Las diez plagas de Egipto y su explicación científica

LEYENDAS, MISTERIOS, SOCIEDAD

Las diez plagas de Egipto también conocidas simplemente como las diez plagas o las plagas bíblicas son una serie de calamidades que, según el Antiguo Testamento y la Torá, Dios infligió a los egipcios para que el faraón dejara partir a los hebreos de Egipto.

La narración aparece en el segundo libro del del Pentateuco, el Éxodo (en hebreo Shemot). Este libro describe como Moisés y Aarón aperciben al faraón que, de no liberar a su pueblo, Dios les castigaría, de manera sucesiva, con diez grandes males que caerían sobre Egipto. Conforme al relato, sólo después de los enormes padecimientos, el faraón autorizó que los israelitas abandonaran Egipto.

El comienzo de las maldiciones (Éxodo 5:1-5:9, 7:8-7:13)

Moisés y Aarón se acercaron al Faraón, y le entregaron la demanda encomendada por Dios, que exijía que los esclavos israelitas pudieran salir de Egipto a fin de que pudieran adorar a Dios libremente. Tras una primera negativa del Faraón, Dios envió a Moisés y a Aarón de nuevo a mostrarle un milagroso signo de advertencia,- La vara de Aarón se convirtió en una serpiente. Los Brujos del Faraón también pudieron convertir una vara en serpiente. Aaron decidió irse pero antes de ello, su serpiente se trago a las serpientes de los brujos.

Las 10 plagas

Sangre (Éxodo 7:14-7:25)

Dios dio instrucciones a Moisés para que le dijera a Aaron que levantara su báculo sobre el río Nilo. Como consecuencia, toda el agua se convirtió en sangre, matando todos los peces del río y llenando Egipto de un olor nauseabundo. Los hechiceros de Faraón demostraron entonces que también ellos podían convertir el agua en sangre, y el faraón, por lo tanto, no cedió ante las demandas de Moisés.

Ranas (Éxodo 7:25-8:11)

Dios dio instrucciones a Moisés de que dijera a Aarón que estirase su vara sobre el agua, y hordas de ranas invadieron Egipto. Los hechiceros de Faraón fueron capaces de duplicar esta plaga con su magia. Sin embargo, dado que no pudieron eliminar la Plaga, el Faraón se vio obligado a conceder el permiso de salir a los israelitas a Moisés, a cambio de que éste accediera a acabar con la Plaga. Para convencer al Faraón de que realmente la plaga era un castigo divino, Moisés dejó que el Faraón eligiera el momento en el que terminaría la plaga. El Faraón eligió como fecha el día siguiente, y todas las ranas murieron a la hora señalada. Sin embargo, el Faraón revocó su autorización, y los Israelitas permanecieron en Egipto.

Mosquitos (Éxodo 8:16-8:19)

La tercera plaga de Egipto fue Kinim, diversamente traducida como Mosquitos, Piojos o Pulgas. Dios instruyó a Moisés: “Dile a Aarón que tome su vara y golpee en el polvo.” Tras hacer esto, la arena se convirtió en una masa de mosquitos de la cual los egipcios no podían deshacerse. Los Hechiceros Egipcios declararon que este acto fue el “Dedo de Dios” y fueron incapaces de reproducir sus efectos con su magia.

Animales silvestres (Ex. 8:20 8:32)

La cuarta plaga de Egipto fueron los animales salvajes, capaces de dañar personas y ganado. La Torá subraya que el arov (enjambre) sólo atacó a los Egipcios, y que no afectó a la Tierra de Gosén (donde los Israelitas vivían). El Faraón le pidió a Moisés que eliminase esa plaga y prometió, a cambio, permitir a los israelitas la libertad. Sin embargo, después de que la plaga desapareciera, el Faraón “endureció su corazón” y se negó nuevamente a mantener su promesa.

Pestilencia (Ex. 9:1 9:7)

La quinta plaga de Egipto fueron unas enfermedades epidémicas que exterminaron a los ganados egipcios; ya fueran, caballos, burros, camellos, vacas, ovejas o cabras. El ganado israelita resultó, una vez más, ileso. De nuevo, el Faraón no hizo concesiones.

Úlceras y sarpullido incurable (Ex. 9:8 9:12)

La sexta plaga de Egipto fue una enfermedad cutánea, que suele traducirse como “Úlcera” o “Sarpullido”. Dios les dijo a Moisés y Aarón que cada uno tomase dos puñados de hollín de un horno, el cual Moisés dispersó en el cielo en presencia del Faraón . El hollín provocó Shkhin (úlceras) en el pueblo y ganado Egipcio. Los hechiceros Egipcios fueron afectados junto con todos los demás y fueron incapaces de sanarse, mucho menos el resto de Egipto.

Granizo de fuego y hielo (Ex. 9:13 9:35)

Dios le dijo a Moisés que estirase su vara hacia el cielo, punto en el cual la tormenta comenzó. Era incluso más sobrenatural que la plaga anterior, una poderosa ducha de granizo mezclada con fuego. La tormenta dañó gravemente a los huertos y cultivos egipcios, así como a las personas y al ganado. La tormenta azotó todo Egipto excepto por la Tierra de Gosén . El Faraón le pidió a Moisés que eliminara esta plaga y prometió permitir a los Israelitas adorar a Dios en el desierto, diciendo que “este tiempo he pecado; Dios es justo, yo y mi pueblo somos malvados.”. Como una demostración de dominio de Dios sobre el mundo, la lluvia se detuvo tan pronto como Moisés comenzó a orar a Dios. Sin embargo, después de que la tormenta cesara, el Faraón de nuevo “endureció su corazón” y se negó a mantener su promesa.

Langostas (Ex. 10:1 10:20)

Antes de la plaga, Moisés llegó al faraón y le advirtió de la inminente plaga de langostas al Faraón, los funcionarios del Faraón le suplicaron que permitiera que los Israelitas fueran libres, ya que iban a sufrir los efectos devastadores de una plaga de langostas, pero éste aún era renuente a ceder. El orador propuso entonces un compromiso: Los Hombres Israelitas serían autorizados a marcharse, mientras que las mujeres, niños y ganado se quedarían en Egipto. Moisés demandó que cada persona y animal se fuera, pero el Faraón se negó. Dios entonces le dijo a Moisés que estirase su vara sobre Egipto y recogió un viento del este. El viento se mantuvo hasta el día siguiente, cuando se trajo un enjambre de langostas. La nube cubrió el cielo, arrojó sombras sobre Egipto, y consumió el resto de los cultivos egipcios, acabando con todos los árboles y las plantas. El Faraón volvió a pedirle a Moisés que eliminase esta plaga y se comprometió a permitir que todos los israelitas pudiesen adorar a Dios en el desierto. La plaga desapareció, pero de nuevo no permitió a los israelitas salir.

Oscuridad (Éxodo 10:21-10:29)

En la novena plaga, Dios le dijo a Moisés que estirase sus manos al cielo, para que la oscuridad cayera sobre Egipto. Esta oscuridad era tan pesada que un egipcio podía sentirla físicamente. Duró tres días, tiempo durante el cual sólo hubo luz en las casas de los israelitas. El Faraón entonces hizo llamar a Moisés y le dijo que dejaría salir a todos los Israelitas si las tinieblas eran retiradas de su tierra. Sin embargo, exigió que las ovejas y vacas se quedasen; Moisés lo rechazó y dijo que en poco tiempo el Faraón ofrecería muchos animales para ser sacrificados. El Faraón, indignado, amenazó con ejecutar a Moisés si volvía a aparecer ante él. Moisés contestó en efecto que no visitaría al Faraón nuevamente.

Esta novena plaga era una especialmente significativa. Se trataba de un ataque directo al Faraón, ya que Ra, era el dios Egipcio del Sol. La plaga de oscuridad demostraba que el Dios de Moisés era más poderoso que el del Faraón.

Muerte de los primogénitos (Éxodo 11:1-12:36)

La décima y última plaga de Egipto fue la muerte de todos los primogénitos de Egipto -nadie escapaba, desde el más bajo funcionario hasta el propio primer hijo del Faraón, pasando por los primogénitos del ganado. Antes de dicha plaga, Dios mandó a Moisés a informar a todos los israelitas de la sangre del cordero que debían poner en sus puertas, para que Jehova (Yahve en Hebreo, no el ángel de la muerte, como comúnmente se pensaba – ver Éxodo 12:12-13) pasase de sus puertas y, así, pudiesen evitar que todos los primogénitos israelitas murieran. Este fue el más duro golpe a Egipto y la plaga que finalmente convenció al Faraón de que debía liberar a los israelitas.

