Iconografía y modos de representación en el Arte Egipcio

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Iconografía y modos de representación

Los relieves y pinturas que aparecen en las tumbas revelan la riqueza de la iconografía egipcia: representan principalmente creencias religiosas en escenas de banquetes funerarios con ofrendas y cortejos fúnebres, o aspectos de la vida cotidiana, ya sean victorias, rituales de adoración, o la cría y cultivo de especies animales y vegetales. Junto a las escenas se incluyen inscripciones jeroglíficas, que forman parte de la decoración y, a la vez, explican lo representado. Se ubican en registros, horizontales o verticales, que se distribuyen de forma aleatoria.

Estas inscripciones están, a veces, coloreadas y suelen haber sido realizadas con un cuidado extraordinario; la relación entre escritura e imagen es tan estrecha que no puede entenderse la una sin la otra, como parte de un mismo relato plástico-textual. La forma de representar las escenas es bidimensional, a través de contornos que definen la forma de las figuras y las cosas, renunciando, pues, a la profundidad, aunque a veces esta queda sugerida mediante la repetición del perfil o la superposición. Ello implica ciertos convencionalismos respecto a la figura humana, como la adopción del frente para algunas partes del cuerpo, como el torso o los ojos, y el perfil para la cabeza y piernas, y el adelantamiento de la pierna que está más alejada del espectador.

Las figuras principales son también mayores que las secundarias.

Desde un punto de vista técnico las diferencias entre relieves y pinturas son evidentes: el relieve, que por su poco bulto se denomina bajorrelieve, se obtiene mediante la talla de una superficie pétrea, en tanto que la pintura, de carácter mural, se realiza al fresco, con colores disueltos en agua de cal y extendidos sobre una capa de estuco fresco, a la que se añaden toques de temple, procedimiento en el que los colores se mezclan con una cola soluble. Pero, dado el carácter policromado del relieve y el tipo de representación lineal que utiliza, este se aproxima a la pintura, por lo que ambos deben considerarse vinculados, tanto en lo que se refiere a la función como al sistema de representación. El relieve alcanzó su perfección durante la V y VI dinastías, en tanto que en el Imperio Medio empezó a sustituirse por la pintura, que alcanzó una gran autonomía, como especialidad, durante el Imperio Nuevo, como revelan las pinturas de la tumba del visir Ramose.

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Las Estatuas

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Las estatuas

Aunque en los templos hubo estatuas de dioses realizadas en ricos materiales y, por eso, perdidas, la mayor parte de las esculturas de bulto redondo que nos han llegado representan al faraón o su familia, y casi siempre iban destinadas a las tumbas, con el fin de albergar su ka. El material más empleado es la piedra.

Las características formales de estas piezas son las siguientes:

En primer lugar la frontalidad, que supone la visión de la figura desde y hacia el frente, percepción acentuada al adosar, con frecuencia, un fondo vertical.

La rigurosa simetría del cuerpo respecto a un eje. La inexpresividad de los rostros, que no evidencia rasgos particulares sino una imponente severidad.

El carácter sucinto y robusto de la anatomía, que tiende a representar rasgos idealizados, con los brazos pegados al cuerpo, caídos o doblados sobre el pecho.

Un acusado estatismo, que se ha relacionado con la idea de eternidad.
Se aprecian algunas diferencias de género, como el hecho de que los hombres adelanten la pierna izquierda, mientras las mujeres mantienen los pies juntos, y, en el caso de las piezas policromadas, se diferencia el tono de la piel (oscura en el hombre; clara en la mujer), como en las estatuas del príncipe Rahotep, hijo del faraón Snefru y Nofret.

También hubo representaciones en las que, frente al carácter estereotipado del faraón y las divinidades, se intuye un cierto realismo, en general ausente del arte egipcio. Así, el Escriba sentado, en caliza policromada, parece una figura más humanizada, en el momento de realizar su trabajo, incluso con una cierta expresión reflexiva, y en el llamado Alcalde de pueblo, en madera, se reconoce un tipo humano muy corriente. El estilo de estas estatuas permanece casi inalterable durante varios siglos.

No obstante, en algunas obras del Imperio Antiguo hay un deseo de reproducir los rasgos del faraón, frente a la uniformidad del Imperio Medio. Únicamente durante el reinado de Amenhotep IV (hacia 1380 a.C., dinastía XVIII) se produjo un cambio importante conocido como período de Tell-el Amarna, donde el faraón situó la nueva capital e impuso el culto al dios solar Atón, al que solo adoraban él y su familia: el retrato de su esposa Nefertiti evidencia algunas novedades, como las proporciones alargadas, que, junto a otros rasgos de la fisonomía, también se aprecian en los relieves.

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El Enigma de la Esfinge. ¿Es Realmente muy Antigua?

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Por Georgeos Díaz Georgeos@archaeotour.com Director de La Revista de Egiptología http://RevistadeEgiptologia.sitio.net/

Especulaciones sobre una Remota Antigüedad

En Honor a la Verdad, desearía puntualizar algunos detalles muy capitales en torno a la presunta elevada antigüedad que algunos atribuyen a la Esfinge basándose en la erosión general que presenta el monumento. Se ha llegado a afirmar que debido al gran desgaste o erosión que presenta la Esfinge esta debió haber sido construida o esculpida hace alrededor de unos 10.000 o 12.000 Años antes del Presente (A.P.) en vez de los 4.500 A.P que estima la egiptología académica.

Hace años, en uno de mis viajes a Egipto, realicé un estudio directo sobre este monumento (siempre con los permisos adecuados) y pude comprobar “in situ” que en efecto, existe una marcada, evidente e innegable erosión en el cuerpo de la esfinge que no solo es pluvial, sino también eólica; en realidad más eólica que pluvial. Pues bien, esto es un hecho innegable, como también sería innegable calcular una antigüedad mayor para este proceso de erosión, pero… hay algo que aún, increíblemente, nadie ha notado y que sin embargo es aún más evidente todavía; me refiero al hecho de que las marcadas erosiones pluvio−eólicas que apuntan a una posible mayor antigüedad sólo se registran sobre el cuerpo, que como es sabido es una roca o promontorio natural que fue reutilizado para conformar el cuerpo de la Esfinge mediante la adición de bloques de caliza de la misma cantera inmediata. Mucha gente no sabe aún este detalle tan capital.

Así pues, la Esfinge no es una gran escultura en realidad, es simplemente un monumento petromórfico que en lenguaje artístico es más o menos la creación de un monumento o “escultura” mediante un ligero retoque de una roca o preforma, previamente seleccionada por contener unas características peculiares que sugieren la idea de la obra a realizar. Así pues, si una roca determinada presenta una forma que recuerda o sugiere a simple vista un gran cuadrúpedo, alguien, con muy poco esfuerzo, podría retocarla hasta darle la forma de un toro, por ejemplo.

Análisis Geológico de la Erosión

Pues bien, como apuntaba, la Esfinge es un monumento petromórfico creado sobre la base de un promontorio natural alargado, que fue ligeramente retocado y cubierto por bloques hasta conseguir la forma deseada del cuerpo de un león echado. En realidad, la verdadera escultura en toda la Esfinge es la cabeza, y es precisamente en esta donde no solo no se aprecian esas marcas de la gran erosión pluvio−eólicas del resto del cuerpo, sino que apenas se observan huellas de erosión de ningún tipo. El mayor daño o deterioro que se observa en el rostro de la Esfinge ha sido causado por la acción del hombre como lo demuestran los registros históricos. La Cara de La Esfinge fue usada como diana de armas de fuego, hace varios siglos, por parte de algunos fundamentalista religiosos.

En resumen: Si las marcas de esa erosión pluvio−eólicas que apuntan a una posible remota antigüedad sólo se encuentran en la parte del cuerpo que pertenece a la roca estructural o natural, por debajo de los bloques de encubrimiento, y no en la parte que realmente ha sido tallada por la mano del hombre, entonces ya podrían sugerir esas marcas de erosión la antigüedad que sea, que eso no serviría en lo más mínimo para deducir de ello también la misma antigüedad al monumento entero, porque, en última instancia, estas marcas de erosión sólo estarían arrojando la antigüedad de la última gran erosión natural que afectó a la roca natural, erosión que pudo haber sido, justamente, de varios miles de años antes de que los egipcios decidieran cubrirla de bloques, retocarla y tallarle una cara con tocado hasta conseguir la Esfinge que hoy conocemos.

Las marcas de erosión pluvio−eólicas que apuntan a una mayor antigüedad sólo se hallan en esa intensidad sobre el cuerpo de la roca natural, no sobre los bloques usados para cubrir y dar forma al monumento, ni mucho menos sobre la cabeza de la Esfinge. De hecho, no bastaría más que observar una buena fotografía en primer plano de la cabeza de la Esfinge para notar que la mayoría de los ribetes de la peluca de la Esfinge (el Nemes) que han perdurado están tan bien conservados, sin apenas desgate alguno, que parecen incluso mucho más reciente aún que las fechas aceptadas por la egiptología académica. Resulta incluso difícil pensar que hayan pasado varios miles de años desde que se talló la cabeza de la Esfinge al observar el bajo nivel de desgaste que ha sufrido la Cabeza a vista cercana.

En las fotos se puede observar en el tocado Nemes como las partes que se han conservado, que presentan las líneas horizontales o ribetes, están perfectamente delineadas. En general se puede apreciar que la cabeza está muchísimo más conservada que el resto del cuerpo de la roca natural sin cubrimiento o sea, del cuello para abajo. Cualquier geólogo sabe que siendo el material de la roca de la Esfinge una caliza, bastante blanda por supuesto, es muy difícil que un monumento que llevara miles de años a la intemperie pudiera conservar casi intactas estas pequeñas incisiones o cortes horizontales realizados para representar el rayado de la peluca Nemes, cuyos bordes aún en algunos tramas son casi cortantes y agudos. En un proceso de erosión cualquiera, ya sea eólico o pluvial, lo primero que se viene abajo, hasta casi desaparecer, serían estos delgados ribetes o bordes afilados. Solo es cuestión de tiempo, y en el caso de la caliza de solo unos cuantos cientos de años. No se necesitarían ni tan siquiera más de 1000 o 2000 años.

Según este análisis geológico del grado de erosión claramente observable sobre la cabeza de la Esfinge, no puede sustentarse de manera seria y rigurosa una antigüedad mayor que la admitida por la egiptología académica, nos guste o no.

Insisto en que, desde este punto de vista, parece incluso mucho más reciente la Esfinge.

Espero que estas consideraciones les resulten de interés. No soy partidario de ninguna corriente o escuela teórica. Me da igual si la Esfinge es de hace 10.000 años, 4.000 o sólo de apenas unos 2000 años. Solo me interesa la búsqueda de la verdad, esté donde esté, sea cual sea y caiga quien caiga. Aunque sea esta posible verdad, que ahora propongo, la que caiga.

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Ciudades Sagradas: Las Cuatro Hierópolis de Egipto: Heliópolis, Menfis, Hermópolis y Tebas

CIUDADES, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Las ciudades egipcias no fueron, solamente, espacios de residencia, sino que conformaron todo un núcleo evocador de los elementos más importantes de la Historia de Egipto. En ellas se crearon y evolucionaron no sólo los aspectos diplomáticos, políticos o comerciales, sino que, fundamentalmente, fueron el receptáculo de las concepciones religiosas de su tiempo −casi siempre garantes de la
legitimidad del faraón como soberano− y caldo de cultivo de la concepción cosmogónica egipcia tal y como hoy la entendemos.

La historia de ciudades consideradas en algún momento de su desarrollo como “sagradas”, nos permite actualmente conformar un organigrama capaz de aunar la compleja evolución de la religiosidad de los egipcios en íntima concordancia con sus visicitudes políticas. Estas son las cuatro ciudades cuya existencia creó, en el espíritu egipcio, la conciencia de formar parte de algo más que de una simple civilización terrena: Heliópolis, Menfis, Hermópolis y Tebas.

LAS CUATRO CIUDADES SAGRADAS

HELIOPOLIS

Llamada Iun, “ciudad del pilar” por los egipcios y On en la Biblia, es una ciudad situada en la entrada del delta y desempeñó un importante papel en el comienzo de la historia egipcia, aunque no obstante se ha descartado que fuera capital durante la época predinástica. Su apogeo lo obtuvo durante la V Dinastía, al extremo de que existe una leyenda que atribuye el nacimiento de la misma a tres hermanos nacidos de la unión del dios Ra (más correctamente Re) con una de sus sacerdotisas. Sea o no cierta esta leyenda, lo cierto es que la clase sacerdotal de aquella época atesoró una gran influencia y poder, hasta el punto de que, desde entonces, los faraones incorporarían el nombre de Raal suyo propio, erigiéndole en su honor grandes templos coronados de obeliscos (símbolo de esta divinidad) con el mismo entusiasmo a como lo hicieron con las pirámides sus predecesores, e imbuidos igualmente de la misma religiosidad. Sí sabemos, en cambio, que fue entre las paredes de sus templos donde se desarrolló el culto solar con el predominio del dios Ra (identificado con Atum), dios tutelarde la ciudad. Bajo el desarrollo de este culto, sus sacerdotes crearon la gran Enéada, en cuyo sincretismo trataron de explicar la cosmogonía de la Creación bajo los atributos de nueve dioses considerados el eje de esa misma creación: el mencionado Atum asociado a Ra; sus hijos Shu (el aire o la atmósfera) y Tefnut (la humedad), que forman la primera pareja divina; sus nietos Gueb (la Tierra) y Nut (el aire o la atmósfera), y los hijos de éstos conformando las parejas Osiris e Isis y Set y Neftis.

Esta Enéada configuraba un panteón unitario, o al menos era un intento de hacerlo en este sentido. Ultérrimamente se basaba en la recopilación de una serie de tradiciones y leyendas interrelacionadas entre sí. Estas tradiciones servían a los sacerdotes para orientar no sólo la religiosidad de los egipcios, sino que del mismo modo dirigían la cultura, conservaban sus tradiciones y fomentaban la enseñanza y los valores morales imperantes. Del sacerdocio heliopolitano son también las ideas teológicas reflejadas en los “Textos de las Pirámides”.
En Heliópolis se llegó también a adorar a la piedra sagrada benben que, probablemente, era una muestra del extenso culto en la antigüedad (y que también pervive en las tradiciones actuales) a las piedras aisladas, a las que se atribuía propiedades singulares. Aunque el original ya no existe, los testimonios pictóricos indican que se trataba de una piedra en posición derecha y con el borde superior redondeado. Esta piedra pronto derivó como prototipo de una serie de símbolos arquitectónicos y, con este carácter, reaparece esporádicamente en su forma primitiva a lo largo de la historia egipcia. El faraón Ajenatón, por ejemplo, colocó una piedra benben con el borde redondeado en uno de sus templos consagrados al Sol en El−Amarna. A su vez, el faraón Sesostris III (Dinastía XII) habría de erigir antes una versión más alargada en el Fayum, en el yacimiento de Abgig.

Con el tiempo, el borde redondeado se convirtió en una pirámide, y la piedra entera en un obelisco truncado. De este modo comenzaron a construirse versiones monumentales de aquella forma, que fueron el foco de atención de los templos solares asociados a las pirámides de los reyes de la V Dinastía (cerca de la ciudad de Abusir), y a las cúspides apuntadas de las pirámides y a los obeliscos se les llamó por la forma femenina del nombre: benbent. Pero, ¿por qué el nexo con el Sol? Al parecer, los teólogos recogieron el parecido de la secuencia consonántica entre benben y el verbo webwn, “brillar”, “alzarse” (refiriéndose al Sol). La similitud verbal proporcionó un vínculo lógico. Así pues, por la práctica de los juegos lingüísticos teológicos, la piedra benben se transformó en el símbolo de la salida del Sol y la renovación de la vida. Por el mismo motivo, la garza (“fénix”), que en el egipcio antiguo era benu, se asoció al culto de esta piedra, llamándosele al templo de Heliópolis
“la Mansión del Fénix”.

Como capital del nomo XIII del Bajo Egipto, Heliópolis siguió desempeñando un papel altamente espiritual durante las épocas siguientes, y su clero llegó a constituir uno de los más importantes de Egipto. Incluso hoy día se tiende a explicar que la llamada “herejía” de Ajenatón tuvo nacimiento en las especulaciones de los sacerdotes de esta ciudad, a quienes favoreció concediendo el título heliopolitano de “Gran Vidente” al sacerdote de Atón. Ya en época griega, la ciudad (parcialmente descrita por Estrabón) conservaba todavía su importancia. Hoy día, de los monumentos que encerraba sólo se conserva un obelisco monolítico de 20,27 metros de altura erigido con ocasión de una fiesta a Sed (deidad perro−lobo asociada a la festividad del jubileo) por Sesostris I, según el relato de una de las inscripciones esculpidas en él. Este obelisco, que pertenecía a un templo construido por Amenemes I, se levanta ahora sobre la nueva ciudad de Heliópolis, cerca del aeropuerto de El Cairo.

MENFIS

Junto al extremo sur del delta, los primeros reyes tinitas levantaron una fortaleza denominada “el Muro Blanco” (Ineb hedy).

Para Herodoto y Manetón, fue Menes el constructor de dicha plaza fuerte, aunque otros autores afirman que fue Andyib (5 ó 6 faraón de la I Dinastía tinita). Sea como fuere, lo cierto es que los unificadores de Egipto comprendieron el interés estratégico de aquel emplazamiento, lugar en el que los dos rivales hallaban su equilibrio. “Horus y Set están en paz” –reza el Himno a Horus de la época de Shabaka (XXV Dinastía)−. “Están unidos los dos hermanos y no se combaten. Están en Het−Ka−Ptah, la balanza de las dos tierras, el punto donde los dos países se encuentran en equilibrio”. Actualmente se cree que sobre la vecina meseta de esta ciudad fueron enterrados los primeros reyes tinitas, lo cual es cierto en lo que se refiere a los tres primeros reyes de la II Dinastía, cuya capital debía encontrarse por los alrededores.

Posteriormente, los reyes de la VI Dinastía establecerían sus pirámides y su capital muy cerca del “Muro Blanco”. Sin embargo, sería Pepi I quien daría a la capital el nombre de Menfis de una manera absolutamente casual: su pirámide, cercana a la ciudad, se llamó Men Nefer (que significa “Belleza permanente” o “estable en la Belleza”), palabra que los griegos traducirían por Menfis.

Parece ser que incluso cuando Tebas se convirtió en la capital oficial del Imperio, Menfis no dejó de crecer y siguió siendo la ciudad más grande de Egipto, en la que los reyes siempre poseyeron un palacio y un harén. Así, vemos como en el Imperio

Nuevo fue la residencia del visir del Bajo Egipto y arsenal del país, además de ser el centro comercial de mayor importancia.

A partir de la dinastía XVIII acogería un santuario dedicado a las divinidades semíticas Baal y Astarté, lo que revela la importancia del elemento sirio−fenicio en aquel tiempo. De tanta opulencia sólo han quedado las necrópolis vecinas de las dinastías menfitas y las pirámides de algunos reyes del Imperio Medio. Gran parte de las piedras que sirvieron para la construcción de los monumentos de la ciudad y, en particular, del gran templo de Ptah, se emplearon para la construcción de El Cairo; el resto, ha quedado enterrado bajo los limos del Nilo. A pesar de todo, las excavaciones nos han devuelto un pequeño sector de aquella inmensa ciudad, cerca del moderno pueblo de Mit Raineh, cuyos principales vestigios son la colosal estatua de Ramsés II y una gran esfinge de piedra.

Por lo que respecta a las costumbres mágico−religiosas de Menfis (bajo la advocación de una nueva enéada), Ptah (el
Hefesto griego) es el dios principal, el herrero divino que se transforma en el fuego primordial y le confiere substancia.

Con ello vemos que los arquetipos enunciados por Atum en Heliópolis se materializan en Menfis con Ptah. A este respecto, en el documento del reinado de Shabaka que contiene la teología menfita, se denomina a las ocho hipóstasis o cualidades de Ptah “los neterw que ha cobrado vida en Ptah”. Por tanto, vemos aquí que Ptah encarna a los Ocho
Primordiales para convertirse después en Ta−Tenen, “la tierra que se eleva”, una evocación de la colina primordial. El texto añade: “Aquél que se manifestó como corazón, que se manifestó como lengua, semejante a Atum, es Ptah, el remoto, que dio vida a todos los neterw”. En este texto vemos cómo el corazón y la lengua “tienen poder” sobre todos los demás órganos, ya que la lengua describe lo que concibe el corazón. Del mismo modo, Ptah recrea la Gran Enéada y genera todas las cualidades de las cosas gracias al deseo de su corazón y el verbo de su lengua.

HERMOPOLIS

Hermópolis es una de las ciudades más antiguas del valle del Nilo. Su nombre, “ciudad de Hermes”, propuesto por los griegos, es el producto de la identificación de este dios griego con su equivalente egipcio Tot, “Señor de la escritura, los números, la medición y el Tiempo”. En realidad, a esta ciudad (capital del nomo XV del Alto Egipto) se le llamaba en egipcio Jemenu, que significa “ocho”, seguramente como evocación de la ogdóada (sistema cosmogónico formado por ocho dioses) propia de esta ciudad y de la que hablaremos más adelante.

Parece ser que Hermópolis, ya desde época predinástica, mantuvo una rivalidad religiosa −y sin duda también política− con Heliópolis. De cualquier modo, hoy día del templo de Tot y del resto de los monumentos de la ciudad no se conserva prácticamente nada, ya que sus piedras se utilizaron para producir cal. Disponemos, eso sí, de una colosal estatua que data de la época de Ramsés II y de parte de un pilono (término que designa las dos enormes torres que flanqueaban la puerta de piedra que da acceso a los templos) y de una sala hipóstila del reinado de Seti II.

Posteriores excavaciones han descubierto una ágora helénica rodeado de un pórtico de granito rosa de época griega. A poca distancia de la ciudad se encuentra la necrópolis de al−Bersa, donde al parecer se enterraban a los monarcas del nomo de la Liebre en el Imperio Medio. A su vez, y cerca de la población de Tuna al−Guebel, a una decena de kilómetros, está situada una segunda necrópolis donde han sido descubiertas importantes tumbas, como la de Petosiris (gran sacerdote de Tot) y el de una tal Isodora, una joven muchacha que se ahogó en el Nilo en el año 120 de nuestra era. Igualmente se han descubierto las catacumbas que hacían la función de necrópolis para los animales consagrados a Tot, entre los que se encuentran numerosas momias de simios e ibis. También ha sido hallada, sobre la pared escarpada que domina la vía de acceso a la necrópolis, una estela fronteriza de Ajenatón que representa a éste con Nefertiti y tres de sus hijas adorando al disco solar.

Por lo que respecta a la cosmogonía propia de Hermópolis, su principal característica es su conformación de ocho dioses, y no de nueve, como ocurre con las ya explicadas. Es de esta ogdóada de donde procede la descripción del Nun, el entorno primordial que refleja todas sus cualidades y características: “El (el demiurgo) creó a los Ocho. Formó un cuerpo como el del niño sagrado que surge de un loto en medio del Nun”. Los Ocho Primordiales, tal como se los concebía en Hermópolis, constituyen, por lo que se desprende del texto, una sola entidad. El Nun es concebido como una ciénaga, una burbujeante cuna primigenia en la que viven cuatro parejas de serpientes y ranas, llamadas Naum y Naunet, nombres con el doble significado de “las aguas iniciales” e “inercia”, Heh y Hehet, que significan “infinitud espacial”; Kek Y Keket, “la oscuridad”, y Amón y Amonet, “el que se oculta”. A veces, a esta última pareja la sustituye la formada por Niau y Niaut, “el vacío”.

Estas cualidades del estado primordial ha menudo han sido comparadas con las aguas primordiales del Génesis bíblico, cuando “la tierra carecía de forma y la oscurida cubría las profundidades”. Pero quizás sea más adecuado considerar al Nun hermopolitano, no como un caos primordial a la manera bíblica, sino como una sustancia indefinible, la fuente eterna e infinita del universo. No en vano, el loto, que tiene las raíces en el fango, el tallo en el agua, y las hojas y las flores en el aire recibiendo el rocío y los rayos del Sol, siempre ha simbolizado los cuatro elementos: “Vosotros (los Ocho) habéis hecho de vuestra simiente un germen (bnn) y habéis instalado esta simiente en el loto, vertiendo el fluido seminal; lo habéis depositado en el Nun, condensado en una sola forma, y vuestro heredero nace radiante bajo el aspecto de un niño”. En otro lugar, los Ocho son denominados “padres y madres de Ra”, pues el hijo que surge de este loto primordial es Ra, o Rê, principio de la luz.

TEBAS

A la antigua Uaset (la ciudad del cetro uas) la llamaron Thebai, Tebas, los griegos, sin que sepamos la razón de ese nombre.

Se ha sugerido que la pronunciación de los nombres egipcios Ta−ipet(Ipet−resyt era el templo de Luxor) o Djeme (Medinet Habu) daba un sonido similar al de la antigua ciudad beocia, pero esta explicación no parece ser muy convincente. No obstante, en el papiro Leyden I 350, se celebra a Tebas de este modo: “Tebas es el modelo de todas las ciudades. En el principio de los tiempos, el agua y la tierra estaban aquí dentro.

Llegaron las arenas que la cubrieron de suelo seco, que crearon un terreno en forma de montículo en ella, cuando apareció la tierra. Y así la humanidad apareció también en ella, con la intención de fundar todas las ciudades en su nombre. Pues todas ellas se llaman `ciudad´ a ejemplo de Tebas”. En este texto podemos observar dos cosas: primero, de nuevo aparece la imagen del monte primigenio que emerge de las aguas del caos constituyendo el primer acto de la creación. La segunda observación es de carácter meramente lingüístico, y es que podemos ver que sencillamente se llamaba a Tebas “la Ciudad”. Uaset ( o Tebas) se encontraba en el nomo IV del Alto Egipto, en su parte más meridional.

Su posición geográfica contribuyó grandemente a la importancia histórica de la ciudad: estaba cerca de Nubia y del desierto oriental, con sus valiosos recursos minerales y sus rutas mercantiles, y a la vez distante de los centros dominadores del norte. No en vano, fue en esta ciudad donde se gestó la sublevación contra los invasores extranjeros conocidos como hyksos. Después de ello, Tebas se afianzó como centro administrativo de la parte meridional del Alto Egipto, aunque su período de mayor esplendor llegaría con la XVIII Dinastía, cuando la ciudad llegó a ser la capital efectiva del país.

A lo largo de toda su historia sus templos llegaron a ser los más importantes y los más ricos de todo Egipto, y sus tumbas (situadas en su orilla occidental, llamada por ello con el nombre de “Uaset occidental”) las más lujosas jamás contempladas por un egipcio.

Es en este lugar (la necrópolis de Dra Abül Naga) donde se encuentra el testimonio más antiguo de la importancia de Tebas como capital del nomo, y donde se han descubierto algunas de las tumbas de sus monarcas, los Antef, que fue la familia gobernadora del nomo de Tebas a principios del III milenio a.C. Incluso a finales de la XVIII Dinastía y durante el período ramésida, cuando la residencia y el centro de las actividades regias se desplazaron hacia el norte (El−Amarna, Menfis y Pi−Riamsese), los templos tebanos continuaron con todo su esplendor, los monarcas continuaron siendo enterrados en el Valle de los Reyes, y la ciudad retuvo parte de su importancia en la vida adminsitrativa del país. Ya durante el III Período Intermedio, Tebas, con el sumo sacerdote de Amón a su cabeza, representó la contrabalanza a la soberanía de los reyes de las dinastías XXI y XXII, que gobernarían desde Tanis, en el delta, pero esta influencia tebana acabaría, finalmente, en el Período tardío. Los asirios terminarán por saquearla, por partida doble, en el siglo VII a.C. Aún así, Tebas se recuperaría para, al fin, morir dulcemente en medio de sus esplendores pasados, esplendores que todavía hoy atestiguan sus monumentos. Sin embargo, de lo que fue la propia ciudad, no subsiste más que los dos grandes templos de Karnak y Luxor, y es precisamente bajo la advocación de estos dos templos que los mitos tebanos presentan, no obstante, rasgos que desorientan al estudioso actual, pero que seguramente estaban perfectamente claros para los teólogos de su tiempo. Un ejemplo de ello lo tenemos en el modo de traducir Apet−Sut, que es el nombre del grupo de templos de Karnak consagrados a la tríada integrada por Amón, Mut y Khonsu. Sabemos que sut significa “lugar” y que apet designa a la hembra del hipopótamo, cuyo enorme vientre simboliza el útero en plena gestación. A su vez, esta palabra deriva de la raíz ip, que significa “contar” o “enumerar”. Por tanto, podemos traducir Apet−sut como “numerador de los lugares”, pero entonces cabe preguntarse por qué los sacerdotes identificaron la gestación con el acto de contar.

Otro aspecto oscuro es el hecho de por qué la Gran Enéada, compuesta por nueve entidades en Heliópolis y Menfis, es sustituida por quince en Karnak. O mismamente el extraordinario avance de Amón −según se deduce de los testimonios fechados a partir del 2.000 a.C−, hasta ocupar el rango más elevado.

Hasta ese instante formaba, junto con Amonet, una de las parejas de los Ocho de Hermópolis. ¿Por qué, entonces, a partir de ese momento, Amón, cuyo animal sagrado es el carnero, sustituye a Mentu, más antiguo y con el toro como animal sagrado? El prestigio y poder de Tebas una vez hubo expulsado a los hyksos no ayuda en la respuesta, pues en tal caso la supremacía correspondería al mencionado Mentu. Tal vez la respuesta la hallemos en la precesión de los equinoccios −fue en esta época cuando la posición del Sol en el equinoccio de primavera cambió de Tauro a Aries−, pero no tenemos la certeza de que los antiguos egipcios conocieran tal ciclo, o que los cambios de sus divinidades en lo que respecta a su influencia correspondiera con determinados ciclos astrológicos, si bien este aspecto sería, sin duda, un tema de estudio interesante.

Sea como fuere, lo cierto es que Amón tomó el predominio en la religión egipcia como dios supremo, y si bien no está del todo documentada la historia primitiva de este dios, es evidente que su preeminencia durante el Imperio Nuevo se debió al deliberado hincapié que hicieron sobre su persona los teólogos tebanos. Por una parte, y sin ver modificada su apariencia humana, se había transformado en el dios Sol, Amón−Re, siendo el destinatario de los himnos dirigidos al Sol. También se le representaría como la fuente de fecundidad de la Naturaleza, que podemos reconocer con más vigor en el culto a Min en Coptos, cuya imagen itifálica adoptó para sí. Finalmente, acabaría por adueñarse igualmente del mito del nacimiento divino
del faraón.

Todo ello no hizo sino conformar una nueva personalidad a un dios que hasta entonces sólo era secundario en la teología egipcia, algo que, bien mirado, podríamos definirlo como el “nacimiento de un nuevo dios”, si bien con elementos ya preexistentes. Quizás por ello sea Amón el mejor ejemplo que tenemos acerca de la evolución y transformación, más que de una divinidad, de sus funciones y cualidades, que al fin y al cabo era lo más importante en el modelo teológico egipcio. Con ello comprobamos que un dios podía cambiar su rango en algún momento de su historia por razones políticas o de otra índole, pero no así la escatología que se asimilaba a su persona, que era siempre la misma e inalterable, como si en la religión egipcia hubiese, más allá de las visicitudes teológicas, una verdad aceptada como eterna e incorruptible.

Georgeos@ArchaeoTour.com http://Atlantida.esmisitio.com/ http://RevistadeEgiptologia.sitio.net/

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Ciudadela de Qasr Ibrim

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El macizo central en arenisca de los tres que aparecían al sur de la aldea de Ibrim (nombre que probablemente deriva del clásico Primis), en la banda oriental del Nilo, era el más importante. El fuerte de Qasr Ibrim (“el castillo de Ibrim” no hay duda de que se alzó sobre cimientos faraónicos, como lo sugerían los numerosos monumentos reutilizados o aislados que se remontaban al Imperio Nuevo (el más antiguo es una estela del año octavo de Ame-Hotep I), y la estructura de un templo de Taharqa (con una pintura en la que el faraón aparee ofreciendo a un dios).

Algunas partes de la fortaleza fueron construidas durante la breve estancia de una guarnición romana bajo el prefecto Gayo Petronio, en el reinado de Augusto, época desde la que Qasr Ibrim continuó ocupada hasta comienzos del siglo pasado. Santuarios (capillas) excavados en la roca en el fondo del acantilado y dedicados al faraón reinante y a diversos dioses fueron obra de los virreyes de Kush durante las dinastías XVIII y XIX.

Durante la operación de salvamento, llevada a cabo mientras se construía la nueva presa de Asuán, fueron arrancados los relieves y trasladados a las proximidades de el-Sebua. La gran estela en piedra de Sethy I y del virrey contemporáneo de Kush, Amenemope, que se hallaba al sur del fuerte, ha sido trasladada a las proximidades del reconstruido templo de Kalabsha, en Asuán.

Qasr Ibrim

Sobre la líquida extensión del lago Nasser se yergue todavía la ciudadela de Qasr Ibrim, intacta aún gracias a su elevación; las excavaciones revelan que la ciudadela fue construida tras la retirada de los egipcios, entre el 920 y el 800 a.C., probablemente por nubios que, finalmente libres, sintieron muy probablemente la necesidad de organizarse y protegerse fortificando el lugar. En este período oscuro comprendido entre la retirada de los egipcios y el nacimiento del imperio de Kus, Qasr Ibrim tuvo quizás un papel importante sentando en parte y para ciertos aspectos las bases del futuro reino de Napata. Las excavaciones han puesto a la luz también los templos de Taharqa (XXV dinastía) y meroíticos, con restos de fortificaciones anteriores. La ciudadela está circundada por murallas romanas, y en su extremo norte se hallan los restos de la fortaleza de la misma época; las ruinas dominan la catedral cristiana, que fue sede episcopal del reino de Nobacia, antes y después de su unión con el de Makuria (siglos VI-XVI). La ciudadela fue después habitada por mamelucos y abandonada en el momento de su expulsión de Egipto, en 1812.

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Templo de Amada

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El templo de Amada fue construido originariamente por Thutmosis III y Amen-Hotep II, y estuvo dedicado a los dioses Amón-Ra y Ra-Hor-ajty. Posteriormente, Thutmosis IV añadió una sala hipóstila. Varios soberanos de la XIX dinastía, en particular Sethy I y Ramsés II, llevaron a cabo obras menores de restauración y decoración del templo.

En el templo de Amada figuran dos inscripciones históricas importantes. La primera, fechada en el año tercero de Amen-Hotep II, se halla en una estela redondeada en su parte superior y sita en la pared trasera (la oriental) del santuario. Dicho texto describe una campaña militar gloriosa desarrollada en Asia: “Su Majestad regresó con gozo a su padre Amón después de haber dado muerte con su propia maza a los siete jefes del distrito de Takhesy, que fueron después colgados cabeza debajo de la proa del barco de Su Majestad”

El otro texto, grabado sobre una estela en el cuerpo izquierdo (septentrional) del pórtico de ingreso, alude a la derrota de gentes que desde Libia invadieron Egipto el año cuarto de Merne-ptah. Entre diciembre de 1964 y febrero de 1975 el templo fue trasladado a otro lugar, unos 65 metros más elevado que el de su emplazamiento originario y distante 2’5 Km. aproximadamente del mismo. Una parte del templo, con un peso cercano a las 900 toneladas, fue transportado a su nueva ubicación en una sola pieza.

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Templo de Uadi El Sebua

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Sito en la ribera occidental del Nilo, el-Sebua fue sede de dos templos levantados en el Imperio Nuevo. El más antiguo lo construyó Amen-Hotep III. En su primera fase constaba de un santuario excavado en la roca (de 3 x 2 metros) precedido de un pilón de ladrillo, un patio y una sala decorada, en parte, con pinturas murales.

En su origen parece que el templo estuvo dedicado a una de las formas locales nubias de Horus, pero algún tiempo después pasaron a ser representaciones de Amón. La decoración sufrió durante la persecución de las imágenes de Amón por parte de los reformadores de El-Amarna; pero Ramsés II la restauró y amplió el templo con la construcción frontal del pilón, proyectado ya e el plano original.

El templo grande de El-Sebua, conocido como “El templo de Rimase-mery-Amon (Ramsés II) en el dominio de Amón”, fue levantado a unos 15º metros al nordeste del templo de Amen-Hotep III; monumentos y representaciones del virrey de Kush, Stau, inciden que todo ello se hizo entre los años 35 y 50 del reinado de Ramsés II.

El templo es en parte exento, y en parte está excavado en la roca. Siguiendo su eje central, se pasa a través de una serie de tres pilones y patios antes de alcanzar la sala hipóstila (más tarde convertida en una iglesia copta) en la que empieza la parte del templo horadada en la roca.

La antecámara se abre a dos estancias laterales, dos capillas y el santuario propiamente dicho. Las estatuas del nicho del santuario fueron destruidas; pero no hay duda de que representaban a Amón-Re, a Re-Horajty y al propio Ramsés II.

Durante la campaña de la UNESCO para salvar los monumentos de Nubia, el templo fue trasladado a un nuevo emplazamiento, unos 4 Km. más hacia el oeste .

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Templo de Dakka

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Varios fueron los soberanos que contribuyeron a la construcción y decoración del templo de el-Dakka (antigua Pselget, y la Pselchis de los clásicos), especialmente Ptolomeo IV Filopátor, Ptolomeio VIII Evertes II, el rey meroitico Arqamani de finales del siglo III a.C. y los emperadores romanos Augusto y Tiberio.

Entre 1962 y 1968 el templo fue desmantelado y trasladado a un nuevo emplazamiento cerca de el-Sebua. Durante los trabajos aparecieron numerosos bloques que habían pertenecido a construcciones anteriores. Procedían de un templo anterior levantado por Hatshepsut y Tutmosis III en honor de Horus de Baki (Quban), probablemente en la otra orilla del Nilo.

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Templo de Kalabska

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El templo exento más vasto de la Nubia egipcia, que mide unos 74 metros desde el pilón hasta el muro trasero, por unos 33 metros de ancho, fue levantado en Kalabsha (antigua Talmis) durante el reinado de Augusto, y fue dedicado al dios nubio Mandulis, acompañado de Osiris e Isis. Frente al pilón hay un muelle y una terraza, y se alcanza el santuario a través de un atrio, una sala hipóstila y dos vestíbulos.

Sólo las tres estancias interiores están completamente decoradas con relieves. Los muros del templo encierran también una casa de nacimiento (en el ángulo suroccidental) y una capilla construida probablemente por Ptolomeo IX Soter II (en el ángulo nororiental). Desde principios de este siglo, el templo se hallaba bajo las aguas la mayor parte del año. En 1962-63 fue desmontado y sus trece mil bloques fueron transportados a las cercanías de la nueva presa de Asuán (Nueva Kalabsha), donde fue reconstruido. Durante el desmantelamiento aparecieron bloques de una puerta que volvieron a ser utilizados por los últimos ptolomeos y por Augusto. La puerta, de 7’35 metros de altura, ha sido reconstruida ahora en el Ägyptisches Museum de Berlín Occidental.

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El templo de Beit El-Uali

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El pequeño templo de Beit el-Uali, excavado en la roca, en la ribera occidental del Nilo, fue construido por Ramsés II y dedicado a Amon-Re y otras divinidades.

Originariamente estaba precedido por un pilón; su plano sencillo consta de una sala de ingreso (en tiempos, coronada por una bóveda de ladrillo), una sala con columnas y el santuario. El templo ha sido trasladado recientemente a un nuevo emplazamiento (Nueva Kalabsha), cerca de la nueva presa de Asuán.

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Saqqara

CIUDADES, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Saqqara es el sitio más atractivo e interesante del bajo Egipto, aunque es necesario subrayar que las oportunidades infinitamente menores que ofrece el delta para la conservación de los monumentos falsea cualquier intento de comparación precisa. Saqqara representa el eslabón más importante en la cadena de cementerios pertenecientes a la antigua ciudad de Menfis, y cubre un área superior a los 6 Km. de longitud por más de 1’5 Km. de anchura.

Antes de las pirámides (dinastías I y II)

El nombre regio más antiguo que los arqueólogos han encontrado hasta ahora en Saqqara es el de Narmer, al que algunos egiptólogos identifican en Menes, el legendario fundador de Menfis. Está grabado en un cuenco de pórfido que, con millares de otros vasos completos y fragmentarios de una magnífica artesanía, fue descubierto en uno de los almacenes subterráneos bajo la pirámide escalonada de Dyser. La tumba mastaba más antigua de Saqqara es sólo un poco posterior, y se fecha en el reinado de Aha (Menes, según otra escuela arqueológica, probable sucesor de Narmer).

Tumbas mastabas de la I dinastía forman casi una línea continua a lo largo el ángulo oriental de la amplia meseta norte de la pirámide escalonada de Dyser, por encima de la moderna aldea de Abusir. Sus superestructuras, construidas con adobes secados al sol y provistas de una “fachada palatina” en forma de paneles, fueron de dimensiones considerables: la tumba S3504, por ejemplo, de tiempos del faraón Wadj, medía 56’45 x 25’45 m. En el centro de la mastaba había cámaras para el equipamiento funerario, mientras que la subestructura contenía una cámara mortuoria situada en la parte central con otras estancias subsidiarias. Las más importantes de dichas mastabas fueron excavadas por W.B. Emery entre 1936 y 1956. Se creyó que al menos algunas eran tumbas reales pensando sobre todo en sus dimensiones; pero ahora casi todos los especialistas consideran que se trata de tumbas de altos funcionarios de Menfis.

A finales de la I dinastía, la “fachada palatina” apanelada en la parte exterior de la mastaba se redujo a dos nichos en la cara este, de los que el más importante era el cercano al ángulo suroriental convirtiéndose en el punto focal del culto funerario al difunto. Las mastabas privadas, generalmente menores, de la II dinastía continuaron construyéndose en un orden aparentemente fortuito dentro de la zona occidental de las grandes tumbas de la I dinastía. Un vasto complejo de cámaras subterráneas excavadas en la roca ha sido localizado, asimismo, bajo la cara oriental de la pirámide de Unas, y otro a unos 140 metros más al este. Nada se ha conservado de las superestructuras en ladrillo, pero los nombres sobre sellos de cerámica, que originariamente se emplearon para sellar ánforas y otros artículos del equipamiento funerario, sugieren que tales galerías fueron abiertas durante los reinados de los dos primeros faraones de la II dinastía, Reneb y Ninetjer. Si se enlaza este hecho con el hallazgo de una estela de Reneb, probablemente reutilizada en una aldea moderna cercana (aunque las circunstancias exactas del descubrimiento no están claras), parece probablemente que las galerías fueran en tiempos tumbas reales, y que los faraones egipcios fueron enterrados por primera vez en Saqqara ya a comienzos de la II dinastía.

