarte hacia tu amiga,
como el mensajero del rey,
cuyo amo espera con impaciencia el mensaje
que está deseando escuchar.

Para él, cuadras enteras se enjaezan.
Para él, caballos siempre hay en la posta.
Siempre lista estará la carroza.
Que nada su marcha detenga.

Cuando alcanza la morada de su amor,
a la alegría entrega su corazón.

II

¡Ah!, ojalá puedas tú a mí venir,
como un caballo del rey,
entre todos elegido;
la gloria de la yeguada.

Recibe el mejor forraje,
Su amo le conoce el paso
y cuando oye el látigo,
no hay quien le detenga.

El mejor conductor de carros
no lo puede adelantar.
El corazón del amante sabe
que no está lejos su amiga.

III

¡Ah!, ojalá puedas apresurarte hacia tu amante,
como una gacela macho que huye en el desierto.
Sus pues están heridos y sus miembros cansados,
el temor habita en su pecho.

Los cazadores la persiguen, los perros la rodean,
el polvo que levanta la esconde.
Un reposo le parece una traba
y elige como camino el río.

¡Ah!, ojalá puedas alcanzar mi refugio,
antes que tiempo haya de besar cuatro veces tu mano.
Buscas el amor de tu amada,
Pues la Dorada te la ha destinado, ¡oh amigo mío!

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Canto de amor (VII)

POEMAS

Siete días llevo a mi amada sin ver.
Y sobre mí se abate ya la languidez.
Mi corazón se hace pesado.
Hasta mi vida he olvidado.

Cuando los médicos a mi casa vienen,
Sus remedios no me sanan,
Los magos expediente no hallan,
No se descubre mi enfermedad.

Pero si me dicen: “Mira, ella está aquí”,
Pronto vuelvo e mí
Su nombre es lo que me reconforta.
Las idas y venidas de su mensajero
Mantienen a mi corazón eterno.

Mi amada es para mí el mejor de los remedios,
Para mí es más que un formulario,
Su venida es mi amuleto,
recobro la salud cuando la veo.
Cuando abre los ojos, mi cuerpo de nuevo es joven.
Cuando habla, me hace fuerte.
Cuando la tomo en mis brazos, aparta de mí todo mal.
Ahora de mí se ha alejado, siete días hace ya.

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Canto de amor (VI)

POEMAS

Al pasar frente a su casa,
Encontré el portar abierto.
Junto a su madre mi amado estaba.
Hermanos y hermanas le rodeaban.

El corazón de cuantos pasan por el camino
se llena de amor hacia él,
joven perfecto y sin par,
mi amado de raras virtudes.

Al pasar yo, posó su mirada en mí.
Y fui feliz,
grande la dicha, grande el contento,
amado mío, al verte un momento.

¡Ah, si su madre viera mi corazón,
si éste pudiera alcanzar su razón!
Oh, Dorada, pon esto en su corazón,
Entonces correré hacia mi amado.

Le besaré ante los suyos,
no tendré vergüenza ante los hombres,
sino que su envidia me alegrará,
mientras tú me reconozcas.

Le ofrezco una fiesta a mi diosa.
Mi corazón al latir salir quiere del pecho
que permita que ve a mi amante esta noche,
ella que es toda belleza, cuando se la ve pasar.

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Canto de amor (V)

POEMAS

Adoro a la Dorada,
alabo su majestad,
celebro a la señora del cielo,
canto las alabanzas a Hathor, y la gloria de la dama soberana.

Le imploré; ella atendió mi plegaria
y me envió a mi señora.
Ella vino para verme,
Y así algo grande me adivino.

Me regocijé, me entregué al júbilo, sentí la plenitud,
cuando me fue dicho: “Mira, hela aquí”.

Ahora bien, ante ella que avanzaba, los jóvenes se inclinaban,
con gran amor hacia ella.

A mi diosa hice un voto;
pues ella me dio la amada
a lo largo de tres días, tras habérselo rogado.
Hace ahora cinco días que me ha abandonado.

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Canto de Amor (IV)

POEMAS

Mi corazón late más deprisa,
Cuando pienso en mi amor.
No me permite como persona humana actuar,
Y se sobresalta sin cambiar de lugar.