Después de esto, el Faraón, furioso y triste, ordenó a los israelitas desaparecer, dejándoles tomar lo que quisieran. Los israelitas no vacilaron y al final de esa noche los llevó a Moisés de Egipto.
Las plagas explicadas científicamente:

Tomemos en cuenta la explosión del Volcán de Santorini (o la isla Thera) a 800 kilómetros de Egipto, los resultados del cataclismo serían los siguientes:

Mar Rojo: El terremoto provoca que dentro del área egipcia se rompan bolsas de aire, las mismas contenían gas con altas concentraciones de hierro y al hacer contacto con el oxígeno provocaron herrumbre que al diseminarse en el agua provocó el color rojo del agua.

Ranas: A excepción de los peces del mar, las ranas siguen vivas porque pueden salir a la superficie, pero ya que no pueden volver al agua se quedan en los sembrados comiéndose todo lo que encuentran a su paso.

Piojos y Moscas: Sin agua limpia y con los peces podridos en todos los lagos y el mar, empieza a crecer una plaga de piojos y moscas alimentados por las malas condiciones higiénicas.

Ganado muerto: Como consecuencia de lo anterior, los animales domésticos, sin agua limpia y en condiciones infecciosas permanentemente, mueren.

Úlceras: A diferencia de las anteriores, ésta se basa en las consecuencias directas del problema ambiental supuesto por el cataclismo, la liberación de gases tóxicos del suelo (Se toma en cuenta que además del movimiento telúrico, se dieron las condiciones para que el humo tóxico del volcán recorriera los 800 kilómetros de distancia hasta Egipto, provocando el sarpullido que afectó a los egipcios.

Granizo: Al tiempo que el aire trajo todo ese gas tóxico, trajo también las cenizas humeantes que, llegadas a cierto punto en la estratósfera se entremezclan con la humedad y, por lo tanto caen juntas, tal como dice la Biblia que caería hielo (provocado por la humedad) y fuego (las cenizas mismas) a la vez.

Langostas: Los sucesos climáticos recientes implicaban una alteración del ecosistema y las heladas en Egipto atrajeron la llegada de las langostas, que como sabemos, arrasan con todo.

Oscuridad: Al completarse la llegada de la nube de cenizas se encontraron con una oscuridad total.

La muerte de los primogénitos: En un momento determinado, una réplica levanta en un momento una especie de nube de dióxido de carbono desde el suelo que es capaz de matar mientras se encontraban concentradas antes de disiparse. Los primogénitos egipcios gozaban de privilegios culturales y uno de ellos era dormir en la planta más baja. Fueron los más expuestos a ese gas y murieron.

AddThis Social Bookmark Button
Sin Comentarios »

La leyenda del templo

LEYENDAS

La leyenda se construirá sobre el recuerdo de un grupo de hombres
que construyeron este lugar, venidos de todas partes,
conducidos por una llamada irresistible y que nada podía parar.
Utilizaron medios que nadie no conocía, y que desde se olvidaron.
Se dirá que utilizaron arena, rocas, y luz para fundir y juntar las paredes.

Cuando el Templo de PTAH se terminó, los hombres hablarán de un Fuego,
de una Nube que vino y envolvió el Templo, nadie del cual pudo entonces acercar.
Y este Fuego termino el trabajo de los hombres grabando en las paredes la marca del Eterno;
desde, solos los Llamados pueden penetrar en el Naos.
Los otros no pueden cruzar la Cámara, aunque no haya puerta.
Como si un poco de la Nube había permanecido, impregnada en el recinto,
prohibiendo el acceso a los que no están listos.

La leyenda dirá que cuando un hombre oye la Llamada,
solamente entonces puede avanzar y pasar la Puerta.
Entonces, siglos después de los que, los primeros, cruzaron esta frontera,
el Templo se despierta aún y el Fuego corre en las paredes,
como relámpagos para saludar el despertar interior de un nuevo humano

AddThis Social Bookmark Button
Sin Comentarios »

La muerte de Lord Carnarvon

LEYENDAS

Todo el mundo cree que a Lord Carnarvon le pico un mosquito el cual a las seis semanas después había fallecido con tan solo cincuenta y siete años de edad, pero según el Egiptólogo “Otto Neubert” que participo en las excavaciones comenta en su libro ” El valle de los Reyes” que porque se dijo que le pico un mosquito cuando le pico un escorpión (animal sagrado para los egipcios)

AddThis Social Bookmark Button
2 Comentarios »

Enigmas de Tutankamón

LEYENDAS

Es un enigma sobre la inscripción grabada en la tumba, ¿Porque nunca se hablo sobre esta inscripción?

” La muerte tocará con sus alas al que moleste al Faraón muerto”

AddThis Social Bookmark Button
3 Comentarios »

LOS DIOSES QUE BAJARON DE SIRIO

LEYENDAS

El reciente descubrimiento de que Sirio es, en verdad, un sistema estelar triple, está levantando todo tipo de controversias. Y es que, lo que nuestra astronomía acaba de reconocer, era ya sabido por pueblos antiguos como los egipcios o la tribu de los dogones en Malí. Ya lo sabían, al parecer, porque un día descendieron unos “dioses instructores” de ese sistema y se lo contaron. La noticia nos sobrecogió. Dos investigadores franceses, D. Benest y J.L.Duvent, hacían público hace escasas semanas el resultado de sus últimas investigaciones en torno a la estrella, la más brillante del firmamento y ubicada a unos 8,7 años luz de la Tierra. Según sus conclusiones Sirio es, en verdad, un sistema estelar formado por tres estrellas y no por dos, como desde mediados del siglo pasado asegura nuestra astronomía; y lo pudieron averiguar al estudiar con detenimiento las variaciones en la órbita del sistema de Sirio desde 1862 hasta nuestros días, lo que les llevó a pensar que un tercer cuerpo estelar estaba influyendo en su recorrido. Benest y Duvent dedujeron, además, que la nueva Sirio C es una nenana roja, una clase de estrella quinientas veces menos masiva que el Sol y muy poco brillante, para cuyo descubrimiento óptico -que todavía no se ha confirmado- ser necesario utilizar los más potentes telescopios en un futuro inmediato.

Pero lo que realmente nos sobrecogió de la noticia fue que la conclusión a la que han llegado estos dos investigadores galos recientemente, era ya de sobra conocida por algunos de los pueblos más antiguos de África, como los egipcios y los dogones. Estos últimos, que actualmente viven en la planície de Bandiagara, en las montafias Hambori de Mali veneran desde tiempos inmemoriales a la estrella Sirio a la que parecen conocer hasta en sus detalles más íntimos. En 1931 el antropólogo francés Marcel Griaule visitó por primera vez a esta tribu, descubriendo que en sus tradiciones más sagradas y secretas se hablaba de una estrella compañera de Sirio, a la que llamaban Po Tolo, y de la que sabían que tarda cincuenta años en completar una órbita en torno a ésta y que, además, es extraordinariamente densa, lo que es rigurosamente cierto. Por si esto fuera poco, los dogones sabían de la existencia una tercera estrella a la que llaman Emme Ya (y que corresponde a la recién descubierta Sirio C), de la que dicen es “cuatro veces más ligera que Po Tolo aunque que tarda el mismo tiempo que ésta en completar su órbita alrededor de Sirio A.

Aquellos conocimientos, que Griaule completó quince años más tarde con otras investigaciones de campo que realizó junto a la etnóloga Cermaine Dieterlen, fueron considerados en principio pura mitología; pero aún con todo, en medios académicos, escépticos como E.C. Krupp, director del Observatorio Criffith de Los Ángeles y uno de los m s reconocidos especialistas mundiales en arqueoastronomía, reconocieron que -además de su conocimiento sobre Sirio- era difícil explicar cómo conocían también los anillos de Saturno o las cuatro lunas galileas de ]úpiter, descubiertas por Galileo Galilei siglos después de que los dogones hablasen de ellas, gracias a su primer telescopio.