Los constructores de pirámides (dinastía I-III)

Las pirámides. En total son 15 las pirámides reales, tratadas aquí en orden cronológico, que conocemos de Saqqara. La mayor parte de las mismas han perdido ya sus formas originarias, estrictamente geométricas, habiendo quedado reducidas a montículos artificiales. Por increíble que pueda parecer, es casi cierto que faltan por descubrir todavía otras pirámides (por ejemplo, la de Menkauhor).

1)La pirámide escalonada de Dyser fue construida algún tiempo después del año 1630 a.C. Fue la primera pirámide en la historia egipcia, y la estructura en piedra más antigua del mundo de sus dimensiones. El carácter puntero del proyecto se nota en las vacilaciones acerca de su forma, probablemente influenciada en buena medida por el nuevo material de construcción. Seis fueron en total los diferentes planos que se adoptaron en el curso de las obras: el monumento se inició como una tumba-mastaba amplia, siguiendo con ello una tradición bien establecida en Saqqara; pero terminó como una pirámide de seis escalones. El diseño de la pirámide escalonada fue atribuido tradicionalmente a Imuthes (Imhotep, en egipcio), al que el historiador Manetón describía 2.400 años más tarde como “el inventor del arte de construir con piedra tallada”. Durante la excavación del conjunto de la entrada de dicha pirámide, en 1925-26, apareció el nombre de Imhotep escrito en el pedestal de una estatua de Nejerykhet, proporcionando así una estupenda prueba de la verdad de cuanto Manetón había establecido.

El complejo de la construcciones cercanas al ángulo suoriental de la pirámide escalonada representa una réplica en piedra de las capillas y pabellones levantados para la celebración de la fiesta sed. La fiesta se celebraba para señalar el comienzo de una fase nueva en el reinado del faraón, y la presencia de estas construcciones en piedra sólida garantizada que Dyser no quería verse sorprendido por las numerosas celebraciones del festival sed que esperaba disfrutar en su vida después de muerto. Una estancia cerrada (serdab) cerca del ángulo nororiental de la pirámide contenía su estatua sedente, que es la primera estatua real de gran tamaño y en piedra de cuantas conocimos del país del Nilo.

Durante más de cincuenta años la pirámide escalonada ha estado asociada con el nombre del egiptólogo francés Jen-Philippe Lauer. Actualmente, lo más importante de su notable aportación se centra e las capillas del patio del festival sed. Ningún visitante de Saqqara debería perderse la ocasión de ver esos ejemplos únicos en piedra de la arquitectura egipcia más antigua, restaurados en toda su belleza original.

2)El faraón Sekhemkhet intentó construir una estructura escalonada todavía mayor al suroeste de la de su predecesor, pero la pirámide quedó sin terminar y poco a poco desapareció bajo la arena. Sólo en 1950 la descubrió el egiptólogo nativo M. Zakaria Goneim, que la calificó con razón como “la Pirámide Enterrada”.

3)Fotografías aéreas muestran los contornos de una extensa área cercana (conocida por los egiptólogos como “el Gran Recinto”), todavía sin excavar y situada al oeste del recinto de Sekhmkhet. Bien pudiera haber allí otra construcción del mismo tipo, inmediatamente a poniente de la pirámide escalonada de Dyser. Y podría tratarse de monumentos de la III dinastía, aunque sólo futuras excavaciones podrán resolver los problemas de su datación y pertenencia.

4)El complejo funerario de Shepseskaf, uno de los últimos faraones de la IV dinastía, no es una pirámide sino una estructura que se asemeja a un enorme sarcófago. Es conocido como “Mastabet el-Faraun”. El único caso semejante es la tumba en Guiza de Jenthaus, madre de los primeros faraones de la V dinastía.

5)Userkaf, primer soberano de la V dinastía, construyó su pirámide junto al ángulo nordeste del recinto de Djoser, pero sus sucesores abandonaron Saqqara por Abusir, más al norte. Es probable que el regreso a Saqqara lo iniciara Menkauhor; pero su pirámide todavía no ha sido localizada.

6)La pirámide del sucesor de Menkauhor, el faraón Izezi, se levantó en la parte meridional de Saqqara.

7)La pirámide de Unas, último soberano de la V dinastía, se alza cerca del ángulo suroccidental del recinto de Djoser. Los muros del interior de dicha pirámide están llenos de textos piramidales (los “textos de las Pirámides”), una colección de encantamientos escritos con el propósito de ayudar al faraón difunto en el mundo inferior, y que pudieron utilizarse durante la ceremonia funeraria. La pirámide de Unas fue la primera que contuvo textos piramidales, cosa que después se convirtió en algo característico de las pirámides del Imperio Antiguo.

En la cara meridional de la pirámide existe una inscripción jeroglífica de Jaemuase, un hijo de Ramsés II. Recuerda la obra de reconstrucción llevada a cabo por el príncipe, famoso por su interés y afición a los monumentos antiguos. Jaemuase fue relacionado con la región menfita en sus funciones de sumo sacerdote de Ptah.

La calzada que une el templo funerario de la cara este de la pirámide con el templo del valle, estaba decorada con relieves. Entre otras escenas aparecen unos barcos trasportando columnas y arquitrabes de las canteras de granito cercanas a Asuán para las obras de construcción de la pirámide de Unas. El viaje y transporte requería siete días.

8)La pirámide de Teti, el fundador de la VI dinastía, es la más septentrional de las pirámides reales de Saqqara. Los demás soberanos de la dinastía, Pepi I (9), Merenre (10) y Pepi (11), siguieron el ejemplo de Izezi, y se trasladaron a la parte meridional de Saqqara. Desde 1965 han sido explicados sistemáticamente los pasadizos interiores y las estancias piramidales grabados en sus paredes han sido copiados y estudiados por Jean Leclant y Jean-Philippe Lauer.

12)La pequeña pirámide construida en ladrillo del faraón poco conocido Ibi, de la VIII dinastía, se encuentra en la misma zona.

13)Los restos todavía sin excavar de la pirámide que puede verse al este de la pirámide de Teti, en el norte de Saqqara, podría pertenecer al faraón Merykare, uno de los dos soberanos bastante bien conocidos del período Herakleopolitano (dinastías IX-X). Esta suposición se apoya en el hecho de que la parte de Menfis adyacente al complejo piramidal de Teti fue muy popular en esa época, puesto que la zona está densamente cubierta de tumbas contemporáneas, algunas de las cuales pertenecieron a sacerdotes de Merykare, y el barrio aparece mencionado (como Djed-isut, por el nombre de la pirámide de Tati) en la antigua composición literaria egipcia, como “Instrucción a Merykare”.

14) y 15) Las dos pirámides más meridionales de Saqqara pertenecen a los faraones de la XIII dinastía y –cosa característica de este período- están construidas con ladrillos secados al sol. El propietario de una de ellas fue Khendjer, mientras que el otro ha permanecido en el anonimato.

Tumbas privadas

El conjunto más amplio de tumba privadas, contemporáneas de las pirámides, ocupa la zona norte de la pirámide escalonada de Djoser y constituye un desarrollo natural de los primeros cementerios de las dinastías I y II. Muchas de esas tumbas, pertenecientes sobre todo a las dinastías III-V, fueron excavadas en parte hace ya más de cien años bajo la dirección del arqueólogo francés Auguste Mariette. Las técnicas y prácticas arqueológicas empleadas durante la excavación fueron las habituales por aquel entonces. Poco tiempo después, las tumbas quedaron de nuevo cubiertas por la arena y ahora son inaccesibles.

Todas las pirámides del Imperio Antiguo están rodeadas por cementerios de tumbas privadas. Algunas de las situadas al sur de la pirámide escalonada estaban listas cuando se inició la pirámide de Unas, y el resultado fue que quedaron literalmente cubiertas por la calzada de Unas, evitando así la destrucción y el saqueo de épocas posterior (la tumba muy posterior del soberano Tut-anj-Amón, en el Valle de los Reyes de Tebas, escapó al expolio por razones similares). Algunas fueron en parte excavadas en la roca, cosa menos frecuente en Saqqara, donde la roca nos e presta demasiado a esa forma de tumba. Las tumbas de finales del Imperio Antiguo y del I Período intermedio, encontradas al norte y al este de la pirámide de Teti y alrededor de la de Pepi II, son también de un interés excepcional, especialmente por su decoración en relieve o por sus infrecuentes características arquitectónicas.

La serie de tumbas privadas de Saqqara no presentan interrupción alguna, al menos durante las diez primeras dinastías egipcias (2920-2040 a.C.) y tal vez aún más. El nicho de culto en la cara oriental de la mastaba de las dinastías I y II fue asumido en el cuerpo de la mastaba durante la III dinastía o en los comienzos de la IV dinastía, probablemente con vistas a proteger sus partes, decoradas de una manera más efectiva contra los elementos. Se conectó con el exterior mediante un pasadizo, creando así la clásica capilla cruciforme de Saqqara

De ese modo, la simplicísima capilla-tumba se desarrolló durante las dinastías V y VI mediante el añadido de nuevas estancias. Estas acabaron llenando, de hecho, todo el cuerpo de la mastaba, que originariamente era una masa sólida de adobes o piedras, proporcionando así extensas zonas apropiadas para la decoración en relieve. Las mastabas más famosas de Saqqara, pertenecientes al Imperio Antiguo, son de este tipo; tal sucede, por ejemplo, con la mastaba de Ty, provista de pórtico, un patio con columnas y cuatro habitaciones, y con la tumba familiar de Mereruka.

El Imperio Nuevo

Tumbas privadas. Hasta ahora sólo se ha encontrado en Saqqara un enterramiento importante del período inmediatamente anterior a la subida al trono de la XVIII dinastía. Lo cual nada tiene de extraño, habida cuenta de la inestable situación política y social del país por aquel tiempo. Mucho más enigmática resulta, en cambio, la ausencia de tumbas que pudieran datarse en el período inicial o medio de la XVIII dinastía, es decir, antes del reinado de Amen-Hotep III. Algunos textos recuerdan actividades venatorias y de otros tipos de los príncipes egipcios en la zona de Gizeh; lo que nos hace pensar que Menfis fue al menos residencia temporal de algunos miembros de la familia del faraón, incluyendo probablemente al propio soberano, con las exigencias que eso comportaba para la acomodación y mantenimiento de la corte imperial. Además de que resulta difícil concebir que no hubiera en la zona menfita un contingente sustancial de personal administrativo, al tiempo que los templos de Menfis debieron de estar atendidos por un sacerdocio permanente. A menos de que las tumbas de todo ese personal no estuvieran en Saqqara –suposición un tanto improbable-, hemos de pensar que todavía no han sido descubiertas. El área más prometedora en la que se ha de buscar es la escarpadura en el extremo oriental de la necrópolis, especialmente entre la pirámide de Teti y la punta septentrional de la meseta al norte de la misma. Las tumbas fueron probablemente excavadas en la roca; esto coincidiría con lo que sabemos sobre las tumbas provincianas de la XVIII dinastía en otros lugares (por ej. en el-Kab), a la vez que explicaría la casi total ausencia de fragmentos de relieve aislados. Hasta ahora, en Saqqara sólo se han encontrado algunas tumbas del Imperio Nuevo excavadas en la roca, entre las cuales una que pertenecía a un visir llamado Aper-el.

La gran tumba en piedra (como contrapuesta a la excavada en la roca) característica del Imperio Nuevo apareció en Saqqara, durante el reinado de Amen-Hotep III; pero la mayoría de las que conocemos hasta el presente son algo posteriores. Cuando Tut-anj-Amón abandonó El-Amarna, la residencia real se trasladó a Menfis, que fue preferida a Tebas. Menfis, y Saqqara, así como su cementerio más importante conservó su posición hasta el reinado de Ramsés II, cuando el centro de actividades se desplazó al delta nororiental. Por ello, las tumbas más refinadas de Saqqara en el Imperio Medio se sitúan entre los reinados de Tut-anj-Amón y de Ramsés II; cubren un periodo de casi cien años y presentan un grupo bastante homogéneo. Los mejores artistas y artesanos del país acompañaron a la corte y tomaron parte en la preparación de los monumentos funerarios. El alto nivel artístico de las obras en relieve de este período saqqariano ya no volvió a alcanzarse en los monumentos privados del Imperio Nuevo. Por desgracia, son muy pocas esas tumbas de Saqqara que han sido excavadas científicamente. Estaban bastante próximas a la superficie, cubriendo a veces otras tumbas del Imperio Antiguo, y por ello fueron fácil botín de coleccionistas de antigüedades en el siglo pasado; la proximidad e Saqqara a El Cairo les facilitó aún más la tarea. Fue un cometido bien cómodo el desmantelar las tumbas, alineadas como estaban con bloques de piedra, y retirar los relieves decorados. Por lo que ahora sabemos, las tumbas del Imperio Nuevo se concentran en dos áreas de Saqqara: fueron consideradas inicialmente como sedes de dicha tumba, hasta que el egiptólogo belga Jean Capart ofreció, en el año 1921, argumentos de peso a favor de la localización menfita.

Pero hasta cincuenta y cuatro años más tarde, en enero de 1975, no se pudo demostrar definitivamente que estaba en lo cierto, quedando establecida con seguridad la posición de la famosa tumba.

Las características principales del plano de una capilla-tumba típica de Saqqara en el Imperio Nuevo fueron un patio abierto, a veces con columnas en uno o varios de sus lados, y la estancia del culto situada en la parte posterior de la mastaba. El elemento principal de la estancia de culto era una estela, colocada habitualmente en el eje central este-oeste de la tumba, habiendo a menudo otras estelas y estatuas en otros lugares de la mastaba. Generalmente se construía una pequeña pirámide encima de la estancia del culto. La boca del pozo conducía a la cámara sepulcral subterránea, que se abría al patio.

Las tumbas de los toros Apis

El culto del toro Apis estuvo ligado estrechamente al de Ptah, el dios principal de Menfis. Desde el reinado de Amenofis III conocemos las tumbas de los toros momificados de Apis por el Serapeum de Saqqara.

Los Períodos tardío y grecorromano.

Tumbas privadas. Parece como si durante la XXVI dinastía los diseñadores de tumbas egipcias hubieran alcanzado lo que inútilmente habían intentado en los dos milenios anteriores: proyectaron una tumba casi completamente segura. En muchas de las tumbas saqqariana de este período se construyó una cámara sepulcral abovedada encima de un pozo ancho y profundo, que posteriormente se rellenaba de arena. Un tanto paradójicamente, el remover esa enorme cantidad de material inestable del pozo presentaba a los saqueadores de tumbas dificultades técnicas mucho mayores que el romper o sortear la piedra de los períodos anteriores. El otro tipo de tumba conocido en esta época es el más convencional de tumba excavada en la roca. La mayor parte de las tumbas de los Períodos tardío y grecorromano están cerca del recinto de la Pirámide Escalonada:

1)Al norte, aproximadamente a lo largo de la avenida de esfinges que conduce al Sarapeum; pertenecen sobre todo a la XXX dinastía y al Período grecorromano.

2)Al este, especialmente tumbas en pozo, en la zona de la pirámide de Userkaf, con otras tumbas excavadas en la roca más al este, frente a las rocas; son principalmente de la XXVI dinastía

3)Al oeste, son sobre todo grecorromanas.

4)Al sur, y cerca de la pirámide de Unas, se encuentran principalmente tumbas de las dinastías XXVI y XXVII, aunque hay también una amplia tumba ptolemaica.

El Serapeum y otras partes de la necrópolis de animales sagrados

Los toros Apis fueron con mucho los animales de culto más importantes de los enterrados en Saqqara. Ya durante el Imperio Nuevo, el faraón Ramsés II abandonó las tumbas aisladas de épocas anteriores y puso en marcha una galería subterránea (las llamadas “Bóvedas rebajadas”) en la que se depositaban los cadáveres momificados de los toros Apis sobre anchos nichos, a ambos lados. Como al mismo tiempo sólo había uno de esos animales, un enterramiento del toro Apis sólo se daba cada catorce años aproximadamente. La galería de Ramsés II acabó por alcanzar una longitud de 68 metros. Una segunda galería (las denominadas “Bóvedas mayores”), cortada en ángulo recto respecto de la anterior, se inauguró durante la XXVI dinastía, y el primer todo Apis allí depositado murió el año 52 de Psammético I. Dicha galería, con una longitud total de 198 metros, continuó utilizándose hasta el Período grecorromano.

Una red de capillas y templos menores se extendió por los terrenos cercanos a las catacumbas de los toros Apis, que formaban en conjunto el Seraperum (nombre derivado de Uris-Hapy, es decir, el toro Apis difunto, Osorapis en griego, más tarde identificado con el dios Serapis, que los Ptolomeos introdujeron artificialmente).Los faraones Nectanebo I y II, de la XXX dinastía, fueron los dos colaboradores más distinguidos, habiendo sido probablemente el primero el que también abrió la avenida de las esfinges con cabeza humana que abordaba el Serapeum desde la ciudad de Menfis, en el este, al pie de la meseta de Saqqara. Se dice que en 1850 una de esas esfinges, que sobresalía de la arena, sugirió al arqueólogo Auguste Mariettre la idea de que el Serapeum, mencionado por los autores clásicos, había que buscarlo en Saqqara. Nuevas pruebas todavía sin publicar, indican asimismo que el anticuario inglés A.C. Harris había llegado a la misma conclusión algunos años antes.

En el extremo oriental de la avenida de las esfinges, colindante con la ciudad de Menfis, se situaron algunos templos, entre los cuales el famoso Anubieion y el Asklepieion, construidos en su mayor parte por los Ptolomeos. En las cercanías había cementerios de chacales y gatos momificados.

Las excavaciones, llevadas a cabo desde 1964 por la Egypt Exploration Society cerca del extremo noroccidental de la necrópolis de Saqqara, han sacada a la luz galerías de la momificada “Madre de Apis” con vacas, halcones, ibis y mandriles.

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Menfis

CIUDADES, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

La ciudad de Menfis, ahora desaparecida casi por completo, fue el centro administrativo y religioso del nomo I del Bajo Egipto. Fue, asimismo, la residencia de los faraones y la capital de Egipto a comienzos del Período dinástico y del Imperio Antiguo, y muchos soberanos posteriores mantuvieron allí un palacio. Los templos de la ciudad se contaban entre los más importantes del país. Menfis siempre fue uno de los lugares más populosos y renombrados de Egipto, y por ende del mundo entero, habitado por una comunidad realmente cosmopolita Su puerto y sus talleres locales tuvieron un papel importante en el comercio exterior egipcio.

Reflejo de la magnitud e importancia de Menfis es la extensión de sus cementerios, con más de 30 Km. de longitud, al borde del desierto y en la ribera occidental del Nilo. El conjunto de todos ellos constituye la necrópolis menfita: 1) Dahshur, 2) Saqqara, 3) Abusir, 4) Zawyet el-Aryan, 5) Gizeh, 6) Abu Ruash. Administrativamente, Gizeh y Abu Ruash entraban ya en el nomo II del Bajo Egipto

Los nombres con que ahora se conocen las distintas partes de la necrópolis menfita derivan de los nombres modernos de las aldeas cercanas. Los propios egipcios carecen de un término especial para designar toda la necrópolis, aunque utilizan numerosos nombres geográficos antiguos aplicándolos a las distintas partes, como Rasetau (probablemente Gizeh meridional). Las características más notables de la necrópolis, como eran las pirámides reales, dieron a veces sus nombres a los barrios adyacentes de la ciudad, que habían crecido fuera de las “ciudades piramidales” de los sacerdotes y funcionarios.

Uno de esos términos, el nombre de la pirámide de Pepi I en Saqqara, Mennufer, en copto Menfe y Menfis en su forma helenizada, fue adoptado ya en la XVIII dinastía para designar a toda la ciudad. La ciudad propiamente dicha, o lo que pueda quedar de sus palacios, templos y casas, hay que buscarla en el área de cultivo al este de la necrópolis, enterrada bajo los depósitos de lodo que quedan tras las inundaciones del Nilo, y cubierta por asentamientos, campos y vegetación modernos. Tanto es así, que sólo algunas pequeñas partes han salido a la luz en Mit Rahina y en Saqqara (al este de la pirámide de Teti). La posición de la ciudad, o al menos su centro, probablemente no se mantuvo estable a lo largo de la historia egipcia, con la prosperidad de zonas nuevas que ganaban en importancia a costa de otras cuya popularidad había decaído. Esta puede ser una de las razones de la enorme extensión longitudinal que cubren los cementerios urbanos, aunque indudablemente hubo otras, como la búsqueda de emplazamientos adecuados para los proyectos de construcción de pirámides a gran escala.

Nuestro concepto moderno de la ciudad de Menfis y de su oscura contrapartida, la necrópolis menfita, resulta por ello muy artificial, porque ninguna de las dos existió completa en un determinado momento.

Las fuentes clásicas así como los descubrimientos arqueológicos revelan que Menfis llegó a ser uno de los centros administrativos más importantes del país ya en los mismos comienzos de la historia egipcia, después del 1920 a.C. Heródoto dice que fue Menes –considerado tradicionalmente como el primer faraón de Egipto- el que levantó un dique para proteger a la ciudad de las inundaciones del Nilo. De acuerdo con el historiador Manetón, fue el sucesor de Menes, llamado Athothis, el constructor de los palacios más antiguos de la ciudad de Menfis. El nombre más vetusto del distrito fue Ineb-hedj “la Muralla blanca”, expresión que quizá refleja el aspecto de su residencia fortificada, y a la que también podría haberse aplicado. Tal vez el más apto fuera el término que apareció en el Imperio Medio, Ankhtawy, “lo que une los Dos Países”, subrayando la posición estratégica de la ciudad en el vértice del delta, de tanta importancia económica, entre el Bajo y el alto Egipto, según la terminología tradicional. Esa fue probablemente la razón que indujo a los soberanos de la I dinastía a escoger la zona como asentamiento de la capital.

Sólo Tebas en el sur pudo compararse con la importancia religiosa, política y económica de Menfis, aunque nuestro conocimiento de los restos de ese auténtico monumento funerario nacional egipcio es infinitamente menor. Para los extranjeros, Menfis era la representación de Egipto. Según algunos estudios, fue el nombre de uno de sus templos levantado en el Imperio Nuevo y de los barrios próximos de la ciudad, Hikuptah (“el templo del ka de Ptah”), el que sirvió para designar a todo el país, conocido por los griegos como Aigyptos, y del que procede el moderno Egipto. Tal es también la etimología de la palabra “cóptico”, “copto”.

La ciudad de Menfis no sobrevivió al gradual eclipse de la antigua civilización egipcia en los primeros siglos de nuestra era. Económicamente incluso se resistió antes de esa fecha por el crecimiento de Alejandría. Su importancia religiosa desapareció cuando el emperador Teodosio (379-395) decretó que el cristianismo debía ser la religión oficial de todo el imperio romano. El golpe de gracia final lo recibió Menfis en el año 641, cuando el conquistador musulmán Amr ibn el-Asi fundó una nueva capital de Egipto, el-Fustat, en la orilla oriental del Nilo y en el extremo meridional de El Cairo moderno.

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Karnak

CIUDADES, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El nombre de Karnak, tomado del vecino poblado moderno (el-Karnak), se emplea para designar un vasto conglomerado de templos, capillas y otras construcciones en ruinas que pertenecen a diferentes períodos y que ocupan una extensión aproximada de 1’5 x 0’8 Km. Constituye lo que en egipcio antiguo se denominó Ipet-isut, “El más selecto de los lugares”, el sitio principal en que se adoraba a la tríada tebana con el dios Amón a la cabeza, y hogar por el mismo motivo de varias divinidades “huéspedes”. No hay otro lugar en Egipto que produzca una impresión más abrumadora y duradera que este aparente caos de muros, obeliscos, columnas, estatuas, estelas y bloques decorados. Después de que los faraones tebanos y el dios Amón alcanzaron el predominio a comienzos del Imperio Medio, y muy particularmente a partir de los comienzos de la XVIII dinastía, cuando la capital de Egipto se estableció firmemente en Tebas, en Karnak se levantaron templos, se agrandaron, se volvieron a tirar, y hubo ampliaciones y restauraciones a lo largo de más de dos mil años. El templo de Amón fue el establecimiento sagrado más importante ideológica y económicamente de todo Egipto.

El complejo puede dividirse adecuadamente en tres grupos, que están definidos geográficamente por los restos de muros de ladrillo que enmarcan los recintos del templo. El mayor y más importante en el recinto central, el templo de Amón propiamente dicho. Y es también el mejor conservado. El sector septentrional pertenece a Montu, el dios local originario de Tebas, mientras que el de Mut queda al sur y enlaza con el recinto de Amón mediante una avenida de esfinges con cabeza de carnero. Una avenida, bordeada de esfinges, enlazaba Karnak con el templo de Luxor, y unos canales conectaban los de Amón y de Montu con el Nilo.

El Recinto de Amón

El sector central, en forma de trapecio, contiene el gran templo de Amón, construido sobre dos ejes (este-oeste y norte-sur), varios templos menores, algunas capillas y un lago sagrado. Al este del recinto se alzaba un templo de Amen-Hotep IV (Ajen-Atón), ahora completamente destruido, de proporciones enormes, y otras dos estructuras menores de época ptolemaica, igualmente desaparecidas. Los restos de algunas de las construcciones más antiguas de Karnak, que datan de los tiempos de Senuosret I, fueron descubiertos todavía in situ en la parte oriental del gran templo, en el llamado patio central, tras el pilón VI.

La disposición del gran templo puede describirse como una serie de pilones de distintas épocas, con patios y salas entre los mismos que conducen al santuario principal. Los más antiguos son los pilones de distintas IV y V construidos por Thutmosis I; a partir de los mismos se agrandó el templo, construyendo en dirección oeste y en dirección sur. El pilono I está precedido de un muelle (probablemente reconstruido en su forma actual durante la XXV dinastía) y por una avenida de esfinges con cabezas de carnero, protectoras del faraón, la mayor parte de las cuales lleva el nombre del gran sacerdote de Amón, Pinudjem I, de la XXI dinastía. Al sur de dicha avenida se encuentran numerosas estructuras menores que incluyen una capilla barco de Psammuthis y Hakoris, y parapetos de las dinastías XXV y XXVI con textos que aluden a la ceremonia de rellenar las jarras de la tríada tebana.

La fecha del pilón propiamente dicha no es del todo segura, aunque es probable que proceda de la XXX dinastía. El atrio que se abre a continuación contiene una triple capilla barco de Sethy I, consistente en tres capillas contiguas dedicadas a Amón, Mut y Jonsu. En el centro del atrio hay restos de un pabellón con la estructura inusual de Tajarqa y del que queda en pie una columna. Un pequeño templo de Ramsés III da al atrio desde el lado sur.

El pilono II, obra probable de Hor-em-heb, que utilizó mucho bloques anteriores para su construcción, está precedido por unas estatuas colosales de Ramsés II, entre ellas una (en la parte norte) que lo representa con la princesa Ben’anta. Después del pilón viene la sala hipóstila, que es la parte más impresionante de todo el complejo sagrado, cuyo techo –ahora desaparecido- estaba sostenido por 134 columnas en forma de papiro, 12 de las cuales en el pasillo central son mayores y tienen capiteles de diferentes tipos. La decoración en relieve de la sala hipóstila es obra de Sethy I y de Ramsés II. Los muros exteriores describen algunas campañas militares de esos faraones en Palestina y Siria, incluida la batalla de Qadesh en la que combatió Ramsés II. El pilono III fue levantado por Amen-Hotep III, pro su pórtico frontal fue decorado por Sethy I y Ramsés II. Numerosos bloques de construcciones anteriores fueron utilizados en este pilón, que consta de una capilla con el festival sed

de Sesostris I (la “capilla blanca”ahora reconstruida al norte de la sala hipóstila), capillas de Amen-Hotep I y II, de Hatshepsut (la “capilla roja”, así llamada por su material de construcción en cuarcita roja) y de Thutmosis IV, y un pórtico con pilastras del mismo faraón. Los cuatro obeliscos que se alzaban detrás del pilón fueron erigidos por Thutmosis I y Thutmosis III para señalar la entrada del templo original; sólo un obelisco de Thutmosis I sigue en pie.

El pilono VI y el patio que le precede fueron construidos por Thutmosis III. Sigue luego un vestíbulo con dos magníficos pilares de granito y los emblemas del Alto y Bajo Egipto, que continúan en pie. La capilla barca (santuario) data de Filipo Arrhideo y se alza contigua a una capilla anterior levantada por Thutmosis III.

Detrás del patio central se encuentra el templo festivo de Thutmosis III. Una de las estancias del templo se conoce como el “jardín botánico”, por sus representaciones de plantas, pájaros y animales exóticos.

Se agregaron otros cuatro pilones a lo largo del nuevo eje, que ampliaba el gran templo de Amón en dirección sur. El patio norte del pilón VII se conoce como “patio sellado”: fue allí donde a comienzos de este siglo se encontró un depósito con miles de estatuas que originariamente se alzaban en el templo. También se hallaron en este patio restos de construcciones anteriores, como pilares de Senuosret I y varias capillas de Amen-Hotep I. Los pilones VII y VIII fueron construidos por Thutmosis III, y en el patio que hay entre ellos se encuentra el embarcadero.

Los pilones IX y X se deben a Hor-em-heb. Muchos “talatat”, o bloques de construcciones de Amen-Hotep IV (Ajen-Atón), en su mayoría anteriores a su traslado a El-Amarna, fueron reutilizados en estos pilones. En el patio que se alza entre los dos hay un templo del festival sed de Amen-Hotep II.

Cerca del ángulo noroeste del lago sagrado del templo hay una estatua gigantesca del escarabajo sagrado, que se remonta a Amen-Hotep III.

El templo de Jonsu se levanta en el ángulo suroccidental del recinto. Su propileo (una puerta abierta en el muro del recinto), construido por Ptolomeo III Evergetes I, da acceso por el sur a una avenida de carneros protectores de Amen-Hotep III. El pilón fue decorado por Pinedjem I, el atrio por Heri-Hor y la parte interior por varios ramésidas (al menos una parte del templo fue construido por Ramsés III). Existe también una parte de la decoración en relieve que es ptolemaica.

El templo de la diosa hipopótamo Opet, inmediato al anterior, se debió principalmente a Ptolomeo VIII Evergetes II. La decoración la completaron varios soberanos posteriores, entre los que se contó Augusto. Hay una simbólica “cripta de Osiris” debajo del santuario y en la parte posterior del templo.

Dentro del recinto de Amón hay aproximadamente otras veinte pequeñas capillas y templos, entre los que se cuentan un templo de Ptah erigido por Thutmosis III, Shabaka, los Ptolomeos y Tiberio (al norte del gran templo y junto al muro del recinto), y una capilla de Osiris Heqadjet “soberano del tiempo”, de Osorkón IV y Shebitju (al nordeste del gran templo y cerca del muro del recinto).

El recinto de Montu

El recinto cuadrado de la parte norte es el más pequeño de los tres. Contiene el templo principal de Montu, varias estructuras menores (especialmente los templos de Jepri y Maat) y un lago sagrado. En 1970 fue descubierto fuera de la pared oriental del recinto un templo primitivo de Montu, construido por Thutmosis I.

El templo de Montu está precedido de un muelle y de una avenida de esfinges con cabezas humanas que conduce al templo desde el norte. El propileo, , conocido como Bab-el-Abd, fue construido por Ptolomeo III Evergetes I y IV Filopátor, mientras que el templo lo levantó Amen-Hotep III, pero los faraones posteriores, y especialmente Tajarqa, introdujeron algunas modificaciones en el plano original.

El recinto de Mut

El sector meridional contiene el templo de Mut rodeado por un lago en forma de cuarto creciente, y unas estructuras subsidiarias, en especial el templo de Jonsu cuyos orígenes se remontan a la XVIII dinastía y un templo de Ramsés III.

El templo de Mut fue levantado por Amen-Hotep III, aunque también aquí el propileo del muro circundante es ptolemaico (de Ptolomeo II Filadelfo y Ptolomeo III Evergetes I), con añadidos posteriores al templo de Tajarqa y Nectanebo, entre otros. Amen-Hotep III destinó al templo centenares de estatuas de granito negro representando a la diosa leona Sjmet. Algunas de ellas pueden verse todavía en Karnak.

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Gizeh

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Las tres pirámides de Gizeh, pertenecientes a la IV dinastía, se perfilan en el horizonte tan pronto como se ha cruzado el suburbio de El Cairo que les da su nombre y según se avanza en dirección suroeste a lo largo de Sharia al-Ahram o Avenida de las Pirámides. La historia del lugar, sin embargo, se remonta mucho más lejos, al menos hasta el reinado del faraón Ninetjer de la II dinastía, cuyo nombre aparece en algunos sellos de jarras hallados en una tumba en la parte meridional del yacimiento. Una tumba anterior aún, perteneciente al reinado del faraón Wadj, de la I dinastía, fue localizada al sur del área, habitualmente descrita como la necrópolis de Gizeh.

El aspecto actual del lugar es el resultado de la configuración natural del terreno combinada con la acción del hombre, especialmente por su extracción de la piedra caliza del lugar, abundante en fósiles, que se utilizaba como material de construcción para pirámides y mastabas, y con su colmatación del yacimiento mediante los desechos de los constructores. Los efectos más pronunciados de las actividades de cantería pueden verse al sudeste de las pirámides de Jefren y Men-kau-Ra.

El sitio se divide naturalmente en dos grupos bien definidos que se asientan sobre un terreno más alto y separados por un ancho uadi. La primera unidad, la más extensa e importante, está formada por las pirámides y por los campos circundantes de las mastabas particulares. Los templos del valle, pertenecientes a las pirámides, y la Gran Esfinge con los templos adyacentes, están situados al pie de esa meseta elevada. El grupo más pequeño y de menor importancia sólo lo componen tumbas particulares y se alza sobre una cadena de montículos, al sudeste.

El estudio sistemático del lugar empezó en la primera mitad del siglo XIX. Entre los primeros exploradores, los más prominentes fueron Giovanni Battista Caviglia. Giovanni Battista Belzoni, R.W. Howard Vyse y J.S. Perring. A comienzos de la década de 1840 trabajaron C.R. Lepsius y la expedición prusiana. Auguste Mariette y W.M. Flinders Petrie desarrollaron su actividad en la seguna mitad del siglo pasado y a comienzos del presente. George Andrew Reisner, Hermann Junker y Sellim Asan fueron, sin embargo, los que más contribuyeron a nuestro actual conocimiento de Gizeh. Si bien es probablemente el sitio de Egipto excavado más sistemáticamente, su exploración no pude considerarse terminada ni siquiera hoy.

El complejo piramidal de Jufu (Keops)

La pirámide de Jufu, generalmente conocida como la “Gran Pirámide”, es tal vez uno de los monumentos más famosos del mundo. Su majestuosa mole y la perfección de su estructura le han convertido en el centro de atención de quienes visitan la zona de Menfis desde tiempo inmemorial. Casi con toda seguridad el contenido original de la pirámide fue saqueado durante el período de inestabilidad política y de convulsión social que siguió al colapso del poder central de los faraones, al finalizar el Imperio Antiguo, pero no hay testimonios fehacientes en ese sentido. El aprovechamiento de los bloques decorados de Jufu empezó ya e el-Lisht, durante el reinado de Amenemhat I. Los exploradores modernos hallaron vacía la Gran Pirámide, con sólo el macizo sarcófago de granito en la cámara funeraria del tercer plano de la construcción, que indicaba su propósito original.

Durante la Edad Media, la pirámide fue despojada por completo de su revestimiento exterior, con el resultado de que muchas construcciones de la antigua Gizeh y de El Cairo deben probablemente su material de construcción a la Gran Pirámide. Hoy, además de las pequeñas pirámides de las reinas de Jufu, es el único elemento del complejo piramidal originario que sigue imponiéndose de un modo espectacular, sin que apenas parezcan que le hayan afectado los expolios de que han sido objeto.

El templo del valle está en parte sepultado bajo las casas de la aldea moderna de Nazlet el-Simman, sin que existan muchas probabilidades de recuperarlo en un futuro inmediato La calzada, perceptible en los viejos mapas del lugar y que todavía podía verse en el siglo XIX, desapareció asimismo con el crecimiento de la aldea moderna. Sólo un sendero de pavimento basáltico frente a la cara oriental de la pirámide señala la posición del templo piramidal. Tal vez Jufu fracasó en el intento de procurarse un lugar seguro en el que su cuerpo pudiera descansar eternamente, peor sí que parece haber triunfado por completo en su empeño por construir un monumento casi indestructible.

El interior de la Gran Pirámide (véase la sección ) muestra cómo el plano inicial experimentó al menos dos cambios en el proceso de construcción. El visitante actual penetra en la pirámide por una abertura realizada por orden del califa Maamún en el siglo IX d.C., y que está situada por debajo y algo al oeste de la entrada originaria. El pasadizo descendente conduce a la cámara funeraria del primer plano, por debajo del nivel del suelo. Antes de que ese primer plano estuviera terminado, el proyecto se amplió y experimentó un cambio que dio paso a la cámara mortuoria del plano segundo, que está situada en la masa de la pirámide y a la que se llegaba por pasadizos ascendentes y llanos. Pero otro cambio de proyecto obligó también al abandono de esa idea, y así el pasadizo ascendente se prolongó con la gran galería hasta alcanzar la cámara sepulcral del plano tercero. La gran galería, con su alto techa de hiladas superpuestas, constituye tal vez la parte más impresionante de todo el interior. Uno de sus objetivos fue probablemente el de proporcionar espacio para almacenar los bloques de granito a los que se les hacía deslizar por el pasadizo inclinado para cerrarlo definitivamente después del funeral. Los frecuentas cambios de planos no resultan tan difíciles de entender, si se tiene en cuenta que los arquitectos se enfrentaban al imposible cometido de tener listo todo el complejo para recibir el entierro cuando ocurriese la muerte del faraón, pero sin que pudiesen predecir con certeza su “fecha de terminación”.

Incluso hoy, la construcción de la Gran Pirámide conllevaría notables problemas técnicos y administrativos. El proyecto debió de estar más o menos listo a finales del año vigésimo tercero del reinado de Jufu. Y eso significa que cada año hubo que arrancar de la cantera, desbastar, transportar hasta el lugar de la construcción y colocar cien mil grandes bloques (es decir, unos 285 por día), cada uno de los cuales pesaba aproximadamente 2’5 toneladas. A medida que la construcción progresaba, aumentaba asimismo la altura a la que había que elevar los bloques, mientras que simultáneamente iba reduciéndose rápidamente la plataforma de trabajo en la cima de la pirámide. Una vez que el proyecto se hubo separado del suelo, el transporte de materiales se hacía casi exclusivamente por medios humanos, porque lo restringido del espacio impedía el empleo de animales de tiro.

Estaban aún por inventar mecanismos tan simples como las poleas o los carros de ruedas, por lo que los problemas relacionados con el traslado y elevación de pesados bloques de piedra debieron ser enormes. Fue necesario emplear al menos a tanta gente como la que manejaba directamente los bloques de piedra, para realizar los trabajos auxiliares, como la construcción de rampas inclinadas por las que empujar los bloques, el mantenimiento de las herramientas, la provisión de alimentos y agua, etc. Dada la incertidumbre acerca de los métodos que los egipcios emplearon realmente, cualquier estimación sobre la cantidad de mano de obra empleada, no pude pasar de una mera hipótesis.

El volumen total de la empresa, el cuidado con que se proyectó y llevó a término la estructura, el hecho de que no exista recuerdo alguno de que jamás haya sido depositado algún cadáver en la Gran Pirámide, y la idea aparentemente absurda de que el propósito de todo ese despliegue no hubiera sido otro que el de proporcionar una tumba a un individuo, han atormentado durante largo tiempo a los especialistas casi tanto como a los aficionados. El interés no parece haber decrecido tampoco ahora, aunque por desgracia no todos los “estudiosos” de la Gran Pirámide siguen unos métodos estrictamente científicos; el estudio esotérico a la pirámide se denomina por lo general “piramidología”. Sin embargo, sería falso sostener que los egiptólogos han resuelto todos los problemas relacionados con ésta y otras pirámides.

A comienzos de la década de 1950 se hizo un descubrimiento notable. En un hoy rectangular, cerca de la cara sur de la pirámide de Jufu, fueron hallados elementos de un barco de madera desguazado. En un ambiente herméticamente cerrado dichos elementos se habían conservado muy bien, y el barco, con más de 40 metros de eslora y un desplazamiento aproximado de 40 toneladas, ha sido montado de nuevo, aunque todavía no sea accesible a los visitantes. Se conoce la localización de otro foso, que casi con seguridad debe de contener otro barco; pero todavía no ha sido abierto. Tal vez los barcos se utilizaron para transportar el cadáver del faraón difunto hasta el lugar de su purificación y embalsamamiento y, finalmente, al templo del valle.

El complejo piramidal de Jaefra (Kefrén)

Hijo y sucesor de Jufu, el faraón Radjedef empezó a construir su propia pirámide en Abu Rawash, al norte de Gizeh; pero el faraón inmediato, Jefrén, hijo asimismo de Jufu, levantó su complejo funerario al lado del de su padre. Aunque proyectada a escala más modesta, un ligero aumento de la inclinación de las caras de la pirámide produce el efecto de una estructura equiparable en magnitud a la Gran Pirámide. La pirámide de Jefrén (habitualmente conocida como la “Segunda Pirámide”) conserva cerca del vértice parte de su ligero revestimiento originario, tal vez debido a un cambio en el método para colocar los bloques.

El templo del valle, dentro del complejo de Jefrén y cercano a la Gran Esfinge, es una construcción de magnífico diseño con una sobriedad que, faltando casi por completo la decoración, radica en el efecto que produce el revestimiento de granito pulido de las paredes de sus estancias y de sus suelos de calcita. En una de las estancias hay un hoyo conteniendo una serie de esculturas de Jefrén en diorita de tonalidades grises, depositadas allí en época posterior, y entre las cuales se cuenta la estatua egipcia probablemente más famosa, que muestra al faraón sentado con un halcón posado en el respaldo del trono.

El complejo piramidal de Menkaure (Mikerinos)

El complejo piramidal de Men-kau-Ra, otro faraón de la IV dinastía, aparece un tanto empequeñecido por las otras dos construcciones de Gizeh. Aunque terminado a toda prisa con adobes, su templo del valle presentaba una soberbia colección de estatuas reales. Algunas formaban tríadas (grupos de tres figuras) y presentaban al faraón acompañado por la diosa menfita Hathor y por distintas personificaciones de los nomos o provincias de Egipto. En él se encontraba también una doble estatua erguida del soberano con una de sus esposas; la primera de este tipo en la escultura egipcia.

La pirámide (conocida como la “Pirámide Tercera”) fue reamueblada, probablemente durante la XXVI dinastía, cuando se reavivó el culto de los faraones sepultados en Gizeh. El sarcófago de basalto, hallado en la cámara sepulcral, se perdió desgraciadamente en el mar cuando era trasportado a Inglaterra, con lo que no pudo verificarse su fecha; pero restos de un sarcófago de madera, que pretendía ser de Men-kau-Ra, fueron ciertamente depositados en la pirámide unos mil ochocientos años más tarde. Una inscripción descubierta en 1968 sobre los restos del revestimiento cercano a la entrada de la pirámide probablemente se refiere a ese antiguo y notable esfuerzo de restauración.