Ya ni vestirme me deja.
Descuido mis abanicos.
Ya los ojos no me pinto.
Ya siquiera me perfumo con delicados aromas.

“No te detengas, llegas a la meta”,
dice mi corazón, cada vez que pienso en él.
-¡Oh corazón mío! ¡No te inquietes más!
¿Por qué como un loco te portas?

Espera sin alarma, tu amado viene hacia ti,
pero también los ojos de la multitud.
no dejes que digan de mí:
“Esta mujer se ha enamorado”.

Quédate en calma, cuando en él piensas,
¡oh, corazón! No latas más de esta manera.

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Canto de Amor (III)

POEMAS

Mi corazón contemplar su belleza esperaba
cuando en su morada sentada me encontraba.
Allí encontré a Mehi , que en su carroza pasaba,
rodeado de sus jóvenes muchachos.

No sé cómo evitarlo.
¿Pasaré junto a él sin saludarlo?
Ya el río se me aparece como un camino,
Pues no sé adónde mis pasos dirigir.

Cuán ignorante eres, corazón mío.
¿Por qué quieres pasar junto a Mehi sin hablarle?
Claro, si paso cerca de él,
le revelaré mis sentimientos.

“Mira, soy tuya”, le haría comprender,
pero él gritará mi nombre
y me entregará a la casa
de uno de esos que le siguen.

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Canto de Amor (II)

POEMAS

Con su voz, mi amado turbó mi corazón,
y me ha dejado presa de la languidez.
Vive junto a la casa de mi madre,
y en cambio no sé cómo ir hasta él.
¿Acaso, en mi aventura, podría mi madre ser buena?
¡Ah! Pues me iré a verla.
Mira, mi corazón rehúsa pensar en él,
incluso cuando su amor me arrebata.
Mira, es un insensato,
Pero yo me lo parezco.
No conoce mi deseo de tomarlo entre mis brazos.
No sabe que hasta mi madre por él he caminado.
Amado mío, ¡ojalá Dorada a ti me haya destinado!
Ven a mí, que vea tu belleza,
que padre y madre felices sean,
que los hombres todos te festejen,
oh amado mío, y te celebren.

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Canto de Amor (I)

POEMAS

La única, la amada, la sin par,
la más bella del mundo,
mírala, parece el lucero del año nuevo,
en el umbral de una bella anualidad.

Aquella cuya gracia brilla, cuya piel resplandece,
tiene ojos de claro mirar,
y labios de dulce hablar.
Palabra superflua alguna, jamás le oirás pronunciar.
Ella, la del cuello largo, la del pecho luminoso,
posee una cabellera de lapislázuli hermoso.
Sus brazos sobrepasan el resplandor del oro,
Cada uno de sus dedos es como un cáliz de loto.

La de la cintura lánguida y las caderas finas,
cuyas piernas preservan la belleza,
cuyos andares están llenos de nobleza,
cuando pone los pies sobre la tierra,
con sus besos me arrebata el corazón.

Hace que todos los hombres
Se vuelvan a contemplarla.
Y a aquel a quien saluda, hace sentir feliz.
Pues entre los muchachos el primero se cree así.
Cuando de su morada sale,
uno cree ver a Aquella que es única.

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Canción de una tumba de Tebas 2500 A.C.

POEMAS

Desde el tiempo de los dioses los cuerpos se van
y en lugar de ellos, vienen los jóvenes.
El Sol se muestra en la mañana,
en la tarde desaparece en el Poniente.
Los hombres procrean, las mujeres conciben.
Todos los nacidos respiran el aire,
pero todo lo que producen
al día siguiente desaparece.
¡ Festeja el alegre día¡
¡ Pon canto y música por delante!
Aléjate de la tristeza
y piensa en la alegría
hasta que llegue el día en que se muere

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Canción Cargadores de trigo en barcos

POEMAS

¿Acaso llevaremos todo el día
el dorado trigo y la blanca espelta?.
Hasta el borde están llenos los navíos
y el grano se derrama sobre el muelle.
Y, sin embargo, todavía se nos manda trabajar.
En verdad, es de acero nuestro ánimo.