LOS ORIGENES DEL SABER
Además de los dogones, otros pueblos vecinos como los Bambara, los Bozo de Segu y los Miniaka de Kutiala, comparten desde tiempos inmemoriales idénticos conocimientos sobre Sirio, en torno a cuyo sistema gira buena parte de la vida ritual de estas gentes. Cada cincuenta años, por ejemplo, y cumpliendo estrictamente con el “ciclo u ¢rbita de Sirio B alrededor de Sirio A, estas tribus celebran sus ritos de renovación a los que llaman Fiestas Sigui, en honor a Sigui Tolo que es como conocen a Sirio A. Es entonces cuando elaboran complejas máscaras de madera para celebrar la entrada del nuevo ciclo, que después almacenan en un lugar sagrado y donde los arqueólogos han podido encontrar piezas que datan, al menos, del siglo XV Ahora bien, ¿de dónde obtuvieron los dogones en ‚ época tan remota sus precisos conocimientos astronómicos?

Griaule y Dieterlen prefirieron limitarse a describir aquello que les fue transmitido por los hogon, o jefes de cada pueblo iniciados en el secreto de Sirio, sin hacer una valoración de sus hallazgos. Pero en 1970 Cenevieve Calame-Griaule publicó en un libro que tituló Génesis Negro, algunas de las notas que su padre Marcel no se atrevió a dar a la luz. En ellas se describía c¢mo los dogones creían en un dios hacedor del Universo al que llaman Amma, que mandó a nuestro planeta a un dios menor, al que conocen como Nommo, para que sembrara la vida aquí. Nommo descendi¢ a la Tierra y trajo semillas de plantas -describe una de las tradiciones recogidas por Griaule de boca de un hogon llamado Ogotemmeli-, que habían ya crecido en campos celestes… Después de crear la Tierra, las plantas y los animales, Nommo creó a la primera pareja de humanos, de los que más tarde surgirían ocho ancestros humanos, que vivieron hasta edades increíbles.

LA CONEXION EGIPCIA

De Nommo, los dogones dicen también que era una criatura anfibia -probablemente muy parecida al dios babil¢nico Oannes-, y que regresó al cielo en un arca roja como el fuego después de cumplir con su tarea. Pues bien, con todos estos datos, en 1976 Robert K.C. Temple, un lingüista norteamericano miembro de la Royal Astronomical Society británica y afincado en Londres, publicó un osado libro que tituló El Misterio de Sirio, en el que aventuró que Nommo fue un extraterrestre que dejó en la Tierra, hace entre siete y diez mil años, toda clase de pistas sobre su origen estelar. “Cualquier otra interpretaci¢n de las citadas pruebas no tendría sentido, concluyó Temple. Y quizás no le faltase raz¢n, pues sus argumentos,lejos de haber sido refutados con el tiempo, se ven reforzados por descubrimientos como el de Sirio C que ya anunció en su obra hace casi veinte años. Pero el conocimiento del sistema triple de Sirio no fue patrimonio exclusivo de los dogones y de los pueblos vecinos, lo cual nos obliga a abrir aún más el radio de esa supuesta influencia extraterrestre en el pasado. Los antiguos egipcios, por ejemplo, mostraban una gran veneración hacia la “estrella del Perro o Sirio, que se encuentra en la constelación del Can Mayor. Fue sir Norman Lockyer, astronómo británico fundador de la revista Nature, el primero en darse cuenta de que muchos templos egipcios estaban alineados hacia Sirio, cuya aparición y desaparición en los cielos sirvió como base a uno de los dos calendarios usados en Egipto. El primero de ellos era de uso popular y de escasa complejidad matemática estableciendo la duración del año en 365 días exactos, pero el basado en Sirio además de servir para fechar cuestiones sagradas y dinásticas, se fundamentaba en observaciones astronómicas extraordinariamente precisas y establecía la duraci¢n del año en 365,25 días. Se comprobó, por ejemplo, cómo muchos de los templos egipcios, orientados hacia el sol naciente (lo que dio pie a que los arqueólogos especulasen con la existencia de una religión solar), estaban flanqueados por dos obeliscos que, ubicados en un lugar previamente determinado, servían a los sacerdotes para ver sobre la línea del horizonte por donde salía el sol a lo largo del año, pudiendo marcar así el inicio de los solsticios de verano e invierno. Aquel control del Sol sirvió a los egipcios para comprobar que había un día en el que Sirio y el Sol salían por el mismo punto. Comprobaron igualmente que cada cuatro años Sirio se retrasaba un día en acudir a su cita, lo que originó el ciclo de Sirio o sóthico en honor de la diosa Isis o Sothis que se cumplía cada 1460 años; es decir, pasado ese periodo de tiempo el calendario sóthico y el vulgar volvían a coincidir al inicio del año nuevo (1460 años X 0,25 días de error = 365 días). Este calendario sóthico ha permitido fechar con precisión acontecimientos que su cedieron 43 siglos antes de Cristo, lo cual demuestra que hace ya más de cuatro mil años los egipcios conocían estos ciclos. ¿Cuándo, pues, hicieron ‚ éstos sus observaciones de Sirio para establecer su calendario? ¿Acaso fue este un conocimiento llegado por los mismos dioses de los dogones y una nueva pista sobre su origen? La identificación de Sirio con la diosa Isis (la Señora de los Dos Fuegos), refiriéndose a sus dos estrellas más grandes, A y B) fué confirmada hace ya varias décadas por los estudiosos Otto Neugebauer y Richard Parker, Lo que nunca supieron interpretar fue el por qué‚ en la iconograféa egipcia Isis iba a menudo acompañada de las diosas Anukis y Satis, que ahora, desde luego, pueden entenderse como Sirio B y Sirio C. Otra clave simbólica puede tener que ver con Osiris, mitológicamente hermano y compañero de Isis y encarnación de la Tierra, cuyo nombre en jeroglífico es representado frecuentemente como un ojo sobre o bajo un trono, lo que podría dar lugar a pensar en la rotación de nuestro planeta (y, por ende, de todo el sistema solar) en torno a Sirio. No en vano Kant definió a Sirio como “el Sol de nuestro Sol”, hipótesis que llevó a muchos astrónomos decimonónicos a establecer la distancia entre Sirio y nosotros como “unidad astronómica. Y lo chocante es que los dogones conocían a Sirio A también como la “estrella sentada”. ¿Simple casualidad?

para seguir leyendo pinchar aquí:lacomunidad

AddThis Social Bookmark Button
Sin Comentarios »

Leyenda “las sandalias del guerrero”

LEYENDAS

Hotep no siempre había sido un mendigo. Hijo de un fellah de los alrededores de Tebas, su adversa suerte quiso que fuera incluido en una de las levas con las que Ramsés I, el gran monarca conquistador, nutria las filas de los ejércitos que guerreaban en Asia.

El joven no tuvo ocasión de distinguirse, pues justo en el primer encuentro con los asirios un flechazo, traspasándole un muslo, le puso fuera de combate; cuando finalmente pudo recobrar la salud se encontró con la pierna derecha privada de movimiento.

Hotep no se desanimó por su adversa suerte y, uniéndose a una caterva de guerreros, más o menos mutilados, emprendió el regreso a Tebas apoyándose en un grueso garrote.

Con las peripecias y aventuras de tal viaje desde Mesopotamia al mar Rojo, podría escribirse un buen volumen; habremos de contentarnos con saber que, de guarnición en guarnición, unas veces comiendo y otras ayunando, dos meses después de desdichada caravana llegó al delta del Nilo, lugar fijado para la separación de los veteranos, que desde allí se desparramaron por todo Egipto.

Hotep quedó solo con otro compañero que, nacido en una aldea inmediata a la suya, seguía el mismo itinerario. Era el camarada un hombre ya viejo, encanecido en la milicia debido a sus largos años de servicio y privado de la vista, a consecuencia de una profunda herida en la cabeza.

El cojo tenía excelente fondo y, movido a compasión, se brindo a servir de lazarillo al ciego; y así, una noche en que los dos inválidos descansaban al abrigo de un espeso cañaveral, Hotep, que dormía plácidamente, oyó de pronto un lastimero quejido que exhaló su compañero e incorporándose le dijo:

-¡Hola veterano! ¿Qué es eso? Despierta, que sin duda te estás atormentando con alguna horrible pesadilla.

-Hotep, me muero –murmuró el ciego-. Siendo que la vida se me acaba.

-¡Estás delirando! ¿Quién piensa ahora en morir?

-Me muero, muchacho, me muero. Creía que tendría fuerzas para llegar allá, pero no puedo. ¡Agua…! ¡Dame agua, me ahogo…!

