Datos de interes Egipto 2008

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Superficie: 1.001.450 km2
Población: 772.6 millones de habitantes
Capital: El Cairo
Población urbana: 42.7%
Moneda: libra Egipcia
Alfabetización: 71.4 %
Idioma oficial: árabe
Esperanza de vida al nacer: 70.2 años
Religión:musulmana, cristiana, copta.

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Los seis Grandes Tribunales

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La expresión “Gran Tribunal” se recoge por primera vez en la IV dinastía, referente al alto funcionario Akhethotep. El titulo que se menciona es “Señor de los secretos del rey en el gran tribunal del dominio real”, pero será durante el reinado de Niserré, para ver surgir los títulos de “Director del gran tribunal” y ” Director de los Seis Grandes tribunales – jmy-r hwt-wrt 6-”.Por grandes tribunales se designa como órganos judiciales presentes en todo tipo de ámbitos, reales, provinciales, seculares y religiosos. Mientras que por Seis grandes Tribunales se refiere a los que intervenían al más alto nivel, podrían jugar un papel sobre todo administrativo.

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Las Reinas de Egipto, diosas en la Tierra

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Mujeres como Cleopatra, Nefertiti y Hatshepsut reinaron en el país del Nilo como auténticos faraones. A lo largo de siete grandes apartados, la muestra de Mónaco pasa revista a las diferentes funciones que la mujer egipcia pudo realizar en su alta posición, tanto en el Antiguo Egipto como en el mundo contemporáneo, a través de la literatura y el cine.

Las Reinas de Egipto, diosas en la TierraDada la riqueza del arte egipcio, siempre es posible encontrar diferentes enfoques con los que presentar una exposición novedosa. En esta ocasión, con unas 250 piezas prestadas por los principales museos del mundo, se trazan las distintas facetas de la vida de la mujer en la cumbre del Estado egipcio. Tres mil años de historia en un espectacular montaje del arquitecto y escenógrafo François Payet, diseñador del Pabellón de los Descubrimientos en la Exposición Universal de Sevilla’92.

La representación de las reinas egipcias, como Sara Puerto nos muestra a través de su recorrido por la exposición, se concentró siempre en exaltar su belleza. Casi siempre se las representa jóvenes y, según los convencionalismos propios del arte egipcio de cada momento, con exquisitos vestidos, numerosas joyas y sus objetos de tocador.

También con sus símbolos de poder, pues la “Reina madre” y la “Gran Esposa Real” están vinculadas a los dioses. Las coronas o tocados con la cabeza de buitre, la cobra real o la doble pluma de Maat, además del anj o cruz ansada, símbolo de la vida, indican ese estatus especial, tal y como pretenden aclarar los últimos estudios, en un intento de demostrar que existía una contrapartida femenina a la esencia divina de la realeza faraónica, además de mostrar la indudable proximidad de estas mujeres al monarca como hijo de los dioses.

Informa:revistarte

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Los tesoros que nos esconde el mar

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Como son muchas las personas que me preguntan como se restaura y se conserva un tesoro desde que sale del mar, a continuación os lo detallo:

Conservación y Restauración:

Una vez que un objeto llega a la superficie, es limpiarse de inmediato en agua de mar, la fecha de su descubrimiento en inscribirse en la etiqueta, y se coloca en un tanque de desalinización. El tanque se llena con agua de mar del 50% y 50% de agua dulce, con el fin de evitar el deterioro debido a violentos ósmosis. Después de un par de días se coloca en agua dulce, que se renueva continuamente. La salinidad del baño se mide constantemente con el fin de determinar si el objeto puede secarse sin daños. En tierra, un diseño más complejo que el proceso de desalinización se ejecuta, utilizando agua destilada. Materiales orgánicos se mantienen en un medio ambiente húmedo a bordo, y son tratados en la tierra.

Después de que el proceso de desalinización, el objeto se describe, medido e inventariado. Una segunda etiqueta baring un pre-impreso el número de inventario se adjunta a la red. Toda la información es entonces entró en una base de datos con las correspondientes fotos.

En general, la cerámica sigue siendo a menudo son los primeros objetos que puedan ser estudiados y fecha, ya que dicen mucho sobre los hábitos de consumo y canales de comercio de un determinado período. Cerámica está siendo limpiado mediante microburins y escalpelos para eliminar los depósitos y conchas. Una vez que el submarino sedimentos se han limpiado, el objeto es estudiado cuidadosamente en referencia a la forma, la textura y la decoración con el fin de determinar su procedencia y fecha. Cada pieza, o una nave se describe, medido, numerado, fotografiado, y señalan, y introducir los datos en la base de datos. Tras la desalinización, la cerámica se restablezca. Los fragmentos están pegadas, si fuera necesario, las lagunas están llenas y un tinte se aplica. Objetos frágiles se consolidan con una resina.