Tumbas privadas

Cerca de cada uno de los complejos piramidales hay campos de tumbas pertenecientes a funcionarios y sacerdotes. Esa proximidad se explica por el hecho de que muchas de tales tumbas eran regalos del mismo faraón, estaban construidas por artesanos reales y se beneficiaban con la distribución de las ofrendas llevadas a los cercanos complejos piramidales. Un gran número de gentes enterradas en dichas tumbas estuvieron relacionadas con la necrópolis de Gizeh, por haber ejercido en vida funciones sacerdotales.

Los campos de mastabas más extensos son los que se encuentran al oeste, al sur y al este de la pirámide de Jufu o Keops. Los núcleos de los campos occidental y oriental, contemporáneos a la Gran Pirámide, consisten en mastabas construidas en piedra, de dimensiones uniformes y dispuestas en hileras regulares. Esos campos continuaron utilizándose durante el Imperio antiguo, introduciendo a menudo tumbas menores entre las grandes mastabas. Las canteras, al sudeste de las pirámides de Jefrén y Men-kau-Ra, con su superficie rocosa artificialmente creada, proporcionaban unas condiciones ideales para las tumbas excavadas en la roca, las primeras de este tipo en Egipto.

Una mastaba típica como la construida en Gizeh durante el reinado de Jufu, tenía una superestructura construida en piedra, con un plano rectangular y una superficie ligeramente inclinada. Un pozo abierto a través de esa superestructura y adentrándose luego en la roca terminaba en una sencilla cámara sepulcral. Dicho pozo quedaba permanentemente cerrado luego de que el cadáver fuera depositado en la cámara mortuoria. La capilla de culto consistía originariamente en una o dos estancias, construidas con adobes, frente a la cara este de la mastaba. El elemento principal de esa capilla primitiva era el poste de una estela inscrita con una representación del difunto sentado a la mesa y con una lista de ofrendas. Las ofrendas eran depositadas delante de la estela en determinados días y destinaban delante de la estela en determinados días y se destinaban al ka o espíritu del difunto. La tumba no presentaba ningún otro elemento decorativo.

Las mastabas de Gizeh fueron las primeras tumbas particulares egipcias construidas en piedra; por lo que nada tiene de sorprendente que el sencillo diseño original experimentase un rápido desarrollo. Los cambios más importantes se dieron en la capilla. En algunas de las mastabas se introdujo una capilla interior, es decir, que la estancia de las ofrendas y otras habitaciones auxiliares formaron el corazón mismo de la mastaba, mientras que continuaban construyéndose otras con una capilla exterior. La losa de la estela fue sustituida por una falsa puerta, y las paredes de la capilla empezaron a revestirse con fina caliza y a ser decoradas con relieves.

Las esposas principales de los faraones, además del mismo soberano, obtuvieron el privilegio de ser enterradas en pequeñas pirámides, situadas cerca de la estructura piramidal importante. Sin embargo, la tumba de la reina Heteferes, esposa de Snefru y madre de Jufu, hallada al este de la Gan Pirámide en 1915, careció de una superestructura de cualquier tipo, faltando asimismo el objeto más importante de la tumba: la momia de la reina. La tumba en su conjunto da la impresión de ser un reenterramiento apresurado, y cabría especular simplemente si la tumba original, cercana tal vez a las pirámides de Snefru en Dahshur, no habría sido saqueada y la momia de la reina destruida.

La Gran Esfinge

El concepto de esfinge, una criatura con cabeza humana y cuerpo de león, no fue conocido en Egipto antes del reinado de Radjedef, el antecesor inmediato de Khefrén. La perfección con que dos elementos tan discordantes se combinaron a escala gigantesca en la Gran Esfinge resulta admirable, aunque sigue estando poco clara la idea que subyace bajo esa creación. El templo frontal a la misma ofrece una cierta semejanza con los templos posteriores en honor del sol, que los faraones de la V dinastía levantaron en Abu Ghurab y en Abusir. Pero no existe documento alguno sobre el significado religioso de la Gran Esfinge durante el Imperio Antiguo. Fue sólo casi mil años más tarde, cuando la colosal estatua empezó a ser identificada con el dios Harmakhis (“Horus en el horizonte”).

La arena que tiende a cubrir la Esfinge tiene que ser removida con frecuencia. Probablemente la primera remoción de que tenemos noticias fuera la ordenada por el faraón Thutmosis IV, que dejó un recuerdo de la misma en la denominada “Estela del sueño”, erigida entre sus dos patas delanteras.

Guiza desde finales del Imperio Antiguo

Con el final del Imperio Antiguo pasó también el esplendor y gloria de Gizeh, sin que nada significativo ocurriera allí durante los seiscientos años siguientes. Fue sólo en el Imperio Nuevo cuando el lugar se benefició de la renovada importancia de Menfis (Mit Rahina). El faraón Amen-Hotep II de la XVIII dinastía construyó un pequeño templo de ladrillo en honor de Harmakhis, el nordeste de la Gran Esfinge, que Sethi I amplió más tarde. El sitio se convirtió en un lugar de peregrinación, siendo varios los faraones y numerosas las personas particulares que levantaron y dedicaron allí sus estelas votivas.

Durante la XXI dinastía, la capilla de las pirámides meridionales de las reinas en el complejo de Jufu fue reconstruida convirtiéndose en un templo de Isis, “Señora de la Pirámide”. El templo fue ampliado durante la XXVI dinastía, y la reposición del mobiliario en la Tercera Pirámide podría deberse a los sacerdotes de ese templo. Algunas tumbas aisladas y amplias de ese período se hallan dispersas a lo largo de la calzada de Jefrén y los portales que conducen a los restos saqueados de otras pueden verse en la roca que da a la cara occidental de la Gran Esfinge.

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Dahshur

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El campo piramidal de Dahshur constituye la extensión más meridional de la necrópolis menfita. El lugar tiene una longitud aproximada de 3’5 Km., y la pirámide conocida con los distintos nombres de “inclinada”, “desmochada”, “romboidal” o “falsa”, la única de esa factura en Egipto, por lo que constituye la nota más destacada en el horizonte de Dahshur.

Por lo que respecta a las tumbas reales, el cambio de la III dinastía a la IV se caracteriza por la transición de la pirámide escalonada a la pirámide propiamente dicha. Ese paso radical se inició y completó durante los reinados del último faraón de la III dinastía, Huni, y del primero de la nueva dinastía, Snefru. Las pirámides en las que puede observar el proceso se encuentran en Médium y en Dahshur. La pirámide meridional de Dahshur fue la primera que se planificó desde sus cimientos como una verdadera pirámide. Pese a lo cual, cuando la estructura alcanzó más de la mitad de la altura proyectada, la inclinación de sus caras exteriores se redujo repentinamente (pasando de 54º27’44’’ a 43º22’), dando así origen a la característica silueta “inclinada”, mientras que se mejoraba el método de revestimiento y de los bloques de relleno. Este cambio de diseño se debió probablemente a fallos estructurales, que pudieron aparecer en la propia obra o en la construcción coetánea de Médium. La Pirámide Inclinada es la única que tiene dos entradas diferentes: una entrada en su cara norte y otra en la fachada occidental.

Amplias zonas de la pirámide han conservado su revestimiento original liso. Al sur de la pirámide se encuentra la habitual pirámide ritual subsidiaria. El templo del valle está situado a unos 700 metros al nordeste de la pirámide, y ha proporcionado una serie de relieves notables, algunos de los cuales muestran procesiones de figuras femeninas que personifican los territorios de Snefru en el Alto y el Bajo Egipto.

Al parecer Snefru no se contentó con una pirámide en Dahshur, sino que se erigió otra, la denominada “Pirámide Roja” o Rosa” (por el color de la caliza rojiza que se empleó en su construcción), a unos 2 Km. más al norte. No ha podido establecerse la razón de este hecho, pero el que la indicación de las caras de la pirámide posterior fuera ya desde el comienzo la misma que la observada en la parte alta de la Pirámide Inclinada, puede ser un dato significativo. Las dimensiones de la base de esta pirámide (220 x 220 .) únicamente llegan a ser superadas por la gran pirámide de Jufu o Keops, en Gizeh.

Las restantes pirámides de Dahshur, a cierta distancia unas de otras y sin formar un grupo, son estructuras menores de la XII dinastía, y en concreto de los faraones Amenemhet II (la denominada “Pirámide Negra”). Las dos últimas de ladrillo. Cerca de la pirámide de Senwosret III se hizo un descubrimiento importante de al menos seis barcos de madera, que puede equipararse en importancia al hallazgo de un barco desmantelado de Jufu en Gizeh. No lejos de la pirámide de Amenemhet III se encuentra la tumba de un faraón efímero, llamado Awibre Hor, y una pequeña estructura piramidal de Amenqenau, ambos de la XIII dinastía.

Siguiendo el modelo habitual, las pirámides están acompañadas por tumbas de otros miembros de la familia real, de funcionarios y sacerdotes. Cerca de las pirámides de Amenemhet II y se Senwosret III, pero todavía dentro de los muros del recinto piramidal, se hallan las mastabas de princesas (Iti, Khnemt, Itiwert y Sitmerhut, todas ellas hijas de Amenemhet II; las de Ment y Sentsenebtisi, hijas de SenwosretIII) y de reinas.

Esas tumbas contenían algunos ejemplares magníficos de joyería pertenecientes al Imperio Medio (brazaletes, pectorales, collares, gargantillas, etc.), que ahora se encuentran en el Museo de El Cairo.

Entre los arqueólogos que excavan en Dahshur figuran dos nombres preeminentes: J. de Morgan, al que debemos nuestro conocimiento de las pirámides y tumbas del Imperio Medio (1894-95), y Ahmed Fakhry, que exploró la Pirámide Inclinada (1951-55). En los últimos años ha vuelto a hacerse cargo de las excavaciones en Dahshur el Instituto Arqueológico Alemán.

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Abu Rawash

CIUDADES, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

El lugar, que tomó su nombre de la aldea de Abu Ruash situada al este, sirvió como necrópolis de un importante centro administrativo ya desde los mismos comienzos de la historia egipcia. Las excavaciones han sacado a luz objetos que llevan inscritos los nombres de dos faraones de la I dinastía: Aha y Den.

El soberano Radjedef, que eligió la meseta dominante de Abu Ruash para el emplazamiento de su complejo piramidal, no se desplazó por lo mismo hasta un terreno virgen. La pirámide es la más septentrional de la necrópolis menfita, y los restos de material de construcción visibles en el lugar indican que fue proyectada para recibir al menos un revestimiento parcial de granito rojo.

La calzada, de unos 1.500 metros de longitud, accede a la pirámide y su templo desde el nordeste, y no por el lado habitual de oriente; pero ello se debió a la configuración misma del terreno más que a consideración de tipo religioso. Como Radjedef sólo reinó ocho años, su monumento funerario apenas superó los estadios iniciales de su construcción.

Han sido excavadas las partes consideradas como más importantes del mismo, pro en los tiempos modernos todavía no se ha logrado alcanzar la cámara funeraria.

A pesar de estar incompleto, el complejo piramidal nos ha proporcionado ejemplos magníficos de escultura real en la primera mitad de la IV dinastía, aunque por desgracia éstos sean fragmentarios. Las estatuas están talladas en la dura cuarcita roja de Gebet Ahmar (al este de El Cairo actual).

Además de proporcionarnos los rasgos del faraón, probablemente un tanto idealizados, una de ellas es una estatua sedente llena de encanto, con una pequeña figura de la reina Jentetka, esposa de Radjedef, que aparece de rodillas y abrazando la pierna de su esposo. Aunque en un principio fue acogida con gran entusiasmo por parte de los escultores de estatuas particulares, ese tipo de estatua no se repitió en la escultura real.

El lugar de Abu Ruash nunca recuperó el efímero esplendor conseguido bajo el reinado de Radjedef . Aún así, en una de las varias estructuras tardías de uadi. Qaren, al norte de la pirámide, se encontró la parte superior de una bella estatuilla de la reina Arsinoe II, hermana y esposa de Ptolomeo II Filadelfo.

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Deir el-Medina.

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Gracias a los óstracas, los papiros y otros documentos podemos reconstruir con bastantes datos la vida cotidiana de la comunidad de los trabajadores de la ciudad obrera de Los que escuchan las plegarias en el lugar de la Verdad y que trabajaron en las construcciones reales del Valle de los Reyes y de las Reinas.

Las ruinas del asentamiento (unas 70 casas), en el que vivieron estos trabajadores con sus familias desde el reinado de Thutmosis I, puede verse en un pequeño valle que queda detrás de la colina de Gurnet Murai, en Deir el-Medina. Cerca se encuentran las propias tumbas de los obreros y las capillas de sus dioses locales. La “cuadrilla” de trabajadores, formada por 60 hombres e incluso más, se dividía en dos “equipos”, cada uno con su capataz, su delegado y uno o varios amanuenses. Su superior era el visir, que se presentaba en algunas ocasiones o enviaba a alguno de los “mayordomos” reales para visitar el lugar e inspeccionar el desarrollo de las obras. Los jornales de los obreros se pagaban en especie, principalmente grano, y los recibían a finales de mes. Otros alimentos, como pescado y verduras, y en ocasiones carne, vino, sal, etc., también se les proporcionaba. Una característica de este período fue el que durante la XX dinastía hubo ocasiones en que los víveres se retrasaban, lo que conllevaba las protestas de los trabajadores. La primera “protesta laboral” que se recuerda tubo efecto el año 29 de Ramsés III. Los trabajadores permanecían habitualmente en el lugar de la tumba, en el Valle de los Reyes, durante la “semana” laboral de 10 días, regresando a la aldea los días restantes o para las festividades religiosas, que también eran días de descanso.

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Medinet Habu

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El templo enlazaba con el Nilo mediante un canal, detalle éste de cierta importancia dado que las procesiones en barco desempeñaban un papel primordial en las festividades religiosas; por ello se construyó un muelle de desembarco fuera del recinto. La entrada al recinto del templo se realizaba a través de una de las dos puertas fortificadas, al este y al oeste. Ahora sólo por la primera, llamada en ocasiones el “Pabellón”.

El templo propiamente dicho es de traza ortodoxa y recuerda mucho el templo mortuorio de Ramsés II (el Rameseum), al que imita probablemente de forma intencionada. Al sur del patio primero se alzaba el palacio de ladrillo, ahora gravemente dañado, que el faraón utilizaba durante las festividades religiosas celebradas en Medinet Habu. Se han reconocido dos fases de construcción en la estructura. Los muros interiores del palacio estuvieron decorados originariamente con magníficos azulejos vidriados, similares a los que conocemos de la misma época en algunos palacios del delta (Tell e-Yahudiya y Qantir). La “ventana de las apariciones” enlazaba el palacio con el templo.

Algunos de los relieves de Medinet Habu tienen una importancia histórica, además de artística, porque recuerdan ciertos acontecimientos del reinado de Ramsés III.

Pilón I: En la parte exterior aparece el faraón castigando a unos cautivos extranjeros frente a los dioses Amón y Ra-Hor-ajty, en unas escenas simbólicas de triunfo. Los territorios extranjeros y sus ciudades sometidas están representados mediante la inscripción de sus nombres en anillos que tienen cabezas humanas. Hay escenas de caza en la breve fachada occidental que mira al macizo sur.

Pilón II: En la parte exterior (cara oriental) del macizo sur, el faraón presenta los cautivos a Amón y Mut.

En la parte interior, y también sobre los muros sur y norte del patio segundo, hay representaciones de las fiestas de Sokar y Min.

El Exterior del templo, y concretamente el muro septentrional, representa algunas campañas contra los libios, los asiáticos y los “pueblos del mar”Escenas más específicamente religiosas figuran en las paredes de las estancias del interior del templo.

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El Rameseum

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El complejo mortuorio de Ramsés II –un tanto confusamente descrito por Diodoro, que se refería a él llamándolo “la tumba de Osymandyas”; es decir, de User-maat-Ra, parte del prenombre de Ramsés II-, conocido actualmente como el Rameseum, consta del templo propiamente dicho, los almacenes circundantes de ladrillo y otras construcciones (la tumba de Ramsés II se encuentra en el Valle de los Reyes).

La disposición interior del templo construido en piedra es bastante ortodoxa, aunque un poco más reelaborada de lo habitual: dos patios, una sala hipóstila, una serie de antecámaras y de estancias subsidiarias, la sala de la barca y el santuario. El plano general del templo es, curiosamente, un paralelogramo más que un rectángulo.

Ello se debió probablemente al mantenimiento de la orientación que tenía un pequeño templo construido con anterioridad, dedicado a Tuya, la madre de Ramsés II, mientras se construían los pilones frontales al templo de Luxor en la ribera oriental. El templo de Tuya está situado al norte de la sala hipóstila del Rameseum.

Los pilonos I y II del Rameseum están decorados con relieves que describen, entre otras cosas, la batalla de Qadesh (conocida también por las ilustraciones de Karnak, Luxor, Abydos y Abu Simbel).

Dos colosos en granito de Ramsés II se alzaban originariamente delante de una plataforma que antecedía a la sala hipóstila: la parte superior de la estatua meridional se encuentra actualmente en el British Museum, en Londres, mientras que la cabeza de la pieza paralela puede verse todavía en el propio Rameseum. La primera estancia detrás de la sala hipóstila tiene un techo con decoración astronómica y probablemente podría haberse utilizado como biblioteca del templo. El habitual palacio del templo se levantaba al sur del patio primero.

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El Templo de Sethy I

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El de Sethy I, es el más septentrional de todos los templos de Tebas y se encuentra cerca del límite occidental del pueblo de Gurna.

Los viajeros del siglo XIX lo llamaban “el templo de Gurna” y la gente del lugar, Qasr el-Rubaiq, pero los antiguos egipcios le daban el nombre de “Glorioso Sethy al Oeste de Tebas”. Es probable que en aquellos tiempos el centro administrativo de la Tebas occidental estuviera allí, en el pueblo llamado Hefthernebes o “Ciudad ante su Amo”. Sethy I consagró este templo a Amón-Ra y al culto de su padre, Ramsés I, que durante su breve reinado no tuvo tiempo de ordenar que le construyeran su propio templo conmemorativo, como demuestra la capilla dedicada a él y situada en la parte meridional del templo. Este edificio fue terminado más adelante por Ramsés II e incluía una gran muralla y dos pilonos de ladrillo crudo que hacían de separación entre los dos patios. Desde el gran portal del primer pilono una hilera de esfinges cruzaba los patios hasta la sala hipóstila. En la parte meridional del primer patio se alzaba el palacio real, estructura cuya función era principalmente ritual y que se construyó aquí por primera vez, pero que en el futuro se copiaría de manera constante.

Dicho de otro modo, el palacio real permitía que el rey difunto se materializara durante las grandes fiestas en la sala del trono, donde estaba representado por una estatua. Aunque de los pilonos del templo, que estaban construidos con materiales inestables como el ladrillo crudo, ya no queda ni rastro, el templo propiamente dicho, que se construyó con piedra arenisca, se conserva muy bien, y tiene una estructura triple en cuyo centro está situada la sala hipóstila, decorada con elegantes columnas papiriformes fasciculadas y, como en el templo de Hatshepsut, hay hacia el sur una zona dedicada al culto del rey y, al norte, otra dedicada al culto solar. El sector septentrional incluye un patio con el altar central rodeado de nichos que contienen estatuas del rey, que de esta forma podía participar en los sacrificios que se ofrecían a Amón-Ra.

En cuanto al estilo de la decoración, los bajorrelieves que adornan las paredes del templo son elegantísimos y hacen pensar en el estilo típico de los tiempos de la XVIII dinastía. Y finalmente, el templo también tenía almacenes que a veces se proyectaban ex profeso para guardar productos agrícolas; estas estructuras aparecieron entonces por primera vez, pero se perfeccionaron en los templos construidos más adelante, especialmente en el Rameseum, el templo conmemorativo de Ramsés II. Debido a su posición, el templo de Sethy era la primera estación de las procesiones que se organizaban durante la Bella Fiesta del Valle y continuó cumpliendo esta función hasta la época romana, momento en que el lugar fue transformado en una especie de zona industrial donde trabajaban numerosos artesanos.

Por último, durante la era copta se convirtió el patio del norte en una iglesia a la vez que se construían viviendas particulares dentro del perímetro del templo; también durante el mismo período empezó el proceso de reutilización de los elementos arquitectónicos más fáciles de transportar, que se incorporaban a edificios nuevos. El Instituto Arqueológico Alemán emprendió estudios y obras de restauración del templo de Sethy I en 1972, con lo cual volvieron a salir a la luz algunas de las estructuras que habían desaparecido en el transcurso del tiempo

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Los colosos de Memnom

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Estas dos enormes estatuas monolíticas se alzaban a ambos lados de la puerta monumental del primer pilono del templo conmemorativo de Amen-Hotep III, hoy completamente destruido, considerado el mayor de todos los templos tebanos. Este templo se construyó en el lado más alejado de la llanura fluvial del Nilo, fue destruido por las inundaciones anuales y utilizado como cantera para extraer materiales para la construcción. Los dos colosos representan al faraón divinizado y son el más vivo testimonio de aquella grandiosa construcción; las estatuas miden 16’6 metros de altura y se esculpieron en dos bloques de cuarcita procedentes de la cantera de Gebel el-Ahmar, cerca de El Cairo.

A consecuencia del terremoto del año 27 a.C., como refiere Estrabón (véase Estrabón, Geografía, XVIII, 1, 46), el coloso del norte se derrumbó parcialmente. A partir de entonces, por la mañana, tenía lugar un fenómeno extraordinario; debido al calor de los rayos solares y a la humedad de la noche, la estatua emitía sonidos que, según Pausanías, parecían una cítara. Los antiguos griegos buscaron una explicación en la historia legendaria que Homero escribió sobre Memnón, el hijo de Eos (Aurora) y luego reapareció en Tebas como estatua y todas as mañanas profería lamentaciones al ver a su madre ascendiendo en los cielo. Este fenómeno, que adquirió mucho fama en la antigüedad y atraía visitantes de todas las partes de la región (como demuestran las numerosas firmas e inscripciones griegas y romanas que aparecen en el pedestal y los pies de la estatua), cesó después de las obras de restauración que se hicieron por orden del emperador Septimio Severo a finales del siglo II d.C.

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El Templo de Luxor

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El Templo de Luxor

Los testimonios textuales y arqueológicos señalan que se alzaba un santuario en el lugar que ahora ocupa el templo de Luxor, o en sus proximidades, ya a comienzos de la XVIII dinastía o incluso antes. Pero el templo que todavía hoy podemos ve se debió esencialmente a dos faraones constructores: Amen-Hotep III (la parte interior) y Ramsés II (la parte de fuera). Otros muchos soberanos contribuyeron a su decoración en relieve y a sus inscripciones, añadiendo pequeñas estructuras o introduciendo pequeños cambios, principalmente Tut-anj-Amón, Hor-em-heb y Alejandro Magno. Una capilla funeraria primitiva de la tríada tebana fue incorporada al patio de Ramsés II. La longitud total del templo, desde el pilón al muro trasero, se aproxima a los 260 metros.

El templo estaba dedicado a Amón, que en Luxor adoptó la forma del Min itifálico Estuvo estrechamente vinculado al gran templo de Amón en Karnak, y una vez al año, durante los meses segundo y tercero del período de inundación, se celebraba en Luxor un largo festival religioso en el que la imagen de Amón de Karnak visitaba a su Ipet-resyt o Ipet meridional”, como se llamaba el templo.

Al final del reinado del emperador Diocleciano, inmediatamente después del año 300 d.C., la primera de las antecámaras de la parte interior del templo fue convertida en santuario del culto imperial al servicio de la guarnición militar local y de la ciudad. Allí se conservaban los estandartes e insignias de la legión. Estaba decorada con pinturas exquisitas, que aún podían verse en el siglo XIX, pero que ahora casi se han pedido por completo. Durante el período ayyúbida (siglo XIII d. De C.) se construyó en el patio de Ramsés II la pequeña mezquita de Abu el-Haggag, que aún se conserva en nuestros días.

La avenida de esfinges con cabeza humana de Nectanebo I unía Karnak, A Unos 3 kilómetros al norte, con Luxor y conducía al visitante a un recinto de ladrillo. Muchas estructuras posteriores se alzaron en el atrio que precedía al templo propiamente dicho, incluyendo una columnata de Shabaka (desmantelada más tarde) y capillas de Hathor, construida por Tajarqa, y de Serapis, construida por Adriano. Los muros de ladrillo cocido, visibles al este y al oeste del templo, componen los restos de la tardía ciudad romana, coetánea del santuario imperial.

El templo está frente a un pilón de Ramsés II, cuyos relieves y textos de la parte exterior relatan la famosa batalla de Qadesh, en Siria, contra los hititas en el año 1285 a. C. Dos obeliscos de granito rojo se erguían originariamente frente al pilón, pero ahora sólo queda uno de aproximadamente 25 metros de altura; el otro fue trasladado a la plaza de la Concordia, de París, en los años 1835-36. Varias estatuas colosales de Ramsés II, dos de ellas sedentes, flanquean la entrada. La puerta central del pilón fue decorada en parte por Shabaka.

El patio peristilo de Ramsés II, que se abre tras el pilón, tiene 74 columnas en forma de papiros con escenas del faraón en presencia de varias divinidades. Las columnas están dispuestas en doble hilera alrededor del patio, interrumpidas por un santuario consistente en tres capillas (o puestos de barcos) de Amón (centro), Mut (izquierda) y Jonsu (derecha), construidas por Hatshepsut y Thutmosis III y vueltas a decorar por Ramsés II.

Fue probablemente la existencia de ese santuario la que motivó una notable desviación del eje de las construcciones de Ramsés II respecto del templo anterior de Amen-Hotep III. Colosos erguidos al lado del faraón están colocados en los huecos que se encuentran en la primera fila de columnas al extremo meridional del patio.

La entrada a la columnata procesional de Amen-Hotep III, con siete columnas a cada lado, tiene dos colosos sedentes de Ramsés II con la reina Nefertary junto a su pierna derecha en el lado norte, mientras que en el lado sur hay dos estatuas dobles, sedentes también, que corresponden, respectivamente, a Amón y Mut.

Los muros de detrás de las columnas fueron decorados por Tut-anj-Amón y Hor-em-heb con relieves que describen la fiesta de Opet: los del muro occidental muestran una procesión de barcos desde Karnak a Luxor, mientras que los del muro oriental ofrecen el viaje de regreso.

Un patio peristilo de Amen-Hotep III se fusiona por uno de sus lados con la sala hipóstila, que es la primera habitación de la parte interior del templo, originariamente techada. Ésta conduce a una serie de cuatro antecámaras con habitaciones auxiliares.

La llamada “Estancia del nacimiento”, que se encuentra situada al este de la antecámara segunda, está decorada con relieves que describen el simbólico “nacimiento divino” de Amen-Hotep III como resultado de la unión de su madre Mut-em-uia con el dios Amón. Alejandro Magno construyó un santuario de barcas en la tercera de las antecámaras. El santuario de Amen-Hotep III es la última estancia sobre el eje central del templo.

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Tebas

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A la antigua Waset la llamaron Thebai, Tebas, los griegos, sin que sepamos la razón de ese nombre. Se ha sugerido que la pronunciación de los nombres egipcios Ta-ipet (Ipet-resyt era el templo de Luxor) o Djeme (Medinet Habu) daba un sonido similar al de la antigua ciudad beocia; pero el argumento no parece convincente.

Waset estaba en el nomo IV del Alto Egipto, en su parte más meridional. Su posición geográfica contribuyó grandemente a la importancia histórica de la ciudad: estaba cerca de Nubia y del desierto oriental, con sus valiosos recursos minerales y sus rutas mercantiles, y a la vez distante de los centros dominadores del norte. Los gobernantes locales de Tebas, en los comienzos de la historia egipcia, llevaron a cabo una política de expansión activa, sobre todo en los Períodos intermedios I y II; en el último período esto se enmascaró como una reacción egipcia contra los invasores extranjeros (los hicsos). Los monumentos más antiguos son los de finales del Imperio Antiguo y escasean, siendo entonces Waset poco más que una ciudad provinciana. Su ascensión camino de la capitalidad tuvo efecto durante la XI dinastía, aunque a comienzos de la XII dinastía la capital fue trasladada a Itch-tauy; pero Tebas, con su dios Amón, se afianzó como el centro administrativo de la parte meridional del Alto Egipto. Su período de mayor esplendor llegó con la XVIII dinastía, cuando la ciudad fue la capital efectiva del país. Sus templos fueron los más importantes y los más ricos de todo Egipto, mientras que las tumbas preparadas para la minoría más destacada de sus habitantes, y que se situaron en la orilla occidental, fueron las más lujosas que jamás contemplaron ojos egipcios. Incluso a finales de la XVIII dinastía y durante el período ramesida, cuando la residencia y el centro de las actividades regias se desplazaron hacia el norte (El-Amarna, Menfis y Pi-Ramsés), los templos tebanos continuaron con todo su esplendor, los monarcas continuaron siendo enterrados en el Valle de los Reyes, y la ciudad retuvo parte de su importancia en la vida administrativa del país.

Durante el III Período intermedio, Tebas, con el sumo sacerdote de Amón a su cabeza, representó la contrabalanza a la soberanía de los reyes de las dinastías XXI y XXII, que gobernaron desde Tanis, en el delta. La influencia tebana sólo acabó en el Período tardío.

La parte principal –y probablemente la más antigua- de la ciudad así como sus templos más imponentes estuvieron en la orilla oriental. Cruzando el río, en la banda occidental, estaba la necrópolis con las tumbas y los templos funerarios, así como el barrio occidental de la ciudad; Amen-Hotep III tuvo su palacio en el-Makata, y a lo largo del período ramesida la propia ciudad se situó al norte del mismo, en Medinet Habu.

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File

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En su grandioso emplazamiento sobre la primera catarata, la exuberante isla de File (Philae) fue el punto de atracción más romántico para los turistas que visitaban Egipto en el siglo XIX; pero con la construcción de la primera presa de Asuán, quedó sumergida la mayor parte del año. Ahora, y como resultado de la construcción de la gran presa, los templos han sido desmontados y reconstruidos en la cercana isla de Agilkia.

Los primeros monumentos del lugar pertenecen al reinado de Nectanebo I; pero algunos bloques descubiertos en los cimientos retrotraen la historia de la isla hasta el reinado de Taharqa. File es el lugar de la última inscripción jeroglífica (394 d.c.) y de grafitos en demótico aún más tardíos (el último del 452 d. C.).
Los egipcios dieron una etimología al nombre de File, “isla del tiempo de Re”, lo que implica que el lugar recreaba el mundo primordial cuando el dios Sol gobernaba sobre la tierra. En la cercana isla de Biga estaba el Abatón o “montículo puro”, una de las muchas tumbas de Osiris en el país. Se llegaba hasta allí a través del pequeño templo de Biga, que mira a File.

El templo de Isis constituía la cima arquitectónica de File, de modo que la pareja de divinidades más importante de la época tenía su respectiva isla. Isis fue con mucho la más popular, teniendo devotos creyentes al norte y al sur. En el Período ptolomaico hubo allí un breve condominio entre Egipto y los reyes de Meroe. Ello se tradujo en la decoración del templo de Arensnufis, que se levantó en nombre de Ptolomeo IV Filopator, y en nombre del meroítico Arqamani (ha. 220-200 a. C.); también existen grafitos meroíticos desde el siglo III antes de Cristo hasta el siglo III después de Cristo. Pese a lo cual, las construcciones son completamente egipcias y es probable que se levantasen con recursos egipcios.

Las zonas del sudeste de la isla probablemente albergaron a los barrios de población. Los peregrinos desembarcaban cerca del palacio de Nestanebo I en el sur, y avanzaban hacia el espacio abierto, delimitado por la monumental columnata del oeste y una primera columnata al este. Se trata probablemente de estructuras posteriores que se añadieron para completar el grupo de edificios. Pueden haberse inspirado en los planos de espacios públicos del mundo clásico. La decoración de la columnata occidental procede principalmente de la época romana.

Al este estaban los templos dedicados a los dioses nubios Arensnufis y Mandulis, así como un templo de Imhotep, l funcionario divinizado del reinado de Djoser (Zoser), al que también menciona una estela ptolomaica de la isla de Sehel, al norte. En la abrtura septentrional de la primera columnata del este hay una puerta dedicada a Ptolomeo II Filadelfo, que conduce a una pequeña capilla y al pabellón, muy posterior, de Trajano, en la costa oriental de la isla.

La primera parte del templo de Isis está compuesta de elementos aislados. Tras el pilón primero se encuentra un patio, formado por la casa del nacimiento, que está emplazada poco convencionalmente, paralela al eje del templo, y la segunda columnata oriental con una serie de habitaciones que sobresalen de la misma. La decoración de estas zonas es de finales del Período Ptolomaico y comienzos del Período romano. El templo principal que viene después, y cuya decoración más antigua se remonta al Ptolomeo II Filadelfo, contiene una versión abreviada del pilón completo, del patio y de la sala hipóstila, construidos a una escala menor que los otros grandes templos de la época. En el techo hay capillas dedicadas a Osiris.

El más notable de los templos que se conservan es el de Hathor, que en este caso era la diosa terrible del mito, que se fue irritada a Nubia sembrando la devastación y a la que Thoth hubo de calmar antes de que volviera. Las columnas de la entrada al patio del templo contienen figuras de músicos, y entre ellos al dios Bes, cuyas interpretaciones pretendían aplacar a la diosa.

En la punta septentrional de la isla hubo un templo dedicado a Augusto y una puerta conocida como “Puerta de Diocleciano” (264-305 d.C.). Entre esos monumentos y el templo de Isis figuraban dos iglesias, que desde mediados del siglo IV después de Cristo coexistieron con los cultos paganos, hasta que éstos fueron por fin suprimidos por orden del emperador bizantino Justiniano (527-565). La sala hipóstila del templo de Isis se transformó en una iglesia cristiana y, como en muchos otros lugares, las zonas accesibles cubiertas de figuras de reyes y dioses fueron mutiladas y borradas.

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Elefantina

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Elefantina fue la capital del primer nomo del Alto Egipto, que probablemente fue anexionado a Egipto a comienzos del Período dinástico. El sitio tiene una importancia estratégica por ser la barrera natural inmediatamente al sur de la primera catarata y por la abundancia de yacimientos minerales cercanos; pero es una zona casi estéril y la ciudad siempre se vio obligada a importar alimentos de las regiones más al norte. Su existencia se debía a la guarnición y el comercio. El significado corriente de la antigua palabra egipcia swenet, de la que derivó el nombre de Asuán, es el de “comercio”.

El núcleo urbano principal y el área de los templos de hallaba en el extremo meridional de la isla de Elefantina, que estuvo habitada casi permanentemente desde el I Período dinástico. Hasta el momento presente poco puede decirse de la ciudad, que últimamente está siendo sometida a un programa de excavaciones a gran escala.

Estos trabajos han encontrado un importante depósito de figurillas votivas de comienzos del Período dinástico, parecidas a las de Kom el-Ahmar (Hierakónpolis), demostrando de manera indirecta que en esa época ya existía un templo. De finales del Imperio Antiguo sólo nos ha llegado un panel con relieves en madera, que cubría la entrada a una capilla conmemorativa de un personaje notable de la VI dinastía; las tumbas de tales nobles se encuentran al otro lado del río. Un monumento de carácter similar es la capilla funeraria de Heka-ib, un funcionario de la VI dinastía que recibió honores divinos después de su muerte y que siguió siendo objeto de un culto local hasta el Imperio Medio. De épocas posteriores hasta llegar al Período romano proceden unos fragmentos de relieves pertenecientes a los templos de Jenum, Satis y Anulis, la tríada de divinidades loc ales; pero no son estructuras completas y son pocos los elementos hallados in situ. No obstante, un templo con columnas de Amen-Hotep III estaba virtualmente terminado y completo hacia el año 1820, como lo estuvo una construcción de Thutmosis III. En el área de un templo dedicado a Alejandro IV se han excavado enterramientos de carneros consagrados a Jenum, que se fechan en el Período grecorromano. Las momias se envolvían en trozos de primoroso papel dorado, algunos de los cuales se encuentran ahora en el vecino museo, y eran después colocadas en sarcófagos de piedra que se dejaban donde habían sido excavados. El monumento mejor conocido de la isla, y todavía visible, es el Nilómetro: una escalera con marcas que señalan los codos para medir la altura del río en la orilla este. Los niveles de inundación recordados en el monumento pertenecen al Período romano.

En la orilla occidental, al norte de la ciudad, en Qubbet el-Hawa (o “casa de los vientos” en árabe), hay excavadas en la roca tumbas pertenecientes a jefes expedicionarios en al Imperio Antiguo, monarcas del Imperio Medio y algunos funcionarios del Imperio Nuevo. Las tumbas de la VI dinastía, algunas de las cuales forman complejos grupos de familiares, contienen importantes textos biográficos, pro la decoración normalmente es escasa y provinciana. Mucho más impresionante, tanto por su arquitectura como por su decoración, es la tumba del noble Sarenput, perteneciente a la XII dinastía, aunque en la actualidad sólo conserva relieves en algunas zonas.

Las rocas de granito de la catarata, al sur de Elefantina, presentan marcas de cantería en varios puntos, y el área de canteras se extiende asimismo unos seis kilómetros al este del centro de la ciudad. Los restos más sorprendentes son un obelisco abandonado y un coloso casi completo en forma de momia. El obelisco revela algunos defectos, pero lo que no está claro es por qué nunca se traslado el coloso. Tanto en el río como en el suelo seco hay numerosos grafitos antiguos que rememoran expediciones de cantería o realizadas con un objetivo más general. El grupo mayor de tales grafitos se encuentra en la isla de Sehel, a tres kilómetros al sur de Elefantina.

Asuán contiene pocos restos visibles, probablemente por que allí se construyó permanentemente en el mismo sitio. Los dos diminutos templos del Período grecorromano probablemente representaban sólo una pequeña parte del área sagrada original.

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Kom Ombo

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Kom Ombo se alza sobre un promontorio en una curva del Nilo, en el extremo septentrional de la zona más ancha de tierra de cultivo, que se encuentra al sur de Gebel el-Silsila. Debido a las mejoras técnicas de la agricultura, fue una ciudad floreciente en el Período del ptolemaico, al que se remontan casi todos sus monumentos. Sin embargo, parece que en la muralla meridional del recinto descubrió Champollion una puerta perteneciente a la XVIII dinastía, y también se han encontrado bloques dispersos del Imperio Nuevo. Parte del atrio del vestíbulo al templo ha sido erosionado por el río, mientras que al que queda detrás del recinto está poco estudiada, de modo que otros testimonios primitivos han desaparecido o yacen enterrados.

El rey más antiguo cuyo nombre aparece en el templo es Ptolomeo VI Filométor; y casi toda la decoración se completó bajo Ptolomeo XII Auletes. A comienzos del Período romano fue decorado el patio y se añadió el corredor exterior. El templo está dedicado a dos tríadas de divinidades: Sobek, Hathor y Khons-Haroeris (Horus el Anciano), Tasenetnofret (la diosa hermana) y Panebtawy (el señor de los Dos Países). Los dos últimos tienen nombres artificiales que expresan las funciones de las divinidades en tal grupo, , una como compañera del dios, y la otra referida al dios joven como soberano. Sobek y su tríada son las deidades primarias, como demuestra por el hecho de ocupar la parte meridional, ya que en los esquemas organicistas de Egipto, el sur es anterior al norte.

La casa del nacimiento, la más próxima al río, ha perdido su mitad occidental. Se apoya directamente sobre el pilón del templo principal, tal vez porque el espacio escaseaba ya en la antigüedad (la parte trasera del templo se junta asimismo con el muro del recinto). El pilón tiene una doble puerta, primera señal de un plano complejo en el que hay un eje para cada puerta principal y un número desacostumbradamente grande de habitaciones intermedias que culminan en dos santuarios. De la primera sala hipóstila arranca un corredor que encierra todo el patio interior del templo, y que a todo lo largo tiene una serie de camarillas en la parte posterior. Está rodeado, a su vez, por un segundo muro y corredor que envuelven el patio. Así, el doble eje se complementa con otras estructuras duales. Algunos de los relieves del corredor interior y de sus pequeñas habitaciones están sin terminar, proporcionando así valiosos datos sobre los métodos artísticos de la época. En la cara interna del corredor exterior se representan algunas escenas únicas y bizarras así como una serie de instrumentos que tradicionalmente se interpretaron como material perteneciente al cirujano.

Una figura de Haroeris en la primera sala hipóstila revive una vieja técnica de embellecimiento del relieve: tiene un hueco en lugar del ojo que debía de incrustarse, confiriendo una especial opulencia y vivacidad a la figura del dios.

La pequeña capilla romana de Hathor, al sur del patio, se utiliza ahora como depósito de las momias de los cocodrilos sagrados traídas de una necrópolis cercana. El pozo al norte del templo es complejo y, dada la elevación del santuario, tiene mucha profundidad. Como otros pozos en los recintos de los templos proporcionaba un agua purísima, en teoría llegada de las fuentes primordiales, para derramarla sobre el área sagrada, evitando la polución del mundo exterior.

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Edfu

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El lugar de Edfu, cerca del río y alzándose sobre un ancho valle, constituía un sitio ideal para el asentamiento humano, ya que quedaba a salvo de la inundación sin aislarse, cercano como estaba a las proximidades del desierto. El templo ptolemaico formaba parte de un área más amplia, que se extendía al este y al sur bajo la ciudad moderna, la cual puede haber equilibrado los restos que se extendían al oeste. El lado occidental tiene un muro de circunvalación interno y otro exterior que se remontan al Imperio Antiguo. Una muralla posterior corre por fuera del segundo muro y puede atribuirse al primer Período intermedio. Dentro de los muros y por encima de los mismos quedan restos del Imperio Antiguo y de la ciudad grecorromana. El muro exterior coincide en una zona con el de finales del Imperio Antiguo, y con un área de tumbas del primer Período intermedio, que se extiende más al oeste. Estas incluyen amplísimas mastabas y hay también fragmentos diseminados de estelas, estatuas y mesas de ofrendas pertenecientes al segundo Período intermedio y al Imperio Nuevo.

Sólo se ha conservado la base del pilón de un templo de Ramsés III. Está orientado, convencionalmente, hacia el Nilo, y debe ser parte de una estructura mucho menor que se alzó después. El templo posterior refleja la influencia de su predecesor mediante el alineamiento de una puerta en su primer patio con la que está entre los dos macizos del pilón primitivo. Ello forma un complejo con un pequeño pórtico que da al sur y, justo en la parte meridional de la puerta, con la casa del nacimiento, en ángulos rectos con el templo principal. El templo es el que mejor se conserva de Egipto, y constituye un verdadero arquetipo.