Hotep, alarmado, corrió con cuanta ligereza permitía su cojera hasta un canal inmediato y volvió con la calabaza llena del líquido pedido, diciendo:

-Bebe. Esto pasará, es un desvanecimiento ocasionado por el fuerte sol que hoy nos ha hecho hervir la sangre.

-Gracias, camarada –respondió el ciego-. No temo a la muerte; hace años que la he considerado siempre cercana. Después de todo, para no ver más la luz, tanto me importa. Mira, en este saco va toda mi fortuna; un casco de bronce, unos cuantos trapos y unas sandalias de cuero, que es lo que más valor tiene, pues son casi nuevas, el material es superior y están bordadas en oro. No sé de donde proceden, pues las encontré en la batalla en que me hirieron, atadas a la cintura de un soldado muerto, sólo Dios sabe a quién se las robaría. Cógelo todo si muero. Es la fortuna de un soldado que ha servido treinta años a los faraones. ¡Bonita herencia!

Hotep se devanaban los sesos, pensando qué haría o diría en aquella situación, que le parecía bastante grave y apurada. Por fin su compañero bebió de nuevo y dijo:

-Puede que tengas razón y me haya equivocado; pasó la angustia y tengo sueño. Durmamos y, si me muero, ya sabes; todo para ti.

Y volvió a tenderse entre las cañas, murmurando palabras confusas. Hotep siguió su ejemplo. Al poco tiempo roncaba haciendo ruda competencia a las parleras ranas. Cuando despertó, al salir el sol, el ciego yacía a algunos pasos de allí, tendido boca abajo.

Hotep llegó finalmente a su pueblo y continuó llevando la vida que había tenido antes de ir a servir al faraón.

Un día, cuando el sol comenzaba a iluminar con sus espléndidos rayos, Hotep, vistiendo su viejísimo calasiris de algodón listado, que dejaba ver por sus múltiples desgarrones las oscuras carnes del mendigo, salió de su casa y empezó a andar con alegría.

Apareció junto a una de las colosales esfinges que constituían la entrada del templo. Se detuvo un momento y, sacando de un envoltorio el casco de bronce y las sandalias que heredara del viejo guerrero, se atavió con ambas prendas, quedando en breve espacio de tiempo convertido en la más grotesca figura que imaginarse pueda nadie.

No parecía, sin embargo, el inválido descontento de su aparato indumentario, pues con aire satisfecho se atusó la encrespada y revuelta cabellera, y canturreando una canción popular se dirigió, apoyado en un grotesco bastón que le servía de muleta, hacia una puertecilla que se divisaba casi oculta entre las robustas piernas de la colosal estatua, que parecía guardar la entrada al gran patio.

Hotep dio con su bastón un fuerte golpe en la hoja de la puerta y pocos instantes después apareció en el dintel una mujer, cubierta por ajustada túnica blanca, sostenida por una especie de tirantes de cuero rojo.

-¿Qué se te ofrece tan temprano y tan compuesto? –preguntó con burlona sonrisa al reparar en el casco y las lujosas sandalias del mendigo-. Hoy no es día de repartir los restos de las ofrendas…

-No vengo a pedir limosna –contestó Hotep. Y luciendo una gran sonrisa, añadió-: Vengo a hablar con un padre para decirle que es mi deseo pedirle tu mano, pues quiero casarme contigo.

Los ecos del templo reprodujeron durante largo espacio de tiempo las más sonoras y alegres carcajadas que jamás habían turbado la majestuosa calma de aquel silencioso recinto. Hotep, sin desconcertarse por la manera como era acogida su pretensión, dijo mirando con petulancia sus sandalias:

-Hermosa Amneris, veo que mi idea te regocija y esto me hace suponer que mi figura no te disgusta y el resultado…

-El resultado –interrumpió la joven- será que mi padre te dará algunos palos y te romperá la pierna que aún tienes sana.

-¡A mí, a un guerrero del faraón!

-¡Imbécil! Tú ya no eres guerrero, sino pordiosero; y si no fuera por lo que en esta casa te hemos protegido, perjudicando a otros pobres más antiguos, hace tiempo que estarías descansando en el cementerio en agradable compañía con otros ilustres personajes de tu calaña.

-¿Olvidas acaso que soy propietario de una gran casa junto al canal del Castillo Blanco?

-Sí, ya sé que tienes una barraca de adobes cuarteada y sin techo.

-No es tan mala, y además tengo… estas sandalias –dijo él mientras se miraba los pies.

-Mira Hotep –dijo Amneris adoptando un aire protector-, sin duda algunas los fuertes calores y todo el hambre que has sufrido en Asia han perturbado tu razón. En primer lugar, debes saber que tengo un pretendiente muy bien acomodado, y en segundo lugar, ¿cómo quieres que yo, hija de un guarda del templo, corresponda al afecto de un buen muchacho como tú, pero que ha quedado completamente inútil para todo? ¿Cómo atenderás a mi subsistencia con la pierna arrastrando y ese casco tan abollado…? ¡Ja…, ja…, ja…!

Y de nuevo la risa más retozona animó el semblante de la muchacha.

El pobre, cuya candidez le había hecho concebir las más lisonjeras esperanzas, por única respuesta se rascó el cogote, miró a Amneris y, con gesto de cómica desesperación, dio media vuelta y sin pronunciar una palabra se alejó de la puerta acompañado por las carcajadas de Amneris.

-¡Pobre chico! –dijo ésta-. No es malo, pero… ¡es tan miserable!

Hotep, aunque verdaderamente anonadado por la escena narrada, tenía, como todos los fellahs una gran dosis de mansedumbre y resignación; así que, después de desahogar su cólera murmurando unas cuantas invectivas contra Amneris, se encaminó hacia un grupo de palmeras que sombreaban el camino que conducía al templo y se tumbó sobre la menuda hierba. Pocos instantes después roncaba como un bienaventurado.

De pronto el mendigo se despertó a impulsos de algunos puñetazos aplicados con mano vigorosa, e incorporándose vio ante sí a un personaje de elevada condición, a juzgar por la pedrería que brillaba en el pectoral que cubría su robusto pecho y por la finura y elegancia de su túnica. Otro sujeto, portador de un abanico de plumas de avestruz, que era sin duda el que le había despertado de un modo tan enérgico, se hallaba junto al primero.

-¿Quién eres? –dijo con voz imperiosa-. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Pero ya lo ves, dormir –repuso Hotep con justa indignación.

-¿Quién te ha dado estas sandalias? –volvió a preguntar el incógnito y refinado personaje.

-Quien puede –contestó Hotep recogiendo su cayado y adoptando una actitud defensiva.

-¡Por mi padre, el Sol, que no he visto jamás sabandija tan insolente! Oye, miserable, y tiembla.

-¿No temblé en el campo de batalla cuando una flecha asiria traspasó mi muslo, y me asustaré ahora que nada malo he hecho? Pero ¡ah! –exclamó de pronto-, tú debes ser el rival que me disputa el amor de Amneris.

-¡Está loco! –dijo el desconocido con asombro, volviéndose hacia su acompañante, que contestó con signo afirmativo.

-¿Con que, es decir –prosiguió Hotep-, que no contento con quitarme la novia, quieres también apoderarte de mis sandalias?

-Sin dudas ignoras quién soy –dijo el personaje del pectoral-. ¡De rodillas, miserable, ante el faraón!

Hotep lanzó un grito de asombro, e inclinando humildemente la cabeza respondió:

-Alto y poderoso Ramsés, perdona a tu humilde esclavo. No me postro ante ti, porque la herida que recibí a tu servicio me inutilizó la pierna y no puedo… Ten misericordia de este infeliz inválido, que si pronunció palabras inconvenientes fue por no haberte conocido.

-Piensa bien lo que vas a contestarme, porque de ello depende tu vida. ¿Recuerdas la ocasión en que adquiriste esas sandalias?

-Sí, hijo predilecto de Dios.

-¿Recuerdas si el que tales prendas te dio te aseguró que eran la fortuna de un soldado?

-Sí –contestó Hotep, pensando en las últimas palabras pronunciadas por el guerrero ciego.

-Entonces, ¿cómo no has reconocido en mí al faraón a quien guiaste en el reconocimiento del campo enemigo y que, como prenda de su real aprecio, para reconocerte y recompensarte después de la batalla, te dio las sandalias que hubo de quitarse para trepar por los acantilados de Saín, cuyo paso nadie conocía como tú, y merced a cuyo descubrimiento alcancé una de mis más favoritas victorias?

