El Imperio Nuevo: El esplendor de Egipto

HISTORIA

Artículo en PDF aparecido en la revista National Geographic y escrito por la Dra Marta Saura.

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¿De qué murió Tutankhamon?

FARAONES, HISTORIA, MISTERIOS, SABIAS QUE?

Las causas de su muerte aun no estan claras del todo, pero hay varias hipotesis. Segun unas radiografrias de los años 70, descubrieron una esquirla de hueso en su craneo, por lo que especulavan que murio asesinado, o de una caida. Recientemente por medio de un TAC demostraron que esta esquirla es posiblemente producida cuando se manipulo el cuerpo al se momificado. Tambien se penso que murio por una infección por asepsia, causada por una herida producida en una caida de un carro, ya que parece ser que se habia fracturado un hueso de la pierna. También se especuló con que murió de malaria, al serle encontrado en su cuerpo anticuerpos de esta enfermedad, pero otros cientificos creen que no fue de malaria y que los anticuerpos se deben a que el Rey quedó inmunizado de dicha enfermedad.

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Hatshepsut: la reina hombre de Egipto

FARAONES, HISTORIA

¿Qué motivó a Hatshepsut a gobernar el antiguo Egipto como un hombre mientras su hijastro permanecía a la sombra? Su momia y su verdadera historia han salido a la luz.

Hatshepsut usaba una barba falsa para enfatizar su poder real.
Foto de Kenneth Garrett

El resto de su gracia humana se había desvanecido. La tela enredada alrededor de su cuello parecía un pésimo intento por estar a la moda. Su boca, con el labio superior caído sobre el inferior, era un rizo espantoso (provenía de un famoso linaje de prognatas). Las cuencas de sus ojos estaban repletas de resina negra; las fosas nasales, obstruidas inapropiadamente por ajustados rollos de trapo. El oído izquierdo se había hundido en la carne lateral de su cráneo, y su cabeza carecía casi por completo de pelo.

Me incliné sobre la vitrina abierta en el Museo Egipcio de El Cairo y miré lo que muy probablemente sea el cuerpo de la faraona Hatshepsut, la extraordinaria mujer que reinó en Egipto de 1479 a 1458 a. C., y que hoy es menos famosa por su reinado durante la era dorada de la dinastía XVIII que por haber tenido la audacia de representarse a sí misma como un hombre. No flotaba en el aire el seductor perfume de la mirra, sólo un ácido y acre olor que parecía haberse acuñado durante los muchos siglos que permaneció en una cueva de piedra caliza. Era difícil conciliar esta cosa postrada con la gran gobernante que había vivido hacía tanto tiempo y de la cual se escribió: “Contemplarla era más hermoso que nada”. El único toque humano era el brillo del hueso en las puntas de sus dedos sin uñas, donde se había replegado la carne momificada, creando la ilusión de una manicura y evocando no sólo nuestra esencia vanidosa, sino nuestras frágiles intimidades, nuestro breve y pasajero aprecio por el mundo.

El descubrimiento de la momia perdida de Hatshepsut acaparó los encabezados hace dos veranos, pero la historia completa reveló poco a poco un drama. La búsqueda de Hatshepsut mostró a qué grado las pequeñas palas y pinceles de la tradicional caja de herramientas de los arqueólogos se han complementado con escáneres TAC y termocicladores de ADN.

En 1903, el renombrado arqueólogo Howard Carter había hallado el sarcófago de Hatshepsut en la vigésima tumba descubierta en el Valle de los Reyes –la KV20–. El sarcófago, uno de los tres que Hatshepsut había preparado, estaba vacío. Los eruditos no sabían dónde se encontraba la momia o si había sobrevivido la campaña que, con el fin de erradicar todo registro de su reinado, se llevó a cabo durante el gobierno de su corregidor y último sucesor, Tutmosis III, cuando casi todas las imágenes de ella como rey fueron retiradas sistemáticamente de templos, monumentos y obeliscos.

La búsqueda que parece haber resuelto el misterio la inició en 2005 Zahi Hawass, director del Egyptian Mummy Project y secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades. Hawass y un equipo de científicos se enfocaron en una momia llamada KV60a, la cual, a pesar de haber sido descubierta más de un siglo antes, no se creyó tan importante como para retirarla del suelo de una tumba menor en el Valle de los Reyes. La KV60a había navegado por la eternidad sin el amparo de un ataúd, mucho menos con un séquito de figurillas que desempeñaran tareas reales. Tampoco tenía qué usar: ni tocado, ni joyería, ni sandalias de oro, ni cubiertas de oro para los dedos de las manos y los pies; ninguno de los tesoros que se le habían dado al faraón Tutankamon, quien no era nadie comparado con Hatshepsut.

Incluso con todos los métodos de alta tecnología empleados para descifrar uno de los casos de personas desaparecidas más notables de Egipto, de no haber sido por el descubrimiento fortuito de un diente, la KV60a quizá seguiría recostada sola en la oscuridad, con su nombre real y estatus desconocidos. Actualmente es consagrada en una de las dos salas de Momias Reales del Museo Egipcio, con placas en árabe y en inglés que la proclaman como Hatshepsut, “La Reina Hombre de Egipto”, reunida al fin con sus compañeros faraones del Nuevo Reino.

Debido al olvido que cayó sobre Hatshepsut, es difícil pensar en un faraón cuyas esperanzas de ser recordado sean más conmovedoras. Parece haberle temido más al anonimato que a la muerte. Fue una de las mayores constructoras en una de las dinastías más grandes de Egipto. Levantó y renovó templos y santuarios desde el Sinaí hasta Nubia. Los cuatro obeliscos de granito que erigió en el vasto templo del gran dios Amón en Karnak estaban entre los más magníficos. Encomendó cientos de estatuas de ella misma y dejó testimonios en piedra –verdaderos e inventados– de su linaje, sus títulos, su historia, incluso de sus pensamientos y esperanzas, que a menudo expresaba con un candor poco común. Las expresiones de preocupación que Hatshepsut inscribió en uno de sus obeliscos en Karnak aún resuenan con una inseguridad casi encantadora: “Ahora se me vuelca el corazón cuando pienso lo que la gente dirá. Aquellos que vean mis monumentos en los años por venir, y que hablarán de lo que he hecho”.

Muchas incertidumbres plagan la historia temprana del Nuevo Reino, pero queda claro que cuando nació Hatshepsut, el poder egipcio aumentaba. El que posiblemente fuera su abuelo, Amosis, fundador de la dinastía XVIII, había expulsado a los formidables invasores hicsos que ocuparon la parte norte del Valle del Nilo durante dos siglos. Cuando el hijo de Amosis, Amenhotep I, no tuvo un hijo que viviera para sucederlo, se aceptó en la realeza, por haberse casado con una princesa, a un temible general conocido como Tutmosis.

Hatshepsut era la hija mayor de Tutmosis y su Gran Esposa Real, la reina Ahmose, probablemente pariente cercana del rey Amosis. Pero Tutmosis tenía un hijo de otra reina, Tutmosis II, quien heredó la corona cuando su padre “descansó de la vida”. Ciñéndose a un método común para fortalecer el linaje real –y sin ninguno de los reparos de hoy para acostarse con su hermana– Tutmosis II y Hatshepsut se casaron. Tuvieron una hija; una esposa menor, Isis, le daría a Tutmosis el heredero masculino que Hatshepsut no pudo procrear. Tutmosis II no gobernó por mucho tiempo, y cuando fue conducido hacia la vida eterna a causa de lo que 3 500 años después los escáneres tac sugieren sería una enfermedad del corazón, su heredero, Tutmosis III, aún era un niño. Como se acostumbraba, Hatshepsut asumió el control verdadero como reina regente del joven faraón.

Así comenzó uno de los periodos más intrigantes de la historia antigua de Egipto.

Al principio, Hatshepsut actuó en nombre de su hijastro. Aunque no tardaron en aparecer signos de que su regencia sería diferente. Los primeros relieves la muestran desempeñando funciones propias del rey, como hacer ofrendas a los dioses y pedir obeliscos de las canteras de granito rojo de Asuán. Tras unos cuantos años, había asumido el papel de “rey” de Egipto, poder supremo en sus tierras. Su hijastro –quien para entonces habría sido ya capaz de asumir el trono– quedó relegado a un segundo plano. Ella procedió a gobernar durante 21 años.

“Algo motivaba a Hatshepsut a cambiar la forma en que se representaba a sí misma en los monumentos públicos, pero no sabemos qué –dice Peter Dorman, renombrado egiptólogo y presidente de la American University de Beirut–. Una de las cosas más difíciles de adivinar es su motivación”.

Es posible que su línea sanguínea tenga algo que ver. En un cenotafio de las canteras de arena de Gebel el-Silsila, su administrador y arquitecto Senenmut se refiere a ella como “la hija primogénita del rey”, distinción que acentúa su linaje como heredera principal de Tutmosis I más que como esposa real de Tutmosis II. Recordemos que Hatshepsut de verdad era de sangre azul, emparentada con el faraón Amosis, mientras que su esposo-hermano era descendiente de un rey adoptado. Los egipcios creían en la divinidad del faraón; sólo Hatshepsut, no su hijastro, tenía un vínculo biológico con la realeza divina.

Aun así, quedaba el pequeño detalle del género. El reinado debía pasarse de padre a hijo, no a hija; la creencia religiosa dictaba que el papel de rey no podía desempeñarse adecuadamente por una mujer. Saltar este obstáculo debe haber requerido mucha sagacidad por parte de la mujer rey. Cuando su esposo murió, Hatshepsut prefirió no usar el título de Esposa del Rey, sino el de Esposa del Dios Amon, nombramiento que algunos creen le allanó el camino al trono.

Hatshepsut nunca mantuvo en secreto su sexo en los textos; sus inscripciones con frecuencia empleaban terminaciones femeninas. Pero en principio, parecía estar buscando formas de sintetizar las imágenes de reina y rey, como si un arreglo visual resolviera la paradoja de un soberano mujer. En una estatua de granito rojo se muestra a Hatshepsut con el inconfundible cuerpo de una mujer pero con los símbolos del rey: el nemes –tocado a rayas de la cabeza– y la cobra uraeus. En algunos relieves de templos, Hatshepsut porta el apretado vestido tradicional hasta los tobillos, pero tiene los pies separados, la postura típica del rey.

Conforme transcurrieron los años, parece haber decidido que era más fácil eludir por completo el asunto del género. Se hizo representar exclusivamente como rey varón, con el tocado, la falda shenti y la falsa barba, sin rasgos femeninos. En los relieves del templo mortuorio de Hatshepsut, ella tejió una fábula de su asunción al poder como la realización de un plan divino y declaró que su padre, Tutmosis I, no sólo quiso que ella fuera rey sino que además pudo asistir a su coronación. En los paneles se muestra al gran dios Amón apareciéndosele a la madre de Hatshepsut, disfrazado de Tutmosis I. Este le ordena a Jnum, el dios de la creación con cabeza de carnero que modela el barro de la humanidad en su torno: “Anda, hazla mejor que a todos los dioses; dale forma por mí a esta mi hija, a la cual he engendrado”.

A diferencia de la mayoría de los contratistas, Jnum se pone a trabajar, respondiendo: “Su forma será más elevada que la de los dioses, en su gran dignidad de Rey…”.

En el torno de alfarero de Jnum, la pequeña Hatshepsut es representada inequívocamente como niño. Aún se discute exactamente quién era la audiencia prevista para semejante propaganda. Es difícil imaginar que Hatshepsut necesitara apuntalar su legitimidad con aliados poderosos, como altos sacerdotes de Amón, o miembros de la élite, como Senenmut. ¿Entonces, a quién le estaba montando esa historia? ¿A los dioses? ¿Al futuro? ¿A National Geographic?

Es posible que una respuesta se encuentre en las referencias de Hatshepsut a las avefrías, aves comunes de los pantanos del Nilo que los antiguos egipcios conocían como rekhyt. En los textos jeroglíficos, la palabra rekhyt suele traducirse como “la gente común”. Se repite con frecuencia en las inscripciones del Nuevo Reino, pero hace unos años Kenneth Griffin, ahora en la Universidad Swansea en Gales, notó que Hatshepsut hizo un uso más extenso de la frase que otros faraones de la dinastía XVIII. “Sus inscripciones parecían mostrar una asociación personal con el rekhyt inigualable en esta etapa”, dice. Hatshepsut a menudo hablaba en posesivo de “mi rekhyt” y pedía su aprobación, como si la inusual gobernante fuera populista de clóset.

Después de su muerte, alrededor de 1458 a.  C., su hijastro prosiguió a asegurarse su destino como uno de los más grandes faraones de la historia egipcia. Tutmosis III, como su madrastra, fue un constructor de monumentos, pero también un guerrero sin par, el llamado Napoleón del antiguo Egipto. En 19 años condujo 17 campañas en el Levante mediterráneo, incluyendo una victoria en contra de los cananeos en Megido, en el actual territorio de Israel, que aún se enseña en las academias militares. Tuvo una multitud de esposas, una de las cuales dio a luz a su sucesor, Amenhotep II.

Durante la última etapa de su vida, cuando otros hombres se conformarían con recordar sus aventuras pasadas, Tutmosis III se embarcó en un pasatiempo. Decidió borrar metódicamente de la historia a su madrastra, el rey.

Cuando Zahi Hawass emprendió la búsqueda para hallar a Su Majestad el Rey Hatshepsut, estaba casi seguro de una cosa: no era la momia desnuda que se encontró tendida en el suelo de una tumba menor. “Cuando empecé a buscar a Hatshepsut, nunca pensé que descubriría que ella era esta momia”, dice Hawass. Para empezar, no tenía ninguna investidura real aparente; era gorda, y como escribió Hawass en un artículo publicado en la revista KMT, tenía “enormes pechos como péndulos”, de la clase que más probablemente pertenecerían a la nodriza de Hatshepsut.

Meses antes, Hawass había visitado la tumba de Hatshepsut, la KV20, en busca de pistas de su paradero. Descendió 200 metros en una de las tumbas más peligrosas del Valle de los Reyes. El túnel de frágil esquisto y caliza apestaba a excremento de murciélagos. Cuando Howard Carter lo despejó en 1903, lo describió como “uno de los trabajos más fastidiosos que he supervisado”. En la tumba, Carter halló dos sarcófagos con el nombre de Hatshepsut, algunos paneles de caliza en las paredes y un cofre canope, pero ninguna momia.

Carter hizo otro descubrimiento en una tumba cercana, la KV60, una estructura menor cuya entrada estaba tallada al principio del corredor de la KV19. En la KV60 Carter halló “dos momias de mujer muy despojadas y algunos gansos momificados”. Una momia estaba en un ataúd, la otra en el piso. Carter tomó los gansos y cerró la tumba. Tres años después, otro arqueólogo llevó a la momia del ataúd al Museo Egipcio. Más tarde, se relacionaría a la inscripción en el ataúd con la nodriza de Hatshepsut. La momia en el piso se dejó como estaba, como había estado desde que fue escondida ahí, probablemente por sacerdotes durante los reentierros de la dinastía XXI, alrededor de 1000 a. C.

Con el paso de los años, los egiptólogos le perdieron la pista a la entrada de la KV60, y la momia en el piso de la tumba efectivamente desapareció. Eso cambió en junio de 1989, cuando Donald Ryan, egiptólogo y profesor de la Pacific Lutheran University en Tacoma, Washington, fue a explorar varias tumbas pequeñas y no decoradas en el valle. Incitado por la influyente egiptóloga Elizabeth Thomas, quien sospechaba que la KV60 podría alojar la momia de Hatshepsut, Ryan la había incluido en su solicitud para el permiso de investigación. Como el primer día llegó demasiado tarde para empezar a trabajar, decidió pasear alrededor del sitio para dejar algunas herramientas. Deambuló hasta la entrada de la KV19 y, sólo porque sí, pensando que la KV60 podría estar cerca, comenzó a barrer el pasillo de la entrada con su escobetilla. Trabajó hacia atrás desde la puerta de la KV19. En media hora había encontrado una rajadura en el corredor de roca. Una escotilla de piedra reveló una serie de escalones. Una semana después, con una casetera tocando la sonata Patética de Beethoven, él y un inspector local de antigüedades entraron a la tumba “perdida”.

“Fue espeluznante –recuerda–. Nunca antes había encontrado una momia. El inspector y yo entramos con mucho cuidado. Había una mujer tendida en el suelo. ¡Oh, por Dios!”.

La momia estaba acostada en una tumba que había sido saqueada por ladrones en la antigüedad. Su brazo izquierdo estaba doblado sobre el pecho, en una posición de enterramiento que algunos consideran común para las reinas egipcias de la dinastía XVIII. Ryan se puso a catalogar lo que encontró. “Hallamos la pieza facial destrozada de un ataúd y trozos de oro que habían sido raspados –recuerda–. No sabíamos qué tanto había movido Howard Carter, así que lo documentamos como si se tratara de un sitio intacto”. En una cámara lateral, Ryan encontró una enorme pila de vendajes, una pierna de vaca momificada y montones de “provisiones momificadas”, paquetes de comida dispuestos para el largo viaje por la eternidad del difunto.

Entre más estudiaba Ryan la momia, más pensaba que podría tratarse de alguien importante. “Estaba muy bien momificada –dice–. Y tenía una postura real. Pensé, ‘¿Por qué? ¡Es una reina!’. ¿Podría tratarse de Hatshepsut?

De cualquier forma, no parecía bien dejarla, quienquiera que fuera, tendida desnuda sobre el suelo en medio de un desorden de harapos. Antes de cerrar la tumba, Ryan y un colega ordenaron un poco la cámara de enterramiento. Mandaron construir un sencillo ataúd en una carpintería local. Depositaron a la dama desconocida en su nuevo lecho y cerraron la tapa. El prolongado periodo de anonimato de Hatshepsut estaba próximo a terminar.

Por mucho tiempo, los historiadores le han adjudicado a Hatshepsut el papel de la madrastra malvada del joven Tutmosis III. La evidencia de su supuesta crueldad es la forma en la que su hijastro se la retribuyó póstumamente atacando sus monumentos y borrando su nombre de los monumentos públicos. De hecho, Tutmosis III devastó la iconografía del rey Hatshepsut con el mismo rigor con el que aporreó a los cananeos en Megido. En Karnak su imagen y su cartucho, o el símbolo de su nombre, se quitaron a cincelazos de los muros de los santuarios; los textos en sus obeliscos se cubrieron con piedra (lo que, sin quererlo, los conservó en perfectas condiciones).

En Deir el-Bahari, sitio de su logro arquitectónico más espectacular, sus estatuas fueron destrozadas y arrojadas a un pozo frente a su templo mortuorio. Conocido como Djeser Djeseru, sagrado entre los sagrados, en la ribera oeste del Nilo frente al moderno Luxor, el templo está frente a un conjunto de acantilados color león que enmarca sus piedras rojizas como hace un nemes con el rostro del faraón. Con sus tres pisos, sus pórticos, sus espaciosas terrazas unidas por rampas, su ahora desaparecida calzada cubierta de esfinges, las albercas de papiro en forma de T y árboles de mirra que dan sombra, Djeser Djeseru se encuentra entre los templos más gloriosos jamás construidos. Fue diseñado quizá para ser el centro del culto a Hatshepsut.

Sus imágenes como reina quedaron intactas, pero donde se proclamaba como rey, los trabajadores de su hijastro usaron sus cinceles en un acto vandálico cuidadoso y preciso. “La destrucción no fue una decisión emocional, sino política”, dice Zbigniew Szafraski, director de la misión arqueológica polaca en Egipto que ha estado trabajando en el templo mortuorio de Hatshepsut desde 1961.

Para cuando los excavadores despejaron de escombros el templo casi totalmente enterrado, a finales de la última década del siglo XIX, el misterio de Hatshepsut se había refinado: ¿qué clase de gobernante era ella? La respuesta les pareció evidente a varios egiptólogos que se apresuraron a adoptar la idea de que Tutmosis III había atacado la memoria de Hatshepsut en venganza por su descarada usurpación del poder real. William C. Hayes, curador de arte egipcio en el Museo de Arte Metropolitano y uno de los directores de las excavaciones de Deir el-Bahari en los años veinte y treinta, escribió en 1953: “No pasó mucho tiempo… antes de que esta vanidosa, ambiciosa e inescrupulosa mujer se mostrara tal como era en realidad”.

Cuando en los años sesenta los arqueólogos descubrieron evidencia que indicaba que el destierro del rey Hatshepsut había comenzado al menos 20 años después de su muerte, la telenovela del exaltado hijastro vengándose de su inescrupulosa madrastra se vino abajo. Se concibió un escenario más lógico en torno a la posibilidad de que Tutmosis III necesitara reforzar la legitimidad de la sucesión de su hijo Amenhotep II frente a los reclamos de otros miembros rivales en la familia. Y Hatshepsut, alguna vez desacreditada por su despiadada ambición, ahora es admirada por su habilidad política.

Casi dos décadas después de que Donald Ryan redescubriera la ubicación de la KV60, Zahi Hawass les pidió a los curadores del Museo Egipcio que reunieran todas las momias femeninas no identificadas que pudieran haber pertenecido a la familia real de la dinastía XVIII, incluyendo los dos cuerpos –uno delgado, otro obeso– que se habían encontrado en la KV60. La momia delgada fue retirada de su almacenamiento en el ático del museo; la obesa, la KV60a, que había permanecido en la tumba donde fue hallada, se trasladó desde el Valle de los Reyes. En un periodo de cuatro meses, a finales de 2006 y principios de 2007, las momias pasaron por un escáner TAC que les permitió a los arqueólogos examinarlas a detalle y calcular su edad y causa de muerte.

El resultado del escaneo tac de las cuatro momias candidatas no fue concluyente. Entonces Hawass tuvo otra idea. Se había encontrado una caja de madera grabada con el cartucho de Hatshepsut en una gran reserva de momias reales en Deir el-Bahari en 1881; se creía que contenía su hígado. Cuando se pasó la caja por el escáner, los investigadores se sorprendieron al encontrar un diente. El dentista del equipo lo identificó como un molar secundario al que le faltaba parte de la raíz. Cuando Ashraf Selim, profesor de radiología en la Universidad de El Cairo, reexaminó las imágenes de las mandíbulas de las momias, vio que la mandíbula superior derecha de la momia obesa de la KV60a tenía una raíz sin diente. “Medí la raíz en la momia y en el diente y encontramos que coincidían”, dice Selim.

Para estar seguros, los científicos sólo han probado con seguridad que el diente de una caja pertenece a una momia. La identificación está basada en la suposición de que el contenido de la caja está marcado correctamente y contiene lo que alguna vez fueron las partes vitales de la famosa faraona. Pero la caja inscrita con el cartucho de Hatshepsut no es el tipo de recipiente en el que suelen hallarse los órganos momificados. Está hecho de madera, no de piedra, y pudo haberse usado para guardar joyería, aceites o pequeños objetos de valor.

“Algunos dirían que no hemos encontrado pruebas absolutas –dice Selim–. Y estaría de acuerdo”.

Pero, pregunta Hawass, ¿cuáles son las probabilidades de que una caja identificada con Hatshepsut y hallada en una reserva de momias reales contenga un diente que encaja a la perfección con el hueco en la sonrisa de una momia que se encontró junto a la amada nodriza de la gran faraona egipcia? Y es una maravilla que el diente estuviera ahí para vincular el cartucho de Hatshepsut con una momia. “Si el embalsamador no lo hubiera tomado y puesto junto al hígado, no habría manera de que supiéramos qué le pasó a Hatshepsut”, dice Hawass.

Los escáneres TAC ya han cambiado la historia, disipando las teorías de que Hatshepsut pudo haber sido asesinada por su hijastro. Probablemente murió a causa de una infección por un absceso en el diente, complicada por un cáncer de hueso avanzado y posible diabetes. Hawass especula que los altos sacerdotes de Amón pudieron haber movido su cuerpo a la tumba de su nodriza para protegerla de los saqueadores; muchas personas de la realeza del Nuevo Reino estaban escondidas en tumbas secretas por seguridad. En cuanto a las pruebas de ADN, la primera ronda comenzó en abril de 2007 y aún no ha probado nada definitivo.

“Con los especímenes antiguos nunca se tiene una coincidencia de 100 %, porque las secuencias genéticas no están completas –comenta Angélique Corthals, profesora de biomedicina y estudios forenses en la Stony Brook University de Nueva York y una de los tres consultores que trabajan con los egipcios–. Revisamos el adn mitocondrial de la momia que sospechábamos sería de Hatshepsut y el de la de su abuela Ahmose Nefertari. Existen probabilidades entre 30 y 35 % de que las dos muestras no estén relacionadas, pero debo hacer énfasis en el hecho de que sólo se trata de pruebas preliminares”. Pronto, una nueva ronda podría arrojar un veredicto más claro.

La primavera pasada, el fotógrafo Kenneth Garrett le pidió a Wafaa el-Saddik, directora del Museo Egipcio en El Cairo, fotografiar para este artículo una esfinge de piedra caliza de Hatshepsut de las ruinas de su templo, la caja de madera que contenía el diente, un busto de la faraona con la apariencia de Osiris, dios del inframundo. El-Saddik llegó al último artículo de la lista: el cuerpo momificado de Hatshepsut. “¿Quieres que retiremos el vidrio?”, preguntó incrédula, como si la momia, abandonada por tanto tiempo, ahora poseyera algo indescriptiblemente preciado. El fotógrafo asintió. La directora se estremeció. “¡Estamos hablando de la historia del mundo!”, exclamó.

Al final, se decretó que uno de los paneles de vidrio podría removerse de la caja en que estaba en la Sala de Momias Reales sin poner en peligro la historia del mundo. Mientras se instalaban las luces para fotografiar lo que quedaba de la gran faraona, me pregunté por qué era tan importante autentificar su cadáver. Por un lado, ¿qué podría animar mejor la sorprendente historia del antiguo Egipto que esa mujer que logró preservarse desafiando las fuerzas de la naturaleza y el deterioro? Ahora estaba aquí, entre nosotros, como un embajador de la antigüedad.

Por otro, ¿qué queríamos de ella? Antes que nada, ¿acaso no había algo opresivamente morboso en la curiosidad que atrajo a millones de fisgones a las salas de las Momias Reales e hizo un fetiche de la difunta real? Entre más veía a Hatshepsut, más deseaba huir de sus inconmensurables ojos y de la sofocante adherencia de su carne sin vida. La mayoría de nosotros vivimos de acuerdo con el credo del avefría, que es la antítesis de la fe de los faraones: cenizas con cenizas, polvo con polvo. Se me ocurrió que Hatshepsut está mucho más viva en sus textos, pues incluso, después de tantos miles de años, aún se puede sentir el latido de su corazón.

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Chip Brown ha escrito dos libros además de artículos para más de 30 revistas de Estados Unidos. Fuente National Geografic en español. http://ngenespanol.com/2009/04/hatshepsut-la-reina-hombre-de-egipto-articulos/

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EL REINADO DE AMEN-HOTEP IV Y EL FINAL DE LA DINASTÍA XVIII

FARAONES, HISTORIA

Por. D. Francisco Martín Valentín.

El príncipe Amen-Hotep, el futuro Amen-Hotep IV, era hijo de la reina Tiy y Amen-Hotep III, pero fue el primer heredero del trono.

Con mejores derechos que él, sabemos existió un hermano, llamado Thutmosis, del que conocemos la existencia a través de un látigo que lleva su nombre, procedente de la tumba de Tut-Anj-Amón y un sarcófago procedente de Serapeum, destinado a guardar los restos momificados de su gato preferido. Sabemos que fue el primogénito de Amen-Hotep III y ostentó los cargos de Gobernador de Menfis y Sumo Sacerdote del dios Ptah de la misma ciudad.

El fallecimiento de este príncipe, acaecido entre los años 16 al 27 de su padre, ocupó su puesto con los mismos títulos y derechos el futuro Amen-Hotep IV.

Es muy probable que el nuevo rey subiera al trono en corregencia con su padre y que esto podría haber sucedido hacia el año 28 del reinado de aquél.

Sabemos que siendo príncipe se educó en Menfis, capital del Bajo Egipto, muy cercana, además de la capital religiosa de Heliópolis, lo que, sin duda, facilitaría también su aprendizaje de los antiguos cultos solares.

Por otra parte, sabemos que como Sumo Sacerdote del Ptah de Menfis, llevaba el título del “Mas Grande de los Artesanos”, puesto que dicho dios era el dios de las artes.

Ya al subir al trono, el nuevo rey era también sumo sacerdote del culto de un dios reciente, el dios Aten. Aunque su presencia en los textos puede remontarse hasta el Imperio Antiguo, en los textos puede remontarse hasta el Imperio Antiguo, en los textos de las pirámides, no es menos cierto, que allí tan solo se habla de Aten, el disco, como sede material del dios Re.

Esas dos condiciones (Sumo Sacerdote de Ptah de Menfis y del dios Aten) dan forma a algunas de las cuestiones que caracterizarán el reinado del nuevo faraón. Por una estela del Jefe de escultores Bek, sabemos que este último fue directamente instruido por su Majestad a propósito de lo que debía hacerse en materia artística. De otra parte el uevo rey propiciaba el culto del dios solar Aten a quien se había dado el epíteto que lo definía como “Re-Horakhty que se regocija en el horizonte en su manifestación de luz, que es el disco Aten”.

Cuando fue entronizado, el nuevo rey celebró sus ceremonia de coronación en dos capitales de alto significado solar; en el Bajo Egipto de Heliópolis, también llamada On del Norte; en el Sur en Hermontis también llamada On del Sur.

Sin embargo, en Tebas, capital tradicional para acceder al trono para los reyes del Imperio Nuevo no se celebró ninguna ceremonia con este motivo para Amen-Hotep IV. Otra confirmación del programa solar del nuevo rey, nos lo proporcionan los cinco nombres de su protocolo real, o conjunto de los cinco nombres reales.

Veamos los de Amen-Hotep IV.

El de Horus: “Toro poderoso con las dos altas plumas (en referencia al dios solar

Montu)”.

El de las Dos Señoras: “Grande es su realeza en Karnak”.

(en el Santuario de Aten existente antes de la construcción del

Gem,t pa, Iten, al este de Karnak).

El de Horus de Oro: “Que lleva las Coronas de Hermothis”

(ciudad solar del Sur de Egipto).

El de la caña y la abeja: “Perfectas son las evoluciones de Re: él es el único que

(Rey del Alto y del Bajo Egipto) pertenece a Re”.

El de Hijo de Ra: “Amen-Hotep divino regente de Tebas”.

Por razones desconocidas no desposó a su hermana, la princesa Sat-Amon, sino a Nefert-ity, que según todos los indicios parece que fue hija de Ay, hermano de la reina Tiy.

DuranteРlos cinco primeros años de su reinado, fijó su corte en Tebas, en la orilla este; la primera gran obra de su reinado fue la apertura de canteras de gres en Gebel El Silsilah para construir el Santuario de su dios Aten al Este del recinto de Karnak.

Es en los relieves de este nuevo templo, donde se representa al nuevo dios, tal y como Amen-Hotep IV lo concebía en estos momentos. Se suprime su imagen zoomorfa de halcón y le otorga la de un disco solar del que salen múltiples rayos en forma de brazos terminados en manos. Del úreus que sale el disco solar cuelga la cruz de vida o anj, al mismo tiempo se encierra su nombre dentro de un cartucho real.

Como decíamos más arriba, el rey encarga a su Jefe de Escultores Bek, la transformación de las expresiones artísticas, introduciendo un sistema totalmente nuevo, sin sujeción a ninguna de las normas o cánones ortodoxos hasta tal momento existentes.

Esta transmisión inmediata, sin pasos aparentemente intermedios, se puede constatar en la Tumba de Ramose en Sheik Abd El Gurnah (TT 55).

De hecho se constata el trabajo en diversos monumentos tebanos de dos equipos de artesanos, unos con el concepto tradicional de la estética y técnicas y otros como ejecutores de nuevas concepciones y técnicas, tal y como se puede observar también en la Tumba de Jeruef en el Asassif (TT 192).

En el año 2 al 3 de Amen-Hotep IV, se estima se celebró un anómalo festival Sed, en honor de su nuevo dios, Aten. Estas ceremonias tendrían su principal escenario en el llamado por los textos “Gemet-Pa-Iten”; o santuario del dios Aten construido por el rey al Este del Santuario de Amon de Karnak.

Se trataba de un modelo de templo solar a cielo abierto, seguramente inspirado en los antiquísimos santuarios de Heliópolis, que luego se reproduciría en la nueva ciudad de Akhet-Aten. Era básicamente un patio rectangular de unos 130 metros de ancho por 200 de largo, y estaba rodeado por un muro de 5 metros de altura.

En el interior se erigían una serie de colosos adosados a su perímetro, que representaban al rey de un modo anómalo, como si sufriere graves trastornos endocrinos y en forma asexuada.

Incluían los edificios del recinto una especie de palacio con “ventana de apariciones”, especie de balcón protocolario desde donde Amen-Hotep IV y Nefert-ity entregaban recompensas a sus funcionarios, quizás simbolizando las propias bendiciones que el disco solar otorgaba a sus criaturas. Los textos nos hablan además de otros edificios, que llaman Rud-Menu y Teni-Menu, cuyo uso y significado no está claro. Completaba el conjunto la piedra Ben-Ben, especie de monolito, objeto material de culto solar.

Durante los primeros cinco años de reinado, mientras la corte de Amen-Hotep IV, residió en Tebas, se sucedieron diversos acontecimientos que preparan los eventos posteriores. En el año 2-3, se celebró asimismo el Jubileo de Amen-Hotep III, de su año 30 de reinado.

Desaparecido Amen-Hotep hijo de Hapu en el año 30-31 de Amen-Hotep III, (coincidente con el 3-4 de Amen-Hotep IV) se produjeron profundas reformas de orden artístico, político y religioso que anunciaban la ruptura total.

Durante estos cinco primeros años, se supone que nacieron las princesas Merit-Aton, Meket-Aton y Ajes-en-pa-Aton, las otras tres hijas de la nueva pareja real nacerían probablemente en Akhet-Aton en los años 9, 10 y 11 de Aj-en-Aton (Tell el Amarna). Se trata de Nefer-Neferu-Aton, Nefer-Neferu-Ra y Setep-en-Ra.

A partir del año 5 se producen sustanciales cambios, puesto que, en primer lugar, Amen-Hotep IV, modifica su nombre por el de Aj-en-Aton. Ese hecho pudo ser coincidente con la elección del lugar donde se ubicaría la ciudad y la realización de las ceremonias de consagración de su futuro recinto al dios Aten.

Estos hechos los conocemos por las llamadas estelas-fronteras, que, en número de catorce, hizo erigir marcando los límites geográficos de la futura ciudad.

En ellas nos cuenta como su padre el divino Aten le reveló a él solo la existencia de un lugar, nunca antes dedicado a dios alguno, donde quería que fundase la nueva ciudad.

Estos cambios parece que podrían coincidir con la celebración del segundo Jubileo del faraón Amen-Hotep III, en el año 34 de su reinado.

La nueva ciudad se llamaría Akhet-Aten “El Horizonte de Aton”.

Además con este motivo se produce el llamado, primer cambio del nombre teológico-didáctico de Aton.

A partir de este momento, el rey comienza a trasladar artesanos y obreros especializados desde Tebas a Amarna, al objeto de construir rápidamente su nueva ciudad.

Se calcula que en menos de un año, en el sexto de su reinado, Ajet-Aton estuvo lista para comenzar a ser ocupada.

Se comienzan a excavar tumbas de estructura muy semejante a las de la necrópolis tebana, aunque la mayoría de ellas, quedaron inacabadas.

La decoración de estos monumentos nos indica que se ha suprimido totalmente la mención a las creencias funerarias esenciales tradicionales y a sus dioses. A cambio, en todas ellas, se observa una anormal presencia exclusiva de escenas de la familia real controlando la vida en la ciudad (los muelles reales, los carros de guerra, los soldados que van y vienen etc…). En algunas de las tumbas utilizadas se encontraron al ser excavadas, algunos fragmentos del llamado “Libro de los muertos”, como prueba inequívoca de que los nuevos adeptos a la religión atoniana no estaban dispuestos a renunciar a sus tradicionales creencias a cambio de nada.

La nueva ciudad se componía básicamente de un gran núcleo central, con el Templo Mayor de Aten, el archivo donde se han hallado las célebres “cartas de El Amarna”, El Templo Menor y el barrio de los funcionarios alrededor del Palacio Real.

Los integrantes de la familia real poseían cada uno de ellos un pabellón personal.

Las necrópolis se dividían en dos, una al norte y otra al Sur del recinto de la ciudad, en tanto que la Tumba Rea, se hallaba excavada en un Uadi, llamado hoy Darb-el-Melek, a medio camino entre aquéllas.

La ciudad, que poseía sus muelles, sus barrios obreros, y casas-tipo con jardines silos y estanques, se autoabastecía de todo cuanto necesitaba, constituyendo, desde luego un pequeño y cerrado universo, donde se desarrollaba el endogámico drama de la familia real.

En los años que siguieron a la celebración del Segundo Jubileo de Amen-Hotep III, este pudo pasar a residir en Akhet-Aten, al menos de modo temporal, alternando este lugar de residencia con la capital del Bajo Egipto, Menfis. En todo caso el tercer jubileo del anciano rey, se documenta en Tebas. Sucede esto en el año 37/38. La última inscripción que se conoce con el nombre del padre de Aj-en-Aton es, como ya dijimos del año 38.

En la tesis de la corregencia larga, este año coincidiría con el año 12 de Aj-en-Aton. Así pues, falleció Amen-Hotep III, parece verosímil que Aj-en-Aton, rey ya, en solitario, decidiese celebrar, una especial ceremonia de pleitesía y sumisión a su realeza en la corte de Amarna. Es ésta la célebre recepción de embajadores de países extranjeros que para llevar tributos se celebró en el año 12, y que refleja la tumba de Meryne (nº 2).

De hecho la realidad exterior del mundo egipcio y su imperio asiático era otra totalmente diferente. Las revueltas e intrigas en Asia eran constantes y el príncipe Aziru, vasallo del rey de Egipto, se revolvía contra ése en alianza con Shuppiliuliuma, rey de los hititas. De este modo la frontera norte de la zona egipcia de influencia en Asia se veía seriamente amenazada. No obstante Aj-en-Aton, había seguido la política de alianzas familiares de su padre, para lo que desposó a Taduhepa, hija de Tushratta en el año 36 de Amen-Hotep III.

Los hititas habían destruido el reino de Mitani y ya nada se interponía entre ellos y la zona de influencia egipcia en Asia. La aparente dejación del ejercicio del poder militar, hace pensar que Aj-en-Aton era contrario al empleo de la fuerza, pero más bien cabe pensar que el rey, encerrado en su universo místico de El Amarna, hacía poco o ningún caso de los acontecimientos del gobierno de Egipto y sus zonas de influencia.

De hecho, parece que hacia el final del reinado de Aj-en-Aton, se hicieron ciertos preparativos militares para llevar a cabo una campaña de castigo en GEZER, aunque no tenemos constancia de si ésta se llevó o no a cabo.

Poco después del año 12 fallece la princesa Meket-Aton siendo enterrada en una de las cámaras anexas de la Tumba real.

La situación en Amarna parece degradarse gradualmente; se habla por diversos autores de una posible epidemia que diezma a la familia real y a la población de la nueva ciudad. La propia reina Tiy que residía en Amarna desaparece después de estas fechas, e igual sucede con la reina Nefert-ity, siendo reemplazada en su papel en la Corte por su hija mayor Merit-Aton.

En las excavaciones llevadas a cabo en la Tumba Real, se han encontrado fragmentos de ushebtis de Nefert-ity lo que hace pensar que la reina también fue enterrada allí.

De otra parte la existencia de relieves e inscripciones en que se observa la sustitución de los nombres y títulos de Nefert-ity por los de Merit-Aton, parecen avalar también la posibilidad de una caída en desgracia de la reina antes de su inmediata muerte.

Aj-en-Aton llevando a cabo una costumbre sólo conocida en estos últimos momentos de la dinastía XVIII, desposó a su propia hija Merit-Aton, de la que, se sabe, tuvo otra hija, llamada Merit-Aton-ta-Sherit.

En el extraño mundo de relaciones incestuosas de El Amarna la Princesa sería entregada como esposa más tarde de Se-Menen-Ka-Ra que, probablemente fuere otro hijo de Amen-Hotep III, y, por tanto, hermano o medio hermano de Aj-en-Aton.

Aunque sabemos muy poco de este personaje, sí conocemos que fue nombrado corregente del propio Aj-en-Aton y que su reinado no duraría más de 3 ó 4 años, así como que se hizo construir su tumba en Tebas y no en Amarna, concretamente un grafito fechado en el año 3 de Se-Menen-Ka-Ra nos dice que el templo funerario de este rey se había construido en “el recinto de Amón”? lo que evidenciaría un acercamiento al clero de este dios buscando, probablemente, una reconciliación.

Este personaje debió jugar un extraño papel en la Corte de Amarna. De un lado conocemos la escultura inacabada de Berlín en la que se ve a Se-Menen- Ka-Ra, sentado sobre Aj-en-Aton unidos por la boca y de otra parte sabemos que utilizó el título de Nefer-Neferu-aten que, antes había llevado la propia Nefert-ity y que disfrutaba del epíteto “amado de su Señor”, lo que ha inducido a ciertos autores a pensar en una extraña unión homosexual entre Aj-en-Aton y Se-Menen-Ka-Ra, asumiendo ambos de anómala manera el papel de pareja real.

La tercera de las hijas de Aj-en-Aton, Anj-es-en-pa-Aton, fue igualmente desposada por su padre y de él tuvo una hija.

Todos estos datos evidencian una total decadencia del ambiente amarniense donde las continuas evoluciones del Cisma religioso desembocan, a través de la creencia en que Aj-en-Aton era el propio disco viviente (Aton), en una serie de aberraciones al amparo del intento de la preservación de la sangre solar.

El final concreto de todo este aparato monárquico no nos es conocido. Sólo sabemos que Se-Menen-Ka-Ra debió morir hacia el año 15 del reinado de Aj-en-Aton, algo después fallecerá su esposa Merit-Aton y con todo ello parece caer desplomándose el edificio familiar de Aj-en-Aton.

Reina Tiy.
Pero, mientras tanto: ¿Qué había sido de la reina Tiy, tras la muerte de su esposo?. Sin duda pasó a residir permanentemente en Amarna, donde su hijo le había entregado un palacio para habitar en él. Su nuevo Intendente, Huya, sucesor de Jeruef, que fue beneficiado con la concesión de una tumba en la necrópolis de Akhet-Aten, hace representar a la anciana reina en los actos de la Gran Recepción de Tributos del año 12 de Aj-en-Aton.

Es casi seguro, que tendría preparada su propia tumba en Amarna (o quizás en la Tumba Real de la ciudad). Sin embargo, quizás fuera enterrada en la Tumba de Amen-Hotep III (KV 22) en el Valle Occidental de Tebas.

En todo caso, se cree que su momia pudiera ser la que se encontró en compañía de otras de personajes reales en la tumba de Amen-Hotep II (KV 35) del Valle de los Reyes, a donde fue llevada en tiempos de la Dinastía XXI, tras ser sacada de la (KV 55) tumba del Valle de los Reyes que pudo albergar los restos de otros personajes reales de Amarna.

Cyril Aldred piensa que la persecución de los demás dioses del panteón egipcio se llevó a cabo en los últimos años del reinado de Aj-en-Aton, y que con anterioridad, tan solo se conformó el rey hereje con retirar la percepción de recursos a otros templos para entregarlos a los templos del dios de su exclusivista religión.

Sea lo que fuere, lo cierto es que hay persecuciones de los nombre de Amon y de otros dioses, tanto en los templos como en el interior de las propias tumbas de la necrópolis tebana. Los edictos de prohibición de los nombres de Amón y Mut, se cree que fueron dictados tras la muerte de Se-Menen-Ka-Ra.

Este sería el último acto del drama amarniense. Tras el año 17 Aj-en-Aton desaparece de la historia en medio de muy oscuros acontecimientos.

LOS ACONTECIMIENTOS DESPUÉS DEL “EPISODIO AMARNICO”:

El entorno del faraón hereje se deshace tan pronto como él mismo desaparece. El pueblo egipcio creía probablemente que toda la tragedia de Egipto era debida a que su rey había quebrantado el Maat.

A la muerte de Aj-en-Aton sube al trono el rey-niño Tut-Anj-Aton.

El origen del joven rey es objeto hoy día de una fuerte controversia. Mientras que para G.T. Martín y otros, Tut-anj-Aton, sería hijo de Aj-en-Aton y de su segunda esposa real Kiya, conforme a la interpretación dada al relieve anepigráfico existente en la cámara de enterramiento de la princesa Maket-Aton, en la tumba real de El Amarna, para otros, se trataría del menor de los hijos varones del Rey Amen-Hotep III, y por tanto hermano, o medio hermano de Aj-en-Aton y Se-Menen-Ka-Ra.

Algo antes de su coronación se casó con la princesa y, ambos pasaron a residir a la ciudad de Menfis donde se le consagró como nuevo Rey del alto y del Bajo Egipto, a la edad de nueve o diez años. No obstante, alrededor del joven rey, seguía vivo y latente, el nefasto entramado familiar de la reina Tiy, ya desaparecida. Se trata del padre divino Ay, tío del joven rey y abuelo de la reina. Ay fue promovido durante el reinado de Tut-Anj-Amon a los cargos de Visir y Regente. Otro personaje influyente, fue el general Najt-Min probablemente hijo del anterior, y además un militar de carrera llamado en época amarniense Pa-Aten-em-heb, que luego restauraría su nombre por el de Hor-em-heb, que se casó con la princesa Mut-Nedjemet, hija de Ay y hermana de la reina Nefert-ity, y a través de la cual adquiriría derechos para ocupar en su día el trono de las Dos Tierras.

La situación, a la subida al trono del rey-niño, era, al parecer caótica. Tras cambiar su nombre y el de la reina por los de Tut-Anj-Amon y Anj-es-en-Amon, respectivamente, en el año 4 de su reinado, dicta un decreto real del que se hacen copias para su instalación por todo el país, del que se ha encontrado un ejemplar usurpado por Hor-em-heb, en Menfis, se trata de la llamada “Estela de la Restauración” que entre otras cosas dice:

“Cuando su Majestad se convirtió en Rey, los Templos, de un punto del país al otro, estaban en ruinas. Sus santuarios, abandonados, se habían convertido en rincones salvajes donde crecían las malas hierbas, como si nunca hubieran existido…. El País estaba desorganizado, pues los dioses lo habían abandonado. Si un ejército era enviado al Asia para ampliar las fronteras de Egipto, no tenía ningún éxito. Si se pedía a un dios para obtener alguna cosa, Él no venía. Si a una diosa, tampoco venía. Sus corazones se habían hecho tan duros que lo que había sido hecho estaba destruido…”.

El nuevo faraón reconstruyó los templos, mando hacer de nuevo estatuas de los dioses; abolió el culto del dios Aten y continuó la obra interrumpida del rey Amen-Hotep III en los templos de Luxor y de Soleb, mandando construirse su tumba en el Valle Occidental, no lejos de la de su posible padre.