Material orgánico requiere rápida y delicado tratamiento tan pronto como se ha recuperado. Después de la desalinización, el material se seca lentamente y el exceso de agua es progresivamente sustituido por una resina, por lo que el volumen del material se mantiene.

Los metales como bronce, plata, plomo y hierro se corroe tan pronto como estén expuestos al aire. Oro, por otro lado, sigue siendo completamente inalterada. Además de la desalación, los metales se bañaron en una regulado y preciso sistema de química o electroquímica tratamientos. Restauración se lleva a cabo químicamente y ultrasonido. Los objetos se reavivó luego químicamente estabilizado y cubiertas con un barniz de cera.

Fotos:

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LOS DIOSES QUE BAJARON DE SIRIO

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El reciente descubrimiento de que Sirio es, en verdad, un sistema estelar triple, está levantando todo tipo de controversias. Y es que, lo que nuestra astronomía acaba de reconocer, era ya sabido por pueblos antiguos como los egipcios o la tribu de los dogones en Malí. Y lo sabían, al parecer, porque un día descendieron unos “dioses instructores” de ese sistema y se lo contaron. La noticia nos sobrecogió. Dos investigadores franceses, D. Benest y J.L.Duvent, hacían público hace escasas semanas el resultado de sus últimas investigaciones en torno a la estrella, la más brillante del firmamento y ubicada a unos 8,7 años luz de la Tierra. Según sus conclusiones Sirio es, en verdad, un sistema estelar formado por tres estrellas y no por dos, como desde mediados del siglo pasado asegura nuestra astronomía; y lo pudieron averiguar al estudiar con detenimiento las variaciones en la órbita del sistema de Sirio desde 1862 hasta nuestros días, lo que les llevó a pensar que un tercer cuerpo estelar estaba influyendo en su recorrido. Benest y Duvent dedujeron, además, que la nueva Sirio C es una nenana roja, una clase de estrella quinientas veces menos masiva que el Sol y muy poco brillante, para cuyo descubrimiento óptico -que todavía no se ha confirmado- ser necesario utilizar los más potentes telescopios en un futuro inmediato.

Pero lo que realmente nos sobrecogió de la noticia fue que la conclusión a la que han llegado estos dos investigadores galos recientemente, era ya de sobra conocida por algunos de los pueblos más antiguos de África, como los egipcios y los dogones. Estos últimos, que actualmente viven en la planície de Bandiagara, en las montafias Hambori de Mali veneran desde tiempos inmemoriales a la estrella Sirio a la que parecen conocer hasta en sus detalles más íntimos. En 1931 el antropólogo francés Marcel Griaule visitó por primera vez a esta tribu, descubriendo que en sus tradiciones más sagradas y secretas se hablaba de una estrella compañera de Sirio, a la que llamaban Po Tolo, y de la que sabían que tarda cincuenta años en completar una órbita en torno a ésta y que, además, es extraordinariamente densa, lo que es rigurosamente cierto. Por si esto fuera poco, los dogones sabían de la existencia una tercera estrella a la que llaman Emme Ya (y que corresponde a la recién descubierta Sirio C), de la que dicen es “cuatro veces más ligera que Po Tolo aunque que tarda el mismo tiempo que ésta en completar su órbita alrededor de Sirio A.

Aquellos conocimientos, que Griaule completó quince años más tarde con otras investigaciones de campo que realizó junto a la etnóloga Cermaine Dieterlen, fueron considerados en principio pura mitología; pero aún con todo, en medios académicos, escépticos como E.C. Krupp, director del Observatorio Criffith de Los Ángeles y uno de los m s reconocidos especialistas mundiales en arqueoastronomía, reconocieron que -además de su conocimiento sobre Sirio- era difícil explicar cómo conocían también los anillos de Saturno o las cuatro lunas galileas de ]úpiter, descubiertas por Galileo Galilei siglos después de que los dogones hablasen de ellas, gracias a su primer telescopio.

LOS ORIGENES DEL SABER
Además de los dogones, otros pueblos vecinos como los Bambara, los Bozo de Segu y los Miniaka de Kutiala, comparten desde tiempos inmemoriales idénticos conocimientos sobre Sirio, en torno a cuyo sistema gira buena parte de la vida ritual de estas gentes. Cada cincuenta años, por ejemplo, y cumpliendo estrictamente con el “ciclo u ¢rbita de Sirio B alrededor de Sirio A, estas tribus celebran sus ritos de renovación a los que llaman Fiestas Sigui, en honor a Sigui Tolo que es como conocen a Sirio A. Es entonces cuando elaboran complejas máscaras de madera para celebrar la entrada del nuevo ciclo, que después almacenan en un lugar sagrado y donde los arqueólogos han podido encontrar piezas que datan, al menos, del siglo XV Ahora bien, ¿de dónde obtuvieron los dogones en ‚ época tan remota sus precisos conocimientos astronómicos?