Las inscripciones en las paredes, escritas en franjas horizontales en las zonas externas, proporcionan numerosos detalles sobre la construcción. Se empezó la obra el año 237 con Ptolomeo III Evergetes I. La parte interior estaba terminada el año 212 (con Ptolomeo IV Filopátor) y fue decorada hacia el año 142 (Ptolomeo VIII Evergetes II). La sala hipóstila exterior se construyó por separado, quedando completa el año 124 (con el mismo Ptolomeo VIII Evergetes II). Su decoración y la de otras partes exteriores estaba terminada el año 57. La obra se continuó, por lo general, con independencia de la situación política; pero quedó suspendida durante más de veinte años a causa de los disturbios que estallaron en el Alto Egipto bajo el reinado de Ptolomeo IV y Ptolomeo V Epifanes.

La orientación inusual del templo hacia el sur puede deberse a la naturaleza misma del emplazamiento. Después del pilón viene el patio –el único de los patios espaciosos que se ha conservado- que tiene columnas con capiteles pareados o de formas distintas, como sucede en otras construcciones de la época, y que confieren variedad a unas estructuras por lo demás uniformes. Las puertas conducen a la parte posterior del templo hasta una zona delimitada por un muro de piedra y que es continuación del muro exterior del patio. Las escenas e inscripciones tanto aquí como en la cara exterior del muro del recinto incluyen una lista de donaciones de tierra al templo, inscripciones por otra parte trasladadas probablemente de un original demótico, una narración de su fundación mítica y una grandiosa serie de relieves con un texto “dramático” de un cierto ritual en el que el dios Horus derrotaba a su enemigo Seth.

Una característica sorprendente de la parte inferior del templo es la sutil explotación de la luz o de la sombra. Algunas estancias son completamente oscuras, mientras que en otros puntos de templo, la luz llega a través de las aberturas que existen entre las columnas, por las rendijas del techo o en el ángulo que forman el techo y el muro. Progresivamente se va de la luz a la sombra, recibiendo el santuario la iluminación sólo desde el eje. El efecto de todo ello debió de ser incomparablemente más intenso cuando los relieves conservaban sus colores originales.

La naos (celda interior) monolítica de sienita muy pulida del santuario puede haber contenido una capillita de madera con la imagen cúltica del dios, probablemente de unos 60 cm. de altura y tallada a su vez en madera y recubierta de oro y piedras semi preciosas. Es el objeto más antiguo del templo, de tiempos de Nectanebo II.

Las zonas exteriores de la casa del nacimiento están muy deterioradas; pero el santuario y el ambulatorio se conservan bien. En la parte sur del ambulatorio los relieves se encuentran al abrigo del predominante viento del norte. Algunos hasta conservan su colorido, dando una idea del efecto que debían de producir las amplias gamas de tonalidades que se emplearon en aquella época.

Como ocurrió con otros templos tardíos, el de Edfu perdió los muebles y el equipamiento que poseía cuando quedó fuera de uso. Por ello, podemos considerarnos afortunados de poder contemplar la pareja de estatuas colosales de halcones que flanquean la entrada, así como el que estaba en la puerta de la sala hipóstila. Un grupo de muchachos desnudos, de dimensiones superiores al tamaño natural –referido probablemente al joven dios Ihy o Harsomtus-, que ahora yace en e patio, debió también formar parte de la monumental decoración del templo, aliviado la austera apariencia que ahora ofrece.

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Hieracompolis y El Kab

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Las primeras huellas de actividades humanas en el área de el-Kab se remontan aproximadamente al año 6000 a. C.: la llamada industria kabiense era una industria micro lítica que precedía a las culturas neolíticas conocidas en el Alto Egipto. El antiguo Nejeb, en la orilla oriental del Nilo, y Nejen (Kom el-Ahmar), en la orilla opuesta, fueron asentamientos muy importantes en el Período Predinástico y en las primeras dinastías. Así se refleja por la elevación de Nejet, la diosa buitre de Nejeb, a la categoría de diosa tutelar de los faraones egipcios (junto con la diosa cobra Uadjet, del Bajo Egipto). Nejbet fue considerada como la diosa por excelencia del Alto Egipto. Conocida también como “la Blanca de Nejen”, era una de las divinidades que asistían a los nacimientos de los reyes y de los dioses, por lo que en el Período grecorromano fue asimilada a la Eileithyia griega, cuando la ciudad fue llamada Eileithyáspolis. Al menos desde comienzos de la XVIII dinastía Nejeb fue la capital del nomo III del Alto Egipto, aunque más tarde cedería el puesto a favor de Esna.

La vista de recinto amurallado de el-Kab, que mide 550×550 metros y está rodeado por unos sólidos muros de ladrillo, es la más impresionante. Dentro se encuentran al templo de Nejbet con varias estructuras suplementarias, que incluyen una casa del nacimiento, varios templos menores, un lago sagrado y algunos cementerio primitivos.

Es probable que unas modestas estructuras de templo se levantasen en el-Kab ya a comienzos del I Período dinástico. Así lo sugiere la presencia de un bloque de granito que lleva el nombre de Ja’sejemuy. Durante el Imperio Medio, el sitio mereció la atención de Nebhepetre Mentuhotpe, Se-bejotpe III (capilla del festival sed) y Nefer-Hotep III (Sek-hemre-sankhtawy). La principal actividad constructora en el templo de Nejbet empezó en la XVIII dinastía. Casi todos los faraones de ese período contribuyeron en mayor o menor medida, pero los benefactores más prominentes parecen haber sido Thutmosis III y Amen-Hotep II. Tras el intermedio del Período de El-Amarna, los ramésidas continuaron honrando a Nejbet con la ampliación de su templo. Tajarqa, de la XXV dinastía, Psammético I, de la XXVI dinastía y Darío I de la XXVII dinastía sabemos que también colaboraron; pero la forma en que el templo –ahora en gran parte saqueado- se presentó a los arqueólogos se debía principalmente a la labor de los faraones de las dinastías XXIX y XXX (Hakoris y Nectanebo I y II).

Dos capillas, ahora destruidas, debieron utilizarse fuera del recinto. La primera, a unos 750 m. al noroeste del mismo, fue construida por Thutmosis III; la otra, fuera del muro nordeste de circunvalación, fue obra de uno de los reyes Nectanebo. Aproximadamente a 2’2 Km. Al nordeste del recinto, y en la entrada al uadi Hellal, se encuentra el primero de los denominados “templos del desierto”; en parte exento y en parte excavado en la roca, el santuario está dedicado a la diosa Shesmetet (Smithis).

Sus principales constructores fueron Ptolomeo VIII Evergetes II y Ptolomeo IX Soter II. A unos 70 m. al sudeste del mismo se encuentra la bien conservada capilla (conocida como “el-Hammam”) que levantó el virrey de Kush, Setau, durante el reinado de Ramsés II y que fue restaurada por los Ptolomeos. Probablemente estuvo dedicada a Re-Hor-ajty, a Hathor, Amón y el propio Ramsés II. Algo más lejos, a unos 3’4 Km. del recinto urbano, Thutmosis IV y Amen-Hotep III levantaron un templo dedicado a Hathor, “Señora de la entrada al valle”, y a Nejbet.

Se encuentran tumbas excavadas en la roca, principalmente de la primera mitad de la XVIII dinastía, aunque también las hay del Imperio Medio y del Período ramesida, a unos 400 metros al norte de la ciudad amurallada. Dos de ellas, las de Ahmose Pennekhbet (nº 2) y de Ahmose, hijo de Abana (nº 5), son famosas por textos biográficos. La captura de la capital hicsa de Avaris, el asedio de Sharuhen en Palestina por el faraón Ahmose, y las campañas Siria y nubia por obra de los faraones de comienzos de la XVIII dinastía, son algunos de los acontecimientos históricos que allí se mencionan. Otra tumba, la del alcalde de Nejeb, Pahery, es notable por sus relieves. Y hay otra tumba decorada, que probablemente data de los tiempos de Ptolomeo III Evergetes I, al noroeste de las otras y más próxima al río.

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Esna

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Esna, en Egipto antiguo Iunyt o (Ta)senté, se llamó en griego Latópolis, por el pez Lates, que allí era tenido por sagrado y que estaba enterrado en un cementerio al oeste de la ciudad. En la misma zona hay enterramientos humanos desde el Imperio Medio al Período tardío.

El templo de Esna dista aproximadamente 200 metros del río y se encuentra en el centro de la ciudad moderna. Debido a la acumulación de escombros almacenados a lo largo de los períodos de ocupación, el templo queda ahora a 9 metros bajo el nivel de la calle. El paseo ceremonial, que probablemente unía el muelle con el templo, ha desaparecido. El muelle tiene cartuchos de Marco Aurelio y todavía está en uso. Los textos del templo lo relacionan con otros cuatro de la zona, tres al norte y otro en la orilla occidental; todos ellos han desaparecido, aunque en el siglo XIX aún podían verse algunas de sus partes. Recientemente ha salido a luz otro templo del mismo período en Kom Mer, a 12 km. Al sur.

El templo está dedicado a Jnum, junto a otras divinidades, las más prominentes de las cuales eran Neit y Heka, cuyo nombre significa “poder mágico” y que en este caso es una divinidad niño. Tal como se encuentra, consiste únicamente en una sala hipóstila que se ha conservado completa y cuyo muro occidental formaba el arranque del templo interior. Ese muro es anterior al resto, y conserva relieves de Ptolomeo VI Filometor y de Ptolomeo VIII Evergetes II. El resto de la sala hipóstila es el mayor templo del Período tardío que nos ha llegado conservado, y está decorado por dentro y por fuera con relieves de los siglos I-III d.C. Algunas escenas, especialmente las de los dioses y las del faraón poniendo redes a los pájaros, son las más impresionantes.

La característica más significativa de la decoración es la serie de textos escritos en sus columnas. Proporcionan una descripción abundante y detallada de las fiestas del año sagrado de Esna, presentado en la forma esquemática de un calendario y grabado también en una columna. Hay, además, una excelente pareja de himnos criptográficos a Jnum, uno escrito casi exclusivamente con jeroglíficos de carneros, y el otro escrito con cocodrilos.

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Abydos

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La antigua Abedju (en copto Ebot o Abot) fue el lugar de enterramiento más importante del país a comienzos del Período dinástico, y ha dejado huellas de asentamiento que se remontan hasta el Período Predinástico de Nagada I. La importancia política de la ciudad de Abydos y sus relaciones con la capital del nomo Tjeny (tal vez la moderna Girga) resultan menos claras.

El templo del dios de la necrópolis local Jentamentiu (“Primero de los occidentales”, es decir, soberano de los muertos) fue un centro religioso importante en las primeras dinastías. Durante las dinastía V y VI, el dios fue asimilado al Osiris originario del Bajo Egipto, y en el Imperio Medio, Abydos fue el centro religioso de mayor veneración popular de Egipto. Los “misterios de Osiris” en los que se reproducía ritualmente la muerte y la resurrección del dios, atraían a peregrinos de todos los rincones del país. Mucha gente deseaba participar en las ceremonias de ultratumba como símbolo de su participación en la resurrección del dios Osiris, y construían pequeños cenotafios en ladrillo y erigían estelas en el área intermedia entre el templo de Osiris y os cementerios. Estos, que se extendían en una zona de 1’5 Km. aproximadamente al suroeste de Kom el-Sultán, hasta el templo de Sethy I, son mucho más extensos que otros yacimientos funerarios locales.

En el Imperio Medio los faraones empezaron a construir cenotafios en Abydos, cosa que culminó en la XIX dinastía con los templos de Sethy I y de Ramsés II. Las tumbas privadas del Período tardío tienen, por lo general, en Abydos unas pirámides de ladrillo con un remate piramidal en piedra (pyramidium).

Los enterramientos de perros o chacales, ibis y halcones datan de finales del Periodo grecorromano y también se encuentran en Abydos.

Las primeras tumbas reales

En 1895-96, É. Amélineau excavó una serie de tumbas que contenían objetos con los nombres de los primeros faraones dinásticos en Umm el-Qa’ab (“Madre de cacharros”, así llamada por la gran abundancia de cerámica hallada en la zona). Tras las campañas, un tanto insatisfactorias de Emélineau, en 1900-I, reemprendió la excavación del yacimiento W.M. Flinders Petrie. Se descubrieron monumentos de todos los faraones de la I dinastía y de dos pertenecientes a la II dinastía (Peribsen y Kha’Sejemuy). Las superestructuras de las tumbas se han perdido, y sólo quedan las fosas de ladrillo alineadas con hileras de enterramientos subsidiarios. Los hallazgos son magníficas estelas en piedra con los nombres de los faraones, y pequeños objetos como sellos de arcilla, rótulos en marfil y ébano, fragmentos de vasos en piedra y trozos de muebles. La tumba de Dyer acabó siendo considerada como la propia tumba de Osiris y estaba rodeada de cerámica votiva de la XVIII dinastía y posterior.

El cementerio se remontaba a los comienzos de la I dinastía, y pudo haber sido también el lugar de enterramiento de los reyes de finales del Período Predinástico.

Quedan también otros restos de las primeras dinastías cerca de las tierras de cultivo, en el área del templo de Osiris. Son cementerios que rodean áreas despobladas, que pueden haber sido construcciones provisionales levantadas allí para las ceremonias funerarias de algunos faraones. El Shunet el-Zebib, un sólido recinto de adobes a escasa distancia del desierto, se pensó que era una versión monumental de una de aquellas áreas, tal vez el antecesor del recinto de la pirámide escalonada de Sakara. Un monasterio copto, sito al norte, también parece haber sido levantado sobre los cimientos de muros gigantescos pertenecientes a las primeras dinastías.

La ciudad y el templo de Osiris

El centro de la antigua ciudad amurallada es el montículo llamado Kom el-Sultán. La característica más importante debió ser el templo, dedicado primero a Jentamentiu y desde la XII dinastía a Osiris. El templo se construyó en ladrillo, con sólo algunos elementos en piedra como las jambas y los dinteles de las puertas. Ello explica que algunos restos sean de comienzos de la I dinastía; como el fragmento de un vaso del faraón Aha, y de numerosas figurillas de hombres, animales y reptiles en piedra y cerámica. A partir de Jufu, de la IV dinastía (una estatuilla de marfil, que en el único retrato que de él se conserva), se han encontrado testimonios de casi todos los faraones del Imperio Antiguo hasta Pepi II. En el Imperio Medio, Nebhepetre Mentuhotpe probablemente añadió al templo existente una pequeña capilla, y a partir de entonces existen testimonios de muchos faraones hasta bien entrada la XVII dinastía. Entre los pertenecientes a la XVIII dinastía llevaron a cabo obras de reconstrucción Amenofis I, Thutmosis III y Amen-Hotep III, estando representados los principales ramésidas, y sobre todo Ramsés II, por un templo completo que se encuentra en las cercanías, mientras que en el Período tardío destacan Apries, Amasis y Nectanebo I. Es probable que el templo continuase funcionando hasta el Período grecorromano. El yacimiento de Kom el-Sultán está rodeado por muros macizos de adobe levantados en la XXX dinastía.

Templos-cenotafios reales

Los templos-cenotafios son templos mortuorios secundarios de sus respectivos constructores, al servicio de las divinidades regulares y al culto del faraón difunto e identificado con Osiris. Son varios los templos de la XVIII dinastía que conocemos por los textos, pero que no han sido localizados.

El templo de Sethy I (el “Memnonium”) tiene planta en L extraordinariamente alta, pero su disposición interior no deja de ser una simple variante de la norma habitual. Tiene dos pilones (el exterior perdido casi por completo) con dos patios y pórticos de pilastras, seguidos de dos salas hipóstilas y de siete capillas sucesivas. Avanzando hacia el sur, las capillas estuvieron dedicadas respectivamente a Sethy I, Ptah, Re-Hor-ajty, Amón-Re, Osiris, Isis y Horus.

La capilla de Osiris conduce a una zona dedicada al culto del dios, que discurre a todo lo ancho del templo y que comprende dos salas y dos series de tres capillas a Osiris, Isis y Horus. Su característica más extraña es una estancia con dos pilares, trazada de modo que resulta totalmente inaccesible. La ampliación meridional del templo contiene estancias para el culto de los dioses menfitas Nerfertum y Ptah-Sokar, así como una galería en la que hay un magnífico relieve de Sethy I y de Ramsés II echando el lazo a un toro y, en el otro lado, una de las pocas listas de los faraones de Egipto, que en aquel lugar servía para el culto de los antepasados regios. La galería conduce a una serie de despensas. Frente a esta ampliación se alza un palacio de ladrillo con despensas y almacenes que probablemente se utilizaban para las visitas del faraón durante las fiestas.

Los relieves en las partes interiores del templo, que fueron completadas por Sethy I, son de una finura excepcional. Las zonas exteriores, que incluyen la primera sala hipóstila, fueron completadas por Ramsés II, sobreponiéndolas en muchos casos a la obra de su padre. Detrás del templo de Sethy I, y sobre el mismo eje, está un cenotafio propiamente dicho. Tanto en la planta como en la decoración (debida principalmente a Merneptah) se asemeja a una tumba real. A él se llega desde el norte a través de un largo corredor inclinado. Las estancias principales son una sala que imita una isla y otra que recuerda a un sarcófago con un techo astronómico. Los macizos arquitrabes de granito sólo cubren una parte de la sala-isla, quedando abierto el centro. Fue pensada como una recreación de las aguas primordiales –la isla estaba rodeada por el agua del abismo- en cuyo centro se alzaba el montículo primordial sobre el que verosímilmente germinaba una mata de cebada como símbolo de la resurrección del dios Osiris.

Ramsés II levantó un pequeño templo al noroeste del de su padre. Este es notable por la excelente conservación del color de sus relieves, que pueden verse a plena luz del sol. La planta es muy similar a la del templo de Medinet Habu.

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Dendera

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Dendera, la antigua Iunet o Tantere (que los griegos llamaron Tentyris), fue la capital del nomo VI del Alto Egipto, y una ciudad de cierta importancia, aunque desde la antigüedad el centro de la población de la zona se desplazó hacia Qena, en la ribera oriental. El complejo del templo se alza ahora aislado al borde del desierto.

La necrópolis de Dendera incluía tumbas del I Período dinástico, aunque su fase más importante fue la de finales del Imperio Antiguo y el I Período intermedio. Por aquellas fechas, las provincias fueron virtualmente autónomas, y aunque Dendera no fue la más importante de las facciones del alto Egipto, sus notables construyeron numerosas mastabas de cierta amplitud, siendo sólo una de ellas la que en la actualidad conserva todavía alguna decoración además de estelas y falsas puertas. En el lado occidental del yacimiento hay catacumbas de tumbas de animales con bóveda de ladrillo; predominan las tumbas de pájaros y perros, mientras que enterramientos de vacas han sido hallados en varios puntos de la necrópolis, siendo la vaca una de las representaciones de la diosa Hathor.

En este lugar se recuperó una pequeña capilla de Nebhepetre Mentuhotpe, que ahora se ha reconstruido en el Museo de El Cairo. La construcción, que también conserva inscripciones de Merneftah, estuvo dedicada más al culto del faraón que de la diosa, y probablemente completaba el templo principal de la época.

El complejo del templo está orientado, como de costumbre, hacia el Nilo, que aquí fluye de este a oeste, de modo que el templo mira hacia el norte, aunque para los egipcios representaba simbólicamente el “este”. En esta descripción se han utilizado los cuadrantes.

La monumental puerta de Domiciano y de Trajano está situada en el imponente muro de adobes que rodea el recinto, y conduce a una zona abierta con la casa del nacimiento al oeste, levantada en el Período romano. Es el templo más reciente de cuantos se conservan de este tipo; representaba la localización ritual en que Hathor había dado a luz al joven Ihy, que surge como símbolo de la fase juvenil de los dioses creadores en general. El templo fue construido cuando la estructura primera, iniciada por Nectanebo I y decorada a comienzos del Período ptolomaico, se abrió paso a través de los cimientos del patio primero del templo principal de Hathor (que nunca se completó). Las dos casas del nacimiento son ahora accesibles, con diferencias notables entre sí, por lo que respecta al plano y la decoración.

Inmediatamente al sur de la primera casa del nacimiento hay un “sanatorium” de adobes, en que los visitantes podrían bañarse o “incubar” en las aguas sagradas, pasando la noche con la esperanza de tener el sueño curativo de la diosa.

El templo principal es el más grande y el más exquisitamente decorado de la época; los sólidos cimientos probablemente contienen muchos de los bloques de la estructura anterior a la que el templo sustituyó. Fragmentos de períodos anteriores han sido hallados en el lugar, pero no construcciones, las inscripciones del templo recuerdan muy especialmente a Pepi I y a Tutmosis III.

La parte trasera del templo se levantó antes, probablemente a fines del siglo II a.C. El rey más antiguo de los que se mencionan es Ptolomeo XII Auletes; pero la mayor parte de los “cartuchos” están en blanco, tal vez debido a las luchas existentes dentro de la familia real en el siglo I a.C. La sala hipóstila exterior fue decorada entre los reinados de Augusto y de Nerón, y tiene una inscripción votiva en griego que data del año 35 d.C.

El templo sigue la planta clásica. Las columnas de las dos salas hipóstilas y del “patio del año nuevo” tienen capiteles en forma de sistros, un instrumento musical dedicado a la dios Hathor. Su uso evoca la imagen de la diosa como una vaca que aparece entre las plantas en la marisma de la creación. En el centro del muro meridional exterior había también un sistros en relieve sobredorado, para señalar su importancia y para evocar a Hathor “el oro de los dioses”.

Dentro del templo, las partes más extrañas e infrecuentes son las “criptas” decoradas. Son series de estancias en tres pisos, abiertas en el espesor del muro exterior. Se utilizaron principalmente para guardar el instrumental del culto, los archivos y los emblemas mágicos que aseguraban la protección del templo. Su decoración se ajusta al eje del templo, y los relieves más importantes, entre los que vuelven a destacar los sistros, se encontraban en el propio eje. También dentro del espesor del muro están las escaleras por las que se accede al tejado. En el tejado hay un quiosco en el que estaba representada la unión de la diosa con el disco solar. Asimismo, hay allí un par de capillas funerarias de Osiris; de una de ellas procede el famoso zodíaco de Dendera, que ahora se encuentra en el Louvre de París. Dendera fue una de las numerosas tumbas de Osiris, y las capillas funerarias, que no tenían relación directa con Hathor, se empleaban para celebrar la resurrección del dios. Su muerte puede que se representase a su vez en el lago sagrado, al oeste del templo.

Inmediatamente a la parte sur del templo de Hathor está el templo del nacimiento de Isis, decorado en tiempos de Augusto, y en el que se emplearon bloques de los cimientos de una construcción ptolomaica destruida. El pórtico oriental del recinto, de época romana, conduce a ese templo, el único que tiene una orientación dual, en el cual las habitaciones exteriores miran hacia el este, mientras que las interiores lo hacen hacia el norte en dirección al templo de Hathor. La escena central del nacimiento de Isis ha sido mutilada.

Al este del templo se extendía parte de la ciudad, con un templo de Horus de Edfu en su centro. Este puede ser el mismo templo del que se conservan algunos restos del Período romano a unos 500 metros del recinto principal.

Las tríadas de dioses veneradas en Edfu y en Dendera eran muy similares, estando formadas por Horus, Hathor (o Isis) e Ihy (o Harsomtus). Hathor de Dendera y Horus de Edfu se encontraban en una ceremonia sagrada de matrimonio, cuando ella hacía una incursión hacia el sur.

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Tell El-Amarna

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El-Amarna (también llamado Tell El-Amarna), la antigua Ajet-Atón (“El Horizonte del Disco Solar”), fue la efímera capital de Egipto, la residencia real durante la mayor parte del reinado de Aj-en-Atón y el centro de la nueva religión estatal introducida en aquella época. Es una de las poquísimas ciudades egipcias que ha sido posible excavar en una amplia extensión. Su trazado y arquitectura se conocen perfectamente bien porque el sitio fue abandonado unos quince años después de su fundación con lo cual la ciudad se libró de la destrucción que comporta la habitación continuada. El faraón Aj-en-Atón la edificó en suelo virgen, no contaminado por la presencia anterior de otras gentes con sus dioses, aunque no se conozcan las razones exactas de su elección en la amplia extensión de terreno de la orilla oriental del Nilo, al norte del macizo de Gebel Abu Feda; recientemente se ha sugerido que la apariencia del paisaje, que recuerda el jeroglífico [O] del amplio “horizonte”, podría haber sido una de las razones.

Las fronteras de Aj-en-Atón estaban marcadas por una serie de estelas, que rodeaban el área por las dos orillas del río. En la orilla occidental, la más septentrional de dichas estelas (Estela A) se encuentra en Tuna el-Gebel, mientras que por la banda oriental, Aj-en-Atón se extendía hasta cerca de las tumbas de el-Sheikh Said (Estela X).

Exceptuada la cara que mira al río, el llano de El-Amarna está enteramente rodeado por formaciones rocosas, interrumpidas en ocasiones por uadis; tiene aproximadamente unos 10 Km. de lago por 5 Km. de ancho, aunque la ciudad propiamente dicha sólo ocupa la zona más cercana al río. Su parte central y más importante contiene el Per-Aten-em-Akhetaten (El templo de Atón en Ajet-Atón), conocido como “El Gran Templo” y la construcción política oficial “el Gran Palacio”.Las características principales de este último fueron: 1) los “apartamentos estatales”, formados por una serie de patios y salas columnadas y construidas en piedra: 2) el “Harim” con los alojamientos adyacentes de la servidumbre, y 3) la denominada “Sala de la Coronación”.

Aunque se produjeron numerosas obras de arte, la visita a El-Amarna resulta decepcionante porque apenas se mantienen en pie alguna que otra construcción. El expolio empezó apenas abandonada la ciudad, con el transporte de sus piedras para emplearlas en construcciones en lugares cercanos, especialmente con destino a el-Ashmunein.

Cerca del extremo meridional del llano de E-Amarna estuvo el Maru-Aten, un grupo de edificaciones que incluía un lago, un pabellón sobre una isla y parterres de flores, con pavimentos pintados. En el extremo norte del llano se alzaba el “Palacio septentrional” y tal vez otra residencia real: aunque el propósito exacto de algunos de los edificios de

El-Amarna siguen siendo todavía material de conjeturas

Los funcionarios de El-Amarna es el único sitio que puede describirse como una necrópolis importante del Imperio Nuevo. Las tumbas forman dos grandes grupos, y su plano es similar al de las tumbas tebanas de la XVIII dinastía: 1) un patio exterior, 2) y 3) una sala larga y otra ancha, ambas con algunas columnas, 4) un nicho para estatua. La decoración se realizó en relieve inciso. La datación es posible gracias a la novedad que representaban los temas tratados por el arte de El-Amarna y sus poco usuales convencionalismos. No está claro cuántas de las tumbas fueron utilizadas realmente; algunos de sus propietarios se construyeron sus tumbas en otros lugares, antes de la marcha a El-Amarna o después.

La tumba número 25 del grupo meridional se la hizo preparar Ay, que luego sería el penúltimo faraón de la XVIII dinastía y que fue enterrado en una tumba del Valle de los Reyes en Tebas (número 23). Para la tumba de su familia, Aj-en-Atón eligió un barranco a unos 6 Km. de la desembocadura del ancho uadi de Abu Hasah el-Bahri, con el que enlaza.

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Beni Hasán

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Beni Hasán a unos 23 Km. al sur de el-Minya, en la orilla oriental del Nilo, tiene la necrópolis provincial más importante a informativa del Imperio Medio dentro del área limitada por Asyut y Menfis. Contiene 39 tumbas amplias excavadas en la roca, entre las cuales al menos ocho pertenecen a los “Grandes Señores del nomo Orys” o Antílope (el nomo XVI del Alto Egipto), de fines de la XI dinastía y comienzos de la XII dinastía.

El texto biográfico de la tumba (nº 2) del último de los titulares, Amenemhat, está fechada “el año 43, el mes segundo de la estación de la inundación, el día 15” del reinado de Senuosret I. Aunque las tumbas de sus dos sucesores, Jumhotpe II (nº 13) y Jumhotpe III (nº 3), no muestran una disminución considerable de recursos materiales; la centralización, que habían logrado gradualmente los primeros faraones de la XII dinastía, acabó rompiendo la unión de familias de nomarcas en todo el Egipto Medio, y entonces cesaron de construirse las grandes tumbas excavadas en la roca. El plano de las últimas tumbas consiste en: 1) un patio exterior con un pórtico formado por dos pilares; 2) una estancia rectangular, que es la estancia clave con cuatro pilares poligonales y 3) un nicho para estatua. La decoración, que ahora se deteriora rápidamente, está toda pintada, y destacan sobre todo las relacionadas con diferentes tipos de actividades militares, como las escenas de asedio. Debajo de estas tumbas hay otras más modestas, algunas de las cuales se remontan a la VI dinastía.

Al sur de Beni Hasán está Speos Artemidos (localmente conocida como Istabl Antar), un templo excavado en la roca y dedicado a la diosa leona local Pajnet, que la reina Hatshepsut hizo edificar. El arquitrabe presenta una larga dedicatoria con la famosa denuncia de los hicsos.

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Meidum

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La perspectiva inconfundible de Meidum muestra una estructura en forma de torre gigantesca, que se yergue sobre una colina formada por rocalla. Quedan restos de la primera pirámide propiamente dicha que se intentó construir en Egipto, junto con el primer complejo piramidal que conocemos en todo su desarrollo (junto con la “Pirámide Inclinada” de Dahshur).

Los tanteos realizados en el diseño de la pirámide son la causa de su aspecto actual. El monumento se inició como una pirámide de siete escalones, pero posteriormente se introdujeron cambios para convertirla en una estructura de ocho escalones, para terminar rellenándolos y dándoles un revestimiento que convirtieron la estructura en una pirámide propiamente dicha.

El faraón, para el que en principio se levanto la pirámide, fue probablemente Huni, último soberano de la III dinastía; pero los grafitos existentes desde el Imperio Nuevo nos dicen que los propios egipcios la relacionaron más tarde con el sucesor de Huni, Snofru, que bien pudo ser el responsablede su terminación.

Sin embargo, el revestimiento liso de los muros, diseñados originariamente para presentar la cara externa de la pirámide escalonada (algunos pueden verse todavía en la estructura), no proporcionaron suficiente apoyo para el relleno posterior. Por el contrario, la envoltura exterior no se aguantó sobre cimientos sólidos y el método empleado para colocar los bloques no estuvo bien escogido. A resultas de esos fallos en la construcción, las bases de los cuatro contrafuertes exteriores cedieron y los muros se deslizaron y acabaron por desplomarse, dando a la torre el aspecto que ahora tiene.

La fecha en que esto sucedió sigue siendo objeto de acaloradas disputas; se han hecho intentos por relacionar este “desastre arquitectónico”, con el cambio de ángulo de la “Pirámide inclinada” de Dahshur; pero la presencia de una extensa necrópolis contemporánea se contradice con una fecha tan temprana. Al margen de algún descubrimiento inesperado, de pruebas textuales o pictóricas en algún otro lugar, sólo las futuras excavaciones en la proximidad inmediata de la pirámide podrán proporcionar una solución satisfactoria a este problema.

Al norte y al este de la pirámide existen cementerios de amplias mastabas en ladrillo cocido de comienzos de la IV dinastía. Las mejor conocidas son las mastabas gemelas de Tehotpe y su mujer Nofret, y de Neferma’at y su esposa Itet. Aunque el yacimiento no ha sido explorado sistemáticamente, varios han sido los excavadores que han trabajado en él, habiendo sido los más notables A. Mariette, W.M. Flinders Petrie y Alan Rowe.

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Tanis

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Se lee en el Viaje de Unamón , un texto literario de la XXII dinastía:

«El día que llegué a Tanis, el lugar (donde) estaba (Smende) [soberano de la XXI dinastía tanita; en Tebas gobernaba el sumo sacerdote de Amón] y Tanut-Amón, les entregué las cartas de Amón-Ra rey de los dioses, y las hice leer en su presencia.»

Unamón debe conseguir madera del Líbano para la barca de Amón en Tebas, y para cumplir con su misión pide el consenso y la ayuda de los señores del Delta. Es la primera mención en los textos de Tanis, citada en la biblia como Xoan y próspera hasta la época romana.

La ciudad, cuyo nombre egipcio era Djanety fue capital del XIV nomo del Bajo Egipto, Kent-Iabty («Punta de Oriente»), surgió en la orilla del ramal tanítico del Nilo, en el Delta oriental. Un tell cercano a San el Haggar, en una enorme y árida llanura donde el viento levanta nubes de arena, es el emplazamiento de sus ruinas, las más interesantes del Delta. Ningún otro sitio de Egipto, excepto Karnak, ha dado tantas esculturas, ahora en buena parte en el Museo de El Cairo.

Las construcciones cuyas ruinas se ven no datan más que de la XXI dinastía, de la cual Tanis fue la capital, pero en ellas fueron utilizados elementos de Avaris y de Pi-Ramsés y se han hallado también objetos de la V y VI dinastías. Dada la presencia de monumentos anteriores a la XXI dinastía, se creyó en el pasado que éste fue también el emplazamiento de Avaris y de Pi-Ramsés, pero, después de que el enigma quedara aclarado por las excavaciones de E. Daba, resulta evidente que «los monumentos ramésidas precedentes (de Tanis) deben haber sido llevados de otro sitio. Algunos fueron reempleados como materiales de construcción (una práctica egipcia casi universal; en el Delta los monumentos líticos viajaron a menudo distancias considerables), mientras que otros fueron usados para adornar templos de nueva construcción» (J. Malek).

Una impresionante muralla rectangular de ladrillos, con otra en la parte más interior que coincide parcialmente y cuyos ladrillos llevan la marca de Psusenes I (XXI dinastía), delimita un campo de ruinas en el que se ven obeliscos caídos, estatuas colosales, columnas, arquitrabes. El edificio principal es el gran templo de Amón, del que a duras penas se pueden individualizar la puerta monumental de Sesonq III (XXII dinastía), las ruinas de una columnata con capiteles palmiformes del Imperio Nuevo, una serie de obeliscos caídos, muros y esculturas en su mayor parte de Ramsés II, con tres colosos del mismo rey, y finalmente la zona del santuario. Además, al norte del templo de Amón está el lago sagrado, al este las ruinas de un templo de granito, y fuera de las murallas el templo de Mut y Jonsu, conocido también como templo de Anta, divinidad cananea. En un ángulo de la muralla de Psusenes I, Montet encontró la necrópolis subterránea que, aparte de la tumba de Tut-Anj-Amón, que por lo demás había sido violada varias veces, ha dado las únicas sepulturas reales intactas. Se trata de algunas tumbas de varias cámaras decoradas con relieves e inscripciones, entre ellas las de Psusenas I (XXI dinastía), Osorkon II y Sesonq III (XXII dinastía). Algunas habían sido utilizadas como depósito de cuerpos procedentes de otras tumbas: la tumba de Psusenas I contenía siete cuerpos, entre ellos el de Sesonq II, la de Osorkon contenía en cambio el cuerpo de Tekelot II. Los preciosos sarcófagos de plata, las máscaras de oro y las joyas funerarias se hallan en el Museo de El Cairo. Hay que señalar también, en el interior del recinto de Psusenas, la presencia de una construcción monumental de notable interés para el conocimiento de los ritos particulares religiosos y de fundación: de hecho podría tratarse de una rara representación simbólica de la colina primordial sagrada, que contiene sacrificios de fundación. El lugar conserva también restos de viviendas privadas grecorromanas y una palacio de ladrillos.

El Muro del Príncipe y el Camino de Horus

En egipcio antiguo el primer nombre sonaba Inbw-hega , y designaba la antigua vía caravanera que llevaba aproximadamente de Heliópolis a Pelusio; era pues una de las vías de tránsito de y para el Oriente Medio; fue creada por Amenemhat I y unos siglos más tarde recorrida en el éxodo hebráico, y en el otro sentido por los semitas que inmigraban a Egipto. Del Muro del Príncipe partía el «Camino de Horus», la vía hacia Palestina que iba de Taru o Tjaru a Gaza y comprendía 24 fortines con pozos. Los faraones la hicieron fortificar para controlar el tráfico y la entrada de masas de población que buscaban refugio en la rica Keme (en Egipto) en los períodos de guerra o carestía que golpeaban periódicamente la zona medio oriental.

Un ejemplo de estas características fortificaciones (llamadas migdol ) se encuentra a una decena de kilómetros al noroeste de El-Qantara, en tierra sinaíta, en las ruinas de Tell el-Heir. Los migdol eran fortines con características torrecillas almenadas, como podemos ver en las imágenes dejadas por los faraones o en la entrada monumental del templo funerario de Ramés III en Medinet Habu.

Las importantes ciudades fronterizas se llamaban Mesen o Behdet – Meht (para los griegos Siles ) y Tjaru (o Taru), capital del XIV nomo junto a Avaris; la fortaleza de Tjaru se hallaba en la zona llamada Ta – Denit , «La División, el Corte», que o bien indica la imagen de la frontera o la de los canales que unen los lagos Amargos. La misión egipcia de la Egyptian Antiquities Organization dio en 1989 noticia de las excavaciones que, en la zona de El-Qantara, sacaron a la luz una ciudad del II milenio a.C.; la ciudad, fortificada, estaba rodeada de murallas, y de ella se ha excavado una puerta (probablemente la principal) y algunas torres. La estratigrafía revela que este centro estaba construido sobre las ruinas de un asentamiento de la época de los hicsos; podría tratarse de la ciudad de Taru; una necrópolis se halla en el cercano Tell Abu Seifa. Al sur de la interconexión de los lagos Amargos con el canal de Suez hallamos dos montañas, Gebel Murr y Gebel Abu Hassa, en las cuales Ramsés II hizo grabar estelas y restaurar un templo de la XVIII dinastía dedicado a Horus y Hator, objeto de posteriores restauraciones en la época romana.

El Muro del Príncipe seguía en su recorrido el canal empleado por los faraones para alcanzar el mar Rojo; este canal, hoy seco, es conocido como Wadi Tumilat, y a lo largo de su recorrido se hallan las ruinas de varios centros egipcios. A cerca de quince kilómetros de Ismailia hallamos Tell el-Maskuta, la egipcia Tjeku , capital del VIII nomo del bajo Egipto. Entre las ruinas de la ciudad se han identificado una gran muralla de ladrillos y los restos de un templo.

Probablemente las ruinas son identificadas como la egipcia Per – Atum («La Casa de Atum»), la bíblica Pithom:

“Así edificó [Israel] para el faraón las ciudades almacenes de Pithom y Ramsés”. (Éxodo , 1, 11).

Una quincena de kilómetros más al este se encuentra Tell el-Rotab, cuyo templo, quizá dedicado a Atum en la época de Ramsés II, hizo identificar la ciudad como Sukkoth , también de bíblica memoria:

«Partieron pues los hijos de Israel de Ramsés para Sukkoth en número de seiscientos mil de a pie, contando sólo los hombres sin los párvulos» ( Éxodo , 12, 37).

Siempre siguiendo Uadi Tumilat, a 13 kilómetros más al este se encuentra Tell el-Kebir, cuyas colinas custodian enormes ruinas ue se remontan al menos al Imperio Medio, a juzgar por los bloques de una tumba hallada.

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LOS TEMPLOS DE KARNAK (II): El gran Templo de Amón.

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Por Francisco Martín Valentín.

Conviene aclarar, antes de entrar en la exposición del tema, que con toda probabilidad (y así ha sido demostrado en la mayor parte de los casos) la existencia del conjunto de templos, edificios, almacenes, viviendas e instalaciones, estaba íntimamente relacionada con la razón principal y finalidad religiosa del lugar; el culto y servicio del dios Amón y la práctica diaria del desarrollo de la teogonía del dios, con cuanto ello llevaba consigo, es decir el funcionamiento de todo un ejército de funcionarios y escribas, sacerdotes de órdenes mayores y menores, boyeros, caballerizos, agrimensores, artesanos, agricultores y un largo etcétera de toda clase de personal al servicio del dios.

De este modo, en el desarrollo de esta segunda parte del artículo, veremos que se describen y analizan templos y restos de construcciones dedicados a otros dioses como Ptah, Osiris, Montu, Mut, Maat, Jonsu y Opet. Podría parecer confuso el hecho de que el culto de dichos dioses coexistiera con el del propio Amón, pero excepción hecha del practicado en relación con Mut y Jonsu (componentes de la Tríada Tebana), que recibían culto en Karnak- en tanto que componentes de las Santa familia-; el resto de los dioses mencionados pudieron ser objeto de una especie de culto sincrético desde luego en beneficio del Gran Amón, y como aspectos o manifestaciones del gran dios. De hecho los restos de Baja Época ( por ejemplo de Opet), dan pruebas inequívocas de la existencia del sincretismo entre Amón y Osiris, por ejemplo, aunque esta cuestión será analizada con mayor detalle más adelante.

LOS TEMPLOS Y LOS RESTOS DEL RECINTO DE AMON

Como se decía en la primera parte dedicada al templo de Amón, el lugar de Karnak está compuesto por tres grandes sectores convencionalmente denominados: recinto de Amón, recinto de Mut y finalmente el recinto de Montú (llamado también Karnak-Norte). Nos dedicaremos en primer lugar, al examen de los restos y templos existentes en el recinto de Amón.

Al norte del Gran Templo de Amón, se encuentran los restos de tres capillas, dos de ellas de época Saíta y la tercera atribuible a las divinas adoratrices Jepenupet II y Amenardis II, con una puerta jubilar de Anj-nes-neferib-Ré.

Las dos primeras capillas (rígidas, una por Psamético III y otra por Amasis) muestran a los reyes en adoración delante de Amón, observándose igualmente el culto dado al dios cocodrilo Sobek, el dios Jonsú y a la diosa Isis. En la segunda se adora igualmente, además de los dioses mencionados, a Ptah y Sejmet.

La mezcolanza de representaciones rituales del culto de dichos dioses, empieza a anunciar el movimiento sincrético del que ya hemos hablado que, quizás admitido como factor de preeminencia del dios Amon en el Imperio Nuevo, acaba por desarrollarse totalmente en la época Ptolemaica.

La tercera de las capillas reseñadas está dedicada a Osiris “Pa-Dyed-Anj” ( el que da la vida), y realmente se trata más de una naos que de una capilla propiamente dicha, dado su pequeño tamaño. Un poco más allá de estos edificios y el mismo sector se alzan los restos del Templo de Ptah: se trata de un edificio construido bajo Thutmosis III (sus cartuchos e inscripciones fueron usurpados por Aj-en-Aton, y restaurados posteriormente por un faraón Ptolemáico desconocido. Primitivamente el santuario comprendía tan sólo un patio con pórtico precedido, en su caso, de un pilono y tres capillas, un santuario central que se abría sobre el pórtico y otros dos santuarios laterales.