Ajet-Aten, fue paulatinamente abandonada por sus funcionarios y habitantes, quienes se llevarían consigo los restos mortales de los fallecidos en la ciudad herética, para darles tradicional sepultura en sus lugares de origen.

Es casi seguro, que el gobernante en la sombra durante estos años fue el Padre Divino Ay. Tut-Anj-amon murió sin descendencia durante el décimo año de su reinado y con él se extinguió la gloriosa familia de Ahmosis, fundador de la Dinastía XVIII.

Su muerte pudiera haber sido provocada por las ambiciones de las personas que le rodeaban, y en todo caso, conforme se desprendió del examen de su momia, a consecuencia de una herida existente en su mejilla izquierda.

En estos momentos el Imperio Asiático de Egipto se desmoronaba. Los egipcios habían sido derrotados en Siria del Norte y los hititas, rompiendo un pacto de no agresión con el rey de Egipto, habían invadido los territorios existentes entre el Líbano y el antilíbano.

Probablemente sea este el momento en que debe ubicarse la carta encontrada en los archivos hititas de la ciudad de Boc-az-Koey, en la que una reina, probablemente Anj-es-en-Amon, pide a Shupiliuliuma, rey de los hititas, que la envíe a uno de sus hijos para hacerle rey de Egipto.

El rey enviaría a su hijo Zennanza que nunca llegaría al valle del Nilo, puesto que fue asesinado durante su viaje.

Todos estos gravísimos acontecimientos, que debieron suceder durante el período de las exequias de Tut-Anj-Amon, (unos setenta días según los ritos tradicionales), debieron ser vigilados muy de cerca por el Padre Divino Ay, quien ofició en los funerales del pequeño rey como su sucesor, y después se coronó nuevo faraón de Egipto.

Se cree que desposaría a la viuda del rey fallecido, su propia nieta Aj-es-en-Amon para acabar de legitimar su accesión al trono, aunque tras este acontecimiento la niña-reina desaparece de la historia. De hecho Ay se hace representar en la tumba usurpada a Tut-Anj-Amon en el Valle Occidental de Tebas con su esposa Tiyi.

El reinado de Ay, fue muy corto; se calcula que no superó los cuatro años. A su muerte, sobrevenida también de modo rápido y sorprendente, a pesar de ser ya un anciano al subir al trono, le sucede el General Mor-em-heb, quien residiendo en Menfis como Comandante Militar del Bajo Egipto, con la misión de impedir la invasión e Egipto por los hititas y sus aliados, estaba lejos de las intrigas de Tebas.

Hor-em-heb, se hizo construir una hermosa tumba en la necrópolis de Sakara, que nunca llegó a utilizar, siendo enterrado como rey de Egipto, en la que quedó inconclusa en el Valle de los Reyes de Tebas (KV 57).

Hor-em-heb, debió contar con el apoyo del Clero de Amón Tebano para suprimir y suceder a Ay en el trono de Egipto.

El conocido grupo escultórico del nuevo faraón, existente en el museo de Turín, nos muestra al nuevo rey, protegido por Amon, quien le entrega la realeza, aunque en la inscripción consta el reconocimiento del faraón al dios Horus de Hutnesut, lugar de su nacimiento, como divino patrón que le ha elegido para gobernar la tierra de Egipto.

Dice el texto entre otras cosas:

“….Después de muchos días, el hijo primogénito de Horus de Hutnesut, se presentó en Tebas, la ciudad del Señor de la eternidad…. después, en Karnak para presentarle (Horus) a Amon, a fin de transmitirle la función real que él cumpliría hasta el fin de sus días….

La divina Eneada prodigaba alabanzas que se elevaban hasta lo alto del cielo: Ved, Amón ha llegado…. su hijo (está) delante de él para fijar la Corona sobre su cabeza y exaltar su duración por toda una vida….

Alabaremos a Amón a causa de él. Tu nos has traído a nuestro protector, dale los Jubileos de RE, los años de Horus como Rey, pues él es quien satisfará Tu corazón en Karnak, así como en Heliópolis y en Menfis, es él, quien convertirá estos lugares en duraderos”.

Hor-em-heb, vuelve a explotar las canteras de gres de Gebel-el.-Silvileh para concluir monumentos y construir otros, usurpando los construidos por Tut-Anj-Amon y sus antecesores.

Del estado anárquico de Egipto cuando sube al trono, nos informa su célebre Decreto, cuyo texto nos ha llegado parcialmente en una estela que en origen debía tener cinco metros de alta por tres de ancha y que el rey mandó colocar delante del X pilono de Karnak que también mandó construir:

“…Así pues, Su Majestad deliberó con su corazón para extender su protección sobre el país entero… pare rechazar el mal y destruir la mentira; sus proyectos son un refugio eficaz a fin de expulsar la violencia….Mirad, su Majestad velaba día y noche, pensando en aquello que podría hacer y ser útil al País Bien-Amado, buscando (realizar) acciones benéfica….

Se trajo al escriba de Su Majestad, quién tomó su paleta y un rollo de papiro y se puso a escribir, reproduciendo todas las palabras del Rey, después el mismo dictó el Decreto….. Decreto sellado cerca de Su Majestad, para poner término a los actos de bandidaje en el País….”.

El contenido del documento que contempla una reforma administrativa profunda con supresión de cargos e impuestos y con normas para corregir y castigar las actuaciones de funcionarios venales y corruptos, nos da la medida de la situación de caos y anarquía que debía imperar en Egipto tras el episodio amárnico.

A pesar de haber accedido al trono siendo ya mayor, Hor-em-heb reinó cerca de 27 años, durante los cuales actuó con gran energía, reorganizando a Egipto en el interior, mientras en el exterior derrotó y rechazó al rey hitita Arnu-Uanda, asegurando de nuevo las fronteras de Egipto.

Al carecer de descendencia para sucederle en el trono, nombre su sucesor a otro militar procedente del Delta, el general Pa-Ramessu, el futuro Ramsés I, fundador de la Dinastía XIX.

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LOS CORTESANOS DE AMEN-HOTEP III.

COSTUMBRES, HISTORIA, SOCIEDAD

Por D. Francisco Martín Valentín. Conferencia impartida en el Museo Etnológico Nacional de Madrid. 21 de Abril de 1992.

Al ascender Amen-Hotep III, al trono de Egipto, aproximadamente, en el año 1364 a. de. J.C., la civilización egipcia ha llegado a su apogeo. Las fronteras del Imperio Asiático alcanzan Mitanni en el Eúfrates, en tanto que por el Sur van hasta más allá de la 5ª Catarata, en el corazón de la Nubia. Las expresiones de organización política, de cultura, en suma, de refinamiento, habían alcanzado las cotas más altas jamás superadas antes, ni emuladas con éxito después de esta gloriosa época.

El Imperio Nuevo alcanza su clímax en este momento histórico en el que las postrimerías de la Dinastía XVIII, nos dejan perplejos al contemplar hoy los bellísimos y delicados restos que nos acercan a ese punto prodigioso del pasado faraónico.

El reinado de Amen-Hotep III, tuvo una duración de 39 años, durante los cuales su fastuosa Corte, en Tebas, Capital del Sur, y en Menfis, gran urbe del Norte, estuvo integrada por una serie de personajes, tan íntimamente unidos a la vida del monarca y su familia, que, en gran medida se puede decir que los frutos esplendorosos de este reinado fueron el reflejo de algunos de los grandes hombres que integraron las escalas funcionariales y la nobleza palaciega del momento.

El Imperio Nuevo alcanza su clímax en este momento histórico en el que las postrimerías de la Dinastía XVIII, nos dejan perplejos al contemplar hoy los bellísimos y delicados restos que nos acercan a ese punto prodigioso del pasado faraónico.

El reinado de Amen-Hotep III, tuvo una duración de 39 años, durante los cuales su fastuosa Corte, en Tebas, Capital del Sur, y en Menfis, gran urbe del Norte, estuvo integrada por una serie de personajes, tan íntimamente unidos a la vida del monarca y su familia, que, en gran medida se puede decir que los frutos esplendorosos de este reinado fueron el reflejo de algunos de los grandes hombres que integraron las escalas funcionariales y la nobleza palaciega del momento. La ciudad de Tebas, capital del mundo, era sin embargo un lugar donde el polvo y las moscas se mezclaban con gentes llegadas de todos los países. A sus muelles amarraban barcos venidos de todas las partes del mundo conocido. Todas las lenguas el Imperio se oían en sus calles. Los Templos de los dioses, los palacios magníficos, las villas de los nobles con sus frescos y verdes jardines, marcaban el aspecto de esta ciudad que también tenía sus barrios populares de callejas estrechas y malolientes.

Esta ciudad y sus gentes nos son cercanas en la medida que conocemos las tumbas y otros restos de la época. En sus pinturas y relieves se nos ofrecen los nobles señores y sus esposas e hijos, en un perfecto orden de clase dirigente, pero también el pueblo llano, hombres de todos los oficios y profesiones, sacerdotes de grados menores, artesanos, pequeños funcionarios, agricultores, obreros, etc…

De ellos sabemos nada y… todo. Sin embargo, este reinado de Amen-Hotep III nos ha proporcionado el conocimiento de una serie de personajes, sus cortesanos, sus hombres sabios, sus altos funcionarios militares y civiles que ilustran mejor que otras muchas consideraciones sobre la época, el glorioso momento en el que este rey era el Señor de las dos Tierras y el dominador de los Nueve Arcos. Es decir, del mundo entero.

LOS GOBERNANTES

Como es sabido, el gobierno del país en nombre del Faraón, estaba encomendado a personalidades del más alto rango que poseían, entre otros muchos títulos el de Visir. Del reinado de Amen-Hotep III, conocemos a un Visir del Sur y a otros dos del Note, de uno de los cuales se he encontrado la tumba en la necrópolis de Sakara por A. Zivie. Se trata del Visir del Norte Aper-El.

Este personaje de indudable ascendencia asiática, y que es objeto en estos momentos de un detallado estudio a partir de los únicos restos conocidos, hallados en su tumba, gobernó desde Menfis, la capital del Norte, en las postrimerías del reinado de nuestro Faraón.

Otro Visir del Norte conocido a través de diversos documentos e inscripciones rupestres, el Visir Amen-Hotep, ocupó dicho cargo durante gran parte del reinado y luego, el de Visir del Sur, a partir del año 31 de Amen-Hotep III.

De cualquier modo, el personaje mejor conocido que ocupó el Visirato del Sur, con capital en Tebas, fue Ramose. Su memoria ha llegado hasta nosotros, fundamentalmente, a partir de la magnífica capilla funeraria de su tumba en Gurnah (la nº 55 de la Necrópolis tebana). Ramose procedía del Norte, donde su padre, Nebi ostentaba el cargo de Administrador de los ganados y de los graneros de Amón. Debió subir al visirato alrededor del año 28 de Amen-Hotep III, y su gobierno duró escasamente tres años. Estos tres años fueron de una importancia vital por los acontecimientos que debieron acaecer, tales como la ruptura del Corregente Amen-Hotep IV con el Clero de Amón de Tebas y el inicio del Cisma Amarniense.

Ramose, hombre muy bien relacionado, probablemente familiar de influyentes personajes como Amen-Hotep, hijo de Hapu, del que más tarde hablaremos, fue sin duda, el eje de todo un cuerpo de cortesanos que rodeaban al Faraón Amen-Hotep III en su grandioso palacio, construido en la orilla occidental, en el lugar hoy llamado Malkata.

Por lo que sabemos, Ramose fue un fiel servidor, tanto de Amen-Hotep III como de Amen-Hotep IV, y su tumba recoge la primera representación conocida en el llamado estilo heterodoxo o amarniense, junto al resto de su decoración, de exquisito nivel artístico dentro del clásico canon tebano.

Ramose trató de ajustarse a los nuevos vientos revolucionarios que amenazaban con arrasarlo todo pero, sin duda, pereció en el intento junto con otra serie de funcionarios que, representativos del viejo sistema bajo la influencia del Amón tebano, debieron ser igualmente aniquilados, como veremos más adelante.

Oigamos ahora la hermosa plegaria que Ramose dirige en su tumba al dios Osiris, dios de los muertos, junto con su amada esposa la Cantora de Amón, Merit Ptah:

“Vengo ahora en paz, habiendo terminado mi tiempo de vida en los favores del dios perfecto. He hecho aquello que deseaban los hombres con lo que se alegran los dioses. También he hecho lo que ama el Rey durante el tiempo que he vivido; no he transgredido sus órdenes, no he cometido ninguna mala acción contra el pueblo. He practicado la justicia sobre la tierra, pues conozco que no cesas de alabar al hombre cuyo corazón vive en la verdad y no ha cometido actos impíos…”.

LOS PONTÍFICES DE AMON.

Otro importante colectivo de la aristocracia palatina eran, a pesar de las continuas luchas por dominar el poder, los intrigantes y poderosos Sumos Sacerdotes de Amón.

Desde los tiempos de Thutmosis III, el Sumo Sacerdote de Amón de Tebas, intervenía en el ejercicio de la soberanía del Señor de las dos Tierras. En cierto modo, daban y quitaban el trono de Egipto.

Las personas que ejercían este cargo que llevaba consigo el de “Inspector de todos los Templos de Egipto”, eran tan influyentes y poderosos como difícilmente podamos imaginar. El enfrentamiento entre la casa real y el clero de Amón fue una constante lucha política desde los tiempos en que el oráculo de Amón designó al príncipe Thutmosis (luego Thutmosis III) como heredero legítimo del trono en una procesión ritual del dios en su Templo de Tebas.

Por esas razones, los faraones Amen-Hotep II y Thutmosis IV, habían hecho cuanto les fue posible por apartar del poder político al sacerdocio de Amón. Durante muchos años, el Sumo Pontífice de Amón, fue esencialmente tan solo una alta personalidad religiosa de Tebas. Sin embargo, durante el reinado de Amen-Hotep III se produce un nuevo intento del Clero de Amón por tomar las riendas del poder político, lo que no sucedía desde los tiempos de la reina Hatshepsut unos cien años antes.

Durante el reinado de Amen-Hotep III, conocemos a los Sumos Sacerdotes Amen-em-hat, Bak-en-jonsu, Meri-Ptah y posteriormente al año 20 y antes del año 28 a Ptah-mose. Con este último, los Pontífices de Amón vuelven a convertirse en hombres de Estado como lo fueron antes de Hapu-seneb y Men-Jeper-Re-seneb, en tanto nuestro hombre alcanzó el Visirato del Sur al mismo tiempo que el Sumo Pontificado.

Sabemos que era “Director de todos los trabajos del Rey”. Su esposa se llamaba Ipeny “Superiora de las concubinas de Amón”, y debió ejercer el Visirato del Sur hasta el momento en que Ramose le sucedió en el cargo.

Los únicos restos conocidos de Ptah-mose son la estela nº 88 del Museo de Lyon y un precioso shauabti procedente de Abydos, existente en el Museo de El Cairo. Su tumba aún no se ha encontrado. Con Ptah-mose se cierra gloriosamente la lista de los Sumos Sacerdotes de Amón de la Dinastía XVIII. Jefe de todos los sacerdotes del país, Visir del Sur, ministro de los trabajos del Rey, era sin duda el personaje más poderoso del Estado y el Clero que dirigía formaba el cuerpo más poderosamente constituido y más rico del reino. Los Faraones, obligados cada día a recompensar a sus servidores, no conservaban nunca mucho tiempo el beneficio de sus empresas: el oro y la plata, las tierras, las piedras preciosas, los esclavos, salían todos de su control apenas habían sido conquistados… El dios Amón al contrario, recibía todo a perpetuidad y no entregaba jamás nada: acumulaba los metales preciosos, añadía los viñedos y los prados, los estanques con peces y los bosques de palmeras, las granjas y los poblados y en cada reinado que pasaba añadía más hojas a la larga lista de sus propiedades sacras.

Esta situación no podía sino atraer la reacción del Palacio Real. A pesar de proclamarse hijo carnal de Amón y haber elevado al dios monumentos tan extraordinarios como el Templo de Luxor, Amen-Hotep III intentó, sin duda, restar influencia al poder espiritual. La elección sucesiva de los tres Sumos Sacerdotes de Amón, Amen-em-Hat, Bak-en-Jonsu y Meri-Ptah “Pontífices Religiosos” que fueron exclusivamente ministros de su dios es un dato significativo. El brillante pontificado de Ptah-mose no indica más que una pasajera reacción del poderío de Amón, para tratar de controlar de nuevo todo el poder del Estado.

Cuando Ptah-mose desaparezca de la escena pública estaremos en presencia de la gran crisis político-religiosa del reinado de Amen-Hotep III; Amen-Hotep IV, el futuro Aj-en-Aton, propiciaría una ruptura total con el Clero de Amón y una intolerancia y persecución de los demás dioses a favor del dios Aton.

“LOS HIJOS REALES DE KUSH”:

Otra institución importante del Imperio Nuevo, son los llamados Virreyes de Nubia. Hasta Thutmosis IV, ostentaban el título de “Hijos Reales”, “Jefes del País del Sur” y a partir de este Faraón se llamarán “Hijo Real de Kush”.

Pues bien, estos gobernadores reales de la Nubia egipcianizada eran fundamentales en la estructura del poder real. Normalmente eran personas muy allegadas a la casa del Faraón cuando no directamente emparentados con la familia real. Su título así parece indicarlo. De hecho en los reinados de Thutmosis IV y Amen-Hotep III, los “Hijos reales de Kush” llevan también el título de “Flabelífero a la derecha del Rey”, lo que indica las relaciones íntimas y personales establecidas entre el Faraón y su Gobernador de las tierras del Sur de Egipto.

LOS FAVORITOS DEL REY:

Los Cortesanos de Palacio eran gentes todas ellas relacionadas muy directamente con la familia Real, ya lo hemos visto. Pero aunque los cargos de Gobierno y la Administración estaban ocupados por personas de confianza con cometidos concretos dentro de sus ámbitos respectivos de poder, existió otro tipo de “cargo”, si así lo podemos llamar, puesto que se trataba de una situación específicamente personal e irrepetible, en función de la alta confianza que merecía a Amen-Hotep III la persona en cuestión.

Esta persona, en la cual concurrían todas “la claves auténticas” del poder, más allá de las concretas competencias de los demás, fue el gran Amen-Hotep hijo de Hapu. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que, mientras vivió sirviendo a su faraón, Amen-Hotep hijo de Hapu, familiarmente llamada Huy, fue un auténtico “Alter Ego” de Amen-Hotep III. Su voluntad era la de su Señor, él decidía la marcha de los asuntos del Estado y de la Casa Real: él, en suma, fue la persona que llevó las riendas del poder en Egipto hasta el año 31 de Amen-Hotep III, en que falleció. Su muerte propició sin duda la gran catarata de cambios que desembocaron en la ruptura de Aj-en-Aton.

Su desaparición trajo consigo el terror de los funcionarios y cortesanos fieles a Amen-Hotep III, comprometidos con el poder tradicional. Todos ellos fueron desapareciendo de la escena política, y podríamos decir, de la vida misma, en un plazo de 7 años siendo unos desposeídos de sus funciones otros desterrados y otros, probablemente asesinados.

Pero volvamos a nuestro hombre. ¿Qué importancia pudo tener para, trascendiendo a su propia época, ser divinizado en tiempos de Ptolomeo Evergetes II, mil años después de su muerte?. ¿Qué nivel alcanzó su gran reputación de habilidad y sabiduría para que Manetón lo incluyera entre los dioses mejor que entre los hombres?.

Sabemos que era originario de Athribis en el Delta, y que sus antecesores ostentaron ciertos cargos administrativos y sacerdotales locales a favor de su dios el Horus Jent-Jety.

Su carrera, su ascenso al poder, nos son conocidos a través de la inscripción biográfica del personaje existente en una de sus estatuas (hoy en el Museo de El Cairo) y que fue encontrada delante del tercer pilono de Karnak junto a la cara Oeste del Obelisco de Thutmosis I. Refiriéndose a sí mismo, Amen-Hotep hijo de Hapu nos dice:

“El escriba del Rey, su amado, Amen-Hotep, dice: Yo fui un Grande, colocado a la cabeza de los Grandes, aquél cuyo espíritu abarca el conocimiento de las palabras divinas según el consejo del corazón, aquél que sigue los designios del Rey, aquél a quien el Faraón ha distinguido colocando su Ka, el primero.

El dios bueno, el Rey del Alto y Bajo Egipto, Neb-Maat-Ra, primogénito de Hor-Ajty me, testimonió a su favor. Me promovió al cargo de Jefe de los Escribas Reales; fui iniciado en el conocimiento del libro divino y conocí los actos benéficos del Thot, estando desde entonces protegido por el conocimiento de sus secretos (iniciado). Superé y resolví todas las dificultades. Se podía hablar conmigo de todas las cuestiones de este conocimiento.

Entonces, el Rey renovó sus favores hacia mí. Puso bajo mis órdenes a todos los hombres en tanto que yo era el Escriba Real Jefe, encargado de las reclutas (de personal).

Yo hacía las levas (de los hombres necesarios para los trabajos) de mi Señor. Mi cálamo hacía, por miles el computo de su número. Yo colocaba a los jóvenes en sustitución de los viejos, puesto que el apoyo de la vejez es el hijo mayor. Yo fijaba las obligaciones (de aportación de personal para el trabajo) de cada casa según el número de personas que las habitaban, dejando aparte a los artesanos.

Yo reemplazaba a los servidores por medio de los mejores prisioneros de guerra que Su Majestad había capturado sobre el Campo de Batalla.

Inspeccionaba todos los grupos de trabajo, así constituidos y dirigía las reclutas. Coloqué a las tropas en las fronteras para rechazar a los extranjeros a sus países, lejos de las Dos Orillas, mientras que un cuerpo de vigilancia recorría el país de los nómadas del desierto.

Hice lo mismo delante de las playas, de las bocas del Río, protegidas por mis tropas….

Fui el guía de sus actos, todos se inclinaban ante mis ordenes….

Por tercera vez, mi Señor me testimonió su favor, el hijo de Ra, Amen-Hotep Heka- Uaset… Mi Señor me nombró Intendente de todos los trabajos. De este modo hice duradero el nombre de mi Rey para toda la eternidad. No imité lo que se había hecho antes. Para él mandé hacer una verdadera montaña de piedra roja, pues El es el heredero de Atum… Conduje los trabajos de su estatua; era muy grande, más alta que su pilar (posterior), su belleza “eclipsaba” la del pilono (donde fue puesta). Construí un barco y navegué en él, remontando la corriente (de Heliópolis a Tebas) para colocar la estatua en su gran Templo (duradero como el Cielo).

¡Vosotros los que vendréis detrás de mí, seréis los testigos de mi obra!…”.

De esta extensa inscripción autobiográfica, se ve claramente que la carrera de Amen-Hotep hijo de Hapu, comienza con el conocimiento de los principios iniciáticos de los libros divinos, y sigue con la organización del ejército y recluta de las tropas hasta acabar dirigiendo las obras reales.

Amen-Hotep hijo de Hapu, fue un auténtico Cortesano, un gran favorito, cuyo poder se extendió a todos los dominios importantes de la vida del Estado.

Para testimoniar su devoción y favor, Amen-Hotep III, le concedió por un Decreto, fechado en el año 31 de su reinado la institución de una fundación funeraria y un Templo de culto personal de su Ka. Este privilegio era algo inusual (tanto por el tamaño del edificio, más grande que el del propio Faraón Amen-Hotep II, abuelo de su Señor), como por el lugar en que se erigió, reservado a templos funerarios de los Reyes, nunca antes de particulares.

Otro privilegio inusual que disfrutó Amen-Hotep hijo de Hapu fue el derecho a colocar, nada menos que siete estatuas suyas en el recinto del dios Amón de Karnak.

Esta circunstancia nos ilustra, junto con las inscripciones de dichos monumentos, acerca de su situación política, hasta tal punto, que podemos afirmar que Amen-Hotep hijo de Hapu, fue el muro de contención de las maniobras del poder laico contra los intereses del dios Amón. Al mismo tiempo él era el hombre que protegía a su Soberano de las voraces apetencias del Clero de Amón hacia la Casa Real.

Su influencia fue tal que se convierte por arte de sus estatuas en el intermediario del dios Amón y los demás dioses, el Rey y el resto de los hombres.

Ya hemos dicho que las funciones de Amen-Hotep hijo de Hapu, pasan con creces las de un simple arquitecto, como en ocasiones se le designa. Sin duda fue el personaje central del reinado de Amen-Hotep III, hacía las leyes y despachaba todos los asuntos del gobierno con el Faraón por encima de sus propios Visires o primeros ministros; al mismo tiempo “gobernaba” dentro del Clero de Karnak del Amón Tebano. Su poder podría venirle en algún modo de su profundo conocimiento de las artes mágicas y religiosas que le convertían en un temido y poderoso personaje.

Nuestro hombre alcanzó la edad de 80 años, y con motivo de este importante acontecimiento hizo un balance de su vida que nos ha llegado en su séptima estatua de Karnak.

Escuchémosle:

“Yo vengo a ti, oh Amón, para alimentar a tu Ka y morar en tu templo, Señor de las Dos Tierras.

Tu eres el Señor de lo que hay bajo el cielo puesto que tú eres el dios del pueblo.

Lo que hay en el cielo confirma TU ESPLENDOR, pues tú eres más grande que ningún otro dios.

Oye a quien te invoca: Tú eres Ra, y no existe otro que no seas tú.

Has hecho que esté entre los hombres respetados que practican el Maat (Justicia).

Yo soy un hombre justo, nunca actué con parcialidad y nunca frecuenté al que hizo el mal….. No hay hombre que habiendo sido llamado a mi presencia no haya sido escuchado, pero yo rechazo al que ha actuado contra mí.

Nunca presté oídos a la mentira (dicha) para perjudicar a alguien en sus bienes.

Esta es mi naturaleza. Ello demuestra la justicia de lo que ha sido ejecutado por mí en presencia de todos. El que me conoce deseará ser como yo. ¡Tan grandes cosas me han acaecido!.

La vejez es el testimonio de una vida justa. He alcanzado vivir ochenta años y mi favor es grande cerca de mi Soberano.

Yo cumpliré ciento diez años”.

INTENDENTES DEL FARAÓN Y LA FAMILIA REAL:

Otros nobles de importancia en la Corte de Amen-Hotep III, fueron en un escalón inferior los llamados Intendentes de dominios reales.

Eran éstas, personas de toda la confianza de los altos funcionarios que rodeaban al propio faraón y cuyas relaciones de familia eran la razón de su encumbramiento en el desempeño de unas funciones que suponían al tiempo que una responsabilidad, un poder fáctico importante.

Entre ellos sabemos de Amen-Hotep “Gran Intendente del dominio real en Memfis”. Este alto dignatario era pariente de Ramose el Visir del Sur, al que nos hemos referido más arriba. De hecho Ramose estaba casado con una hija de Amen-Hotep, y cabe dentro de lo posible que además ambos personajes fuesen medio hermanos.

Amen-Hotep jugó un importante papel, al igual que otros funcionarios en la celebración del primer Jubileo Real de Amen-Hotep III en el año 30 del Faraón.

Este hombre fue el responsable de la construcción y administración de un conjunto funerario dedicado a Amen-Hotep III, en Memfis, en cierto modo paralelo al soberbio conjunto que se construyó a tal fin en Tebas.

La ubicación del monumento no se ha encontrado, aunque podría estar enterrado bajo los tells existentes en las inmediaciones de la actual Mit-Rahina, hoy extrarradio meridional de El Cairo.

Una estatua procedente de dicho lugar recoge los datos autobiográficos de Amen-Hotep y ciertas referencias al monumento en cuestión; veamos cómo nos lo describe:

“…Entonces (el Rey) me encargó de la dirección de los trabajos en su templo de millones de años, que se había hecho recientemente en un terreno cultivable, al Oeste de Memfis, en el distrito de Ankh-Taui… Un monumento para su padre Ptah, construcción duradera por todo el infinito, en bella piedra blanca de Tura; su belleza era semejante a la del horizonte del Cielo.

Todas sus puertas estaban hechas en cedro, incrustado de oro verdadero de los desiertos, de oro fino y de toda clase de piedras preciosas…. Un lago fue excavado y plantado de árboles, convertido en algo espléndido gracias a todas las ricas esencias escogidas entre aquellas del país del dios”.

Se proveyó al templo de vajilla y mobiliario de oro y de plata y llevará por siempre el nombre de “Casa de Neb-Maat-Ra que está unido a Ptah”.

Este personaje desaparecerá de la historia y de la escena política en el mismo momento que su hermano Ramose, y otros funcionarios como Amen-Hotep hijo de Hapu. En el año 31 de Amen-Hotep III, su hijo Ipy ocupará su cargo y le dedicará una estela funeraria que hoy se encuentra en el Museo de Florencia, que en forma de oración dice como sigue:

“Que sea abierto el cielo para ti, que sea abierta para ti la tierra, que sea abierto para ti el camino en la necrópolis.

Puedas salir y entrar con Ra, puedas marchar a grandes pasos, como los dueños de la eternidad. Puedas coger los panes de ofrendas puras que te da el dios Ptah sobre el altar.

Pueda tu ba vivir, tus músculos ser sólidos. Que tu rostro sea luminoso en el camino de las tinieblas. Hapy te dará agua. Nepri, pan. Hat-Hor, cerveza, y la Vaca divina, leche. Lavarás tus pies sobre una jofaina de plata junto a una fuente de turquesa. Se te darán cuatro panes en Busiris, ocho en Abydos, doce en el distrito de Peker, una jarra de cerveza en el templo del sol. Para el Osiris, escriba real. Gran Intendente en Memfis. Amen-Hotep. Justo de voz”.

Otro “Gran Intendente del Rey” fue Amen-em-Hat, llamado Surero. Sabemos que ejerció múltiples cargos temporales (no religiosos) en relación con el Templo de Amón de Carnal.

Parece haber tenido gran devoción por su soberano, Amen-Hotep III, a quien tiene dedicadas dos preces en sendas estatuas suyas.

Es otro de los casos de aparente persecución en torno al primer Jubileo del Faraón (año 30 de Amen-Hotep III).

En efecto, su tumba tebana (la TT 48 situdada en Joja), está mutilada, en un acto de persecución para la eternidad que debe coincidir en el tiempo con su cese como “Gran Intendente del Rey”, en cuyo cargo es sucedido por el otro Intendente, Amen-Hotep al que ya hemos hecho referencia más arriba.

Esta persecución se renovará bajo el reinado de Aj-en-Aten, unos cuatro o cinco años después. ¿Qué sucedería realmente?. Estamos en presencia de una verdadera “purga” de funcionarios leales al dios Amón. Los monumentos nos indican que entre los años 28 al 31 de Amen-Hotep III, y aún en los años 37 al 39 de dicho Faraón, se desató una terrible persecución por parte de los partidarios de Aton contra los fieles servidores de Amen-Hotep III. Personajes que habían mostrado su lealtad a la casa Real, y más concretamente, vinculados al gran hombre de estado que fuera Amen-Hotep, hijo de Hapu, fueron desposeídos de sus cargos, perseguidos, asesinados y lo que es mucho pero, condenados según las creencias egipcias a ser privados de sus casas de eternidad para poder sobrevivir en el más allá. ¡Terribles tiempos éstos que les tocó vivir!.

Otro insigne personaje víctima de las circunstancias políticas reseñadas, fue Jeruef. “Intendente del dominio de la Gran Esposa Real Tiy. Confidente del rey. Amigo único. Protector del pueblo”.

Este noble personaje era procedente del Egipto Medio, puede que de Hermópolis, dada su especial devoción por el dios de la sabiduría Thot.

Su tumba (nº 192 de la necrópolis tebana) nos informa que era un hombre muy unido a la pareja real. Sabemos que Jeruef intervino en, al menos, dos de los tres Jubileos celebrados por Amen-Hotep III. Sin embargo, al final de su carrera fue destituido del cargo de Intendente de la reina que había ejercido durante toda su vida.

En su tumba se encuentran representados el faraón Amen-Hotep III, y la reina Tiy, en la celebración de uno o varios de los jubileos reales y además también tenemos la presencia del joven Amen-Hotep IV.

Veamos ahora la TT 57 de otro Cortesano célebre. Se trata en este caso de Ja-em-Hat “Intendente del Doble Granero del Alto y Bajo Egipto”. Era éste un cargo equivalente a nuestros ministros de agricultura.

Ja-em-Hat era un hombre culto y sabio. Las representaciones de su tumba nos lo muestran en su vida diaria dando cuentas al Faraón de su gestión y rindiendo culto a los dioses de la Duat pero también tienen estas imágenes algún sentido simbólico, que no eran capaces de comprender todos los que visitaban su capilla.

A ellos se dirige la inscripción que hay entre la 1ª y 2ª Salas. Dice así:

“El noble, el Príncipe, grande por su función en el Palacio real, Jefe del secreto de los graneros, que aplaca el corazón de Horus con la verdad. El Consejero secreto cuando se fijan los impuestos. El Escriba real, favorito de su Señor, Intendente del doble granero, del Señor de las dos Tierras, Ja-em-Hat justo de voz, él dice a los hombres que vendrán al mundo y que estarán sobre la tierra (después de su muerte), tanto importantes como humildes:

¡Oh vosotros, los escribas que desentrañáis la lengua escrita, que comprendéis las palabras divinas (los jeroglíficos), cuyo corazón se regocija penetrando en la sabiduría; oh vosotros que pasaréis delante de este monumento que me he mandado construir para que sea un lugar de reposo para los bienaventurados. Vosotros que contemplaréis mis muros y que pronunciaréis en alta voz las palabras que he escrito. (Si hacéis esto) el Rey del Alto Egipto os alabará y el Rey del Bajo Egipto os amará, pasaréis en paz al estado de venerables (tras la muerte) sin miedo y sin espanto. Durante el curso de cada día estaréis unidos a la alegría y a la felicidad. Los dioses oirán vuestras peticiones, si hacéis que mi recuerdo permanezca junto al de Horus Perfecto y pronunciáis mi nombre a causa de lo que he hecho!.

Pronunciad la formula de ofrendas reales para Amón, Atum, Ra-Hor-Ajti, Ptah-Sokar-Osiris, Anubis y los Santuarios del Sur y del Norte, para beneficio del Ka del confidente del dios bueno, el escriba real, Intendente del doble granero del Señor de las Dos Tierras, Ja-em-Hat Justo de Voz…

Sigue después: ‘Oh Glorioso Aton, Señor de la luz, que brillas en el horizonte, Sol Real, puedas ti billar, también sobre el rostro del escriba real Ja-em-Hat. El te adora desde el alba, y te da culto por la tarde. Permite también que el ba del escriba real Ja-em-Hat suba contigo al cielo. Que se le permita subir a la barca nocturna cuando su viaje en la barca diurna haya terminado; que se una a las estrellas eternas y las otras estrellas que están en el cielo’….”

De este modo Ja-em-Hat llamaba, y nos llama aún hoy en día al cumplimiento del piadoso deber de los visitantes de las necrópolis de Egipto, a fin de garantizar a los difuntos aquello que tanto anhelaban igual que nosotros mismos lo anhelamos: la inmortalidad tras la muerte en este mundo.

Hemos dicho al inicio de esta conferencia que, sin duda, el fruto de un reinado como el de Amen-Hotep III, sea la consecuencia en gran medida de la obra de los hombres que le asistieron y gobernaron para él.

Ahora podemos concluir afirmando que en efecto, el esplendor del reinado del poderoso Monarca debió su fuerza al elenco de personalidades que compartieron con él las tareas del Gobierno del mundo entonces conocido.

En la misma medida en que los embajadores de Egipto y de los pueblos asiáticos creaban ex novo un marco de regulación de las relaciones internacionales a través del comercio y la diplomacia, se construían en Egipto monumentos arquitectónicos nunca antes realizados y las manifestaciones estéticas alcanzaban una delicadeza y, una finura tales que realmente suponían en sí mismas el límite de perfección imposible de ser franqueado.

La sociedad egipcia, impregnada del refinamiento y la opulencia que otorgan la conciencia y realidad de ser rectores del mundo, llegó a su más alto nivel y en un momento dado cayó de improvisto al polvo, haciéndose mil añicos el espejo que reflejaba tan maravillosa imagen.

Esto sucedió también en el punto en que los hombres que gozaban del favor del Faraón (elegidos sin duda entre las noblezas locales, aunque fueren de bajo nivel, y en función de sus capacidades y lealtad, más que por otros inconfesables motivos) fueron implacablemente apartados de su Señor, y del gobierno de Egipto, arrastrando en su caída el increíble mundo de belleza y orden que ellos habían ayudado a crear.

Tras este trágico momento, la anarquía, la guerra y el caos se implantaron en el Valle del Nilo, amenazando con acabar con la propia civilización ya milenaria del Egipto Faraónico.

Extinta la Dinastía XVIII, la historia posterior de Egipto, será un lento deslizamiento en la pendiente de la decadencia hacia la descomposición final.

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LOS TEMPLOS DE KARNAK (II): El gran Templo de Amón.

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Por Francisco Martín Valentín.

Conviene aclarar, antes de entrar en la exposición del tema, que con toda probabilidad (y así ha sido demostrado en la mayor parte de los casos) la existencia del conjunto de templos, edificios, almacenes, viviendas e instalaciones, estaba íntimamente relacionada con la razón principal y finalidad religiosa del lugar; el culto y servicio del dios Amón y la práctica diaria del desarrollo de la teogonía del dios, con cuanto ello llevaba consigo, es decir el funcionamiento de todo un ejército de funcionarios y escribas, sacerdotes de órdenes mayores y menores, boyeros, caballerizos, agrimensores, artesanos, agricultores y un largo etcétera de toda clase de personal al servicio del dios.

De este modo, en el desarrollo de esta segunda parte del artículo, veremos que se describen y analizan templos y restos de construcciones dedicados a otros dioses como Ptah, Osiris, Montu, Mut, Maat, Jonsu y Opet. Podría parecer confuso el hecho de que el culto de dichos dioses coexistiera con el del propio Amón, pero excepción hecha del practicado en relación con Mut y Jonsu (componentes de la Tríada Tebana), que recibían culto en Karnak- en tanto que componentes de las Santa familia-; el resto de los dioses mencionados pudieron ser objeto de una especie de culto sincrético desde luego en beneficio del Gran Amón, y como aspectos o manifestaciones del gran dios. De hecho los restos de Baja Época ( por ejemplo de Opet), dan pruebas inequívocas de la existencia del sincretismo entre Amón y Osiris, por ejemplo, aunque esta cuestión será analizada con mayor detalle más adelante.

LOS TEMPLOS Y LOS RESTOS DEL RECINTO DE AMON

Como se decía en la primera parte dedicada al templo de Amón, el lugar de Karnak está compuesto por tres grandes sectores convencionalmente denominados: recinto de Amón, recinto de Mut y finalmente el recinto de Montú (llamado también Karnak-Norte). Nos dedicaremos en primer lugar, al examen de los restos y templos existentes en el recinto de Amón.

Al norte del Gran Templo de Amón, se encuentran los restos de tres capillas, dos de ellas de época Saíta y la tercera atribuible a las divinas adoratrices Jepenupet II y Amenardis II, con una puerta jubilar de Anj-nes-neferib-Ré.

Las dos primeras capillas (rígidas, una por Psamético III y otra por Amasis) muestran a los reyes en adoración delante de Amón, observándose igualmente el culto dado al dios cocodrilo Sobek, el dios Jonsú y a la diosa Isis. En la segunda se adora igualmente, además de los dioses mencionados, a Ptah y Sejmet.

La mezcolanza de representaciones rituales del culto de dichos dioses, empieza a anunciar el movimiento sincrético del que ya hemos hablado que, quizás admitido como factor de preeminencia del dios Amon en el Imperio Nuevo, acaba por desarrollarse totalmente en la época Ptolemaica.

La tercera de las capillas reseñadas está dedicada a Osiris “Pa-Dyed-Anj” ( el que da la vida), y realmente se trata más de una naos que de una capilla propiamente dicha, dado su pequeño tamaño. Un poco más allá de estos edificios y el mismo sector se alzan los restos del Templo de Ptah: se trata de un edificio construido bajo Thutmosis III (sus cartuchos e inscripciones fueron usurpados por Aj-en-Aton, y restaurados posteriormente por un faraón Ptolemáico desconocido. Primitivamente el santuario comprendía tan sólo un patio con pórtico precedido, en su caso, de un pilono y tres capillas, un santuario central que se abría sobre el pórtico y otros dos santuarios laterales.

Como se decía, el origen del templo se remonta al Imperio Medio (así lo acredita una estela encontrada en el lugar de Neb-Jeper-Ré Anef, rey de la XVII dinastía). Dicha estela, mencionada en la inscripción dedicatoria del Templo de Thutmosis III describe cómo en esta capilla, y por ella sabemos que estaba construida en ladrillo; sus seres y puertas eran de madera, en suma, se trataba de una construcción modesta. Sabemos también, que después de la usurpación del Templo por el rey Hereje, aquél fue restaurado por el faraón Chabaka de la XXV dinastía, y posteriormente por los Ptolomeos, quienes añadieron un pilono precedido de un elegante pórtico con dos muros paralelos que unían ambas construcciones. Las decoraciones y relieves parietales de dichos edificios son igualmente de época Ptolemaica.

El templo propiamente dicho, resulta ser obra atribuible al período de Thutmosis III, aunque se encuentran intercaladas escenas en sus muros pertenecientes al período Ptolemaico. Las dos columnas que sostienen el techo del pórtico son de 16 caras y entre ambas se encuentra un altar de granito con el nombre del rey; entre la columna del Sur y la pared, se ha repuesto una basa de naos en granito que se remonta al reinado de Amenemhat I. Junto a la pared Norte hay un tercer altar de época Ptolemaica carente de inscripciones. En la parte cubierta de este pórtico se observan seis nichos excavados en las paredes (dos al Norte, dos al Sur y dos al Este), que debieron estar cerrados con puertas de dos batientes; encima de cada uno de los nichos hay un disco solar alado.

En el interior del santuario se alza una estatua del dios Ptah sin cabeza. De las dos cámaras existentes a ambos lados de dicha estancia, la del Norte estaba dedicada al dios menfita, en tanto que la del Sur, lo era a la diosa Hathor (en dicha cámara hay una delicada estela de la diosa bajo el aspecto de una leona, que iluminada por un rayo de luz procedente de una abertura practicada en el techo del santuario produce al visitante, al entrar en el oscuro recinto, una impresión en cierto modo sobrecogedora); hay autores que mantienen que dicha estatua representa a la diosa Sejmet, pero dado que es anepigráfica, y que se sabe que la diosa Hathor (esposa del dios Ptah), también era representada con forma de leona, puede ser atribuida sin problemas a la segunda y no a la primera.

Algo más allá del templo de Ptah se abre el llamado “Museo del aire libre” (lugar donde se exponen a la vista de los curiosos, diversos restos de importancia, algunos de los cuales ya fueron descritos en el artículo anterior). En su explanada se pueden ver entre otros restos destacables, los casi 1.300 bloques provenientes de la fundación del tercer pilono y los 319 fragmentos de granito gris y cuarcita roja, restos de lo que fue el “Santuario de la Barca” anterior al actualmente en pie de Philipos Arrhideo. Se ve representada en el lugar la procesión de la barca Userhat, con un gran número de reposaderos cuyos nombres figuran inscritos en los relieves de los bloques.

Hay allí un dintel colosal de un edificio de Amen-Hotep I ( en reconstrucción), y algún otro resto proveniente del Imperio Medio. Pero los dos tesoros del lugar son, sin lugar a duda, los dos reposaderos citados en los bloques mencionados de la capilla roja de Hatshepsut. Uno, “la capilla blanca” de Sesostris I, del que se habló en detalle en la parte anterior de este artículo, y el otro, el reposadero o capilla de Amen-Hotep I; ambos monumentos fueron construidos por el Servicio de Antigüedades entre 1937 y1947, bajo la dirección de M.H. Chevier.

Al Este del Templo de Amón hay un portal, obra de Nectanebo I, inconcluso en su decoración, pero bien conservado y coronado aún con su cornisa o gola (Cerca de este lugar, se descubrieron en 1925, mientras se ejecutaban trabajos para drenar las filtraciones del río hacia la Sala Hipóstila del Gran Templo de Amón, las célebres estatuas-pilares del faraón Aj-en-Aton, hoy expuestas en los Museos de El Cairo y Luxor)

Entre este ultimo y el gran templo, se pueden ver los restos de un templete erigido por Ramsés II, en el que hay una naos de un bloque en calcárea dura de la época de Thutmosis III y Hatshepsut; delante se erigió una columnata por Taharka.

Un pequeño templo dedicado a Osiris por Osorkon III, y otra capillita dedicada al mismo dios, completan el reto de los edificios de dicho lugar.

Al Sur del Gran Templo de Amón, se encuentra el Lago Sagrado, ya estudiado en la primera parte de este trabajo. Entre este último lugar y el muro Sur del Gran Templo de Amón, está el llamado edificio de “Taharka” del Lago. Construido con bloques de otras edificaciones por el rey etíope, fue usurpado posteriormente por Psamético II. Su finalidad utilitaria pudo ser la de almacén de diversos objetos de culto. El escarabajo gigante de granito rosa dedicado por Amen-Hotep III al dios solar Atum-Jeper-Ra, que también ha sido comentado, es otra importante pieza del lugar.

Dando salida al templo de Amón, y en dirección Sur ( hacia el Templo de Mut), se encuentra el que fuera llamado por Mariette Propileo del Sur, conjunto de cuatro pilonos (VII al X), unidos entre sí por muros, que formaban una especie de “ vía triunfal” o sagrada que unía el templo del dios padre Amón, con el de la diosa madre Mut.

Dichos pilonos, elevados por reyes de la XVIII dinastía (Thutmosis II, Hatshepsut, Thutmosis III, Aj-en-Aton, Tut-anj-Amon y Horemheb) fueron analizados en la primera parte de este trabajo.

Entre pilono IX y el X, se ven los restos de una capilla de Amen-Hotep II, desafortunadamente muy deteriorada.

EL TEMPLO DE JONSU

Dicho edificio (situado en el llamado “barrio Sur-Oeste del recinto de Amón), resulta ser el “prototipo” ideal del templo egipcio.
Iniciado y prácticamente construido bajo Ramsés III (XIX dinastía). Debió sustituir a un edifico anterior (probablemente de Amen-Hotep III, a juzgar por las esfinges criocéfalas con los cartuchos de dicho rey que hay delante del pilono junto al Propileo de Taharka), interviniendo en su conclusión muchos de los faraones posteriores.

Ramsés IV concluyó la decoración de las paredes del edifico. Paralizadas las obras hasta el reinado de Ramsés XI (quien mandó construir la Sala Hipóstila), al ser aquéllas reiniciadas, se produce la prueba evidente de la debilidad del poder real, frente al creciente poder del clero de Amón.