El mendigo quedó inmóvil.

Comprendió que se le ofrecía una enorme fortuna. Solo tenía que contestar de forma adecuada a las preguntas de Ramsés. Por un momento pensó en esto y en que de esta forma tan sencilla conseguiría aquello que tanto deseaba, es decir, podría casarse con Amneris.

Pero era honrado y no quiso mentir.

-Señor –dijo-, soy un mendigo inútil y despreciable, el alimento que tomo lo debo a la generosidad del pueblo, pero mis labios no se mancharon nunca con una mentira. Estas sandalias no me las diste tú.

Y brevemente contó al faraón su triste historia y la manera cómo las sandalias habían llegado a sus manos.

El faraón, viendo que había tropezado con un hombre honrado, alguien que no deseaba aprovecharse de la fortuna que había llamado a su puerta, decidió llevarlo a palacio donde le agasajó por su fidelidad y le recompensó ampliamente por sus servicios, ofreciéndole además un puesto en la corte.

Gracias a ello Hotep pudo ir al templo a pedir la mano de Amneris, quien viéndole en una buena posición le aceptó rápidamente, pues ella siempre le había querido.

Fueron extremadamente felices en su nueva posición y tuvieron muchos hijos, todos ellos servidores fieles de Ramsés Meiamun, a cuya regia esplendidez debían tantos favores.

AddThis Social Bookmark Button
2 Comentarios »

Fábula de Egipto

LEYENDAS

Esta fábula, pues historia fabulosa e increíble es, tuvo lugar hace mucho, mucho tiempo a más de mil años antes de la púnica maldición, en las antiguas y arcanas tierras del Alto y Bajo Egipto, por las que discurre el Río que da la Vida y que fecunda las Dos Orillas, fértiles riberas como parques de nenúfares, papiros y lotos, como triunfal avenida por la que pasean de la mano en sus barcazas la madre Isis y su hijo Horus.

Bajo el férreo reinado de la faraona Hatseput se fomentó el culto al renacido dios Amón-Ra, El Oculto. Faraona había salido victoriosa y triunfante tras la rebelión que el pueblo oprimido de Yavéh inició contra la monarca, dicho pueblo rendía culto único a un solo Dios, despreciando la adoración icónica y politeísta propia de la tierra de faraones. Pero la victoria interna, no debía hacer olvidar a Faraona que seguía en guerra con el rey hitita Muwattali el Mayor, y otros reyezuelos y sátrapas de los valles del Tigres y el Eúfrates, que esperaban ansiosos la caída de Faraona.

Tras la expulsión de los rebeldes hebreos, los sacerdotes de Amón vieron el momento de potenciar a la hasta ese momento decaída divinidad. Con gran alborozo, entre danzarinas, flautistas y timbales la estatua de Amón-Ra se trasladó del templo de Luxor al de Karnak, allí donde los carneros flanquean los pilonos que conducían al sanctasorum donde residiría eternamente Amón y en los valles que conducen al Valle de los Muertos, donde se enseñorean los chacales.

Sin embargo, se acercaba el festival de Opet, toda una semana en la que se organizaban grandes festejos en honor de las principales divinidades del panteón, y la imagen totémica de la divinidad debía ser renovada, como así establecía el antiquísimo ritual. Al mismo tiempo, sombras se cernían sobre el Alto valle y el Bajo delta, pues Faraona desconfiaba del poder que los sumos sacerdotes de Amón obtenían y dispuso deponer a los confiados adoradores de Amón, seguros en su magnificencia repuesta.

El consejo de sumos sacerdotes debía tomar decisión sobre los artesanos que materializarían en realidad tangible y visible al Oculto, realidad no manifiesta y ajena al mundo de los vivos. Acudieron de todos los rincones del mundo conocido, incluso de Byblos y Joppa, famosas ciudades por aquellos que moldeaban como adobe del limo del Río Nilo la madera de los sicomoros que crecían en la Nubia incógnita.

Pero Faraona contactó en secreto con artesanos de Deir-el Medhina, próximos a la corte tebana donde habitaba Hatseput. Y allí les anunció su intención de que ellos fueron elegidos para la magna tarea encomendada. Así que reunido el consejo de sumos sacerdotes, artistas de Byblos y Joppa, y de Tiro y Sidón mostraron sus maravillas, entre encantamientos de magos y tintinear de campanillas y abalorios. Todos se rindieron antes unos jóvenes de Byblos, e ignoraron a los modestos artesanos de Deir-el Medhina.

Así que Faraona anunció “si vuestra elección contraría mi deseo, sabed que las plagas podrían cebarse en ganado y cultivos de tierra de faraón”. Aún así, los sumos sacerdotes ignoraron la admonición de la soberana y festejaron jubilosos la renovación de su deidad adorada, Amón-Ra, entre sacrificios de cordero sufí y gacela trufada.

Pero a todos sorprendió que al día siguiente, amanuenses y escribas del reino anunciaran al consejo de sumos sacerdotes “Faraona no permitirá que el tacto de manos foráneas acaricie la aúrea piel de Amón”. El consejo de sumos sacerdotes acudió con rapidez a palacio de Malgata donde habitaba Faraona, y no olvidemos que la palabra faraón es palacio, pues sólo Él abarca la inmensidad inabarcable que comprende la Tierra de los Papiros. Y allí, escucharon de boca de Faraona la decisión: “sólo yo domino en estas tierras, soberano temporal y trascendente también, y vosotros mis acólitos seréis” anunció con parsimonia y regia flema mientras acariciaba dos babuinos, conocidos en todo el reino como Eiris y Charmión, que le hacían compañía en el salon del trono.

Tal anuncio causó gran revuelo y estupor entre el sacerdotazgo de Amón, que intentó conciliar y dialogar con Faraona, pero ella airada y circunfleja los expulsó de palacio. Cabizbajos y desolados, los sumos sacerdotes acudieron al Jefe de los Nomos provinciales y Gran Consejero de los Dos Reinos, el cual los intentó consolar, obteniendo el compromiso de su sabia mediación, de cuyas virtudes era famoso en tierras de Egipto y más allá, por su templanza y ecuanimidad, celebrándose la reunión en el Oasis de Siwa, bajo el vientre estrellado de Nut, diosa de la Noche.

Pero ya los hilos de la conspiración se movían, y en el fondo del cesto de caña trenzada por manos de damas núbiles habitaba la víbora de cuernos que repta por las arenas del Valle de los Reyes. Los máximos responsables del culto a Amón desconocían que la traición los acechaba y que quedaría manifiesta en las siguientes jornadas, aunque ya un vidente les profetizó: “estáis criando un monstruo en el seno de Egipto”, y otros augures y sibilas así advirtieron también “por el mar navegan las naves, en el mar naufragan las naves”, así como “mi mundo es otro, cuando llega el siroco”.

Y así llegó el día de la gran reunión, el concilio supremo, cónclave atemporal de reyes y reinas, de sacerdotes y sacerdotisas, según dictaba la antiquísima arcana tradición. Faraona hizo su entrada en el Oasis de Siwa, pues ese fue el escenario elegido de nuevo, y lo hizo ataviada con sus más espléndidas y refulgentes galas: tocado nemes, brazaletes de lapislázuli, alhajas de oro de la Alta Nubia, cornalinas y turquesas, pedrería varia. Una gran túnica de algodón y plata entretejida recubría su imperial figura, extensa como Tierra de los Lotos. Cientos de esclavos nubios, perfumados con aceites y ungüentos traídos de la lejana Fenicia y que cubrían sus pieles de ébano, tiraban del gran trono que en forma de dorada esfinge gigante portaba a Faraona. Entre gran estruendo de trompetas, asentó su ser, y un brillo cegador surgió de su pectoral con ojo wedjat, al que aplicaba sus hechizos para poder ver lo que ocurría a sus espaldas y a donde no llegaban los susurros y ojos asustadizos de Eiris y Charmión.

Los sumos sacerdotes oyeron entonces de nuevo la voz de Faraona, pues así habló ella: “ululad naves de Tarsis, pues vuestro puerto está destruído”. La verdad fue revelada, pues la pluma Maat sobrevoló el lugar. Mientras tanto, una bruja calva que cubría su cabeza con pañuelos de seda y que se deleitaba en el arte de las danzas conjuraba hechizos desde Hattussa (ciudad capital de los hititas), para mermar el poder de Faraona, tras sus vidrios ahumados.