Griaule y Dieterlen prefirieron limitarse a describir aquello que les fue transmitido por los hogon, o jefes de cada pueblo iniciados en el secreto de Sirio, sin hacer una valoración de sus hallazgos. Pero en 1970 Cenevieve Calame-Griaule publicó en un libro que tituló Génesis Negro, algunas de las notas que su padre Marcel no se atrevió a dar a la luz. En ellas se describía c¢mo los dogones creían en un dios hacedor del Universo al que llaman Amma, que mandó a nuestro planeta a un dios menor, al que conocen como Nommo, para que sembrara la vida aquí. Nommo descendi¢ a la Tierra y trajo semillas de plantas -describe una de las tradiciones recogidas por Griaule de boca de un hogon llamado Ogotemmeli-, que habían ya crecido en campos celestes… Después de crear la Tierra, las plantas y los animales, Nommo creó a la primera pareja de humanos, de los que más tarde surgirían ocho ancestros humanos, que vivieron hasta edades increíbles.

LA CONEXION EGIPCIA

De Nommo, los dogones dicen también que era una criatura anfibia -probablemente muy parecida al dios babil¢nico Oannes-, y que regresó al cielo en un arca roja como el fuego después de cumplir con su tarea. Pues bien, con todos estos datos, en 1976 Robert K.C. Temple, un lingüista norteamericano miembro de la Royal Astronomical Society británica y afincado en Londres, publicó un osado libro que tituló El Misterio de Sirio, en el que aventuró que Nommo fue un extraterrestre que dejó en la Tierra, hace entre siete y diez mil años, toda clase de pistas sobre su origen estelar. “Cualquier otra interpretaci¢n de las citadas pruebas no tendría sentido, concluyó Temple. Y quizás no le faltase raz¢n, pues sus argumentos,lejos de haber sido refutados con el tiempo, se ven reforzados por descubrimientos como el de Sirio C que ya anunció en su obra hace casi veinte años. Pero el conocimiento del sistema triple de Sirio no fue patrimonio exclusivo de los dogones y de los pueblos vecinos, lo cual nos obliga a abrir aún más el radio de esa supuesta influencia extraterrestre en el pasado. Los antiguos egipcios, por ejemplo, mostraban una gran veneración hacia la “estrella del Perro o Sirio, que se encuentra en la constelación del Can Mayor. Fue sir Norman Lockyer, astronómo británico fundador de la revista Nature, el primero en darse cuenta de que muchos templos egipcios estaban alineados hacia Sirio, cuya aparición y desaparición en los cielos sirvió como base a uno de los dos calendarios usados en Egipto. El primero de ellos era de uso popular y de escasa complejidad matemática estableciendo la duración del año en 365 días exactos, pero el basado en Sirio además de servir para fechar cuestiones sagradas y dinásticas, se fundamentaba en observaciones astronómicas extraordinariamente precisas y establecía la duraci¢n del año en 365,25 días. Se comprobó, por ejemplo, cómo muchos de los templos egipcios, orientados hacia el sol naciente (lo que dio pie a que los arqueólogos especulasen con la existencia de una religión solar), estaban flanqueados por dos obeliscos que, ubicados en un lugar previamente determinado, servían a los sacerdotes para ver sobre la línea del horizonte por donde salía el sol a lo largo del año, pudiendo marcar así el inicio de los solsticios de verano e invierno. Aquel control del Sol sirvió a los egipcios para comprobar que había un día en el que Sirio y el Sol salían por el mismo punto. Comprobaron igualmente que cada cuatro años Sirio se retrasaba un día en acudir a su cita, lo que originó el ciclo de Sirio o sóthico en honor de la diosa Isis o Sothis que se cumplía cada 1460 años; es decir, pasado ese periodo de tiempo el calendario sóthico y el vulgar volvían a coincidir al inicio del año nuevo (1460 años X 0,25 días de error = 365 días). Este calendario sóthico ha permitido fechar con precisión acontecimientos que su cedieron 43 siglos antes de Cristo, lo cual demuestra que hace ya más de cuatro mil años los egipcios conocían estos ciclos. ¿Cuándo, pues, hicieron ‚ éstos sus observaciones de Sirio para establecer su calendario? ¿Acaso fue este un conocimiento llegado por los mismos dioses de los dogones y una nueva pista sobre su origen? La identificación de Sirio con la diosa Isis (la Señora de los Dos Fuegos), refiriéndose a sus dos estrellas más grandes, A y B) fué confirmada hace ya varias décadas por los estudiosos Otto Neugebauer y Richard Parker, Lo que nunca supieron interpretar fue el por qué‚ en la iconograféa egipcia Isis iba a menudo acompañada de las diosas Anukis y Satis, que ahora, desde luego, pueden entenderse como Sirio B y Sirio C. Otra clave simbólica puede tener que ver con Osiris, mitológicamente hermano y compañero de Isis y encarnación de la Tierra, cuyo nombre en jeroglífico es representado frecuentemente como un ojo sobre o bajo un trono, lo que podría dar lugar a pensar en la rotación de nuestro planeta (y, por ende, de todo el sistema solar) en torno a Sirio. No en vano Kant definió a Sirio como “el Sol de nuestro Sol”, hipótesis que llevó a muchos astrónomos decimonónicos a establecer la distancia entre Sirio y nosotros como “unidad astronómica. Y lo chocante es que los dogones conocían a Sirio A también como la “estrella sentada”. ¿Simple casualidad?