El sumo Sacerdote Heri-Hor se hace representar en las paredes del templo, haciendo las ofrendas rituales al dios, en igualdad de condiciones con el débil soberano. Más concretamente, a la muerte de Ramsés XI, Heri-Hor, ya coronado faraón, continúa las obras de su antecesor y construye el patio precedido de un pilono del que, el Sacerdote-rey, Hace decorar las caras exteriores, interviniendo en el resto de la decoración Pinedjem II, y en su posterior restauración Alejandro y Ptolomeo II.

El templo recibe diversas obras de embellecimiento que se llevaron a cabo entre la XXI y la XXX dinastías. (Nectanebo II rehizo las dos puertas de la Sala Hipóstila.) Los Ptolomeos y César Augusto lo restauran, quedando su aspecto final tal y como hoy lo conocemos.
En sí mismo está precedido por un magnífico Propilono Ptolemaico encastrado en la muralla que forma parte del recinto de Amón. En dicho pilono están representados Ptolomeo III, Evergetes y su esposa, Berenice II, que hacen ofrendas a la Tríada Tebana y Jonsú, Traspasado este portal, una avenida de esfinges y una columnata (de Taharka), conducían hasta el pilono, en el centro del cual hay una puerta de granito.

Ya en su recinto, la disposición y distribución nos indican claramente que se trata de lo que podríamos llamar el “ templo sintético Tebano”, especie de transición entre el templo con dos patios (Rameseum por ejemplo) y el Ptolemaico clásico (Edfú, Déndera, etc). Se observa en primer lugar, un patio rodeado en tres de sus lados por dos hiles de columnas papiriformes, de capitel cerrado, que precede a la sala Hipóstila.

En las paredes de este patio se representan las ofrendas a la Tríada, la procesión de la Barca Usthat (de Amón), remolcada por la barcaza real, en la que se ve a Heri-Hor y una representación del II pilono de Karnak.

Una rampa axial conduce desde este patio al interior de la Sala Hipóstila que tiene ocho columnas (cuatro campaniformes y otras cuatro papiriformes. Los motivos decorativos de las Sala están constituidos por escenas de adoración y ofrendas a los dioses por el rey. A continuación sigue la capilla de la Barca Sagrada de Jonsú ( abierta en sus extremos y construida con bloque de reempleo en los que se ven os cartuchos de Thutmosis III y Amen-Hotep II), rodeada de pasillos y almacenes para la guarda de los objetos de culto. Una escalera en el corredor de la derecha conduce al techo del templo.

Dicha escalera se utilizaba en las ceremonias de carácter lunar que se desarrollaban en el templo, en el corredor en analogía con las de “ la exposición solar” del Templo de Amón. La práctica totalidad de los relieves de estas estancias pertenecen a Ramsés IV. El Vestíbulo, que precede al Santuario, tiene cuatro columnas protodóricas y ambas estancias con obras de Ramses III cuyos cartuchos y relieves así lo indican a pesar de las restauraciones allí llevadas a cabo por cuenta del Emperador Augusto.

El santuario (llamado “Sala de la Enéada”, durante la época. Ptolemaica) tiene un nicho al fondo, destinado a albergar la naos con la estatua del dios Jonsú, en tanto que dos capillas situadas a sus lados estaban dedicadas a Osiris ( la del Este) y al culto solar (la del Oeste).

MITOS, RITOS Y CULTO DEL TEMPLO.

Jonsú, el dios-hijo de la triada Tebana es un dios lunar. Se le representa en ocasiones bajo la figura de un hombre con cabeza de halcón y más frecuentemente (al estilo de los Ptah, Min y Osiris) envuelto en un lienzo o sudario de que sólo salen las dos manos que sujetan un cetro compuesto de los emblemas de Osiris de Ptah. La cabeza representa la de un joven (con la trenza símbolo de la niñez), y encima de ella se ve una corona o tocado consistente en un disco encima de creciente lunar en su primer día del mes.

Llevaba un pesado collar con contrapeso dorsal (el Menat), atributo habitual de la diosa Hathor.

Este Dios calificado de “Magnánimo “ y llamado el que aleja los espíritus malignos”, podía ser, no obstante, terrible, pues al mismo tiempo se decía que expandía las enfermedades.

A pesar de lo anterior, era más conocido por sus buenas disposiciones que por las malas. Así, las propiedades curativas de este dios eran célebres, hasta tal punto que se convirtieron en leyenda que nos ha sido transmitida por medio de una estela de época persa. (C. 248 del Museo del Louvre), que fue encontrada pro Champolion en uno de los templetes Ptolemaicos cercanos al templo.

En dicha estela se relata cómo una de las formas del dios “Jonsú-que gobierna-en Tebas” o pequeño Jonsú, se recargó por medios mágicos de poder curativo que le fue transmitido por “Jonsú- en –Tebas-Nefer-Hotep” (otra de las formas del dios) y fue enviado a la princesa de Bajtan, a la cual curó de su enfermedad.

Durante el Imperio Medio le fue atribuido el título de “Señor de la alegría”, lo que le vinculaba a la diosa Hathor y sugería su patronazgo sobre las fiestas que en las noches de plenilunio se celebraban en el templo (así lo han demostrado las recientes excavaciones realizadas en una pequeña capilla adosada a la parte trasera del templo, atribuible a la XXX dinastía; la decoración de esta capilla, relacionada con las fases de los meses lunares, evoca las fiestas que se desarrollaban durante el plenilunio, conforme a antiquísimos rituales) Jonsú parece ser una creación sintética hecha en su momento por los teólogos amonianos quienes consideraron preciso dotar a Amón Re de un dios-hijo, en consonancia con la existencia de las Triadas Divinas. De otra parte, y dado que se pensaba (según la teogonía amoniana), que la Luna había sido engendrada por el Sol, pareció Lógico que el dios-hijo tuviese naturaleza lunar.

Las últimas excavaciones llevada a cabo en el lugar por el Centro Franco-Egipcio de Karnak han permitido, entre otros hallazgos, completar las fundaciones de la Columnata de Taharka, y han revelado la existencia de unos muy interesantes relieves (utilizados como pavimento) del faraón Osorkon III y su hijo Takelot (XXII dinastía 817-730 a.C.)

El edificio a que dichos relieves pertenecían estaba dedicado a la realización de ritos reales y lunares; los primeros se cree que se celebraban una vez al año coincidiendo con la inundación (parte de dichas ceremonias consistía en la llamada “ suelta de aves”, que se refleja en un hermoso fragmento de relieve de los encontrados en el lugar. En cuanto a los ritos lunares eran celebrados mensualmente, como ya se ha dicho, coincidiendo con el plenilunio y evidentemente, estaban relacionados de modo analógico con los ritos de “ La Unión al disco solar” (en este caso “unión al disco lunar”). La decoración de los relieves era rica y profusa. (Por los restos y fragmentos de láminas de oro, existentes en sus intersticios se puede concluir que algunas figuras estaban adornadas con pan de oro.)

EL TEMPLO DE OPET.

Por una puerta lateral en el muro Occidental del patio del Templo de Jonsú, se accede al Templo de Opet o Tumba de Osiris en Ipet-Sut, lugar donde fue engendrado Osiris, rey de los dioses ( Amón asimilado a Osiris), el Templo de Opet es el espacio dedicado a desarrollar los ritos y mitos del tema del ciclo universal de la gestación, el nacimiento y la muerte como fenómenos cósmicos.

Consagrado a la Madre Divina (Opet), la diosa hipopótamo, síntesis de toda fecundidad, Madre Universal de las madres, fue construido tal como lo conocemos, por diversos reyes de época grecorromana, si bien la parte más importante del mismo es atribuible a Ptolomeo VIII, Evergetes II (145-116), y a César Augusto.

No obstante lo anterior, hay vestigios de que ya en la época de Thutmosis III (XVIII dinastía), existía un templo en el lugar dedicado a Opet; igualmente, se sabe que intervino en la construcción del edificio Amen-Hotep II (XVIII dinastía). Renovado por Taharka, incluye aportaciones de Nectanebo (378-360 a.C.), y algunas pequeñas reformas de los Ptolomeos II, III y XII Auletes Neos Dionysos.

La estructura del templo se desarrolla sobre un eje Oeste-Este desde la puerta perforada en el muro de entorno hasta el santuario principal denominado “La Morada del Oro, donde reside Opet-Nut, madre de la Luz”). Un kiosco con columnas precede al pilono, y el patio del templo conserva las fundaciones o cimientos de una rampa que daba acceso a las salas del recinto construidas sobre un podium elevado.

C. De Witt ha publicado y estudiado las representaciones parietales del templo, y ha reconocido en el lugar que las salas del Norte estaban dedicadas a los renacimientos de Osiris, en tanto que las del Sur, estaban construidas para dar culto al mito del nacimiento de Horus (asimilado a Amón que renace como el Sol naciente).

En el interior de los muros y en el subsuelo del templo existen diversas criptas que, consideradas como carentes de inscripciones y relieves, han revelado recientemente (en el año 1970, a través de las investigaciones de Cl. Traunecker) que estaban cubiertas de representaciones, ocultas bajo una capa de deyecciones de murciélagos, atribuibles a Ptolomeo Evergetes II.

LOS MITOS, RITOS Y CULTO DEL TEMPLO.

La teología de Opet, tal y como se desprende de los textos parietales, supondría que los Ba de Amón son los que provocarían la resurrección de Osiris. En efecto, en la cripta situada en la parte Norte, todas las escenas están relacionadas con la muerte de Osiris. El dios tumbado sobre un lecho funerario entre sus hermanas Isis y Neftys, en presencia de los ocho dioses primordiales (con cabeza de rana y de serpiente), y la propia Opet, presidiendo el sueño del dios, así como los diez Ba de Amón bajo el aspecto de dioses-Nilo con cabeza de león, leona, cocodrilo, y serpiente, y uno de ellos con cabeza humana. Estos Ba serían las representaciones de las fuerzas productivas del Universo que permiten la vida y el mantenimiento de la creación bajo todos sus aspectos. Los diez Ba de Amón, que presentan su collar de vida a Osiris, expresan pues, no solamente la universalidad de Amón como demiurgo, creador de toda vida y de la fuerza vital que mantiene la creación, sino como potencia de la renovación de los ciclos y motor de todo renacimiento. Amón, señor de Karnak, resumiría en sí mismo todas las divinidades.

De este modo el templo desarrolla dos temas religiosos y míticos que son correspondientes entre sí, a saber: de una parte, el ciclo de la renovación de Amón, ya expuesto, y de otra, los ciclos de renovación vital del rey, ceremonia que se remonta a los más remotos orígenes de la civilización egipcia; esta segunda faceta está reflejada en las cámaras del sur dedicadas al tema del nacimiento de Horus. Allí se ve a la diosa Isis amamantando a su hijo (el protector de los reyes) en presencia de Osiris, Ptah y Opet.

En cuanto a la diosa Opet, a la que el templo está consagrado, se la representaba bajo la figura zoomorfa del hipopótamo hembra. Aunque este animal fue cazado por los reyes y los particulares en todas las partes de Egipto, en tanto que el enemigo tradicional de Horus, esto no impidió que en la zona del Alto Egipto y más concretamente en Tebas gozase de culto local y fervor entre la población, pues en contraposición con el aspecto maléfico de dicho animal, era considerado como diosa protectora de los partos y en tal sentido se transmitió su figura a través de la época Ptolemaica, momento en que se le dio el nombre de Thueris (la grande). Igualmente se la llamó Shepset ( la noble), Mesjenet (aquella que pare), etc.; el nombre de Opet surge, según los estudiosos en el Imperio Medio (diversos marfiles de finalidad mágica de esa época reflejan a la diosa con ese nombre). Durante el Imperio Nuevo, su representación se convierte en algo habitual como motivo decorativo de camas, sillones y objetos de aseo, viéndosela representada igualmente en los templos de Deir-el Bahari y Luxor, donde asiste al nacimiento de los niños reales (Hatshepsut y Amen-Hotep III), en las escenas que representan el Misterio de la Teogamia de dichos reyes.

Los epítetos recibidos por la diosa nos indican, sin lugar a duda, su identificación con otras divinidades así se la llama “ Señora de los países”, “madre de Kamutef” ( epíteto de Amón), “la que engendró a los dioses” (epíteto atribuido a Nut, diosa del cielo) “Ojo de Ra” ( lo que permite identificarlo con Hathor), etc. Este extremo confirma la existencia de un gran culto sincrético, existente sin duda desde el Imperio Medio, claramente desarrollado en el Imperio Nuevo, y por fin, abiertamente expuesto en la Baja época, que confunde y mezcla deliberadamente los atributos, características y condiciones de los dioses, como si todos no fueran sino diversos aspectos de un gran principio divino.

El templo Opet es en propiedad “el lugar de la concepción de Osiris”, pero todo el desarrollo teológico de este principio sucede allí bajo el signo de Amón ( se puede observar en el lugar la existencia de numerosas representaciones de Osiris y Horus, pero siempre bajo el aspecto de Amón); incluso las representaciones existentes en el lugar de Amón Mut y Jonsú (la tríada Tebana), tienen atribuidos epítetos que los hacen ser identificados con Osiris, Isis y Horus, y así por todas partes. De este modo, se vuelve a hacer hincapié sobre el hecho de que todo el culto practicado en este templo está en función del principio del dios supremo Amón-Re. Tal circunstancia es plenamente coincidente con una de las características propias del dios Amón que, como es sabido, podía tomar aspectos bien diferentes, sin dejar de perder su propia naturaleza (se le representa en el templo bajo los aspectos del dios Min y como Horus, heredero de la Ogdoáda); en esencia se le denomina el dios del viento, o del soplo de vid y más concretamente “el oculto”

Los mitos representados en el templo nos dicen que Osiris fue engendrado en el Templo de Opet, y nació en Tebas, igualmente en el templo; Osiris murió y fue enterrado en el Templo de Opet, y Amón tomó la forma de Osiris para renacer. (En este punto se debe advertir que estamos analizando la teología de Osiris bajo el punto de vista del culto de Amón en el Templo de Opet, por tanto el lector no deberá incurrir en confusión, si recuerda que el culto de Osiris, y el privilegio de ser lugar de enterramiento de sus restos estaban extendidos a lo largo y ancho de todo Egipto, y más concretamente en Abidos, donde se decía estaba enterrada la cabeza del dios).

Los ocho dioses primordiales y Amón, nacidos en Tebas, figuran igualmente en el Templo de Opet (Nun y Nunet, Hehu Hehet, Jeku y Jeket y Amón y Amonet). Por fin se plantea la posibilidad de que Opet, según la representación de los mitos del lugar, fuese considerada como una divinidad bisexuada (en efecto, la diosa ha sido representada en el lugar diciendo de ella que es la grande, la que dio a luz a los dioses, la que engendró la luz en el interior de Pf-Ipt-Urt, y finalmente que ella dio nacimiento a la luz en el interior de Tebas, características que han hecho pensar a los autores sean la posible bisexualidad de la diosa).

Los ritos desarrollados en el templo (en cuanto se refiere al ritual diario divino), no nos han sido transmitidos a pesar de la abundancia de los textos existentes en el mismo, lo que constituye una constante con la totalidad de los templos egipcios. Sabemos que se realizaban ofrendas de incienso, perfumes, vino, agua, leche y panes; así lo indica la existencia en los relieves de representaciones de mesas repletas de diversas ofrendas, modelos a escala de objetos de todo tipo.

Sin embargo, nada se indica del momento o lugar en que dichas ofrendas se llevaban a cabo.

Lo que sí que resulta claro, es el papel preponderante de Amón en el templo. Opet en cambio, juega un papel relativamente secundario salvo en el recinto del Santuario propiamente dicho y a la entrada del templo ( lo que justifica el nombre que se le ha dado al lugar).

En esencia, el gran rito desarrollado en el templo, su gran sentido ritual, es la representación del mito según el cual el dios-Sol Amón debe tomar la forma de Osiris para asegurar su resurrección. Amón está enterrado al Oeste de la Sala Norte del templo, bajo la forma de Osiris Tebano, para resucitar al Este de la Sala Sur del templo, bajo la forma del joven Horus, que tiene todas las características del joven Amón.

Por lo que hace a las fiestas propias del templo, allí hay nombradas dos, que son “La fiesta del toro puro en su campo” (día del nacimiento de Osiris, que se celebraba el primero de los cinco días epagómenos del año) y “El día de la fiesta de Renenutet”, día del nacimiento de Horus niño (celebrado el primer día del mes Pachons); además de éstas, se sabe que existían otras de carácter osiriano celebradas durante el mes Choiak.

En suma, el templo tiene como especial interés la abundancia de textos que nos enseñan y adoctrinan sobre el mito de la asimilación de Amón a Osiris, principio encontrado en otros lugares de Egipto, pero en ninguno tan desarrollado y afirmado como en el templo de Opet.

LOS DROMOS

Pasemos ahora a examinar en dirección Sur y hacia el recinto de la diosa paredra Mut, uno de los llamados dromos, o avenidas de esfinges que unían entre sí a modo de vías sacras o procesionales las partes más importantes del gran laberinto que era Karnak, poniendo inclusive en relación este lugar con templos más alejados, como el de Luxor.

El primero que examinaremos es, como se ha dicho, el que une el recinto de Mut desde el X pilono con el de Amón. Tiene una longitud aproximada de 300 metros y era usado en las festividades del año en que el dios Amón-Re visitaba a su esposa Mut.

Al llegar a la fachada del recinto de la diosa Madre, la avenida entronca hacia la derecha con otra vía lateral, que bordeando el recinto va a unirse al llamado gran dromos, que tiene su inicio delante del Portal de Vergetes y unía, como se dijo, los templos de Karnak y Luxor, distantes entre sí 2 km. Esta gran vía procesional pavimentada con grandes losas, tenía una anchura total de 27 metros, incluidas las dos hileras de esfinges criocéfalas que fueron colocadas en el lugar por Amen-Hotep III al construir el Templo de Luxor (Opet del Sur) para la celebración de las Fiestas del año nuevo (en las que ya se explicó, la Triada Tebana –Amón Mut y Jonsú- salían del recinto de Karnak y eran transportados con gran boato y ceremonia en sus barcas procesionales hasta dicho templo

EL RECINTO DE MUT

Se trata de un amplio rectángulo con una superficie de más de 10 hectáreas hasta hace poco tiempo inexplorado en mas de la mitad de dicha superficie. (Hoy trabaja en el lugar una misión de la Universidad de Chicago, cuya labor será de gran utilidad para el conocimiento del templo y su recinto).

Tiene su entrada en la parte Norte por el dromos que acabamos de explicar, y a través de un portal cubierto de inscripciones y representaciones del faraón Ptolomeo II Filadelfo. Los edificios del recinto son básicamente tres, el principal de los cuales, el Templo de la diosa Mut, se encuentra prácticamente en ruinas, no obstante lo cual se ha podido reconstituir la distribución y estructura. Traspasado el pilono del templo. Se penetraba en un patio rectangular, cuyo pasadizo central estaba bordeado por dos hileras cuatro columnas. Una puerta o un pilono (no se puede determinar con certeza, dado el estado de las ruinas), separaba el patio anterior de otro patio más estrecho donde se podía ver una columnata central de la que nada queda. Este patio estaban bordeado en sus paredes Norte, Este y Oeste, de un pórtico sujeto con columnas hathóricas de las que se han encontrado múltiples capiteles. El patio descrito en primer lugar (hoy totalmente en ruinas), estaba adornado con toda seguridad en sus cuatro paredes con múltiples estatuas sedentes de la diosa Sejmet de tamaño colosal, algunas de ellas usurpadas por Shenshonk I, aunque todas eran contemporáneas del rey Amen-Hotep III.

Traspasado el segundo patio, se penetraba en la Sala Hipóstila cuyo techo estaba sujeto por ocho columnas papiriformes. A ambos lado de la Sala hipóstilas había dos salas cuyo techo estaba sujeto por una sola columna. Otra pieza alargada se encontraba a cada lado de las dos salas referidas e inmediatamente después se alzaba la capilla de la barca, el Santuario propiamente dicho y algunas otras dependencias y almacenes rodeando todo aquello.

Esta parte, la más sagrada del templo, se encuentra muy destruida, de modo que su reconstrucción siempre será problemática y sujeta a diversas opiniones y criterios. En la parte Sur del templo, y a algunos metros de su recinto, se halla el segundo Lago Sagrado del lugar de Karnak, en forma de U sus brazos parecen recoger el templo como si sus aguas sagradas lo rodeasen y protegiesen. Se supone que antes del reinado de Amen-Hotep III (a quien se atribuye la construcción), existía en el lugar otro templo anterior, no siendo descartable que los restos más antiguos allí existentes pudieran haberse remontado al Imperio Medio.

MITO, RITO Y CULTO DEL TEMPLO.

La diosa Mut, cuyo nombre en antiguo egipcio significaba “madre”, es la diosa-madre de la Tríada Tebana. Su creación fue propiciada por los teólogos del dios Amón para cubrir las necesidades del culto de dicho dios, y dotarle de esposa divina. La maternidad de la diosa tuvo como fruto el dios-hijo Jonsu. Era representada bajo forma humana tocada con las coronas del Alto y Bajo Egipto (Blanca y Roja) sobre un casquete en forma de buitre; también era representada zoomórficamente bajo la forma de un buitre, y su culto se confunde en ocasiones con el de la diosa Sejemet (con cabeza de leona), de la que se han encontrado numerosas estatuas en el recinto del templo.

En cualquier caso, los autores no tienen inconveniente en admitir que su naturaleza se identificaba con la de la diosa buitre Nejbet, deidad tutelar del Alto Egipto. De la práctica de su culto se sabe bien poco, dado lo escaso de las excavaciones realizadas en su recinto sagrado hasta el momento pero lo que sí es seguro es que estaba íntimamente ligado al del dios Amón y tenía características muy similares al recibido como diosa-madre por Isis, pues ya se ha observado la tendencia a identificar los diversos cultos existentes en Egipto con la propia naturaleza de la teología de Amón.

Los otros dos edificios existentes en el recinto de Mut son un pequeño templo dedicado por Amen-Hotep III a Amón-Re (cuyos restos se encuentran muy deteriorados) y el Templo de Ramsés III, erigido entre el Lago Sagrado y el muro Oeste del recinto que tampoco se encuentra en mejores condiciones: su pilono semi derruido, estaba precedido por dos estatuas reales, construidas de granito rosa; un gran patio con pilares osiriacos de los que sólo quedan las basas, conducía a través de una rampa, a una pequeña sala con cuatro columnas, después a la Sala hipóstila y por fin al Santuario propiamente dicho (piezas rodeadas como es habitual, por pequeñas estancias dedicadas a almacenes y sacristías).

EL RECINTO DE MONTU (KARNAK NORTE)

El templo de Montu, dios guerrero procedente de Hermontis, cuyo culto era ancestral en el Egipto Medio, antes de la llegada y auge del Amón Tebano, fue construido por Amen-Hotep III.

Hoy, prácticamente, se encuentra a nivel de cimientos, lo que tan sólo permite reconstruir su plano. El lugar ha sido excavado por miembros del Instituto Francés de Arqueología Oriental, quienes pusieron de manifiesto la existencia de diversos depósitos de fundación y de bloques de reempleo procedentes de templos más antiguos existentes en el lugar.

En tiempos de Amen-Hotep III el recinto del templo era más grande que el existente hoy, y la entrada principal se encontraba en su parte Sur. Hoy se accede por el norte a través de una avenida de esfinges construida en época Ptolemáica. En su estado primitivo se alzaban en su puerta dos obeliscos de granito con el nombre de Amen-Hotep III, que fueron sustituidos en Baja Época por cuatro hileras de columnas. Las cuatro paredes del Gran patio estaban bordeadas de una hilera de columnas papiriformes (doble en su parte Sur), por donde se accedía al interior de las dependencias del templo. Su distribución interior era muy similar a la del templo de la diosa Mut, ya que el santuario estaba rodeado de seis piezas secundarias que se abrían a un vestíbulo común con una escalera que salía de ese el ángulo suroeste de la Sala Hipóstila que conducía hacia la terraza. La distribución actual del templo es fruto de diversas ampliaciones (algunas de las cuales fueron obra del mismo Amen-Hotep III), ejecutadas por diversos faraones de distintas dinastías. (En la parte noroeste del patio del templo se restauró un pequeño estanque rectangular por orden de Tajarqa.)

Pegado al Templo Montu, en su parte Este, se encuentran los restos de un pequeño santuario cuya fecha de construcción es incierta y que en origen se componía de una Sala Hipóstila, un vestíbulo, un santuario, dos cuartos laterales y una escalera que conducía a la terraza. Según las investigaciones de Varille, el templo estaba dedicado a Garpré y se supone que tuvo funciones de Mammisi, o lugar del parto de alguna deidad, y estaba relacionado con el culto de la diosa Hathor (se han encontrado capiteles con la cabeza de la diosa de la época de Akoris). Según J. Vandier, el templo no sería anterior al reino de Horemheb, ni posterior a la XXVIII dinastía, pero se halla tan destruido que la cuestión no ha podido ser dilucidada. Por fin, es de interés en el lugar la existencia de una pequeña capilla, dedicada a la diosa Maat, cuyo estado es igualmente muy ruinoso. Constaba, por lo que se sabe, de dos pilonos separados por un patio, tres pequeñas Salas Hipóstilas y otras tres habitaciones de las que en una debía ser el Santo de los Santos y el resto salas del tesoro. Este templo fue precedido en el lugar por otros templetes dedicados igualmente a la diosa Maat. Se han encontrado restos, al menos de dos de ellos.

Uno, perteneciente al reinado de Thutmosis I, y el otro al de Amen-Hotep III. El interés del edificio reside en la identificación realizada por diversos autores, con el lugar en el que se celebró el célebre proceso judicial de la XX dinastía con motivo de los saqueos de tumbas reales organizados por verdaderas bandas mafiosas de la época con la convivencia de los propios integrantes de la administración de Tebas y de su Necrópolis.

La investigación del lugar ha sido continuada a lo largo de las excavaciones allí practicadas durante los últimos cuarenta años. En este momento la historia de Karnak-Norte es más clara y conocida, aún cuando queda todavía mucho por hacer. Las últimas campañas de excavaciones bajo la supervisión del IFAO han conducido al descubrimiento del denominado edificio del tesoro de Thutmosis I, y lo que es más importante a la comprobación de la existencia en ciertos niveles de excavación de restos de una ciudad que, según todos los indicios, podría remontarse al Segundo Período Intermedio, e incluso al Imperio Medio.

El edificio del tesoro que se ha descubierto estaba reducido a la parte baja de sus muros y a una gran superficie de la avenida que a él conducía desde el Templo de Amón por donde se sabe que el dios se dirigía desde dicho gran templo hasta este edificio del tesoro. El lugar, según las observaciones hechas en las excavaciones, estaba dedicado a la conservación del material del culto usado en el Templo de Amón; allí se preparaban colorantes, se reparaban estatuas, y en general se guardaban y mantenían objetos necesarios para el dios Amón. Queda así clara la función religiosa del denominado “tesoro”. Otras finalidades del edificio son menos claras, pero se encuentran en trance de investigación (se han encontrado talleres dedicados a la elaboración de pan, cuyo consumo cubría sin duda las necesidades del templo). El interés del edificio reside en que, hasta el momento, no se había encontrado algo parecido en Egipto, de tal modo que su estudio va a permitir la identificación por analogía de algunas otras estructuras que, conocidas hace ya tiempo, no han sabido ser suficientemente explicadas hasta el presente.

Excavando los cimientos del “Edificio del Tesoro”, la misión del IFAO encontró vestigios sumamente interesantes que indican claramente la existencia de un centro de población datable, como ya se ha dicho, en el Segundo Período Intermedio (entre el Imperio Medio y el Imperio Nuevo).

Esta ciudad cuyos restos aparecen intermitentemente en las excavaciones, fue destruida y excavada en tiempos de Thutmosis I para construir su edificio del tesoro. En niveles más profundos de la excavación se han encontrado, en una cámara con evidentes restos de niveles de incendio, grandes cantidades de cerámica, improntas de sellos, silex tallados, un vaso de alabastro y útiles de piedra que constituyen un conjunto de suma importancia, dada su homogeneidad cronológica, que sin duda se remonta al Imperio Medio (según los análisis realizados por H. Gordon-Jacquet). Dichos hallazgos otorgan aún mayor antigüedad al lugar.

En resumen, se puede deducir la existencia durante el Imperio Medio de una pequeña ciudad, cuya pervivencia se constata durante el Segundo Período Intermedio. Más tarde, probablemente a finales de la XVII dinastía, o en todo caso a principios de la XVIII, se construyó en la parte Sur de dicho lugar un gran edificio que más tarde fue sustituido bajo Thutmosis I por el llamado edificio del tesoro, y posteriormente por los recintos de protección de dicha construcción en tiempos de Hatshepsut. Durante la XIX dinastía el edificio del tesoro fue destruido para construir en un sitio, algún otro que nos es desconocido, instalándose igualmente panaderías que fueron agrandadas y mejoradas durante la XX dinastía. Las excavaciones prosiguen con una meta de gran importancia por estudiar metódicamente: La ciudad del Imperio Medio y del Segundo Período Intermedio. Dicho estudio podrá llenar una gran laguna sobre la vida de los egipcios de Tebas durante una época muy antigua (hace más de 4.000 años).

CONCLUSIÓN

A través del contenido de los dos artículos que forman el conjunto de este trabajo [Los Templos de Karnak (I y II) ], se ha examinado de modo somero y breve el conjunto de los templos existentes en el enclave, llamado en antiguo egipcio IPET-SUT (El lugar más perfecto ); en toda su extensión flota la sombra de Amón-Re “El Oculto”, y como se ha explicado, todos los templos y edificios estaban íntimamente unidos y relacionados entre sí dependiendo del Gran Templo de Amón, en función del cual existían.

Para comprender, siquiera sea someramente, el contenido de estas afirmaciones, veamos cómo se definía la naturaleza del Amón Tebano en el Papiro de Ley de época ramésida: “Tres dioses son todos los dioses: Amón, Ra y Ptah, que no tienen parecidos. Aquel cuyo nombre es misterioso, es Amón; Ra es la cabeza; Ptah es el cuerpo. Sus ciudades sobre la tierra, establecidas para siempre, son Tebas, Heliópolis y Menfis (estables para siempre). Cuando hay un mensaje del cielo, se oye en Heliópolis; se repite en Menfis a Ptah; se elabora con él una carta, escrita en caracteres de Thot, para la ciudad de Amón.

Los dioses se han creado para él. Según su mandato. El mensaje es para dar la muerte o hacer vivir. Vida y Muerte dependen de él para todos los seres excepto para Él. Amón y para Ra (y para Ptah) unidad Trinidad” ( Traducción de A. Moret).

Por lo que hace a las posibilidades del sitio de Karnak, se podría decir que son infinitas. De cualquier modo, el lugar vuelve a convertirse en lo que antiguamente fue: un enorme yacimiento de trabajo sin principio ni fin. Hoy el centro Franco-Egipcio de Karnak trabaja sin cesar en la excavación, reconstitución y reparación general de todos los restos allí existentes. Son destacables las obras realizadas en el IX Pilono, los descubrimientos de numerosas clases de sacerdotes que se remontan al primer milenio antes de Cristo, los corrales donde se guardaban las ocas sagradas de Amón, y en general las amplias superficies excavadas en tiempos pasados que no fueron perfectamente estudiadas y desescombradas en su momento. De igual modo prosiguen las obras de la zona de Karnak-Norte (en cuyo detalle ya nos hemos extendido) y la investigación y reconstitución del Templo de Atón (en cuyos restos trabaja una misión canadiense. El recinto de Mut está siendo excavado (lo cual se hacía preciso dado el desconocimiento del lugar) por una misión de la Universidad de Chicago cuyos trabajos serán de gran utilidad.

La tarea, no obstante, sigue siendo formidable, pues la mayoría de los restos padecen del llamado “mal de la piedra”, provocado por las filtraciones del suelo y la precipitación de la sal existente en los cimientos de los templos por efecto de la capitalización. Se encuentra en estudio igualmente, un plan para purificar las aguas del Lago Sagrado, hoy absolutamente contaminadas por colonias bacterianas, fruto de la descomposición de los restos orgánicos existentes en el lugar (se trata de un efecto secundario consecuencia de la construcción de la Gran Presa de Assuán, dado que el Lago se llenaba anualmente a través de las capas freáticas al inundarse el valle, lo que hoy no sucede). Todas las labores reseñadas van necesariamente acompañadas de grandes trabajos fotográficos y de epigrafía, que no son bien conocidos del público, pero de suma importancia para ejecutar cualquier restauración, estudio o reconstitución. En suma, repetimos que el lugar vuelve a ser universo en ebullición, que al igual que en los tiempos antiguos, día a día se desmonta, se construye, se amplía, se modifica y se agranda sin cesar a imagen del cosmos vivo.

Desde los tiempos de Mariette, en que la excavación tenía por finalidad encontrar piezas de estatutaria y objetos transportables con los que llenar los Museos, pasando por la época del Maspero, quien dedicó su labor a asegurar la supervivencia de los monumentos mismos, hasta el momento presente, en el que nuevas perspectivas se abren en este mundo de Karnak, han pasado más de 150 años y, sin embargo la tarea no ha hecho sino comenzar.

BIBLIOGRAFIA.

ERMAN, A.: La Religión des Egyptiens. Paris 1937

LEFEBVRE, G.: Romans et Contes Egyptiens de l`époque Pharaonique. Paris 1982

LEGRAIN, G.: Les Temples de Karnak. Bruxelles, Vromant 1929

MICHALOWSKI, K. : Karnak Paris Hazan 1972

PORTER, B Y MOSS, R.: Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphics. Txts, II (Theban Temples). Oxford 1975

VANDIER, J.: Manuel d´Archeologie. Egyptiénne. Tome II. Paris 1955

Wit, C.: Les descriptions du Temple d´Opet a Karnak. Bruxelles F.E.R.E. 1958-1968

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LOS TEMPLOS DE KARNAK (I): El gran Templo de Amón.

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

Por Francisco Martín Valentín.

El lugar donde se encuentran los Templos que constituyen, sin discusión, el conjunto más impresionante y grandioso del pasado faraónico, lleva hoy el nombre de la aldea árabe que ocupa su lugar: KARNAK. Su antigua denominación era “El lugar más perfecto”, o en otros casos “ El trono del doble país”.

Recorrer los dédalos de esta ciudad santa, contemplar sus bosques de columnas, sus patios, sus estancias, sus obeliscos, sus pilonos, sus deambulatorios y sus corredores, equivale a entrar en contacto con un cúmulo de acontecimientos históricos que golpean nuestra imaginación y nos dejan perplejos. Pero con ser importante esta sensación, no es nada en comparación con la comprensión de lo que, sin duda, flota en el ambiente y pertenece más al mundo de las intuiciones que al de las propias realidades físicas: “Allí se encuentra la gran maquinaria creada por la antigua sabiduría, para hacer marchar el devenir cósmico del mundo.”

En palabras de Ch. Desroches Noblecourt: “… este mundo de santuarios abandonados recorridos por todas partes (siguiendo la fórmula de los antiguos egipcios. Para hacer referencia a sus lugares santos profanos durante las épocas de desorden y turbulencia), este imperio sagrado donde los más famosos maestros del Mediterráneo Oriental y miríadas de sacerdotes trabajaron y rezaron; este recinto, que tantas veces recibió el trabajo de los egipcios encargados de edificar, desmontar y renovar las fundaciones anteriores, este vasto lugar santo, donde luchas dinásticas, conflictos sacerdotales, dominaciones, depredaciones y temblores de tierra, precedieron y provocaron su invasión por los escombros y la maleza; estas ruinas grandiosas en parte devastadas, pero no privadas de su alma… constituyen un mundo donde el menos preparado para recibir el mensaje de los templos abandonados desde hace tantos siglos, recibe la descarga de un testimonio imperecedero y percibe confusamente una presencia metafísica ante las siluetas divinas y reales, que parecen surgir de las paredes esculpidas, o delante de los colosos y las estatuas milenarias…”.

Champolion, por su parte, en la séptima de sus “Lettres d´Egypte et de Nubie” ( de 24 de Noviembre de 1828), formuló la impresión que produce dicho conjunto, y que ha quedado como clásica por insuperable: “… allí se me apareció toda la magnificencia faraónica, todo lo que los hombres han concebido como lo más grandioso….; todo aquello que había admirado con entusiasmo sobre la orilla izquierda ( del río), me pareció miserable en comparación con las concepciones gigantescas de las que estaba rodeado…;ningún pueblo antiguo, ni moderno, ha concebido el arte de la arquitectura, a una escala tan grandiosa como lo hicieron los antiguos egipcios. Ellos pensaban como si fuesen hombres de cien pies de alto, y la imaginación que, en Europa se maravilla a la vista de la altura de nuestros pórticos, se detiene y cae impotente al pie de las ciento cuarenta columnas de la Sala hipóstila de Karnak…”

El conjunto de los templos de Karnak, está compuesto por tres grupos de edificios separados entre sí por recintos de ladrillo crudo. Contemplados en dirección Norte-Sur son el recinto de Montú denominado igualmente Karnak-Norte, el del gran templo de Amón, y por último el recinto de Mut. Ambos complejos están estrechamente relacionados entre sí, de modo que el recinto de Amón se comunica con el de Mut por medio de una avenida de esfinges, y el de Montú por medio de su inmediatez física, pues su recinto prácticamente llega a tocar el del templo de Amón.

Es intención del autor de este artículo, examinar y describir todo el conjunto de los templos de Karnak, si bien, dada la enorme complejidad del mismo, en esta ocasión se tratará del Gran Templo de Amón, y los existentes en los recintos de Mut y de Montú.

EL GRAN TEMPLO DE AMON

Su recinto forma un inmenso cuadrilátero con un perímetro de 2.397 metros. Sus esquinas se encuentran aproximadamente orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Del total de su superficie el templo propiamente dicho ocupa solamente una doceava parte de la misma. Dicho recinto se comunicaba al exterior por medio de puertas monumentales de piedra intercaladas en la prolongación de los dos ejes, del templo: al Oeste y al Sur, dichas puertas eran pilonos (del I al X), en tanto que al Norte y al Oeste, eran portales de gres de tipo común.

A las cuatro entradas reseñadas, habría que añadir la del templo de Jonsu y la del templo de Opet, una al Sureste, que comunicaba, sin duda, con las construcciones existentes detrás del Lago Sagrado (almacenes de ofrendas, etc.) y la otra al Noroeste.

En las zonas Norte y Este del recinto, hay algunos edificios de poca importancia como algunas capillas de culto a Osiris, el pequeño templo de Ptah, el lugar donde fue encontrado el pequeño tesoro del faraón etíope Chabaka y alguna otra capilla osiriana junto con los templos de Ramses II, el denominado contratemplo de Thutmosis III, y la columnata del Este. La parte Sur, alberga diversos templos, almacenes al borde del Lago Sagrado , y cuatro de los pilonos por los que se sale a la vía procesional que conduce al templo de Mut desde el lago y a través de la avenida de las esfinges. Por fin, en el rincón Noroeste del recinto están los templos del dios Jonsu que comunica con el de la dios Opet.

Es comúnmente sabido que los templos egipcios se construían desde el “santo de los santos” alrededor o hacia delante, de modo que al cabo de los siglos y de ejecutar y construir, lo que realmente se hacía, era añadir y ampliar la entrada o acceso hasta dicho lugar santo. Por ello, aunque el visitante actual contempla en primer lugar los restos más próximos a nosotros en el tiempo, se ha considerado más adecuado proceder al examen del sitio desde su epicentro, desde sus orígenes históricos, como si nos situásemos en el corazón del capullo del gran loto para asistir a su eclosión y apertura final.

EL LUGAR EN EL IMPERIO ANTIGUO

Hay motivos para pensar que Karnak existía ya en la III Dinastía. Probablemente se alzó alguna pequeña construcción en las inmediaciones del Lago Sagrado, G.Legrain identificó algunos vestigios de esta época a principios de este siglo. Por otra parte, entre los reyes citados en la pared de la Sala de los Ancestros, proveniente del Aj-Menu de Thutmosis III, están los nombres de los cuatros primeros faraones de la IV dinastía. Dicho monumento confirmaría la existencia de construcciones en dicho lugar, toda vez que la inclusión de nombres de reyes en dicha lista estaba reservada solamente para aquellos que realizaron obras en el lugar en honor al culto del dios Amón.

El IMPERIO MEDIO

De cualquier modo, el nombre de Amón, que por otra parte es citado como un dios secundario en la pirámide de Unas (Textos de las Pirámides), no aparece en escena en Tebas hasta el año 2180 a. de C. aproximadamente, durante el primer periodo intermedio.

En esta época se produjeron las primeras identificaciones con el dios Min. Una vez confundido el culto de ambos dioses, surge el principio del poderosos dios Amón, apoyado en su momento por los faraones del Imperio Medio que, de origen tebano, tendrán a su cargo la restauración del poder y la monarquía faraónicos del Antiguo Imperio. Durante esta época, el culto amoniano coincide en poder e importancia con el de Montú, si bien Amón sobrepasará a este último; basta observar cómo evolucionan los patronímicos de los faraones (de Mentuhotep a Amenemhat).

En el curso del Imperio Medio, se puede concluir que el culto de Amón está firmemente establecido. El villorrio que era Tebas se ha convertido ya en “la Ciudad” ( Nywt, en antiguo egipcio). Amen-em-Hat I (XII dinastía) instala la capital del imperio en Tebas y Amón, convertido en un dios dinástico, se beneficia indudablemente de esta situación; en este momento, según todos los autores, se produce el segundo gran paso en la evolución de su naturaleza divina al ser asimilada al dios solar Re, y adquiriendo de este modo la potencia divina primordial. El templo que tenía dedicado en Karnak el dios, es embellecido de modo incesante por los Amen-em-Hat y los Sesostris. Buena prueba de ello es la capilla reposadero de fina calcárea blanca, cuya decoración y relieves constituyen una exquisita demostración de refinamiento del arte del Imperio Medio.

Dicha capilla fue demolida en tiempos de Amen-Hotep III (destruida en términos que hoy no podríamos comprender, pero que, indudablemente, constituía parte de los ritos de revitalización que proporcionaban vida continúa al recinto sagrado del templo, en tanto que esquema cósmico del universo. Dichos restos troceados formaban parte de las fundaciones del III pilono). Pillet y Chevrier reconstruyeron dicho edificio, recuperando la totalidad de los bloques de calcárea que lo componían. Se eleva sobre una alta plataforma a la que se sube por dos escaleras que, con ocho escalones cada una, están separadas en su mitad por un plano inclinado y limitadas por los lados con un pequeño muro de cima redondeada. Las fachadas están constituidas por dos pilares en ángulo y otros dos que constituyen el montante de la puerta. Tres arquitrabes juntos, rodeados por un bocel horizontal, descansan sobre estos pilares, que separan tres aberturas (en el centro de la puerta y a cada uno de sus lados hay una especie de ventana limitada por un parapeto). Un disco alado decora el perfil de la gola del edificio, y en el interior un pedestal de alabastro, cuyo destino debía ser el de reposadero de la barca de Amón durante las procesiones rituales. Naturalmente, profusos relieves representando al rey en diversos momentos referidos a la celebración de una de sus fiestas Heb-Sed, cubren los pilares y superficies del edificio. El cambio de uso de quiosco permitió, sin duda, su conservación hasta finales de la XVIII dinastía. Desde el punto de vista historiográfico, este monumento es sumamente interesante dado que contiene en sus muros una lista geográfica de los nomos del alto Egipto, que resulta ser la más antigua hallada hasta el momento en Egipto

Por lo que respecta al templo de Amón, propiamente dicho, han quedado pocos restos pertenecientes a este periodo. La XI dinastía está muy mal representada (apenas algún resto que otro, y un fragmento de inscripción). En cuanto a la dinastía XII, se ha descubierto la existencia de tres umbrales del suelo de granito que constituían el recinto en el cual se encontraba, sin duda, el “Santo de los Santos”. En la última de las estancias estaría la naos colocada sobre una base de alabastro, además de otros restos de elementos arquitectónicos con los cartuchos de Sesostris III (ala Norte del IV pilono).

El TEMPLO EN EL IMPERIO NUEVO

Con el establecimiento de la XVIII dinastía y la creación del Imperio nuevo, sobreviene el gran esplendor del conjunto de Karnak Ahmosis ha dejado pocos restos de sus construcciones (sin duda sus numerosas guerras le impidieron dedicarse a una mayor actividad arquitectónica religiosa). Se ha encontrado, no obstante una estela que bajo el número 34.001 forma parte de los fondos del Museo del Cairo, junto con algún fragmento de monumentos de idéntica naturaleza.

Con Amen-Hotep I se producen e inician los trabajos más importantes realizados hasta ese momento es de esta época el quiosco de la fiesta Sed de dicho faraón. En los siguientes 400 años, desde Ahmosis hasta el comienzo de la XX dinastía con Ramses III, el templo de Amón no hará más que crecer para tomar el aspecto casi definitivo que hoy nos muestra. Los faraones posteriores, así como los reyes-sacerdotes y sus sucesores se limitarán a ejecutar variaciones, embellecimientos parciales y añadidos de piezas accesorias a la edificación ya conseguida realizando, igualmente, continuas restauraciones de lo hecho anteriormente.

Como se decía más arriba, es Amen-Hotep I el primer gran constructor de Karnak. Su nombre se ha encontrado en grandes bloques que formaron parte de un grandioso monumento, compuesto de diversas capillas. Dichos bloques fueron reutilizados por Thutmosis III en el Norte y en el Sur de los pasillos que rodean la Sala de los Anales. Thutmosis I realiza una considerable obra arquitectónica al proseguir y ampliar los trabajos de reconstrucción del templo. Al final de su reinado, rodeaban la cámara del Imperio Medio dos muros rectangulares, separados entre sí por un corredor deambulatorio (de este modo aislaba el recinto sagrado de toda profanación). De estos corredores no queda actualmente más que algún importante vestigio muy mezclado con reconstrucciones posteriores. Uno de los recintos alcanzaba hasta el Oeste del V pilono en tanto que el segundo terminaba en el IV pilono, estaban adornados con pilares a los que adosaban estatuas colosales del faraón en forma de Osiris. De otra parte, se erigieron columnas de dieciséis caras delante del muro para sujetar una techumbre que reposaba “In antis” sobre la cima de dicho muro. El rey erigió dos obeliscos de granito (cuyos piramidones estaban guarnecidos de oro), en el atrio del templo y delante de su pilono. De ellos, sólo uno se encuentra en su obelisco inclinado, cuya estabilidad preocupa seriamente a los técnicos del Instituto Franco-Egipcio de Karnak). El patio que separaba los dos nuevos pilonos fue transformado en una sala cubierta que los textos del templo llaman “Uadjit”. Dicha sala, cuyos fines no han podido ser totalmente desentrañados, tenía que ver con toda seguridad con los ritos precisos y necesarios para conseguir la salud y plenitud del faraón, en íntima vinculación con la celebración de las fiestas de jubileo.

Thutmosis II, hijo ilegítimo del anterior, dejó pocas huellas en el lugar. Una simple puerta monumental y el techo de una capilla de alabastro (cuyos restos se han sacado de los depósitos de fundación del III pilono); el fragmento de un obelisco y una estatua de dicho faraón formaban parte de los hallazgos del patio de la cachette.