Soberbias y mentiras, ilusiones y sueños imposibles, anudaron la trama irresoluble en la que la mayoría de los nobles sacerdotes de Amón vieron como eran vencidos, ante la indiferencia displicente del Jefe de los Nomos y Gran Consejero de los Dos Reinos. Y no sólo eso, la traición afloró en todo su oscura esplendidez dentro del propio sacerdotazgo, y no sólo ese día, en las siguientes jornadas la trama adquiriría dimensión colosal, pues Faraona siempre movió los hilos de tan fastuoso teatro. Aunque la nobleza y gallardía de los verdaderos sacerdotes fieles a Amón no pudiera ser puesta en duda jamás.

Y a todos los vencidos, Faraona mandó ejecutar y enterrar en la ciudad de Menfis alejados de sí misma, eso sí con grandes ritos no escatimó en los finos productos del arte de la embalsamación, no faltaron aceites, resinas, incienso, natrón y muchos metros de lino para tan magnos cuerpos. Pero se ordenó borrar los nombres de los derrotados de cuantos monumentos y papiros se extendían por todo Egipto, pues su nombre no debía volver a sonar en la rica tierra del Nilo, y así se procedió a advertir a los principales escribas del Reino para que tales acontecimientos no fuesen revelados al pueblo ignorante de la soberbia maldad y felonía.

Tan mala fortuna vino a acontecer que con el paso de los años los sagrados y siempre dignos cuerpos de los nobles sacerdotes vencidos fueron saqueados por los ladrones de tumbas, despojados de sus riquezas fueron de nuevo enterrados por el sumo sacerdote Pynedien II en un escondrijo nuevo, y jamás se supo de ellos.

Y esta historia es contada gracias a un papiro perdido y hallado, que llegó de generación en generación, dinastía tras dinastía, de padres a hijos, a mis ya callosas manos. Quedando así recogida esta fábula, en la que el culto a Amón-Ra, el Oculto, fue convertido en un glorioso tributo a la vanidad humana. Aunque quien despues de leer este papiro, pretenda divulgarlo, la maldicion de Seth lo perseguirá como sombra que cae en el desierto a él y a veinte generaciones, que las plagas caigan sobre él, que no vea la luz de la mañana, que sus entrañas no conozcan la dicha de habitar los vasos canopos y que su kah no encuentre el camino ante el sumo escriba Thot en la era de Acuario.

AddThis Social Bookmark Button
7 Comentarios »

La maldición de la momia…..

LEYENDAS

A toda persona que entre con intenciones impuras en esta tumba, le agarraré por el cuello como a un pájaro y sera juzgado por el gran Dios; ¡que el cocodrilo en el agua y la serpiente en la tierra estén contra aquellos que hagan cualquier clase de mal contra esta tumba, porque yo no he hecho nada contra él y ellos serán juzgados por dios!

AddThis Social Bookmark Button
4 Comentarios »

Hamunaptra, la ciudad perdida

LEYENDAS

Hoy lo que quiero poneros es un articulo que hay publicado del autor Christopher Dunn en la web Misterios de la historia al que quiero agradecerle por dejarme publicarlo.

Hamunaptra, la ciudad perdida:

La palabra se hizo popular desde la película “La Momia”, sin duda se refiere a la ciudad de los muertos. Pero no a los cementerios de momias que estaban en las proximidades de los grandes núcleos de población egipcia, sino al lugar donde iban sus almas. Un extraño lugar que la trascripción de los antiguos papiros parece dar a entender que era algo físico y espiritual a la vez, ya que los muertos esperaban (en realidad temían) que se les obligara a trabajar en tareas análogas a las realizadas en vida o, según parece, incluso peores. Para evitarlo recurrían a la magia, cualquier egipcio se enterraba con pequeñas figuritas que en el otro mundo serían sus servidores.
Ese lugar se describía como “la tierra que está al oeste”, y el oeste era el desierto, más allá del Nilo protector.
Con lo que conocemos actualmente de su religión y magia (que para los egipcios era lo mismo), sobre todo sus ritos de magia simpática y enlace, no sería de extrañar, es más, parece lógico, que existiera una ciudad en pleno desierto que sirviera de unión entre vivos y muertos a la vez que custodia de los más secretos ritos de resurrección. Algunos escritos así parecen indicarlo o al menos despenderse ese sentido.
Las leyendas transmitidas de generación en generación, que aún circulan entre los beduinos y en particular entre los saqueadores de tumbas, hablan de una ciudad bajo las arenas, llena de fabulosos tesoros y secretos. Quizá sólo sea una leyenda.

Foto:

foto.jpg

AddThis Social Bookmark Button
34 Comentarios »

¿EXISTÍAN ESCUELAS EN EL HARÉN?

LEYENDAS

Un dato muy curioso que nos relata la revista nº 51 de Historia- National Geographic, es si existían escuelas en el Harén.
Pues la respuesta es que durante sus primeros años los hijos de las esposas reales eran educados por nodrizas y preceptores en la “casa de los hijos”, dentro del harén.
Luego acudían a una escuela, así de este modo se establecían relaciones entre compañeros de estudios con los hijos de los nobles.

AddThis Social Bookmark Button
9 Comentarios »

LA ATLANTIDA

LEYENDAS

Este enlace habla de la Atlántida,y trata de el mito que los egipcios transmitieron a Solón.

Enlace: Atlántida

AddThis Social Bookmark Button
2 Comentarios »

LEYENDA

LEYENDAS

Esta leyenda que os voy a poner os quiero decir que os explicara el calendario egipcio y el por que la luna cambia de color.
Hace mucho tiempo, Ra, el señor de todos los dioses, aún reinaba sobre la Tierra como faraón. Vivía en un enorme palacio a orillas del Nilo, y todos los habitantes de Egipto acudían a presentarles sus respetos. Los cortesanos no dudaban en complacerle, y él pasaba el tiempo cazando, jugando y celebrando fiestas. ¡Una vida realmente placentera!
Pero un día llegó a palacio un cortesano que le contó una conversación que había oído. Thot, el dios de la sabiduría y la magia, le había dicho a la diosa Nut que algún día su hijo sería faraón de Egipto. Ra se puso muy furioso. Nadie salvo él era digno de ser faraón. Caminaba de un lado a otro gritando:

-¡Cómo se atreve Thot a decir eso! ¡Ningún hijo de Nut me destronará!
Reflexionó sobre ello largo tiempo, al cabo del cual, tras invocar sus poderes mágicos, lanzó la siguiente maldición:
“Ningún hijo de Nut nacerá en ningún día ni en ninguna noche de ningún año”.

La noticia pronto se extendió entre los dioses. Cuando Nut se enteró de la maldición. Se sintió muy apesadumbrada. Deseaba un hijo, pero sabía que la magia de Ra era muy poderosa. ¿Cómo podría romper el maleficio? La única persona que podía ayudarla era Thot, el más sabio de todos los dioses, así que fue a verlo.
Thot quería a Nut y, al verla llorar, decidió ayudarla.

-No puedo romper la maldición de Ra, pero puedo evitarla. Espera -le pidió.

Thot sabía que Jonsu, el dios Luna, era jugador, así que le retó a una partida de senet. Jonsu no pudo resistirse y cedió al desafío.

-¡Oh, Thot! -exclamó-. ¡Tal vez seas el dios más sabio, pero yo soy el mejor jugador de senet! No he perdido ninguna partida. Jugaré contigo y te ganaré.
Los dos se sentaron a jugar. Thot comenzó ganando todas las partidas.

-Has tenido suerte, Thot -dijo Jonsu-. Apuesto una hora de mi luz a que te gano la siguiente partida.

¡Pero también perdió! Thot continuó ganando y Jonsu siguió apostando su luz hasta que Thot hubo conseguido una luz equivalente a la de cinco días.
Entonces, Thot se puso en pie, dio las gracias a Jonsu y se fue llevándose la luz consigo.

-¡Menudo cobarde! -murmuró Jonsu-. Mi suerte empezaba a cambiar. ¡Habría ganado esta partida!

Thot colocó los cinco días entre el final de ese año y el comienzo del siguiente. En aquella época, un año tenía 12 meses de 30 días cada uno, lo que sumaba un total de 360 días.

Nut se sintió feliz cuando Thot le contó lo que había hecho. Como los cinco días no pertenecían a ningún año, sus hijos podrían nacer en esos días sin romper el maleficio de Ra.