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Poema de Amor (XIX Dinastia)

POEMAS

“Bajo el río en barca
al ritmo de los remeros
con mi haz de mimbres al hombro
voy a Menfis, “la vida de los Dos Países”
y le diré a Ptah, señor de la verdad:
“dame a mi bella esta noche”.
El dios Ptah es su cañaveral.
La diosa Sejmet es su espesura de flores.
La diosa Erit su loto en capullo
y el dios Nefertum es su corola en flor.
¡Mi bella será dichosa!
la aurora sale a través de su belleza.
Menfis es una copa de manzanas de amor
colocada ante el dios de hermoso rostro.”

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Estela de la diosa Mut en Karnak

POEMAS

La dulce sacerdotisa de Hathor Muterdas, dulce de amor
la dulce, dulce en el amor, dice el rey Menkeperre.
La dulce, dulce en el amor, dicen los hombres
Soberana del amor, dicen las mujeres.
La hija del rey, dulce en el amor,
la más bella entre todas las mujeres.
Jamás se dió otra virgen como ella
Su cabellera es más negra ue la misma noche,
más negra que las uvas y que los higos.
Tiene los dientes dispuestos en admirable hilera,
más perfecta que la obra de un cuchillo de sílex
Y en el pecho luce firmes senos.

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Poema del Papiro de Harris

POEMAS

Si se unieran nuestras manos,
recuperaría tu amor,
¡oh, corazón mío, te lo ruego!
si mi amor no viene a mí esta noche,
sería como un muerto en la tumba

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Canción de Amor VI

POEMAS

veo que se acerca mi hermana.
Mi corazón se reconforta y extiendo los brazos para abrazarla.
Mi corazón salta como el pez en el estanque.
¡Oh, noche, sé mía para siempre
ahora que ha llegado mi amada!”

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Canción de Amor V

POEMAS

Me tiende lazos con sus cabellos,
me atrapa con sus ojos,
me enmaraña con sus collares
y me marca con el sello de su anillo

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Canción de Amor IV

POEMAS

Cuando te veo mis ojos brillan y me acerco a ti para mirarte, el más amado de los hombres que domina mi corazón. ¡Oh, la dicha de este momento, que dure para siempre! Desde que dormí contigo me despertaste el corazón. ¡No me abandones nunca!

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Poema sobre la belleza femenina

POEMAS

Dechado de virtudes, la de la tez radiante,
y ojos bellos y claros.
Sus labios se abren suavemente
y es discreta en el hablar…
Tiene el cuello alto y grácil, el pecho deslumbrante.
y el pelo auténtico lapislázuli;
los brazos, cuyos dedos semejan pétalos de loto,
tiene más bellos que la misma diosa del amor.
La cintura estrecha y fuerte de caderas,
con unos muslos que rivalizan de belleza;
de noble porte, cuando toca el suelo,
con un simple ademán robó mi corazón.
Todos los hombres se vuelven para contemplarla
cuando abandona su morada,
pensamos que no hay otra igual.

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Inscripción de Der-el-Bahri (Concepción de la princesa Harsepsut)

POEMAS

Aparecio el dios magnifico,
vino en persona el señor de los tronos de las “Dos Tierras”
Amón, como si fuera el marido
y la econtró reposando en el esplendor de palacio.
La divina aroma depertóla
y ella sonrió a su majestad el dios.
Él se acercó, se enardeció de amor por ella
y le dió su corazón.
Ella tuvo la dicha de verle
bajo su aspecto divino
y después de haber sido amada
contemplo entusiasmada su beldad
Su amor la hizo suya
mientras nubes de aroma celestial
invadian el palacio.
Todos los perfumes procedían de Punt, país del incienso.
Su divina majestad,
obró con ella a su antojo,
y ella se deleitó con su amor
y le besó

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Canción de cuna

POEMAS

Todos los dioses protegen tu cuerpo
así como todo el lugar donde te halles,
toda la leche que te alimente,
cualquier regazo que te acoja,
todas las rodillas sobre las que te apoyes,
todos los vestidos que te abriguen,
todas las casa donde mores,
toda ayuda y protección que se te ofrezca,
todos los objetos sobrelos que te acuestes,
todos los nudos que para tí se anuden,
todos los amuletos que de tu cuello cuelgan
Con ellos y por ellos te proteges
y ta conservas sano y fuerte.
Gracias a ellos te sientes bien.
Con ellos aplacas a todos los dioses y a todas las diosas.