Sube después al trono del doble país Hatshepsut apoyada en la regencia del joven Thutmosis III. Algunos textos permiten suponer que el palacio de la reina estaba construido al Norte de una explanada que precedía la entrada del IV pilono. La avenida de las Procesiones fue embellecida con diversas obras de la soberana. Construyó el pilono conocido con el número VII (para reemplazar una puerta hecha de ladrillos crudos de tiempos de Amen-Hotep I).

Cuando la reina encarga a Sen-en-Mut, su arquitecto, erigir entre los pilonos IV y V ( de Thutmosis I) dos obeliscos en duro granito de Asuán, tales obras –grandiosas por cierto- no son sino una pálida sombra de la idea original de aquélla. La intención primera fue construir dichos obeliscos en electrum (así lo confiesa la inscripción del obelisco), pero tal empresa se mostró irrealizable. Así pues, hubo de conformarse con ordenar la extracción, traslado y erección de ambos monumentos desde las canteras de Asuán. Dichos monolitos se recubrieron con planchas de oro, conforme se puede deducir por las muescas de anclaje de las aristas del que queda en pie. Los trabajos duraron siete meses, tiempo récord para tal obra. Se conserva de pie el obelisco de la parte norte, en tanto que de su gemelo tan sólo queda el fragmento superior que se exhibe cerca del ángulo Noroeste del lago Sagrado.

Delante del V pilono había salas de ofrendas de época anterior a la de la reina; ella las reconstruyó aumentándolas un piso; ordenó igualmente, la construcción de una capilla-reposadero para la barca sagrada. Era de cuarcita roja sobre una base de granito negro con cornisa del mismo material (es la célebre “capilla roja”). A la muerte de Hatshepsut, Thutmosis III toma las riendas del poder. Su reinado es uno de los más prestigiosos del antiguo Egipto, de modo que parece natural se produzcan durante tal época las más importantes obras de Karnak, que permanecerá para siempre marcado por las suntuosas construcciones y transformaciones que allí ejecutó. Una característica esencial de las nuevas construcciones es la de estar determinadas por ciertas modificaciones de importancia en el ritual del divino Amón. Para empezar, todas ellas tuvieron el común denominador de eliminar o, en todo caso, usurpar las construcciones anteriores pertenecientes a la reina Hatshepsut.

A la entrada del templo, el rey erigió otros dos obeliscos, cubrió la sal hipóstila (Uadjit) de Thutmosis I, y cubrió prácticamente los obeliscos de la reina con una techumbre de planchas de piedra, dejando tan sólo la parte superior de los mismos a la vista.

En la parte Este del II pilono, la distribución fue remodelada y construyó el VI pilono, que contiene la célebre lista de las naciones dominadas por Egipto (en su cara Oeste; en la parte Norte figuran las ciudades de Asia y en la parte Sur las de África). Se crearon nuevas antecámaras, prolongando los muros de unión entre el V y VI pilonos. En estas cámaras, totalmente oscuras, se retiraba el dios Amón por la noche (imagen del mundo subterráneo). Sus muros laterales estaban perforados por puertas que comunicaban con los antiguos patios.

La segunda de estas antecámaras en la que se conoce por “ Sala de los Anales”, en razón de los textos históricos grabados sobre sus muros; en ellos se relatan las expediciones guerreras de Thutmosis III.

El techo estaba sujeto por admirables pilares heráldicos que, en alto relieve, exhibían las flores emblemáticas del Bajo y alto Egipto (el papiro y el loto). El techo sostenido por estos pilares cubría una capilla de granito rosa para la barca sagrada. Esta edificación ocupó el lugar que anteriormente había utilizado la capilla roja de Hatshepsut. En esta misma sala es donde el rey erigió los dos célebres obeliscos construidos en electrum macizo, que tenían siete metros de altura y un peso de treinta y siete toneladas cada uno de ellos (ese botín fue arrancado del lugar cuando los asirios saquearon el templo en el año 665 a. de C.)

Este suntuoso conjunto comunica al Norte y al Sur con dos patios porticados, cuyas elegantes columnas fasciculadas estaban guarnecidas de planchas de oro. Podemos imaginar la impresión que produciría la contemplación de un marco tan grandioso revestido de metales preciosos y decorado con numerosas estatuas (hoy sólo quedan las de Amón y Amonet, erigidas por Tut-anj-Amon).

Indudablemente, Thutmosis III debió realizar importantes obras de embellecimiento en el recinto del Santo de los Santos, pero no han sobrevivido a nosotros. Una de las obras más destacables de dicho rey fue la construcción de un nuevo Aj-Menu (llamada impropiamente sala de las fiestas), con motivo de uno de sus jubileos.

El conjunto de las estancias que componen el Aj-Menu representa una edificación que, en su momento, fue confundida con un palacio real por G.Legrain. Su decoración está compuesta a base de exquisitos relieves que representan al rey en presencia de los dioses.
Dichas estancias, aparte de cumplir sus fines propios en la celebración de los jubileos reales, estaban destinadas a recibir y almacenar los tesoros del templo, muy numerosos y ricos en esta época, gracias a las campañas guerreras del faraón.

Al Sur de esta sala una puerta, hoy totalmente destruida, permitía la entrada en una gran galería hipósitila de cuarenta y cuatro metros de ancho por diecisiete de largo.

Su techo estaba sujeto por dos hileras de diez columnas en forma de postes de tienda de campaña, y otra más formando peristilo con treinta y dos pilares rectangulares de menor altura que las columnas

Al Sureste se encuentran las salas del disco Sokar (varias capillas a la derecha y tres salas al fondo; sus techos estaban sujetos por cuatro columnas de dieciséis caras cada una). Contiguas a las anteriores están las salas solares entre las que se encuentra la denominada de “ El Jardín Botánico”. Dicho nombre se debe a la decoración empleada en las hileras de piedra de las bases de las paredes; en ella se encuentran representadas plantas exóticas mezcladas con animales (todo ello fue traído de Siria por el rey con motivo de su expedición militar del año XXV). En el ángulo Noroeste de la sala de las fiestas hay una especie de podium, dedicado al culto del sol naciente. A continuación hay un conjunto de salas, decoradas con representaciones rituales, no perfectamente comprendidas aún.

Entre estas últimas está la llamada “Sala de los Ancestros”, cuyos relieves originales fueron llevados a París por Prisse d´Avennes ( hoy se exponen en el museo de Louvre); en su lugar un molde de yeso ocupa las paredes de dicha Sala en el templo de Amón. Thtumosis III presenta en estos relieves ofrendas delante de cincuenta y siete reyes, elegidos entre sus antecesores, que como se dijo anteriormente, habían confirmado u otorgado beneficios al templo.

En cuanto a la finalidad concreta de Aj-Menu significa “permanecer glorioso o Luminoso”: según P. Barguet este templo tendría como finalidad la regeneración del rey y evocaría el “ciclo eterno de renovación”. El rey recuperaría una nueva juventud por la celebración de los ritos (igual que Amon renace cada mañana resplandeciente y lo hará durante millones de años). El carácter solar de la parte norte de la edificación está subrayado por la presencia de una sala alta donde existen restos de un altar heliopolitano. Una rampa majestuosa permitía acceder a las terrazas del edificio: por ella todos los días los sacerdotes subían la estatua sagrada hasta el techo del templo para exponer la imagen del dios a los rayos del sol naciente. Se sabe, igualmente que celebraban ceremonias con la barca procesional del dios, que se traía en hombros al interior de esta sala, siendo colocada a los pies de la rampa referida.

Para unos autores, éste era el lugar donde la estatua de Amón se recargaba de potencia cósmica por medio de los ritos de la “Unión al Disco Solar”; para otros era el rey, nuevo Horus, el que renacía a una nueva vida al unirse a su padre Re, por el rito de “Tocar el Sol” (como Sokar, representación del sol muerto, se convierte en Amón-Re al salir del mundo subterráneo). La erección de una capilla abierta hacia el sol naciente, de la que se conserva la naos y un grupo esculpido que representa al faraón sentado al lado de Amón y la reconstrucción del Templo de Ptah, junto con la construcción de dos obeliscos, constituyeron la totalidad de sus modificaciones en el recinto de Amón. Aparte de dichas obras, embelleció sensiblemente por medio de grandes excavaciones y ampliaciones el Lago Sagrado.

Dichas ampliaciones lo dejaron en las dimensiones que hoy tiene, es decir ciento veinte metros de largo por otros setenta y siete de ancho. La importancia de dichas obras, incluida la construcción de desembarcaderos, denota el relevante papel ritual de dicho lugar. El lago está alimentado por las aguas subterráneas que surgen de las profundidades de la tierra. Vestigio retocado de lo que debió ser un antiguo pantano, era algo más que una pura evocación simbólica. Estaba considerado como el continente de las auténticas aguas primordiales, de las que emergió la primera tierra (el pet-Sut del templo). Dichas aguas eran un reducto de rejuvenecimiento, un elixir de resurrección al igual que las primeras aguas de la inundación cada año. En ellas se ejecutaban las abluciones y baños rituales de los sacerdotes en estado de purificación. Las ocas sagradas de Amón nadaban en su recinto, e igualmente se anclaban allí las barcas utilizadas en las fiestas de navegaciones rituales.

Al final del reinado de Thutmosis III, se produce la corregencia de su hijo Amen-Hotep II, quien se dedicó a concluir y rematar las obras comenzadas por su padre. Edificó un quiosco totalmente destruido después por Aj-en-Aton, reconstruido más tarde por Seti I. Situado al Este del patio que une los pilonos IX y X, dicho edificio tenía su acceso a partir del patio por medio de una rampa que desembocaba en un ancho pórtico con catorce pilares en fachada que sujetaban el techo. El templo, en sí mismo, comprende una sala hipóstila, cuyo techo estaba sujeto por veinte pilares. Igualmente posee seis salas (dos al Norte y cuatro al Sur). Estaba dedicado, como es lógico, al dios Amón (así lo demuestra una estela de falsa puerta dedicada al dios), pero igualmente se ha demostrado que el edificio era un quiosco de fiesta real, conforme se desprende de la decoración de sus pilares.

Entre los últimos hallazgos atribuibles a Amen-Hotep II, se cuenta un destacable bajorrelieve de granito que, descubierto en el III pilono, representa al rey tirando con el arco (se puede contemplar expuesto en los jardines del Museo Egipcio de Luxor).

Thutmosis IV, hijo del anterior, continuó, en cierto modo, la obra de su padre y de todos sus antepasados; más concretamente, construyó frente a la naos en calcárea de la capilla oriental el espléndido obelisco único de treinta y tres metros de altura (proyecto iniciado por Thutmosis III, fue terminado por su nieto). Hoy podemos verlo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma, donde fue erigido en el año 1587, aunque fue llevado a la capital imperial en tiempos de Constantino II.

De otra parte, transformó la entrada del templo añadiendo a la puerta del IV pilono seis obeliscos y un porche dorado sujeto por columnas papiriformes. Rodeó este porche, los obeliscos y los pórticos con un amplio patio de la misma anchura que el pilono (hoy se está tratando de reconstruir dicho edificio para ser expuesto en el Museo “al aire libre”, creado en el recinto de Karnak-Norte). Este bello edificio fue destruido por Amen-Hotep III para construir en su emplazamiento el III pilono.

Con el reinado de Amen-Hotep III se inicia una etapa de construcción dentro del templo que, si bien fue importante, no se puede considerar a la altura del gran constructor que fue. Como se ha dicho, erigió el II pilono del templo, más alto y ancho que los construidos hasta ese momento.

Sus magníficos relieves debían quedar empequeñecidos entre los seis mástiles de cedro de Líbano chapados de electrum, y la puerta de entrada revestida con planchas de oro (en su centro se podía contemplar la imagen de Amón, con cabeza de carnero ejecutada a base de lapislázuli y piedras preciosas). El suelo estaba recubierto de planchas de plata, que con la oxidación imitaba la tierra negra, esencia de la fecundidad de Egipto y de la renovación del universo. Delante del X pilono se pueden admirar dos inmensos colosos de cuarcita rosa, de los que solamente quedan las bases y los pies, lo que nos basta para hacernos idea de lo exquisito y delicado de la calidad de dichas esculturas.

En verdad, resta poco de lo edificado por Amen-Hotep III en el templo de Amón, pero es de todos conocidos el colosal escarabajo que en un solo bloque de granito rosa hizo esculpir el rey. Situado en las inmediaciones del Lago Sagrado, su finalidad cultual permanece oscura, pero hoy es objeto de superstición entre la población indígena que cree posee facultades para curar la esterilidad femenina si se dan siete vueltas a su alrededor y se realizan abluciones con las aguas del lago.

Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) ejecutó diversos trabajos en el lugar, perfectamente definidos en los diversos acontecimientos de su reinado. Concluyó la decoración de la pared Norte del vestíbulo del III pilono con una escena de masacre ritual de los enemigos tradicionales de Egipto.

Al estallar la revolución atoniana, procede a la construcción del santuario de Atón. De este templo conocemos su emplazamiento, algo al Este del propio recinto de Amón, y sabemos que estaba precedido de un enorme patio, cuyas paredes interiores estaban bordeadas por una hilera de colosales estatuas del rey, adosadas a pilares formando una especie de peristilo. Son las famosas “imágenes realistas”del rey, que tanto debieron escandalizar a la ortodoxia de Amón. Destruido hasta sus cimientos al fin del cisma amarniense, sus elementos fueron reutilizados en los depósitos de fundación del IX pilono (los restos encontrados son los célebres “talalat”, cuyo número se calcula en unos 2.600 depositados en capas sucesivas).

El lugar donde se encuentran los Templos que constituyen, sin discusión, el conjunto más impresionante y grandioso del pasado faraónico, lleva hoy el nombre de la aldea árabe que ocupa su lugar: KARNAK. Su antigua denominación era “El lugar más perfecto”, o en otros casos “ El trono del doble país”.

Recorrer los dédalos de esta ciudad santa, contemplar sus bosques de columnas, sus patios, sus estancias, sus obeliscos, sus pilonos, sus deambulatorios y sus corredores, equivale a entrar en contacto con un cúmulo de acontecimientos históricos que golpean nuestra imaginación y nos dejan perplejos. Pero con ser importante esta sensación, no es nada en comparación con la comprensión de lo que, sin duda, flota en el ambiente y pertenece más al mundo de las intuiciones que al de las propias realidades físicas: “Allí se encuentra la gran maquinaria creada por la antigua sabiduría, para hacer marchar el devenir cósmico del mundo.”

En palabras de Ch. Desroches Noblecourt: “… este mundo de santuarios abandonados recorridos por todas partes (siguiendo la fórmula de los antiguos egipcios. Para hacer referencia a sus lugares santos profanos durante las épocas de desorden y turbulencia), este imperio sagrado donde los más famosos maestros del Mediterráneo Oriental y miríadas de sacerdotes trabajaron y rezaron; este recinto, que tantas veces recibió el trabajo de los egipcios encargados de edificar, desmontar y renovar las fundaciones anteriores, este vasto lugar santo, donde luchas dinásticas, conflictos sacerdotales, dominaciones, depredaciones y temblores de tierra, precedieron y provocaron su invasión por los escombros y la maleza; estas ruinas grandiosas en parte devastadas, pero no privadas de su alma… constituyen un mundo donde el menos preparado para recibir el mensaje de los templos abandonados desde hace tantos siglos, recibe la descarga de un testimonio imperecedero y percibe confusamente una presencia metafísica ante las siluetas divinas y reales, que parecen surgir de las paredes esculpidas, o delante de los colosos y las estatuas milenarias…”.

Champolion, por su parte, en la séptima de sus “Lettres d´Egypte et de Nubie” ( de 24 de Noviembre de 1828), formuló la impresión que produce dicho conjunto, y que ha quedado como clásica por insuperable: “… allí se me apareció toda la magnificencia faraónica, todo lo que los hombres han concebido como lo más grandioso….; todo aquello que había admirado con entusiasmo sobre la orilla izquierda ( del río), me pareció miserable en comparación con las concepciones gigantescas de las que estaba rodeado…;ningún pueblo antiguo, ni moderno, ha concebido el arte de la arquitectura, a una escala tan grandiosa como lo hicieron los antiguos egipcios. Ellos pensaban como si fuesen hombres de cien pies de alto, y la imaginación que, en Europa se maravilla a la vista de la altura de nuestros pórticos, se detiene y cae impotente al pie de las ciento cuarenta columnas de la Sala hipóstila de Karnak…”

El conjunto de los templos de Karnak, está compuesto por tres grupos de edificios separados entre sí por recintos de ladrillo crudo. Contemplados en dirección Norte-Sur son el recinto de Montú denominado igualmente Karnak-Norte, el del gran templo de Amón, y por último el recinto de Mut. Ambos complejos están estrechamente relacionados entre sí, de modo que el recinto de Amón se comunica con el de Mut por medio de una avenida de esfinges, y el de Montú por medio de su inmediatez física, pues su recinto prácticamente llega a tocar el del templo de Amón.

Es intención del autor de este artículo, examinar y describir todo el conjunto de los templos de Karnak, si bien, dada la enorme complejidad del mismo, en esta ocasión se tratará del Gran Templo de Amón, y los existentes en los recintos de Mut y de Montú.

EL GRAN TEMPLO DE AMON

Su recinto forma un inmenso cuadrilátero con un perímetro de 2.397 metros. Sus esquinas se encuentran aproximadamente orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Del total de su superficie el templo propiamente dicho ocupa solamente una doceava parte de la misma. Dicho recinto se comunicaba al exterior por medio de puertas monumentales de piedra intercaladas en la prolongación de los dos ejes, del templo: al Oeste y al Sur, dichas puertas eran pilonos (del I al X), en tanto que al Norte y al Oeste, eran portales de gres de tipo común.

A las cuatro entradas reseñadas, habría que añadir la del templo de Jonsu y la del templo de Opet, una al Sureste, que comunicaba, sin duda, con las construcciones existentes detrás del Lago Sagrado (almacenes de ofrendas, etc.) y la otra al Noroeste.

En las zonas Norte y Este del recinto, hay algunos edificios de poca importancia como algunas capillas de culto a Osiris, el pequeño templo de Ptah, el lugar donde fue encontrado el pequeño tesoro del faraón etíope Chabaka y alguna otra capilla osiriana junto con los templos de Ramses II, el denominado contratemplo de Thutmosis III, y la columnata del Este. La parte Sur, alberga diversos templos, almacenes al borde del Lago Sagrado , y cuatro de los pilonos por los que se sale a la vía procesional que conduce al templo de Mut desde el lago y a través de la avenida de las esfinges. Por fin, en el rincón Noroeste del recinto están los templos del dios Jonsu que comunica con el de la dios Opet.

Es comúnmente sabido que los templos egipcios se construían desde el “santo de los santos” alrededor o hacia delante, de modo que al cabo de los siglos y de ejecutar y construir, lo que realmente se hacía, era añadir y ampliar la entrada o acceso hasta dicho lugar santo. Por ello, aunque el visitante actual contempla en primer lugar los restos más próximos a nosotros en el tiempo, se ha considerado más adecuado proceder al examen del sitio desde su epicentro, desde sus orígenes históricos, como si nos situásemos en el corazón del capullo del gran loto para asistir a su eclosión y apertura final.

EL LUGAR EN EL IMPERIO ANTIGUO

Hay motivos para pensar que Karnak existía ya en la III Dinastía. Probablemente se alzó alguna pequeña construcción en las inmediaciones del Lago Sagrado, G.Legrain identificó algunos vestigios de esta época a principios de este siglo. Por otra parte, entre los reyes citados en la pared de la Sala de los Ancestros, proveniente del Aj-Menu de Thutmosis III, están los nombres de los cuatros primeros faraones de la IV dinastía. Dicho monumento confirmaría la existencia de construcciones en dicho lugar, toda vez que la inclusión de nombres de reyes en dicha lista estaba reservada solamente para aquellos que realizaron obras en el lugar en honor al culto del dios Amón.

El IMPERIO MEDIO

De cualquier modo, el nombre de Amón, que por otra parte es citado como un dios secundario en la pirámide de Unas (Textos de las Pirámides), no aparece en escena en Tebas hasta el año 2180 a. de C. aproximadamente, durante el primer periodo intermedio.

En esta época se produjeron las primeras identificaciones con el dios Min. Una vez confundido el culto de ambos dioses, surge el principio del poderosos dios Amón, apoyado en su momento por los faraones del Imperio Medio que, de origen tebano, tendrán a su cargo la restauración del poder y la monarquía faraónicos del Antiguo Imperio. Durante esta época, el culto amoniano coincide en poder e importancia con el de Montú, si bien Amón sobrepasará a este último; basta observar cómo evolucionan los patronímicos de los faraones (de Mentuhotep a Amenemhat).

En el curso del Imperio Medio, se puede concluir que el culto de Amón está firmemente establecido. El villorrio que era Tebas se ha convertido ya en “la Ciudad” ( Nywt, en antiguo egipcio). Amen-em-Hat I (XII dinastía) instala la capital del imperio en Tebas y Amón, convertido en un dios dinástico, se beneficia indudablemente de esta situación; en este momento, según todos los autores, se produce el segundo gran paso en la evolución de su naturaleza divina al ser asimilada al dios solar Re, y adquiriendo de este modo la potencia divina primordial. El templo que tenía dedicado en Karnak el dios, es embellecido de modo incesante por los Amen-em-Hat y los Sesostris. Buena prueba de ello es la capilla reposadero de fina calcárea blanca, cuya decoración y relieves constituyen una exquisita demostración de refinamiento del arte del Imperio Medio.

Dicha capilla fue demolida en tiempos de Amen-Hotep III (destruida en términos que hoy no podríamos comprender, pero que, indudablemente, constituía parte de los ritos de revitalización que proporcionaban vida continúa al recinto sagrado del templo, en tanto que esquema cósmico del universo. Dichos restos troceados formaban parte de las fundaciones del III pilono). Pillet y Chevrier reconstruyeron dicho edificio, recuperando la totalidad de los bloques de calcárea que lo componían. Se eleva sobre una alta plataforma a la que se sube por dos escaleras que, con ocho escalones cada una, están separadas en su mitad por un plano inclinado y limitadas por los lados con un pequeño muro de cima redondeada. Las fachadas están constituidas por dos pilares en ángulo y otros dos que constituyen el montante de la puerta. Tres arquitrabes juntos, rodeados por un bocel horizontal, descansan sobre estos pilares, que separan tres aberturas (en el centro de la puerta y a cada uno de sus lados hay una especie de ventana limitada por un parapeto). Un disco alado decora el perfil de la gola del edificio, y en el interior un pedestal de alabastro, cuyo destino debía ser el de reposadero de la barca de Amón durante las procesiones rituales. Naturalmente, profusos relieves representando al rey en diversos momentos referidos a la celebración de una de sus fiestas Heb-Sed, cubren los pilares y superficies del edificio. El cambio de uso de quiosco permitió, sin duda, su conservación hasta finales de la XVIII dinastía. Desde el punto de vista historiográfico, este monumento es sumamente interesante dado que contiene en sus muros una lista geográfica de los nomos del alto Egipto, que resulta ser la más antigua hallada hasta el momento en Egipto

Por lo que respecta al templo de Amón, propiamente dicho, han quedado pocos restos pertenecientes a este periodo. La XI dinastía está muy mal representada (apenas algún resto que otro, y un fragmento de inscripción). En cuanto a la dinastía XII, se ha descubierto la existencia de tres umbrales del suelo de granito que constituían el recinto en el cual se encontraba, sin duda, el “Santo de los Santos”. En la última de las estancias estaría la naos colocada sobre una base de alabastro, además de otros restos de elementos arquitectónicos con los cartuchos de Sesostris III (ala Norte del IV pilono).

El TEMPLO EN EL IMPERIO NUEVO

Con el establecimiento de la XVIII dinastía y la creación del Imperio nuevo, sobreviene el gran esplendor del conjunto de Karnak Ahmosis ha dejado pocos restos de sus construcciones (sin duda sus numerosas guerras le impidieron dedicarse a una mayor actividad arquitectónica religiosa). Se ha encontrado, no obstante una estela que bajo el número 34.001 forma parte de los fondos del Museo del Cairo, junto con algún fragmento de monumentos de idéntica naturaleza.

Con Amen-Hotep I se producen e inician los trabajos más importantes realizados hasta ese momento es de esta época el quiosco de la fiesta Sed de dicho faraón. En los siguientes 400 años, desde Ahmosis hasta el comienzo de la XX dinastía con Ramses III, el templo de Amón no hará más que crecer para tomar el aspecto casi definitivo que hoy nos muestra. Los faraones posteriores, así como los reyes-sacerdotes y sus sucesores se limitarán a ejecutar variaciones, embellecimientos parciales y añadidos de piezas accesorias a la edificación ya conseguida realizando, igualmente, continuas restauraciones de lo hecho anteriormente.

Como se decía más arriba, es Amen-Hotep I el primer gran constructor de Karnak. Su nombre se ha encontrado en grandes bloques que formaron parte de un grandioso monumento, compuesto de diversas capillas. Dichos bloques fueron reutilizados por Thutmosis III en el Norte y en el Sur de los pasillos que rodean la Sala de los Anales.

Thutmosis I realiza una considerable obra arquitectónica al proseguir y ampliar los trabajos de reconstrucción del templo. Al final de su reinado, rodeaban la cámara del Imperio Medio dos muros rectangulares, separados entre sí por un corredor deambulatorio (de este modo aislaba el recinto sagrado de toda profanación). De estos corredores no queda actualmente más que algún importante vestigio muy mezclado con reconstrucciones posteriores. Uno de los recintos alcanzaba hasta el Oeste del V pilono en tanto que el segundo terminaba en el IV pilono, estaban adornados con pilares a los que adosaban estatuas colosales del faraón en forma de Osiris. De otra parte, se erigieron columnas de dieciséis caras delante del muro para sujetar una techumbre que reposaba “In antis” sobre la cima de dicho muro. El rey erigió dos obeliscos de granito (cuyos piramidones estaban guarnecidos de oro), en el atrio del templo y delante de su pilono. De ellos, sólo uno se encuentra en su obelisco inclinado, cuya estabilidad preocupa seriamente a los técnicos del Instituto Franco-Egipcio de Karnak). El patio que separaba los dos nuevos pilonos fue transformado en una sala cubierta que los textos del templo llaman “Uadjit”. Dicha sala, cuyos fines no han podido ser totalmente desentrañados, tenía que ver con toda seguridad con los ritos precisos y necesarios para conseguir la salud y plenitud del faraón, en íntima vinculación con la celebración de las fiestas de jubileo.

Thutmosis II, hijo ilegítimo del anterior, dejó pocas huellas en el lugar. Una simple puerta monumental y el techo de una capilla de alabastro (cuyos restos se han sacado de los depósitos de fundación del III pilono); el fragmento de un obelisco y una estatua de dicho faraón formaban parte de los hallazgos del patio de la cachette.

Sube después al trono del doble país Hatshepsut apoyada en la regencia del joven Thutmosis III. Algunos textos permiten suponer que el palacio de la reina estaba construido al Norte de una explanada que precedía la entrada del IV pilono. La avenida de las Procesiones fue embellecida con diversas obras de la soberana. Construyó el pilono conocido con el número VII (para reemplazar una puerta hecha de ladrillos crudos de tiempos de Amen-Hotep I).

Cuando la reina encarga a Sen-en-Mut, su arquitecto, erigir entre los pilonos IV y V ( de Thutmosis I) dos obeliscos en duro granito de Asuán, tales obras –grandiosas por cierto- no son sino una pálida sombra de la idea original de aquélla. La intención primera fue construir dichos obeliscos en electrum (así lo confiesa la inscripción del obelisco), pero tal empresa se mostró irrealizable. Así pues, hubo de conformarse con ordenar la extracción, traslado y erección de ambos monumentos desde las canteras de Asuán. Dichos monolitos se recubrieron con planchas de oro, conforme se puede deducir por las muescas de anclaje de las aristas del que queda en pie. Los trabajos duraron siete meses, tiempo récord para tal obra. Se conserva de pie el obelisco de la parte norte, en tanto que de su gemelo tan sólo queda el fragmento superior que se exhibe cerca del ángulo Noroeste del lago Sagrado.

Delante del V pilono había salas de ofrendas de época anterior a la de la reina; ella las reconstruyó aumentándolas un piso; ordenó igualmente, la construcción de una capilla-reposadero para la barca sagrada. Era de cuarcita roja sobre una base de granito negro con cornisa del mismo material (es la célebre “capilla roja”). A la muerte de Hatshepsut, Thutmosis III toma las riendas del poder. Su reinado es uno de los más prestigiosos del antiguo Egipto, de modo que parece natural se produzcan durante tal época las más importantes obras de Karnak, que permanecerá para siempre marcado por las suntuosas construcciones y transformaciones que allí ejecutó. Una característica esencial de las nuevas construcciones es la de estar determinadas por ciertas modificaciones de importancia en el ritual del divino Amón. Para empezar, todas ellas tuvieron el común denominador de eliminar o, en todo caso, usurpar las construcciones anteriores pertenecientes a la reina Hatshepsut.

A la entrada del templo, el rey erigió otros dos obeliscos, cubrió la sal hipóstila (Uadjit) de Thutmosis I, y cubrió prácticamente los obeliscos de la reina con una techumbre de planchas de piedra, dejando tan sólo la parte superior de los mismos a la vista.

En la parte Este del II pilono, la distribución fue remodelada y construyó el VI pilono, que contiene la célebre lista de las naciones dominadas por Egipto (en su cara Oeste; en la parte Norte figuran las ciudades de Asia y en la parte Sur las de África). Se crearon nuevas antecámaras, prolongando los muros de unión entre el V y VI pilonos. En estas cámaras, totalmente oscuras, se retiraba el dios Amón por la noche (imagen del mundo subterráneo). Sus muros laterales estaban perforados por puertas que comunicaban con los antiguos patios.

La segunda de estas antecámaras en la que se conoce por “ Sala de los Anales”, en razón de los textos históricos grabados sobre sus muros; en ellos se relatan las expediciones guerreras de Thutmosis III.

El techo estaba sujeto por admirables pilares heráldicos que, en alto relieve, exhibían las flores emblemáticas del Bajo y alto Egipto (el papiro y el loto). El techo sostenido por estos pilares cubría una capilla de granito rosa para la barca sagrada. Esta edificación ocupó el lugar que anteriormente había utilizado la capilla roja de Hatshepsut. En esta misma sala es donde el rey erigió los dos célebres obeliscos construidos en electrum macizo, que tenían siete metros de altura y un peso de treinta y siete toneladas cada uno de ellos (ese botín fue arrancado del lugar cuando los asirios saquearon el templo en el año 665 a. de C.)

Este suntuoso conjunto comunica al Norte y al Sur con dos patios porticados, cuyas elegantes columnas fasciculadas estaban guarnecidas de planchas de oro. Podemos imaginar la impresión que produciría la contemplación de un marco tan grandioso revestido de metales preciosos y decorado con numerosas estatuas (hoy sólo quedan las de Amón y Amonet, erigidas por Tut-anj-Amon).

Indudablemente, Thutmosis III debió realizar importantes obras de embellecimiento en el recinto del Santo de los Santos, pero no han sobrevivido a nosotros. Una de las obras más destacables de dicho rey fue la construcción de un nuevo Aj-Menu (llamada impropiamente sala de las fiestas), con motivo de uno de sus jubileos.

El conjunto de las estancias que componen el Aj-Menu representa una edificación que, en su momento, fue confundida con un palacio real por G.Legrain. Su decoración está compuesta a base de exquisitos relieves que representan al rey en presencia de los dioses.
Dichas estancias, aparte de cumplir sus fines propios en la celebración de los jubileos reales, estaban destinadas a recibir y almacenar los tesoros del templo, muy numerosos y ricos en esta época, gracias a las campañas guerreras del faraón.

Al Sur de esta sala una puerta, hoy totalmente destruida, permitía la entrada en una gran galería hipósitila de cuarenta y cuatro metros de ancho por diecisiete de largo.

Su techo estaba sujeto por dos hileras de diez columnas en forma de postes de tienda de campaña, y otra más formando peristilo con treinta y dos pilares rectangulares de menor altura que las columnas

Al Sureste se encuentran las salas del disco Sokar (varias capillas a la derecha y tres salas al fondo; sus techos estaban sujetos por cuatro columnas de dieciséis caras cada una). Contiguas a las anteriores están las salas solares entre las que se encuentra la denominada de “ El Jardín Botánico”. Dicho nombre se debe a la decoración empleada en las hileras de piedra de las bases de las paredes; en ella se encuentran representadas plantas exóticas mezcladas con animales (todo ello fue traído de Siria por el rey con motivo de su expedición militar del año XXV). En el ángulo Noroeste de la sala de las fiestas hay una especie de podium, dedicado al culto del sol naciente. A continuación hay un conjunto de salas, decoradas con representaciones rituales, no perfectamente comprendidas aún.

Entre estas últimas está la llamada “Sala de los Ancestros”, cuyos relieves originales fueron llevados a París por Prisse d´Avennes ( hoy se exponen en el museo de Louvre); en su lugar un molde de yeso ocupa las paredes de dicha Sala en el templo de Amón. Thtumosis III presenta en estos relieves ofrendas delante de cincuenta y siete reyes, elegidos entre sus antecesores, que como se dijo anteriormente, habían confirmado u otorgado beneficios al templo.

En cuanto a la finalidad concreta de Aj-Menu significa “permanecer glorioso o Luminoso”: según P. Barguet este templo tendría como finalidad la regeneración del rey y evocaría el “ciclo eterno de renovación”. El rey recuperaría una nueva juventud por la celebración de los ritos (igual que Amon renace cada mañana resplandeciente y lo hará durante millones de años). El carácter solar de la parte norte de la edificación está subrayado por la presencia de una sala alta donde existen restos de un altar heliopolitano. Una rampa majestuosa permitía acceder a las terrazas del edificio: por ella todos los días los sacerdotes subían la estatua sagrada hasta el techo del templo para exponer la imagen del dios a los rayos del sol naciente. Se sabe, igualmente que celebraban ceremonias con la barca procesional del dios, que se traía en hombros al interior de esta sala, siendo colocada a los pies de la rampa referida.

Para unos autores, éste era el lugar donde la estatua de Amón se recargaba de potencia cósmica por medio de los ritos de la “Unión al Disco Solar”; para otros era el rey, nuevo Horus, el que renacía a una nueva vida al unirse a su padre Re, por el rito de “Tocar el Sol” (como Sokar, representación del sol muerto, se convierte en Amón-Re al salir del mundo subterráneo). La erección de una capilla abierta hacia el sol naciente, de la que se conserva la naos y un grupo esculpido que representa al faraón sentado al lado de Amón y la reconstrucción del Templo de Ptah, junto con la construcción de dos obeliscos, constituyeron la totalidad de sus modificaciones en el recinto de Amón. Aparte de dichas obras, embelleció sensiblemente por medio de grandes excavaciones y ampliaciones el Lago Sagrado.

Dichas ampliaciones lo dejaron en las dimensiones que hoy tiene, es decir ciento veinte metros de largo por otros setenta y siete de ancho. La importancia de dichas obras, incluida la construcción de desembarcaderos, denota el relevante papel ritual de dicho lugar. El lago está alimentado por las aguas subterráneas que surgen de las profundidades de la tierra. Vestigio retocado de lo que debió ser un antiguo pantano, era algo más que una pura evocación simbólica. Estaba considerado como el continente de las auténticas aguas primordiales, de las que emergió la primera tierra (el pet-Sut del templo). Dichas aguas eran un reducto de rejuvenecimiento, un elixir de resurrección al igual que las primeras aguas de la inundación cada año. En ellas se ejecutaban las abluciones y baños rituales de los sacerdotes en estado de purificación. Las ocas sagradas de Amón nadaban en su recinto, e igualmente se anclaban allí las barcas utilizadas en las fiestas de navegaciones rituales.

Al final del reinado de Thutmosis III, se produce la corregencia de su hijo Amen-Hotep II, quien se dedicó a concluir y rematar las obras comenzadas por su padre. Edificó un quiosco totalmente destruido después por Aj-en-Aton, reconstruido más tarde por Seti I. Situado al Este del patio que une los pilonos IX y X, dicho edificio tenía su acceso a partir del patio por medio de una rampa que desembocaba en un ancho pórtico con catorce pilares en fachada que sujetaban el techo. El templo, en sí mismo, comprende una sala hipóstila, cuyo techo estaba sujeto por veinte pilares. Igualmente posee seis salas (dos al Norte y cuatro al Sur). Estaba dedicado, como es lógico, al dios Amón (así lo demuestra una estela de falsa puerta dedicada al dios), pero igualmente se ha demostrado que el edificio era un quiosco de fiesta real, conforme se desprende de la decoración de sus pilares.

Entre los últimos hallazgos atribuibles a Amen-Hotep II, se cuenta un destacable bajorrelieve de granito que, descubierto en el III pilono, representa al rey tirando con el arco (se puede contemplar expuesto en los jardines del Museo Egipcio de Luxor).

Thutmosis IV, hijo del anterior, continuó, en cierto modo, la obra de su padre y de todos sus antepasados; más concretamente, construyó frente a la naos en calcárea de la capilla oriental el espléndido obelisco único de treinta y tres metros de altura (proyecto iniciado por Thutmosis III, fue terminado por su nieto). Hoy podemos verlo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma, donde fue erigido en el año 1587, aunque fue llevado a la capital imperial en tiempos de Constantino II.

De otra parte, transformó la entrada del templo añadiendo a la puerta del IV pilono seis obeliscos y un porche dorado sujeto por columnas papiriformes. Rodeó este porche, los obeliscos y los pórticos con un amplio patio de la misma anchura que el pilono (hoy se está tratando de reconstruir dicho edificio para ser expuesto en el Museo “al aire libre”, creado en el recinto de Karnak-Norte). Este bello edificio fue destruido por Amen-Hotep III para construir en su emplazamiento el III pilono.

Con el reinado de Amen-Hotep III se inicia una etapa de construcción dentro del templo que, si bien fue importante, no se puede considerar a la altura del gran constructor que fue. Como se ha dicho, erigió el II pilono del templo, más alto y ancho que los construidos hasta ese momento.

Sus magníficos relieves debían quedar empequeñecidos entre los seis mástiles de cedro de Líbano chapados de electrum, y la puerta de entrada revestida con planchas de oro (en su centro se podía contemplar la imagen de Amón, con cabeza de carnero ejecutada a base de lapislázuli y piedras preciosas). El suelo estaba recubierto de planchas de plata, que con la oxidación imitaba la tierra negra, esencia de la fecundidad de Egipto y de la renovación del universo. Delante del X pilono se pueden admirar dos inmensos colosos de cuarcita rosa, de los que solamente quedan las bases y los pies, lo que nos basta para hacernos idea de lo exquisito y delicado de la calidad de dichas esculturas.

En verdad, resta poco de lo edificado por Amen-Hotep III en el templo de Amón, pero es de todos conocidos el colosal escarabajo que en un solo bloque de granito rosa hizo esculpir el rey. Situado en las inmediaciones del Lago Sagrado, su finalidad cultual permanece oscura, pero hoy es objeto de superstición entre la población indígena que cree posee facultades para curar la esterilidad femenina si se dan siete vueltas a su alrededor y se realizan abluciones con las aguas del lago.

Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) ejecutó diversos trabajos en el lugar, perfectamente definidos en los diversos acontecimientos de su reinado. Concluyó la decoración de la pared Norte del vestíbulo del III pilono con una escena de masacre ritual de los enemigos tradicionales de Egipto.

Al estallar la revolución atoniana, procede a la construcción del santuario de Atón. De este templo conocemos su emplazamiento, algo al Este del propio recinto de Amón, y sabemos que estaba precedido de un enorme patio, cuyas paredes interiores estaban bordeadas por una hilera de colosales estatuas del rey, adosadas a pilares formando una especie de peristilo. Son las famosas “imágenes realistas”del rey, que tanto debieron escandalizar a la ortodoxia de Amón. Destruido hasta sus cimientos al fin del cisma amarniense, sus elementos fueron reutilizados en los depósitos de fundación del IX pilono (los restos encontrados son los célebres “talalat”, cuyo número se calcula en unos 2.600 depositados en capas sucesivas).

La importancia de este hallazgo ha sido relevante. Se trata de relieves inusuales en un templo, muchos de ellos francamente bien conservados. En un estilo diferente, fresco y realista, describen diversas funciones cotidianas de obreros y empleados del templo, así como las clásicas escenas del rey con su familia, adorando y recibiendo vida de Atón. (Es digna de mención la reconstrucción de la pared del Teny-Menu de dicho templo, que se exhibe en el museo de Luxor).

Durante el reinado de Tut-anj-Amon se construyeron pocos edificios y se ejecutaron escasas obras, dado lo turbulento y corto del mismo. Lo poco ejecutado fue o destruido o usurpado por Horemheb, quien cambió sus títulos por los del joven rey (se puede comprobar en los pedestales de las esfinges de la avenida procesional, entre el templo de Amón y el de Mut). Lo que sí abunda en el templo son estatuas y estelas dedicadas por Tut-anj-Amon y Ay a la tríada tebana (sin duda erigidas con el deseo de hacerse perdonar sus desviaciones de la ortodoxia).

Horemheb tiene atribuidos tres de los pilonos existentes en el recinto, el segundo noveno y décimo. Cuando éste falleció, su sucesor, Ramses I, utilizó parte de los muros que rodeaban el patio al que daba entrada este último pilono, y se atribuyó la construcción de ambos. La superficie disponible en los muros de dicho patio fue utilizada y decorada por Seti I.

El espacio existente entre el II y III pilonos sería destinado posteriormente a la construcción de la Gran Sala Hipóstila. En tal lugar debió existir una hilera de catorce columnas construida por Amen-Hotep III, que estaban bordeadas por dos muros. Dicha construcción quedó absorbida por la posterior edificación de la referida sala hipóstila. De cualquier modo, el diseño d este patio fue totalmente transitorio. Al iniciarse la XIX dinastía, Seti I y Ramsés el Grande ejecutarán una de las más grandiosas concepciones arquitectónicas del mundo. Esta magnífica Sala de ciento dos metros de ancho por cincuenta y tres de largo, en la que se erigen ciento treinta y cuatro columnas colosales, estaba dedicada a ser reposadero de la barca sagrada de Amón, la cual se detenía en dicho lugar durante las fiestas solemnes cuando abandonaba el recinto del templo.

Esto sucedía fundamentalmente en dos ocasiones. Una, durante la celebración de la denominada “Bella Fiesta del valle”, en la que el dios abandonaba su residencia con gran boato para visitar la ribera occidental con objeto de bendecir a los difuntos y dioses de la necrópolis tebana. La segunda, era con motivo de la llamada “fiesta de Opet”, cuando se dirigía al templo de Opet del Sur (Luxor).

Dicha fiesta celebrada durante los meses de la inundación, cuando mayor altura tenían las aguas del Nilo, era personalmente dirigida y oficiada por el faraón auxiliado por el clero. La barca de Amón salía, como se ha dicho, del templo de Karnak y remontaba las aguas del río hasta el de Luxor. La procesión partía del templo de Opet en el recinto de Amón, en medio del regocijo del pueblo sumado en masa a la misma. La celebración se iniciaba con las ofendas del faraón ante las barcas de Amón, Mut y Jonsú. Ofrecía, purificados con agua e incienso, ramos de flores, frutos, carnes, aves de corral, vino leche y perfumes.

Concluido el rito de las ofrendas, los sacerdotes cogían en andas sobre sus hombros las barcas divinas, saliendo en procesión hasta el embarcadero (las aguas del río llegan en este momento hasta la entrada del templo). Allí las barcas sagradas eran depositadas en grandes barcazas de un lujo y riqueza insultados (sólo para la construcción de la de Amón P. Montet ha calculado que se utilizaron cuatro toneladas y media de oro). Remolcadas a la sirga río arriba llegaban a Opet del Sur, y allí residía la divina familia durante un período de diez días, durante los que la alegría y la fiesta imperaba por doquier. El contenido de las ceremonias que se practicaban en el Santo de los Santos del templo de Luxor nos es desconocido. La fiesta concluía con el regreso de la Tríada al recinto de Karnak con el mismo ceremonial y esplendor de días atrás.

De todo el conjunto de la Sala Hipóstila, las doce columnas del corredor central son las más grandiosas y dignas de admiración. Sus capiteles papiriformes de estilo abierto soportan enormes arquitrabes que elevan el techo en esta parte central a veintitrés metros de altura. Añadamos que el perímetro de cada columna en su parte superior es de quince metros. El resto de las ciento veintidós columnas papiriformes de capitel cerrado, situadas por mitades a ambos lados del corredor principal, soportan techos un tercio más bajos que el del central; entre ambos techos existía ( y aún quedan restos) una especie de ventanales de piedra calada que permitían la entrada de los rayos solares de un lado a otro del recinto.

Sus muros y los fustes de las columnas, constituyen las páginas eternas del libro de piedra en cuyos registros se recogen las campañas guerreras de Seti I, de Ramses II, las ceremonias religiosas de culto a diversas divinidades por dichos faraones y, en fin, la mayoría de los nombres de los ramésidas.

Podemos contemplar la procesión de las barcas, la purificación del rey, la entrega de los cetros por Amón, etc. En la cara Norte del muro Norte las campañas victoriosas de Seti I, figurando las de Ramses II en la parte Sur de su muro Sur. Este conjunto debe ser imaginado, para hacerse una aproximada idea de su magnificencia, revestido de su rica policromía que aún se conserva en ciertos lugares de la Sala, sobre todo en los capiteles y en algunos arquitrabes.

EL TEMPLO A PARTIR DE LA XX DINASTÍA

Los faraones siguientes sólo realizaban en Karnak trabajos de índole menor (excepción hecha de Taharqa rey etíope de la dinastía XXV, que elevó delante de las cuatro puertas del conjunto de Karnak monumentales columnas de propileo de las que constituye una muestra la columna que se alza en el gran patio del templo de Amón).

Ramsés III construyó en Karnak un pequeño santuario (cerca del ángulo Noroeste del III pilono y dos templos más, uno en el recinto de Mut y otro delante del II pilono (al Sur del gran patio). Este templo, bastante bien conservado, se encuentra situado parte en el interior y parte en el exterior del gran patio de Karnak. Los arquitectos de los reyes bubástidas interrumpieron el muro en este lugar cuando construyeron el muro Sur del gran patio. En dicho templo, dieciséis estatuas situadas en el patio representan al rey con vestiduras propias del ritual de la fiesta Sed, mientras que otras cuatro estatuas análogas preceden el vestíbulo-pórtico. El pórtico Sur da acceso a una estancia divida en dos naves por una hilera de cuatro columnas papiriformes con capiteles cerrados. Por dicho lugar se accede a una sala hipóstila cuyo techo está soportado por otras ocho columnas. Por fin el santuario (que propiamente estaba destinado a recibir la barca de Amón), tiene a derechas e izquierda dos salas para las barcas de Mut y Khonsu. Saliendo del templo y en el ángulo Noroeste del gran patio ( casi pegado a la mitad Norte del I Pilono), se encuentra el templo de Seti II, compuesto de tres capillas, cuyas puertas están encuadradas en cuarcita rosa; este templo tenía también como finalidad ser el reposadero de las barcas de la tríada tebana.