El primer día Nut dio a luz a Osiris, que sería faraón después de Ra; el segundo día, a Harmachis, que está inmortalizado en la Esfinge; el tercer día, a Seth, que más tarde mataría a Osiris y se convertiría en faraón; el cuarto día, a Isis, que sería la esposa de Osiris; y el quinto día, a Neftis, que sería la esposa de Seth.
En cuanto a Jonsu, el dios Luna, quedó tan debilitado tras la partida que ya no pudo brillar con fuerza todo el tiempo. Aún hoy, la Luna sólo brilla toda entera durante unos cuantos días del mes, y ha de pasar el resto del tiempo recobrando fuerzas.

AddThis Social Bookmark Button
3 Comentarios »

LEYEDA DE AMASIS

LEYENDAS

Cuenta Herodoto que Amasis había llegado al trono de Egipto desde una vil condición, ya que antes se había dedicado al robo y al pillaje.

Su elevación al trono causó una gran sorpresa y un enorme disgusto, pues los orgullosos egipcios se vieron así mandados por un hombre a quien juzgaban de clase inferior a los más bajos.

Amasis, viendo el desprecio con que era tratado, resolvió dar una lección a sus desdeñosos súbditos.

Entre los objetos que poseía para su uso personal se encontraba una jofaina de oro en la que se lavaban los pies todos los que iban a comer con Amasis. Mandó fundir la palangana y con el oro hacer una estatua de una divinidad, poniéndola después en una plaza pública.

Todo los que pasaban por enfrente de la estatua se volvían a ella y la adoraban con veneración.

Amasis mandó reunir a todos los que habían adorado a la estatua y les dijo:

-Esa estatua ante la cual os habéis inclinado tan reverentemente no es más que la jofaina en que os lavabais los pies, modelada de nuevo. A mí me ha ocurrido lo mismo: si en otro tiempo era hombre de clase inferior, ahora soy vuestro rey. Por lo tanto, habréis de respetarme y tenerme veneración.

Y en efecto, desde aquel día cesó el desdén de los egipcios por Amasis y le prestaron acatamiento y respeto.

AddThis Social Bookmark Button
2 Comentarios »

KHNEMU Y UN HAMBRE DE SIETE AÑOS

LEYENDAS

Hoy que mejor que poneros una leyenda muy bonita.

Leyenda:

La leyenda de Khnemu y de un hambre de siete años es adentro cortados jeroglíficos en un bloque redondeado grande del granito, que está parado en la porción suroriental de Sâhal, una pequeña isla en la primera catarata en dos o tres las millas superiores de Egipto, al sur de la ciudad moderna de Aswân, el Syene antiguo.

La forma de la leyenda, y las formas de los jeroglíficos, y el último deletreo de las palabras, prueban que la inscripción es el trabajo del período de Ptolemaic, aunque es posible que la leyenda en su forma más simple es tan vieja como el período a el cual se atribuye en el texto de Sâhal, a saber, la tercera dinastía, cerca de 4100 B.C.

El tema de la leyenda es un hambre terrible, que duraron por siete años, en el reinado de rey Tcheser, y que recuerda el hambre de los siete años que ocurrió en Egipto cuando José estaba allí.

Esta hambre fue creída para haber sido hecha por la negligencia del rey para adorar correctamente al dios Khnemu, que fue supuesto controlar los resortes del Nilo, que fueron afirmados por los sages que se situarán entre dos grandes rocas en la isla de colosal.

La leyenda dispuso que el Viceroy de Nubia, en el reinado de Tcheser, era un nobleman llamado el metro, que era también el supervisor de todas las características del templo en el sur.

Su residencia estaba en Abu, o colosal, y en el décimo octavo año de su reinado el rey te envió un envío en el cual fue escrito así: “Éste es informar a thee que el asimiento puesto hath de la miseria sobre mí como me siento sobre el gran trono, y yo nos afligimos para los que moren en la gran casa.

Mi corazón se aflige penosamente por causa de una calamidad muy grande, que es debido al hecho de que las aguas del Nilo no se han levantado a su altura apropiada por siete años.

El grano es excesivamente escaso, no hay hierbas y vehículos del jardín que se tendrán en todos, y todo que el uso de los hombres para el hath del alimento acabe.

Cada robbeth del hombre su vecino. La gente desea caminar alrededor, pero no puede moverse.

El waileth del bebé, el shuffleth del hombre joven adelante en sus pies con la debilidad.

Los corazones de los viejos hombres se analizan con la desesperación, sus piernas llevan debajo de ellos, se hunden abajo agotado en la tierra, y ponen sus manos en sus vientres [en dolor].

Los funcionarios son impotentes y no tienen ningún consejo a dar, y cuando se abren los graneros públicos, que ought contener fuentes, allí cometh adelante de ellos nada pero viento. Todo está en un estado de la ruina.

Entro detrás en mi mente al tiempo cuando tenía un consejero, a la época de los dioses, al Ibis-dios [Thoth], y al principal sacerdote Imhetep (Imouthis), el hijo de Kher-heb de Ptah de su pared del sur.

¿[Decirme que, ruegue thee], dónde está el lugar de nacimiento del Nilo?

¿Qué dios o qué presideth de la diosa sobre él? ¿Qué clase de hath de la forma el dios? Para él está él ese maketh mi rédito, y quién filleth los graneros con el grano.

Deseo ir [consultar] el jefe de Het-Sekhmet, que strengtheneth del beneficence todos los hombres en sus trabajos.

Deseo entrar la casa de la vida, y tomar los rodillos de los libros en mis propias manos, de modo que pueda examinarlas [y descubrir estas cosas]. ”

Leyendo el envío real el metro de Viceroy precisado para ir al rey, y cuando él vino a él él procedió a mandar al rey en las materias por las cuales él había preguntado pregunta.

El texto hace que el rey dice: “[Metro] dio me la información sobre la subida del Nilo, y a te me dijo todo que los hombres hubieran escrito referentes a lo; y él me hizo claramente todos los pasos difíciles [en los libros], que mis antepasados habían consultado precipitado, y que habían sido explicados nunca antes a cualquier rey desde el tiempo en que Râ [reinado]. Y él dijo a mí: Hay una ciudad en el wherefrom del río el maketh del Nilo su aspecto.

“Abu” era su nombre en el principio: es la ciudad del principio, él es el nombre de la ciudad del principio.

Él reacheth a Uauatet, que es la primera tierra [en el sur]. Hay un vuelo largo [85] de pasos allí (un nilometer?), en que resteth de Râ cuando él determineth para prolongar vida a la humanidad. Se llama “ânkh de Netchemtchem.”

Aquí están los “dos Qerti,” que son el wherefrom de dos pechos cada buen cometh de la cosa.

Aquí está la cama del Nilo, aquí el reneweth del Nilo-dios su juventud, y aquí él sendeth hacia fuera la inundación en la tierra. Aquí sus aguas se levantan a una altura de veintiocho cubits; en Hermopolis (en el delta) su altura es siete cubits.

Aquí el smiteth del Nilo-dios la tierra con sus sandals, y aquí él draweth los pernos y el throweth abren las dos puertas a través de las cuales el poureth del agua adelante.

En esta ciudad el dwelleth del Nilo-dios bajo la forma de Shu, y él keepeth la cuenta de los productos de todo el Egipto, para dar a cada su deuda.

Aquí se mantienen la cuerda para la tierra que mide y el registro de los estados. Aquí el liveth del dios en una casa de madera con una puerta hecha de cañas, y los ramas de árboles forman la azotea; su entrada está al sureste.

Redondas sobre ella son las montañas de la piedra a las cuales los canteros vienen con sus herramientas cuando quisieran que la piedra construyera los templos a los dioses, las capillas para los animales sagrados, y las pirámides para los reyes, o hacer las estatuas.

Aquí ofrecen sacrificios de todas las clases en el santuario, y aquí sus regalos perfumados se presentan antes de la cara del dios Khnemu.

En las minas en el río el banco es el granito, que se llama la “piedra de Abu.” Los nombres de sus dioses son: Sept. (Sothis, la perro-estrella), Ânqet, Hep (el Nilo-dios), Shu, Keb, tuerca, Osiris, Horus, IS-IS, y Nephthys. Aquí están las piedras preciosas encontradas (se da una lista), el oro, la plata, el cobre, el hierro, el lapis-lazuli, la esmeralda, el cristal, el rubí, &c., el alabastro, la madre-de-esmeralda, y las semillas de las plantas que se utilizan en la fabricación de incienso.