para seguir leyendo pinchar aquí:lacomunidad

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La consideración del Faraón como mago en el Antiguo Egipto

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Los magos en Egipto tuvieron la consideración de ‘funcionarios de Estado’. Ellos eran los encargados de ejercer la magia como sacerdotes, en sustitución del propio faraón, el mago por excelencia de todo Egipto, pues él poseía las Dos Coronas que eran los más poderosos instrumentos mágicos. Estos profesionales de la magia, por así decirlo, ejercían sus funciones dentro de un marco oficial, como parte del sistema de orden y organización del cosmos y del mundo egipcio, y pertenecían a un estamento profesional formado en las Casas de la Vida de los templos.
Conforme al pensamiento egipcio la magia consistía en la facultad de poseer el ‘Heka’, o poder mágico.

El ‘Heka’ era un atributo de los dioses y, por extensión, del rey, y tenía por finalidad y fundamento el conocimiento de la naturaleza del universo y de los medios sensibles, para controlarlos en bien de la humanidad y de la creación.

Así pues, el primer y más importante propósito de la magia consistía en prestar la colaboración humana para facilitar el cumplimiento de los planes divinos; y su principal actuante, era el rey.
Si el rey, dotado ‘per se’ de Heka, tenía entre sus principales obligaciones el mantenimiento de la creación del primer día, como sucesor que era de los dioses sobre la tierra, su poder mágico estaba principalmente encaminado a garantizar que la vida diaria y cíclica en la tierra de Egipto estuviese permanentemente asegurada por la celebración de los ritos en los templos y por la fuerza de su propio poder.

El rey era el oficiante por excelencia. Él era el ‘Señor de los Ritos’ y el ‘Señor de las Coronas’. Estos eran los dos atributos de naturaleza especialmente mágica que se recogían en las titulaturas o nombres de los reyes.

La condición de ‘Señor de los Ritos’ equivalía a ser dueño, propietario, titular de todas las actuaciones mágicas. Él conocía todo lo necesario para mantener la vida; la noche y el día; el sol, las estrellas, la luna y los planetas.

Él tenía el poder para hacer crecer el Nilo en su tiempo. El faraón poseía el conocimiento de las actuaciones mágicas para neutralizar a los enemigos de los ‘Nueve Arcos’, las nueve naciones enemigas tradicionales de Egipto.

Como ‘Señor de los Ritos’, el rey ordenaba al cielo y a la tierra, porque había sido iniciado y sabía lo que había más allá de la vida terrena. El rey controlaba por la magia los vientos del sur y los vientos del norte. Ellos eran sus nodrizas. Respirando el viento del norte se beneficiaba de una abundancia vivificadora.

Tenía los medios para poseer los cuatro vientos celestes que no podían oponerse a su voluntad. Tenía la virtud de combatir las tormentas del cielo. Estaba facultado para dispersar las nubes cargadas de lluvia y, según los Textos de las Pirámides, subido sobre una nube podía llegar a alcanzar la luz divina.

Con su poder, el rey era capaz de vencer los elementos desencadenados y convertirse en un viajero cósmico, en el más allá.

Todo lo dicho era así porque él había sido concebido y puesto en el mundo, a partir de la energía primordial para gobernar todos los reinos o colinas primordiales. Los textos así lo indican: ¡Ve, oh rey! ¡Que puedas gobernar las colinas de Horus. Que puedas gobernar las colinas de Seth. Que puedas gobernar las colinas de Osiris!