Las obras de los últimos ramésidas son poco dignas de mención por su importancia e interés; pequeñas restauraciones, modificaciones secundarias y, lo que constituye la prueba de su decadencia., la ejecución de textos y representaciones dedicadas a la gloria del sumo sacerdote Amen-Hotep del final de la XIX dinastía, lo que prueba la decadencia de los reyes que a la muerte de Ramses XI traería la subida al trono en Tebas del Gran Sacerdote Heri-Hor.

Como se decía más arriba, el gran patio que recoge los últimos templos descritos alberga, entre otros restos, los de un quiosco gigantesco formado en otro tiempo por dos hileras de cinco columnas con capiteles papiriformes abiertos a una altura de veintiún metros, debiendo sostener un techo de madera o, según otras versiones, un gran velo. Construido por Traga; tiene también los cartuchos de Psámetico II y de Ptolomeo Filopátor.

Las estatuas de carneros alineadas contra la fachada Sur del gran patio muestran los restos de las reformas llevadas a cabo por los reyes bubástidas, quienes las retiraron de su primitivo asentamiento a la entrada del II pilono, donde existía una avenida de esfinges.

Un rey desconocido construyó el I pilono, que hoy resulta ser la fachada principal del templo de Amón en su parte Oeste. En 1978 nada podía permitir imaginar que debajo de los escombros existentes contra la fachada exterior de este pilono, habría una serie de restos de sumo interés, entre los que pueden contarse una dársena rodeada de muelles, donde venían a desembarcar las naves divinas, así como una tribuna cúbica por encima del nivel de las aguas, además de la avenida de esfinges que encuadraba el pavimento enlosado de una vía procesional.

Después de tantos siglos de esplendor, el saqueo de Tebas por Asarhadón en el año 672 a.de C., seguido del de Asurbanipal en el 665 a. de C., arruinaron el dominio de Amón. Esta labor vandálica se vio completada por el desgraciado terremoto del año 27 antes de nuestra era, que completó la triste labor destructiva del hombre con el hundimiento de techos y caída de columnas. Los emperadores romanos pusieron en marcha restauraciones incompletas y de cualquier manera torpes. En realidad se remitieron más a considerar a Karnak como un almacén donde surtirse de objetos de arte y obeliscos, que fueron trasladados a Roma y Bizancio que a cuidar de reponer y mantener vivo el templo.

El año 383 marca de modo definitivo la aceleración de las destrucciones iniciadas mil años antes al ser suprimidos los cultos paganos por el emperador Teodosio, declarando única religión oficial al cristianismo. Las consecuencias posteriores fueron las naturales de la época turbulenta que vivió Egipto. Los templos desacralizados, sin significado religioso ya, brindaban a los pobladores de la zona, tras sus sólidas edificaciones de piedra, la seguridad que no podían obtener en sus poblados al aire libre; por ello, se establecen dentro de los templos y convierten las salas de aquéllos en iglesias y sacristías. Se muestran visibles los frutos de la saña iconoclasta de los cristianos de la época, quienes martillearon concienzudamente cuantos relieves estaban a su alcance, pensando que las imágenes de los dioses servían de habitáculo a los demonios.

El tiempo, los vientos y las tempestades de arena fueron más caritativos con el dominio de Amón que los propios hombres. Borraron del recuerdo el nombre mismo de Amón y el emplazamiento de su morada, las arenas cubrieron con su manto protector las ruinas, facilitando de este modo el sueño y la protección de sus restos como guardianes intemporales.

Hoy, ciento cincuenta años arduos de trabajo, prácticamente ininterrumpidos, apenas han conseguido borrar del recinto sagrado su aspecto decadente y ruinoso. Pero ¿se puede esperar otra cosa cuando se pretende restaurar la obra ejecutada por verdaderos ejércitos humanos durante cerca de 2.700 años.

En 1967 se creó el Centro Franco Egipcio de estudio de los templos de Karnak, junto con una Misión permanente en dicho lugar, encargada de trabajar a perpetuidad en este inmenso yacimiento. Su labor es indudablemente excepcional, tanto por su calidad, cuanto por su envergadura, pero ¿por qué no hacer a Karnak objeto de la misma colaboración que se produjo para el salvamento de los templos de Nubia? Se echa en falta la participación internacional, porque hoy ya no son admisibles las parcelas privadas en el patrimonio cultural de la humanidad. Y en tal supuesto ¿por qué España no habría de estar representada en tal obra? Técnicos y estudiosos no nos faltan y ya es hora que nos alejemos de los tiempos de nuestro ostracismo en el mundo de la egiptología que necesita de todos.

BIBLIOGRAFIA:

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VANDIER, J. : ” Manuel d´Archeologie Egyptienne ” Tomo II. París 1955

MONTET, P. : “La vie Quotidiense en Egypte. (XIII-XII Siecles a.J.C.)”. Paris 1974

LAUFRAY, J.: “ Karnak d´Egypte. Domaine du divin”. Ed. C.N:R.S. Paris 1979

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Un personaje fuera de lo común: Amen-Hotep, el hijo de Hapu

HISTORIA

Verónique Laurent Les Dossier D’Arqueologie-nº 180 Marzo de 1993

Algunos hombres dejaron a la posteridad una impresión tan fuerte, que las creencias del pueblo los asemejaron a los dioses; como por ejemplo Amen-Hotep, el hijo de Hapu, el arquitecto del faraón Amen-Hotep III. Sus capacidades, su sabiduría y su gran experiencia le valieron los favores del rey, quien lo llenó de honores y títulos.

El dijo “Yo soy un verdadero ser de élite en medio de la masa de los humanos”. ¿Quién es entonces este hombre que habla de si mismo con tanta modestia?. Nació en Athribis, ciudad provincial situada al este del delta, fue hijo de un hombre llamado Hapu, que no llevó más título que el de “Sap”, que significa dignatario y su madre llamada Itou, tenía únicamente el título de “Per-Nebt”, Señora de la Casa; por lo tanto fue de familia de origen relativamente modesto. El mismo llevó un nombre muy común; en esa época cuatro faraones lo llevaron y es por eso sin duda que su filiación es específica sobre todos sus monumentos importantes como “Amen-Hotep el hijo de Hapu”. Tenía un apodo que era muy poco usado, Houy.

Si bien muchos autores se han enfocado a este personaje, nuestro propósito es simplemente demostrar a través de la evidencia, que él ha dejado, si se pueden retrasar fácilmente las etapas de su carrera, pocos hechos que explican su renombre en vida y éstos que sin duda fueron muy importantes, son menos perdurables que los que se le concedieron después de su muerte. Esta notoriedad está sin duda apoyada en los elementos que no surgiendo de las evidencias escritas, escapándoseles así a los arqueólogos, de todas formas se pueden ver en evocaciones de los pequeños indicios.

Amen-Hotep, el hijo de Hapu, ha dejado un gran número de estatuas, la mayoría conservadas en el Museo de El Cairo, cuatro descubiertas en el Templo de Amon: dos estatuas de escriba, una de forma cúbica en la que se le representa como un hombre viejo en el Templo de Mut y otra en donde está representado de pie en el Templo de Khonsu; a éstas se aumenta una más fragmentada que se encuentra en el Museo Británico donde la inscripción muestra que viene de Tebas. Otra escultura fue encontrada en Athribis y por último, en el Museo de El Cairo se conserva un fragmento de procedencia desconocida. Todas ellas a excepción de la estatua cúbica de Karnak, son de granito extremadamente pulido como se usaba en los tiempos del faraón Amen-Hotep III.

TITULOS Y CARRERA

Dejemos hablar a este hombre a través del hallazgo de la estatua en piedra calcárea encontrada en Karnak dentro del gran Templo de Amón al pie del VII pilono.

Contenía un extenso texto autobiográfico que nos da luz sobre tres etapas de su carrera: “El Buen Dios, el rey del alto y el bajo Egipto Neb-Maat-Ra (Amen-Hotep III), el hijo primogénito de Horakhty habla en mi favor y él me nombre Escriba Real”. Es a partir de esta denominación que Amen-Hotep el hijo de Hapu, estudia los textos sagrados y penetra en los secretos de Thot, dios de la escritura y la magia, y se convierte en un ser digno de una exagerada confianza al cual todos consultaban voluntariamente.

Después mi maestro, el rey del alto y el bajo Egipto, renueva sus favores y me nombra “Escriba de los Reclutas” y pone bajo mi autoridad a numerosas personas para re-censarlas y colocarlas en los puestos apropiados. El tuvo el poder de patrullar el país tanto en la tierra como en el agua.

Por último dice: “Mi maestro me renovó por tercera vez sus favores y me nombró Jefe de Todos los Trabajos”. Es entonces cuando el servidor fiel alcanza su máximo punto de honor y sobrepasa todo lo que había hecho antes para la gloria de su soberano, realizando monumentos incomparables. Es además de un servidor fiel un amante “Yo actúo con el amor de mi corazón poniendo en obra la realización de su réplica”; él precisa que se trata de estatuas inmensas que sobrepasan la altura de los pilonos. Las piedras habían sido extraídas de la “Prodigiosa Montaña de Gres”, en Djebel Ahmar, situada al noreste de El Cairo, donde ejerció su actividad como jefe de trabajos de la montaña de gres. El construyó una gran barca para remontar el río e instalar las estatuas en Tebas; se llevaron entre otras los grandes colosos de Mennon que se encuentran en la ribera oeste que aún guardan aquel que fue el dominio funerario de Amen-Hotep III. Es de llamar la atención que su autobiografía no marque un momento del inicio de su carrera hasta el reinado de Amen-Hotep III; todos estos honores fueron cuando ascendió al trono este faraón, y Amen-Hotep, el hijo de Hapu, era ya un hombre maduro.

Se sabe en efecto que tenía 80 años, alrededor del año 30 del reinado de Amen-Hotep III y que murió poco después, entonces debió tener unos 50 años cuando el soberano lo distinguió por primera vez. Se ignora todo sobre su carrera en los reinados precedentes; nacido durante el reinado de Tutmes III, el realiza su aprendizaje de escriba durante el reinado de Amen-Hotep III.

La estatua de piedra calcárea que se encontró en Karnak no contiene los tres títulos que se evocan; esto parece extraño, mientras que lleva una larga inscripción con un ardiente panegírico de cualidades morales de Amen-Hotep el hijo de Hapu: perspicacia, complacencia a su prójimo, leal confidente de su maestro, quien parecía amarlo particularmente.

En efecto este hombre no tuvo sólo estos aparentemente modestos, con la excepción del de “Jefe de Trabajos”, llevado por renombradas personalidades, como los visires Ptahmes, Ramose y otros Amen-Hotep.

La inscripción en la estatua cúbica descubierta en Karnak, en el templo de Mut, está esencialmente asociada por la lista de sus importantes títulos. Ahí se encuentran naturalmente los tres anteriores a los que se les adjuntó los de: noble, principal, canciller del rey del norte, portabanico a la derecha del rey, profeta de Amón, jefe de los sacerdotes de Horus, intendente de la gran hija real, Sitamón, sacerdote Sem (principal) de la casa de oro de Amón, aquel que está a la cabeza de grandes tropas. Sobre la escultura en que se le representaba como a un hombre anciano, se encuentran los mismos títulos pero los dos últimos desaparecieron y fueron reemplazados por jefe de trabajos del rey para todos sus monumentos y jefe de ganado de Amón.

Es un poco peligroso sacar información precisa de estos títulos ya que todavía no se conoce su significado exacto. Amen-Hotep, el hijo de Hapu, parece haber ejercido en el norte la función de canciller del rey del norte y una función sacerdotal en su pueblo natal: jefe de los sacerdotes de Horus, Señor de Kem Our, pero estas funciones no cuentan como las más importantes. El título más elevado que recibió, y que fue el único en llevarlo, fue el de intendente de la gran hija real Sitamón.

Sin embargo, las dos funciones que parecen haber sido esenciales ante sus ojos fueron las de “Escriba Real” y “Escriba de los Reclutas”. Estos dos títulos aparecen sin excepción en todas sus estatuas.
Posiblemente significaban a los ojos de la época, una distinción del rey y así él se vuelve cada vez más importante.

EL FAVORITO DEL FARAÓN

Es claro que el favorito del soberano Amen-Hotep III, siguió a su maestro al palacio de Malkata, sobre la ribera oeste de Tebas, pero jamás olvidó a su pueblo natal, lo que demuestra su reputación de fidelidad que nunca estuvo en duda. No solamente porta su título sobre la estatua que lo representa como un hombre de edad, sino él, en ella, narra sus acciones y aquellas de su soberano: “yo soy un hombre que convierte a su pueblo en Estado y quien hace que desaparezca la pobreza en todo el lugar. Mi maestro hace cosas útiles para mi dios Khenty-Khety e hizo una morada para el dios local……Mi maestro agrandó mucho mi ciudad”. (Traducción de P. Vernus).

Sobre la figura de piedra calcárea él añade que había dado una nueva sepultura a su padre y enterrado a su madre, prueba de amor filial obligatoria en el Antiguo Egipto. Pero se sobreentiende que su soberano le daba los recursos suficientes para enfrentar el gasto considerable que implicaban estas obras arquitectónicas: pintura, mobiliario, etc, sin contar con los gastos considerables necesarios para establecer un culto a perpetuidad.

Sabemos que Amen-Hotep III celebró tres fiestas de jubileo al final de su reinado; la primera en el año XXX, la segunda en el XXXIV y la última en el año XXXVII. El confidente y amigo único del rey participa en ellas. Efectivamente sobre un fragmento de su sarcófago conservado en Grenoble, nosotros encontramos pruebas de que tomó una parte activa en la organización de la fiesta Sed: él es nombrado “legatario del rey por la ocasión de las fiestas de jubileo”.

Nosotros nos vemos tentados a decir que era el representante del rey y que él fue quien dirigió la organización de las fiestas, pero su papel y sus atribuciones no están definidas. Sin embargo, él fue recompensado por sus actividades como lo demuestra un fragmento en la pintura de su templo funerario acompañada del siguiente texto: “En el año 30, en el tercer mes del verano, el décimo día, el verdadero escriba del rey a quien él ama…. Amen-Hotep, adjetivo Mer (título honorífico) por la celebración del primer jubileo de su majestad, recibe ornamentos de oro. Un collar de oro y de todas las piedras preciosas fue colocado en su cuello; él estaba sentado sobre un cojín de oro enfrente del estrado, sus miembros envueltos en telas delicadas, de un lino de primera calidad”.

Amen-Hotep III mandó construir en Soleb, al nivel de la segunda catarata, un templo dedicado a Amón y a su propia imagen divinizada.

El lo hace consagrar por su primera fiesta de jubileo; sin duda Amen-Hotep, el hijo de Hapu, toma una parte activa en su construcción ya que estuvo representado en numerosas escenas; en una de ellas aparece consagrando una puerta golpeándola con una maza al lado del rey. Los favores reales nos e detienen en las siete estatuas descubiertas en Karnak; sobre cuatro de ellas se lee la mención “Colocada por el favor del rey en el templo de Amón, Ipet Sout (Karnak). Este favor no era tan especial. Amen-Hotep III hizo lo mismo con otro Amen-Hotep, gran intendente de Memfis; sin embargo otorgar este favor cuatro veces al mismo personaje no era usual y dos de ellas, las del décimo pilono, fueron colocadas en un lugar muy importante, a la entrada del templo, al pie mismo del coloso de Amen-Hotep III (donde fueron encontradas junto con dos estatuas del visir Paramesus, el futuro Ramses I).

En fin, como favor único, el rey gratifica a su servidor fiel con un templo funerario sobre la ribera oeste, un poco al norte de su propio templo funerario, pero no se trata de una simple capilla, sino de un edificio de dimensiones respetables conteniendo todos los elementos de un verdadero templo. Descubierto en 1934, fue estudiado por C. Robichon y A. Varille. La puerta de entrada se abre sobre un patio o sala con un estanque central con árboles cultivados en 20 pozos excavados en la roca y rellenados con tierra vegetal; también se encontró una terraza en el segundo pilono, en donde se guardaba el templo propiamente dicho y se abría sobre otro patio bordeado de columnas al cual el pueblo podía acceder, dado que se había hecho una amplia gama de relieves con invocaciones. Bajo estos pórticos se abrían cuatro capillas decoradas con pinturas murales. Una de ellas permite entrar a la parte escondida del templo, compuesta de una gran sala abovedada que da acceso a tres santuarios. El primer patio central que contiene el estanque rodeado de árboles, es sin duda el elemento más original del templo; puede ser que jugara el papel de lago sagrado, donde las aguas puras eran necesarias para el culto diario, o que también la sala central y el estanque representaran el embarcadero o canal utilizado por la barca sagrada.

Es especialmente digno de interés el plano del complejo y la presencia de una bóveda, elemento raro en la arquitectura egipcia. Se trata del templo funerario de un hombre que había concebido una gran parte de las construcciones de su soberano. Aparentemente, el faraón había acordado darle por sus méritos un último favor insigne, que no era tanto de orden material sino que así introducía a su fiel consejero a la posteridad. El faraón lo pone como un intercesor entre el pueblo y el dios del Imperio, Amón. Es todavía dentro de las estatuas del décimo pilono en donde se reconoce el papel de intercesor.

Esas dos estatuas lo representan en actitud de escriba, sentado con las piernas cruzadas, el papiro desenrollado sostenido en la mano izquierda lista para escribir, ellas son muy parecidas: Amen-Hotep en una figura de joven, sin arrugas usa una peluca bipartida compuesta de mechones y bucles, sobre el hombro izquierdo le cuelga la paleta de escriba y sobre el derecho el cartucho de su soberano. La hechura muy cuidada del estilo de los rostros y las cejas delgadas con los párpados marcados salientes, la boca generosa remarcada por un reborde, evocan la estatuaria real de Amen-Hotep III y de numerosos dignatarios del régimen. Sin embargo, las cabezas agachadas hacia el frente de estas dos estatuas ilustran maravillosamente por su expresión calmada y atenta, a aquel que debe escuchar. Sobre una de ellas él cuenta que ha sido nombrado “Jefe de trabajos de la montaña de Gres” y que ha realizado monumentos bellos y grandes en la Heliópolis del norte y en la del sur (Tebas).

Sobre la base dice “Oh gente del Karnak que desea ver a Amón, venid a mi y yo transmitiré vuestras súplicas, yo soy el heraldo de este dios, el mismo Neb-Maat-Ra me ha designado para transmitir sus palabras a las dos tierras. (Traducción J. Yoyote).

Es decir, que así aquel que era el confidente del rey, era el que trasmitía las súplicas de sus contemporáneos, autorizado para ocupar eternamente el mismo papel al lado del dios, ya que por ellas, sus estatuas, su cuerpo y también toda su personalidad estereotipada fijada eternamente sobre la piedra habitaba para siempre en el templo de su dios Amón.

Estas dos estatuas han debido ser objeto de fervor de los fieles, ya que los papiros desenrollados presentan importantes trazos de un uso de devoción, del cual ellas han sido objeto.

UNA FIGURA CASI LEGENDARIA

Antes de examinar algunos testimonios de lo que se volvió Amen-Hotep, el hijo de Hapu, después de su muerte, hay que examinar dos estatuas que difieren de las otras: la de pie descubierta en el templo de Khonsu y la que representa como un hombre de edad. Estas dos esculturas impresionan por su arcaísmo, sin duda ellas indujeron el tipo de estatuaria del Imperio Medio, con una cierta rigidez y hieratismo.

Los rasgos de juventud en la estatua de pie se reconocen también perfectamente en la de cuclillas. Ambas portan la misma peluca excepto que la del hombre de edad estaba dividida por una raya. Este está vestido con una falda que termina bajo el pecho en un nudo, las manos estaban posadas sobre los muslos, los párpados cubrían la mitad del ojo, las órbitas estaban hundidas, dos arrugar paralelas encuadran su nariz, la boca saliente está delimitada, el mentón es de buen gusto.

Esa cara marcada recuerda la cara de Sen-Usert III, (Sesostris III), representada a una edad muy avanzada, pero se agrega aquí una expresión meditativa. El parecido es tal que para algunos autores podría ser una estatua rehusada o usurpada. H. Sourouzian que ha estudiado minuciosamente esta estatua concluyó que a él le recuerda las de la dinastía XIII, con características de las dinastías XII y XVIII.

Como quiera que sea, piensa que estas estatuas recuerdan al pasado. A los ojos de los antiguos egipcios todo lo antiguo es sagrado; sin duda la erudición de Amen-Hotep, el hijo de Hapu, le ha permitido conocer las riquezas y los secretos de ese pasado. El supo beneficiarse a su rey y a sus contemporáneos con sus conocimientos, lo cual ha contribuido a establecer su renombre.

Falleció después del primer jubileo. Su templo funerario debió haber sido terminado en el año treinta y uno. En la época amarniense estas estatuas fueron dejadas intactas, sólo la del nombre de Amón fue ligeramente martillada. En la época ramésida se conservan rastros de existencia de servidores en su templo funerario. Un decreto grabado sobre una estela conservada en el Museo Británico, fechada en la dinastía XXI, pretende haber sido redactado en el año 31 del reinado de Amen-Hotep III. El establece la fundación del templo funerario. Este documento, sin fecha, prueba que el culto de Amen-Hotep, el hijo de Hapu, encontró un aumento de fervor. ¿En aquella época se convierte el sabio en médico para el fervor popular?. Nadie lo sabe, pero ocho siglos más tarde, una princesa hija de Psammético Y, clama a él: “Oh noble Amen-Hotep hijo de Hapu, el justificado, ven oh! buen médico, mira yo sufro de los ojos. Así tu puedes hacer que yo sane inmediatamente”. (traducción H. Wild).

En la época grecorromana se han encontrado indicios de la veneración de la que fue objeto: relieves en los templos, una capilla en Deir-El-Bahari, una estatua colosal en Karnak sobre ostracas…. Su culto alcanza el más alto nivel puesto que él fue deificado.

Hay que precisar que en ciertos monumentos, mucho tiempo después de su muerte, están puestos los títulos de “escriba real” y “escriba de reclutas”, ambos mencionados de manera importante, dándosele preferencia al primero y siendo más resaltados que aquel de “jefe de trabajos”. Aunque en estos monumentos tardíos tenga como compañero a uno de sus grandes predecesores: Inhotep, el arquitecto de la pirámide de Zoser, que es conocido con la misma celebridad. No es a sus talentos de constructor que Amen-Hotep el hijo de Hapu debe el fervor de sus fieles, sino a la ciencia que supo adquirir como escriba real, función aparentemente oscura que su talento llevó al más alto nivel permitiéndole ascender al rango de divinidad.

Traducción Lic. Gabriela Arrache V.

NOTAS

[1] Secretaria del Comité Ejecutivo de la “Socciété Fançaise D’Egyptologie”, en Paris Francia. Este artículo fue escrito para la revista “Les Dossier D’Arqueologie”, número 180, correspondiente al mes de Marzo de 1993. Ella es también autora de diversos libros sobre el tema.

BIBLIOGRAFÍA

C. ROBICHON Y A. VARILLE.: El Templo del Escriba Real A-Hotep, Hijo de Hapu. Edit. Ifao II, 1936
A. VARILLE.: Inscripciones Concernientes al Arquitecto Amenhotep Hijo de Hapu. Biblioteca de estudios T. XVI. Edit: Ifao 1968.
D. WILDUNG.: Imhotep y Amen-Hotep. Bérlín 1977.

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Los reyes que cayeron del cielo

FARAONES, HISTORIA

Por D. Federico Lara Peinado.

Los primeros monarcas encontraron la justificación ideal para asumir el poder y no soltarlo: ellos eran los elegidos de los dioses. A partir de ahí, sólo tuvieron que tejer la red que les permitiera perpetuarse

Desde el principio de los tiempos, los poderosos se las arreglaron para atribuir un origen divino a su legitimidad para erigirse en reyes o gobernantes. Diversos textos míticos mesopotámicos –Enuma elish, Poema de Atrahasis- relatan cómo se originaron el cosmos y los dioses, y cómo éstos crearon a los hombres y eligieron a algunos de entre ellos como depositarios de su autoridad.

Especialmente, el segundo de los textos citados, redactando hacia 1630 a.C. ilustra muy gráficamente cómo veían el origen del poder aquellas sociedades. Presenta a los Grandes Dioses ya creados, controlando las diversas partes del cosmos y a los dioses menores –los igigi- realizando trabajos y asumiendo la fatiga…en definitiva, comportándose como si fueran humanos. Y así fue hasta que un día, hartos de pasar penalidades, los igigi se rebelaron, logrando que los Grandes Dioses crearan a los hombres -awilu- para que trabajaran por ellos. Con carne y sangre divina mezclada con arcilla se dio nacimiento al primer ser humano, y creado aquel prototipo, se dio paso a la formación de catorce matrices-siete varones y siete mujeres- a partir de las cuales se generó el resto de la humanidad. Asimismo, a fin de que la vida se organizara de modo adecuado y no perturbara el descanso divino, los dioses dictaron las normas que debería seguir la raza humana y recogieron a una serie de personas como sus representantes en la tierra para que gobernaran en su nombre. Así instauraron una monarquía –nam-lugal-, se elegía a alguien dotado de excepcionales cualidades que se ocupaba de organizar todo lo relativo a los dioses, dueños, absolutos de bienes y personas, así como de los asuntos comunitarios, en particular de la irrigación de las tierras, la justicia y la guerra.

ERIDU FUE LA PRIMERA CIUDAD Y ALULIM, EL PRIMERO DE LOS MONARCAS.

Viendo que la monarquía era cosa buena, pues facilitaba el bienestar de las gentes un proverbio sumerio decía que un pueblo sin rey era como un ganado sin pastor-, los dioses decidieron enviarla, junto con su símbolo –el cetro-, a la ciudad de Eridu (hoy, Abu Shahrain), en el sur de Irak. Y el escogido como rey fue Aulim, a quien concedieron una vida de 28.800 años.

CON LA DINASTÍA ARCADIA, LA REALEZA ALCANZÓ COTAS POLÍTICAS Y RELIGIOSAS.

Un extraordinario documento historiográfico, conocido como Lista Real Sumeria, y repetido en 15 copias – la más significativa, grabada en un prisma de barro (WB 444), fue redactada en Nippur por un sacerdote llamado Nur-Ninshubur-, contiene la referencia a los más remotos tiempos de Mesopotámia. El documento es básico por la importante información que facilita acerca de los orígenes de la realeza. A pesar de la emisión de algunas dinastías (la de lagash, por ejemplo), fija por escrito los acontecimientos vividos en las ciudades mesopotámicas, los nombres de sus monarcas y la duración de sus reinados, todo ello enmarcado en el cuadro de una cronología universal diacrónica, conectada con el origen de los tiempos.

DIVERSOS TEXTOS APOYABAN EL ORIGEN DIVINO DE LA AUTORIDAD.

La historia de las monarquías mesopotámicas se presenta en dicho documento como un desarrollo continuo en el tiempo, en el contexto de un fortísimo poder real, creado y legado a los hombres por los dioses. En su aspecto ideológico sirvió para apoyar la doctrina política que afirmaba la legitimidad de la monarquía como única forma de gobierno posible y que, pasando de una ciudad-Estado a otra, posibilitaba el desarrollo pleno de una institución sacrosanta e intocable, que había descendido del cielo.

La lista Real Sumeria no era el único documento que reflejaba la idea del origen divino de la monarquía. Otras crónicas posteriores, como la Crónica Real de Lagash, la Crónica Weidner, la crónica real Babilónica y la Crónica dinástica, aludían al establecimiento de la realeza en el país y reseñaban sus reyes. Todas ellas señalaban como causa por la cual la monarquía había tenido que descender del cielo por dos veces a la Tierra el hecho de haberse producido un cataclismo de inusitadas consecuencias –un diluvio universal-, del que tan sólo unas pocas personas habían podido sobrevivir gracias al favor de los dioses. Es cierto que antes del diluvio varios reyes habían gobernado ya en diversas ciudades. -cinco, según los documentos-. Pero el recuerdo de la inundación, supuestamente enviada por los dioses contra los hombres a causa de su mal comportamiento, quedó anclado en la memoria colectiva de Mesopotámia, inspirando mitos, poemas y documentos históricos que acabarían vertiéndose en la Biblia.

En todo caso el prisma WB 444, después de recoger las dinastías antediluvianas, dice: “El diluvio lo niveló todo. Después la realeza, descendiendo del cielo, quedó fijada en Kish”, donde se hallaron los restos de los más antiguos palacios mesopotámicos. A continuación enumera el listado de los 23 reyes que gobernaron dicha ciudad durante “24.510 años, tres meses y tres días y medio “. Con Kish y sus monarca se da paso a los tiempos del llamado Dinástico arcaico, de complejo contenido histórico y que puede dividirse en tres grandes épocas: la primera (2900-2700 a.C.), con reyes tan prestigiosos como Elana -protagonista de un relato mítico-. Enmebarageis, Arga, y Mesilim; la segunda (2700-2550 a.C.), durante la cual gobernaron los reyes de la primera dinastía de Uruk, destacando entre ellos Enmerkar y el poderoso Gilgamesh; y la tercera (2550-2316 a.C.), a la que pertenecieron los monarcas de la primera dinastía de Ur, de Umma de Kish, de Adab y de Ashak; además de otros monarcas de otras ciudades extranjeras (Mar, Awan, Hamzi). Con la tercera dinastía de Uruk, controlada por el rey Lugalzageis, finalizaban los tiempos del Dinástico arcaico, dándose paso a la etapa de los monarcas acadios, encabezados por Sargón de Akkad. Con esta dinastía la realeza alcanzó nuevas cotas políticas y religiosas Mesopotámia se convertiría en imperio y sus reyes en dioses.

Si en Egipto el primero de los hombres en llegar al cielo había sido el faraón, también en Mesopotámica sería un rey el primer humano en llegar al paraíso para argumentar tal ascensión se elaboró un interesante relato –el citado mito de Etana-, que en tiempos babilónicos conocería una amplia difusión y que serviría de base para justificar la necesidad de la monarquías como gobierno ideal.

El relato cuenta que cuando en la tierra aún no existían reyes y las insignias del poder yacían en los cielos ante el dios Anu, los dioses Anunnaki, a quienes incumbía fijar los destinos, decidieron buscar un rey para los hombres y eligieron a un pastor llamado Etana. Al principio todo fue bien, pero Etana se dolía de no tener descendencia y, por tanto, de interrumpir la línea monárquica. A fin de solucionar el problema pidió al dios Shamash, titular de la Justicia, que le concediera la hierba del alumbramiento para que su esposa pudiera darle un hijo, y Shamash le mandó a la montaña, donde hallaría respuesta a su petición. Con anterioridad, en ese lugar se había producido una disputa entre un águila y una serpiente que compartían el mismo árbol, sin embargo, un día el águila, pese a las advertencias de uno de sus aguiluchos, decidió comerse las crías de la serpiente. Ésta fue a quejarse a Samash, el cual le dijo que fuera a la montaña. Donde encontraría a un búfalo al que debería abrir las entrañas y esconderse en su interior; cuando el águila acudiera a comerse los despojos, tenía que cogerla cortarle las alas y arrojarla a un foso para que muriera de sed y hambre. Y así lo hizo. Pues bien, Etana, cuando a su vez subió a la montaña, encontró al águila que agonizaba lentamente en el foso. Siguiendo los consejos de Shamash, el rey pastor le habló de su problema, pidiéndole ayuda para obtener la hierba del alumbramiento, cosa a la que accedió el águila a cambio de que le ayudara a recuperar sus fuerzas. Durante ocho meses, Etana le procuró alimentos hasta que el animal pudo remontar el vuelo.

TRAS POSTRARSE ANTE LOS DIOSES, ETANA Y EL AGUILA SE PRECIPITARON AL VACIO

Entonces se ofreció a Etana para transportarlo al cielo de Anu. El rey, esperando alcanzar la ansiada hierba, subió sobre el águila y ambos se echaron a volar. Llegados al cielo se postraron ante los dioses, pero al elevarse aún más, se precipitaron al vacío. En ese punto, el texto se interrumpe, ignorándose el final.Sin embargo, dado que el Prisma WB 444 recoge a Balih como hijo y sucesor de Etana, no hay duda de que la historia terminó bien para el rey y el águila.

Con este relato, el anónimo poeta trataba de decir que la cabeza no se podía transmitir de padres a hijos sin la ayuda de los dioses, y que eran éstos quienes proveían a los hombres de sus representantes administrativos, los llamados en. Éstos, además de cumplir sus específicas funciones religiosas (alimentación de los dioses, festividades y ceremonias, cuidado de los templos), también eran responsables del sistema hidráulico y de la adecuada explotación de las tierras, propiedad en los primeros tiempos de las divinidades. En el supuesto de producirse situaciones excepcionales (conflictos armados, desastres naturales), la ciudad se dotaría de un líder guerrero (lugal o sharru) para hacerlas frente. Después, el lugal quedará desposeído de todas sus prerrogativas extraordinarias. Sin embargo, por razones que se ignoran- ¿ambición personal, necesidad social?- el cargo de lugal pronto hubo de aceptarse el de en y a veces incluso sustituirlo.

En cualquier caso, los dos centros de poder de las ciudades sumerias, en sus aspectos económicos, sociales y políticos, fueron el templo -egal makh- y el palacio –egal-, gobernados en sus orígenes por un único personaje –el en-que a partir de 2500 a.C., aproximadamente, sería sustituido por el lugal. Con ello la institución monárquica, tan celebrada en los textos religiosos e históricos, cobraría su real sentido y significado. La conexión del Lugal con la divinidad motivó la creencia de que su autoridad civil se iba asentando cada vez más en la elección divina antes que en las decisiones humanas, tomadas en las asambleas. Los textos hablan claramente de que el cargo de rey era de origen divino y que la realeza descendía de los cielos. No faltaron ocasiones en las cuales los dioses debían quitar el cargo de rey a una persona para dárselo a otra. Las derrotas militares o los golpes de estado justificaban esa actuación divina.

Entre los reyes de Uruk hubo, según algunos textos sumerios, tres especialmente heroicos: Enmerkar, Lugalband, y Gilgamesh. El ejemplo de este último –dos tercios divino y un tercio humano- fue paradigmático. Hijo de un sacerdote, Gilgamesh accedió al trono por sus hazañas y muy pronto fue protagonista de un ciclo épico –mítico de siete episodios que, retomados y adaptados por los copistas babilonios y asirios, darían origen al magno texto que lleva su nombre. En el Poema de Gilgamesh, el rey aparece como un joven monarca, defensor de sus súbditos y de su ganado, pero que abusa de su poder despótico. Los lamentos del pueblo llegaron a oídos del dios Anu, el cual ordenó a la diosa Aruru que creara un ser parecido -un doble del tirano – que le hiciera frente.

UN GOBERNANTE HEROICO PERO MORTAL, EN BUSCA DE LA ETERNA JUVENTUD.

Entonces Aruru creó a Enkidu quien, en vez de convertirse en rival de Gilgamesh, acabaría siendo su amigo. Ambos héroes corrieron todo tipo de aventuras alcanzando el Bosque de los Cedros, a cuyo guardián Humbaba, dieron muerte. Al despreciar luego los amores de Ishtar, la diosa logró que fuera enviado a Uruk el poderoso Toro del cielo, que también fue muerto por ambos amigos. El desprecio manifestado a Arurru y la sacrílega muerte del Toro acarrearían la enfermedad de Enkidu y su posterior muerte. Gilgamesh, aterrado ante aquel hecho -pues se creía inmortal-, partirá a la búsqueda de la inmortalidad. Así, y después de soportar enormes fatigas, pudo llegar al lugar paradisiaco donde vivía con su familia el salvado del diluvio, Utnapishim, Éste le habló de la planta de la eterna juventud, que Gilgamesh consiguió aunque luego le fue robada por una serpiente, con lo cual el héroe perdió la esperanza de ser inmortal. Desolado y triste, Gilgamesh hubo de regresar a Uruk, su ciudad.

La moderna historiografía no duda en aceptar la historicidad de Gilgamesh, quien debió de vivir hacia 2650 a.C. Con el Poema de Gilgamesh, su autor demostraba la caducidad de la vida, la impotencia del hombre ante la muerte la resignación ante el destino. La única sublimación posible era la de poder forjarse un nombre famosos, la de ser un monarca modelo, asistido por los dioses de quienes, en definitiva, los reyes eran descendientes.

En Egipto sucedió algo parecido. Según los antiguos egipcios, después de la creación del mundo, el país del Nilo estuvo regido por una sucesión de dinastías que inicialmente eran de origen divino y más tarde ya humano. El primer rey fue el Sol-Re-Atum, a quien sucederían por turno todos los miembros de su familia, hasta llegar a Bidis, a lo largo de 13.900 años. Aquellos reinados no se vieron libres de inquietudes, pues sufrieron constantes asaltos por parte de las poderosas tinieblas. La conmoción más seria fue la guerra fratricida entablada entre Osiris y Seth. De aquella lucha, larga y enconada, saldrían victoriosas las fuerzas del asesinado Osiris, mandadas por su hijo Horus, vengador de su padre.

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SEN-EN-MUT, EL PLEBEYO QUE PUDO SER REY.

HISTORIA

Por Teresa Bedman y Francisco Martín Valentín . Directores del Proyecto Sen-en-Mut. Publicado en La Aventura de la Historia, Octubre de 2003.

A principios del reinado del gran Amen-Hotep I Dyeser-Ka-Ra, el segundo rey de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo egipcio (hacia el 1520 a C.), vio por primera vez la luz del luminoso cielo de Egipto, un niño que venía marcado para llegar a ser tan poderoso como el propio rey de las Dos Tierras, a pesar de su humilde origen.

El origen de Sen-en-Mut.

El lugar que le vio nacer, llevaba entonces el nombre de Iuny (la actual Armant) y era un arrabal fronterizo del nomo de Uaset, situado en la orilla occidental del río Nilo, apenas a veinte kilómetros al sur de la gloriosa capital del dios Amón: la gloriosa Tebas.

El pequeño, al que pusieron el nombre de Sen-en-Mut,que significaba ‘el hermano de Mut’,

nació de una sencilla ‘Señora de la Casa’ llamada Hat-Nefer, y su padre fue Ra-Mose, un modesto funcionario local. Podemos imaginar el ambiente en que Sen-en-Mut dio sus primeros pasos; era una época en la que Egipto había iniciado de nuevo su ambiciosa andadura de expansión y poder, después de la expulsión de los invasores hicsos de la sagrada tierra del Nilo .

Iuny era, como se ha dicho, un barrio extremo de la ciudad de Tebas. El centro político y religioso local lo constituía el templo del poderoso dios solar de la guerra, Montu, venerado en la zona desde los tiempos del rey Montu-Hotep II Neb-Hepet-Ra, de la dinastía XI (hacia el 2064-2013 a C.).

Los polvorientos callejones de la ciudad que separaban las frescas casas hechas con adobe, debieron ver jugar a este pequeño, ‘el hermano de la (diosa) Mut’, que, probablemente, ya entonces, soñaba con alcanzar los más altos puestos en el Palacio del rey. Es seguro que el niño Sen-en-Mut destacaba sobre sus compañeros. Él sería el general que mandaba a los soldados del faraón y jugaba a ser el gran constructor de los templos, mientras se quedaba ensimismado escuchando las antiguas historias que hablaban de los dioses y los faraones, y de los héroes que gozaban del favor del soberano de las Dos Tierras. Sus otros cinco hermanos varones le mirarían con admiración y cierta envidia, mientras sus dos hermanas, seguramente pensarían que él era más importante y hermoso que el mismísimo príncipe heredero del trono.

En todo caso, él fue el único entre todos sus hermanos que llegaría a alcanzar importantes puestos en la corte real. Verdaderamente, Sen-en-Mut llevaba en su rostro la expresión del hombre predestinado a ser poderoso entre los poderosos. Sus ojos almendrados y grandes debían tener una profunda mirada que magnetizaba a todos sus interlocutores. Su nariz aguileña, sobre unos labios carnosos y marcados, expresaba la agudeza de su ingenio y su carácter inteligente e inquisitivo, mientras que su firme mentón denotaba su determinación y firmeza para enfrentarse a los problemas y los adversarios.

Sen-en-Mut inicia su carrera.

Cuando alcanzó la pubertad, apenas con diez años, probablemente sería enviado por su padre Ra-Mose a la escuela de Escribas del templo del dios Montu. Era muy importante que Sen-en-Mut aprendiera a leer y a escribir. Siempre recordaría cómo su padre le contaba la historia de Dua-Jety, en la que éste instruía a su hijo Pepy acerca de lo importantes que eran los libros. En ellos residían toda la sabiduría y todo el poder. El hombre que sabía escribir dominaría las palabras de los dioses y, por tanto, podría tener a su disposición todas las oportunidades para llegar hasta lo más alto del mundo.

Concluidos sus estudios en la Casa de la Vida del templo, probablemente ingresó en el ejército del faraón para ejercer sus funciones como escriba. La naturaleza guerrera del dios Montu, patrono de su localidad de nacimiento, no sería ajena a la decisión del joven. De hecho, ser escriba de las tropas del ‘Señor de las Dos Tierras’ en el momento en que Egipto estaba conquistando un vasto territorio de influencia, fuera de sus fronteras tradicionales, en la zona siria y en Nubia suponía un excelente modo de abrirse camino hacia los más altos puestos de la administración real. En todo caso, su vinculación con el clero del dios de su localidad también fue muy importante en la carrera administrativa de Sen-en-Mut. De hecho, llegó a ser ‘Inspector de los sacerdotes del dios Montu de Iuny’.

Así pues, comenzaría a servir al rey Thutmosis I Aa-Jeper-Ka-Ra (hacia el 1496-1483 a C.), llegando a alcanzar en tiempos del sucesor de este, su hijo Thutmosis II Aa-Jeper-en-Ra (hacia el 1483-1480 a C.), si no antes, los primeros puestos de importancia cerca de la casa real.

Sen-en-Mut y Hatshepsut se encuentran.

Sen-en-Mut fue nombrado en primer lugar ‘Intendente de la hija del rey’, en referencia a la propia Hatshepsut, hija mayor de Thutmosis I. Esto implica una diferencia de edad entre la joven princesa y el eficiente funcionario real que justifica todos los perfiles íntimos de la posible relación amorosa que, se ha sugerido, existió entre ambos. En cualquier caso, la cercanía de Sen-en-Mut y Hatshepsut fue un hecho de rango oficial desde la muerte de Thutmosis II, momento en el que el maduro oficial pasó a servir directamente a su soberana y señora.

Lo más curioso del caso es que Sen-en-Mut ya había sido nombrado tutor de la heredera real Neferu-Ra, la hija mayor de Hatshepsut y (presuntamente) Thutmosis II, antes de que esta última subiera al trono como rey de Egipto, lo que también parece indicar las especiales relaciones de índole casi familiar que ambos, Hatshepsut y Sen-en-Mut, tuvieron desde la adolescencia de la futura reina.

En el desempeño de tales cargos Sen-en-Mut debió demostrar sus excepcionales facultades como experto administrador, puesto que muy pronto fue nombrado ‘Servidor e Inspector de los dominios reales de Hatshepsut y de Neferu-Ra’, lo que le permitiría ejercer un control directísimo y absolutamente personal sobre las enormes riquezas de ambas mujeres reales. Estos cargos se complementaron con el de ‘Tutor de la princesa real Neferu-Ra’, lo que era tanto como entregarle una hija para cuidase de ella y de su educación.

El trono de Egipto es ocupado por una reina sin rey.

Muerto Thutmosis II, la joven reina Hatshepsut, aún casi una adolescente, quedó sola. Sin embargo, todo permite pensar que Sen-en-Mut estaba muy cerca de ella. Nada más quedar viuda, Sen-en-Mut fue encargado de llevar a cabo la extracción en las canteras de Assuán, el transporte por el Nilo y la erección en el corazón del templo del dios Amón, en Karnak, de dos enormes obeliscos destinados a maravillar a las futuras generaciones que los contemplasen.

El problema planteado a la sucesión de Thutmosis II es sobradamente conocido. Un príncipe nacido de una concubina, que luego sería el futuro Thutmosis III, era el heredero del difunto rey. Sin embargo, Hatshepsut, era primogénita de Thutmosis I e hija de la Gran Esposa Real de este último, la reina Ahmosis Ta-Sherit. Este conjunto de circunstancias hizo a la reina reconsiderar la injusta situación en la que el destino la había colocado. No podía ejercer una regencia respecto de un príncipe que no era su hijo y, además, ella había sido la Gran Esposa Real del difunto Thutmosis II. Lo natural habría sido que ella hubiera reinado de haber nacido varón en lugar de mujer. Se puede comprender fácilmente que quizás Sen-en-Mut instruyese a su reina sobre todos estos detalles, haciéndola ver que, en realidad, era ella quien debía ser ‘el rey’.

De este modo, Hatshepsut se proclamó a sí misma como faraón de Egipto, lo que debió suceder entre los años 5 al 7 de Thutmosis III. Con tal motivo, o al menos, en tal momento, Sen-en-Mut fue nombrado nada menos que ‘Mayordomo de la Casa del dios Amón’, lo que equivalía a ser el supervisor de todas las riquezas del omnipotente dios tebano. Como consecuencia de este título y directamente vinculados con él, Sen-en-Mut fue encargado de desempeñar otras muchas funciones relacionadas con el dios Amón, incluso las de carácter sacerdotal. Este era un importantísimo punto de apoyo para la consecución de las aspiraciones de este hombre.

De esta manera Sen-en-Mut pasó a controlar todas las obras hechas en favor del dios Amón, no solo en el templo de Karnak, sino también en el templo de su divina esposa, la diosa Mut. Sin embargo, la más espléndida obra atribuida a nuestro hombre fue el Dyeser-Dyeseru, el gran templo funerario construido para la reina Hatshepsut en la orilla occidental de Tebas, en el lugar hoy llamado Deir El Bahari.

Resulta meridianamente claro que, a partir del año 7 del reinado de Thutmosis III, Sen-en-Mut había alcanzado ya extraordinarios poderes e influencias en la casa real. La prueba nos la dan los monumentos hechos para él. Un elevado número de estatuas que lo representan solo o como preceptor de la princesa real Neferu-Ra, así lo prueba. Sen-en-Mut está presente en las escenas que muestran la expedición al País del Punt que tanta fama dieron a la reina Hatshepsut. Durante el año 15 del reinado desempeñaría también importantes papeles rituales en el Jubileo de la reina celebrado en aquélla fecha.

El misterio de ‘las tumbas’ de Sen-en-Mut.

Pero, además, en aquellos momentos se comenzaron a construir, a mayor gloria personal de Sen-en-Mut dos importantes monumentos funerarios. El primero, su tumba, (hoy catalogada como la TT91), dotada con una capilla que domina la necrópolis desde la cima de Sheij Abd El Gurnah y todo el conjunto de la zona; se encuentra estratégicamente situada frente al grandioso Templo de Amón de Karnak, en la orilla este del Nilo. Extremo curioso es que, habiendo fallecido también en esas fechas su amada madre Hat-Nefer, Sen-en-Mut la hizo enterrar, con otros miembros de su familia muertos con anterioridad, en una cámara excavada justo bajo la capilla de su citada morada de eternidad. Este hecho suponía un extraordinario privilegio para personas que nunca habían pertenecido a la clase alta.