Como se decía, el origen del templo se remonta al Imperio Medio (así lo acredita una estela encontrada en el lugar de Neb-Jeper-Ré Anef, rey de la XVII dinastía). Dicha estela, mencionada en la inscripción dedicatoria del Templo de Thutmosis III describe cómo en esta capilla, y por ella sabemos que estaba construida en ladrillo; sus seres y puertas eran de madera, en suma, se trataba de una construcción modesta. Sabemos también, que después de la usurpación del Templo por el rey Hereje, aquél fue restaurado por el faraón Chabaka de la XXV dinastía, y posteriormente por los Ptolomeos, quienes añadieron un pilono precedido de un elegante pórtico con dos muros paralelos que unían ambas construcciones. Las decoraciones y relieves parietales de dichos edificios son igualmente de época Ptolemaica.

El templo propiamente dicho, resulta ser obra atribuible al período de Thutmosis III, aunque se encuentran intercaladas escenas en sus muros pertenecientes al período Ptolemaico. Las dos columnas que sostienen el techo del pórtico son de 16 caras y entre ambas se encuentra un altar de granito con el nombre del rey; entre la columna del Sur y la pared, se ha repuesto una basa de naos en granito que se remonta al reinado de Amenemhat I. Junto a la pared Norte hay un tercer altar de época Ptolemaica carente de inscripciones. En la parte cubierta de este pórtico se observan seis nichos excavados en las paredes (dos al Norte, dos al Sur y dos al Este), que debieron estar cerrados con puertas de dos batientes; encima de cada uno de los nichos hay un disco solar alado.

En el interior del santuario se alza una estatua del dios Ptah sin cabeza. De las dos cámaras existentes a ambos lados de dicha estancia, la del Norte estaba dedicada al dios menfita, en tanto que la del Sur, lo era a la diosa Hathor (en dicha cámara hay una delicada estela de la diosa bajo el aspecto de una leona, que iluminada por un rayo de luz procedente de una abertura practicada en el techo del santuario produce al visitante, al entrar en el oscuro recinto, una impresión en cierto modo sobrecogedora); hay autores que mantienen que dicha estatua representa a la diosa Sejmet, pero dado que es anepigráfica, y que se sabe que la diosa Hathor (esposa del dios Ptah), también era representada con forma de leona, puede ser atribuida sin problemas a la segunda y no a la primera.

Algo más allá del templo de Ptah se abre el llamado “Museo del aire libre” (lugar donde se exponen a la vista de los curiosos, diversos restos de importancia, algunos de los cuales ya fueron descritos en el artículo anterior). En su explanada se pueden ver entre otros restos destacables, los casi 1.300 bloques provenientes de la fundación del tercer pilono y los 319 fragmentos de granito gris y cuarcita roja, restos de lo que fue el “Santuario de la Barca” anterior al actualmente en pie de Philipos Arrhideo. Se ve representada en el lugar la procesión de la barca Userhat, con un gran número de reposaderos cuyos nombres figuran inscritos en los relieves de los bloques.

Hay allí un dintel colosal de un edificio de Amen-Hotep I ( en reconstrucción), y algún otro resto proveniente del Imperio Medio. Pero los dos tesoros del lugar son, sin lugar a duda, los dos reposaderos citados en los bloques mencionados de la capilla roja de Hatshepsut. Uno, “la capilla blanca” de Sesostris I, del que se habló en detalle en la parte anterior de este artículo, y el otro, el reposadero o capilla de Amen-Hotep I; ambos monumentos fueron construidos por el Servicio de Antigüedades entre 1937 y1947, bajo la dirección de M.H. Chevier.

Al Este del Templo de Amón hay un portal, obra de Nectanebo I, inconcluso en su decoración, pero bien conservado y coronado aún con su cornisa o gola (Cerca de este lugar, se descubrieron en 1925, mientras se ejecutaban trabajos para drenar las filtraciones del río hacia la Sala Hipóstila del Gran Templo de Amón, las célebres estatuas-pilares del faraón Aj-en-Aton, hoy expuestas en los Museos de El Cairo y Luxor)

Entre este ultimo y el gran templo, se pueden ver los restos de un templete erigido por Ramsés II, en el que hay una naos de un bloque en calcárea dura de la época de Thutmosis III y Hatshepsut; delante se erigió una columnata por Taharka.

Un pequeño templo dedicado a Osiris por Osorkon III, y otra capillita dedicada al mismo dios, completan el reto de los edificios de dicho lugar.

Al Sur del Gran Templo de Amón, se encuentra el Lago Sagrado, ya estudiado en la primera parte de este trabajo. Entre este último lugar y el muro Sur del Gran Templo de Amón, está el llamado edificio de “Taharka” del Lago. Construido con bloques de otras edificaciones por el rey etíope, fue usurpado posteriormente por Psamético II. Su finalidad utilitaria pudo ser la de almacén de diversos objetos de culto. El escarabajo gigante de granito rosa dedicado por Amen-Hotep III al dios solar Atum-Jeper-Ra, que también ha sido comentado, es otra importante pieza del lugar.

Dando salida al templo de Amón, y en dirección Sur ( hacia el Templo de Mut), se encuentra el que fuera llamado por Mariette Propileo del Sur, conjunto de cuatro pilonos (VII al X), unidos entre sí por muros, que formaban una especie de “ vía triunfal” o sagrada que unía el templo del dios padre Amón, con el de la diosa madre Mut.

Dichos pilonos, elevados por reyes de la XVIII dinastía (Thutmosis II, Hatshepsut, Thutmosis III, Aj-en-Aton, Tut-anj-Amon y Horemheb) fueron analizados en la primera parte de este trabajo.

Entre pilono IX y el X, se ven los restos de una capilla de Amen-Hotep II, desafortunadamente muy deteriorada.

EL TEMPLO DE JONSU

Dicho edificio (situado en el llamado “barrio Sur-Oeste del recinto de Amón), resulta ser el “prototipo” ideal del templo egipcio.
Iniciado y prácticamente construido bajo Ramsés III (XIX dinastía). Debió sustituir a un edifico anterior (probablemente de Amen-Hotep III, a juzgar por las esfinges criocéfalas con los cartuchos de dicho rey que hay delante del pilono junto al Propileo de Taharka), interviniendo en su conclusión muchos de los faraones posteriores.

Ramsés IV concluyó la decoración de las paredes del edifico. Paralizadas las obras hasta el reinado de Ramsés XI (quien mandó construir la Sala Hipóstila), al ser aquéllas reiniciadas, se produce la prueba evidente de la debilidad del poder real, frente al creciente poder del clero de Amón.

El sumo Sacerdote Heri-Hor se hace representar en las paredes del templo, haciendo las ofrendas rituales al dios, en igualdad de condiciones con el débil soberano. Más concretamente, a la muerte de Ramsés XI, Heri-Hor, ya coronado faraón, continúa las obras de su antecesor y construye el patio precedido de un pilono del que, el Sacerdote-rey, Hace decorar las caras exteriores, interviniendo en el resto de la decoración Pinedjem II, y en su posterior restauración Alejandro y Ptolomeo II.

El templo recibe diversas obras de embellecimiento que se llevaron a cabo entre la XXI y la XXX dinastías. (Nectanebo II rehizo las dos puertas de la Sala Hipóstila.) Los Ptolomeos y César Augusto lo restauran, quedando su aspecto final tal y como hoy lo conocemos.
En sí mismo está precedido por un magnífico Propilono Ptolemaico encastrado en la muralla que forma parte del recinto de Amón. En dicho pilono están representados Ptolomeo III, Evergetes y su esposa, Berenice II, que hacen ofrendas a la Tríada Tebana y Jonsú, Traspasado este portal, una avenida de esfinges y una columnata (de Taharka), conducían hasta el pilono, en el centro del cual hay una puerta de granito.

Ya en su recinto, la disposición y distribución nos indican claramente que se trata de lo que podríamos llamar el “ templo sintético Tebano”, especie de transición entre el templo con dos patios (Rameseum por ejemplo) y el Ptolemaico clásico (Edfú, Déndera, etc). Se observa en primer lugar, un patio rodeado en tres de sus lados por dos hiles de columnas papiriformes, de capitel cerrado, que precede a la sala Hipóstila.

En las paredes de este patio se representan las ofrendas a la Tríada, la procesión de la Barca Usthat (de Amón), remolcada por la barcaza real, en la que se ve a Heri-Hor y una representación del II pilono de Karnak.

Una rampa axial conduce desde este patio al interior de la Sala Hipóstila que tiene ocho columnas (cuatro campaniformes y otras cuatro papiriformes. Los motivos decorativos de las Sala están constituidos por escenas de adoración y ofrendas a los dioses por el rey. A continuación sigue la capilla de la Barca Sagrada de Jonsú ( abierta en sus extremos y construida con bloque de reempleo en los que se ven os cartuchos de Thutmosis III y Amen-Hotep II), rodeada de pasillos y almacenes para la guarda de los objetos de culto. Una escalera en el corredor de la derecha conduce al techo del templo.

Dicha escalera se utilizaba en las ceremonias de carácter lunar que se desarrollaban en el templo, en el corredor en analogía con las de “ la exposición solar” del Templo de Amón. La práctica totalidad de los relieves de estas estancias pertenecen a Ramsés IV. El Vestíbulo, que precede al Santuario, tiene cuatro columnas protodóricas y ambas estancias con obras de Ramses III cuyos cartuchos y relieves así lo indican a pesar de las restauraciones allí llevadas a cabo por cuenta del Emperador Augusto.

El santuario (llamado “Sala de la Enéada”, durante la época. Ptolemaica) tiene un nicho al fondo, destinado a albergar la naos con la estatua del dios Jonsú, en tanto que dos capillas situadas a sus lados estaban dedicadas a Osiris ( la del Este) y al culto solar (la del Oeste).

MITOS, RITOS Y CULTO DEL TEMPLO.

Jonsú, el dios-hijo de la triada Tebana es un dios lunar. Se le representa en ocasiones bajo la figura de un hombre con cabeza de halcón y más frecuentemente (al estilo de los Ptah, Min y Osiris) envuelto en un lienzo o sudario de que sólo salen las dos manos que sujetan un cetro compuesto de los emblemas de Osiris de Ptah. La cabeza representa la de un joven (con la trenza símbolo de la niñez), y encima de ella se ve una corona o tocado consistente en un disco encima de creciente lunar en su primer día del mes.

Llevaba un pesado collar con contrapeso dorsal (el Menat), atributo habitual de la diosa Hathor.

Este Dios calificado de “Magnánimo “ y llamado el que aleja los espíritus malignos”, podía ser, no obstante, terrible, pues al mismo tiempo se decía que expandía las enfermedades.

A pesar de lo anterior, era más conocido por sus buenas disposiciones que por las malas. Así, las propiedades curativas de este dios eran célebres, hasta tal punto que se convirtieron en leyenda que nos ha sido transmitida por medio de una estela de época persa. (C. 248 del Museo del Louvre), que fue encontrada pro Champolion en uno de los templetes Ptolemaicos cercanos al templo.

En dicha estela se relata cómo una de las formas del dios “Jonsú-que gobierna-en Tebas” o pequeño Jonsú, se recargó por medios mágicos de poder curativo que le fue transmitido por “Jonsú- en –Tebas-Nefer-Hotep” (otra de las formas del dios) y fue enviado a la princesa de Bajtan, a la cual curó de su enfermedad.

Durante el Imperio Medio le fue atribuido el título de “Señor de la alegría”, lo que le vinculaba a la diosa Hathor y sugería su patronazgo sobre las fiestas que en las noches de plenilunio se celebraban en el templo (así lo han demostrado las recientes excavaciones realizadas en una pequeña capilla adosada a la parte trasera del templo, atribuible a la XXX dinastía; la decoración de esta capilla, relacionada con las fases de los meses lunares, evoca las fiestas que se desarrollaban durante el plenilunio, conforme a antiquísimos rituales) Jonsú parece ser una creación sintética hecha en su momento por los teólogos amonianos quienes consideraron preciso dotar a Amón Re de un dios-hijo, en consonancia con la existencia de las Triadas Divinas. De otra parte, y dado que se pensaba (según la teogonía amoniana), que la Luna había sido engendrada por el Sol, pareció Lógico que el dios-hijo tuviese naturaleza lunar.

Las últimas excavaciones llevada a cabo en el lugar por el Centro Franco-Egipcio de Karnak han permitido, entre otros hallazgos, completar las fundaciones de la Columnata de Taharka, y han revelado la existencia de unos muy interesantes relieves (utilizados como pavimento) del faraón Osorkon III y su hijo Takelot (XXII dinastía 817-730 a.C.)

El edificio a que dichos relieves pertenecían estaba dedicado a la realización de ritos reales y lunares; los primeros se cree que se celebraban una vez al año coincidiendo con la inundación (parte de dichas ceremonias consistía en la llamada “ suelta de aves”, que se refleja en un hermoso fragmento de relieve de los encontrados en el lugar. En cuanto a los ritos lunares eran celebrados mensualmente, como ya se ha dicho, coincidiendo con el plenilunio y evidentemente, estaban relacionados de modo analógico con los ritos de “ La Unión al disco solar” (en este caso “unión al disco lunar”). La decoración de los relieves era rica y profusa. (Por los restos y fragmentos de láminas de oro, existentes en sus intersticios se puede concluir que algunas figuras estaban adornadas con pan de oro.)

EL TEMPLO DE OPET.

Por una puerta lateral en el muro Occidental del patio del Templo de Jonsú, se accede al Templo de Opet o Tumba de Osiris en Ipet-Sut, lugar donde fue engendrado Osiris, rey de los dioses ( Amón asimilado a Osiris), el Templo de Opet es el espacio dedicado a desarrollar los ritos y mitos del tema del ciclo universal de la gestación, el nacimiento y la muerte como fenómenos cósmicos.

Consagrado a la Madre Divina (Opet), la diosa hipopótamo, síntesis de toda fecundidad, Madre Universal de las madres, fue construido tal como lo conocemos, por diversos reyes de época grecorromana, si bien la parte más importante del mismo es atribuible a Ptolomeo VIII, Evergetes II (145-116), y a César Augusto.

No obstante lo anterior, hay vestigios de que ya en la época de Thutmosis III (XVIII dinastía), existía un templo en el lugar dedicado a Opet; igualmente, se sabe que intervino en la construcción del edificio Amen-Hotep II (XVIII dinastía). Renovado por Taharka, incluye aportaciones de Nectanebo (378-360 a.C.), y algunas pequeñas reformas de los Ptolomeos II, III y XII Auletes Neos Dionysos.

La estructura del templo se desarrolla sobre un eje Oeste-Este desde la puerta perforada en el muro de entorno hasta el santuario principal denominado “La Morada del Oro, donde reside Opet-Nut, madre de la Luz”). Un kiosco con columnas precede al pilono, y el patio del templo conserva las fundaciones o cimientos de una rampa que daba acceso a las salas del recinto construidas sobre un podium elevado.

C. De Witt ha publicado y estudiado las representaciones parietales del templo, y ha reconocido en el lugar que las salas del Norte estaban dedicadas a los renacimientos de Osiris, en tanto que las del Sur, estaban construidas para dar culto al mito del nacimiento de Horus (asimilado a Amón que renace como el Sol naciente).

En el interior de los muros y en el subsuelo del templo existen diversas criptas que, consideradas como carentes de inscripciones y relieves, han revelado recientemente (en el año 1970, a través de las investigaciones de Cl. Traunecker) que estaban cubiertas de representaciones, ocultas bajo una capa de deyecciones de murciélagos, atribuibles a Ptolomeo Evergetes II.

LOS MITOS, RITOS Y CULTO DEL TEMPLO.

La teología de Opet, tal y como se desprende de los textos parietales, supondría que los Ba de Amón son los que provocarían la resurrección de Osiris. En efecto, en la cripta situada en la parte Norte, todas las escenas están relacionadas con la muerte de Osiris. El dios tumbado sobre un lecho funerario entre sus hermanas Isis y Neftys, en presencia de los ocho dioses primordiales (con cabeza de rana y de serpiente), y la propia Opet, presidiendo el sueño del dios, así como los diez Ba de Amón bajo el aspecto de dioses-Nilo con cabeza de león, leona, cocodrilo, y serpiente, y uno de ellos con cabeza humana. Estos Ba serían las representaciones de las fuerzas productivas del Universo que permiten la vida y el mantenimiento de la creación bajo todos sus aspectos. Los diez Ba de Amón, que presentan su collar de vida a Osiris, expresan pues, no solamente la universalidad de Amón como demiurgo, creador de toda vida y de la fuerza vital que mantiene la creación, sino como potencia de la renovación de los ciclos y motor de todo renacimiento. Amón, señor de Karnak, resumiría en sí mismo todas las divinidades.

De este modo el templo desarrolla dos temas religiosos y míticos que son correspondientes entre sí, a saber: de una parte, el ciclo de la renovación de Amón, ya expuesto, y de otra, los ciclos de renovación vital del rey, ceremonia que se remonta a los más remotos orígenes de la civilización egipcia; esta segunda faceta está reflejada en las cámaras del sur dedicadas al tema del nacimiento de Horus. Allí se ve a la diosa Isis amamantando a su hijo (el protector de los reyes) en presencia de Osiris, Ptah y Opet.

En cuanto a la diosa Opet, a la que el templo está consagrado, se la representaba bajo la figura zoomorfa del hipopótamo hembra. Aunque este animal fue cazado por los reyes y los particulares en todas las partes de Egipto, en tanto que el enemigo tradicional de Horus, esto no impidió que en la zona del Alto Egipto y más concretamente en Tebas gozase de culto local y fervor entre la población, pues en contraposición con el aspecto maléfico de dicho animal, era considerado como diosa protectora de los partos y en tal sentido se transmitió su figura a través de la época Ptolemaica, momento en que se le dio el nombre de Thueris (la grande). Igualmente se la llamó Shepset ( la noble), Mesjenet (aquella que pare), etc.; el nombre de Opet surge, según los estudiosos en el Imperio Medio (diversos marfiles de finalidad mágica de esa época reflejan a la diosa con ese nombre). Durante el Imperio Nuevo, su representación se convierte en algo habitual como motivo decorativo de camas, sillones y objetos de aseo, viéndosela representada igualmente en los templos de Deir-el Bahari y Luxor, donde asiste al nacimiento de los niños reales (Hatshepsut y Amen-Hotep III), en las escenas que representan el Misterio de la Teogamia de dichos reyes.

Los epítetos recibidos por la diosa nos indican, sin lugar a duda, su identificación con otras divinidades así se la llama “ Señora de los países”, “madre de Kamutef” ( epíteto de Amón), “la que engendró a los dioses” (epíteto atribuido a Nut, diosa del cielo) “Ojo de Ra” ( lo que permite identificarlo con Hathor), etc. Este extremo confirma la existencia de un gran culto sincrético, existente sin duda desde el Imperio Medio, claramente desarrollado en el Imperio Nuevo, y por fin, abiertamente expuesto en la Baja época, que confunde y mezcla deliberadamente los atributos, características y condiciones de los dioses, como si todos no fueran sino diversos aspectos de un gran principio divino.

El templo Opet es en propiedad “el lugar de la concepción de Osiris”, pero todo el desarrollo teológico de este principio sucede allí bajo el signo de Amón ( se puede observar en el lugar la existencia de numerosas representaciones de Osiris y Horus, pero siempre bajo el aspecto de Amón); incluso las representaciones existentes en el lugar de Amón Mut y Jonsú (la tríada Tebana), tienen atribuidos epítetos que los hacen ser identificados con Osiris, Isis y Horus, y así por todas partes. De este modo, se vuelve a hacer hincapié sobre el hecho de que todo el culto practicado en este templo está en función del principio del dios supremo Amón-Re. Tal circunstancia es plenamente coincidente con una de las características propias del dios Amón que, como es sabido, podía tomar aspectos bien diferentes, sin dejar de perder su propia naturaleza (se le representa en el templo bajo los aspectos del dios Min y como Horus, heredero de la Ogdoáda); en esencia se le denomina el dios del viento, o del soplo de vid y más concretamente “el oculto”

Los mitos representados en el templo nos dicen que Osiris fue engendrado en el Templo de Opet, y nació en Tebas, igualmente en el templo; Osiris murió y fue enterrado en el Templo de Opet, y Amón tomó la forma de Osiris para renacer. (En este punto se debe advertir que estamos analizando la teología de Osiris bajo el punto de vista del culto de Amón en el Templo de Opet, por tanto el lector no deberá incurrir en confusión, si recuerda que el culto de Osiris, y el privilegio de ser lugar de enterramiento de sus restos estaban extendidos a lo largo y ancho de todo Egipto, y más concretamente en Abidos, donde se decía estaba enterrada la cabeza del dios).

Los ocho dioses primordiales y Amón, nacidos en Tebas, figuran igualmente en el Templo de Opet (Nun y Nunet, Hehu Hehet, Jeku y Jeket y Amón y Amonet). Por fin se plantea la posibilidad de que Opet, según la representación de los mitos del lugar, fuese considerada como una divinidad bisexuada (en efecto, la diosa ha sido representada en el lugar diciendo de ella que es la grande, la que dio a luz a los dioses, la que engendró la luz en el interior de Pf-Ipt-Urt, y finalmente que ella dio nacimiento a la luz en el interior de Tebas, características que han hecho pensar a los autores sean la posible bisexualidad de la diosa).

Los ritos desarrollados en el templo (en cuanto se refiere al ritual diario divino), no nos han sido transmitidos a pesar de la abundancia de los textos existentes en el mismo, lo que constituye una constante con la totalidad de los templos egipcios. Sabemos que se realizaban ofrendas de incienso, perfumes, vino, agua, leche y panes; así lo indica la existencia en los relieves de representaciones de mesas repletas de diversas ofrendas, modelos a escala de objetos de todo tipo.

Sin embargo, nada se indica del momento o lugar en que dichas ofrendas se llevaban a cabo.

Lo que sí que resulta claro, es el papel preponderante de Amón en el templo. Opet en cambio, juega un papel relativamente secundario salvo en el recinto del Santuario propiamente dicho y a la entrada del templo ( lo que justifica el nombre que se le ha dado al lugar).

En esencia, el gran rito desarrollado en el templo, su gran sentido ritual, es la representación del mito según el cual el dios-Sol Amón debe tomar la forma de Osiris para asegurar su resurrección. Amón está enterrado al Oeste de la Sala Norte del templo, bajo la forma de Osiris Tebano, para resucitar al Este de la Sala Sur del templo, bajo la forma del joven Horus, que tiene todas las características del joven Amón.

Por lo que hace a las fiestas propias del templo, allí hay nombradas dos, que son “La fiesta del toro puro en su campo” (día del nacimiento de Osiris, que se celebraba el primero de los cinco días epagómenos del año) y “El día de la fiesta de Renenutet”, día del nacimiento de Horus niño (celebrado el primer día del mes Pachons); además de éstas, se sabe que existían otras de carácter osiriano celebradas durante el mes Choiak.

En suma, el templo tiene como especial interés la abundancia de textos que nos enseñan y adoctrinan sobre el mito de la asimilación de Amón a Osiris, principio encontrado en otros lugares de Egipto, pero en ninguno tan desarrollado y afirmado como en el templo de Opet.

LOS DROMOS

Pasemos ahora a examinar en dirección Sur y hacia el recinto de la diosa paredra Mut, uno de los llamados dromos, o avenidas de esfinges que unían entre sí a modo de vías sacras o procesionales las partes más importantes del gran laberinto que era Karnak, poniendo inclusive en relación este lugar con templos más alejados, como el de Luxor.

El primero que examinaremos es, como se ha dicho, el que une el recinto de Mut desde el X pilono con el de Amón. Tiene una longitud aproximada de 300 metros y era usado en las festividades del año en que el dios Amón-Re visitaba a su esposa Mut.

Al llegar a la fachada del recinto de la diosa Madre, la avenida entronca hacia la derecha con otra vía lateral, que bordeando el recinto va a unirse al llamado gran dromos, que tiene su inicio delante del Portal de Vergetes y unía, como se dijo, los templos de Karnak y Luxor, distantes entre sí 2 km. Esta gran vía procesional pavimentada con grandes losas, tenía una anchura total de 27 metros, incluidas las dos hileras de esfinges criocéfalas que fueron colocadas en el lugar por Amen-Hotep III al construir el Templo de Luxor (Opet del Sur) para la celebración de las Fiestas del año nuevo (en las que ya se explicó, la Triada Tebana –Amón Mut y Jonsú- salían del recinto de Karnak y eran transportados con gran boato y ceremonia en sus barcas procesionales hasta dicho templo

EL RECINTO DE MUT

Se trata de un amplio rectángulo con una superficie de más de 10 hectáreas hasta hace poco tiempo inexplorado en mas de la mitad de dicha superficie. (Hoy trabaja en el lugar una misión de la Universidad de Chicago, cuya labor será de gran utilidad para el conocimiento del templo y su recinto).

Tiene su entrada en la parte Norte por el dromos que acabamos de explicar, y a través de un portal cubierto de inscripciones y representaciones del faraón Ptolomeo II Filadelfo. Los edificios del recinto son básicamente tres, el principal de los cuales, el Templo de la diosa Mut, se encuentra prácticamente en ruinas, no obstante lo cual se ha podido reconstituir la distribución y estructura. Traspasado el pilono del templo. Se penetraba en un patio rectangular, cuyo pasadizo central estaba bordeado por dos hileras cuatro columnas. Una puerta o un pilono (no se puede determinar con certeza, dado el estado de las ruinas), separaba el patio anterior de otro patio más estrecho donde se podía ver una columnata central de la que nada queda. Este patio estaban bordeado en sus paredes Norte, Este y Oeste, de un pórtico sujeto con columnas hathóricas de las que se han encontrado múltiples capiteles. El patio descrito en primer lugar (hoy totalmente en ruinas), estaba adornado con toda seguridad en sus cuatro paredes con múltiples estatuas sedentes de la diosa Sejmet de tamaño colosal, algunas de ellas usurpadas por Shenshonk I, aunque todas eran contemporáneas del rey Amen-Hotep III.

Traspasado el segundo patio, se penetraba en la Sala Hipóstila cuyo techo estaba sujeto por ocho columnas papiriformes. A ambos lado de la Sala hipóstilas había dos salas cuyo techo estaba sujeto por una sola columna. Otra pieza alargada se encontraba a cada lado de las dos salas referidas e inmediatamente después se alzaba la capilla de la barca, el Santuario propiamente dicho y algunas otras dependencias y almacenes rodeando todo aquello.

Esta parte, la más sagrada del templo, se encuentra muy destruida, de modo que su reconstrucción siempre será problemática y sujeta a diversas opiniones y criterios. En la parte Sur del templo, y a algunos metros de su recinto, se halla el segundo Lago Sagrado del lugar de Karnak, en forma de U sus brazos parecen recoger el templo como si sus aguas sagradas lo rodeasen y protegiesen. Se supone que antes del reinado de Amen-Hotep III (a quien se atribuye la construcción), existía en el lugar otro templo anterior, no siendo descartable que los restos más antiguos allí existentes pudieran haberse remontado al Imperio Medio.

MITO, RITO Y CULTO DEL TEMPLO.

La diosa Mut, cuyo nombre en antiguo egipcio significaba “madre”, es la diosa-madre de la Tríada Tebana. Su creación fue propiciada por los teólogos del dios Amón para cubrir las necesidades del culto de dicho dios, y dotarle de esposa divina. La maternidad de la diosa tuvo como fruto el dios-hijo Jonsu. Era representada bajo forma humana tocada con las coronas del Alto y Bajo Egipto (Blanca y Roja) sobre un casquete en forma de buitre; también era representada zoomórficamente bajo la forma de un buitre, y su culto se confunde en ocasiones con el de la diosa Sejemet (con cabeza de leona), de la que se han encontrado numerosas estatuas en el recinto del templo.

En cualquier caso, los autores no tienen inconveniente en admitir que su naturaleza se identificaba con la de la diosa buitre Nejbet, deidad tutelar del Alto Egipto. De la práctica de su culto se sabe bien poco, dado lo escaso de las excavaciones realizadas en su recinto sagrado hasta el momento pero lo que sí es seguro es que estaba íntimamente ligado al del dios Amón y tenía características muy similares al recibido como diosa-madre por Isis, pues ya se ha observado la tendencia a identificar los diversos cultos existentes en Egipto con la propia naturaleza de la teología de Amón.

Los otros dos edificios existentes en el recinto de Mut son un pequeño templo dedicado por Amen-Hotep III a Amón-Re (cuyos restos se encuentran muy deteriorados) y el Templo de Ramsés III, erigido entre el Lago Sagrado y el muro Oeste del recinto que tampoco se encuentra en mejores condiciones: su pilono semi derruido, estaba precedido por dos estatuas reales, construidas de granito rosa; un gran patio con pilares osiriacos de los que sólo quedan las basas, conducía a través de una rampa, a una pequeña sala con cuatro columnas, después a la Sala hipóstila y por fin al Santuario propiamente dicho (piezas rodeadas como es habitual, por pequeñas estancias dedicadas a almacenes y sacristías).

EL RECINTO DE MONTU (KARNAK NORTE)

El templo de Montu, dios guerrero procedente de Hermontis, cuyo culto era ancestral en el Egipto Medio, antes de la llegada y auge del Amón Tebano, fue construido por Amen-Hotep III.

Hoy, prácticamente, se encuentra a nivel de cimientos, lo que tan sólo permite reconstruir su plano. El lugar ha sido excavado por miembros del Instituto Francés de Arqueología Oriental, quienes pusieron de manifiesto la existencia de diversos depósitos de fundación y de bloques de reempleo procedentes de templos más antiguos existentes en el lugar.

En tiempos de Amen-Hotep III el recinto del templo era más grande que el existente hoy, y la entrada principal se encontraba en su parte Sur. Hoy se accede por el norte a través de una avenida de esfinges construida en época Ptolemáica. En su estado primitivo se alzaban en su puerta dos obeliscos de granito con el nombre de Amen-Hotep III, que fueron sustituidos en Baja Época por cuatro hileras de columnas. Las cuatro paredes del Gran patio estaban bordeadas de una hilera de columnas papiriformes (doble en su parte Sur), por donde se accedía al interior de las dependencias del templo. Su distribución interior era muy similar a la del templo de la diosa Mut, ya que el santuario estaba rodeado de seis piezas secundarias que se abrían a un vestíbulo común con una escalera que salía de ese el ángulo suroeste de la Sala Hipóstila que conducía hacia la terraza. La distribución actual del templo es fruto de diversas ampliaciones (algunas de las cuales fueron obra del mismo Amen-Hotep III), ejecutadas por diversos faraones de distintas dinastías. (En la parte noroeste del patio del templo se restauró un pequeño estanque rectangular por orden de Tajarqa.)

Pegado al Templo Montu, en su parte Este, se encuentran los restos de un pequeño santuario cuya fecha de construcción es incierta y que en origen se componía de una Sala Hipóstila, un vestíbulo, un santuario, dos cuartos laterales y una escalera que conducía a la terraza. Según las investigaciones de Varille, el templo estaba dedicado a Garpré y se supone que tuvo funciones de Mammisi, o lugar del parto de alguna deidad, y estaba relacionado con el culto de la diosa Hathor (se han encontrado capiteles con la cabeza de la diosa de la época de Akoris). Según J. Vandier, el templo no sería anterior al reino de Horemheb, ni posterior a la XXVIII dinastía, pero se halla tan destruido que la cuestión no ha podido ser dilucidada. Por fin, es de interés en el lugar la existencia de una pequeña capilla, dedicada a la diosa Maat, cuyo estado es igualmente muy ruinoso. Constaba, por lo que se sabe, de dos pilonos separados por un patio, tres pequeñas Salas Hipóstilas y otras tres habitaciones de las que en una debía ser el Santo de los Santos y el resto salas del tesoro. Este templo fue precedido en el lugar por otros templetes dedicados igualmente a la diosa Maat. Se han encontrado restos, al menos de dos de ellos.

Uno, perteneciente al reinado de Thutmosis I, y el otro al de Amen-Hotep III. El interés del edificio reside en la identificación realizada por diversos autores, con el lugar en el que se celebró el célebre proceso judicial de la XX dinastía con motivo de los saqueos de tumbas reales organizados por verdaderas bandas mafiosas de la época con la convivencia de los propios integrantes de la administración de Tebas y de su Necrópolis.

La investigación del lugar ha sido continuada a lo largo de las excavaciones allí practicadas durante los últimos cuarenta años. En este momento la historia de Karnak-Norte es más clara y conocida, aún cuando queda todavía mucho por hacer. Las últimas campañas de excavaciones bajo la supervisión del IFAO han conducido al descubrimiento del denominado edificio del tesoro de Thutmosis I, y lo que es más importante a la comprobación de la existencia en ciertos niveles de excavación de restos de una ciudad que, según todos los indicios, podría remontarse al Segundo Período Intermedio, e incluso al Imperio Medio.

El edificio del tesoro que se ha descubierto estaba reducido a la parte baja de sus muros y a una gran superficie de la avenida que a él conducía desde el Templo de Amón por donde se sabe que el dios se dirigía desde dicho gran templo hasta este edificio del tesoro. El lugar, según las observaciones hechas en las excavaciones, estaba dedicado a la conservación del material del culto usado en el Templo de Amón; allí se preparaban colorantes, se reparaban estatuas, y en general se guardaban y mantenían objetos necesarios para el dios Amón. Queda así clara la función religiosa del denominado “tesoro”. Otras finalidades del edificio son menos claras, pero se encuentran en trance de investigación (se han encontrado talleres dedicados a la elaboración de pan, cuyo consumo cubría sin duda las necesidades del templo). El interés del edificio reside en que, hasta el momento, no se había encontrado algo parecido en Egipto, de tal modo que su estudio va a permitir la identificación por analogía de algunas otras estructuras que, conocidas hace ya tiempo, no han sabido ser suficientemente explicadas hasta el presente.

Excavando los cimientos del “Edificio del Tesoro”, la misión del IFAO encontró vestigios sumamente interesantes que indican claramente la existencia de un centro de población datable, como ya se ha dicho, en el Segundo Período Intermedio (entre el Imperio Medio y el Imperio Nuevo).

Esta ciudad cuyos restos aparecen intermitentemente en las excavaciones, fue destruida y excavada en tiempos de Thutmosis I para construir su edificio del tesoro. En niveles más profundos de la excavación se han encontrado, en una cámara con evidentes restos de niveles de incendio, grandes cantidades de cerámica, improntas de sellos, silex tallados, un vaso de alabastro y útiles de piedra que constituyen un conjunto de suma importancia, dada su homogeneidad cronológica, que sin duda se remonta al Imperio Medio (según los análisis realizados por H. Gordon-Jacquet). Dichos hallazgos otorgan aún mayor antigüedad al lugar.

En resumen, se puede deducir la existencia durante el Imperio Medio de una pequeña ciudad, cuya pervivencia se constata durante el Segundo Período Intermedio. Más tarde, probablemente a finales de la XVII dinastía, o en todo caso a principios de la XVIII, se construyó en la parte Sur de dicho lugar un gran edificio que más tarde fue sustituido bajo Thutmosis I por el llamado edificio del tesoro, y posteriormente por los recintos de protección de dicha construcción en tiempos de Hatshepsut. Durante la XIX dinastía el edificio del tesoro fue destruido para construir en un sitio, algún otro que nos es desconocido, instalándose igualmente panaderías que fueron agrandadas y mejoradas durante la XX dinastía. Las excavaciones prosiguen con una meta de gran importancia por estudiar metódicamente: La ciudad del Imperio Medio y del Segundo Período Intermedio. Dicho estudio podrá llenar una gran laguna sobre la vida de los egipcios de Tebas durante una época muy antigua (hace más de 4.000 años).

CONCLUSIÓN

A través del contenido de los dos artículos que forman el conjunto de este trabajo [Los Templos de Karnak (I y II) ], se ha examinado de modo somero y breve el conjunto de los templos existentes en el enclave, llamado en antiguo egipcio IPET-SUT (El lugar más perfecto ); en toda su extensión flota la sombra de Amón-Re “El Oculto”, y como se ha explicado, todos los templos y edificios estaban íntimamente unidos y relacionados entre sí dependiendo del Gran Templo de Amón, en función del cual existían.

Para comprender, siquiera sea someramente, el contenido de estas afirmaciones, veamos cómo se definía la naturaleza del Amón Tebano en el Papiro de Ley de época ramésida: “Tres dioses son todos los dioses: Amón, Ra y Ptah, que no tienen parecidos. Aquel cuyo nombre es misterioso, es Amón; Ra es la cabeza; Ptah es el cuerpo. Sus ciudades sobre la tierra, establecidas para siempre, son Tebas, Heliópolis y Menfis (estables para siempre). Cuando hay un mensaje del cielo, se oye en Heliópolis; se repite en Menfis a Ptah; se elabora con él una carta, escrita en caracteres de Thot, para la ciudad de Amón.

Los dioses se han creado para él. Según su mandato. El mensaje es para dar la muerte o hacer vivir. Vida y Muerte dependen de él para todos los seres excepto para Él. Amón y para Ra (y para Ptah) unidad Trinidad” ( Traducción de A. Moret).

Por lo que hace a las posibilidades del sitio de Karnak, se podría decir que son infinitas. De cualquier modo, el lugar vuelve a convertirse en lo que antiguamente fue: un enorme yacimiento de trabajo sin principio ni fin. Hoy el centro Franco-Egipcio de Karnak trabaja sin cesar en la excavación, reconstitución y reparación general de todos los restos allí existentes. Son destacables las obras realizadas en el IX Pilono, los descubrimientos de numerosas clases de sacerdotes que se remontan al primer milenio antes de Cristo, los corrales donde se guardaban las ocas sagradas de Amón, y en general las amplias superficies excavadas en tiempos pasados que no fueron perfectamente estudiadas y desescombradas en su momento. De igual modo prosiguen las obras de la zona de Karnak-Norte (en cuyo detalle ya nos hemos extendido) y la investigación y reconstitución del Templo de Atón (en cuyos restos trabaja una misión canadiense. El recinto de Mut está siendo excavado (lo cual se hacía preciso dado el desconocimiento del lugar) por una misión de la Universidad de Chicago cuyos trabajos serán de gran utilidad.

La tarea, no obstante, sigue siendo formidable, pues la mayoría de los restos padecen del llamado “mal de la piedra”, provocado por las filtraciones del suelo y la precipitación de la sal existente en los cimientos de los templos por efecto de la capitalización. Se encuentra en estudio igualmente, un plan para purificar las aguas del Lago Sagrado, hoy absolutamente contaminadas por colonias bacterianas, fruto de la descomposición de los restos orgánicos existentes en el lugar (se trata de un efecto secundario consecuencia de la construcción de la Gran Presa de Assuán, dado que el Lago se llenaba anualmente a través de las capas freáticas al inundarse el valle, lo que hoy no sucede). Todas las labores reseñadas van necesariamente acompañadas de grandes trabajos fotográficos y de epigrafía, que no son bien conocidos del público, pero de suma importancia para ejecutar cualquier restauración, estudio o reconstitución. En suma, repetimos que el lugar vuelve a ser universo en ebullición, que al igual que en los tiempos antiguos, día a día se desmonta, se construye, se amplía, se modifica y se agranda sin cesar a imagen del cosmos vivo.

Desde los tiempos de Mariette, en que la excavación tenía por finalidad encontrar piezas de estatutaria y objetos transportables con los que llenar los Museos, pasando por la época del Maspero, quien dedicó su labor a asegurar la supervivencia de los monumentos mismos, hasta el momento presente, en el que nuevas perspectivas se abren en este mundo de Karnak, han pasado más de 150 años y, sin embargo la tarea no ha hecho sino comenzar.

BIBLIOGRAFIA.

ERMAN, A.: La Religión des Egyptiens. Paris 1937

LEFEBVRE, G.: Romans et Contes Egyptiens de l`époque Pharaonique. Paris 1982

LEGRAIN, G.: Les Temples de Karnak. Bruxelles, Vromant 1929

MICHALOWSKI, K. : Karnak Paris Hazan 1972

PORTER, B Y MOSS, R.: Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphics. Txts, II (Theban Temples). Oxford 1975

VANDIER, J.: Manuel d´Archeologie. Egyptiénne. Tome II. Paris 1955

Wit, C.: Les descriptions du Temple d´Opet a Karnak. Bruxelles F.E.R.E. 1958-1968

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LOS TEMPLOS DE KARNAK (I): El gran Templo de Amón.

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Por Francisco Martín Valentín.

El lugar donde se encuentran los Templos que constituyen, sin discusión, el conjunto más impresionante y grandioso del pasado faraónico, lleva hoy el nombre de la aldea árabe que ocupa su lugar: KARNAK. Su antigua denominación era “El lugar más perfecto”, o en otros casos “ El trono del doble país”.

Recorrer los dédalos de esta ciudad santa, contemplar sus bosques de columnas, sus patios, sus estancias, sus obeliscos, sus pilonos, sus deambulatorios y sus corredores, equivale a entrar en contacto con un cúmulo de acontecimientos históricos que golpean nuestra imaginación y nos dejan perplejos. Pero con ser importante esta sensación, no es nada en comparación con la comprensión de lo que, sin duda, flota en el ambiente y pertenece más al mundo de las intuiciones que al de las propias realidades físicas: “Allí se encuentra la gran maquinaria creada por la antigua sabiduría, para hacer marchar el devenir cósmico del mundo.”

En palabras de Ch. Desroches Noblecourt: “… este mundo de santuarios abandonados recorridos por todas partes (siguiendo la fórmula de los antiguos egipcios. Para hacer referencia a sus lugares santos profanos durante las épocas de desorden y turbulencia), este imperio sagrado donde los más famosos maestros del Mediterráneo Oriental y miríadas de sacerdotes trabajaron y rezaron; este recinto, que tantas veces recibió el trabajo de los egipcios encargados de edificar, desmontar y renovar las fundaciones anteriores, este vasto lugar santo, donde luchas dinásticas, conflictos sacerdotales, dominaciones, depredaciones y temblores de tierra, precedieron y provocaron su invasión por los escombros y la maleza; estas ruinas grandiosas en parte devastadas, pero no privadas de su alma… constituyen un mundo donde el menos preparado para recibir el mensaje de los templos abandonados desde hace tantos siglos, recibe la descarga de un testimonio imperecedero y percibe confusamente una presencia metafísica ante las siluetas divinas y reales, que parecen surgir de las paredes esculpidas, o delante de los colosos y las estatuas milenarias…”.