Esto demuestra que el faraón era para el mundo egipcio el centro del Pensamiento Creador, era el medio a través del cual el universo creado se hacía visible y sensible a los ojos del resto de los mortales.

Engendrado por la tierra y el cielo, era el heredero del trono del dios Gueb, y el hijo de todas las potencias divinas que le permitían ser, a su vez, el padre alimenticio de toda la creación que de él dependía.

Como ‘Señor de las Coronas’, de la Corona Roja y de la Corona Blanca, él era el dueño de su poder mágico. Ellas eran su protección. El rey podía ordenar a la Corona Roja, terrible serpiente de fuego, para que se le aclamase como faraón, al igual que ella era aclamada.

Las dos coronas eran las madres del rey; la Corona Roja le amamantaba; la Corona Blanca le daba la posesión de la tierra. Cuando el rey colocaba la Corona Blanca sobre su cabeza, ella era como la cabeza del propio dios Ra. Cuando ceñía la Corona Roja, se abrían para él las puertas de las regiones luminosas, porque se había convertido en el dueño del ureo cuyo nombre era ‘la que es Grande de Magia’.

Esta terrible serpiente de fuego otorgaba al rey sus poderes mágicos. Nadie más podía poseerla porque solo él conocía las palabras mágicas que la aplacaban. Con su posesión el faraón podía obtener de la Corona que le temiesen como ella era temida; producir el terror como ella podía hacerlo; ser aclamado como a ella se la aclamaba y ser amado como ella era amada. Ella era quien entregaba al faraón los dos cetros, Heka y Nehaha, el poder mágico y la eternidad, para gobernar a los seres vivos y a todos los Aj, o seres luminosos.

La Corona Blanca, la diosa madre de Nejen, también tenía atribuidos poderes semejantes. Ella era la Grande que protege a Horus, en medio de las dos enéadas. Por ella, el faraón era como el mismo dios Ra.

Faraón aparecía en gloria ante los dioses provisto de la luz divina, y su aparición radiante bajo las Dos Coronas, le hacía, como a Ra al amanecer, Señor del Alto y del Bajo Egipto. El temor surgía en todos los corazones cuando el rey, el mago por excelencia, se mostraba revestido de todo su poder y toda su gloria.

De la obra Los magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002
Autor: Francisco J. Martín Valentín

Informa:tendencias21

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La pirámide de Meidum

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Su nombre antiguo: ” la pirámide estable ”
Altura original: 93.5 metros
Lado de la base: 147 metros
Ángulo: 51E50`35″

Foto:

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TEREBINTO

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Es una higuera salvaje de donde se obtiene la trementina. De madera dura, de él se obtiene la trementina. Sus frutos son rojizos pero que conforme van madurando se transforman en negros.
Posiblemente el terebinto pueda identificarse con el árbol que los egipcios denominaron Ayebaty nefer de donde se obtenía una resina de cualidades purificadoras y fuerte olor, con marcadas propiedades mágicas.
Se asoció a Hathor-Jentet-itenus y fue emblema de las ciudades de Licópolis (Assiut) y Cusae.

Foto:

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Jean François Champollion

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La Piedra de Rosetta, encontrada en Rosetta, cerca de Alejandría en 1799. El texto es tres escrituras diferentes: jeroglíficos (parte superior), demótico (centro), y griego (abajo).

La inusual monumento fue inmediatamente enviada al Instituto Nacional en El Cairo, una institución que los franceses bajo Napoleón había creado, para el estudio de los artefactos que eran la recolección. Expedición de Napoleón a Egipto, en 1798, había sido no sólo militar, sino científica: él había organizado un equipo de 167 científicos, miembros del cuerpo de globo, ingenieros, impresoras, geómetras, astrónomos, zoólogos, botánicos, artistas (incluidos los pintores , Diseñadores, poetas y sculpters), matemáticos, economistas, periodistas, y así sucesivamente, para sondear el país y, más tarde, a publicar un informe completo sobre sus hallazgos en la Descripción de l’Egipto, a355 obra monumental de dieciocho volúmenes, con ilustraciones.
Aunque nadie puede leer las inscripciones, todos eran conscientes de que el texto trilingüe abrió la posibilidad de descifrar el jeroglífico. Los británicos, congnizant plenamente la oportunidad que representaba la piedra, se trasladó militarmente contra los franceses, y después de la capitulación en 1801, confiscó todos los artefactos el francés había reunido-en especial la Piedra de Rosetta, que envió a la British Museum de Londres.

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