Este monumento funerario estaba perfectamente conectado, desde un punto de vista mágico-religioso, con su otra construcción funeraria, (hoy catalogada como la TT 353), situada en la zona de El Assasif, en el límite noroeste del templo funerario de Hatshepsut, en Deir El Bahari. En realidad, se trata de un largo corredor excavado en el suelo de arcilla pizarrosa que profundiza sesenta metros hasta alcanzar capas de piedra calcárea dura. El hipogeo fue dotado con tres cámaras a las que se desciende sucesivamente por el citado corredor. Resulta evidente que el monumento está inacabado pues solo contiene decoración la primera de las cámaras citadas. Sin embargo, la importancia de este auténtico camino subterráneo al Más Allá, reside en su evidente intencionalidad ritual. Conectado en su orientación con la tumba de Sheij Abd El Gurnah, llega a penetrar literalmente bajo el patio del templo funerario de la reina Hatshepsut.

Los textos recogidos en el interior de la cámara decorada son de una enorme importancia para las creencias funerarias de los egipcios. Sen-en-Mut, perfectamente versado en el conocimiento de estos rituales mágicos, seleccionó personalmente los textos que se incluirían en la misma. Se trata de pasajes escogidos de los antiguos Textos de las Pirámides, de los de los Sarcófagos y del Libro de los Muertos. Lo más chocante es que todos ellos están destinados a facilitar la transfiguración de Sen-en-Mut en un ser iniciado, en un espíritu luminoso que los egipcios llamaban ‘espíritu Aj’ y están redactados en un sistema especial de escritura, llamado ‘retroescritura’, que solo podían interpretar adecuadamente una serie de sacerdotes ritualistas, especialistas en esta clase de ceremonias mágicas. De hecho, la inscripción que inicia el conjunto de las fórmulas dice lo siguiente: ‘¡Oh (vosotros) los que vivís sobre las Dos Tierras (Egipto), escribas ritualistas que conocéis las cosas secretas, que adoráis a Dios, recitad los ensalmos para el Mayordomo (de Amón) Sen-en-Mut.!.

En el muro oeste de la cámara, Sen-en-Mut ordenó incluir una ‘Falsa Puerta’, entrada simbólico-mágica para que su espíritu transformado pudiera entrar y salir del Más Allá a su libre antojo. El viaje que Sen-en-Mut pretendía realizar como ‘espíritu luminoso’, necesitaba del auxilio de mapas y planos de las regiones subterráneas por las que deambularía y viajaría.

Todos ellos están también representados en esta excepcional ‘cámara del tiempo’.

El primer Techo Astronómico del mundo.

Pero lo más sorprendente del extraño monumento secreto que Sen-en-Mut llevó hasta las mismas entrañas del templo de la reina Hatshepsut es el excepcional ‘Plano Astronómico’ que hizo incluir en el techo de la cámara.

Se trata de una representación de las constelaciones del hemisferio sur, de los doce decanes que regían los equivalentes meses lunares, y de una tabla astral, gracias a la cual se podían medir y observar los movimientos celestes nocturnos. En suma, un asombroso mapa interestelar para navegar por los espacios celestes.

La mitad sur del techo está dedicada a las constelaciones septentrionales. Se ven doce círculos que representan los doce meses lunares. Los círculos están separados en dos grupos desiguales por un triángulo largo y estrecho que representa el meridiano. En su vértice más agudo, el triángulo se halla conectado con una constelación en forma de toro que se identifica con nuestra ‘Osa Mayor’. Mediciones actualizadas han permitido comprobar que, según este plano, la Osa Mayor, se encuentra situada en el exacto lugar o declinación que le correspondería en el cielo en el tiempo en que Sen-en-Mut vivió. En el techo están representadas tres fechas estelares que marcaban en la época de Sen-en-Mut; tres momentos especiales desde el punto de vista religioso y del calendario egipcio. Estos son: la medianoche del 18 al 19 de nuestro mes de marzo, la culminación de la Osa Mayor; la medianoche del 16 al 17 de nuestro mes de julio, momento en el que la estrella Sirius se confunde al amanecer con el sol, lo que para los egipcios marcaba el comienzo de su ‘Año Nuevo’, coincidiendo con la crecido del río Nilo; y la medianoche del 14 al 15 de nuestro mes de noviembre, momento en el que se producía la culminación de la estrella principal de la constelación de Orión, asimilada por los egipcios antiguos con el dios Osiris, es decir la resurrección mística del dios. A la izquierda de esta imagen se ve a la diosa Isis, identificada con Sothis, detrás siguen Júpiter y Saturno, en forma de dioses con cabeza de halcón. Al final de esta escena se puede identificar a Venus bajo el aspecto de un ave fénix. Una figura de Seth evoca al planeta Mercurio.

Curiosamente, Marte no consta en este lugar, lo cual constituye un gran misterio sin resolver. La única explicación plausible, puesto que sabemos que los egipcios conocían perfectamente la existencia del planeta Marte es que, durante la concreta noche estelar representada en el techo astronómico de Sen-en-Mut, ese planeta no fue visible en Egipto. Además, los astrónomos que han estudiado el techo han podido determinar de modo absoluto la fecha en la que el mismo fue diseñado y representado, lo que permite datar la tumba con una exactitud casi precisa. En los cincuenta años que median entre el 1505 y el 1455 a. C., existió una sola noche en la que el planeta Júpiter tuvo una ascensión derecha determinada, tal y como está representado en el techo, y en la que el planeta Marte no fue visible; ésa fue la del 14 al 15 de noviembre del año 1463 a C., que coincide con el año 16/17 de Thutmosis III.

Cerca de la entrada de la tumba se encontró un óstracon datado en el año 16, lo que determina el momento en el que aún se trabajaba en el monumento. Así pues, es casi seguro que fuera el año 17 aquél en el que se dibujó el Techo Astronómico. Queda por desentrañar qué, se suponía, debía suceder la noche del 14 al 15 de noviembre de aquél año de 1463 a. C. Quizás fuera el momento en que se produjo la transformación en vida de Sen-en-Mut, por medio de los ritos iniciáticos recogidos en las paredes de la cámara. En realidad, nunca lo sabremos con exactitud. Sin embargo, sí tenemos constancia de que las obras del templo funerario de la reina Hatshepsut en Deir el Bahari, construido bajo las órdenes de Sen-en-Mut, concluyeron el mismo año 16/17, es decir, en el 1463 a.C.

La desaparición de Sen-en-Mut

No se puede aventurar nada concreto a propósito del momento en que Sen-en Mut murió o cual fuera su suerte durante el reinado de Thutmosis III. Cuando Herbert Winlock descubrió en 1927 la misteriosa TT353, se comprobó que la misma estaba sin concluir y, cosa extraña, la entrada cuidadosamente cerrada con un muro de adobes dispuesto por los obreros que habían trabajado en ella. El sarcófago de Sen-en-Mut se encontró, hecho añicos, en la capilla de la tumba construida sobre Sheij Abd El Gurnah y no, como debería haber sido razonable, en la cámara funeraria, al fondo del pozo de la tumba. ¿Quizás nunca estuvo depositado allí?.

El hecho de que muchas de sus numerosas estatuas hayan sido destruidas, o su nombre y efigie borrados de algunos lugares, dio motivo para pensar que, desaparecida la reina que le había protegido y a la cual él había servido tan fielmente, su memoria también fue atacada y, si aún estaba vivo entonces, apartado de todos sus cargos. Pero, poco más se puede decir.

Ahora bien, ¿por qué razón no se ha encontrado ni un solo resto de su momia, o de su ajuar funerario, cuando la tumba de sus familiares fue hallada con los cuerpos de todos ellos dentro, debidamente amortajados y en sus sarcófagos, sin daño alguno?.

Los cálculos de los investigadores manejan como fecha para la desaparición de Sen-en-Mut de la vida pública, los años 18 ó 19 de Thutmosis III, puesto que no se conocen por el momento datos posteriores a ellos. Sin embargo, sí parece que la prematura muerte de su protegida, la princesa Neferu-Ra, fue el momento que marcó, no solo su declive, sino el de la propia reina Hatshepsut.

El que fuera el hombre más poderoso de Egipto, a quien no se le conoce esposa oficial, que poseyó cerca de ochenta títulos y nombramientos de cargo, y ayudó a Hatshepsut a ser rey y soberano de las Dos Tierras, compartiendo con ella su poder y su gloria, parece haber desaparecido entre la niebla como alguno de los misteriosos personajes de la Biblia que, se dice en el libro sagrado, no murió físicamente sino que fue arrebatado por los ángeles hacia el cielo, en un carro de fuego.

En todo caso, la memoria de este importante personaje está viva y su misterio por desentrañar. Egipto lo guarda celosamente entre sus arenas, quizás para siempre.

Para saber más:

Bedman, T. Reinas de Egipto. El secreto del poder. Madrid, 2003.

Del Casal, B. Hatshepsut. La primogénita del dios Amón. Madrid, 1998.

Dorman, Peter, F. The Monuments of Senenmut. Problems in Historical Methodology. London, 1988.

The Tombs of Senenmut. The Arquitecture and Decoration of Tombs 71 and 353. New York, 1991.

Martín Valentín, F. J. Los magos del antiguo Egipto. Madrid, 2002.

Ratié, S. La reine Hatchepsout. Sources et problèmes. Leyde, 1979.

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Egipto, provincia de Roma

HISTORIA

Año 273 a.C., Ptolomeo II Filadelfo envía a Roma una embajada con el fin de establecer relaciones diplomáticas y firmar diferentes tratados de paz entre ambos países. Roma comenzaba a jugar un papel cada vez más importante en el Mediterráneo occidental y Egipto lo sabía. La ciudad de las siete colinas, Roma, iniciaba una carrera imparable que le llevaría a controlar todo el Mediterráneo dos siglos y medio más tarde. Egipto, por su parte, disfrutaba de sus últimos años de independencia. Nadie podía sospechar que 240 años después de aquella embajada Egipto pasaría a ser una provincia más del recién establecido Imperio Romano.

En esta serie de artículos iremos, poco a poco, acompañando la espectacular proyección de Roma en un Mediterráneo lleno de disputas de índole político, económico y territorial entre las diferentes potencias que en él habitaron. Analizaremos el paralelismo histórico de egipcios y romanos, así como las diferentes interrelaciones que se fueron produciendo y la progresiva dependencia de los reyes lágidas con el senado y los cónsules romanos. Finalizaremos con el total sometimiento de Egipto y del resto de reinos coetáneos ante la fuerza de los líderes y las legiones romanas que llegaron a unificar bajo una misma cultura, la latina, todo el Mediterráneo y al cual no dudaron en llamar el Mare Nostrum.

El Mediterráneo oriental tras la muerte de Alejandro Magno
Cuando el joven macedonio Alejandro entró con sus tropas en Egipto, en 332 a.C., pocos entre los egipcios lo vieron como un invasor y sí como un libertador frente al control persa que en aquel momento existía en el país del Nilo.

Los tres siglos anteriores a la llegada de Alejandro fueron difíciles para un Egipto que sufrió dos sometimientos al poderío persa y donde las tensiones políticas entre los países de la zona estaban íntimamente ligadas al espíritu de expansión de sus líderes, aunque en muchas ocasiones los problemas en el seno de sus territorios limitaban sus aspiraciones.

El Segundo Periodo Persa en Egipto (343–332 a.C.) había sido especialmente trágico para el pueblo egipcio. Fue continua la incompetencia entre los funcionarios y administradores colocados por el gobierno persa, así como la brutalidad con que actuaban, saqueando los templos, destruyendo los campos, violando a las mujeres o desmantelando las defensas de las ciudades egipcias. Los diferentes intentos de insurrección egipcios frente a los invasores no produjeron al final excesivos logros, quizás el más importante fue la rebelión encabezada por Khababash (339/338 a.C.) quien llegó incluso a reclamar el título de faraón tras conseguir un control parcial del país. Pero el poderío económico y militar de los persas siempre imposibilitó el éxito de estas acciones pese a la dificultad que tuvieron de mantener bajo su control una tierra tan distante como era Egipto.

Con la llegada y “liberación” de Egipto por parte de Alejandro Magno, el país del Nilo pasó a formar parte del importante Imperio Macedonio que estaba surgiendo. Antes de continuar su camino de conquistas, en 331 a.C., Alejandro tuvo que encargarse de establecer un gobierno y reestructurar su nueva provincia. Para ello confió al egipcio Doloaspis la administración del país. A Cleomenes de Naucratis le dejó encargado de la recaudación de impuestos. Dos oficiales suyos ocuparon el mando del ejército, Penkestas y Baladros. Y por último Pelotón pasó a controlar de forma independiente la armada. Mediante esta división estratégica de poderes Alejandro evitaba que una sola persona dispusiera del control y los recursos del país. Antes de marchar fue coronado en el templo de Ptah de Menfis reafirmando su condición de faraón de Egipto.

Muerte de Alejandro y división de su Imperio

Sin lugar a dudas la ambiciosa empresa militar de Alejandro supuso la mayor unificación política y cultural del Mediterráneo oriental hasta la fecha, pero igual de grande fue el caos que vivió el Mediterráneo tras su inesperada y precipitada muerte en junio de 323 a.C. Durante más de 40 años los lugartenientes de Alejandro, y posteriormente sus descendientes, se enfrentaron en una encarnizaba batalla de sucesión, primero para hacerse con el control de todas las conquistas de Alejandro y después, viendo la imposibilidad de que tan sólo uno gobernara, para conseguir una porción lo más grande posible del suculento pastel. La estabilidad tras esta Guerra de Sucesión no llegaría hasta el 280 a.C. cuando, fruto del reparto, en el Mediterráneo helenístico surgieron tres grandes potencias que iban a ser las protagonistas de las posteriores luchas por la hegemonía del Mediterráneo oriental: Macedonia, al norte, con la mirada siempre puesta en sus vecinos griegos; el Imperio Seleúcida, al este, que comprendía Siria y Mesopotamia; y el Imperio Ptolemaico, al sur, que centralizaba su poder en Egipto y la Cirenaica. Las tensiones y las campañas bélicas fueron constantes entre ellos durante los años siguientes. Algunos historiadores han visto más un impulso de autoafirmación antes que cuestiones de control político o militar a la hora de intentar entender esta rivalidad.

Distribución de las tres grandes potencias del Mediterráneo oriental en el año 240 a.C.

El Mediterráneo occidental, la aparición de Roma
Dos siglos antes de la campaña de Alejandro contra los persas, el Mediterráneo occidental, que podríamos hacerlo corresponder con el territorio que comprende desde la península Itálica hasta la costa oriental de la península Ibérica, vivía bajo la influencia, que no hegemonía, de tres potencias: Cartago en la parte meridional con dominio de parte de Sicilia y de Cerdeña; las colonias griegas establecidas principalmente en Sicilia, el sur de la península Itálica y las costas de Francia y Cataluña; y por último la liga Etrusca en la costa occidental de la península Itálica.

Roma, por aquel entonces (siglo VI a.C.), no pasaba de ser una simple ciudad-estado próxima a la desembocadura del río Tíber y cuyo territorio abarcaba aproximadamente 240 km². Resulta interesante recalcar este dato, puesto que a principios del siglo IV a.C. Roma apenas había crecido y los problemas internos hacían presagiar un futuro incierto. Sus éxitos militares se limitaban a la ocupación de la orilla derecha del Tíber y la anexión de Fidenae en 426 a.C. Pese a todo, años más tarde, Roma logró duplicar su territorio tras el largo asedio y la ocupación de la ciudad etrusca de Veyes (396 a.C.), una ciudad situada a tan sólo 17 km de Roma.

Principales áreas de influencia en Italia en el siglo VI a.C. (Mapa del autor basado en J. M. Roldán, 1999, Historia de Roma. Cátedra p. 35)

La anexión de Veyes por Roma puso en evidencia los problemas que Etruria estaba sufriendo por aquella época con las tribus galas amenazantes en los límites de sus dominios y con una auténtica falta de espíritu nacional entre las ciudades etruscas. En este último punto cabe resaltar que durante el asedio de Roma a Veyes, que según las fuentes clásicas duró diez años (406–396 a.C.), el resto de ciudades etruscas estuvieron totalmente inactivas asistiendo impasibles a la capitulación y posterior anexión de Veyes. Sólo la ciudad vecina de Tarquinii, un poco más al norte, ayudó brevemente a Veyes, aunque no evitó el desenlace final.

El declive de etruscos, griegos y cartagineses y el auge de Roma
Mientras tanto, griegos y cartagineses vivían continuamente en tensión y con esporádicas escaramuzas, especialmente en la isla de Sicilia, cuyo control se repartían. Por su parte, las ciudades etruscas estaban aliadas a Cartago frente al enemigo común que constituían las ciudades griegas del sur de Italia y Sicilia. Unas ciudades que adolecían del mismo problema de falta de unión que las etruscas. Las tres potencias intentaban por todos los medios conservar sus posesiones y fueron bastante reacias a dar rienda suelta a su afán expansionista.

Roma, para anexionar a Veyes al ager romanus (1), había creado una auténtica máquina militar que sin embargo, de nada le sirvió cuando en 390 a.C. una banda de galos senones, a cuyo mando estaba un tal Brenno, irrumpió por el norte de la península Itálica a través de los Apeninos, y cruzando Etruria se presentó ante las puertas de Roma. Cerca de la ciudad, junto al río Allia, tuvo lugar la batalla entre galos y romanos donde estos últimos sufrieron una espectacular derrota que dejaba la ciudad a merced de los invasores. La fecha de esta batalla, el 17 de julio, quedó marcada para siempre en el calendario romano como dies ater (día negro). Los galos entraron en Roma y saquearon e incendiaron la ciudad, tras lo cual la abandonaron y regresaron al norte.

Este dies ater en vez de desmoralizar a la ciudadanía romana produjo el efecto contrario y tras una serie de alianzas y luchas, en 50 años Roma lograría anexionar los territorios de la liga latina (2), haciendo del Lacio una pequeña nación con un ejército importante bajo el control de Roma. Era el 338 a.C. y los objetivos romanos estaban más allá del Lacio, miraban a la otra gran confederación de la península Itálica, los samnitas, con quien habían firmado un tratado en 354 a.C. para conseguir dominar a la liga latina. Fueron un total de tres conflictos bélicos, las llamadas “guerras samnitas”, que acabaron con el total sometimiento del Samnium en 290 a.C. Etruria, por su parte, había perdido ya gran parte de su influencia en la zona en un declive insalvable.

Los tratados con Cartago

Para entender mejor los primeros contactos de Roma con los cartagineses tenemos que retrotraernos hasta la ya mencionada anexión de Veyes. Tras ésta, y en una época en la que la situación con la liga latina no era la idónea, Roma comenzó a mirar hacia las ciudades etruscas y en especial a la cercana ciudad de Caere, a la que ofreció su amistad y colaboración. Resulta realmente extraño este acercamiento, pero se da la situación de que ya con anterioridad las relaciones entre Caere y Roma habían sido buenas incluso durante el asedio de Veyes, donde Caere pudiera considerarse que fue prorromana. Más tarde, cuando Roma fue saqueada por los galos, la tradición romana cuenta cómo las vírgenes Vestales huyeron con los objetos sagrados de la ciudad y encontraron refugio en esa ciudad etrusca.

El tratado con Caere trajo la enemistad de la ciudad griega de Siracusa, la cual había desafiado abiertamente a los etruscos, aliados de Cartago, e incluso había atacado la costa meridional de la península Itálica donde se encontraba Caere. En ese momento, Roma se encontraba de bruces con un enfrentamiento con la principal potencia griega en el Mediterráneo occidental, Siracusa, y para evitar males mayores recurrió a la firma de un tratado con Cartago, principal enemigo de Siracusa, en 348 a.C. refrendándolo poco después, en 343 a.C. Unos tratados que de poco sirvieron a Cartago después.

Primeros contactos de Roma y Egipto, guerra contra Tarento

En el primer cuarto del siglo III a.C. el teatro de operaciones en el Mediterráneo occidental se trasladó al sur de Italia y a la isla de Sicilia, donde griegos y cartagineses seguían disputándose su control. Por esas mismas fechas, en Egipto, la recién creada dinastía Ptolemaica tuvo en el trono a dos de sus más importantes reyes, Ptolomeo I Sóter, que fue faraón del 305 al 285 a.C. (3), y Ptolomeo II Filadelfo, que reinó del 285 al 246 a.C. (4).

Guerra contra Tarento. Pirro, rey de Epiro

Durante la tercera y última guerra samnita Roma contó con un nuevo aliado, los lucanos, situados en el sur de la península Itálica. Pero tras el desarrollo de las acontecimientos, los lucanos vieron en Roma a un nuevo enemigo y la alianza quedó reducida a cenizas. Fue en ese instante cuando los habitantes de la ciudad griega de Thurioi (5), amenazada por los lucanos, sintieron que Roma sería un importante aliado para su salvación. Los nobilitas romanos consiguieron que el senado enviase tropas en su ayuda. La liberación de Thurioi se produjo en 282 a.C. y Roma dejó una guarnición para su protección.

Tarento, la tradicional ciudad protectora de la liga de ciudades italiotas, vio en esta acción romana una clara intromisión en sus intereses, iniciando una serie de acciones hostiles que acabaron con parte de la flota de diez barcos que Roma había enviado a Thurioi, y expulsaron a las guarniciones romanas de esta ciudad. El casus belli estaba servido y las dos partes se prepararon para la lucha.
Tarento reunió a los enemigos de Roma, samnitas y lucanos, y recurrió también al griego Pirro, por aquel entonces rey de Epiro y quizás uno de los mejores generales de la historia. Roma por su parte se alió a las ciudades griegas de Rhegion, Lokroi y Thurioi en contra de Tarento. Era el súmmum del despropósito, con Tarento aliado a sus tradicionales enemigos y en el lado contrario con Roma aliada con las ciudades compañeras de liga de Tarento.

En 280 a.C. Pirro desembarcó en la península Itálica con sus falanges macedonias y una veintena de elefantes desconocidos hasta aquella época en la península. En frente se encontraban las legiones romanas, la unidad militar de Roma que tan buenos resultados le había dado hasta la fecha.

La primera batalla de esta guerra se desarrolló cerca de Heraclea y en ella las tropas epirotas consiguieron imponerse a las legiones romanas, aunque con un coste importante de vidas. Esta victoria significó un gran impulso para el general de Epiro puesto que mostró a sus aliados (lucanos, bruttios y samnitas) que uniéndose a él podían conseguir la derrota romana. Por otro lado, las ciudades griegas aliadas a Roma la abandonaron a su suerte. El camino hacia la ciudad de las siete colinas estaba abierto para Pirro.

El ejército epirota subió por la península hasta estar a pocos kilómetros de Roma, pero la hegemonía de Roma en el Lacio hizo que las ciudades latinas se mantuvieran fieles, así que Pirro poco podía hacer y decidió regresar a Tarento a pasar el invierno. En 279 a.C. los dos ejércitos volvieron a reunirse junto a la ciudad de Ausculum. De nuevo las legiones romanas sucumbieron ante las falanges macedonias de Pirro, pero éstas quedaron tan mermadas que ni siquiera pudieron perseguir a los romanos que huían. Sin duda fue una “victoria pírrica” (6). Pero el devenir de los hechos hizo que Pirro volviera la espalda a la guerra que mantenía contra Roma, quizás confiante ante la solicitud de Roma de un tratado de paz a Tarento, y abandonara la península acudiendo a la isla de Sicilia, donde las ciudades griegas estaban sufriendo el acoso de Cartago. Los cartagineses, viendo el peligro de la llegada de Pirro, acudieron al senado romano para firmar un tratado para que Roma rompiera las conversaciones de paz con Tarento y reemprendiera la batalla en Italia con el apoyo cartaginés. El nuevo avance romano hizo que Pirro volviera a la península, y en una nueva batalla (275 a.C.) sucumbiera, esta vez sí, ante las legiones de Roma y decidiera volver a Epiro, abandonando a su suerte a Tarento y a las ciudades griegas.

En el transcurso de la guerra, Ptolomeo II recibió un mensaje de Pirro solicitando ayuda contra Roma, pero Egipto permaneció neutral y después sólo pudo hacer una cosa, felicitar al vencedor y firmar un tratado de paz con Roma. Corría el año 273 a.C. y Roma miraba más lejos, al Mediterráneo. En oriente, Egipto vivía la Primera Guerra Siria. Se avecinaba un futuro incierto en oriente, pero eso lo dejaremos para otro día.

Autor: José Hurtado

NOTAS
1.La extensión de tierras pertenecientes a Roma y cuyos ciudadanos disfrutaban de la ciudadanía romana constituía el ager romanus.
2.Confederación de ciudades del Lacio unidas para defenderse de los ataques externos de otras ciudades.
3.Ian Shaw, Historia del antiguo Egipto (Esfera de los libros, 2007).
4.Ibidem.
5.Un antiguo tratado de Tarento con Roma establecía que los barcos romanos no podían traspasar la línea del promontorio Lacinio.
6.Cuenta la tradición que tras la victoria, y mientras Pirro recibía las felicitaciones, exclamó “¡Otra victoria como ésta y regresaré a Epiro sin un solo hombre!”.

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El origen de la Biblioteca de Alejandría

HISTORIA, LAS PIRÁMIDES - EDIFICACIONES

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO 12 DE “LA PUERTA DE MAAT”, REVISTA DEL INSTITUTO VALENCIANO DE EGIPTOLOGÍA (www.ivde.org)

A principios del siglo III a.C,. tras más de 20 años de constante incertidumbre por saber quiénes iban a conseguir una porción del imperio del difunto Alejandro Magno, Oriente Próximo había conseguido un cierto equilibrio con la creación de tres grandes estados: Macedonia, el imperio seléucida y el reino ptolemaico. En Egipto, Ptolomeo I Sóter iniciaba una nueva dinastía de faraones que tendría a Alejandría, la ciudad fundada por el gran Alejandro, como centro cultural y de poder de todo Egipto, y que hizo que el país del Nilo mirase hacia el Mediterráneo. Y si hubo dos edificaciones que destacaron en la capital ptolemaica esas fueron su famoso faro y la gran biblioteca, siendo esta segunda el objetivo de este artículo.

No se puede decir que la biblioteca de Alejandría tuviera una concepción fuera de lo común dentro de la antigüedad clásica. Las ciudades-estado helénicas ya favorecían, dentro de sus posibilidades económicas, la proliferación de las artes y las ciencias entre sus ciudadanos, y pese a la enemistad entre dichas ciudades-estado, estos objetivos culturales comunes fueron los que dieron una cierta cohesión a la antigua Grecia. Y para la consecución de éstos, una buena biblioteca que incluyera a los grandes clásicos de la antigüedad griega era totalmente imprescindible.

En esta época, la captura de una de estas ciudades por sus vecinos traía, además de la gloria y el botín económico, un enriquecimiento cultural, con la adhesión de nuevos volúmenes, fruto del saqueo, a sus respectivas bibliotecas. Si bien es cierto que debido al tamaño y posibilidades económicas de estas ciudades-estado, en ocasiones bibliotecas de uso particular, como la de Aristóteles, fueron mucho más importantes que las estatales.

Pero estas ciudades-estado de la antigua Grecia no fueron, ni mucho menos, las pioneras o las únicas que disponían de bibliotecas o salas especiales donde almacenar textos antiguos. Ya en el siglo XII a.C., el rey asirio Tiglatpileser I disponía en el templo de Asur (principal dios asirio) en la ciudad de Asur de una colección de tablillas de cerámica con al menos un centenar de obras diferentes(1). Estas tablillas contenían principalmente textos profesionales imprescindibles para escribas y sacerdotes, y cuyos temas abarcaban desde presagios, a formas de adivinación, sacrificios de animales, acontecimientos naturales, o listas de vocabularios, de plantas, de árboles, animales, dioses, etc.

Sin embargo, cabe considerar como la primera gran biblioteca de la historia a aquella que creara el también rey asirio Asurbanipal, ya en el siglo VII a.C., en la ciudad de Nínive(2). Todo parece indicar que se trataba de una biblioteca de uso personal recopilada durante el casi medio siglo de su reinado. Entre las tablillas encontradas destacan los textos de la épica de Gilgamesh, el mito de la Creación y muchas de las obras más famosas del Próximo Oriente antiguo que hoy conocemos.

En Egipto tampoco puede considerarse que la biblioteca de Alejandría fuera la primera. Existen antecedentes egipcios en las Casas de Vida, instituciones culturales de carácter sacerdotal, como por ejemplo la biblioteca del templo de Edfú o una supuesta biblioteca situada en el Ramesseum que menciona Hecateo de Abdera (siglo IV a.C.) en un texto citado posteriormente por Diodoro Sículo en el siglo I a.C. Entonces, ¿qué hizo que la biblioteca de Alejandría sea considerada hoy en día como la gran biblioteca de la antigüedad?

Ptolomeo I Sóter y su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo, fueron los verdaderos creadores e impulsores de las instituciones culturales lágidas. Como en las ciudades-estado griegas, Ptolomeo quiso hacer de Alejandría una capital cultural, pero contaba con dos condicionantes que hicieron que este sueño fuera adelante hasta límites insospechados. Primero, Egipto era un país mucho más rico que los territorios colindantes o próximos gracias a sus importantes cosechas de cereal. Esto hizo que Ptolomeo pudiera destinar grandes cantidades de recursos a estos menesteres. Segundo, era el mayor productor de papiro y este, a su vez, era el material por excelencia en aquella época para la escritura.

Ptolomeo quiso reunir a su alrededor, en Alejandría, a todas las mentes más brillantes de la época, y para ello comenzó a incentivar a los intelectuales de todo el mundo para que se trasladaran a la nueva capital egipcia. Una de las primeras cosas que hizo fue fundar un “Museo” en la ciudad, que no es más, podríamos decir, que un centro de investigación. En la antigüedad un Museo no era sino un lugar donde adorar a las musas, divinidades que presiden la memoria y las actividades del espíritu, y Ptolomeo pretendía que dicho Museo fuera un lugar para cultivar las artes que las musas simbolizan. El nuevo faraón atrajo a los más famosos eruditos para que residieran en el Museo mediante promesas de un importante salario, exención de impuestos y vivienda y alimento gratuito durante toda la vida. Poco a poco fueron llegando hasta Alejandría sabios e investigadores de todas las ramas de la ciencia: medicina, zoología, astronomía, filosofía, cartografía, geografía, etc.

En la época ptolemaica recalaron en Alejandría sabios tan importantes como Euclides y el físico Estratón, de Atenas, el geógrafo Eratóstenes, que hizo uno de los cálculos más exactos de la circunferencia de la tierra o Herófilo, considerado el pionero de la anatomía. Incluso Arquímedes residió durante algún tiempo allí.

Y para atraer a este tipo de intelectuales también era necesario disponer de una importante biblioteca donde pudieran consultar cualquier texto escrito hasta la fecha, y así se concibió la creación de la biblioteca.

Ptolomeo I dotó tanto al Museo como a la biblioteca de fondos casi ilimitados desde su creación. Las nuevas instalaciones se emplazaron en un área del Palacio e incluso se habilitó una gran sala para que los eruditos pudieran comer todos juntos y así poder seguir discutiendo durante el período de la comida. Pronto se comenzó a referir al Museo como la “jaula de pájaros de las musas”. En tiempos de Ptolomeo III ya existían en la ciudad dos bibliotecas, la del Museo y una filial ubicada en el santuario del dios Serapis, cerca del Palacio. Ambas bibliotecas no disponían de un edificio propio, sino que ocupaban un espacio en el Palacio y el santuario. Poco sabemos sobre cómo eran ambas, aunque es probable que dispusieran de salas utilizadas para guardar los textos en papiro y un pórtico donde pudieran estar los lectores.

Pero, ¿qué sería de una biblioteca sin libros? La adquisición de los libros iba a ser una tarea muy costosa pues en Egipto apenas si se podía encontrar textos o documentos en griego. Para ello la administración ptolemaica envió emisarios repletos de dinero a multitud de ciudades de otros países con el fin de comprar copias de textos de cualquier materia, y a ser posible que la copia fuera lo más antigua para que tuviera un menor número de errores de copiado. Ptolomeo II puso especial interés en recopilar la mayor cantidad de textos clásicos atenienses, consiguiendo, por ejemplo, una de las mayores y más valiosas colecciones de textos de Homero. Para conseguir libros de una forma más rápida se decidió requisar en el puerto todos los libros que llegaban, haciéndose posteriormente copias para entregarlas a los propietarios y quedándose la biblioteca con los originales. Incluso a veces se recurrió a la estafa, como en la época de Ptolomeo III, que se solicitaron a Atenas los originales de textos muy valiosos con el propósito de copiarlos, sólo que cuando finalizó el trabajo de copiado no se devolvieron los originales, sino las copias.

La biblioteca de Alejandría llegó a disponer, al parecer, de casi un millón de textos cuando Marco Antonio donó a Cleopatra 200.000 volúmenes procedentes de la biblioteca de Pérgamo. Había un cargo de bibliotecario, encargado de la catalogación de los libros, siendo el primero Zenódoto de Éfeso.

Hoy en día se desconoce hasta qué época estuvo activa y cómo desapareció, aunque sí parece demostrado que durante la guerra alejandrina de Julio César, el incendio que se produjo no afectó a la biblioteca, sino a unos almacenes del puerto donde había multitud de libros que iban a ser embarcados rumbo a Roma.

Autor: José Hurtado

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Imperio Antiguo (2680–2613 A.C.) – Dinastia III

FARAONES, HISTORIA

La tercera dinastía. Es la primera de las cuatro dinastías que constituyen el denominado Imperio Antiguo de Egipto. El fundador de la tercera dinastía fue Nebka, hijo de Jasejemuy. Se le considera el iniciador de la construcción de la mastaba de Saqqara. Con la llegada de su sucesor Dyeser (Zoser). se producen una serie de cambios importantes tanto en religión como en arquitectura que hacen de este monarca el más importante de esta dinastía. Por un lado se produce el asentamiento definitivo del culto al dios Ra y por otro el cambio de la forma de construcción de las tumbas reales que pasó de la mastaba a la pirámide. El primer ejemplo lo tenemos en la mastaba de Saqqara construida por Nebka. Esta y en varias etapas se convirtió en lo que es la primera pirámide en piedra de la historia de Egipto (pirámide escalonada).

El proyecto del conjunto funerario lo diseñó Imhotep, príncipe, visir y gran sacerdote de Heliopolis, es el primer medico y arquitecto de la historia. Se le considera el artífice de la pirámide escalonada. Fue divinizado en el imperio Saita como dios de la medicina e identificado por los griegos con Asclepios (Esculapio).

Del resto de monarcas se conoce muy poco, e incluso el orden sucesorio no está todavía bien definido. De la política exterior de esta dinastía cabe destacar que se inició de forma sistemática la colonización del Sinaí y la Baja Nubia, para explotar sus yacimientos y recursos naturales.

Durante este período, los egipcios creían que la naturaleza del tiempo era cíclica, y el faraón debía asegurar la estabilidad de aquellos ciclos. También se consideraban una gente especialmente elegida, “como los únicos seres humanos verdaderos sobre la Tierra”.

Faraones

Sanajt (Nebka) – 2682 – 2665 A.C.: El nombre Sanajt significa “el fuerte protector”. También es conocido como Nebka, su nombre de Trono. La Piedra de Palermo lo menciona erigiendo un templo en el año 13º de su reinado, la estatua de Jasejemuy en el año 16º, y la construcción de un barco en el año 18º. La esposa de Nebka fue Initkaes, hija de Jasejemuy y Nimaathapi, su predecesor, consiguiendo el trono probablemente mediante este matrimonio, pues el derecho al trono se obtenía a través de la descendencia femenina. Se le atribuye la pirámide de El-Kula, la mastaba de Meidum y la construcción de la primera mastaba de base cuadrada sobre la que se erigió la Pirámide escalonada de Saqqara. El lugar de su sepultura es posiblemente la estructura de adobe rodeada de un muro en Abu Roash. Se le atribuye el complejo funerario inacabado situado al oeste del templo de Dyeser.

Dyeser (Zoser) – 2665 a 2645 A.C.: En las inscripciones contemporáneas se le denominó Necherjet (nṯr ẖt), que significa “Cuerpo divino”. En documentos posteriores, durante el Imperio Nuevo, lo denominaron Dyeser (ḏsr) «Sublime», narrando acontecimientos de su reinado, y la construcción de la Pirámide Escalonada, llamada «Dyeser Dyeseru», confirmando que Necherjet y Dyeser eran el mismo personaje. En la Lista Real de Saqqara figura como Dyeser (ḏsr); en la Lista Real de Abidos aparece como Dyeser-sa; en el Canon de Turín se indica que Dyeser-it estuvo reinando 19 años. Como la reina Nemaathapy, la esposa de Jasejemuy, el último rey de la segunda dinastía, aparece con el título de “Madre del Rey”, algunos autores afirman que era la madre de Dyeser (Zoser) y que Jasejemuy sería su padre. Al principio de su reinado residió en Abidos, donde se comenzó a construir su tumba, en Bet Jalaf. Sin embargo posteriormente trasladó su residencia al cercano Menfis, la capital del país. Este faraón ordenó realizar varias expediciones militares a la península del Sinaí, durante las cuales las tribus de nómadas fueron dominadas, para extraer los valiosos minerales de la región, como turquesa y cobre. También era estratégicamente importante como vínculo entre Asia y el valle de Nilo. Pudo haber fijado la frontera sur del reino en Elefantina, junto a la primera catarata del Nilo. Célebre por haber encargado a su chaty, Imhotep, construir el complejo de la pirámide escalonada de Saqqara, considerado el primer gran complejo monumental en piedra de Egipto y del mundo. Algunos fragmentos encontrados en Heliópolis y Gebelein mencionan el nombre de Dyeser, y sugieren que había encargado los proyectos de construcción de esas ciudades. Una inscripción, conocida como Estela del hambre, grabada durante la dinastía Ptolemaica narra cómo Dyeser reconstruyó el templo del dios Jnum en la isla de Elefantina, junto a la primera catarata, acabando así con la hambruna que había asolado Egipto durante siete años. Esa inscripción de época de Ptolomeo V, en la isla de Sehel, aunque pudiera ser una leyenda, muestra como más de dos milenios después de su reinado, Dyeser era recordado todavía.

Dyeser Teti (Sejemjet) – 2645 – 2638 A.C.: En la Lista Real de Abidos figura como Teti y en la Lista Real de Saqqara como Dyeser Teti. Como su predecesor, Dyeser, Sejemjet inició la construcción de una pirámide escalonada en Saqqara, pero sólo las gradas más bajas estaban terminadas en el momento de su muerte. Algunos egiptólogos creen que la pirámide de Sejemjet habría sido más grande que la de Dyeser si se hubiera terminado. Los subterráneos de la pirámide se componen de 132 almacenes; en la cámara sepulcral se encontró un sarcófago monolítico de alabastro vacío. Hoy el lugar está en gran parte bajo las arenas del desierto. En Uadi Maghara se encuentra un relieve del Sejemjet, escenificando al faraón golpeando a un enemigo.

Jaba (Sedyes) – 2638 A.C.: Se le cita en el Canon de Turín como Hu(dyefa) reinando seis años. En la Lista Real de Abidos figura como Sedyes, pero en la Lista Real de Saqqara no aparece. Sólo gobernaría un breve periodo, siendo su sucesor Neferkara-Nebkara. Lehner sostiene que Jaba fue enterrado en el Zawyet el-Aryan, pero no en la pirámide, sino en la gran mastaba próxima. Se le atribuye la pirámide estratificada, inacabada, sita en Zawyet el-Aryan. Su nombre se ha encontrado grabado en: varias vasijas de piedra en Zawyet el-Aryan. Vasijas en la mastaba (Z500), cercana a la pirámide de Zawyet el-Aryan (Dunham 1978: 34). Vasija de diorita (Museo Petrie: UC15800). vasija de dolomita en el Museum of Fine Arts, Boston.

Nebkara – 2638 -2614 A. C.: Se le atribuye la pirámide septentrional en Zawyet el-Aryan, cuya base mide 110 m de ancho por 180 m de largo, que tiene inscripciones en varios bloques de Neferkara (o Nebkara, Nebka). En la Lista Real de Abidos, Neferkara es el nombre nº 19, entre Sedyes, faraón de la dinastía III, y Seneferu, de la dinastía IV. En la Lista Real de Saqqara, Nebkara es el nombre nº 14 y está colocado entre Dyeser teti y Huny, de la dinastía III. En la Lista Real de Saqqara otro Neferkara es el octavo nombre y está colocado en la entre Sened y Neferkaseker, de la segunda dinastía. Pudiera ser Soyfis, que reinó 16 años, o Tosertasis, que reina 19 años, de la lista de Manetón, según el epítome de Julio Africano.

Huny – 2637 y 2613 a. C.: Huny llegó al trono a una edad venerable. Estuvo casado con Meresanj y tuvo dos hijos: Seneferu y Hetepheres. A veces se le adjudica ordenar construir la gran pirámide escalonada situada en Meidum, más grande que la de Dyeser, que según se supone dejó inacabada a su muerte, así su sucesor Seneferu, se comenta, la terminó al principio de su reinado. Sin embargo, esta teoría surge de un natural deseo de tener un monumento funerario significativo atribuido a Huny, pero no hay evidencias de que que la pirámide de Meidum fuera el lugar de su sepultura. El nombre de Seneferu, sin embargo, se ha encontrado en Meidum, y varios hijos de Seneferu, concretamente, los príncipes Nefermaat y Rahotep, fueron enterrados en mastabas de la necrópolis de Meidum. Así, parece más probable que fuera Seneferu quien ordenara construir la pirámide y, más tarde, durante su reinado, se transformara de pirámide escalonada en pirámide clásica, adquiriendo sus caras forma triangular. La pirámide, desde que se desmoronó, sólo mantiene en pie su núcleo central. Existe otra pirámide que muy probablemente fuera ordenada construir por Huny, pero es una pequeña pirámide ceremonial cuyas ruinas se han encontrado en la isla de Elefantina. Esta pirámide no era una tumba, ni tiene un complejo circundante de necrópolis o templos: su función verdadera y su significado religioso son desconocidos. También es posible que todas las pequeñas pirámides escalonadas, que miden de 10 a 17 m de altura, descubiertas en Zawyet el Meytin, Abidos (Sinki), Naqada (Nubt), Khula (Hieracómpolis), y Edfu puedan ser atribuidas al soberano Huni (M.D.A.I.K. 36 p. 43-59; M.D.A.I.K. 38 p. 83-93 y 94-95). Su posible tumba podría estar en Zawyet el-Aryan, o en la necrópolis de Meidum (mastaba M 17, según Swelim), donde también se encuentran las mastabas de algunos funcionarios, como la de Nefermaat (M 16), enterrado con su esposa Itet, otro hijo de Huni y primer visir de Seneferu, el padre de Hemiunu, arquitecto y visir de Jufu; y la mastaba de Rahotep y Nofret (M 6).

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Imperio Antiguo (2680 – 2200 a. C) – Dinastias III, IV, V y VI

FARAONES, HISTORIA

El Imperio Antiguo de Egipto, también llamado Reino Antiguo, es el período de la historia del Antiguo Egipto comprendido entre c. 2700 y 2200 a. C. Lo integran las dinastías III, IV, V y VI.

El Imperio Antiguo forjó y consolidó el sistema político, cultural y religioso surgido durante el periodo protodinástico, con la aparición de una monarquía cuyos rasgos más notables son la divinización absoluta del faraón (los egipcios creían que el faraón aseguraba las inundaciones anuales del Nilo que eran necesarias para sus cosechas) y un poder político fuertemente centralizado.

Esta época surge marcada por la influencia del faraón Dyeser (Zoser), quien traslada la capital a Menfis y extiende el Imperio egipcio desde Nubia al Sinaí. Aunque más importante que Dyeser fue su visir Imhotep, el arquitecto diseñador de la pirámide escalonada de Saqqara, sumo sacerdote de Ptah, divinizado en la época ptolemaica. También las grandes pirámides de Giza, atribuidas a los faraones Keops, Kefrén y Micerino se datan en este periodo.

Tras el largo reinado del faraón Pepy II (94 años), y ante la debilidad del poder real, los nomarcas (gobernadores de los nomos) se hacen fuertes, y convierten sus cargos en hereditarios. Entonces Egipto pasó a un período histórico en el cual se descentralizó fuertemente el sistema político, siendo denominado por los historiadores primer período intermedio.

Historia del Imperio Antiguo

El Principio: III Dinastía

El primer faraón notable del Imperio Antiguo fue Dyeser, de la III Dinastía, que ordenó la construcción de una pirámide (la Pirámide Escalonada) en la necrópolis de Menfis, la actual Saqqara. La persona más importante durante el reinado de Dyeser fue su chaty (visir), Imhotep. Durante este período, los egipcios creían que la naturaleza del tiempo era cíclica, y el faraón debía asegurar la estabilidad de aquellos ciclos. También se consideraban una gente especialmente elegida, “como los únicos seres humanos verdaderos sobre la Tierra”.

El Apogeo: IV Dinastía

Los faraones de la Dinastía IV alcanzaron el cenit del Imperio Antiguo, que comenzó con el faraón Seneferu, quien construyó tres pirámides: la pirámide ahora derruida de Meidum, la Pirámide acodadada de Dahshur, y la Pirámide Roja, al norte de Dahshur. Utilizó una masa mayor de piedras que cualquier otro faraón.

Seneferu fue sucedido por su hijo, Keops, quien construyó la Gran Pirámide de Giza. La tradición posterior egipcia lo describe como un tirano cruel, que impuso el trabajo forzado a sus súbditos para erigir su pirámide. Después de la muerte de Keops es posible que surgieran disputas sucesorias entre sus hijos Dyedefra y Kefrén. Éste último construyó la segunda pirámide y posiblemente la Gran Esfinge de Giza.

Los últimos reyes de la IV Dinastía fueron Micerino, quien construyó la tercera mayor pirámide de Giza, Shepseskaf y Dyedefptah.

Decadencia y colapso: V-VI Dinastías

La V Dinastía fue fundada por Userkaf, quien inició las reformas que debilitaron el poder del faraón y del gobierno central. Los intereses comerciales de Egipto en mercancías como ébano, mirra, incienso, oro, cobre y otros metales útiles inspiraron a los antiguos egipcios a construir grandes barcos para navegar por mar abierto.

Ellos negociaron con Líbano para obtener cedro y viajaron por el mar Rojo hasta el Reino de Punt, ubicado en las actuales Etiopía y Somalia para obtener ébano, marfil y especias aromáticas. Los constructores de barcos de aquella época usaban cuerdas para trabar sus barcos.

Después de los reinados de Userkaf y Sahura, los poderosos nomarcas (gobernadores regionales) entablaron disputas entre ellos, que fueron cada vez a peor, minando la unidad y el gobierno central. También surgieron hambrunas. Pero la autonomía regional y los disturbios no eran las únicas causas de esta decadencia. Los proyectos de grandes edificaciones de la IV Dinastía habían excedido la capacidad del tesoro y a la población, debilitado a la monarquía en sus raíces.