Champolion, por su parte, en la séptima de sus “Lettres d´Egypte et de Nubie” ( de 24 de Noviembre de 1828), formuló la impresión que produce dicho conjunto, y que ha quedado como clásica por insuperable: “… allí se me apareció toda la magnificencia faraónica, todo lo que los hombres han concebido como lo más grandioso….; todo aquello que había admirado con entusiasmo sobre la orilla izquierda ( del río), me pareció miserable en comparación con las concepciones gigantescas de las que estaba rodeado…;ningún pueblo antiguo, ni moderno, ha concebido el arte de la arquitectura, a una escala tan grandiosa como lo hicieron los antiguos egipcios. Ellos pensaban como si fuesen hombres de cien pies de alto, y la imaginación que, en Europa se maravilla a la vista de la altura de nuestros pórticos, se detiene y cae impotente al pie de las ciento cuarenta columnas de la Sala hipóstila de Karnak…”

El conjunto de los templos de Karnak, está compuesto por tres grupos de edificios separados entre sí por recintos de ladrillo crudo. Contemplados en dirección Norte-Sur son el recinto de Montú denominado igualmente Karnak-Norte, el del gran templo de Amón, y por último el recinto de Mut. Ambos complejos están estrechamente relacionados entre sí, de modo que el recinto de Amón se comunica con el de Mut por medio de una avenida de esfinges, y el de Montú por medio de su inmediatez física, pues su recinto prácticamente llega a tocar el del templo de Amón.

Es intención del autor de este artículo, examinar y describir todo el conjunto de los templos de Karnak, si bien, dada la enorme complejidad del mismo, en esta ocasión se tratará del Gran Templo de Amón, y los existentes en los recintos de Mut y de Montú.

EL GRAN TEMPLO DE AMON

Su recinto forma un inmenso cuadrilátero con un perímetro de 2.397 metros. Sus esquinas se encuentran aproximadamente orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Del total de su superficie el templo propiamente dicho ocupa solamente una doceava parte de la misma. Dicho recinto se comunicaba al exterior por medio de puertas monumentales de piedra intercaladas en la prolongación de los dos ejes, del templo: al Oeste y al Sur, dichas puertas eran pilonos (del I al X), en tanto que al Norte y al Oeste, eran portales de gres de tipo común.

A las cuatro entradas reseñadas, habría que añadir la del templo de Jonsu y la del templo de Opet, una al Sureste, que comunicaba, sin duda, con las construcciones existentes detrás del Lago Sagrado (almacenes de ofrendas, etc.) y la otra al Noroeste.

En las zonas Norte y Este del recinto, hay algunos edificios de poca importancia como algunas capillas de culto a Osiris, el pequeño templo de Ptah, el lugar donde fue encontrado el pequeño tesoro del faraón etíope Chabaka y alguna otra capilla osiriana junto con los templos de Ramses II, el denominado contratemplo de Thutmosis III, y la columnata del Este. La parte Sur, alberga diversos templos, almacenes al borde del Lago Sagrado , y cuatro de los pilonos por los que se sale a la vía procesional que conduce al templo de Mut desde el lago y a través de la avenida de las esfinges. Por fin, en el rincón Noroeste del recinto están los templos del dios Jonsu que comunica con el de la dios Opet.

Es comúnmente sabido que los templos egipcios se construían desde el “santo de los santos” alrededor o hacia delante, de modo que al cabo de los siglos y de ejecutar y construir, lo que realmente se hacía, era añadir y ampliar la entrada o acceso hasta dicho lugar santo. Por ello, aunque el visitante actual contempla en primer lugar los restos más próximos a nosotros en el tiempo, se ha considerado más adecuado proceder al examen del sitio desde su epicentro, desde sus orígenes históricos, como si nos situásemos en el corazón del capullo del gran loto para asistir a su eclosión y apertura final.

EL LUGAR EN EL IMPERIO ANTIGUO

Hay motivos para pensar que Karnak existía ya en la III Dinastía. Probablemente se alzó alguna pequeña construcción en las inmediaciones del Lago Sagrado, G.Legrain identificó algunos vestigios de esta época a principios de este siglo. Por otra parte, entre los reyes citados en la pared de la Sala de los Ancestros, proveniente del Aj-Menu de Thutmosis III, están los nombres de los cuatros primeros faraones de la IV dinastía. Dicho monumento confirmaría la existencia de construcciones en dicho lugar, toda vez que la inclusión de nombres de reyes en dicha lista estaba reservada solamente para aquellos que realizaron obras en el lugar en honor al culto del dios Amón.

El IMPERIO MEDIO

De cualquier modo, el nombre de Amón, que por otra parte es citado como un dios secundario en la pirámide de Unas (Textos de las Pirámides), no aparece en escena en Tebas hasta el año 2180 a. de C. aproximadamente, durante el primer periodo intermedio.

En esta época se produjeron las primeras identificaciones con el dios Min. Una vez confundido el culto de ambos dioses, surge el principio del poderosos dios Amón, apoyado en su momento por los faraones del Imperio Medio que, de origen tebano, tendrán a su cargo la restauración del poder y la monarquía faraónicos del Antiguo Imperio. Durante esta época, el culto amoniano coincide en poder e importancia con el de Montú, si bien Amón sobrepasará a este último; basta observar cómo evolucionan los patronímicos de los faraones (de Mentuhotep a Amenemhat).

En el curso del Imperio Medio, se puede concluir que el culto de Amón está firmemente establecido. El villorrio que era Tebas se ha convertido ya en “la Ciudad” ( Nywt, en antiguo egipcio). Amen-em-Hat I (XII dinastía) instala la capital del imperio en Tebas y Amón, convertido en un dios dinástico, se beneficia indudablemente de esta situación; en este momento, según todos los autores, se produce el segundo gran paso en la evolución de su naturaleza divina al ser asimilada al dios solar Re, y adquiriendo de este modo la potencia divina primordial. El templo que tenía dedicado en Karnak el dios, es embellecido de modo incesante por los Amen-em-Hat y los Sesostris. Buena prueba de ello es la capilla reposadero de fina calcárea blanca, cuya decoración y relieves constituyen una exquisita demostración de refinamiento del arte del Imperio Medio.

Dicha capilla fue demolida en tiempos de Amen-Hotep III (destruida en términos que hoy no podríamos comprender, pero que, indudablemente, constituía parte de los ritos de revitalización que proporcionaban vida continúa al recinto sagrado del templo, en tanto que esquema cósmico del universo. Dichos restos troceados formaban parte de las fundaciones del III pilono). Pillet y Chevrier reconstruyeron dicho edificio, recuperando la totalidad de los bloques de calcárea que lo componían. Se eleva sobre una alta plataforma a la que se sube por dos escaleras que, con ocho escalones cada una, están separadas en su mitad por un plano inclinado y limitadas por los lados con un pequeño muro de cima redondeada. Las fachadas están constituidas por dos pilares en ángulo y otros dos que constituyen el montante de la puerta. Tres arquitrabes juntos, rodeados por un bocel horizontal, descansan sobre estos pilares, que separan tres aberturas (en el centro de la puerta y a cada uno de sus lados hay una especie de ventana limitada por un parapeto). Un disco alado decora el perfil de la gola del edificio, y en el interior un pedestal de alabastro, cuyo destino debía ser el de reposadero de la barca de Amón durante las procesiones rituales. Naturalmente, profusos relieves representando al rey en diversos momentos referidos a la celebración de una de sus fiestas Heb-Sed, cubren los pilares y superficies del edificio. El cambio de uso de quiosco permitió, sin duda, su conservación hasta finales de la XVIII dinastía. Desde el punto de vista historiográfico, este monumento es sumamente interesante dado que contiene en sus muros una lista geográfica de los nomos del alto Egipto, que resulta ser la más antigua hallada hasta el momento en Egipto

Por lo que respecta al templo de Amón, propiamente dicho, han quedado pocos restos pertenecientes a este periodo. La XI dinastía está muy mal representada (apenas algún resto que otro, y un fragmento de inscripción). En cuanto a la dinastía XII, se ha descubierto la existencia de tres umbrales del suelo de granito que constituían el recinto en el cual se encontraba, sin duda, el “Santo de los Santos”. En la última de las estancias estaría la naos colocada sobre una base de alabastro, además de otros restos de elementos arquitectónicos con los cartuchos de Sesostris III (ala Norte del IV pilono).

El TEMPLO EN EL IMPERIO NUEVO

Con el establecimiento de la XVIII dinastía y la creación del Imperio nuevo, sobreviene el gran esplendor del conjunto de Karnak Ahmosis ha dejado pocos restos de sus construcciones (sin duda sus numerosas guerras le impidieron dedicarse a una mayor actividad arquitectónica religiosa). Se ha encontrado, no obstante una estela que bajo el número 34.001 forma parte de los fondos del Museo del Cairo, junto con algún fragmento de monumentos de idéntica naturaleza.

Con Amen-Hotep I se producen e inician los trabajos más importantes realizados hasta ese momento es de esta época el quiosco de la fiesta Sed de dicho faraón. En los siguientes 400 años, desde Ahmosis hasta el comienzo de la XX dinastía con Ramses III, el templo de Amón no hará más que crecer para tomar el aspecto casi definitivo que hoy nos muestra. Los faraones posteriores, así como los reyes-sacerdotes y sus sucesores se limitarán a ejecutar variaciones, embellecimientos parciales y añadidos de piezas accesorias a la edificación ya conseguida realizando, igualmente, continuas restauraciones de lo hecho anteriormente.

Como se decía más arriba, es Amen-Hotep I el primer gran constructor de Karnak. Su nombre se ha encontrado en grandes bloques que formaron parte de un grandioso monumento, compuesto de diversas capillas. Dichos bloques fueron reutilizados por Thutmosis III en el Norte y en el Sur de los pasillos que rodean la Sala de los Anales. Thutmosis I realiza una considerable obra arquitectónica al proseguir y ampliar los trabajos de reconstrucción del templo. Al final de su reinado, rodeaban la cámara del Imperio Medio dos muros rectangulares, separados entre sí por un corredor deambulatorio (de este modo aislaba el recinto sagrado de toda profanación). De estos corredores no queda actualmente más que algún importante vestigio muy mezclado con reconstrucciones posteriores. Uno de los recintos alcanzaba hasta el Oeste del V pilono en tanto que el segundo terminaba en el IV pilono, estaban adornados con pilares a los que adosaban estatuas colosales del faraón en forma de Osiris. De otra parte, se erigieron columnas de dieciséis caras delante del muro para sujetar una techumbre que reposaba “In antis” sobre la cima de dicho muro. El rey erigió dos obeliscos de granito (cuyos piramidones estaban guarnecidos de oro), en el atrio del templo y delante de su pilono. De ellos, sólo uno se encuentra en su obelisco inclinado, cuya estabilidad preocupa seriamente a los técnicos del Instituto Franco-Egipcio de Karnak). El patio que separaba los dos nuevos pilonos fue transformado en una sala cubierta que los textos del templo llaman “Uadjit”. Dicha sala, cuyos fines no han podido ser totalmente desentrañados, tenía que ver con toda seguridad con los ritos precisos y necesarios para conseguir la salud y plenitud del faraón, en íntima vinculación con la celebración de las fiestas de jubileo.

Thutmosis II, hijo ilegítimo del anterior, dejó pocas huellas en el lugar. Una simple puerta monumental y el techo de una capilla de alabastro (cuyos restos se han sacado de los depósitos de fundación del III pilono); el fragmento de un obelisco y una estatua de dicho faraón formaban parte de los hallazgos del patio de la cachette.

Sube después al trono del doble país Hatshepsut apoyada en la regencia del joven Thutmosis III. Algunos textos permiten suponer que el palacio de la reina estaba construido al Norte de una explanada que precedía la entrada del IV pilono. La avenida de las Procesiones fue embellecida con diversas obras de la soberana. Construyó el pilono conocido con el número VII (para reemplazar una puerta hecha de ladrillos crudos de tiempos de Amen-Hotep I).

Cuando la reina encarga a Sen-en-Mut, su arquitecto, erigir entre los pilonos IV y V ( de Thutmosis I) dos obeliscos en duro granito de Asuán, tales obras –grandiosas por cierto- no son sino una pálida sombra de la idea original de aquélla. La intención primera fue construir dichos obeliscos en electrum (así lo confiesa la inscripción del obelisco), pero tal empresa se mostró irrealizable. Así pues, hubo de conformarse con ordenar la extracción, traslado y erección de ambos monumentos desde las canteras de Asuán. Dichos monolitos se recubrieron con planchas de oro, conforme se puede deducir por las muescas de anclaje de las aristas del que queda en pie. Los trabajos duraron siete meses, tiempo récord para tal obra. Se conserva de pie el obelisco de la parte norte, en tanto que de su gemelo tan sólo queda el fragmento superior que se exhibe cerca del ángulo Noroeste del lago Sagrado.

Delante del V pilono había salas de ofrendas de época anterior a la de la reina; ella las reconstruyó aumentándolas un piso; ordenó igualmente, la construcción de una capilla-reposadero para la barca sagrada. Era de cuarcita roja sobre una base de granito negro con cornisa del mismo material (es la célebre “capilla roja”). A la muerte de Hatshepsut, Thutmosis III toma las riendas del poder. Su reinado es uno de los más prestigiosos del antiguo Egipto, de modo que parece natural se produzcan durante tal época las más importantes obras de Karnak, que permanecerá para siempre marcado por las suntuosas construcciones y transformaciones que allí ejecutó. Una característica esencial de las nuevas construcciones es la de estar determinadas por ciertas modificaciones de importancia en el ritual del divino Amón. Para empezar, todas ellas tuvieron el común denominador de eliminar o, en todo caso, usurpar las construcciones anteriores pertenecientes a la reina Hatshepsut.

A la entrada del templo, el rey erigió otros dos obeliscos, cubrió la sal hipóstila (Uadjit) de Thutmosis I, y cubrió prácticamente los obeliscos de la reina con una techumbre de planchas de piedra, dejando tan sólo la parte superior de los mismos a la vista.

En la parte Este del II pilono, la distribución fue remodelada y construyó el VI pilono, que contiene la célebre lista de las naciones dominadas por Egipto (en su cara Oeste; en la parte Norte figuran las ciudades de Asia y en la parte Sur las de África). Se crearon nuevas antecámaras, prolongando los muros de unión entre el V y VI pilonos. En estas cámaras, totalmente oscuras, se retiraba el dios Amón por la noche (imagen del mundo subterráneo). Sus muros laterales estaban perforados por puertas que comunicaban con los antiguos patios.

La segunda de estas antecámaras en la que se conoce por “ Sala de los Anales”, en razón de los textos históricos grabados sobre sus muros; en ellos se relatan las expediciones guerreras de Thutmosis III.

El techo estaba sujeto por admirables pilares heráldicos que, en alto relieve, exhibían las flores emblemáticas del Bajo y alto Egipto (el papiro y el loto). El techo sostenido por estos pilares cubría una capilla de granito rosa para la barca sagrada. Esta edificación ocupó el lugar que anteriormente había utilizado la capilla roja de Hatshepsut. En esta misma sala es donde el rey erigió los dos célebres obeliscos construidos en electrum macizo, que tenían siete metros de altura y un peso de treinta y siete toneladas cada uno de ellos (ese botín fue arrancado del lugar cuando los asirios saquearon el templo en el año 665 a. de C.)

Este suntuoso conjunto comunica al Norte y al Sur con dos patios porticados, cuyas elegantes columnas fasciculadas estaban guarnecidas de planchas de oro. Podemos imaginar la impresión que produciría la contemplación de un marco tan grandioso revestido de metales preciosos y decorado con numerosas estatuas (hoy sólo quedan las de Amón y Amonet, erigidas por Tut-anj-Amon).

Indudablemente, Thutmosis III debió realizar importantes obras de embellecimiento en el recinto del Santo de los Santos, pero no han sobrevivido a nosotros. Una de las obras más destacables de dicho rey fue la construcción de un nuevo Aj-Menu (llamada impropiamente sala de las fiestas), con motivo de uno de sus jubileos.

El conjunto de las estancias que componen el Aj-Menu representa una edificación que, en su momento, fue confundida con un palacio real por G.Legrain. Su decoración está compuesta a base de exquisitos relieves que representan al rey en presencia de los dioses.
Dichas estancias, aparte de cumplir sus fines propios en la celebración de los jubileos reales, estaban destinadas a recibir y almacenar los tesoros del templo, muy numerosos y ricos en esta época, gracias a las campañas guerreras del faraón.

Al Sur de esta sala una puerta, hoy totalmente destruida, permitía la entrada en una gran galería hipósitila de cuarenta y cuatro metros de ancho por diecisiete de largo.

Su techo estaba sujeto por dos hileras de diez columnas en forma de postes de tienda de campaña, y otra más formando peristilo con treinta y dos pilares rectangulares de menor altura que las columnas

Al Sureste se encuentran las salas del disco Sokar (varias capillas a la derecha y tres salas al fondo; sus techos estaban sujetos por cuatro columnas de dieciséis caras cada una). Contiguas a las anteriores están las salas solares entre las que se encuentra la denominada de “ El Jardín Botánico”. Dicho nombre se debe a la decoración empleada en las hileras de piedra de las bases de las paredes; en ella se encuentran representadas plantas exóticas mezcladas con animales (todo ello fue traído de Siria por el rey con motivo de su expedición militar del año XXV). En el ángulo Noroeste de la sala de las fiestas hay una especie de podium, dedicado al culto del sol naciente. A continuación hay un conjunto de salas, decoradas con representaciones rituales, no perfectamente comprendidas aún.

Entre estas últimas está la llamada “Sala de los Ancestros”, cuyos relieves originales fueron llevados a París por Prisse d´Avennes ( hoy se exponen en el museo de Louvre); en su lugar un molde de yeso ocupa las paredes de dicha Sala en el templo de Amón. Thtumosis III presenta en estos relieves ofrendas delante de cincuenta y siete reyes, elegidos entre sus antecesores, que como se dijo anteriormente, habían confirmado u otorgado beneficios al templo.

En cuanto a la finalidad concreta de Aj-Menu significa “permanecer glorioso o Luminoso”: según P. Barguet este templo tendría como finalidad la regeneración del rey y evocaría el “ciclo eterno de renovación”. El rey recuperaría una nueva juventud por la celebración de los ritos (igual que Amon renace cada mañana resplandeciente y lo hará durante millones de años). El carácter solar de la parte norte de la edificación está subrayado por la presencia de una sala alta donde existen restos de un altar heliopolitano. Una rampa majestuosa permitía acceder a las terrazas del edificio: por ella todos los días los sacerdotes subían la estatua sagrada hasta el techo del templo para exponer la imagen del dios a los rayos del sol naciente. Se sabe, igualmente que celebraban ceremonias con la barca procesional del dios, que se traía en hombros al interior de esta sala, siendo colocada a los pies de la rampa referida.

Para unos autores, éste era el lugar donde la estatua de Amón se recargaba de potencia cósmica por medio de los ritos de la “Unión al Disco Solar”; para otros era el rey, nuevo Horus, el que renacía a una nueva vida al unirse a su padre Re, por el rito de “Tocar el Sol” (como Sokar, representación del sol muerto, se convierte en Amón-Re al salir del mundo subterráneo). La erección de una capilla abierta hacia el sol naciente, de la que se conserva la naos y un grupo esculpido que representa al faraón sentado al lado de Amón y la reconstrucción del Templo de Ptah, junto con la construcción de dos obeliscos, constituyeron la totalidad de sus modificaciones en el recinto de Amón. Aparte de dichas obras, embelleció sensiblemente por medio de grandes excavaciones y ampliaciones el Lago Sagrado.

Dichas ampliaciones lo dejaron en las dimensiones que hoy tiene, es decir ciento veinte metros de largo por otros setenta y siete de ancho. La importancia de dichas obras, incluida la construcción de desembarcaderos, denota el relevante papel ritual de dicho lugar. El lago está alimentado por las aguas subterráneas que surgen de las profundidades de la tierra. Vestigio retocado de lo que debió ser un antiguo pantano, era algo más que una pura evocación simbólica. Estaba considerado como el continente de las auténticas aguas primordiales, de las que emergió la primera tierra (el pet-Sut del templo). Dichas aguas eran un reducto de rejuvenecimiento, un elixir de resurrección al igual que las primeras aguas de la inundación cada año. En ellas se ejecutaban las abluciones y baños rituales de los sacerdotes en estado de purificación. Las ocas sagradas de Amón nadaban en su recinto, e igualmente se anclaban allí las barcas utilizadas en las fiestas de navegaciones rituales.

Al final del reinado de Thutmosis III, se produce la corregencia de su hijo Amen-Hotep II, quien se dedicó a concluir y rematar las obras comenzadas por su padre. Edificó un quiosco totalmente destruido después por Aj-en-Aton, reconstruido más tarde por Seti I. Situado al Este del patio que une los pilonos IX y X, dicho edificio tenía su acceso a partir del patio por medio de una rampa que desembocaba en un ancho pórtico con catorce pilares en fachada que sujetaban el techo. El templo, en sí mismo, comprende una sala hipóstila, cuyo techo estaba sujeto por veinte pilares. Igualmente posee seis salas (dos al Norte y cuatro al Sur). Estaba dedicado, como es lógico, al dios Amón (así lo demuestra una estela de falsa puerta dedicada al dios), pero igualmente se ha demostrado que el edificio era un quiosco de fiesta real, conforme se desprende de la decoración de sus pilares.

Entre los últimos hallazgos atribuibles a Amen-Hotep II, se cuenta un destacable bajorrelieve de granito que, descubierto en el III pilono, representa al rey tirando con el arco (se puede contemplar expuesto en los jardines del Museo Egipcio de Luxor).

Thutmosis IV, hijo del anterior, continuó, en cierto modo, la obra de su padre y de todos sus antepasados; más concretamente, construyó frente a la naos en calcárea de la capilla oriental el espléndido obelisco único de treinta y tres metros de altura (proyecto iniciado por Thutmosis III, fue terminado por su nieto). Hoy podemos verlo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma, donde fue erigido en el año 1587, aunque fue llevado a la capital imperial en tiempos de Constantino II.

De otra parte, transformó la entrada del templo añadiendo a la puerta del IV pilono seis obeliscos y un porche dorado sujeto por columnas papiriformes. Rodeó este porche, los obeliscos y los pórticos con un amplio patio de la misma anchura que el pilono (hoy se está tratando de reconstruir dicho edificio para ser expuesto en el Museo “al aire libre”, creado en el recinto de Karnak-Norte). Este bello edificio fue destruido por Amen-Hotep III para construir en su emplazamiento el III pilono.

Con el reinado de Amen-Hotep III se inicia una etapa de construcción dentro del templo que, si bien fue importante, no se puede considerar a la altura del gran constructor que fue. Como se ha dicho, erigió el II pilono del templo, más alto y ancho que los construidos hasta ese momento.

Sus magníficos relieves debían quedar empequeñecidos entre los seis mástiles de cedro de Líbano chapados de electrum, y la puerta de entrada revestida con planchas de oro (en su centro se podía contemplar la imagen de Amón, con cabeza de carnero ejecutada a base de lapislázuli y piedras preciosas). El suelo estaba recubierto de planchas de plata, que con la oxidación imitaba la tierra negra, esencia de la fecundidad de Egipto y de la renovación del universo. Delante del X pilono se pueden admirar dos inmensos colosos de cuarcita rosa, de los que solamente quedan las bases y los pies, lo que nos basta para hacernos idea de lo exquisito y delicado de la calidad de dichas esculturas.

En verdad, resta poco de lo edificado por Amen-Hotep III en el templo de Amón, pero es de todos conocidos el colosal escarabajo que en un solo bloque de granito rosa hizo esculpir el rey. Situado en las inmediaciones del Lago Sagrado, su finalidad cultual permanece oscura, pero hoy es objeto de superstición entre la población indígena que cree posee facultades para curar la esterilidad femenina si se dan siete vueltas a su alrededor y se realizan abluciones con las aguas del lago.

Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) ejecutó diversos trabajos en el lugar, perfectamente definidos en los diversos acontecimientos de su reinado. Concluyó la decoración de la pared Norte del vestíbulo del III pilono con una escena de masacre ritual de los enemigos tradicionales de Egipto.

Al estallar la revolución atoniana, procede a la construcción del santuario de Atón. De este templo conocemos su emplazamiento, algo al Este del propio recinto de Amón, y sabemos que estaba precedido de un enorme patio, cuyas paredes interiores estaban bordeadas por una hilera de colosales estatuas del rey, adosadas a pilares formando una especie de peristilo. Son las famosas “imágenes realistas”del rey, que tanto debieron escandalizar a la ortodoxia de Amón. Destruido hasta sus cimientos al fin del cisma amarniense, sus elementos fueron reutilizados en los depósitos de fundación del IX pilono (los restos encontrados son los célebres “talalat”, cuyo número se calcula en unos 2.600 depositados en capas sucesivas).

El lugar donde se encuentran los Templos que constituyen, sin discusión, el conjunto más impresionante y grandioso del pasado faraónico, lleva hoy el nombre de la aldea árabe que ocupa su lugar: KARNAK. Su antigua denominación era “El lugar más perfecto”, o en otros casos “ El trono del doble país”.

Recorrer los dédalos de esta ciudad santa, contemplar sus bosques de columnas, sus patios, sus estancias, sus obeliscos, sus pilonos, sus deambulatorios y sus corredores, equivale a entrar en contacto con un cúmulo de acontecimientos históricos que golpean nuestra imaginación y nos dejan perplejos. Pero con ser importante esta sensación, no es nada en comparación con la comprensión de lo que, sin duda, flota en el ambiente y pertenece más al mundo de las intuiciones que al de las propias realidades físicas: “Allí se encuentra la gran maquinaria creada por la antigua sabiduría, para hacer marchar el devenir cósmico del mundo.”

En palabras de Ch. Desroches Noblecourt: “… este mundo de santuarios abandonados recorridos por todas partes (siguiendo la fórmula de los antiguos egipcios. Para hacer referencia a sus lugares santos profanos durante las épocas de desorden y turbulencia), este imperio sagrado donde los más famosos maestros del Mediterráneo Oriental y miríadas de sacerdotes trabajaron y rezaron; este recinto, que tantas veces recibió el trabajo de los egipcios encargados de edificar, desmontar y renovar las fundaciones anteriores, este vasto lugar santo, donde luchas dinásticas, conflictos sacerdotales, dominaciones, depredaciones y temblores de tierra, precedieron y provocaron su invasión por los escombros y la maleza; estas ruinas grandiosas en parte devastadas, pero no privadas de su alma… constituyen un mundo donde el menos preparado para recibir el mensaje de los templos abandonados desde hace tantos siglos, recibe la descarga de un testimonio imperecedero y percibe confusamente una presencia metafísica ante las siluetas divinas y reales, que parecen surgir de las paredes esculpidas, o delante de los colosos y las estatuas milenarias…”.

Champolion, por su parte, en la séptima de sus “Lettres d´Egypte et de Nubie” ( de 24 de Noviembre de 1828), formuló la impresión que produce dicho conjunto, y que ha quedado como clásica por insuperable: “… allí se me apareció toda la magnificencia faraónica, todo lo que los hombres han concebido como lo más grandioso….; todo aquello que había admirado con entusiasmo sobre la orilla izquierda ( del río), me pareció miserable en comparación con las concepciones gigantescas de las que estaba rodeado…;ningún pueblo antiguo, ni moderno, ha concebido el arte de la arquitectura, a una escala tan grandiosa como lo hicieron los antiguos egipcios. Ellos pensaban como si fuesen hombres de cien pies de alto, y la imaginación que, en Europa se maravilla a la vista de la altura de nuestros pórticos, se detiene y cae impotente al pie de las ciento cuarenta columnas de la Sala hipóstila de Karnak…”

El conjunto de los templos de Karnak, está compuesto por tres grupos de edificios separados entre sí por recintos de ladrillo crudo. Contemplados en dirección Norte-Sur son el recinto de Montú denominado igualmente Karnak-Norte, el del gran templo de Amón, y por último el recinto de Mut. Ambos complejos están estrechamente relacionados entre sí, de modo que el recinto de Amón se comunica con el de Mut por medio de una avenida de esfinges, y el de Montú por medio de su inmediatez física, pues su recinto prácticamente llega a tocar el del templo de Amón.

Es intención del autor de este artículo, examinar y describir todo el conjunto de los templos de Karnak, si bien, dada la enorme complejidad del mismo, en esta ocasión se tratará del Gran Templo de Amón, y los existentes en los recintos de Mut y de Montú.

EL GRAN TEMPLO DE AMON

Su recinto forma un inmenso cuadrilátero con un perímetro de 2.397 metros. Sus esquinas se encuentran aproximadamente orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Del total de su superficie el templo propiamente dicho ocupa solamente una doceava parte de la misma. Dicho recinto se comunicaba al exterior por medio de puertas monumentales de piedra intercaladas en la prolongación de los dos ejes, del templo: al Oeste y al Sur, dichas puertas eran pilonos (del I al X), en tanto que al Norte y al Oeste, eran portales de gres de tipo común.

A las cuatro entradas reseñadas, habría que añadir la del templo de Jonsu y la del templo de Opet, una al Sureste, que comunicaba, sin duda, con las construcciones existentes detrás del Lago Sagrado (almacenes de ofrendas, etc.) y la otra al Noroeste.

En las zonas Norte y Este del recinto, hay algunos edificios de poca importancia como algunas capillas de culto a Osiris, el pequeño templo de Ptah, el lugar donde fue encontrado el pequeño tesoro del faraón etíope Chabaka y alguna otra capilla osiriana junto con los templos de Ramses II, el denominado contratemplo de Thutmosis III, y la columnata del Este. La parte Sur, alberga diversos templos, almacenes al borde del Lago Sagrado , y cuatro de los pilonos por los que se sale a la vía procesional que conduce al templo de Mut desde el lago y a través de la avenida de las esfinges. Por fin, en el rincón Noroeste del recinto están los templos del dios Jonsu que comunica con el de la dios Opet.

Es comúnmente sabido que los templos egipcios se construían desde el “santo de los santos” alrededor o hacia delante, de modo que al cabo de los siglos y de ejecutar y construir, lo que realmente se hacía, era añadir y ampliar la entrada o acceso hasta dicho lugar santo. Por ello, aunque el visitante actual contempla en primer lugar los restos más próximos a nosotros en el tiempo, se ha considerado más adecuado proceder al examen del sitio desde su epicentro, desde sus orígenes históricos, como si nos situásemos en el corazón del capullo del gran loto para asistir a su eclosión y apertura final.

EL LUGAR EN EL IMPERIO ANTIGUO

Hay motivos para pensar que Karnak existía ya en la III Dinastía. Probablemente se alzó alguna pequeña construcción en las inmediaciones del Lago Sagrado, G.Legrain identificó algunos vestigios de esta época a principios de este siglo. Por otra parte, entre los reyes citados en la pared de la Sala de los Ancestros, proveniente del Aj-Menu de Thutmosis III, están los nombres de los cuatros primeros faraones de la IV dinastía. Dicho monumento confirmaría la existencia de construcciones en dicho lugar, toda vez que la inclusión de nombres de reyes en dicha lista estaba reservada solamente para aquellos que realizaron obras en el lugar en honor al culto del dios Amón.

El IMPERIO MEDIO

De cualquier modo, el nombre de Amón, que por otra parte es citado como un dios secundario en la pirámide de Unas (Textos de las Pirámides), no aparece en escena en Tebas hasta el año 2180 a. de C. aproximadamente, durante el primer periodo intermedio.

En esta época se produjeron las primeras identificaciones con el dios Min. Una vez confundido el culto de ambos dioses, surge el principio del poderosos dios Amón, apoyado en su momento por los faraones del Imperio Medio que, de origen tebano, tendrán a su cargo la restauración del poder y la monarquía faraónicos del Antiguo Imperio. Durante esta época, el culto amoniano coincide en poder e importancia con el de Montú, si bien Amón sobrepasará a este último; basta observar cómo evolucionan los patronímicos de los faraones (de Mentuhotep a Amenemhat).

En el curso del Imperio Medio, se puede concluir que el culto de Amón está firmemente establecido. El villorrio que era Tebas se ha convertido ya en “la Ciudad” ( Nywt, en antiguo egipcio). Amen-em-Hat I (XII dinastía) instala la capital del imperio en Tebas y Amón, convertido en un dios dinástico, se beneficia indudablemente de esta situación; en este momento, según todos los autores, se produce el segundo gran paso en la evolución de su naturaleza divina al ser asimilada al dios solar Re, y adquiriendo de este modo la potencia divina primordial. El templo que tenía dedicado en Karnak el dios, es embellecido de modo incesante por los Amen-em-Hat y los Sesostris. Buena prueba de ello es la capilla reposadero de fina calcárea blanca, cuya decoración y relieves constituyen una exquisita demostración de refinamiento del arte del Imperio Medio.

Dicha capilla fue demolida en tiempos de Amen-Hotep III (destruida en términos que hoy no podríamos comprender, pero que, indudablemente, constituía parte de los ritos de revitalización que proporcionaban vida continúa al recinto sagrado del templo, en tanto que esquema cósmico del universo. Dichos restos troceados formaban parte de las fundaciones del III pilono). Pillet y Chevrier reconstruyeron dicho edificio, recuperando la totalidad de los bloques de calcárea que lo componían. Se eleva sobre una alta plataforma a la que se sube por dos escaleras que, con ocho escalones cada una, están separadas en su mitad por un plano inclinado y limitadas por los lados con un pequeño muro de cima redondeada. Las fachadas están constituidas por dos pilares en ángulo y otros dos que constituyen el montante de la puerta. Tres arquitrabes juntos, rodeados por un bocel horizontal, descansan sobre estos pilares, que separan tres aberturas (en el centro de la puerta y a cada uno de sus lados hay una especie de ventana limitada por un parapeto). Un disco alado decora el perfil de la gola del edificio, y en el interior un pedestal de alabastro, cuyo destino debía ser el de reposadero de la barca de Amón durante las procesiones rituales. Naturalmente, profusos relieves representando al rey en diversos momentos referidos a la celebración de una de sus fiestas Heb-Sed, cubren los pilares y superficies del edificio. El cambio de uso de quiosco permitió, sin duda, su conservación hasta finales de la XVIII dinastía. Desde el punto de vista historiográfico, este monumento es sumamente interesante dado que contiene en sus muros una lista geográfica de los nomos del alto Egipto, que resulta ser la más antigua hallada hasta el momento en Egipto

Por lo que respecta al templo de Amón, propiamente dicho, han quedado pocos restos pertenecientes a este periodo. La XI dinastía está muy mal representada (apenas algún resto que otro, y un fragmento de inscripción). En cuanto a la dinastía XII, se ha descubierto la existencia de tres umbrales del suelo de granito que constituían el recinto en el cual se encontraba, sin duda, el “Santo de los Santos”. En la última de las estancias estaría la naos colocada sobre una base de alabastro, además de otros restos de elementos arquitectónicos con los cartuchos de Sesostris III (ala Norte del IV pilono).

El TEMPLO EN EL IMPERIO NUEVO

Con el establecimiento de la XVIII dinastía y la creación del Imperio nuevo, sobreviene el gran esplendor del conjunto de Karnak Ahmosis ha dejado pocos restos de sus construcciones (sin duda sus numerosas guerras le impidieron dedicarse a una mayor actividad arquitectónica religiosa). Se ha encontrado, no obstante una estela que bajo el número 34.001 forma parte de los fondos del Museo del Cairo, junto con algún fragmento de monumentos de idéntica naturaleza.

Con Amen-Hotep I se producen e inician los trabajos más importantes realizados hasta ese momento es de esta época el quiosco de la fiesta Sed de dicho faraón. En los siguientes 400 años, desde Ahmosis hasta el comienzo de la XX dinastía con Ramses III, el templo de Amón no hará más que crecer para tomar el aspecto casi definitivo que hoy nos muestra. Los faraones posteriores, así como los reyes-sacerdotes y sus sucesores se limitarán a ejecutar variaciones, embellecimientos parciales y añadidos de piezas accesorias a la edificación ya conseguida realizando, igualmente, continuas restauraciones de lo hecho anteriormente.

Como se decía más arriba, es Amen-Hotep I el primer gran constructor de Karnak. Su nombre se ha encontrado en grandes bloques que formaron parte de un grandioso monumento, compuesto de diversas capillas. Dichos bloques fueron reutilizados por Thutmosis III en el Norte y en el Sur de los pasillos que rodean la Sala de los Anales.

Thutmosis I realiza una considerable obra arquitectónica al proseguir y ampliar los trabajos de reconstrucción del templo. Al final de su reinado, rodeaban la cámara del Imperio Medio dos muros rectangulares, separados entre sí por un corredor deambulatorio (de este modo aislaba el recinto sagrado de toda profanación). De estos corredores no queda actualmente más que algún importante vestigio muy mezclado con reconstrucciones posteriores. Uno de los recintos alcanzaba hasta el Oeste del V pilono en tanto que el segundo terminaba en el IV pilono, estaban adornados con pilares a los que adosaban estatuas colosales del faraón en forma de Osiris. De otra parte, se erigieron columnas de dieciséis caras delante del muro para sujetar una techumbre que reposaba “In antis” sobre la cima de dicho muro. El rey erigió dos obeliscos de granito (cuyos piramidones estaban guarnecidos de oro), en el atrio del templo y delante de su pilono. De ellos, sólo uno se encuentra en su obelisco inclinado, cuya estabilidad preocupa seriamente a los técnicos del Instituto Franco-Egipcio de Karnak). El patio que separaba los dos nuevos pilonos fue transformado en una sala cubierta que los textos del templo llaman “Uadjit”. Dicha sala, cuyos fines no han podido ser totalmente desentrañados, tenía que ver con toda seguridad con los ritos precisos y necesarios para conseguir la salud y plenitud del faraón, en íntima vinculación con la celebración de las fiestas de jubileo.

Thutmosis II, hijo ilegítimo del anterior, dejó pocas huellas en el lugar. Una simple puerta monumental y el techo de una capilla de alabastro (cuyos restos se han sacado de los depósitos de fundación del III pilono); el fragmento de un obelisco y una estatua de dicho faraón formaban parte de los hallazgos del patio de la cachette.

Sube después al trono del doble país Hatshepsut apoyada en la regencia del joven Thutmosis III. Algunos textos permiten suponer que el palacio de la reina estaba construido al Norte de una explanada que precedía la entrada del IV pilono. La avenida de las Procesiones fue embellecida con diversas obras de la soberana. Construyó el pilono conocido con el número VII (para reemplazar una puerta hecha de ladrillos crudos de tiempos de Amen-Hotep I).

Cuando la reina encarga a Sen-en-Mut, su arquitecto, erigir entre los pilonos IV y V ( de Thutmosis I) dos obeliscos en duro granito de Asuán, tales obras –grandiosas por cierto- no son sino una pálida sombra de la idea original de aquélla. La intención primera fue construir dichos obeliscos en electrum (así lo confiesa la inscripción del obelisco), pero tal empresa se mostró irrealizable. Así pues, hubo de conformarse con ordenar la extracción, traslado y erección de ambos monumentos desde las canteras de Asuán. Dichos monolitos se recubrieron con planchas de oro, conforme se puede deducir por las muescas de anclaje de las aristas del que queda en pie. Los trabajos duraron siete meses, tiempo récord para tal obra. Se conserva de pie el obelisco de la parte norte, en tanto que de su gemelo tan sólo queda el fragmento superior que se exhibe cerca del ángulo Noroeste del lago Sagrado.

Delante del V pilono había salas de ofrendas de época anterior a la de la reina; ella las reconstruyó aumentándolas un piso; ordenó igualmente, la construcción de una capilla-reposadero para la barca sagrada. Era de cuarcita roja sobre una base de granito negro con cornisa del mismo material (es la célebre “capilla roja”). A la muerte de Hatshepsut, Thutmosis III toma las riendas del poder. Su reinado es uno de los más prestigiosos del antiguo Egipto, de modo que parece natural se produzcan durante tal época las más importantes obras de Karnak, que permanecerá para siempre marcado por las suntuosas construcciones y transformaciones que allí ejecutó. Una característica esencial de las nuevas construcciones es la de estar determinadas por ciertas modificaciones de importancia en el ritual del divino Amón. Para empezar, todas ellas tuvieron el común denominador de eliminar o, en todo caso, usurpar las construcciones anteriores pertenecientes a la reina Hatshepsut.

A la entrada del templo, el rey erigió otros dos obeliscos, cubrió la sal hipóstila (Uadjit) de Thutmosis I, y cubrió prácticamente los obeliscos de la reina con una techumbre de planchas de piedra, dejando tan sólo la parte superior de los mismos a la vista.

En la parte Este del II pilono, la distribución fue remodelada y construyó el VI pilono, que contiene la célebre lista de las naciones dominadas por Egipto (en su cara Oeste; en la parte Norte figuran las ciudades de Asia y en la parte Sur las de África). Se crearon nuevas antecámaras, prolongando los muros de unión entre el V y VI pilonos. En estas cámaras, totalmente oscuras, se retiraba el dios Amón por la noche (imagen del mundo subterráneo). Sus muros laterales estaban perforados por puertas que comunicaban con los antiguos patios.

La segunda de estas antecámaras en la que se conoce por “ Sala de los Anales”, en razón de los textos históricos grabados sobre sus muros; en ellos se relatan las expediciones guerreras de Thutmosis III.

El techo estaba sujeto por admirables pilares heráldicos que, en alto relieve, exhibían las flores emblemáticas del Bajo y alto Egipto (el papiro y el loto). El techo sostenido por estos pilares cubría una capilla de granito rosa para la barca sagrada. Esta edificación ocupó el lugar que anteriormente había utilizado la capilla roja de Hatshepsut. En esta misma sala es donde el rey erigió los dos célebres obeliscos construidos en electrum macizo, que tenían siete metros de altura y un peso de treinta y siete toneladas cada uno de ellos (ese botín fue arrancado del lugar cuando los asirios saquearon el templo en el año 665 a. de C.)

Este suntuoso conjunto comunica al Norte y al Sur con dos patios porticados, cuyas elegantes columnas fasciculadas estaban guarnecidas de planchas de oro. Podemos imaginar la impresión que produciría la contemplación de un marco tan grandioso revestido de metales preciosos y decorado con numerosas estatuas (hoy sólo quedan las de Amón y Amonet, erigidas por Tut-anj-Amon).

Indudablemente, Thutmosis III debió realizar importantes obras de embellecimiento en el recinto del Santo de los Santos, pero no han sobrevivido a nosotros. Una de las obras más destacables de dicho rey fue la construcción de un nuevo Aj-Menu (llamada impropiamente sala de las fiestas), con motivo de uno de sus jubileos.

El conjunto de las estancias que componen el Aj-Menu representa una edificación que, en su momento, fue confundida con un palacio real por G.Legrain. Su decoración está compuesta a base de exquisitos relieves que representan al rey en presencia de los dioses.
Dichas estancias, aparte de cumplir sus fines propios en la celebración de los jubileos reales, estaban destinadas a recibir y almacenar los tesoros del templo, muy numerosos y ricos en esta época, gracias a las campañas guerreras del faraón.

Al Sur de esta sala una puerta, hoy totalmente destruida, permitía la entrada en una gran galería hipósitila de cuarenta y cuatro metros de ancho por diecisiete de largo.