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Poema “El hombre cansado de la vida”

POEMAS

La muerte está hoy en mis ojos
como cuando un enfermo sana,
como cuando se camina después de la enfermedad.
La muerte está hoy en mis ojos
como aroma de mirra;
como cuando bajo la vela del barco un día de viento.
La muerte está hoy en mis ojos
como el perfume de nenúfares,
como cuando te sientas en el margen de la embriaguez

(Dinastia XII)

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Poema del Papiro Chester Beauty

POEMAS

Hallé a mi hermano en la otra orilla del vado,
con una pierna en el agua.
Todo el día pasa,
de cerveza en cerveza,
en compañía de alegres comprañeros;
¡Y me enrojece el rostro el incesante vomitar!

(Papiro Chester Beatty I, rº 16,14 y ss.)

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Poema III

POEMAS

Mi alma peregrina del tiempo, pasea por las orillas del Nilo
y me trae mil recuerdos ..arrastrados…
por los vientos del Sur…mas alla del desierto
en donde arena y viento…dibujan un nuevo sueño

…”el peregrino del tiempo”…

…y te leo y te imagino como en un sueño.
…y me doy tiempo y despacio…comienzo de nuevo.
…y te imagino y te pienso…y me doy tiempo
de nuevo… en un sueño.

tus palabras me bañan en un sentimiento de paz
y tu melodía me acompaña y trato de interpretar
la música…mientras escribo en el pentagrama…
pero prefiero improvisar…y dejarme llevar

abre la mañana, perezoso despertar
son sonidos del agua, del aire, del viento…del mar
el susurro de un arroyo, del agua al pasar…
arco iris de ilusiones, mariposa de cristal…

y te pienso y te leo
y te veo en el cielo…un sueño astral
lluvia de colores…alma estelar
vidas paralelas…en un mundo de cristal

hablaste…y hago mías tus palabras…
peregrino del tiempo…
un pensamiento, palabras que se juntan para formar melodías
y sigue espontáneamente el camino de sus sueños.

pienso…tiempo de sueños que se lleva el viento
un sentimiento, melodía escondida de una canción inacabada
que toco una y mil veces en mi guitarra…desgarrada

Un sentimiento desde un alma paralela…a las orillas del Nilo
una noche estrellada…

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Poema II

POEMAS

Se puede querer…sin ver?
Se puede querer…sin oler?
Se puede ver…sin saber?
Se puede vivir…sin sentir?
Hasta la locura te puedo querer…
Entonces…sin ver, ni oler, sin saber sin sentir…no es eso querer?
Te puedo sentir…sin saber
Te puedo tocar…y vibrar
Te puedo cantar…en soledad
Te puedo ..amar…como al mar y llorar
Entones…cantar al mar en soledad y vibrar
No es eso amar?
Un viaje astral…sin acabar.

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Poema I

POEMAS

El ser dulce, dulcemente enamorado;
el ser dulce, dulcemente enamorado
ante la presencia del rey;
el ser dulce, dulcemente enamorado
ante todos los hombres;
el amado ante todas las mujeres;
la hija del rey está dulcemente enamorada.
La más preciosa entre las mujeres,
una mujer como jamás se ha visto.
Más negro que la oscuridad nocturna es su pelo,
más negro que las zarzamoras
del arbusto de zarzamoras.
Más duros son sus dientes
que los pedernales de la hoz.
Un ramo de flores en cada uno de sus pechos,
agarrado entre los brazos.

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Canto del Arpista (Siglo XXVI A.C.)

POEMAS

“Ninguno de ellos regresa de donde están.
¿Quién puede decirnos su aspecto y su estado,
quién puede describirnos sus moradas,
quién puede dar consuelo a nuestros corazones
sirviéndonos de guía hacia los lugares
para donde partieron?

Consuela tu corazón,
has que olvide estas cosas;
no te queda nada mejor que seguir
sus deseos mientras estés vivo.

Unge tu cabeza con aromados ungüentos,
ponte vestidos de seda
impregnados de perfumes preciosos,
verdaderas obras de los dioses.

Goza más de cuanto haz gozado hasta ahora,
no hagas sufrir tu corazón por falta de placeres.

Piénsalo a nadie le es permitido
llevar consigo sus bienes.
Piénsalo, jamás ninguno de los que partieron
ha podido regresar”.

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