El golpe final fue una severa sequía en la región de las fuentes del Nilo, causada por una drástica disminución de las lluvias entre 2200 y 2150 a. C., que a su vez evitó las inundaciones normales del Nilo. El resultado fue el colapso final del Imperio Antiguo después de décadas de hambre y disturbios. Una importante inscripción en la tumba de Anjtifi, uno de los nomarcas, durante el temprano Primer período intermedio, describe el estado lamentable del país después de las hambrunas.

El faraón y su corte

El faraón era considerado oficialmente como un dios, heredero de los dioses que reinaron sobre la Tierra, custodio de la justicia y el orden universal “Maat”. Era el único que podía tener varias esposas legítimas y otras secundarias (concubinas), madres de los futuros reyes, visires generalmente, sumos sacerdotes en los templos de Ra, Tot y Min, con derecho a ser enterrados junto al faraón, en pirámides menores o mastabas propias.

La sociedad

La necesidad de realizar grandes trabajos hidraúlicos que regulasen las crecidas del Nilo obligó a crear una estructura organizativa cada vez más compleja que fue el germen del Estado centralizado egipcio.

La sociedad estaba jerarquizada en tres niveles: Faraón: Depositario del derecho divino, se le atribuían todos los poderes por mediación de Horus. Altos funcionarios y sumos sacerdotes. Pueblo: Artesanos, campesinos, entre otros.

Aunque la idea de un faraón rico que sometía a los artesanos se encuentra muy extendida, no es del todo exacta. Los faraones regalaban una serie de derechos, estaba extendida la propiedad privada y había posibilidad de ascenso y hasta que los cargos se hiciesen hereditarios. El faraón era propietario de hombres y tierras, teológicamente, pero en realidad la propiedad privada era un derecho con garantías jurídicas y legales, garantizada por el Estado si estaba registrada, existiendo censos bianuales de bienes muebles e inmuebles:
La población urbana

Se concentraba fundamentalmente en varias poblaciones del delta del Nilo y el valle del Nilo. Los núcleos urbanos eran el motor ideológico de Egipto. Allí se asentaba el comercio, las clases ricas y cultas. Se constituyeron en centros culturales y religiosos. La ciudad más importante de esta época fue Menfis, la capital.

La población rural

Era la base de la economía. Asentada en poblaciones menores, estaba compuesta fundamentalmente por agricultores, ganaderos y trabajadores libres que recibían un salario en especie. La existencia de mercados implicaba que también entre ellos estuviera extendida la propiedad privada.
La administración

El cargo más importante era el de visir, quien presidía la administración central, y era designado por el faraón. Disponía de su propio consejo: los jefes de misión. Presidía la corte de justicia como jefe de la Gran Casa de Justicia. También era el custodio de los archivos. Además dirigía la hacienda pública, que centralizaba los impuestos y los productos del campo, era el encargado de la agricultura y de la casa real.

En un rango inferior al de visir estaba el canciller del rey del Bajo Egipto, título que acabó siendo meramente honorífico; y el canciller del dios, encargado de las expediciones militares y comerciales. La justicia, prerrogativa real, disponía de un conjunto de leyes escritas (conocidas parcialmente por referencias), sin pena de muerte ni castigos cruentos. Era un derecho egipcio apelar en última instancia al rey.

El “ministerio” de cultura se ocupaba de dos asuntos: campos y ganados. Nace la figura del arrendatario de una propiedad real. Los escribas: Existía un archivo al que se llamaba Casa de Vida en el cual se reunían todos los documentos relativos al funcionamiento de la ciudad. Entre los escribas se encontraba el jefe de los secretos, que se ocupaba de las cuestiones religiosas.

La administración provincial estaba basada en la figura del nomarca: “el que abre los canales”, que era responsable de la irrigación, del rendimiento agrícola, recaudar impuestos y fijar los límites de las propiedades después de la inundación anual. En esta época el número de nomos fue de 38 o 39.4

Arquitectura

Los monumentos de esta época muestran la inteligencia y capacidad organizativa de los arquitectos para construirlos, unida a la destreza y habilidad de los artesanos egipcios, y pone de manifiesto el alto grado de esplendor que alcanzó la civilización egipcia.

Los complejos funerarios del Imperio Antiguo, constituidos en piedra, formaban parte de un conjunto en el que se disponían, normalmente, la pirámide principal, el templo funerario junto a la pirámide, un templo del valle con un embarcadero, y un camino procesional que comunicaba estos edificios. Se complementaban con pirámides subsidiarias, barcos solares en fosos, capillas, almacenes, etc. Eran extraordinarios espacios arquitectónicos ideados para realizar solemnemente las ceremonias de enterramiento.

Los faraones de la Dinastía III iniciaron la construcción de pirámides en Saqqara, en la ribera opuesta de la nueva capital, Menfis. El sabio, y arquitecto Imhotep construyó para el faraón Dyeser (Zoser) el complejo funerario de Saqqara, por primera vez totalmente ejecutado en piedra, constituido por una pirámide escalonada, y un conjunto de templos simbólicos intercomunicados mediante patios. La pirámide escalonada del faraón Dyeser es el edificio más antiguo conservado de arquitectura monumental; erigido a modo de 6 mastabas superpuestas, es considerado la primera fase del desarrollo de las pirámides, que sustituyeron a las mastabas como tumbas reales o cenotafios.

Los faraones de la Dinastía IV erigieron monumentales pirámides. Seneferu fue el artífice de tres grandes pirámides, construyendo la primera pirámide clásica. Sus sucesores comenzaron el complejo funerario monumental de Giza. Keops erigió la Gran Pirámide, de 146 metros de altura, conformada por unos 2,5 millones de bloques de piedra, la única de las siete maravillas del mundo que ha perdurado. Kefrén construyó una pirámide, algo menor, y Micerino levantó la tercera gran pirámide de Giza, donde según la tradición fueron enterrados.

Los faraones de la Dinastía V erigieron en Saqqara complejos de pirámides más sencillos, peor ejecutados constructivamente, dedicando gran empeño en la erección de un nuevo tipo de edificios: los Templos Solares, reflejo de una nueva doctrina religiosa, la mística solar del clero de Heliópolis, abandonando las prácticas de los sacerdotes de Menfis.

Literatura

Los textos que nos han llegado de este periodo se clasifican en varios tipos:

Los textos religiosos, son los más antiguos que se conocen de esta época, y tienen relación con el Más Allá, la Duat, la vida después de la muerte física, describiendo que deberá hacer el espíritu del faraón para conseguir la inmortalidad, el único egipcio que podía obtenerla. Estos son los Textos de las Pirámides, un conjunto heterogéneo de himnos, conjuros y normas útiles, compilados por el clero menfita, para después de la muerte, en el viaje por la Duat, y grabados en el interior de las pirámides durante el Imperio Antiguo, aunque la procedencia de algunos textos sería predinástica, como el himno caníbal. Su evolución dará lugar a los Textos de los Sarcófagos, en el Imperio Medio, y el Libro de los Muertos, en el Imperio Nuevo.

Las lecciones sapienciales, textos pedagógicos con enseñanzas y consejos cívicos y morales, gestados en las Casas de Vida por los escribas, eran buenos ejemplos de retórica, como Las enseñanzas de Ptahhotep, Las enseñanzas para Kagemny, o Las enseñanzas de Hordyedef.

Los textos de carácter histórico, narrando acontecimientos e hitos de gran valor histórico, como la biografía de Neferseshemra, o los fragmentos de la Piedra de Palermo, con anales que incluyen reyes predinásticos. Los textos de carácter técnico, como los papiros, de carácter administrativo, hallados en los archivos del templo de Neferirkara, en Abusir. Se han encontrado también textos de teatro religioso, donde se escenificaban las aventuras del dios Horus.

Ciencia

Durante el Imperio Antiguo alcanzaron un desarrollo notable varias ciencias, tales como la aritmética y la geometría, por la necesidad de calcular correctamente las superficies de los campos, tras la inundación anual. También sabían calcular volúmenes, como el de la pirámide y el tronco de pirámide, problemas de imposible resolución sin una demostración racional previa. La construcción de los monumentos de esta época implica amplios conocimientos de estas ciencias. También la astronomía disfrutó de un avance significativo al organizar calendario solar relacionado con los movimientos estelares, que les permitió orientar las inmensas pirámides con gran precisión.

La mayor parte de los textos médicos de épocas posteriores están redactados en egipcio antiguo, como posibles copias de este periodo, indicando el gran nivel alcanzado en medicina durante el Imperio Antiguo. El papiro Edwin Smith es un buen manual quirúrgico con diagnósticos racionales y prácticas recomendaciones. Además, de esta época hay inscripciones citando a dentistas, ginecólogos, traumatólogos, cardiólogos, etc. La farmacopea también se desarrolló ampliamente.

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Periodo Arcaico – Dinastia I (3050–2830 A.C.) – Dinastia II (2830–2680 A.C.)

FARAONES, HISTORIA

El periodo Arcaico, o época Tinita o periodo Dinástico temprano (c. 3100 – 2700 a. C.), es el comienzo de la historia dinástica del Antiguo Egipto. Según Manetón, la capital del Imperio durante este tiempo fue Tinis, o Tis, de donde proviene el nombre Tinita, aunque no hay vestigios arqueológicos que lo corroboren. En esta época gobernaron sólo dos linajes de reyes, denominados primera y segunda dinastía; los primeros faraones se consideran los unficadores de Egipto.

La expansión de la monarquía

En los inicios de este período se empieza a vislumbrar el sistema de organización estatal que sería casi constante en toda la historia del Egipto antiguo. En esta época parece ser que la capital se trasladó de Nejen (en griego Hieracómpolis), capital antigua del Alto Egipto, a Menfis, situada cerca de donde el Nilo se abre en varios brazos. La monarquía poseía un destacado carácter militar, el rey en persona o sus delegados mantenían a la raya a los nómadas (en general libios de la frontera occidental), a su vez aseguraban, en el Sur y el Este, el control de las minas (de oro y piedras preciosas). Justamente, Egipto avanzó hacia la Primera Catarata, absorbiendo las ciudades de Elefantina y Siena (actual Asuán), de poco desarrollo agrario pero centros mineros y comerciales, además de puntos estratégicos para la expansión hacia Nubia. Ya del segundo faraón Aha se tiene constancia de expediciones a Nubia. En cuanto a los nómadas, se sabe que Aha recibió tributo de los libios, y que su sucesor Dyer realizó expediciones hasta el mar Rojo (estas estaban generalmente vinculadas con la explotación de las minas de la región). También constan campañas en época de Den al Sinaí (para el control de la minas) y contra los libios.

El estado dirigía una política cultural hacia la asimilación mutua entre el Alto (de donde provenía la monarquía) y el Bajo Egipto. Esto se realizaba mediante:

• En primer lugar, la adopción por parte del faraón de simbolismos del Norte y del Sur, como la corona roja del Bajo Egipto y la blanca del Alto Egipto.

• Celebraciones simbólicas de la unificación, atestiguadas en el reinado de Aha.

• Alianzas matrimoniales: Dos reinas, Neithotep (de Aha) y Merytneit (de Dyer y regente de su hijo Dyet), poseen en su nombre el de la diosa guerrera Neit, oriunda del la ciudad de Sais, en el Bajo Egipto; tal vez se trate de matrimonios mixtos entre el rey y miembros de la nobleza de Sais. Esto también es prueba del peso político y religioso de la ciudad de Sais. Los matrimonios mixtos también se realizaban entre la nobleza.

• Construcción de templos en el Bajo Egipto.

• Asimilación de estilos arquitectónicos del Norte y del Sur, especialmente en las tumbas reales. Estas se situaban tanto en Abidos (Alto Egipto) como en Saqqara (Bajo Egipto).

Economía y sociedad

La economía egipcia está íntimamente vinculada con el aparato político. Los faraones promovían obras de canalización para riego, aumentando el rendimiento agrícola, posibilitado por un estado fuerte y unificado (aunque pronto se vería envuelto en guerras civiles, que serán detalladas más tarde). Según algunos autores, en un primer momento los nomarcas eran funcionarios que organizaban construcción de canales, aunque tienen apariencia de ser jefes locales más que funcionarios; en cualquier caso pronto se transformarían gobernadores (nomarcas) de las provincias o nomos. Las fuentes griegas posteriores recogen tradiciones que afirman la construcción de Menfis, la capital, por el primer faraón (llamado por ellos Menes), de todos modos, aunque sea poco fiable el dato, la arqueología atestigua la construcción de Menfis por esta época (c. 2900 a. C.), y por lo tanto el desarrollo urbano, lo que concuerda con el desarrollo agrario, que provoca mayor acceso a productos alimenticios y crecimiento de la población. Además, Saqqara, cerca de Menfis, era uno de los principales centros de enterramiento real. El comercio era cada vez más amplio, teniendo dos principales corrientes: Nilo arriba (Nubia) y hacia el llamado Levante (franja costera más oriental del Mediterráneo, que incluye los actuales Israel, Jordania, Líbano, Siria y los Territorios Palestinos). El comercio con Nubia era predominantemente terrestre, ya que las sucesivas cataratas impiden la navegación mucho más allá de Elefantina, en la frontera con Nubia. El Levante era su principal fuente de madera. Del final del período arcaico se hallaron restos de cerámica que muestran barcos con remos. De esto se podría deducir que en esta época se produjo una revolución tecnológica, y también el aumento del comercio, tanto porque los barcos servían para el transporte de mercancías, como porque la madera provenía del Levante (especialmente del actual Líbano). En cuanto a Nubia y el frente Sur y Este, la expansión militar aseguraba la explotación minera (piedra y oro).

El comercio internacional servía para satisfacer demandas de primera necesidad (madera, metales para producción de bronce, piedra) así como artículos de lujo (incluidos metales y piedras preciosas). Además, por motivos sociales (culto funerario, ostentación) y políticos (demostración de poder), había gran demanda local para la construcción de objetos funerarios, estatuas reales y todo tipo de monumentos, que era satisfecha mediante la presencia militar en áreas productivas.

En cuanto a la satisfacción de las necesidades básicas de la población, la producción alimenticia ascendía en forma de impuestos al aparato político, almacenándose en los llamados silos reales, y era redistribuido entre la población no rural. En este sector se comenzaban a constituir los artesanos, dedicados en modo particular al trabajo de madera y metal. El resto de la población la constituía el sector dedicado al comercio (fluvial e internacional) y la que formaba parte del aparato político (ejército, burocracia, familia real).

Religión

En esta época los dioses locales de las ciudades y centros religiosos comenzaron a tomar importancia nacional, muchas veces mediante el llamado sincretismo o asimilación de dioses y cultos de distintos origen. Uno de los casos más relevantes es el de Osiris, un dios benefactor relacionado con la fertilidad, el comercio y, sobre todo, la vida después de la muerte, originario de la ciudad bajo-egipcia de Busiris, que fue asimilado un dios de características similares de la ciudad alto-egipcia de Abidos, ciudad que consolidó su autoridad como centro religioso y funerario (allí eran enterrados los faraones), más aún al adoptarse a Osiris y a su hijo Horus dentro del simbolismo de la realeza.

Posiblemente en esta época se comenzó a gestar el mito de las guerras entre Osiris y Horus contra Seth, aunque su redacción definitiva es posterior.

Indicios de conflictos internos

Parecen relacionarse, en un modo simplificado, con una oposición del Bajo Egipto al centralismo de la monaquía del Alto Egipto. Ya se comienzan a evidenciar en el reinado de Adyib, quien al parecer tuvo que enfrentar rebeliones en el Bajo Egipto, a pesar de algunas señales de acercamiento, como su matrimonio con una menfita. Su sucesor, Semerjet, parece ser un usurpador. Ambos reyes, así como un tercero, Qaa, fueron enterrados, como sus antecesores, en Abidos (Alto Egipto); además de Qaa se conoce una estela en la que utiliza símbolos como el dios Horus (hijo de Osiris y por los tanto relacionado con Abidos) y la Corona Blanca del Alto Egipto, en lugar de la Corona Doble*.

Todo ello evidencia una inclinación de la monarquía hacia el Alto Egipto y un proceso de sedición por parte del Bajo. Si bien estos indicios se diluyen en los reinados de sus sucesores Hotepsejemuy (quien incluso fue enterrado en Saqqara, en el Bajo Egipto) y Nebra, serían antecedente de disturbios más graves ocurridos algo más tarde.

Peribsen eliminó al dios Horus de la simbología real y lo reemplazó por el dios Seth, lo recuerda al mito de la guerra entre Horus y Seth. Así, da la impresión que la guerra civil desencadenada bajo su sucesor Jasejem poseía un marcado carácter religioso, siendo una guerra entre seguidores de uno y otro dios.

La rebelión llegó a atacar la ciudad de Nejet, antiguo centro religioso de la monarquía del Alto Egipto, lo que de una idea de su magnitud. Finalmente Jasejem se impuso, como lo demuestran los relieves de las bases de dos estatuas, en las que se muestran los enemigos muertos y en las que el rey es representado significativamente con la Corona Blanca del Alto Egipto*. Tanto el cambio de nombre de Jasejem (que significa “un poder”) a Jasejemuy (“dos poderes”), como el regreso a la simbología de Horus tras las modificaciones de Peribsen, nos inducen a pensar que los rebeldes del norte tomaban como emblema al dios Seth, en contraposición al Horus de la monarquía.

El origen de las ciudades del mundo mediterráneo

La historia de Egipto se inicia con el desarrollo de poblados agrícolas y ganaderos en el fértil valle del Nilo, en las mesetas cercanas al río, que paulatinamente se transformaron en asentamientos fluviales con el fin controlar los sistemas de irrigación. El río Nilo era la gran vía de comunicación constituyendo el principal elemento vertebrador del territorio.

Estas ciudades se conformaron con calles paralelas al río, cruzadas por otras perpendiculares que desembocaban en él, casi siempre formando ángulos rectos, originando, de forma natural, los primeros trazados urbanos ortogonales (plan hipodámico).

En el milenio III a. C. surgen en Egipto más de treinta ciudades, a lo largo del valle y el delta del Nilo. Este es el nombre actual, o helenizado, de estas nuevas ciudades (o sus necrópolis), por orden alfabético:

Abidos, Abu Gurab, Abu Roash, Abusir, Ajmin, Acoris, Amra, Armant, Asiut, Atribis, Bet Jalaf, Beni Hassan, Buhen, Buto, Coptos, Dendera, Edfu, Elefantina, El Badari, El Kab, Gerzeh, Giza, Heliópolis, Heracleópolis, Hermópolis, Hermontis, Hieracónpolis, Hiu, Kom Abu Billo, Kom el-Hisn, Kom Ombo, Menfis, Naqada, Qina, Qus, Saqqara, Siena, Tasa, Tarjan, Tebas, Tinis, y Tod.

Dinastia I (3050–2830 A.C.)

Nombre Común (Nombre de Trono) – Años de Reinado: Comentario

Narmer (Menes) – 3050-3007 A. C.: Menes de Tis según Manetón, el unificador de Egipto, primer faraón de la dinastía I de Egipto. Tanto la I dinastía como la II dinastía son llamadas también tinitas, ya que sus faraones eran originarios de la ciudad de Tinis, en el Alto Egipto. El reinado de Narmer (Menes), puede fecharse sin demasiada exactitud en torno al 3100 a. C. A este faraón le atribuye la tradición egipcia posterior la fundación de Menfis y la construcción del templo de Ptah en esta ciudad. Murió por las heridas recibidas durante una cacería.

Aha (Teti) – 3007-2975 A.C.: Mantuvo relaciones con Fenicia e hizo la guerra en Nubia y Libia. Practico la Medicina. llamado Iti en la Lista Real de Abidos, Atotis por Manetón. Su nombre significa “el guerrero”. Peleó contra los nubios y edificó un templo a la diosa Neit en Sais, en el recientemente anexionado Bajo Egipto. Posee una tumba en Abidos y un cenotafio en Saqqara.

Dyer (Iti) – 2974 – 2927 A.C: Comerció con Líbano, conquistó la tierra de Sejat, parte del Sinaí y Canaán; guerreó en Buto y Dep reunificando Egipto. guerreó tanto en el Sinaí como en Nubia, adentrándose hasta la segunda catarata, tal y como muestra un grabado encontrado cerca de lo que luego sería la fortaleza de Buhen. Es posible que dirigiese una campaña contra los libios. Su consorte fue Merytneit, de la cual se conoce su tumba. La tumba de Dyer fue descubierta en Abidos, enterrado junto a más de trescientos criados, presuntamente asesinados para que le sirviesen en la otra vida.

Merytneith (Merytneith) -2927 A.C.: accedió al trono a la muerte de Dyer. Es posible que se trate de la primera gobernante de Egipto, corregente con Dyet. Tuvo, como es habitual entre los reyes de esta época, una tumba y un cenotafio, en Abidos y Saqqara. Ambas son de rango real por su tamaño y estructura. Según han señalado algunos egiptólogos, podría tratarse de una reina corregente con Dyet o Den (Edwars), durante su minoría de edad. El nombre significa “amada de Neit” una diosa del bajo Egipto, lo que muestra el grado de unión que había alcanzado Egipto entre sus dos regiones en apenas unas décadas.

Dyet (Ita) – 2927-2914 A. C.: Hizo expediciones fuera de Egipto y se han encontrado huellas de su paso por el desierto arábigo, en el camino que conduce al mar Rojo. Durante su reinado se hicieron grandes avances en el arte y la artesanía. Una gran hambruna asoló el pais. El lugar de su sepultura es la tumba Z en la necrópolis de Umm el-Qaab, en Abidos. Tiene pequeñas habitaciones que rodean la cámara funeraria dentro del propio edificio, una característica de las mastabas. Fuera de ella se encontró una estela de dos metros que marcaba el lugar donde los visitantes debían rendir homenaje.

Den (Sepaty) – 2914-2867 A. C.: es el rey del que tenemos más datos. Su nombre de Nebty (una de las titulaturas) fue Semti, y ha sido identificado con Hesepti en la lista Real de Abidos y con Usaphaidos de las crónicas de Manetón. Este rey organizó varias campañas al Sinaí, para defender las minas de malaquita que ya explotaban los beduinos nómadas. Durante su reinado se celebró una fiesta Sed, lo cual hace pensar que reinó al menos treinta años, una edad nada desdeñable teniendo en cuenta la esperanza de vida de aquella época. Este dato hizo pensar que llegó al trono siendo muy joven y afianzó la hipótesis de que su madre gobernase como regente. Durante su reinado se hizo un censo de ganado. El rey cazó un hipópotamo y visitó el lago Herishef en Heracleópolis. En su reinado aparece un alto funcionario llamado Hemaka, cuyas atribuciones eran similares a las de los visires de épocas posteriores. La tumba de Abidos es relativamente pequeña y tiene 130 tumbas adyacentes de criados. La tumba del norte nunca ha sido investigada en profundidad, y es atribuida tanto a Hemaka como al propio faraón.

Adyib (Merbiapen) – 2867-2861 A. C.: Realizó una expedición militar contra los nómadas. Se le consideró un usurpador del trono. Periodo de turbulencias politicas. Merbapen en la lista de Abidos y Miebidos para Manetón, es el primer rey de la Lista Real de Saqqara, aunque su nombre fue borrado parcialmente por su sucesor, lo cual sugiere una época de conflictos dinásicos. Este dato parece ser confirmado por el reducido tamaño de su tumba de Abidos. La tumba de Saqqara contiene elementos arquitectónicos más evolucionados, reflejando el avance de las técnicas de construcción.

Semerjet (Semsu) – 2861-2853 A. C.: sucesor de Adyib, es poco conocido. Celebró una fiesta Sed. Su tumba se halla en Abidos, pero no se ha encontrado su cenotafio en Saqqara.

Qaa (Kebeh) – 2853-2828 A. C.: Último rey en hacerse enterrar con algunos cortesanos. Su complejo fúnebre en Saqqara es el primero en la historia egipcia que incluye el Templo funerario. el último faraón de la primera dinastía, Kebeh en la lista de Abidos, Bienekes para Manetón, del cual se conoce muy poco, su tumba está en Abidos y su cenotafio en Saqqara.

Dinastía II (2830–2680 A. C.)

Hetepsejemuy (Bedyatau) – 2828-2800 A. C.: Su nombre significa “Los dos poderes está en paz”, lo que parece aludir a la terminación de las luchas entre el Bajo Egipto y el Alto Egipto. Se le considera el iniciador de la dinastía II, pero no se sabe con certeza qué relación existió entre él y la dinastía anterior, pues se cree que no fue hijo de Qaa. Es posible que llegara al trono casándose con una princesa. A partir de su reinado dejan de usarse las tablillas epónimas de la dinastía I y las reemplazan por impresiones de sellos cilíndricos. Esto nos proporcionará los nombres de los funcionarios, pero no información sobre sucesos políticos o religiosos. Según Manetón en su época se abrió una grieta en el suelo de Bubastis en la que perecieron numerosas personas. Se cree que fue apartado del trono mediante un complot organizado por su propio hermano. Su tumba se ha identificado en Saqqara; la estructura enterrada ha perdurado pero no quedan restos de la cubrición.

Nebra (Kakau) – 2800-2785 A. C.: Primer rey que incluye el nombre de Ra en su onomástica, Añadiendo además que durante su gobierno se consideró que los bueyes Apis en Menfis, Mnevis en Heliópolis y el carnero en Mendes, eran dioses. Actualmente se sabe que el culto a los bueyes Apis procede, al menos, de inicios de la dinastía I. Se han encontrado numerosas impresiones de sello del faraón bajo la pirámide de Unis en Saqqara (Maspero), en su posible tumba; también una estela, con su nombre, procedente de Saqqara o Menfis.

Nynecher (Banecheren) – 2785-2742 A. C.: La Piedra de Palermo menciona la celebración de numerosas fiestas religiosas, la realización del empadronamiento y de un censo de ganado (cada dos años). Continúa la política de desplazamientos hacia el norte del país, iniciada por sus antecesores, como forma de consolidar la unificación emprendida por el primer faraón Menes. Manetón comenta que durante este reinado se legisló que las mujeres podían ejercer el poder real.

Uneg (Uadynes) – 2742-2735 A. C.: Comienza la crisis dinástica y las luchas internas. Encontramos su nombre, Uadynas, en la Lista Real de Abidos y la Lista Real de Saqqara. También aparece su título en algunas vasijas halladas en los almacenes subterráneos de la Pirámide escalonada de Saqqara.

Senedy (Senedy) – 2735-2724 A. C.: Egipto vuelve a dividirse en varios principados independientes. La Lista Real de Abidos le denomina Senedi. En la Lista Real de Saqqara figura como Senedy. Su nombre, Senedi, y el de Peribsen se encuentra en una “falsa puerta” conservada en el Museo Egipcio de El Cairo. Tras la muerte de Senedi Egipto dejó de estar gobernado por un solo faraón. El faraón Sened fue el primero que utilizó un cartucho egipcio para significar su nombre.

Neferkara, (Seneferka) (?) – 2724-2719 A. C.: Su nombre de Horus pudiera ser Seneferka. Sólo se conoce por sus referencias en las Listas Reales de Egipto y las inscripciones, con el nombre Seneferka, encontradas en recipientes de la tumba 3505, en Saqqara, perteneciente al alto oficial Merka, fechado en el reinado de rey Qaa, que gobernó al final de la primera dinastía (Emery) En la Lista Real de Saqqara Neferkara es el octavo nombre y está situado entre Sened y Neferkaseker, en la segunda dinastía. En el Canon Real de Turín Neferkara, o Aaka, está en el registro 2.25, entre Sened y Neferkasocar. Durante el periodo tardío de Egipto, este faraón, gozó de gran popularidad.

Neferkasocar (Neferkasocar ) – 2719-2711 A. C. Su nombre figura entre Neferkara y Hudyefa en la Lista Real de Saqqara y el Canon Real de Turín donde le asignan un mandato de 8 años. Aunque no está en la Lista Real de Abidos. Puede tratarse del Sesocris de Manetón, según Sexto Julio Africano y Eusebio de Cesarea. Posiblemente se tratara de un mandatario que solo gobernaba en la región del delta del Nilo.Von Beckerath asigna como sucesor de Neferkasocar a Hudyefa. Testimonios arqueológicos de su época: Un fragmento de papiro (del siglo II a. C.) que parece mostrar su nombre, y describe el edificio de un templo en la zona de El-Fayum. Una inscripción, con el nombre Neferkasocar en la pirámide inacabada de Zawyet el-Aryan. Un sello cilíndrico con el nombre del monarca, que podría no ser contemporáneo.

Hudyefa (Hudyefa) – 2711-2709 A. C.: Su nombre figura entre Neferkasocar y Jasejemuy (Beby) en la Lista Real de Saqqara y el Canon Real de Turín, en donde se consigna un mandato de un año, ocho meses y cuatro días. Posiblemente se tratara de un jerarca que solo gobernaba en la región del delta del Nilo.

Sejemib (Perenmaat) – 2734-2714 A. C.: Derrota a los reyes del Bajo Egipto. Tomó el trono bajo el nombre de Horus-Sejemib, pero lo cambió posteriormente por el de Seth-Peribsen; tal vez por una revuelta del norte contra el sur de Egipto. Se piensa que abandono Menfis (Seth representaba el Alto Egipto y Horus era protector del Bajo Egipto) y vuelve a enterrarse en Abidos, al sur, regresando a una tradición que rompieron sus predecesores. Posiblemente en esta época el poder estaba dividido y gobernaron reyes coetáneos, separándose el Alto y el Bajo Egipto.

Jasejemuy (Dyadyay) – 2709-2682 A. C.: Casado con Nemaathapy, fue padre de Initkaes y Hetephernebty, y posiblemente suegro de Sanajt y Dyeser. Es considerado el reunificador de las Dos Tierras (Egipto) bajo su mando, dividida después del reinado de Peribsen. Acabó con las rebeliones de los nomos septentrionales y mediante su enlace con la princesa Nemaathapy, procedente del Bajo Egipto, consolidó su poder sobre todo el territorio. Se cree que al reunificar el país cambio su nombre Jasejem por el de Jasejemuy. Por la semejanza del nombre, muchos estudiosos ven en Jasejemuy una titulatura diferente adoptada después de la reconciliación nacional, que estuvo en precario por la rebelión del sur. Jasejemuy trasladó la capital a Hieracómpolis, en la zona sur del país, y fue la primera y última vez que Egipto era gobernado desde esa ciudad. Reafirmó el sentimiento nacionalista y restableció el culto a Horus, junto con el de Seth que fue propagado por Sejemib durante la época de crisis. Fue sepultado en la necrópolis real de Umm el-Qaab, en Abidos; en la tumba de Jasejemuy se encontraron muchos sellos con el nombre de Necherjet, que fue el responsable de los ritos funerarios (pudo haber sido su hijo o su yerno). Con Jasejemuy concluye la segunda dinastía, y con ésta, el periodo arcaico de Egipto, o periodo Tinita.

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Periodo Protodinástico (3200 y 3000 A.C.) – Dinastia 0

FARAONES, HISTORIA

El Periodo Protodinástico de Egipto (situado generalmente entre los años 3200 y 3000 a. C.) es considerado la fase final del periodo predinástico. Es conocido también como Dinastía 0 o periodo predinástico tardío. Culturalmente, se corresponde con el periodo denominado Naqada III.

La Dinastía 0 de gobernantes egipcios fue durante muchos años desestimada por los egiptólogos, siendo sólo reconocida a partir de las excavaciones de Emile Amelineau y Flinders Petrie en el cementerio de Umm el-Qaab (Abidos), entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y también por las excavaciones de James Edward Quibell en Nejen (Hieracómpolis).

Está asociada al final de la época predinástica, también denominada periodo de Naqada III. En ella se incluyen varios gobernantes que reinaron en el Alto Egipto entre el 3200 y el 3100 a. C.: Horus Ro o Iry-Hor (c. 3200 – 3175 a. C.), Horus Ka o Ka-Sehen (c. 3175 – 3150 a. C.) y Horus Escorpión o Serket (c. 3150 – 3100 a. C.)

Estos gobernantes oriundos del Alto Egipto son blanco continuo de debate, relativo a la extensión de sus reinos en época tan antigua de la historia de las civilizaciones humanas, aún después de las recientes excavaciones realizadas por el Instituto Arqueológico Alemán en Abidos y de las dirigidas hasta hace poco tiempo por Michael Hoffman y Barbara Adams en Hieracómpolis.

La identidad de estos primeros reyes figura en la Piedra de Palermo, casi 700 años posterior, y otras listas de faraones que se hicieron unos 2000 años después, como las de Abidos, Saqqara o el Canon Real de Turín. La más antigua representación de un posible gobernante se ha encontrado en una vasija de Abidos, y data de la época en que esta ciudad era un enclave funerario de la capital, Tinis. Se representa, junto a una mujer embarazada, a un hombre ataviado con el shenti (faldilla), y una pluma en la cabeza, sosteniendo una maza, en una postura que se repitió después en las representaciones reales.

Piedra de Palermo

En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis en Abidos, Nubet en Ombos, Nejeb en Eileithyaspolis, Nejen en Hieracómpolis, Per-Montu en Hermontis, Uetyeset-Heru en Edfu, y Ab en Elefantina.

Son típicos de esta época los magníficos vasos tallados en piedra, los cuchillos ceremoniales, como el de Guebel el-Arak, las paletas para cosméticos, o las cabezas de mazas votivas y de guerra.

Nombres de los gobernantes protodinásticos del Delta del Nilo, o Bajo Egipto, grabados en la Piedra de Palermo.

…Pu
Seka
Jaau
Tiu
Tyesh
Neheb
Uadynar
Mejet
…A

Gobernantes protodinásticos del Alto Egipto

Horus Escorpión I
Doble Halcón
Horus Ny
Horus Hat
Horus…
Horus Hedyu
Horus Iry
Horus Hut
Horus Ka
Horus Nineyt
Horus Cocodrilo
Horus Escorpión II
Narmer (?)

Gobernantes de Tinis-Abidos desde el período Naqada IIIa1 hasta principios de Naqada IIIc1. Lista reconstruida por G. Dreyer (Umm el-Qaab I, 1998, p. 178.)

Oryx estandarte
Concha
Pez
Elefante
Toro
Bucranium estandarte (?)
Cigüeña
Cánido
Horus Escorpión I
Min estandarte
Halcón II (?)
León
Doble Halcón
Horus Iry
Horus Ka
Horus Escorpión II

Los probables nombres o los símbolos de los gobernantes de esta época predinástica: Oryx, Concha, Pez, Toro, Cigüeña, Cánido (?), estandarte de cabeza de ganado, Escorpión I, Halcón I, Estandarte Min, Halcón II (?), León, Doble Halcón, Iry-Hor, Ka, Escorpión II, Narmer.

Otros gobernantes locales fueron (la mayoría de la “Dinastía 0″, período Naqada III): Nb (o R ?), Hedyu(-Hor), Pe + Elefante, Ny-Hor, Hat-Hor, Cocodrilo, Halcon + Mer (o ‘Mer Dyehuty’), y Pe-Hor. Desde Doble Halcón en adelante son considerados de la Dinastía 0.

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Cronología de los Reyes y Faraones Egipcios

FARAONES, HISTORIA

Periodo Protodinástico

Gobernantes protodinásticos del Bajo Egipto

Gobernantes protodinásticos del Alto Egipto

Período Arcaico

Dinastía I (c. 3050–2830 A. C.)

Dinastía II (c. 2830–2680 A. C.)

Imperio Antiguo

Dinastía III (c. 2680–2610 A. C.)

Dinastía IV (c. 2610–2480 A. C.)

Dinastía V (c. 2480–2320 A. C.)

Dinastía VI (c. 2320–2190 A. C.)

Primer Periodo Intermedio

Dinastía VII (c. 2190–2170 A. C.)

Dinastía VIII (c. 2170–2150 A. C.)

Dinastía IX (c. 2150–2100 A. C.)

Dinastía X (c. 2100–2040 A. C.)

Imperio Medio

Dinastía XI (2139–1991 A. C.)

Dinastía XII (1991–1786 A. C.)

Segundo Periodo Intermedio

Dinastía XIII (c. 1760–1630 A. C.)

Dinastía XIV (c. 1750–1650 A. C.)

Dinastía XV (1655–1537 a. C.)

Dinastía XVI (c. 1650–1530 A. C.)

Dinastía XVII (c. 1650–1550 A. C.)

Imperio Nuevo

Dinastía XVIII (1552–1305 A. C.)

Dinastía XIX (1305–1194 A. C.)

Dinastía XX (1188–1069 A. C.)

Tercer Periodo Intermedio

Dinastía XXI (1069–945 A. C.)

Dinastía XXII (945–715 A. C.)

Dinastía XXIII (818–715 A. C.)

Dinastía XXIV (727–715 A. C.)

Dinastía XXV (716–656 A. C.)

Periodo Tardío

Dinastía XXVI (672–525 A. C.)

Dinastía XXVII (525–404 A. C.)

Dinastía XXVIII (404–398 A. C.)

Dinastía XXIX (398–378 A. C.)

Dinastía XXX (378–341 A. C.)

Dinastía XXXI (343–332 A. C.)

Periodo Helenístico de Egipto

Dinastía Macedónica (332–309 A. C.)

Dinastía Ptolemaica (305–30 A. C.)

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Cleopatra, la última reina de Egipto

FARAONES, HISTORIA

Cleopatra Filopator Nea Thea, Cleopatra VII fue la última reina del Antiguo Egipto de la dinastía Ptolemaica, también llamada dinastía Lágida. Dicha dinastía fue creada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno, y fue también la última del llamado Periodo helenístico de Egipto.

Cleopatra nació hacia el año 69 A. C. y murió en el año 30 A. C. Era hija de Cleopatra V Trifena y de Ptolomeo XII Auletes, de quien heredó el trono en el año 51 A. C., en torno a la edad de 18 años, junto con su hermano Ptolomeo XIII, que contaba aproximadamente con doce años, con quien ella tuvo que casarse por testamento de su padre. Claro que esta unión era puramente legal ya que según se dice Cleopatra, extremadamente inteligente y ambiciosa, dejaba fuera de todas las decisiones a su hermano.

Ptolomeo XII Auletes, no era muy respetado por su pueblo y era un gobernante bastante malvado para con e, su sobrenombre AULETTES, que en griego significa «flautista», era porque, según se decía, Ptolomeo XII le dedicaba más tiempo a la música que a gobernar.´
Ptolomeo XII tuvo 6 hijos, que son: Berenice IV, Cleopatra VI, Cleopatra VII, Arsinoe IV, Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV.

Durante una revuelta en el año 58 A.C. Berenice IV aprovechó el odio que sentían los egipcios hacia su padre, debido a su maldad y su despreocupación hacia el pueblo y envió le envió al exilio; gobernando junto a su madre durante un año. A la muerte de Cleopatra V, Berenice gobernó como regente única y se casó con Seleucus Kybiosaktes. Después de algunos días, Berenice mandó estrangular a su marido y se casó con Archelaus.

Ptolomeo XII consiguió el apoyo de Roma después de pagar a Pompeyo una gran suma de dinero y prometerle que durante años le pagaría tributos. Contando con los romanos de aliados, Ptolomeo XII consiguió derrotar al ejército de Archelaus y fue devuelto al trono. Uno de sus primeros actos fue mandar a ejecutar a su hija Berenice IV, esto ocurrió en el año 55 A.C. Durante el reinado de Berenice IV, Cleopatra VI, una de sus hermanas, aparentemente desapareció o fue asesinada, ya que no se encuentran más registros de ella a partir de esta época.

Cleopatra y sus hermanos fueron educados durante su niñez bajo la cultura Helénica, sus principales fuentes de estudio eran los poemas homéricos, la retórica de Demóstenes, etc. A pesar de haber recibido una educación puramente griega, Cleopatra fue el primer miembro de esta dinastía que aprendió a hablar el idioma egipcio; pero no sólo conocía este idioma sino también el griego, hebreo, sirio y arameo y quizás también el latín. Fue instruida así mismo en los campos de la literatura, música, ciencias políticas, matemáticas, astronomía y medicina. Además tenía fama de poseer modales dulces y refinados y una sugerente voz, cosas que hacían de ella una mujer muy seductora.

Era impulsiva, caprichosa, ingenua, espontánea, apasionada, diplomática y constante.

Plutarco dijo de ella: «Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje».

Políticamente, ella era muy ambiciosa, gobernó con la ayuda de su primer ministro Dioiketes y vigiló de cerca a los gobernadores griegos que estaban en el control de otras partes del país.
Instauró nuevas leyes, devaluó el dinero un tercio para las exportaciones. Y hasta modificó las leyes religiosas en favor de su propia gente.

Al subir al trono ella intentó rápidamente solucionar un conflicto existente con el imperio romano. Un año atrás habían asesinado a dos hijos del cónsul romano en Alejandría. Para demostrar buena voluntad, Cleopatra entregó a los presuntos asesinos a Pompeyo, que intentaba obtener el poder absoluto de Roma. Su opositor era Julio César.

Cleopatra también ofreció soldados egipcios a Pompeyo. Toda la condolencia que ella había mostrado hasta ahora para con el imperio romano se convirtió en el tema de discusiones en Alejandría. Esta ayuda a los Romanos realmente no fue apreciada, y los enemigos de Cleopatra, entre ellos sus tres consejeros Pothinus, Achillas y Theodotus y hasta su propia hermana, Arsinoe IV, que deseaban obtener el poder, aprovecharon esta situación para tramar un plan en su contra.

Entre el 50 y el 49 a. C. los campesinos sufrieron graves hambrunas, se rebelaban y se unían a bandas de forajidos que causaban grandes males; la moneda egipcia se debilitaba y la lenta burocracia entorpecía la recuperación: el país dependía cada vez más de Roma. Además, en su propio entorno familiar tampoco iban bien las cosas. Su hermana menor Arsinoe, en desacuerdo con su política de ayuda a los romanos en señal de buena voluntad, aspiraba al trono y pronto surgieron las desavenencias también con su hermano-esposo. Ptolomeo XIII, muy joven y manipulable, era prácticamente manejado por tres consejeros muy hostiles a ella: el eunuco llamado Pothinus, el general Achillas y el retórico Teodoto. Por consejo de ellos en 48 A. C. expulsó a su hermana del trono derrocándola con un comando dirigido por sus consejeros Pothinus y Achillas. Y la obligó al exilio eligiendo ella Siria. Desde esta región Cleopatra pretendió recuperar el poder, reuniendo un buen ejército para este fin, aunque no lo logró. Es entonces cuando se entera que Pompeyo ha sido derrocado en Pharsalus por el ejército de Julio Cesar y decide tratar de unirse a este.

Julio César había estado ausente de Roma por diez años, durante la guerra contra las Galias, en este tiempo Pompeyo, su rival, había tramado bajarlo del mando y había preparado todo un ejército para enfrentarle, sin embargo César logra derrotarlo en la batalla de Pharsalus durante el año 48 a.C.

Luego de la derrota, Pompeyo huye a Egipto buscando el apoyo y ayuda de Ptolomeo XIII.

En lugar del refugio buscado, Pompeyo encuentra la muerte el 28 de agosto del año 48 a.C. en Alejandría, bajo las manos de Lucius Septimius, antiguo servidor suyo, enviado por Ptolomeo XIII quien bajo el consejo de Pothinus decidió decapitarlo y enviarle la cabeza a César para así obtener su simpatía.

Sin embargo César lloró la muerte de su rival y amigo, y no miró con buenos ojos el acto de Ptolomeo XIII tomándolo como una traición.

Es allí cuando entra en escena Cleopatra, que viendo la oportunidad de recuperar su trono decide llegar hasta César. Estando él en el palacio real le es entregada una alfombra que era enviada por la exiliada Reina, y al desenrollarla se encontró con ella misma dentro.

Se dice que César quedó prendado de la belleza exuberante y la gran audacia de Cleopatra, en aquel mismo instante, y vio una gran oportunidad de mantener a Egipto dominado si ella volvía a ser Reina. Cleopatra a su vez supo que si enamoraba a César iba a tener de su lado a Roma, y no tendría que temer una invasión por parte de los romanos.

Julio César y Cleopatra pasaron la noche juntos. Al día siguiente Ptolomeo XIII fue citado ante el César para que éste intentara un arreglo entre hermanos en calidad de testamentario de Ptolomeo XII Aulettes. Al llegar Ptolomeo se percató de la situación entre César y su hermana y decidió huir del palacio haciendo correr el rumor entre los egipcios, que había sido traicionado, intentando despertar a la multitud de Alejandría contra Cleopatra, pero pronto fue capturado por los soldados de César.

Para calmar los ánimos, César da a Ptolomeo XIII la isla de Creta y a Ptolomeo XIV y Arsinoe IV Chipre. Arsinoe considera que ella debería reinar Egipto y se une a la causa de su hermano.

Pothinus y Achillas organizaron a 20.000 soldados y rodearon la ciudad, es entonces cuando la guerra entre Cleopatra y Ptolomeo se transformó en la guerra de Arsinoe IV y Ptolomeo XIII contra el César.

En uno de los combates, el ejército de Achilas intentó apoderarse del Gran Puerto de la ciudad, donde estaban anclados 72 navíos de guerra egipcios y 50 trirremes romanos. Para evitar que cayeran en sus manos, César prefirió quemar dichas naves provocando un gran incendio que alcanzó la ciudad y el resultado final fue la pérdida de muchos e importantes edificios, entre otros el famoso Museo con su Biblioteca, que quedó completamente destruida.

Arsinoe IV escapó del palacio y se unió a Achillas, el ejército la proclamó reina de Egipto. Durante la batalla Achillas fue asesinado y César ejecutó a Pothinus él mismo, en venganza por la muerte de Pompeyo. Ptolomeo XIII aparentemente murió ahogado cuando intentaba escapar. Arsinoe IV fue tomada presa por Cesar para exhibirla en Roma, como trofeo de guerra. Esto fue en el año 47 a.C.

Debido a la muerte de Ptolomeo XIII Cleopatra fue proclamada reina absoluta de Egipto y César la obligó a casarse con su hermano menor, de tan solo 12 años, Ptolomeo XIV.

César deja tres legiones romanas para proteger Alejandría y emprende una travesía por el Nilo junto a Cleopatra, a quien pareció la mejor forma de mostrarle la belleza de su país. Hay muy pocos documentos de esta travesía, pero aparentemente duró unos dos meses. Pararon en Dandara donde adoraban a Cleopatra como Faraona. César nunca tendría este honor y no podía bajar del barco. El solo bajó para atender un importante negocio en Siria.

Pero la travesía terminó, César debió marcharse hacia Hispania en los últimos avatares de la contienda civil.

Semanas después de la partida de César, el 23 de junio del año 47 a.C., Cleopatra dio a luz al hijo de ambos, Ptolomeo XV César, llamado por el pueblo egipcio Cesarión (pequeño César). El niño es validado rápidamente por los egipcios como hijo de Amon-Ra.