Su techo estaba sujeto por dos hileras de diez columnas en forma de postes de tienda de campaña, y otra más formando peristilo con treinta y dos pilares rectangulares de menor altura que las columnas

Al Sureste se encuentran las salas del disco Sokar (varias capillas a la derecha y tres salas al fondo; sus techos estaban sujetos por cuatro columnas de dieciséis caras cada una). Contiguas a las anteriores están las salas solares entre las que se encuentra la denominada de “ El Jardín Botánico”. Dicho nombre se debe a la decoración empleada en las hileras de piedra de las bases de las paredes; en ella se encuentran representadas plantas exóticas mezcladas con animales (todo ello fue traído de Siria por el rey con motivo de su expedición militar del año XXV). En el ángulo Noroeste de la sala de las fiestas hay una especie de podium, dedicado al culto del sol naciente. A continuación hay un conjunto de salas, decoradas con representaciones rituales, no perfectamente comprendidas aún.

Entre estas últimas está la llamada “Sala de los Ancestros”, cuyos relieves originales fueron llevados a París por Prisse d´Avennes ( hoy se exponen en el museo de Louvre); en su lugar un molde de yeso ocupa las paredes de dicha Sala en el templo de Amón. Thtumosis III presenta en estos relieves ofrendas delante de cincuenta y siete reyes, elegidos entre sus antecesores, que como se dijo anteriormente, habían confirmado u otorgado beneficios al templo.

En cuanto a la finalidad concreta de Aj-Menu significa “permanecer glorioso o Luminoso”: según P. Barguet este templo tendría como finalidad la regeneración del rey y evocaría el “ciclo eterno de renovación”. El rey recuperaría una nueva juventud por la celebración de los ritos (igual que Amon renace cada mañana resplandeciente y lo hará durante millones de años). El carácter solar de la parte norte de la edificación está subrayado por la presencia de una sala alta donde existen restos de un altar heliopolitano. Una rampa majestuosa permitía acceder a las terrazas del edificio: por ella todos los días los sacerdotes subían la estatua sagrada hasta el techo del templo para exponer la imagen del dios a los rayos del sol naciente. Se sabe, igualmente que celebraban ceremonias con la barca procesional del dios, que se traía en hombros al interior de esta sala, siendo colocada a los pies de la rampa referida.

Para unos autores, éste era el lugar donde la estatua de Amón se recargaba de potencia cósmica por medio de los ritos de la “Unión al Disco Solar”; para otros era el rey, nuevo Horus, el que renacía a una nueva vida al unirse a su padre Re, por el rito de “Tocar el Sol” (como Sokar, representación del sol muerto, se convierte en Amón-Re al salir del mundo subterráneo). La erección de una capilla abierta hacia el sol naciente, de la que se conserva la naos y un grupo esculpido que representa al faraón sentado al lado de Amón y la reconstrucción del Templo de Ptah, junto con la construcción de dos obeliscos, constituyeron la totalidad de sus modificaciones en el recinto de Amón. Aparte de dichas obras, embelleció sensiblemente por medio de grandes excavaciones y ampliaciones el Lago Sagrado.

Dichas ampliaciones lo dejaron en las dimensiones que hoy tiene, es decir ciento veinte metros de largo por otros setenta y siete de ancho. La importancia de dichas obras, incluida la construcción de desembarcaderos, denota el relevante papel ritual de dicho lugar. El lago está alimentado por las aguas subterráneas que surgen de las profundidades de la tierra. Vestigio retocado de lo que debió ser un antiguo pantano, era algo más que una pura evocación simbólica. Estaba considerado como el continente de las auténticas aguas primordiales, de las que emergió la primera tierra (el pet-Sut del templo). Dichas aguas eran un reducto de rejuvenecimiento, un elixir de resurrección al igual que las primeras aguas de la inundación cada año. En ellas se ejecutaban las abluciones y baños rituales de los sacerdotes en estado de purificación. Las ocas sagradas de Amón nadaban en su recinto, e igualmente se anclaban allí las barcas utilizadas en las fiestas de navegaciones rituales.

Al final del reinado de Thutmosis III, se produce la corregencia de su hijo Amen-Hotep II, quien se dedicó a concluir y rematar las obras comenzadas por su padre. Edificó un quiosco totalmente destruido después por Aj-en-Aton, reconstruido más tarde por Seti I. Situado al Este del patio que une los pilonos IX y X, dicho edificio tenía su acceso a partir del patio por medio de una rampa que desembocaba en un ancho pórtico con catorce pilares en fachada que sujetaban el techo. El templo, en sí mismo, comprende una sala hipóstila, cuyo techo estaba sujeto por veinte pilares. Igualmente posee seis salas (dos al Norte y cuatro al Sur). Estaba dedicado, como es lógico, al dios Amón (así lo demuestra una estela de falsa puerta dedicada al dios), pero igualmente se ha demostrado que el edificio era un quiosco de fiesta real, conforme se desprende de la decoración de sus pilares.

Entre los últimos hallazgos atribuibles a Amen-Hotep II, se cuenta un destacable bajorrelieve de granito que, descubierto en el III pilono, representa al rey tirando con el arco (se puede contemplar expuesto en los jardines del Museo Egipcio de Luxor).

Thutmosis IV, hijo del anterior, continuó, en cierto modo, la obra de su padre y de todos sus antepasados; más concretamente, construyó frente a la naos en calcárea de la capilla oriental el espléndido obelisco único de treinta y tres metros de altura (proyecto iniciado por Thutmosis III, fue terminado por su nieto). Hoy podemos verlo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma, donde fue erigido en el año 1587, aunque fue llevado a la capital imperial en tiempos de Constantino II.

De otra parte, transformó la entrada del templo añadiendo a la puerta del IV pilono seis obeliscos y un porche dorado sujeto por columnas papiriformes. Rodeó este porche, los obeliscos y los pórticos con un amplio patio de la misma anchura que el pilono (hoy se está tratando de reconstruir dicho edificio para ser expuesto en el Museo “al aire libre”, creado en el recinto de Karnak-Norte). Este bello edificio fue destruido por Amen-Hotep III para construir en su emplazamiento el III pilono.

Con el reinado de Amen-Hotep III se inicia una etapa de construcción dentro del templo que, si bien fue importante, no se puede considerar a la altura del gran constructor que fue. Como se ha dicho, erigió el II pilono del templo, más alto y ancho que los construidos hasta ese momento.

Sus magníficos relieves debían quedar empequeñecidos entre los seis mástiles de cedro de Líbano chapados de electrum, y la puerta de entrada revestida con planchas de oro (en su centro se podía contemplar la imagen de Amón, con cabeza de carnero ejecutada a base de lapislázuli y piedras preciosas). El suelo estaba recubierto de planchas de plata, que con la oxidación imitaba la tierra negra, esencia de la fecundidad de Egipto y de la renovación del universo. Delante del X pilono se pueden admirar dos inmensos colosos de cuarcita rosa, de los que solamente quedan las bases y los pies, lo que nos basta para hacernos idea de lo exquisito y delicado de la calidad de dichas esculturas.

En verdad, resta poco de lo edificado por Amen-Hotep III en el templo de Amón, pero es de todos conocidos el colosal escarabajo que en un solo bloque de granito rosa hizo esculpir el rey. Situado en las inmediaciones del Lago Sagrado, su finalidad cultual permanece oscura, pero hoy es objeto de superstición entre la población indígena que cree posee facultades para curar la esterilidad femenina si se dan siete vueltas a su alrededor y se realizan abluciones con las aguas del lago.

Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) ejecutó diversos trabajos en el lugar, perfectamente definidos en los diversos acontecimientos de su reinado. Concluyó la decoración de la pared Norte del vestíbulo del III pilono con una escena de masacre ritual de los enemigos tradicionales de Egipto.

Al estallar la revolución atoniana, procede a la construcción del santuario de Atón. De este templo conocemos su emplazamiento, algo al Este del propio recinto de Amón, y sabemos que estaba precedido de un enorme patio, cuyas paredes interiores estaban bordeadas por una hilera de colosales estatuas del rey, adosadas a pilares formando una especie de peristilo. Son las famosas “imágenes realistas”del rey, que tanto debieron escandalizar a la ortodoxia de Amón. Destruido hasta sus cimientos al fin del cisma amarniense, sus elementos fueron reutilizados en los depósitos de fundación del IX pilono (los restos encontrados son los célebres “talalat”, cuyo número se calcula en unos 2.600 depositados en capas sucesivas).

La importancia de este hallazgo ha sido relevante. Se trata de relieves inusuales en un templo, muchos de ellos francamente bien conservados. En un estilo diferente, fresco y realista, describen diversas funciones cotidianas de obreros y empleados del templo, así como las clásicas escenas del rey con su familia, adorando y recibiendo vida de Atón. (Es digna de mención la reconstrucción de la pared del Teny-Menu de dicho templo, que se exhibe en el museo de Luxor).

Durante el reinado de Tut-anj-Amon se construyeron pocos edificios y se ejecutaron escasas obras, dado lo turbulento y corto del mismo. Lo poco ejecutado fue o destruido o usurpado por Horemheb, quien cambió sus títulos por los del joven rey (se puede comprobar en los pedestales de las esfinges de la avenida procesional, entre el templo de Amón y el de Mut). Lo que sí abunda en el templo son estatuas y estelas dedicadas por Tut-anj-Amon y Ay a la tríada tebana (sin duda erigidas con el deseo de hacerse perdonar sus desviaciones de la ortodoxia).

Horemheb tiene atribuidos tres de los pilonos existentes en el recinto, el segundo noveno y décimo. Cuando éste falleció, su sucesor, Ramses I, utilizó parte de los muros que rodeaban el patio al que daba entrada este último pilono, y se atribuyó la construcción de ambos. La superficie disponible en los muros de dicho patio fue utilizada y decorada por Seti I.

El espacio existente entre el II y III pilonos sería destinado posteriormente a la construcción de la Gran Sala Hipóstila. En tal lugar debió existir una hilera de catorce columnas construida por Amen-Hotep III, que estaban bordeadas por dos muros. Dicha construcción quedó absorbida por la posterior edificación de la referida sala hipóstila. De cualquier modo, el diseño d este patio fue totalmente transitorio. Al iniciarse la XIX dinastía, Seti I y Ramsés el Grande ejecutarán una de las más grandiosas concepciones arquitectónicas del mundo. Esta magnífica Sala de ciento dos metros de ancho por cincuenta y tres de largo, en la que se erigen ciento treinta y cuatro columnas colosales, estaba dedicada a ser reposadero de la barca sagrada de Amón, la cual se detenía en dicho lugar durante las fiestas solemnes cuando abandonaba el recinto del templo.

Esto sucedía fundamentalmente en dos ocasiones. Una, durante la celebración de la denominada “Bella Fiesta del valle”, en la que el dios abandonaba su residencia con gran boato para visitar la ribera occidental con objeto de bendecir a los difuntos y dioses de la necrópolis tebana. La segunda, era con motivo de la llamada “fiesta de Opet”, cuando se dirigía al templo de Opet del Sur (Luxor).

Dicha fiesta celebrada durante los meses de la inundación, cuando mayor altura tenían las aguas del Nilo, era personalmente dirigida y oficiada por el faraón auxiliado por el clero. La barca de Amón salía, como se ha dicho, del templo de Karnak y remontaba las aguas del río hasta el de Luxor. La procesión partía del templo de Opet en el recinto de Amón, en medio del regocijo del pueblo sumado en masa a la misma. La celebración se iniciaba con las ofendas del faraón ante las barcas de Amón, Mut y Jonsú. Ofrecía, purificados con agua e incienso, ramos de flores, frutos, carnes, aves de corral, vino leche y perfumes.

Concluido el rito de las ofrendas, los sacerdotes cogían en andas sobre sus hombros las barcas divinas, saliendo en procesión hasta el embarcadero (las aguas del río llegan en este momento hasta la entrada del templo). Allí las barcas sagradas eran depositadas en grandes barcazas de un lujo y riqueza insultados (sólo para la construcción de la de Amón P. Montet ha calculado que se utilizaron cuatro toneladas y media de oro). Remolcadas a la sirga río arriba llegaban a Opet del Sur, y allí residía la divina familia durante un período de diez días, durante los que la alegría y la fiesta imperaba por doquier. El contenido de las ceremonias que se practicaban en el Santo de los Santos del templo de Luxor nos es desconocido. La fiesta concluía con el regreso de la Tríada al recinto de Karnak con el mismo ceremonial y esplendor de días atrás.

De todo el conjunto de la Sala Hipóstila, las doce columnas del corredor central son las más grandiosas y dignas de admiración. Sus capiteles papiriformes de estilo abierto soportan enormes arquitrabes que elevan el techo en esta parte central a veintitrés metros de altura. Añadamos que el perímetro de cada columna en su parte superior es de quince metros. El resto de las ciento veintidós columnas papiriformes de capitel cerrado, situadas por mitades a ambos lados del corredor principal, soportan techos un tercio más bajos que el del central; entre ambos techos existía ( y aún quedan restos) una especie de ventanales de piedra calada que permitían la entrada de los rayos solares de un lado a otro del recinto.

Sus muros y los fustes de las columnas, constituyen las páginas eternas del libro de piedra en cuyos registros se recogen las campañas guerreras de Seti I, de Ramses II, las ceremonias religiosas de culto a diversas divinidades por dichos faraones y, en fin, la mayoría de los nombres de los ramésidas.

Podemos contemplar la procesión de las barcas, la purificación del rey, la entrega de los cetros por Amón, etc. En la cara Norte del muro Norte las campañas victoriosas de Seti I, figurando las de Ramses II en la parte Sur de su muro Sur. Este conjunto debe ser imaginado, para hacerse una aproximada idea de su magnificencia, revestido de su rica policromía que aún se conserva en ciertos lugares de la Sala, sobre todo en los capiteles y en algunos arquitrabes.

EL TEMPLO A PARTIR DE LA XX DINASTÍA

Los faraones siguientes sólo realizaban en Karnak trabajos de índole menor (excepción hecha de Taharqa rey etíope de la dinastía XXV, que elevó delante de las cuatro puertas del conjunto de Karnak monumentales columnas de propileo de las que constituye una muestra la columna que se alza en el gran patio del templo de Amón).

Ramsés III construyó en Karnak un pequeño santuario (cerca del ángulo Noroeste del III pilono y dos templos más, uno en el recinto de Mut y otro delante del II pilono (al Sur del gran patio). Este templo, bastante bien conservado, se encuentra situado parte en el interior y parte en el exterior del gran patio de Karnak. Los arquitectos de los reyes bubástidas interrumpieron el muro en este lugar cuando construyeron el muro Sur del gran patio. En dicho templo, dieciséis estatuas situadas en el patio representan al rey con vestiduras propias del ritual de la fiesta Sed, mientras que otras cuatro estatuas análogas preceden el vestíbulo-pórtico. El pórtico Sur da acceso a una estancia divida en dos naves por una hilera de cuatro columnas papiriformes con capiteles cerrados. Por dicho lugar se accede a una sala hipóstila cuyo techo está soportado por otras ocho columnas. Por fin el santuario (que propiamente estaba destinado a recibir la barca de Amón), tiene a derechas e izquierda dos salas para las barcas de Mut y Khonsu. Saliendo del templo y en el ángulo Noroeste del gran patio ( casi pegado a la mitad Norte del I Pilono), se encuentra el templo de Seti II, compuesto de tres capillas, cuyas puertas están encuadradas en cuarcita rosa; este templo tenía también como finalidad ser el reposadero de las barcas de la tríada tebana.

Las obras de los últimos ramésidas son poco dignas de mención por su importancia e interés; pequeñas restauraciones, modificaciones secundarias y, lo que constituye la prueba de su decadencia., la ejecución de textos y representaciones dedicadas a la gloria del sumo sacerdote Amen-Hotep del final de la XIX dinastía, lo que prueba la decadencia de los reyes que a la muerte de Ramses XI traería la subida al trono en Tebas del Gran Sacerdote Heri-Hor.

Como se decía más arriba, el gran patio que recoge los últimos templos descritos alberga, entre otros restos, los de un quiosco gigantesco formado en otro tiempo por dos hileras de cinco columnas con capiteles papiriformes abiertos a una altura de veintiún metros, debiendo sostener un techo de madera o, según otras versiones, un gran velo. Construido por Traga; tiene también los cartuchos de Psámetico II y de Ptolomeo Filopátor.

Las estatuas de carneros alineadas contra la fachada Sur del gran patio muestran los restos de las reformas llevadas a cabo por los reyes bubástidas, quienes las retiraron de su primitivo asentamiento a la entrada del II pilono, donde existía una avenida de esfinges.

Un rey desconocido construyó el I pilono, que hoy resulta ser la fachada principal del templo de Amón en su parte Oeste. En 1978 nada podía permitir imaginar que debajo de los escombros existentes contra la fachada exterior de este pilono, habría una serie de restos de sumo interés, entre los que pueden contarse una dársena rodeada de muelles, donde venían a desembarcar las naves divinas, así como una tribuna cúbica por encima del nivel de las aguas, además de la avenida de esfinges que encuadraba el pavimento enlosado de una vía procesional.

Después de tantos siglos de esplendor, el saqueo de Tebas por Asarhadón en el año 672 a.de C., seguido del de Asurbanipal en el 665 a. de C., arruinaron el dominio de Amón. Esta labor vandálica se vio completada por el desgraciado terremoto del año 27 antes de nuestra era, que completó la triste labor destructiva del hombre con el hundimiento de techos y caída de columnas. Los emperadores romanos pusieron en marcha restauraciones incompletas y de cualquier manera torpes. En realidad se remitieron más a considerar a Karnak como un almacén donde surtirse de objetos de arte y obeliscos, que fueron trasladados a Roma y Bizancio que a cuidar de reponer y mantener vivo el templo.

El año 383 marca de modo definitivo la aceleración de las destrucciones iniciadas mil años antes al ser suprimidos los cultos paganos por el emperador Teodosio, declarando única religión oficial al cristianismo. Las consecuencias posteriores fueron las naturales de la época turbulenta que vivió Egipto. Los templos desacralizados, sin significado religioso ya, brindaban a los pobladores de la zona, tras sus sólidas edificaciones de piedra, la seguridad que no podían obtener en sus poblados al aire libre; por ello, se establecen dentro de los templos y convierten las salas de aquéllos en iglesias y sacristías. Se muestran visibles los frutos de la saña iconoclasta de los cristianos de la época, quienes martillearon concienzudamente cuantos relieves estaban a su alcance, pensando que las imágenes de los dioses servían de habitáculo a los demonios.

El tiempo, los vientos y las tempestades de arena fueron más caritativos con el dominio de Amón que los propios hombres. Borraron del recuerdo el nombre mismo de Amón y el emplazamiento de su morada, las arenas cubrieron con su manto protector las ruinas, facilitando de este modo el sueño y la protección de sus restos como guardianes intemporales.

Hoy, ciento cincuenta años arduos de trabajo, prácticamente ininterrumpidos, apenas han conseguido borrar del recinto sagrado su aspecto decadente y ruinoso. Pero ¿se puede esperar otra cosa cuando se pretende restaurar la obra ejecutada por verdaderos ejércitos humanos durante cerca de 2.700 años.

En 1967 se creó el Centro Franco Egipcio de estudio de los templos de Karnak, junto con una Misión permanente en dicho lugar, encargada de trabajar a perpetuidad en este inmenso yacimiento. Su labor es indudablemente excepcional, tanto por su calidad, cuanto por su envergadura, pero ¿por qué no hacer a Karnak objeto de la misma colaboración que se produjo para el salvamento de los templos de Nubia? Se echa en falta la participación internacional, porque hoy ya no son admisibles las parcelas privadas en el patrimonio cultural de la humanidad. Y en tal supuesto ¿por qué España no habría de estar representada en tal obra? Técnicos y estudiosos no nos faltan y ya es hora que nos alejemos de los tiempos de nuestro ostracismo en el mundo de la egiptología que necesita de todos.

BIBLIOGRAFIA:

LEGRAIN, G.: “ La Temple et les Chapelles d´Osiris a Karnak”, Recueil des Travaux. El Cairo 1901

BARGUET, P. : “Le Temple d´Amon-Re à Karnak. Essai d´exègese. I.F.A.O. El Cairo 1962

VANDIER, J. : ” Manuel d´Archeologie Egyptienne ” Tomo II. París 1955

MONTET, P. : “La vie Quotidiense en Egypte. (XIII-XII Siecles a.J.C.)”. Paris 1974

LAUFRAY, J.: “ Karnak d´Egypte. Domaine du divin”. Ed. C.N:R.S. Paris 1979

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La tumba real de Amarna, TA26

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO 5 DE “LA PUERTA DE MAAT”, REVISTA DEL INSTITUTO VALENCIANO DE EGIPTOLOGÍA (www.ivde.org)

Akhenaton fundó la ciudad de sus sueños en una llanura hasta entonces deshabitada junto al Nilo, a medio camino entre Menfis y Tebas. Este lugar se conoce actualmente como Tell el-Amarna –debido a la proximidad de la aldea de igual nombre–, pero fue conocido en la antigüedad como Akhetatón.

Se cree que la elección de este inhóspito lugar se debe a la visión que tuvo el faraón del sol alzándose entre dos riscos separados por un valle, igual que el jeroglífico que representa el horizonte. Fue así como Akhenaton dio vida a su ‘Horizonte de Atón’.

Precisamente en Wadi Abu Hash el-Bahri, el agreste valle que separa las colinas donde se encuentran las tumbas septentrionales y las meridionales, a unos seis kilómetros de la boca del valle y a más de once kilómetros de la llanura donde se ubicaba la ciudad, se halla la tumba catalogada como TA26, la tumba real de Amarna. Debido a la distancia y dificultad del camino, y principalmente para evitar su mayor deterioro, la tumba se encuentra cerrada al público. No obstante, con mucha suerte y algún contacto en la oficina de turismo de El-Till es posible organizar la visita.

Descubrimiento

Los primeros arqueólogos y expedicionarios que llegaron a Amarna a principios del siglo XIX buscaron en vano la última morada del faraón Akhenaton entre las tumbas privadas. Mejor suerte tuvieron los buscadores de tesoros que encontraron la tumba real a principios de 1880. Poco después circulaban en el mercado negro de antigüedades algunas piezas extraídas de la tumba. W.J. Loftie, un clérigo inglés entusiasta de las antigüedades adquirió varias piezas de oro, incluido un anillo con el cartucho de la reina Nefertiti, que pueden admirarse hoy en el Real Museo Escocés de Edimburgo.

Tras varios años de secreto expolio, los lugareños, convencidos de que no quedaba nada de valor dentro de la tumba, revelaron en 1891 su localización a Alessandro Barsanti, ingeniero de la misión que estaba trabajando en las tumbas meridionales. Cuando Barsanti llegó a la tumba encontró que había sido saqueada y que no quedaba ni rastro de la momia de su propietario, además del muy mal estado de conservación. La roca caliza en que fue tallada es de mala calidad, y los escultores se vieron obligados a recubrir las paredes con capas de yeso enlucido para poder trabajar con mayor detalle. Howard Carter, por aquel entonces dibujante oficial de la Egypt Exploration Fund visitó la tumba en 1892 y copió algunas de las escenas representadas.

Con el tiempo gran parte del enlucido se ha perdido, hasta tal punto que los dibujos originales en el característico estilo amarniense no son hoy más que discretos trazos. Por lo menos, gracias al trabajo epigráfico del equipo de Barsanti –aunque realmente más que de facsímiles se trata de esquemáticos esbozos carentes de detalle– podemos hacernos una idea del aspecto de la tumba en el momento de su descubrimiento oficial, cuando ya había sido pasto de los martillos y cinceles de iconoclastas, buscadores de antigüedades y esporádicas lluvias torrenciales que inundaron la tumba.

Exterior de la TA26

Wadi Abu Hasah el-Bahri, también conocido como Valle Real, es un lugar solitario, árido, salvaje y sin rastro alguno de vegetación, pero de impresionante belleza. De vez en cuando tienen lugar fuertes lluvias en la zona que ocasionan grandes torrentes de agua arrastrando sedimentos y todo tipo de material arqueológico por el valle hasta más allá de su desembocadura. Por este motivo en el año 2004 se cubrió la entrada a la tumba con una moderna estructura, para evitar así nuevas inundaciones.

Interior de la TA26

La tumba se encuentra en la ladera oeste del valle orientada hacia la salida del sol, íntimamente ligada con Atón, eje principal de la filosofía de Amarna. Su trazado y decoración difieren mucho de las tumbas de reyes anteriores de la misma dinastía XVIII en el Valle de los Reyes, y presenta novedades arquitectónicas que serán incorporadas al diseño de posteriores tumbas.

La entrada

La entrada a nivel de suelo conduce por un eje recto descendente hasta una cámara funeraria inacabada. Tras un primer tramo exterior de escaleras con rampa en el medio (A) para facilitar el descenso del sarcófago, llegamos a un inmenso corredor (B) de más de 3 metros de alto y ancho y 28 de longitud que penetra en la montaña. Actualmente el suelo está cubierto con tarimas de madera que facilitan el acceso de los turistas y al mismo tiempo protegen el suelo original del desgaste. El corredor termina en un segundo tramo de escaleras (C) que va a parar a un pozo (D).

Estudiosos como Geoffrey T. Martin y Mark Lehner han sugerido que este cambio en el trazado del eje principal de la tumba (en las tumbas anteriores el corredor hacía un brusco giro de 90º) no es sólo arquitectónico, sino que se ha inspirado también en el cambio teológico de la época. El eje que va desde la entrada hasta la cámara funeraria donde se deposita el sarcófago del rey es totalmente recto y orientado al este. De esta manera, y gracias a una inclinación de 16º en el corredor, al amanecer los rayos del sol penetrarían directamente en la cámara funeraria iluminando el sarcófago, dando la vida al difunto. Según la filosofía atoniana implantada por Akhenaton esto tendría sentido, y es posible que fuera deseo del rey unirse al sol que adoraba, pero tenemos varios factores en contra que ponen en tela de juicio la viabilidad de esta hipótesis: 1º, el sarcófago no estaba en el centro de la cámara, sino desplazado hacia un lado, de modo que los rayos del sol no podrían alcanzarlo, y 2º, una vez depositado el sarcófago en su lugar, la tumba quedaba cerrada para siempre sin posibilidad alguna de que la luz solar penetrara en ella.

El pozo

El pozo no es tan profundo como suele ser en otras tumbas –sólo tiene unos 3’5 metros de profundidad–, pero sí es más amplio. Sus paredes fueron recubiertas con una capa de enlucido y después decoradas. Además de protección contra ladrones e inundaciones, los relieves e inscripciones añaden en este caso una función simbólica al pozo. Lamentablemente, actualmente poco queda de estos relieves, únicamente fragmentos de dos preciosos adornos florales en la parte superior, pero hay constancia de que había escenas en las que la pareja real –Akhenaton y Nefertiti– aparecen adorando al disco solar Atón en presencia de su hija mayor, Meritaton.

La Cámara funeraria

Tras el pozo nos encontramos con la cámara funeraria (E). Se trata de una imponente habitación cuadrada con paredes de 10’5 metros de longitud y 3’5 de altura. Llama la atención la irregularidad del suelo, pues hay una zona de 33 cm más elevada que la otra. En la zona del plinto se alzan dos columnas rectangulares talladas en la piedra, que estarían en eje si no se hubieran suprimido otras dos columnas simétricas a éstas que debían encontrarse en la zona más rebajada de la cámara, allí donde se colocó el sarcófago del rey. Al fondo de la sala, en el muro derecho hay una apertura de una puerta a otra cámara (F), pero por motivos desconocidos los canteros no avanzaron demasiado en su trabajo y está inconclusa.

La cámara funeraria estuvo decorada con escenas del entierro del rey con soldados, altos oficiales y plañideras dando el último adiós a su rey, así como escenas del mobiliario del ajuar funerario y otras que muestran a la familia real en adoración a Atón, todas ellas hoy apenas apreciables, que fueron casi enteramente destruidas poco tiempo después del enterramiento del rey. La decoración de la parte de los muros más cercana al techo corrió mejor suerte y se pueden reconocer –aunque en estado más que frágil– cartuchos con los nombres de Atón, Akhenaton y Nefertiti. Esta última debió desempeñar un papel litúrgico muy importante en las ceremonias de enterramiento de su esposo, el rey, como se puede deducir por el abundante número de cartuchos con su nombre en esta cámara.

Hay datos suficientes para pensar que Akhenaton fue enterrado en la TA26. La cámara funeraria fue sellada tras las exequias del rey con bloques de caliza que se encontraron como material de relleno del pozo, posiblemente para poder desalojar con mayor facilidad el contenido de la cámara –bien los ladrones o Tutankhamon cuando trasladó el cuerpo del rey a un nuevo enterramiento en el Valle de los Reyes en Tebas. Restos del sarcófago del rey esparcidos por toda la cámara parecen confirmar la persecución que sufrió Akhenaton después de muerto.

El eje anexo

Si volvemos nuestros pasos atrás por el corredor principal, nos encontramos con más cámaras añadidas que no formaban parte del diseño original de la tumba. A medio camino de la entrada en el corredor descendente, encontramos un eje anexo inacabado, que por sus dimensiones y aspecto bien parece otra tumba real. Se compone de tres pasajes continuos en meandro que se abren a tres habitaciones en pendiente, todas ellas inacabadas y sin decorar. Comenzando por un pasillo (1) pasamos a una estrecha sala (2) donde parece que los constructores se encontraron con un accidente del terreno que no pudieron salvar, obligándoles a rodearlo (3) y dar a este eje su peculiar forma en meandro. Tras una antesala con banquetas a los lados (4) se llega a la cámara funeraria (5), ya que la última sala (6) está inconclusa.

Dada la existencia de inscripciones que nos indiquen el nombre del propietario, los expertos no se ponen de acuerdo en este asunto. Mientras unos dan a esta “tumba real dentro de una tumba real” la misión de albergar los restos de la reina Nefertiti, otros creen que Akhenaton planeaba trasladar los restos de su padre Amenhotep III desde su tumba del Valle de los Reyes, y otros apuestan por un enterramiento de alguna hija de la pareja real, la madre del rey, Tiy, e incluso alguna consorte real. Justo frente a este eje, en el muro opuesto hay una pequeña abertura –quizás un intento de construir nuevas cámaras para albergar a más miembros de la familia real– que nunca llegó a culminarse.

Las cámaras alpha, beta y gamma

Justo antes del segundo tramo de escaleras, en el muro derecho del corredor se halla otro conjunto de tres cámaras bautizadas como alpha, beta y gamma. Este es el lugar de la TA26 donde más relieves e inscripciones hay; dos de las tres cámaras están decoradas, pero debido al mal estado de conservación y la presencia de importantes lagunas en las escenas, así como a la falta de detalles en los dibujos realizados por Urbain Bouriant en 1894, se ha perdido una cantidad de datos inestimable para dar respuesta a los problemas que estas salas plantean.

La cámara alpha es una sala cuadrada con paredes de 5’5 metros de longitud y 3 metros de altura. Todas las paredes fueron decoradas con relieves toscamente tallados en la roca, pero allí donde las manos del escultor abandonaron el trabajo, los relieves están cubiertos con una capa de enlucido trabajada con mayor exquisitez y modelada. Aunque el yeso no ha perdurado hasta nuestros días, todavía se pueden distinguir restos de color en aquellos lugares donde éste era más intenso.

Siguiendo las escenas en sentido horario podemos observar varias escenas de distinta índole: (a) Siete registros de enviados extranjeros alzando sus brazos en actitud de adoración a Atón. (b) Una gran escena que muestra a la pareja real con cinco de sus hijas –Meritaton, Meketaton, Ankhesenpaaton, Nefernefruaton Ta-Sherit y Nefernefrura– haciendo ofrendas en el templo mientras Atón se pone por el oeste. El siguiente muro se interrumpe en puertas, pero en la primera parte (c) podemos observar nueve registros de soldados y carros con la particularidad de que algunos caballos están representados con la cabeza de frente –muy raro en el arte egipcio. En la siguiente escena (d), siete registros de soldados –algunos de origen extranjero– adoran a Atón. El muro adyacente presenta una larga escena (e) en la que la familia real está de nuevo en el templo adorando a Atón mientras éste sale por el horizonte. Sirvientes y carros esperan en el exterior a que los adoradores salgan del templo con su escolta militar. A la izquierda del Atón, detrás del templo, algunos pájaros y animales disfrutan de los rayos del sol.

El muro con la puerta que da al corredor principal tiene en su lado izquierdo la escena más importante y misteriosa de esta cámara (f). Se trata de una imagen en dos registros que muestra al rey y la reina llorando la muerte de una mujer –reina o princesa– que yace tumbada en una especie de catafalco. La pena y dolor de la pareja se hace patente en estas escenas únicas en su género, sin precedentes en el arte egipcio. En el registro superior los rayos de Atón entran en la habitación de palacio donde se encuentran los reyes y el cuerpo de la difunta, pero en el registro inferior los rayos de Atón ya no aparecen, hecho que ha sido interpretado como la noche de vigilia. Fuera de la habitación, plañideras y cortesanos lloran, gimen y lanzan cenizas sobre sus cabezas en señal de duelo. Entre los cortesanos se puede distinguir por su vestimenta a un visir, detalle que indica la importancia de la fallecida. En el registro superior, entre los reyes y las plañideras se encuentran tres misteriosas figuras que salen de la estancia donde se encuentra la difunta. Se trata de una nodriza que lleva en brazos un niño de corta edad –quizás recién nacido– seguida de un portador del abanico, señal de que los personajes son de alto rango. Esta escena ha sido generalmente interpretada como el funeral de un miembro de la familia real durante el parto. Lamentablemente el texto sobre la fallecida desapareció en la antigüedad y desconocemos su identidad, la causa de su muerte y el nombre del recién nacido.

Algunas figuras de la cámara alpha han sido esculpidas otra vez en el nuevo estilo artístico de la época para mitigar detalles del estilo de los primeros años. Algo inexplicable en estos relieves es el mayor tamaño de la figura de Nefertiti comparada con la de Akhenaton en las escenas de duelo.

Una vez finalizada la decoración de esta cámara se tallaron cuatro hornacinas en la pared para contener las ‘tablillas mágicas’. Éstas estaban hechas de arcilla cocida y contenían inscripciones del capítulo 151 de El Libro de los Muertos, que se creía servían de protección para el difunto contra los intrusos.

Una doble puerta comunica las cámaras alpha y beta, elemento único en otras tumbas de Amarna o Tebas. Se desconoce la función de las dos puertas –de casi 2 metros de alto por 1 metro de ancho–, pudiendo tratarse de un simbolismo religioso o simplemente un recurso artístico.

La cámara beta está sin decorar, y aunque tiene restos de enlucido, nunca se acabó el trabajo. Sus paredes, techo y suelo son muy irregulares, llegando incluso a haber partes del suelo sin rebajar. Es posible que la irregularidad del terreno forzara a inclinar el trazado de esta cámara. Es la mayor de las tres cámaras de este conjunto, por eso se cree que en un principio estuvo destinada a cámara funeraria, pero nunca se concluyó. Con los datos que tenemos no es posible saber por qué se abandonó el trabajo en esta habitación y sin embargo se enlució y decoró la cámara gamma. Otra doble puerta conecta las cámaras beta y gamma, pera esta vez la situada al este no se acabó de tallar y presenta un escalón de unos 40 centímetros.

La cámara gamma es la más pequeña de las tres –3’5 metros de lado y 1’8 de alto– y en principio parece que estuvo concebida como almacén, pero finalmente fue preparada como cámara funeraria, aunque sin el típico plinto para el sarcófago. Tanto el suelo como el techo presentan un vasto trabajo, pero en cambio las paredes fueron finamente niveladas y rematadas con una capa de yeso de 1’3 milímetros de espesor sobre la cual se esculpieron las escenas. Siguiendo en sentido horario las imágenes muestran en primer lugar varias piezas de ajuar funerario como joyas, objetos de uso personal y jarras de vino (g). A continuación la principal escena de esta cámara recuerda a otra escena de la cámara alpha. Se trata de otra escena de duelo (h). En esta ocasión, aunque faltan fragmentos de la imagen, conocemos la identidad de la fallecida gracias a una nota de errata de Bouriant en la que traduce un texto no copiado en el dibujo como “la hija del rey, de su cuerpo, su amada Meketa[ton], nacida de la Gran [Esposa Real Nefertiti], quien viva para siempre y eternamente”. Nos encontramos por tanto ante una escena del velatorio por la segunda hija de la pareja real, Meketaton.

El duelo tiene lugar en una sala de palacio en la que se encuentra Meketaton tumbada sobre un camastro, sus padres y dos mujeres –en un principio identificadas por Bouriant como hermanas de la fallecida, pero más posiblemente damas de servicio, ya que sus ropas y edad no concuerdan con las de las princesas. Fuera de la estancia observamos tres registros. En el superior un séquito de plañideras y altos funcionarios (nuevamente aparece un visir) lamentan la muerte de la princesa. En el registro medio aparece una nodriza que lleva en brazos un bebé al que está amamantando, seguida de dos mujeres portando abanicos. El grupo sale de la estancia donde se vela a Meketaton. Junto al recién nacido hay dos columnas de texto que Bouriant no copió y han desaparecido casi por completo. Es una pena no saber la identidad de la criatura. La escena se interpreta como el velatorio por la princesa Meketaton, muerta posiblemente de parto, pero desconocemos la identidad de su hijo/a.

Los muros adyacentes son los mejor conservados de toda la tumba TA26. La imagen (i) muestra una escena de exterior –seguramente un jardín de palacio– donde está la princesa fallecida o más probablemente una estatua suya, de pie sobre un plinto con columnas adornado con flores de loto y enredaderas. Esta vez sí se ha conservado el texto con el nombre de la fallecida, que nos remite nuevamente a Meketaton. Nos encontramos ante otra escena sin precedentes. Geoffrey Martin ha sugerido que el lugar donde se encuentra Meketaton puede ser un ‘pabellón de nacimiento’ –el lugar donde acudían las mujeres de la familia real a dar a luz. Las plantas representadas parecen confirmarlo, pues es sabido que el loto simboliza la vida y la enredadera la fertilidad y maternidad. De ser cierta esta hipótesis, la estatua de Meketaton habría sido colocada en el mismo pabellón donde murió al dar a luz. Frente al pabellón Akhenaton, Nefertiti y tres de sus hermanas lamentan su muerte, al igual que diversos personajes de la corte, servidores y funcionarios. La escena continúa en el siguiente muro con más imágenes de nobles en actitud de duelo.

Barsanti encontró algunos restos en esta cámara que han resultado ser fragmentos de un sarcófago destinado a Meketaton.

De nuevo en el corredor principal y frente a la cámara alpha, se abre un hueco en la pared de la izquierda, similar al que se encuentra metros más arriba. Al igual que éste, no fue profundizado.

Una tumba familiar

Como hemos podido observar, la tumba TA26 fue concebida en un principio para una sola persona, el rey Akhenaton, pero debido a un cambio de pensamiento o varias muertes repentinas en la familia, se añadieron nuevas cámaras a la tumba para hacer las veces de enterramiento familiar. Todo parece indicar que Akhenaton fue enterrado en la cámara funeraria (E). Es posible que su madre fuera enterrada también en la misma sala y por ese motivo hubiese que hacer más espacio para un segundo sarcófago quitando los dos pilares que faltan en la cámara, o es posible también que su sarcófago fuese depositado en el primer eje anexo.

En la cámara gamma se preparó el enterramiento de Meketaton, segunda hija de los reyes, y no sabemos si alguien más fue enterrado en la cámara alpha. Se ha especulado mucho sobre este tema, siendo algunas de las candidatas otras hijas de la pareja real e incluso la concubina real Kiya. Nada sabemos de los restos mortales de ninguno de ellos, pues no han sido encontrados en la tumba.

En las inmediaciones de TA26 se encuentran otras tumbas (TA27-30) que por su tamaño y dimensiones parecen haber estado destinadas a miembros de la familia real. Algunas de ellas están inconclusas, todas carecen de decoración y están vacías. Parece que Akhenaton concibió el lugar como un nuevo Valle de los Reyes donde la tumba real actuaría como foco dador de vida, igual que Atón arroja sus rayos dadores de vida sobre la ciudad de Akhetatón.

Final de Amarna

Poco tiempo después de la muerte del rey, la tumba fue presa de sus detractores, que se afanaron en destruir sus imágenes, cartuchos con su nombre y, por qué no, incluso la momia del rey. Durante el reinado de Tutankhamon, la situación político-religiosa volvió a ser como antes de la herejía de Amarna, y se cree que los restos mortales de Akhenaton y Tiy fueron trasladados a una pequeña tumba en el Valle de los Reyes, la KV55. Por desgracia, esa tumba fue víctima de grandes inundaciones y el poco mobiliario y restos humanos prácticamente se han perdido, así que seguimos sin saber qué fue del rey Akhenaton y su familia.

El sueño de Amarna y sus máximos protagonistas se convirtieron en herejes. Parece que sus cuerpos no encontraron el reposo eterno que ansiaban, y se intentó por todos los medios borrar de la memoria su paso por la historia de Egipto. Se dañaron sus imágenes y nombres, se desmantelaron sus monumentos y se despreciaron los cambios introducidos por ellos. Pero en contra de lo que sus perseguidores y detractores pretendían, más de 3.000 años después siguen fascinando a expertos y curiosos. El sueño de Amarna sigue vivo.

Autor: Désirée Domínguez

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El origen de la Biblioteca de Alejandría

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO 12 DE “LA PUERTA DE MAAT”, REVISTA DEL INSTITUTO VALENCIANO DE EGIPTOLOGÍA (www.ivde.org)

A principios del siglo III a.C,. tras más de 20 años de constante incertidumbre por saber quiénes iban a conseguir una porción del imperio del difunto Alejandro Magno, Oriente Próximo había conseguido un cierto equilibrio con la creación de tres grandes estados: Macedonia, el imperio seléucida y el reino ptolemaico. En Egipto, Ptolomeo I Sóter iniciaba una nueva dinastía de faraones que tendría a Alejandría, la ciudad fundada por el gran Alejandro, como centro cultural y de poder de todo Egipto, y que hizo que el país del Nilo mirase hacia el Mediterráneo. Y si hubo dos edificaciones que destacaron en la capital ptolemaica esas fueron su famoso faro y la gran biblioteca, siendo esta segunda el objetivo de este artículo.

No se puede decir que la biblioteca de Alejandría tuviera una concepción fuera de lo común dentro de la antigüedad clásica. Las ciudades-estado helénicas ya favorecían, dentro de sus posibilidades económicas, la proliferación de las artes y las ciencias entre sus ciudadanos, y pese a la enemistad entre dichas ciudades-estado, estos objetivos culturales comunes fueron los que dieron una cierta cohesión a la antigua Grecia. Y para la consecución de éstos, una buena biblioteca que incluyera a los grandes clásicos de la antigüedad griega era totalmente imprescindible.

En esta época, la captura de una de estas ciudades por sus vecinos traía, además de la gloria y el botín económico, un enriquecimiento cultural, con la adhesión de nuevos volúmenes, fruto del saqueo, a sus respectivas bibliotecas. Si bien es cierto que debido al tamaño y posibilidades económicas de estas ciudades-estado, en ocasiones bibliotecas de uso particular, como la de Aristóteles, fueron mucho más importantes que las estatales.