Éstas eran las cosas que aprendí del metro [el Viceroy]. ”

Informar al rey referente a la subida del Nilo y de las otras materias mencionados en su envío, metro tomó las medidas para que el rey visite el templo de Khnemu en persona. Esto él, y la leyenda nos da propia descripción del rey de su visita.

Él dice: Entré en el templo, y los encargados de los rodillos los desataron y me los demostraron [86].

La aspersión del agua santa me purifiqué, y pasé a través de los lugares que fueron prohibidos a la gente ordinaria, y un gran ofrecimiento de tortas, cerveza inglesa, gansos, bueyes, &c., fue ofrecido para arriba en mi favor a los dioses y a las diosas de Abu.

Entonces encontré a dios [Khnemu] el estar parado delante de mí, y propitiated lo con las ofrendas que hice a él, e hice rezo y el supplication antes de él.

Entonces él abrió los ojos, [1] y su corazón inclinado a mí, y de una manera majestuosa él dijo a mí: “Soy Khnemu que formó thee. Mi thee agarrado dos manos y junto cuerpo thy hecho punto; Hice los miembros thy el sonido, y di a thee el corazón thy.

Con todo las piedras han estado mintiendo bajo tierra para las edades, y ningún hath del hombre las trabajó para construir una dios-casa, reparar los edificios [sagrados] que están en ruinas, o hacer las capillas para los dioses del sur y del norte, o hacer lo que él ought hacer para su señor, aun cuando soy el señor [el creador].

Soy Nu, uno mismo-haber creado, el gran dios, que entró en estar en el principio. [Soy] Hep [el Nilo-dios] quién riseth en la voluntad para dar a salud él ese worketh para mí.

Soy el gobernador y la guía de todos los hombres, en todos sus períodos, el más grande, el padre de los dioses, Shu, el gran, el jefe de la tierra.

Las dos mitades del cielo son mi domicilio. El Nilo es vertido hacia fuera en una corriente por mí, y goeth redondea sobre las tierras labradas, y tu abrazar la vida del produceth para cada que el breatheth, según el grado de su abraza….

Haré el Nilo para levantarse para el thee, y en ningún año fallará, y separará su agua hacia fuera y cubrirá cada tierra satisfactoriamente. Las plantas, las hierbas, y los árboles se doblarán debajo [el peso de] de su producto.

La diosa que el cuajo (la diosa de la cosecha) estará en el jefe de todo, y cada producto aumentará cientos thousandfold, según el cubit del año.

Llenarán a la gente, verily al deseo de sus corazones, yea, cada uno. Desear cesará, y el vacío de los graneros acabará.

La tierra de Mera (es decir Egipto) será una tierra cultivada, los districtos será amarilla con las cosechas del grano, y el grano será bueno.

La fertilidad de la tierra estará según el deseo [del husbandman], y será mayor que él hath siempre estado antes. ”

En el sonido de la palabra “cosecha” a rey se despertó, y el valor que entonces llenó su corazón era tan grande como había sido su desesperación anterior.

Dejar al compartimiento del dios el rey hizo un decreto por el cual él dotó el templo de Khnemu con las tierras y los regalos, y él elaboró un código de los leyes bajo los cuales se obligó a cada granjero que te pagara ciertas deudas.

Cada pescador y cazador tuvieron que pagar un tithe. De pare el décimo del molde uno debía ser enviado al templo que se ofrecerá encima como del ofrecimiento diario. El oro, la marfil, el ébano, las especias, las piedras preciosas, y las maderas eran tithed, si sus dueños eran egipcios o no, pero no hay tribu local imponer deber en estas cosas en su camino a Abu.

Cada artesano también debía pagar el tithe, a excepción de los que fueron empleados en la fundición unida al templo, y que ocupación consistió en la fabricación de las imágenes de los dioses.

El más futuro del rey pedido que una copia de este decreto, la original de la cual era adentro cortada madera, se debe grabar en un stele que se instalará en el santuario, con las figuras de Khnemu y sus dioses del compañero cortados sobre ella.
El hombre que escupió sobre el stele [si está descubierta] debía “ser amonestado con una cuerda.”

AddThis Social Bookmark Button
37 Comentarios »

LEYENDA DE LA LUNA

LEYENDAS

La leyenda explica el calendario egipcio y por qué la Luna cambia de forma.

Hace mucho tiempo, Ra, el señor de todos los dioses, aún reinaba sobre la Tierra como faraón. Vivía en un enorme palacio a orillas del Nilo, y todos los habitantes de Egipto acudían a presentarles sus respetos. Los cortesanos no dudaban en complacerle, y él pasaba el tiempo cazando, jugando y celebrando fiestas. ¡Una vida realmente placentera!
Pero un día llegó a palacio un cortesano que le contó una conversación que había oído. Thot, el dios de la sabiduría y la magia, le había dicho a la diosa Nut que algún día su hijo sería faraón de Egipto. Ra se puso muy furioso. Nadie salvo él era digno de ser faraón. Caminaba de un lado a otro gritando:
-¡Cómo se atreve Thot a decir eso! ¡Ningún hijo de Nut me destronará!
Reflexionó sobre ello largo tiempo, al cabo del cual, tras invocar sus poderes mágicos, lanzó la siguiente maldición:
“Ningún hijo de Nut nacerá en ningún día ni en ninguna noche de ningún año”.
La noticia pronto se extendió entre los dioses. Cuando Nut se enteró de la maldición. Se sintió muy apesadumbrada. Deseaba un hijo, pero sabía que la magia de Ra era muy poderosa. ¿Cómo podría romper el maleficio? La única persona que podía ayudarla era Thot, el más sabio de todos los dioses, así que fue a verlo.
Thot quería a Nut y, al verla llorar, decidió ayudarla.
-No puedo romper la maldición de Ra, pero puedo evitarla. Espera -le pidió.
Thot sabía que Jonsu, el dios Luna, era jugador, así que le retó a una partida de senet. Jonsu no pudo resistirse y cedió al desafío.
-¡Oh, Thot! -exclamó-. ¡Tal vez seas el dios más sabio, pero yo soy el mejor jugador de senet! No he perdido ninguna partida. Jugaré contigo y te ganaré.
Los dos se sentaron a jugar. Thot comenzó ganando todas las partidas.
-Has tenido suerte, Thot -dijo Jonsu-. Apuesto una hora de mi luz a que te gano la siguiente partida.
¡Pero también perdió! Thot continuó ganando y Jonsu siguió apostando su luz hasta que Thot hubo conseguido una luz equivalente a la de cinco días.
Entonces, Thot se puso en pie, dio las gracias a Jonsu y se fue llevándose la luz consigo.
-¡Menudo cobarde! -murmuró Jonsu-. Mi suerte empezaba a cambiar. ¡Habría ganado esta partida!
Thot colocó los cinco días entre el final de ese año y el comienzo del siguiente. En aquella época, un año tenía 12 meses de 30 días cada uno, lo que sumaba un total de 360 días.
Nut se sintió feliz cuando Thot le contó lo que había hecho. Como los cinco días no pertenecían a ningún año, sus hijos podrían nacer en esos días sin romper el maleficio de Ra.
El primer día Nut dio a luz a Osiris, que sería faraón después de Ra; el segundo día, a Harmachis, que está inmortalizado en la Esfinge; el tercer día, a Seth, que más tarde mataría a Osiris y se convertiría en faraón; el cuarto día, a Isis, que sería la esposa de Osiris; y el quinto día, a Neftis, que sería la esposa de Seth.
En cuanto a Jonsu, el dios Luna, quedó tan debilitado tras la partida que ya no pudo brillar con fuerza todo el tiempo. Aún hoy, la Luna sólo brilla toda entera durante unos cuantos días del mes, y ha de pasar el resto del tiempo recobrando fuerzas.

AddThis Social Bookmark Button
4 Comentarios »

LEYENDAS

LEYENDAS

Ojo de la Luna: El ojo izquierdo de Horus, representaba a la Luna, lucharon Set y Horus por este ojo, finalmente el malvado Set consiguió robarlo y devorárselo (menguante lunar), pero Horus mismo le arrebató el ojo a su enemigo con la ayuda de otros dioses, extirpándolo del vientre de su envidioso tío. Horus se lo presentó a su padre Osiris, ayudándole así a obtener una nueva vida.

AddThis Social Bookmark Button
1 Comentario »