César reconoció abiertamente a Cesarión como su hijo. Esto enfureció a los romanos, sobre todo porque César ya estaba casado con Calpurnia, muchos pensaron que él planeaba casarse con Cleopatra sin importar las leyes de bigamia y las uniones con los extranjeros que regían en Roma.

La influencia egipcia durante estos años de Julio César en Roma también se reflejó en la administración, la sociedad, la cultura e incluso la religión. Cabe citar, por ejemplo, la recaudación directa de los impuestos por el Estado (que evitaba los anteriores abusos de los publicanos); el inicio de la administración racional (y no la mera explotación) de las provincias; la adopción, con pequeñas correcciones, del calendario de Canopo (llamado desde entonces Juliano); y la introducción del culto a Isis. La propia Cleopatra estuvo dos veces (46 y 45-44 A. C.) en Roma junto a Cesarión y viviendo como concubina en la villa de César. Nunca fue aceptada por el pueblo romano que la miraban con desconfianza. Además, César desafió a la opinión pública y rindió homenaje oficial a la reina egipcia. Durante la segunda estancia Julio César fue víctima del asesinato El 15 de marzo del 44 a.C., César es asesinado a la salida del edificio del senado en Roma. La mayoría de los senadores pensaron que él planteó una amenaza al bienestar de la república y tenía que ser eliminado. Con la muerte de César, Roma entra en un período de crisis, Octavio (hijo adoptivo de César) y Marco Antonio son sus sucesores, porque éste fue asesinado antes de que impusiera a Cesarión como su hijo legítimo. Cleopatra, que acababa de perder a su poderoso aliado no podía hacer otra cosa que abandonar la capital italiana y regresó con su hijo a Egipto.

A partir del año 43 a. C., tras su regreso a Egipto, Cleopatra, temiendo que su hermano-esposo Ptolomeo XIV, que ya contaba con 15 años de edad, quisiera tener más poder del que a ella le convenía, lo envenena y establece a Cesarión como su corregente a la edad de 4 años. El estado en que encontró a su reino fue muy desalentador. Sufría plagas y hambre. Los canales del Nilo habían sido descuidados durante sus dos años de ausencia y esto hizo que las cosechas fueran malas y las inundaciones no fueran bien aprovechadas.

El imperio romano ahora estaba dividido en dos, los viejos partidarios de César y los republicanos (quienes pidieron su muerte). Los republicanos se estaban acercando a Egipto, ellos eran perseguidos por los partidarios de César. Cleopatra no deseaba dar su ayuda a cualquier persona de los ejércitos luchadores. Todavía había tropas romanas en Alejandría, las que puso César para protegerla, así que ella no deseaba tener problemas con ellos, tomando alguna decisión equivocada.

El 23 de noviembre de 43 A. C., la Lex Titia oficializaba el pacto entre los tres por un período de cinco años: acababa de crearse el Segundo Triunvirato, que reunía a Antonio, Octavio (heredero político designado por Julio César) y Lépido, antiguo jefe de la caballería de César que se pasó al lado de Antonio. Se desencadenó de esta manera una guerra civil entre los partidarios del triunvirato y los seguidores republicanos. Marco Antonio llamó en su ayuda a la reina Cleopatra, para que acudiera con sus naves a Tarso en la actual Turquía, pero la reina no quería que Egipto entrara en una guerra civil de los romanos y tampoco se fiaba de él. Finalmente cedió a la reunión con la condición de que ésta se desarrollara en su propio barco, considerado donde fuere que estuviese anclado como suelo egipcio. Se encontraron en Tarso en el (41 A. C.). Aunque Egipto estaba al borde del colapso económico, Cleopatra navegó con los remos de plata, las velas púrpuras y todo el lujo al que estaba habituada, hasta se vistió como Afrodita, la diosa del amor. El encuentro duró cuatro días. El resultado de este viaje fue que ambos personajes se enamoraron, que Cleopatra convino en prestarle la ayuda económica que le pedía a cambio de que Antonio ejecutase a su hermana Arsinoe IV a quien consideraba una continua amenaza, como así se hizo, y que Marco Antonio decidió quedarse en Egipto al lado de Cleopatra. La pareja pasó junta en Egipto el invierno de 41-40 A. C. disfrutando de los máximos lujos y fiestas continuas. Pero los asuntos de Roma llamaban al general y en el año 40 A. C. tuvo que regresar a la capital del Imperio. Allí cumplió con la promesa de casarse con Octavia, hermana de Cayo Julio César Octavio Augusto.

Tras la marcha de Marco Antonio a Roma, Cleopatra dio a luz dos niños gemelos, Cleopatra Selene II y Alejandro Helios. No volvieron a encontrarse hasta cuatro años después. Él regresó a Egipto en otoño del 37, durante el curso de una campaña contra los partos, y contrajo matrimonio con Cleopatra (sin repudiar a Octavia). Marco Antonio cedió a su esposa Chipre, Fenicia y Creta, y Egipto volvió a tener una extensión similar a la de los tiempos de los primeros Ptolomeos.
Tuvieron otro hijo (Ptolomeo Filadelfo), llevaron juntos una vida de lujo y derroche, y nombraron a sus vástagos herederos de varios Estados satélites como Armenia y Cirene (34 a. C.).

Octavio le propuso a Antonio que después de que el Triunvirato terminara los dos gobernarían el mundo romano, aunque permitieron que Lepidus permaneciera en el Norte de África y que gobernara el área. Octavio sostuvo todo Europa occidental y Antonio obtuvo el extremo Este del mundo romano.

Durante la ausencia de Antonio, Cleopatra comenzó un conflicto entre ella y Herodes de Judea. Este era uno de los más ricos, inteligentes y capaces clientes de Roma y era un gran amigo de Antonio. Pero en el 40 a.C. Cleopatra trató de seducirlo, claro que Herodes no le siguió el juego y al ver su fracaso, ella comenzó a odiarlo. Cuando se encontró con Antonio, lo persuadió para que le dé las porciones grandes de Siria y del Líbano e incluso parte de las arboledas del bálsamo de Jericó. Con esto lo único que logró fue que Herodes y Antonio se distanciaran. Cuando el senado romano le declaró la guerra, la capacidad y los recursos de Herodes hubieran sido esenciales para su victoria. Desafortunadamente, Herodes rechazó ayudar a su amigo gracias a Cleopatra.

En el año 36 a.C. Marco Antonio deja Italia en una expedición contra Persia. Octavia había tenido otra hija y viajó con él hasta Corcyra. Pero allí Antonio se excusó de llevarla a Persia diciéndole que no deseaba exponerla a los peligros de las batallas y la envió a Roma, su hogar. Le dijo que ella le era más útil en Roma cuidando la paz con Octavio.

Sin embargo, lo primero que hizo cuando alcanzó Antioch, fue enviar por Cleopatra. Allí le fueron entregados sus gemelos y los reconoció. Pero Cleopatra todavía estaba enojada, por el casamiento de Antonio y Octavia, y mucho más aún porque juntos tenían dos niñas. Entonces le pide a Antonio territorio de sus conquistas, para entregárselo a sus hijos.

Aproximadamente en el año 36 a.C. Cleopatra y Antonio se casaron, y aunque la bigamia era ilegal en Roma, esto insultaba no solamente a Octavia y Octavio sino a todo el imperio. Ella también dio a luz a otro niño de Antonio, Ptolomeo Philadelphus.

Cuando Antonio invadió Armenia en el 34 a.C., llevó a cabo la marcha del triunfo en Alejandría. Como parte de las festividades hubo banquetes y distribuciones públicas de dinero. Antonio quiso tener un completo festejo romano en Egipto, pero los romanos sentían que ellos debían recibir el alimento y el dinero que en ese momento era entregado a los Egipcios, esto hizo que la reputación de Antonio en Roma empeorara.

Octavio seguía con sus ansias de conquistar el mundo, tomó el territorio de Lepidus: África y se convirtió en una amenaza directa para Egipto. Cleopatra preocupada por esta situación intenta persuadir a Antonio para que se quede en Egipto y la proteja. Ella logra su objetivo, logrando al mismo tiempo distanciar un poco más a Antonio de los Romanos.

Antonio le concedió el deseo a Cleopatra y dio tierras y títulos a sus hijos, incluyéndose él en el reparto. Se presentó como el nuevo Dionisio, como parte de su sueño de gobierno Greco-Romano.
Nombró a Cleopatra Selene, de seis años de edad, reina de Creta y de Cyrenaica (en la costa norteña de África). Alexander Helios, también de seis años, fue declarado Gran rey de Armenia y del imperio de Seleucid. El más joven, Ptolomeo Philadelphus (de tan solo dos años), fue nombrado rey de Siria y de Asia Menor. Cleopatra obtuvo el título de Reina de Reyes, que era la posición más alta de los cargos y Ptolomeo XV César fue nombrado Rey de Reyes y fue hecho corregente junto a su madre. Ahora el imperio Ptolomeico cubrió una porción grande del mundo mediterráneo del Este. Estas donaciones no ayudaron a las reputaciones de Antonio y de Cleopatra en Roma.

En el año 31 a.C., Antonio finalmente se divorció de Octavia, lo que obligó a la parte occidental del mundo a reconocer su lazo con Cleopatra. él incluso había puesto su nombre y cara en una moneda romana, el denario de plata. Este circuló bastante por todo el mediterráneo. Cosa que indignó a Octavio quien declaró que Antonio había roto sus lazos con Roma.

Mientras tanto los rumores seguían creciendo en Roma, Antonio ya no era más un romano. Ahora era considerado bajo la influencia de Cleopatra.

Antonio deseaba evitar un conflicto mundial pero, debido a lo acaecido con su amigo Julio César, temía por su vida cuando estaba en Roma, por lo que decidió instalarse definitivamente en Egipto. El ejército de Cleopatra continuó haciéndose más y más grande. A algunos viejos amigos de Antonio no les gustó que el poder de Cleopatra se ampliara y decidieron retornar a Roma, ellos conocían el testamento de Antonio y sabían que él deseaba ser enterrado en Alejandría, no en Roma. Ese pequeño detalle fue suficiente para declarar la guerra a Antonio y a Cleopatra. Para los romanos, significaba que Antonio ya no era romano o lo que era peor, ya no quería serlo.

En el año 32 a.C. Octavio acusa a Cleopatra públicamente del uso de la magia, de incesto, adoración animal, droga, embriaguez y lujuria desenfrenada. Declarándole la guerra, el nombre de Antonio no se mencionaba en ninguna parte de la declaración oficial. Los romanos creían que era mucho mejor declarar la guerra a la reina egipcia que influenciaba a Antonio, que a Antonio mismo.

Ambos bandos comienzan a reunir a todas sus fuerzas. Cleopatra tiene un ejército mucho más grande que el de Octavio, con Antonio al frente. Esta batalla es decisiva pues de ambos lados están utilizando todas sus tropas. La superioridad egipcia era muy obvia pero tenían algunas dificultades para proveer el alimento a tantos hombres debido a que las tropas romanas cercaron las naves de Antonio. Las naves eran demasiado lentas y tuvieron que ser quemadas para ir más rápidamente.

Los problemas persiguen a los amantes, Dellius (uno de los amigos de Antonio) huye con los planes de batalla. Antonio selecciona sus mejores naves y decide atacar con ellas aunque sean muchas menos de las que tiene Octavio. Después de cuatro días, la batalla final ocurre en Actium, Grecia.

La batalla ocurrió en el año 31 A.C., día a día Marco Antonio perdía aliados romanos y sus fuerzas se debilitaban. Por el contrario Octavio estaba cada vez más seguro de su victoria, ya que lo superaba, con un número mayor de soldados. Y la victoria llegó, Cleopatra viendo que las fuerzas de Antonio estaban perdiendo, salió en retirada y lo abandonó huyendo hacia Alejandría, posiblemente ellos ya habían planeado esto, ya que tras la partida de Cleopatra partió Antonio hacia Alejandría, abandonando a todas sus fuerzas en batalla. Esto trae la desorganización en el ejército egipcio, Octavio tiene la victoria en sus manos. La marina de Octavio derrotó a Antonio en Actium, Grecia, el 2 de septiembre de 31 A.C.

Antonio y Cleopatra están en Egipto. Antonio intenta recolectar nuevas tropas pero no tiene éxito, todavía lleva la responsabilidad de la derrota en Actium, y desea suicidarse, pero sus amigos lo disuaden. Cleopatra sabe que las tropas romanas pronto llegarán a Alejandría, y decide ocultar todos los tesoros lejos del mar mediterráneo, pero las naves son interceptadas por los árabes (bajo el mando de Octavio).
Cleopatra planeó enviar a Cesarión lejos, quizás a la India, así podría escapar de Octavio y conservar el trono de Egipto. Arregló para que las naves fueran desde el Nilo al Mar Rojo, pero este plan fracasó.

Octavio se acercaba más y más, Egipto estaba prácticamente cercado. Cleopatra deseaba encontrar un acuerdo pacífico y tanto ella como Antonio enviaron sobornos a Octavio para lograr la paz, pero ninguno fue aceptado.

Cleopatra construyó un mausoleo donde ella amontonó su abundancia y planeó pasar la eternidad. Octavio le mandó mensajes diciendo que sería tratada bien por los romanos, por temor a que Cleopatra quemara todos sus tesoros. Cuando Octavio llegó a Alejandría, Cleopatra se encerró en su mausoleo con dos de sus criadas, Iras y Charmion.

Los generales de Marco Antonio le informan que Cleopatra había muerto en su mausoleo, y éste al saber a su amante muerta, se suicidó con su propia espada. Según se dice, en su agonía Marco Antonio fue llevado hasta el mausoleo donde se encontraba Cleopatra, y allí ella lo vio morir en sus brazos. Entonces Cleopatra es apresada por los soldados de Octavio y trasladada al palacio, en donde se dice que intentó desde sobornarlo hasta seducirlo, sin obtener éxito alguno.

Octavio quería llevar a Cleopatra viva a Roma, para mostrar su superioridad y su victoria. También mandó capturar a los niños de Cleopatra, excepto a Cesarión que huyó al Sur. Cleopatra se percató del plan de Octavio de llevarla a Roma, sabía que la visualizarían como esclava en las ciudades que ella misma había gobernado. Decidió que no viviría de esta manera, así que a tres días de la salida hacia Roma, pidió a sus criadas Iras y Charmion que le traigan una cesta con frutas y en ella un áspid (cobra egipcia). Mientras tanto ella escribía una carta a Octavio en la cual le pidió que la pongan junto a Antonio después de su muerte.

El 12 de agosto del año 30 A.C. Octavio recibe la carta, pero ya era demasiado tarde, al entrar al cuarto donde se hallaba Cleopatra, de tan solo 39 años de edad, la encontró ya muerta sobre su cama de oro, con su traje real y sus joyas puestas, junto a sus dos criadas.

Cesarión fue traicionado cuando huía de Egipto por su profesor particular, Rhodon, y fue asesinado bajo las órdenes de Octavio. El resto de los hijos de Cleopatra fueron criados por la esposa de Octavio. Cleopatra Selene se casó con el rey Juba II de Mauritania. Tuvieron un hijo al que nombraron Ptolomeo que ganó el trono en el 23 d.C. y gobernó hasta que Calígula lo mató 40 años más tarde. Alexander Helios y Ptolomeo Philadelphus pudieron haber ido a vivir con su hermana en Mauritania pero no se sabe exactamente qué les sucedió.

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Las ciudades del Antiguo Egipto

HISTORIA

Aquí os pongo una lista de las ciudades del Alto Egipto.

Norte

* Abidos (egipcio: “Abedyu”)
o El Araba el-Madfuna
o Kom el-Sultan
o Umm el-Qaab
o Shunet ez Zebib
+ Osireion
* Antaeópolis (árabe: Qaw el-Kebir, egipcio: “Tyebu” o “Dyeu-Qa”)
* Apolinópolis Parva (árabe: Qus, egipcio: “Gesa” o “Gesy”)
* Atribis (árabe: Wannina, egipcio: “Hut-Repyt”)
* Beit Jalaf
* Coptos (árabe: Qift, egipcio: “Gebtu”)
* Dendera, Tentiris (árabe: Dendera, egipcio: “Iunet” o “Tantere”)
* Dióspolis Parva (árabe: Hiw, egipcio: “Hut-Sejem”)
* El Hawawish
* El Salamuni
* Nag el-Madamud (egipcio: “Mabu”)
* Naga ed-Der
* Naqada (árabe: Tuj, egipcio: “Nubt”, griego: “Ombos”)
* Panópolis o Jemmis (árabe: Ajmin, egipcio: “Ipu” o “Jent-Min”)
* Quenobosquion (árabe: el-Qasr, el-Saiyad)
* Shanhur

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Pueblo Nubio

HISTORIA

En el pueblo Nubio podemos encontrarnos al dia de hoy como sus habitantes mantienen el estilo de vida que tenían antes de que fuera tragado el pueblo por el lago Nasser.
En la isla podemos encontrarnos tumbas de la época faraónica, o un templo o un pequeño museo que contiene actualización de antigüedades de Asuán y Nubia.
En esta foto podemos contemplar a la puerta de la vivienda unos animales disecados.

Foto:


village_nubien.jpg

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La Batalla de Kadesh II

HISTORIA

EL REGRESO
De acuerdo con el poema de Pentaur, al día siguiente hubo un breve pero furioso encuentro que no tuvo ningún resultado.
Los egipcios sólo disponían de dos divisiones intactas para el combate, a su vez los hititas habían visto desaparecer a la mayoría de sus carros y sufrido bajas considerables entre las que se contaba el hermano del rey y numerosos oficiales de alto rango.
Seguían contando con una infantería más numerosa de la egipcia, pero menos disciplinada.
Autores como Jacq y Kitchen siguen al poema de Pentaur y dan por efectuado ese segundo combate. Otros como Moret, Pirenne y Lalouette no lo mencionan. En tanto que Desroches Noblecourt cree que no tuvo lugar y que se limitó a la presencia de los dos ejércitos.
En estas circunstancias, Muwattali ofreció la paz al faraón. Este comprendió la dificultad de proseguir la campaña, aceptó la suspensión de hostilidades, aunque no un tratado de paz y ordenó el regreso a Egipto.

LA CELEBRACION
Ramsés II hizo un triunfal regreso a Egipto. El país lo recibió con entusiasmo. El faraón ordenó inmortalizar el triunfo en una serie de escenas e inscripciones. Se escribió un poema que es conocido con el nombre del escriba que lo transcribió, es el poema de Pentaur.
Diversos autores han criticado que se presentase como una gran victoria una batalla cuyo resultado había sido un empate. Se ha hablado de propaganda, deformación de los hechos, vanidad del faraón, etcétera.
En realidad, Ramsés II tuvo pleno derecho de celebrar una gran victoria que había transformado un desastre en triunfo y que se debía a su valentía e intervención personal. Kitchen observa que sin la actuación del faraón la situación de Egipto hubiese sido crítica, el ejército destrozado y el faraón muerto o hecho prisionero.
Ramsés II hizo posible que la debacle se convirtiera en resonante triunfo. Hizo honor a su nombre de coronación: User-Ma’at-Ra Setep-En-Ra, que significa: poderosa es la justicia de Ra, el elegido de Ra. Demostró ser el rey que aseguraba la protección de Egipto, la muralla que defendía al país y al ejército, la estrella que perseguía a sus enemigos, ser quien ataba a los países extranjeros. Justificó estos y otros títulos. Era justo celebrarlo.
El texto que acompaña a las escenas en bajorrelieve es breve, casi seco, Desroches Noblecourt lo llama el boletín militar. En cambio el poema de Pentaur es de un gran lirismo, se suprimen ciertos detalles y se magnifican, otros es la visión de una epopeya digna de parangonarse con los relatos de Homero. Debe recordarse que las palabras y las imágenes tenían gran importancia en Egipto. Lalouette y Desroches Noblecourt precisan que al representar la batalla en los templos egipcios se eternizaba la victoria mediante la magia del verbo y la imagen; al hacerse perenne el milagroso combate se aseguraba un devenir inmortal para las victorias del faraón y se tendía en Egipto una red mágica que reforzaría el esfuerzo de los ejércitos. La victoria se renovaría cada día; así el heroísmo de Kadesh alentaría y protegería a Egipto.

CONSECUENCIAS DE LA BATALLA
Es cierto que el resultado final se tradujo en un empate que incluso favoreció al rey hitita, ya que Kadesh no fue tomado y Muwattali aprovechó la retirada egipcia para ocupar el país de Amurrú y la provincia de Upi (Damasco).
Sin embargo, en los años que siguieron los hititas no se atrevieron a enfrentar su ejército a los egipcios, mantuvieron una política de provocar conflictos y sublevaciones en los estados bajo el control egipcio. Ramsés II llevó a cabo varias campañas para asegurar Canaan y Fenicia. Llegó a recuperar Upi y tomar varias ciudades hititas.
Pasados algunos años, el cambio de circunstancias y el peligro asirio, hicieron que el rey hitita Hattusil III buscara el apoyo de Egipto y firmara con Ramsés II un tratado de paz.
EL LEGADO DE LA BATALLA DE KADESH
El resultado de la decisión de Ramsés II de perpetuar su victoria fue la creación de una espléndida serie de escenas en bajorrelieve en los principales templos de Egipto: Karnak, Luxor, Ramesseum y Abu Simbel.
Kitchen y Desroches Noblecourt coinciden al expresar que esas épicas composiciones no son el producto de especulaciones fantasiosas sino que provienen de la información proporcionada por testigos presénciales de la batalla.
Hay gran vitalidad y veracidad en el tratamiento de los sucesos. Se presentan los momentos críticos y también aspectos anecdóticos. El espectador puede llegar a participar de la emoción que se desprende de los relieves.
Aparece el campamento real con multitud de detalles y la irrupción de los carros hititas. Detalle excepcional es el de un jinete egipcio que parte a galope en busca de refuerzos, ya que los egipcios no utilizaron los caballos como animal para montar.
Es impresionante y majestuosa la escena que muestra a Ramsés II en su carro de guerra enfrentando a los enemigos. También puede verse la llegada de los “Nearín”, el enfrentamiento de los dos grupos de carros de guerra y el desastre hitita en el río Orontes, así como otros muchos sucesos.
Puede decirse que muchos acontecimientos han caído en el olvido, pero la gesta heroica de Ramsés II, el Grande, sobrevive gracias a los bajorrelieves que la representan en los templos y que constituyen una obra maestra del arte egipcio.

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La Batalla de Kadesh I

HISTORIA

La batalla de Kadesh, librada por el ejército egipcio al mando del faraón Ramsés II, contra la coalición encabezada por los hititas, que estaba mandada por el rey Muwattali, constituyó uno de los eventos trascendentales del mundo antiguo. Ha sido comentada en diferentes formas por los historiadores modernos.

ANTECEDENTES
Al advenimiento de la dinastía XIX en Egipto, el equilibrio en el Cercano y Medio Oriente era muy frágil. El reino hitita había acrecentado su poder y constituía un grave peligro para Egipto.
La obra de Tutmés III se había perdido, los territorios colocados bajo la soberanía egipcia habían pasado al vasallaje hitita o se encontraban en franca revuelta.
Ramsés I, fundador de la dinastía tuvo un breve reinado (1295-1294 a.C.). Su hijo y sucesor Sethi I (1294-1279 a.C.) se esforzó por restablecer el control egipcio en los territorios asiáticos. Sometió Canaan, llegó a Siria en donde ocupó el país de Amurrú y la ciudad de Kadesh, llave de la Siria del norte. Logró contener el avance hitita, pero a su regreso, Kadesh volvió a ser ocupado por los hititas.
Ramsés II, hijo y sucesor de Sethi I, tuvo un largo y brillante reinado. Gobernó 67 años, de 1279 a 1213 a.C., aquí se sigue la cronología de Kitchen y Desroches Noblecourt que coinciden al respecto.
Lalouette indica que Ramsés II subió al trono a los 25 años de edad tras una corregencia que lo preparó para el cumplimiento de sus deberes. Comprendió que el enfrentamiento con los hititas era inevitable, ya que estaba en juego el control de los territorios por los cuales pasaban las rutas comerciales, de ello dependían la riqueza y la seguridad de Egipto.
LA MARCHA DEL EJERCITO
Muwattali, el rey hitita organizó una gran coalición contra Egipto. Participaban más de 16 estados y provincias entre vasallos y aliados. Se calcula que el rey hitita contaba con dos grandes cuerpos de infantería con un total de unos 36.000 hombres. Los carros de guerra formaban una enorme masa de 2.500 vehículos. Algunos autores estiman que era menor el número de los infantes.
Contra esa coalición marchó Ramsés Ii al frente de su ejército en el quinto año de su reinado. Conducía 4 divisiones colocadas bajo el patrocinio de los grandes dioses de Egipto: Amón, Ra, Ptah y Sutekh (Seth). Cada uno contaba con 5.000 combatientes. También estaban presentes los carros de guerra y la guardia personal.
Siguiendo la costa atravesó Cannan y Fenicia, de ahí siguió hacia el valle del río Orontes, antes de ello se estableció comunicación con los “Nearin”, cuerpo de élite formado por soldados asiáticos al servicio de Egipto, que desde hacía unos meses estaba estacionado en las costas de Amurrú (Siria), se les ordenó marchar hacia el interior para coincidir con el ejército frente a Kadesh.
EL ENGAÑO
Al llegar a cierta distancia de Kadesh, la vanguardia capturó a dos beduinos de la tribu de los Ahasu. Informaron que el rey hitita y su ejército se encontraban en Alepo, a unos 200 kilómetros al norte, y que el soberano hitita se mostraba temeroso ante el avance egipcio.
En realidad, el ejército hitita estaba emboscado al este de Kadesh, esperando el momento oportuno para sorprender a los egipcios.
Sin desconfiar, Ramsés II se apresuró a cruzar el río Orontes por el vado de Shaltuna, una vez situado en el margen oeste, avansó al frente de la división de Amón, en tanto que las de Ra, Ptah y Sutekh estaban retrasadas.
El faraón instaló su campamento al oeste de Kadesh, esperando el resto del ejército para atacar la ciudadela enemiga. Esta se levantaba sobre un promontorio situado al sur de la confluencia del río Orontes y de uno de sus afluentes. Una serie de canales excavados al sur de la ciudad comunicaban a ambas corrientes de agua y convertían de hecho a la posición en una isla. Los hititas estaban ocultos hacia el este de la posición.

EL DESASTRE
La captura de dos soldados hititas permitió al faraón conocer la verdad. Muwattali podría atacar en cualquier momento al ejército egipcio que se encontraba disperso.
Ramsés II reaccionó de inmediato y ordenó a su visir ir en busca de la división Ptah, ya que la Ra se aproximaba al campamento. Los acontecimientos se precipitaron, Muwattali ordenó que los carros hititas cruzaran el río Orontes y atacasen de flanco a la división Ra. Esta marchaba sin darse cuenta del peligro. El súbito ataque la sorprendió y arrolló; las filas quedaron rotas y la división se desmoronó, los soldados retrocedieron en desbandada en medio de una gran confusión.
Intentaron alcanzar la salvación en el campo egipcio, ahí se precipitaron, perseguidos de cerca por los carros hititas. Ante la irrupción, la división Amón también fue presa del pánico y del desorden. Los hititas atacaron las defensas del costado oeste del campamento, la línea fortificada se hundió y una masa de carros enemigos se precipitó en el campamento.
LA VICTORIA
Todo parecía perdido, sin embargo Ramsés II no perdió la cabeza. Trató de reunir a sus soldados pero fue en vano, el pánico y el desorden reinaban por doquier.
Por fortuna los hititas, se dedicaron al saqueo y eso proporcionó un breve respiro al faraón. Loa aprovechó para prepararse al combate, revistió sus atavíos de guerra, montó en su carro, aseguró las riendas de los caballos en su cintura y se lanzó contra sus enemigos.
Su figura se agigantó más allá de las proporciones humanas. Cargó como una tromba, golpeando a derecha e izquierda, hundiendo las filas enemigas y derribando carros y caballos.
Se ha dicho que hay una gran exageración en los relatos egipcios, que no pudo haber enfrentado solo a 2.500 carros enemigos y que el episodio es inaceptable.

Al respecto, debe recordarse que era un joven valeroso (tendría unos 30 años), excelente guerrero, seguro de si mismo y confiado en la protección de Amón, a quien había invocado.
Por otra parte, el faraón no se enfrentaba a la totalidad de los carros enemigos, muchos de ellos seguían saqueando y el espacio no permitía que se desplegasen y maniobrasen debidamente. Fue en un pequeño sector que se realizó la hazaña del faraón, quien provocó un caos local.
Por seis veces renovó Ramsés II sus furiosos ataques, no dejaba de disparar flechas, sin embargo a pesar de tanto heroísmo, hubiera terminado por sucumbir, inexorablemente sumergido por sus atacantes.
La salvación llegó oportunamente, desde el este. En el momento culminante apareció el cuerpo de los “Nearin” esos soldados de élite que se presentaban puntualmente al sitio de reunión que el faraón les había fijado.

Formados en cerrado orden de batalla, escudo con escudo atacaron de inmediato a los hititas. Ramsés II fue liberado del férreo anillo que lo rodeaba, que se dispersó ante la sorpresa. Ante la crítica situación, los hititas se retiraron hacia el sur para reorganizarse.
Ramsés II logró reagrupar a sus carros y apoyado por los “Nearín” se lanzó contra los hititas. El choque de los cuerpos de carros enemigos fue fragoroso, pero ahora el signo de la victoria había cambiado de campo y favorecía a los egipcios. Los hititas no pudieron resistir el asalto y en medio de un gran caos retrocedieron hacia el río.
Una segunda oleada de carros hititas intentó restablecer la situación, pero también fue arrastrada por la derrota. El ejército hitita fue arrojado al río Orontes y buscó salvarse cruzando a nado la corriente

Los textos egipcios relatan que los soldados hititas se arrojaban al río como cocodrilos. Muchos se ahogaron. Muwattali presenció la debacle desde el otro lado del río, no se atrevió a hacer intervenir a su infantería.
Ramsés II quedó dueño del campo de batalla. Al final de las acciones arribó la división de Ptah, intervino en los últimos enfrentamientos y en la captura de prisioneros y botín.

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Faruq I Rey de Egipto

HISTORIA

Faruq I de Egipto (en árabe, فاروق الاول; también transcrito Farouk y Faruk) ‎(11 de febrero de 1920 – 18 de marzo de 1965). Rey de Egipto. Sucedió a su padre Fu’ad I en 1936. Su título completo era Su Majestad, Faruq I, por la Gracia de Dios, Rey de Egipto y de Sudán, Soberano de Nubia, Kordofan y Darfur.

Como ya fue mencionado anteriormente su padre fue el Rey Fu’ad I y su madre la controvertida Reina Nazli Sabri. De sus hermanas la más conocida es la Princesa Fawzia de Egipto.

Fue coronado con dieciséis años y la primera vez que el pueblo egipcio oyó la voz de un rey a través de la radio. Mantuvo en modo de vida lujoso y se prodigó en excesos en una tierra asolada por el hambre y la pobreza. Conocidos eran sus viajes a Europa, la compra de automóviles caros y la inmensa fortuna en dinero, joyas, tierras y palacios de la que disponía.

Durante la Segunda Guerra Mundial su modo de vida disipado fue objeto de mayores críticas, especialmente durante los bombardeos italianos de Alejandría que nunca afectaron a su residencia a pesar de que toda la iluminación permanecía encendida. También fue objeto de duras críticas que mantuviera al personal italiano de sus residencias y palacios sin ser internados como los del resto del país.

Con su primera esposa la Reina Farida, nacida con el nombre de Safinaz Zulficar (1921-1988) tuvo tres hijas: Farial, Fawzia y Fadia.

Se le consideró cleptomaniaco al robar en distintas visitas al exterior objetos personales de otros mandatarios, como una espada al Sha de Persia y un reloj a Winston Churchill. Su modo de conducirse, junto a su gobierno, de forma y manera corrupta le llevaron a ser apodado “El ladrón de El Cairo”.

Esta situación, unida a la derrota árabe en la Guerra árabe-israelí de 1948, favoreció que el Movimiento de Oficiales Libres, encabezado por Gamal Abdel Nasser y Muhammad Naguib, diera un golpe de estado el 23 de julio de 1952 y forzara la abdicación del monarca en su cuarto hijo, apenas un bebé, Fu’ad II, fruto del matrimonio con su segunda esposa Nariman Sadeq. Poco antes, Faruq se había proclamado oficialmente descendiente de Mahoma. Faruq se exilió en Italia primero, y Mónaco más tarde. La mayoría de sus bienes en Egipto fueron confiscados cuando al año siguiente, en 1953, fue proclamada la república.

No obstante conservó una gran fortuna -la que personalmente pudo llevarse al exilio y la que tenía depositada en bancos europeos- y siguió disfrutando de una lujosa vida. Falleció en Roma en 1965 durante una opípara cena. Todavía se casó por tercera vez en 1957 con la cantante de ópera, Irma Capece Minutolo di Canosa

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Los seis Grandes Tribunales

HISTORIA

La expresión “Gran Tribunal” se recoge por primera vez en la IV dinastía, referente al alto funcionario Akhethotep. El titulo que se menciona es “Señor de los secretos del rey en el gran tribunal del dominio real”, pero será durante el reinado de Niserré, para ver surgir los títulos de “Director del gran tribunal” y ” Director de los Seis Grandes tribunales – jmy-r hwt-wrt 6-”.Por grandes tribunales se designa como órganos judiciales presentes en todo tipo de ámbitos, reales, provinciales, seculares y religiosos. Mientras que por Seis grandes Tribunales se refiere a los que intervenían al más alto nivel, podrían jugar un papel sobre todo administrativo.

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DINASTÍA V (2563-2423)

HISTORIA

(Monumentos) (Listas Reales) (Manetón)

Userkaf: S.A. -Userkeres
Sahure’ : S.A. -Sefres
Neferirkare’-Kaka: S.A. -Neferkeres
Shepseskare’: S. -Siofes
Neferefre’: S. (Khâneferre’) A. -Keres
Niuserre’-Ini: A. -Ratures
Menkauhor-Akauho: T.S.A. -Menkeres
Dedkare’ Asesi: T.S.A. -Tankeres
Unas: T.S.A. -Omnos

Notas:
S. = Tabla de Saqqara
A. = Lista de Abidos
T. = Papiro Real de Turín

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Beneretmut

HISTORIA

“Beneretmut, madre de Tutanjamun”

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El gobernador Ramose ” Ra nace”

HISTORIA

Ramose fue el gobernador de Tebas durante la 18ª dinastía durante los reinados de Amenophis III y Amenophis IV (Akhenaton, el rey hereje).
Esta tumba, que llevan los números 55 TT, es tradicional en su diseño en forma de T. Uno entra por una escalera dividida con un centro rampa que conduce al patio, ambos de los cuales están fuera de la tumba adecuada. Desde allí una corta escalera conduce a una gran hypostyle hall con 32 columnas. Esta es la única sala en la tumba que fue decorada, aunque detrás de las habitaciones que fueron preparados para las decoraciones. De las columnas que, una vez que esta sala, agraciados, seis fueron usurpados en la antigüedad y completamente recortada. La mayoría de las decoraciones funeral proceso. Al entrar en esta sala girando a la izquierda, encontramos un retrato de un invitado Ramose en el banquete fúnebre, incluida su madre, padre, hermano y cuñada. Tenga en cuenta que la mayoría de estos relieves están sin pintar, con la excepción de los ojos. Muchos estudiosos cree que esta escena representa una de las mejores piezas de arte antiguo que se encuentran en el mundo.
Esta es la primera de cinco tumbas de los nobles Theban. Todos están dentro de un par de cientos de metros el uno del otro. Todas son fáciles de pasar por alto, porque todos son excavado en la tierra, sin monumentos externos. Todos han elaboración de la decoración. Sin embargo, es diferente en cada uno de los principales aspectos, y de todo, porque retrata la vida de los antiguos egipcios, son instructivas. Empezamos con la tumba de Ramose, cuyo nombre significa “Ra nace”. Fue visir, alcalde, juez, y el supervisor de los sacerdotes.

Galería de fotos:

plano-tumba-ramose.jpgtumba-ramose.jpgramose1.jpg

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DINASTIA 0

HISTORIA

Se llama Dinastía 0, al momento de la unificación de Egipto con la capital en Menfis.
También se empieza a reglamentar el regadío,se inicia el desarrollo de la escritura.

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Calendario Egipcio

HISTORIA

Como dice el padre de la Historia, Herodoto, Egipto es un don del Nilo: un don no sólo en el aspecto económico y político, sino también en el religioso y científico. Del mismo modo que el Nilo condicionó su unidad política, su forma de economía, su extraordinario sentido higiénico cuya expresión última era la momificación (las crecidas del Nilo dejaban tras sí mucha podredumbre, con la que era preciso saber manejarse), su conocimiento avanzado de la geometría (las crecidas son de nuevo el motor), y con ella la aritmética, también fue el Nilo el padre del profundo conocimiento astronómico que desarrollaron los egipcios, porque éste se desbordaba cada año con precisión de cronómetro, iniciándose las crecidas siempre el mismo día, y con ellas todo un proceso inmutable de vida y muerte vegetal, animal y humana. El gran referente celeste era la estrella Sirio, a la que los egipcios llamaban Sotis. Se trata de la estrella a de la constelación del Perro Mayor. Es la estrella más resplandeciente del cielo. Su nombre significa “brillante”, y su salida helíaca coincidía con el solsticio de verano, la gran fiesta solar, y con la crecida del Nilo.

Siendo Sirio el gran astro, cuyo resplandor prodigioso cantan Homero y Hesíodo y celebran muchos otros autores antiguos, los egipcios iniciaron su calendario cuando coincidió su orto helíaco con el día 1 del mes Thoth, el primero de los doce meses egipcios. Este fenómeno astronómico de produjo el año 2782 antes de Cristo, en el que se inició la llamada era sotíaca. El año egipcio constaba de 12 meses iguales, de 30 días, con lo que la suma del año era de 360 días, a los que se añadían al final los 5 epagómenos (complementarios). Los meses se agrupaban en tres estaciones de cuatro meses cada una. El día era de 24 horas, y se consideraba su inicio a las 12 de la noche.

Les ocurrió a los egipcios lo mismo que a los romanos antes de la reforma juliana, que la acumulación de los decimales de día habían desplazado el calendario civil muchos días con respecto al calendario astronómico. El año 238 a. de J.C. se reunieron en Cánope, en el templo de los dioses Evergetas los jefes de los sacerdotes-sabios, los llamados hierográmatas (los gramáticos o letrados sagrados) y demás jefes religiosos de Egipto para afrontar la reforma del calendario: se trataba de hacer coincidir la celebración de la aparición de Sotis en el cielo, con su aparición real. La solución fue la misma que adoptó el calendario juliano unos siglos más tarde: añadir cada cuatro años un día más a los días epagómenos (los sobrantes de la cuenta de 12 meses iguales). Los celos entre los sacerdotes de distintas regiones hicieron fracasar la reforma.

Se hizo célebre Cánope porque allí se encontró en 1866 una estela erigida por Tolomeo III Evergetes I, en griego, en jeroglífico y en demótico, conteniendo un edicto (el Decreto de Cánope) en el que de paso que se manda rendir culto a él, a su esposa y a una hija de ambos prematuramente muerta, se hace referencia a una reforma del calendario en estos términos: “Para que las estaciones se sucedan según una regla absoluta y según el orden del mundo, y para que no suceda que los ritos y fiestas que corresponde celebrar en invierno caigan en verano, a causa de la alteración de un día cada cuatro años, en la salida del astro (Sirio); y que tampoco otros ritos y fiestas celebradas en verano caigan más tarde en invierno, como ya se ha visto y acaba de suceder; de hoy en adelante, en el presente año, compuesto de 365 días más los 5 adicionales, y luego cada cuatro años se intercalará, entre los 5 días epagómenos y el nuevo año, un día consagrado a la fiesta de los dioses Evergetes.” (Evergetes son los dioses bienhechores, los que obran bien). He ahí en el decreto bien resumida la reforma del calendario egipcio tan decisiva como la de Julio César en el calendario romano, pero con siglos de adelanto. Como nota arqueológica conviene observar que gracias a este decreto pudo Champolión culminar la interpretación de los jeroglíficos.

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LA RIQUEZA DEL IMPERIO FARAONICO

HISTORIA

Siempre que se piensa en la riqueza del imperio faraonico vienen a la mente las imagenes de los fabulosos tesoros que contenian las tumbas. A la cabeza de ellas la de Tut, no por haber sido la mas grande , pero si por permitirnos tener una idea de lo que contenian las grandes tumbas reales.
Otro aspecto de la cultura faraonica que nos permite darnos una idea de su poderio economico son los palacios de los faraones. Lamentablemente, debido al material con que fueron construidos, son pocos los restos que quedan de ellos y al verlos se hace dificil imaginar su belleza y los tesoros que ellos contenian.
El monarca tenia muchisimas residencias a lo largo de Egipto. Las mas grandes en las ciudades mas importantes y otras mas pequeñas utilizadas para pernoctar durante los largos itinerarios reales. Otras las utilizaba como pabellones de caza. Cerca de la Gran Esfinge quedan algunos pocos restos de un pabellon de caza de tiempos de Tutankamon. Se ve que esta era una buena zona para la caza mayor. Se sabe que Tutmosis IV acudia a este sitio a cazar leones.
El faraon que utilizo a pleno los recursos del Estado para construir su residencia fue Amenhotep III. Este faraon construyo un palacio en Malqata para ser usado durante su primera Fiesta Sed. Se sabe que las paredes de este palacio estaban pintadas con escenas y motivos decorativos de gran colorido. Este palacio solo fue utilizado para la mencionada celebracion. Terminado los festejos el palacio se cerro y nunca mas se volvio a utilizar. Al cabo de poco tiempo se reanudaron los trabajos de ampliacion en el lago cercano al palacio para prepararlo para la proxima fiesta Sed. Como el palacio estorbaba los trabajos de ampliacion fue completamente demolido. Los escombros fueron llevados hasta el desierto en donde se vertieron. Todos estos escombros fueron descubiertos en una excavacion en el año 1973.
Cuatro años despues de haber demolido el palacio y con motivo de la segunda Fiesta Sed, se construyo un nuevo palacio ceremonial. Por suerte este se conservo en pie. En 1916 se excavaron las ruinas, entre las que todavia quedaban cientos de fragmentos de las anforas utilizadas en el banquete del jubileo del monarca.
Asi de grande era el poder economico que tenian los faraones. No solo poseian varios palacetes a lo largo del Nilo utilizados para pasar la noche junto con toda la corte que lo acompañaba a lo largo de sus viajes por Egipto; tambien podian darse el lujo de levantar un enorme palacio para usarlo solo durante una fiesta y luego demolerlo para dar lugar a otro tan o mas grande que el primero.

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EL ESPLENDOR DE EGIPTO

HISTORIA

Del gran Tutmosis I al no menos grande Ramsés II, de Karnak a Abu Simbel, de los templos de Deir el-Bahari a las tumbas del Valle de los Reyes… Al Imperio Nuevo pertenecen los reyes más famosos, los templos más impresionantes, los tesoros más conocidos del antiguo Egipto.
“Habiendo fundado ya una casa, fui tomado para el barco del norte debido a mi valentía. Según el soberano a pie cuando marchaba sobre su carro. Cuando la ciudad de Ávaris era sitiada, fui un valiente de pie junto a mi majestad…” Con estas palabras narra uno de los comandantes de Amosis un episodio de la reconquista del Bajo Egipto, que por entonces llevaba más de cien años bajo el control de los hicsos, un pueblo de origen asiático. Los hicsos, que se habían hecho fuertes en el Delta, se proclamaron faraones. Fue Amosis, señor de Tebas y descendiente de las antiguas dinastías, quien los expulsó. Egipto, otra vez unido, volvió a manos nativas.

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COMO ES EGIPTO

HISTORIA

Egipto era, y es, un país con un entorno hostil formado por el desierto o Desheret, “el rojo” y el río Nilo y su vega, Kemi, “el negro” y en ambos la agresión para los seres que lo habitaban era manifiesta:

1.- Luz cegadora con gran reflexión, refracción y difracción, lo que ocasionaba lesiones oculares y cataratas a edades tempranas.

2.- Polvo de arena y frecuentes Khamsin o Jamsin, el terrible huracán del desierto que podía durar desde días a semanas.

3.- Manifiesto calor por el día, con peligro de deshidratación y un intenso frío por las noches.

4.- Un agradable río, el Hapi Nilo, con abundante y fresca agua. Pero, sin embargo un agua traidora, plena de parásitos y mosquitos transmisores de enfermedades, así como animales peligrosos como cocodrilos e hipopótamos.

5.- Animales dañinos, peligrosos y venenosos en el entorno de las ciudades y el desierto.

En Egipto había toda una serie de enfermedades locales provocadas por la existencia de microorganismos: esquistoso-miasis, tracoma, bilarziosis, etcétera, que penetraban por la piel o por el agua bebida. A ellas se unían otras bacterias que se encontraban en la arena del desierto o transmitidas por moscas (tracoma o conjuntivitis granulosa o conjuntivitis egipcia) sobre los ojos, dando lugar a la ceguera, situación muy frecuente y descrita en textos y dibujos, como eran los arpistas, que con gran frecuencia aparecen en los grabados como ciegos (posiblemente por tener ocupadas ambas manos y no poder espantar las moscas).

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DATOS DE INTERES

HISTORIA

Grandes descubrimientos

- 15 de julio de 1799

La piedra Rosetta. Descubierta por un capitán del Ejército de Napoleón, contiene un texto en tres tipos de escritura, jeroglífica, demótica y griego uncial. Permitió descifrar los jeroglíficos egipcios antiguos.

- 1813-1817

Abu Simbel. Se conocía desde la antigüedad, pero fue olvidado hasta que el suizo J. L. Burckhardt lo visitó en 1813. Giovanni Belzoni consiguió acceder al interior en 1817.

- 4 de noviembre de 1922

La tumba de Tutankamon. Fue descubierta por Howard Carter en el Valle de los Reyes. La tumba estaba intacta, por lo que contenía los grandes tesoros que componían el ajuar funerario del faraón.

- Abril de 2001

Valle de las Momias Doradas. Se encontraron 22 momias lacadas en color dorado en el oasis de Bahariya a 400 kilómetros de El Cairo. Se estima que en el lugar hay unos 10.000 enterramientos más.

- Noviembre de 2004

El hijo primogénito de Ramsés II. Se encontró la momia del que pudo ser el primogénito de Ramsés II, que, según la Biblia, murió por una de las siete plagas.

Las momias más famosas

Ramsés II. Este faraón, el más célebre, gobernó durante 67 años, entre 1290 a. C. y 1224 a. C., aproximadamente. Su momia fue hallada en 1881.

Nefertiti. En el año 2003, la arqueóloga Joann Fletcher identificó los restos de esta reina egipcia, que pasó a la historia por su belleza cautivadora.

Sekenenre II. Fue el penúltimo rey de la dinastía XVII del antiguo Egipto, en torno al 1560 a. C. Murió en combate, luchando contra los invasores hicsos.

Ramsés III. Estuvo en el trono de las dos tierras entre 1198 a. C. y 1166 a. C. Está considerado como el último de los grandes faraones de Egipto.

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