Pero estas ciudades-estado de la antigua Grecia no fueron, ni mucho menos, las pioneras o las únicas que disponían de bibliotecas o salas especiales donde almacenar textos antiguos. Ya en el siglo XII a.C., el rey asirio Tiglatpileser I disponía en el templo de Asur (principal dios asirio) en la ciudad de Asur de una colección de tablillas de cerámica con al menos un centenar de obras diferentes(1). Estas tablillas contenían principalmente textos profesionales imprescindibles para escribas y sacerdotes, y cuyos temas abarcaban desde presagios, a formas de adivinación, sacrificios de animales, acontecimientos naturales, o listas de vocabularios, de plantas, de árboles, animales, dioses, etc.

Sin embargo, cabe considerar como la primera gran biblioteca de la historia a aquella que creara el también rey asirio Asurbanipal, ya en el siglo VII a.C., en la ciudad de Nínive(2). Todo parece indicar que se trataba de una biblioteca de uso personal recopilada durante el casi medio siglo de su reinado. Entre las tablillas encontradas destacan los textos de la épica de Gilgamesh, el mito de la Creación y muchas de las obras más famosas del Próximo Oriente antiguo que hoy conocemos.

En Egipto tampoco puede considerarse que la biblioteca de Alejandría fuera la primera. Existen antecedentes egipcios en las Casas de Vida, instituciones culturales de carácter sacerdotal, como por ejemplo la biblioteca del templo de Edfú o una supuesta biblioteca situada en el Ramesseum que menciona Hecateo de Abdera (siglo IV a.C.) en un texto citado posteriormente por Diodoro Sículo en el siglo I a.C. Entonces, ¿qué hizo que la biblioteca de Alejandría sea considerada hoy en día como la gran biblioteca de la antigüedad?

Ptolomeo I Sóter y su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo, fueron los verdaderos creadores e impulsores de las instituciones culturales lágidas. Como en las ciudades-estado griegas, Ptolomeo quiso hacer de Alejandría una capital cultural, pero contaba con dos condicionantes que hicieron que este sueño fuera adelante hasta límites insospechados. Primero, Egipto era un país mucho más rico que los territorios colindantes o próximos gracias a sus importantes cosechas de cereal. Esto hizo que Ptolomeo pudiera destinar grandes cantidades de recursos a estos menesteres. Segundo, era el mayor productor de papiro y este, a su vez, era el material por excelencia en aquella época para la escritura.

Ptolomeo quiso reunir a su alrededor, en Alejandría, a todas las mentes más brillantes de la época, y para ello comenzó a incentivar a los intelectuales de todo el mundo para que se trasladaran a la nueva capital egipcia. Una de las primeras cosas que hizo fue fundar un “Museo” en la ciudad, que no es más, podríamos decir, que un centro de investigación. En la antigüedad un Museo no era sino un lugar donde adorar a las musas, divinidades que presiden la memoria y las actividades del espíritu, y Ptolomeo pretendía que dicho Museo fuera un lugar para cultivar las artes que las musas simbolizan. El nuevo faraón atrajo a los más famosos eruditos para que residieran en el Museo mediante promesas de un importante salario, exención de impuestos y vivienda y alimento gratuito durante toda la vida. Poco a poco fueron llegando hasta Alejandría sabios e investigadores de todas las ramas de la ciencia: medicina, zoología, astronomía, filosofía, cartografía, geografía, etc.

En la época ptolemaica recalaron en Alejandría sabios tan importantes como Euclides y el físico Estratón, de Atenas, el geógrafo Eratóstenes, que hizo uno de los cálculos más exactos de la circunferencia de la tierra o Herófilo, considerado el pionero de la anatomía. Incluso Arquímedes residió durante algún tiempo allí.

Y para atraer a este tipo de intelectuales también era necesario disponer de una importante biblioteca donde pudieran consultar cualquier texto escrito hasta la fecha, y así se concibió la creación de la biblioteca.

Ptolomeo I dotó tanto al Museo como a la biblioteca de fondos casi ilimitados desde su creación. Las nuevas instalaciones se emplazaron en un área del Palacio e incluso se habilitó una gran sala para que los eruditos pudieran comer todos juntos y así poder seguir discutiendo durante el período de la comida. Pronto se comenzó a referir al Museo como la “jaula de pájaros de las musas”. En tiempos de Ptolomeo III ya existían en la ciudad dos bibliotecas, la del Museo y una filial ubicada en el santuario del dios Serapis, cerca del Palacio. Ambas bibliotecas no disponían de un edificio propio, sino que ocupaban un espacio en el Palacio y el santuario. Poco sabemos sobre cómo eran ambas, aunque es probable que dispusieran de salas utilizadas para guardar los textos en papiro y un pórtico donde pudieran estar los lectores.

Pero, ¿qué sería de una biblioteca sin libros? La adquisición de los libros iba a ser una tarea muy costosa pues en Egipto apenas si se podía encontrar textos o documentos en griego. Para ello la administración ptolemaica envió emisarios repletos de dinero a multitud de ciudades de otros países con el fin de comprar copias de textos de cualquier materia, y a ser posible que la copia fuera lo más antigua para que tuviera un menor número de errores de copiado. Ptolomeo II puso especial interés en recopilar la mayor cantidad de textos clásicos atenienses, consiguiendo, por ejemplo, una de las mayores y más valiosas colecciones de textos de Homero. Para conseguir libros de una forma más rápida se decidió requisar en el puerto todos los libros que llegaban, haciéndose posteriormente copias para entregarlas a los propietarios y quedándose la biblioteca con los originales. Incluso a veces se recurrió a la estafa, como en la época de Ptolomeo III, que se solicitaron a Atenas los originales de textos muy valiosos con el propósito de copiarlos, sólo que cuando finalizó el trabajo de copiado no se devolvieron los originales, sino las copias.

La biblioteca de Alejandría llegó a disponer, al parecer, de casi un millón de textos cuando Marco Antonio donó a Cleopatra 200.000 volúmenes procedentes de la biblioteca de Pérgamo. Había un cargo de bibliotecario, encargado de la catalogación de los libros, siendo el primero Zenódoto de Éfeso.

Hoy en día se desconoce hasta qué época estuvo activa y cómo desapareció, aunque sí parece demostrado que durante la guerra alejandrina de Julio César, el incendio que se produjo no afectó a la biblioteca, sino a unos almacenes del puerto donde había multitud de libros que iban a ser embarcados rumbo a Roma.

Autor: José Hurtado

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El misterio del pasadizo del faraón

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES, ULTIMAS NOTICIAS

JACINTO ANTÓN – Barcelona – 14/06/2009 EL PAIS

Zahi Hawass, jefe de los arqueólogos egipcios, explora el misterioso túnel que parte de la tumba de Seti I en el Valle de los Reyes y cuyo final se desconoce

Si hay una aventura arqueológica similar a las de Indiana Jones, esa es la exploración del misterioso pasadizo subterráneo que parte de la tumba del faraón Seti I en el Valle de los Reyes (Luxor): es un túnel profundo, peligroso y claustrofóbico; se ignora aún qué hay al final, el que lo excava es un arqueólogo muy popular que luce sombrero y en un tramo muy en pendiente se han instalado ¡vagonetas! como las del Templo Maldito.

El director del consejo superior de antigüedades de Egipto, Zahi Hawass (quién si no), investiga actualmente el pasadizo de 3.300 años, obstinado en arrebatarle su secreto. Descubierto en 1817 por Belzoni cuando halló la tumba de Seti I (KV 17), la mayor y más espectacular del valle, de momento se han recorrido 155 metros de túnel (la tumba mide 94), parte de ellos en un abrupto ángulo de descenso que pone los pelos de punta.

Cuando Belzoni exploró el inmenso sepulcro de Seti I encontró al final del mismo, en la bella cámara funeraria abovedada, un pozo cuadrado o cripta que daba a un pasillo descendente -el pasadizo-, cavado en la roca (hoy una barrera de madera protege la entrada, pero puede verse el principio del túnel, tras una reja metálica). Belzoni avanzó con enormes dificultades en la galería subterránea (conocida en la actualidad como Galería Belzoni o Galería K), tratando de liberarla de los densos escombros que la cegaban. Cavó hasta los 90 metros, encontró montones de excrementos de murciélago y parte del techo desmoronado que bloqueaba el paso, y se dio por vencido considerando la exploración imposible. El pionero de la egiptología opinaba que el túnel servía para acceder a la tumba por otra entrada, desconocida.

John Gardner Wilkinson, en 1843, y el mismísimo Howard Carter, en 1903, trataron de esclarecer el enigma del túnel, sin éxito. En 1960 consiguió permiso oficial para excavarlo el jeque Alí Abd el Rassul, descendiente del más famoso clan de saqueadores de tumbas de Luxor. Empleó a 40 parientes (que es todo un número cuando vienes de familia de ladrones). Llegó a 136,21 metros, retirando piedras con grandes esfuerzos y apuntalando con vigas el inestable túnel, pero también tuvo que darse por vencido cuando sus trabajadores casi se asfixian. Su excavación parece haber dañado la estructura de la tumba y algunos creen que continuarla podría provocar su hundimiento. Kent Weeks, que excava en KV 5, la gran tumba de Ramsés II y sus hijos, investigó el pasadizo y dice que fue “la operación más peligrosa que nunca he acometido”. Cuando le cayó por detrás un enorme bloque del techo que le cerró un rato la salida, Weeks decidió dejarlo estar. No obstante, concluyó que el túnel fue bien planeado y que forma parte integral de la tumba, cuya línea axial sigue.

Las teorías sobre el misterioso pasadizo son numerosas. Algunos estudiosos, como Weeks, creen que es un conducto que conduce directo hacia el agua de la capa freática para conectar simbólicamente la cámara funeraria de Seti I con el océano primigenio de Nun en las profundidades de la tierra; llevaría entonces a una cámara que se rellenaría del agua representando el mito de la creación y el renacimiento del faraón. Otros opinan que conduce a una cámara secreta, acaso el sitio donde se guarda el tesoro del faraón o su verdadero enterramiento, pues hasta el momento no se han encontrado objetos del ajuar funerario, a excepción del bellísimo sarcófago (y también el cuerpo del rey, descubierto en excelente estado -para ser una momia- en el escondite de Deir el Bahari en 1881). Viejas leyendas del valle sugieren que el túnel atraviesa las montañas y va salir junto al templo de Hatshepsut o mucho más allá, conectando con algún monumento al otro lado del río, quizá el templo de Karnak. Durante años se ha sostenido que quien cave el túnel se hará inmensamente rico.

En 2007, tras rondarle la idea mucho tiempo, entra en escena Hawass, al que, según dice, el propio jeque Alí le pasó el testigo de la exploración del túnel. El arqueólogo, con un equipo egipcio que incluye ingenieros, empezó por volver a limpiar el pasadizo construyendo mientras avanzaba una estructura de sujeción metálica para aguantar el techo y evitar los peligrosos y continuos desprendimientos. De momento ha afianzado y restaurado 90 metros e instalado un sistema de vagonetas en raíles para extraer los escombros. Durante los trabajos, descubrió que el jeque Alí y su grupo ¡habían errado el rumbo y abierto esforzadamente un nuevo túnel por encima del verdadero!

Hawass ha encontrado en el pasadizo, que ahora presenta un aspecto digno de una mina del Far West, objetos que cree pertenecen a Seti I: figuritas funerarias, cerámica e incluso algún fragmento que presenta el cartucho con el nombre del faraón. Es posible que esos objetos acabaran en el túnel tras alguna inundación en la tumba que los arrastró. Deportivamente, el arqueólogo -tan amante de los interruptus: nos tiene esperando desde hace años en el umbral del misterioso conducto de la Gran Pirámide y en ascuas en lo de la búsqueda de la tumba de Cleopatra- dice que hay que esperar a ver adónde lleva el túnel, pero deja abiertas todas las opciones. No sin dramatismo: en un fantasmagórico VIDEO filmado en el interior del pasadizo, habla de “las raíces de las cuevas de Osiris-Sokar” con un tono digno de The mummy returns que pone los pelos de punta. E incluso remite a un relieve en la pared de la tumba en el que figura lo que parece una representación del propio túnel que excava; ahí al final no hay tesoro ni cámara secreta algunos, sino una serie de amenazadoras serpientes gigantes, aguardando a los intrusos. ¡Qué miedo, Indy!

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Pirámide de Medium (Falsa Pirámide)

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

La pirámide de Meidum, llamada por los árabes la Falsa pirámide (el-haram el-kaddab), está situada a la entrada de El Fayum, a unos 100 km de El Cairo. Se conservan restos de la estructura central, rodeados de un montículo formado por los escombros del recubrimiento. Es una de las tres grandes pirámides construidas durante el reinado de Seneferu.

Fechada en el siglo XXVI a. C., fue construida con piedra caliza (los egiptólogos estiman que durante el reinado de Huny, último faraón de la tercera dinastía, aunque ninguna inscripción lo confirma). Tenía originalmente siete gradas, ampliadas posteriormente a ocho y transformada finalmente por Seneferu en una pirámide de caras lisas. Actualmente solo son visibles tres niveles.

La pirámide se derrumbó en la antigüedad, y solamente la parte central de su núcleo interno sigue en pie, dándole un aspecto de torre, algo único entre las pirámides egipcias. La pequeña colina sobre la que parece asentarse está formada en realidad por los escombros resultantes de su derrumbe: el recubrimiento de la pirámide se habría deslizado por falta de adherencia de las capas inferiores, dejando el núcleo central a la vista. Existe una segunda hipótesis según la cual este deslizamiento de la capa externa nunca tuvo lugar, sino que la pirámide está inacabada. Según esta teoría, los escombros que la rodean aún hoy no serían más que los resultantes del desmontaje de las rampas necesarias para su construcción.

l conjunto funerario de Meidum fue el primero compuesto por una pirámide de caras lisas, un templo funerario unido a ella mediante una calzada, una pirámide subsidiaria (o satélite), y una necrópolis adyacente con mastabas para los funcionarios. El templo conmemorativo desapareció, pero el templo funerario, de tamaño modesto, aún perdura. Las excavaciones realizadas en los alrededores del complejo permitieron detectar vestigios de una rampa de adobe que, según el egiptólogo Jean-Philippe Lauer, habría servido para el transporte de los bloques necesarios para la construcción de la pirámide. La anchura de esta rampa, de unos cuatro metros, implica que se destinaba al transporte de los bloques de piedra hasta el primer nivel del monumento. La pirámide subsidiaria está situada en el lado sur, dentro del muro de recinto, y el templo conmemorativo está en su lado este.

Se cree que la pirámide de Meidum fue construida para Huny, pero fue terminada y usurpada por su hijo y sucesor, Seneferu, que también la reformó transformándola de pirámide escalonada en una de caras lisas, completando las gradas con piedra caliza. Antes, había sido construida en distintas etapas, primeramente como una pirámide escalonada de siete gradas a la que se agregó otra posteriormente. Hay indicios de que se derrumbó durante el Imperio Nuevo.

Conocida como la pirámide derruida, las capas externas del revestimiento comenzaron a caer, dejando expuesto el núcleo, lo que le dio el nombre de Falsa pirámide. Algunos egiptólogos piensan que este derrumbe acaeció durante el reinado de Seneferu, impulsándole a variar en 43º la pendiente de la pirámide acodada. En el siglo XV fue descrita por Al-Maqrizi como una «montaña» de cinco niveles, en progresiva ruina, manteniendo sólo tres niveles cuando la investigó en 1799 la expedición de Napoleón.

Fue excavada por Perring en 1837, Lepsius en 1843 y más tarde por Flinders Petrie, que localizó el templo funerario en la zona oriental. En 1920 Borchardt estudió la zona más alejada, tarea en que le siguió Alan Rowe en 1928 y Ali el-Joli en la década de 1970.
Descripción

La pirámide medía 147 metros de lado y 93,50 metros de altura, aunque en su estado actual, mide 65 metros de altura. La entrada está en la cara norte, a 20 metros sobre el actual nivel del suelo.
Flinders Petrie penetró por primera vez en la pirámide en 1881 y dirigió las excavaciones efectuadas entre 1888 y 1891. Descubrió que tras la entrada, el pasaje desciende 57 metros hasta un corredor horizontal, casi bajo el nivel original del suelo, en donde hay dos pequeñas salas que hacen la función de antecámaras; este pasaje conduce a un pasaje de diez metros por el que se sube hasta la cámara funeraria. No se sabe quién fue enterrado en ella: aunque la construcción comenzase durante el reinado de Huny no concluyó hasta tiempos de Seneferu, pero no parece probable que fuese la tumba de este último faraón.

Últimos descubrimientos

Los trabajos de los arquitectos Gilles Dormion y Jean-Yves Verd’hurt, que estudiaron las pirámides desde 1986, permitieron descubrir dos nuevas cámaras funerarias en la pirámide. Una es un pasaje descubierto encima del túnel de acceso a la cámara funeraria inacabada; hay un corto pasaje seguido de dos cámaras de descarga, construidas en bóveda escalonada, como la cámara funeraria, aunque acabada con mejor factura. No hay ninguna comunicación entre este pasaje y las cámaras. El segundo descubrimiento fue el de un pasaje que asciende por la pirámide de manera paralela al corredor que comienza en la entrada a la pirámide. El pasaje está bloqueado tras un largo trecho. Este descubrimiento permitió volver a preguntarse por el plan general de la pirámide: los espacios recientemente descubiertos son de una amplitud casi igual a los inicialmente conocidos.

La pirámide subsidiaria

Hay una pequeña pirámide subsidiaria al sur de la tumba real, pero toda la superestructura y una parte de la subestructura desaparecieron. Los arquitectos Vito Maragioglio y Celeste Rinaldi han propuesto una reconstrucción basada en los elementos aún visibles in situ, demostrando que era una pirámide escalonada y que el plan de sus cámaras funerarias era idéntico al de su vecina.

Necrópolis adjunta

Aproximadamente, a quinientos metros al norte de la pirámide hay una necrópolis de la cuarta dinastía que agrupa tumbas de príncipes y otros personajes importantes de la Corte, entre ellas, la mastaba de Nefermaat que contenía la famosa pintura de los Gansos de Meidum, expuesta hoy en el museo de El Cairo, donde se pueden admirar también dos famosas estatuas de Rahotep y Nefret, su mujer, en caliza policromada, encontradas en su mastaba, descubierta por Mariette en 1871.

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Pirámide Septentrional (de Nebkara)

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Zawyet el-Arian es una población Egipcia, localizada entre Giza y Abusir.

Al oeste del pueblo, dentro de la zona desértica, existe una necrópolis que lleva el mismo nombre; en ésta se encuentran dos complejos de pirámide y excepcionalmente sólo estos dos complejos, y poco más.

Se denominan actualmente: la pirámide estratificada y la pirámide septentrional.
El segundo complejo, otra estructura en ruinas, no ha sido explorado ni excavado intensivamente. Se atribuye la pirámide septentrional a Nebkara, cuya base mide 110 m de ancho por 180 m de largo, pues tiene inscripciones en varios bloques de Neferkara o Nebkara, Nebka.

N. Swelim fecha esta construcción al final de la dinastía III, rechazando la cronología propuesta por Lauer para esta pirámide datándola en la dinastía IV.

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Pirámide Estratificada (de Jaba)

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Zawyet el-Arian es una población Egipcia, localizada entre Giza y Abusir.
Al oeste del pueblo, dentro de la zona desértica, existe una necrópolis que lleva el mismo nombre; en ésta se encuentran dos complejos de pirámide y excepcionalmente sólo estos dos complejos, y poco más.

Se denominan actualmente: la pirámide estratificada y la pirámide septentrional.

La pirámide estratificada se atribuye al faraón Jaba (Khaba) de la Dinastia III y quedó sin terminar debido a su breve reinado; de tipo escalonada con unos 83 metros de lado y veinte metros de altura. En torno a la pirámide hay 32 pequeñas cámaras-almacén. Fue construida en el año 2633 A.C. Solo se inició la obra de infraestructura empotrada en el suelo de la cámara sepulcral, se ha encontrado un sarcófago de forma infrecuente.

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Piramide Enterrada (de Sejemjet )

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Fue construida durante el reinado de Sejemjet (Sekhemkhet) de la Dinastía III. Tiene una sola cámara Funeraria y se localiza en Saqqara. Su año de construcción sería 2638 A.C. Podría haber sido diseñada por Imhothep, el arquitecto de Zoser. Había quedado inconclusa, posiblemente debido a la corta duración de su reinado (6 ó 7 años), fue desapareciendo bajo la arena. Y las ruinas fueron descubiertas por Zahi Goneim en 1951, nombrado conservador de Saqqara, la descubrió y desde entonces se la conoce con el nombre de “La pirámide enterrada”.

La inspección del interior del mausoleo no reveló indicios de que hubiera sido saqueado por los ladrones después de ser sellado. En junio de 1954, se abrió el sarcófago en el que se creía descansaba la momia del faraón, el cual ya se había identificado como Sejemjet, gracias a las inscripciones con su sello halladas en los precintos de 5 vasijas de barro. La sorpresa del público asistente a la obertura, especialistas y periodistas, fue mayúscula cuando vieron el interior del sarcófago vacío. La única explicación, ya que resultaba evidente que el sarcófago no había sido saqueado, es que el rey fuera enterrado en otro sitio, posiblemente en algún pasillo del complejo todavía sin explorar.

El recinto estaba rodeado de una muralla rectangular de aproximadamente 500 x 180 metros. Inicialmente el proyecto consistía en un recinto rectangular de unos 265 x 180 metros. Cuando ya se habían construido 46 metros de muro con seis hileras de bloque, el proyecto sufrió una gran modificación que supuso la ampliación en sentido norte-sur (188 hacia el norte y 97 al sur). El muro, que más tarde se ha ampliado en los lados norte y sur, tenía nichos y puertas falsas similares a las de la pared del gabinete de la pirámide. También se encuentra en un bloque de la pared del gabinete una inscripción de un albañil en tinta roja, que incluye el nombre de Imhotep. La pirámide debería haber tenido una base de unos 109 x 121 metros con una altura de 70 metros en 6 cuerpos y un ángulo de inclinación de 70º. Actualmente sólo quedan los cimientos y el cuerpo inferior con 14 capas 2,60 metros de espesor. La pirámide estaba situada en el centro del recinto y construida de bloques de caliza. A la cámara se podía acceder por un pasadizo situado a 40 metros al suroeste del eje de la pirámide. La cámara funeraria, excavada en la roca es de 8.40 x 5.22 metros con una altura de 4.5 metros y en ella se encontraba un sarcófago de alabastro vacío. Este sarcófago representaba la última esperanza de Goneim de encontrar el cuerpo del faraón tal y como había sido enterrado 2.600 años a.C. El sarcófago fue realizado en un único bloque de piedra y situado bajo el vértice de la pirámide. Mide 2.35 metros de largo, 1.10 de ancho y 1.05 de altura.

Goneim encontró un gran número y variedad de objetos durante el movimiento de los escombros, incluyendo huesos de animales, papiros y un gran tesoro de la dinastía III piedras similares a las ‘Reliquias de familia de Zoser’. La Mayor sorpresa de la excavación fue a ver el contenido de un ataúd de madera , que contenía un depósito funerario presumiblemente inalterado de 21 brazaletes de oro, un cuadro de cosmético, oro con bisagras en la forma de un shell, pinzas de electrum y una aguja y mucho oro, cornalina y perlas. En los Tarros sellados fueron inscritos con el nombre de Sejemjet . Goneim estaba convencido de que había encontrado un entierro intacto, que había escapado la tumba al saqueo de los ladrones y se produjo un gran entusiasmo entre los funcionarios del Estado y la prensa. Este fue uno de los tesoros más antiguos encontrados en Egipto.

En el pasadizo existe un pozo vertical que contenía gran cantidad de papiros escritos en demótico, así como jarrones de alabastro y joyas de oro de la III dinastía. En el mismo pasadizo hay otro que conduce a 132 salas subterráneas dispuestas en zigzag.

Quizás lo más importante del descubrimiento de Goeim no haya sido la propia construcción, sino que gracias a este descubrimiento pudo conocerse el faraón sucesor de Dyeser, hasta ese momento desconocido.

En 1963, Jean-Philippe Lauer retomó la excavación del monumento de Sejemjet por haber investigando la posibilidad de una tumba al Sur, una característica que había encontrado en el lado sur de la pirámide del Zoser . También para poder reconstruir un plano de la pirámide y para intentar resolver el misterio de la momia que faltaba.

Lauer descubrió los cimientos de la tumba del sur por debajo de una mastaba destruida. En un pasillo en la parte inferior de un pozo profundo, encontró restos de ataúd de madera que contenían los huesos de un niño de dos años de edad (¿un príncipe real?) con algunos indicios de la dinastía III y fragmentos de hojas de oro. La cámara funeraria había sido saqueada por los ladrones. Lauer pasó a demostrar la teoría del Goneim que había extendido el muro del recinto del complejo. Hay muchas teorías que rodean la pirámide enterrada y su falta de finalización que todavía siguen siendo un misterio.

Hoy en día hay poco para ver en el complejo de la pirámide enterrada, excepto los corredores inferiores de la pared del gabinete, la entrada del corredor descendente y el eje profundo de la tumba del Sur.

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Pirámide Escalonada de Zoser (La más antigua)

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

La pirámide de Zoser es la tumba, del faraón Zoser (Necherjet Dyeser) de la III Dinastía del Egipto (c. 2650 a. C.). Denominada antiguamente Dyeser Deyeseru “la más Sagrada”, se conoce actualmente como la pirámide escalonada y según Manetón fue edificada por Imhotep el primer arquitecto de nombre conocido de la historia. Es la construcción más notable de la necrópolis de Saqqara, al sur de la ciudad de Menfis, y fue el prototipo de las pirámides de Giza y de las restantes pirámides egipcias. Fué construida por el arquitecto Imhotep utilizando por primera vez en arquitectura piedras aparejadas, y ha sido objeto de estudio, entre otros, por Enrico Menu di Minutoli, Gerolamo Segato, Howard Vyse, Richard Lepsius, Cecil Firth y Philippe Lauer.

Características

La Pirámide Escalonada, fue la primera tumba monumental real y es considerada la gran estructura en piedra más antigua de Egipto y del mundo.

Formaba parte de un complejo para celebraciones, rodeado por un muro pétreo que albergaba un templo y edificios de carácter simbólico, la mayoría maciza, no accesible, con un amplio patio para conmemorar el Heb Sed y un intrincado sistema de galerías subterráneas y almacenes.

La pirámide se encuadra en un recinto que constituye un complejo funerario; alcanzó sesenta metros de altura, y 140 m de largo por 118 m de ancho en la base, quedando revestida de piedra caliza blanca pulida.

La pirámide escalonada se sitúa en el centro de este recinto rectangular de 554 m, de norte a sur, y 277 de este a oeste. La muralla es de piedra caliza; medía originalmente unos diez metros de altura y tenía catorce falsas puertas y un sólo acceso, dispuesto en uno de los entrantes que imitan una falsa puerta. Las construcciones tienen fachadas exteriores cuidadas, sin embargo, los interiores son macizos.

Esta entrada conduce a un pequeño patio y luego a una sala hipóstila, con cuarenta columnas fasciculadas, adosadas a pilastras, redondeadas en la parte interior, imitando haces de troncos de papiro, enfrentadas en dos filas, de 6,60 metros de altura y un metro en la base, sobre las que se apoyaba una cubierta adintelada; estas son las primeras columnas en piedra conocidas del arte egipcio.

A continuación hay un amplio patio, al sur de la pirámide, con un pequeño altar y cuatro mojones que tal vez representaron los límites del reino, entre los que el faraón debió realizar la carrera simbólica durante la fiesta Sed.

La pirámide escalonada, que en su forma definitiva era un macizo de seis escalones, de alturas desiguales, hasta alcanzar los 60 metros. Su construcción fue objeto de varios cambios de proyecto, a partir de una mastaba cuadrada, de 63 metros de lado por 8 de altura. Esta mastaba se componía de un núcleo de caliza local, revestido de una capa externa de la fina caliza de Tura, perfectamente careada. La inclinación de los cuerpos de la pirámide es de 16° respeto a la vertical y de 22° en el nivel superior.

Terminada esta primera mastaba, se le añadió por los lados un nuevo revestimiento de caliza de Tura, de tres metros de ancho, pero 60 cm más bajo que el edificio original, dando lugar a una incipiente mastaba escalonada. A todo esto se le sumó por el lado oriental una ampliación de 6 m de espesor, que convertía el cuadrado de la planta primitiva en un rectángulo con su eje mayor orientado de este a oeste.

Antes de revestir de caliza de Tura este nuevo anexo, hubo un cambio completo de proyecto: la mastaba fue transformada en el primero de los escalones de una pirámide de cuatro. Por su lado norte se comenzó a construir un templo funerario, pero antes de que las dos obras se acabasen, se produjo un quinto cambio de plan, consistente en ampliar la pirámide hacia el norte y hacia el oeste, añadiéndole dos escalones más. Una última ampliación por todos lados, con su revestimiento definitivo de sillares de caliza de Tura la hizo aún un poco mayor.

La parte subterránea consta de un pozo vertical, de 28 m de profundidad, en cuyo fondo se encuentra la cámara del sarcófago de Zoser, revestida de placas de granito de Assuán. De ella parte un laberinto de corredores y habitaciones sin parangón en ninguna otra pirámide del Imperio Antiguo. A la cámara se bajaba desde el exterior por un corredor en rampa. Cuando el extremo superior de esta rampa hubo de ser cegado para construir las ampliaciones de la pirámide, se abrió un corredor con escaleras desde el templo funerario que, describiendo una gran curva, desembocaba en el tramo inferior de la rampa. Al término de ésta se guardaba, en una cámara a propósito, el rastrillo de piedra, de unos dos metros de longitud y tres toneladas de peso, que había de sellar definitivamente, como un gran tapón, el acceso desde el techo a la cámara del sarcófago. De la rampa de acceso parten, igualmente, galerías y escaleras que dan a los corredores y estancias que rodean la cámara del sarcófago.

Muchos de estos anexos nunca estuvieron terminados, pero los que llegaron a estarlo, como un corredor y una habitación, revelan que su propósito era el de reproducir el interior de un palacio con los muros revestidos de placas de loza, inspirados en esteras, y con algunos relieves.

Antes de que se hiciese la ampliación número tres de la mastaba inicial se abrieron a una profundidad de 32 m (esto es, a 4 m por debajo del nivel de la cámara del sarcófago) once tumbas para los hijos y mujeres del faraón. Probablemente estas tumbas no figuraban en el proyecto inicial. Antes de realizar la ampliación número tres, diez de las tumbas estaban ya ocupadas y sus pozos de acceso cegados. Sólo para la undécima tumba, seguramente aún libre, se hizo un acceso en escalera desde el exterior.

Hay once pozos de 32 metros de fondo por los que se accede a otros tantos corredores horizontales en los que se encontraron dos sarcófagos de alabastro (uno de ellos con los restos de una hija de Dyeser, de ocho años), salas revestidas de placas de fayenza, con representaciones en bajorrelieve del faraón, con su nombre Necherjet, y almacenes con más de 48.000 vasijas cerámicas y en piedra, muchas con los nombres grabados de personajes y faraones precedentes, de las dinastías I y II.

La cámara funeraria de Zoser (Dyeser) está en el centro de la pirámide, en el fondo de un pozo de 28 metros de profundidad y siete de anchura; se construyó en granito y se revistió con yeso. Fue sellada con un gran bloque de granito de 3500 kilos. El arquitecto y egiptólogo francés, Jean-Philippe Lauer, restaurador del complejo desde 1932, encontró restos de una momia que se dató en una época cientos de años posteriores.

En 1.933 fueron descubiertos, alineados a lo largo del lado este de la pirámide, nueve pozos que llevaban a galerías independientes. Las primeras cinco a partir del norte habían sido lugares de enterramiento de las princesas y de los principitos.

Esta Pirámide forma parte de un complejo funerario más amplio el cual se reproduce a continuación un esquema.

1) Entrada; 2) Templo; 3) Gran patio meridional; 4) Tumba sur; 5) Patio de Heb-Sed; 6) Casa del Sur; 7) Casa del Norte; 8 ) Pirámide Escalonada; 9) Templo funerario; 10) Patio del Serdab; 11) Entradas a las galerías subterráneas llamadas de Mariette; 12) Muralla.

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Las Pirámides – Colosos Funerarios

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Una pirámide (del latín pyrămis, -ĭdis) es una construcción monumental, con forma piramidal, normalmente de base cuadrangular.

Se ha discutido mucho sobre el origen de la forma piramidal en la construcción humana. Las pirámides surgieron en distintas civilizaciones sin contacto entre sí, lo que ha dado pie a multitud de especulaciones de toda índole. Sin embargo, desde un punto de vista meramente estructural o constructivo, la forma piramidal es un resultado casi inevitable del simple deseo de ganar altura utilizando piedra escuadrada.

En la antigüedad, la arquitectura común empleaba materiales fáciles de conseguir y manipular, tales como el barro o la madera. No obstante, este tipo de construcciones no perduraban en el tiempo. Cuando se deseaba un edificio más longevo, como una tumba, o un edificio emblemático, se recurría entonces a la piedra (o al ladrillo si no se disponía de lo primero). Las primeras construcciones de piedra por tanto obedecieron a propósitos funerarios o religiosos, en Egipto las primeras construcciones y por lo tanto las antecesoras de las maravillosas pirámides fueron las mastabas.

Esquema de una mastaba y Mastaba en Saqqara.

Las mastabas, construcción casi prismática, era la sepultura de los soberanos del periodo arcaico de Egipto. Las razones del paso de las mastabas a las pirámides no se conocen bien, pero se menciona generalmente el deseo de alcanzar alturas cada vez más significativas para manifestar la importancia y el poder del faraón difunto. Estas construcciones pese a sus imperfecciones, lograron ser las bases para la consolidación de nuevos criterios de pirámides que surgirían a lo largo del tiempo.

A principios de la Dinastía III (c. de 2700 a. C.) las mastabas se transformaron en pirámides escalonadas, constituidas con varias gradas, a modo de una “escalera gigantesca” que se elevaba hacia el cielo.

La primera y más famosa de estas, es la pirámide escalonada de Saqqara del faraón Dyeser (Zoser), cuyo arquitecto era Imhotep, que posiblemente quiso crear un monumento que se eleva hacia el cielo, como una gigantesca escalera, con el fin de simbolizar la ascensión del difunto del “mundo terrenal” hacia los “Cielos”.

La siguiente etapa, en la evolución de las pirámides, fue la construcción ordenada erigida por el rey Seneferu, la llamada “pirámide romboidal”, o “pirámide acodada”, en la región de Dahshur, que se considera una etapa intermedia entre la “pirámide escalonada” y la “pirámide clásica”, o de caras lisas. En la pirámide romboidal las caras están conformadas con dos pendientes, de inclinación decreciente en dirección a la cumbre. La ausencia de uniformidad de esta pendiente podría ser un efecto geométrico voluntario. O, como sostienen algunos expertos, debido a dificultades arquitectónicas, por la estabilidad de la pirámide (pendiente original demasiado fuerte), o su método de construcción (transporte de bloques a gran altura), o por dificultades de suministro (situación geopolítica), etc.

Las pirámides clásicas, de caras lisas, fueron la ultima evolución de estas grandes construcciones, levantadas en la época de la Dinastía IV (c. 2500 a. C.); las más célebres son las pirámides de Keops, Kefren, y Micerino, erigidas en la meseta de Giza, cerca de El Cairo.

Pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, en Giza

Otros faraones de la dinastía IV iniciaron la construcción de sus pirámides, como Nebkara (Zawyet el-Aryam), pero quedaron sin concluir. El último faraón, Shepseskaf, erigió un monumento a modo de gran sarcófago pétreo, la mastaba de Shepseskaf en Saqqara. La piramide de Dyedefra (Abu-Roash) llegó a ser 7 metros más alta que la de Keops, pero desde los romanos ha sido destruida para usar sus piedras en la construcción de otros edificios.

Durante la dinastía V la mayoría de sus reyes levantaron complejos de pirámides, en Saqqara y Abusir, pero de menores dimensiones y técnicamente muy inferiores. Prosiguieron erigiéndolas en Saqqara Teti, Pepy I, Merenra I y Pepy II, durante la dinastía VI.

En el denominado primer periodo intermedio de Egipto algunos gobernantes continuaron la tradición, como Neferkara Neby, Jui, Ity, o Merykara, pero apenas quedan restos.

Es en el Imperio Medio (dinastía XII, c. 1990 a. C.) es el peridodo donde se construyen las últimas grandes pirámides, pero con núcleos de adobe y revestimiento pétreo, actualmente desmoronado.

Los faraones del Imperio Nuevo prefirieron construir grandes templos e hipogeos en la zona de Tebas. Pirámides pétreas menores y más estilizadas fueron erigidas por los dignatarios de la dinastía XXV (c. 747 a. C.), en Napata y Meroe (Kush).

Eran monumentos funerarios que evolucionaron, como muchas otras pirámides de otras culturas, a partir de los túmulos funerarios y luego de las mastabas hasta el colosal complejo de Giza. Actualmente, en Egipto hay restos de más de cien pirámides, y más de la mitad conservan gran parte del núcleo pétreo, pero en casi todas ha desaparecido el revestimiento original de piedra pulida que, casi íntegro, sólo se puede contemplar en la Pirámide acodada de Dahshur.

«Pirámide Acodada» de Seneferu, en Dahshur.

SU CONSTRUCCIÓN

La mayoría de las pirámides constan de una estructura interior realizada como una pirámide escalonada, con una serie de contrafuertes decrecientes que rodean un núcleo central. Posteriormente estos se rellenaban dándole a la pirámide su forma definitiva. Se empleaban bloques de relleno para formar los escalones y bloques de piedra, de las canteras de Tura para el revestimiento. Durante las dinastías XII y XIII se empleó otro método consistente en crear muros de piedra desde el centro de la pirámide, y se creaban unas cámaras mediante la construcción de otros muros transversales más cortos. Después la estructura se revestía como siempre. El mayor problema de estas pirámides es que no eran duraderas si perdían el recubrimiento, y la mayor parte de ellas están prácticamente destruidas por ese motivo, sin embargo al contrario de lo que se suele pensar, esta técnica constructiva es más avanzada que las anteriores y podría haber sido tan eficaz, de no haber servido esas pirámides de canteras para otras construcciones.

Las pirámides muestran, para su época, el gran conocimiento de los técnicos egipcios y la capacidad organizativa necesaria para erigir tales monumentos con medios muy simples; pero nada parece indicar que hiciera falta una tecnología superior a la que disponían los egipcios representada por “ingenios” de madera, trineos e, hipotéticamente, usando la rueda, en forma de rodillos de madera, y rampas.

No se sabe con certeza cómo se construyeron las pirámides, pues no han perdurado documentos de la época que lo describan con detalle. Además, se utilizaron diversos materiales (piedra escuadrada, piedra sin tallar, adobe) y variadas técnicas en la construcción de sus núcleos (apilamiento de bloques, muros resistentes conformando espacios rellenos de cascotes, etc.).

La hipótesis más aceptada es la siguiente: previamente se procedía a aplanar el terreno rocoso, y excavar canales para inundarlos de agua y así poder marcar líneas de nivel con las que preparar una superficie horizontal. Después se rellenaban los surcos. A continuación se excavaba la cámara subterránea y se comenzaba la edificación. La mayoría de los bloques de piedra eran cortados en canteras próximas al lugar de construcción. Se transportaban otros de las canteras del sur del país con ayuda de gigantescas barcazas. Los bloques se colocaban a continuación sobre trineos y se arrastraban hasta su emplazamiento definitivo.

Hay algunos documentos en los que se puede ver que usaban diferentes rampas para diversas construcciones entre ellas las pirámides. La utilización, está bastante atestiguada. Dependiendo del terreno, el tamaño de la construcción y del número de trabajadores, se construyeron diferentes tipos o tamaños de rampas.

En el Egipto antiguo, estaban formadas por dos muros de roca o ladrillos de adobe (o ambas cosas), rellenando entre ellos con tierra y piedras. También eran divididas en compartimentos paralelos a su longitud para ganar en resistencia y poder soportar grandes cargas.
En la tumba de Rejmira hay una representación de cómo se construía una rampa. Así mismo en el papiro de Anastasi I, se describe el número de ladrillos necesarios para construir una rampa de 400 metros, rampa esta dividida en 120 compartimentos. Por lo tanto sabemos que el uso de la rampa era algo habitual dentro de la construcción egipcia.

Existen distintas teorías acerca de quienes construyeron las pirámides.

La más difundida de ellas cuenta que fueron construidas por miles de esclavos, y esta leyenda aún se sigue contando a los turistas; incluso ha sido reflejada en algunas películas de Hollywood.

Zahi Hawass sostiene que fueron obreros, y muy bien tratados. En una intensa investigación, Mark Lehner encontró muchos huesos de vaca en la calle principal de la ciudad, tantos como para darles de comer a miles de hombres durante casi un siglo. Además, también encontró miles de raspas de pescado. Supuso que además de carne de vaca también se les daba toneladas de pescado del Nilo.

Otros, como Nassim Haramein, sostienen que los que las construyeron no fueron humanos, sino una raza superior o extraterrestre.

Como se ve hay teorías de todo tipo, pero la verdad, no sabemos si un día llegaremos a saberla, ya que sin documentos de la propia época que nos indicaran, tanto la forma de construcción, como quienes fueron los que erigieron estos colosos, nunca tendremos la certeza absoluta, sino simples especulaciones que seguramente se acercaran alguna a la realidad. JMGN

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El Valle de los Leones

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Esta situado en una de las orillas del Lago Nasser.
Lo custodian un par de policías, mas bien por seguridad de los turistas, ya que no hay prácticamente nada mires donde mires, soledad absoluta. Este templo fue mandado construir por Ramses II, y esta adornado con magníficos relieves y es uno de los edificios nubios mas antiguos.

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La pirámide de Keops en Gizeh

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

La pirámide de Keops se encuentra en la meseta del desierto de Gizeh, esta situada cerca de la ciudad de Menphis.
Tiene una altura de 146.6 metros.
Consta de una rampa exterior de 1500 metros de longitud.
Sobre los bloques de piedra cada una pesa 2.25 toneladas pero la más pesada es de 60 toneladas.
El tiempo que se cree que se tardo en construir fue más o menos entre 10 y 30 años.

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Tumbas Tebanas

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Esta página que os pongo es donde podemos ver el Registro oficial publicado sobre las Tumbas Tebanas descubiertas hasta el momento.

Enlace:Tumbas Tebanas

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La cuarta pirámide

LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Os dejo este link muy interesante donde hablan de los informes de excavación hasta 2006 de la misión, planos, fotos 360º etc:

Fuente:egiptomania.com
Link: egypt

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