Tutankamon y su familia

FARAONES

Recientes estudios de ADN de once momias reales han arrojado luz sobre las relaciones de parentesco y han ayudado a obtener respuestas, como quien era la madre del Faraón.

Bisabuelos

Yuya y Tuya

Abuelos

Amenhotep III y Tiy

Padres

Akenaton y Reina anónima (Momia de la tumba KV35)

Mujer

Ankhesenamón

Hijos

Parece ser que en la tumba del faraón aparecieron dos fetos femeninos que se creen fueran hijas del Faraón y su mujer.

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¿De qué murió Tutankhamon?

FARAONES, HISTORIA, MISTERIOS, SABIAS QUE?

Las causas de su muerte aun no estan claras del todo, pero hay varias hipotesis. Segun unas radiografrias de los años 70, descubrieron una esquirla de hueso en su craneo, por lo que especulavan que murio asesinado, o de una caida. Recientemente por medio de un TAC demostraron que esta esquirla es posiblemente producida cuando se manipulo el cuerpo al se momificado. Tambien se penso que murio por una infección por asepsia, causada por una herida producida en una caida de un carro, ya que parece ser que se habia fracturado un hueso de la pierna. También se especuló con que murió de malaria, al serle encontrado en su cuerpo anticuerpos de esta enfermedad, pero otros cientificos creen que no fue de malaria y que los anticuerpos se deben a que el Rey quedó inmunizado de dicha enfermedad.

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Los cinco nombres del Faraón

ESCRITURA EGIPCIA, FARAONES, NOMBRES EGIPCIOS

LOS CINCO NOMBRES DE LOS FARAONES

El faraón, en el día de la coronación, recibía cinco nombres, los cuales le daban su título formal. En la actualidad, se suele utilizar el quinto para nombrarlos, sin embrago, según parece, ellos utilizaban el cuarto.

Aunque para identificarlos generalmente se usaban dos de ellos metidos en un cartucho, que eran el Nombre de Nesut-bity y el de nacimiento o Hijo de Re (Ra)

Durante el Imperio Medio, los reyes egipcios recibían una sola combinación de cinco nombres. El primero era el nombre de nacimiento y se les confería los otros cuatro cuando accedían al trono. La secuencia era la siguiente:

1. Nombre: “Horus”:

Es el título más antiguo otorgado al faraón yque es diferente en cada faraón, ya que cada uno es una encarnación diferente del dios. Con este título se le asociaba a las divinidades y es el título más antiguo del rey – mediante él, lo que se pretendía, era destacar su naturaleza divina, asociándolo al dios Horus “Señor del Cielo”. El nombre que sigue es diferente para cada faraón, puesto que cada uno era una encarnación diferente de este dios. Con el transcurrir del tiempo en este título se mantiene Horus pero el serej desaparece.

Fue usado sobre todo por los faraones de la dinastía IV.

Fue escrito incluido en un panel llamado serej, que representa la fachada de un palacio. En la parte superior del Serej se alza el halcón Horus, de ahí la denominación “Nombre de Horus”. En el Imperio Nuevo aparecen representaciones más elaboradas con el Horus con doble corona y va acompañado por el sol y un ureus.

Simboliza la protección y dominio del Faraón como Horus sobre su tierra.

Este nombre no es el del nacimiento del rey, pero se le daba cuando subía al trono.

Durante los primeros tiempos del Reino Antiguo era el nombre oficial del monarca. Su nombre de nacimiento no aparece en los documentos oficiales. Esto ha complicado la identificación de muchos reyes mencionados en listas de monarcas, donde sólo el nombre de nacimiento es mencionado.

2. Nombre: Nebty o de las Dos Señoras; título correspondiente: el de las Dos Señoras (Uadyet y Nejbet)

Une al rey a las diosas protectoras del Alto y Bajo Egipto: Nekhbet, la Diosa Buitre y a Uadjet, la Diosa Cobra.

Con este segundo título se quiere manifestar el poder del faraón sobre todo el país. Ambas diosas eran las más importantes y las que ejercían la mayor influencia en el Sur y en el Norte respectivamente (Alto y Bajo Egipto). Eran las protectoras de todo Egipto

El nombre de Nebty aparece con Aha, faraón de la Dinastía I.

3. Nombre: Horus Dorado:

Este título se representa como un halcón posado sobre el jeroglífico de “Oro”.

Representa la encarnación del faraón identificado con Horus y con los demás dioses, los cuales tienen la carne de oro, símbolo de incorruptibilidad. Ostentar este título era convertirse en un ser inmortal.

Aunque el faraón falleciera se le asimilaba a uno de los dioses más poderosos del panteón egipcio.

Este título aparece con Den durante la Dinastía II

4. Nombre: De Nesut-bity o Rey del Alto y bajo Egipto

Es uno de los nombres más usados y que identificaban al Faraón. El nombre va precedido por los signos del junco y la abeja sobre el jeroglífico “cesta”, signos que se leen nesut-bity, con el significado de rey del Alto y Bajo Egipto”.

El junco simboliza al Alto Egipto y la abeja el poder del monarca sobre el Delta o Bajo Egipto.

Desde el faraón Snefru (Dinastía IV) se pasó a utilizar este título como principal para referirse al faraón, relegando el nombre de Horus que había sido el título principal hasta entonces.

5. Nombre: De Nacimiento, Hijo de Re o Ra

Este es el nombre del nacimiento del faraón, es decir, el nombre cuando era príncipe. Es este el nombre que utilizamos cuando hablamos de cualquier faraón en la actualidad, aunque se cree que los egipcios usaban el cuarto para identificar a su Faraón.

Se representaba precedido del símbolo de un pato (Hijo de..) y el símbolo de Ra, el disco solar.
Parece que el el primero en utilizarlo fue el faraón Quefrén,Din. IV, Sa Re, Jafre, pero aparece sólo en el Papiro de Berlín 1165, sus sucesores no lo utilizan hasta la Dinastía V, en el reinado de Neferirkare-Kakai que lo añade a su protocolo, quedando fijado y completo.

A partir de este momento en todas las dinastías y en todos los faraones de Egipto utilizarán esta titulatura y protocolo, sin añadir o quitar nada a la misma.

1) Serej o Nombre de Horus; 2) Nebti o de Las Dos Señoras; 3) Hor Nub u Horus de Oro; 4) Nesut Biti y 5) Sa Re.

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Hatshepsut: la reina hombre de Egipto

FARAONES, HISTORIA

¿Qué motivó a Hatshepsut a gobernar el antiguo Egipto como un hombre mientras su hijastro permanecía a la sombra? Su momia y su verdadera historia han salido a la luz.

Hatshepsut usaba una barba falsa para enfatizar su poder real.
Foto de Kenneth Garrett

El resto de su gracia humana se había desvanecido. La tela enredada alrededor de su cuello parecía un pésimo intento por estar a la moda. Su boca, con el labio superior caído sobre el inferior, era un rizo espantoso (provenía de un famoso linaje de prognatas). Las cuencas de sus ojos estaban repletas de resina negra; las fosas nasales, obstruidas inapropiadamente por ajustados rollos de trapo. El oído izquierdo se había hundido en la carne lateral de su cráneo, y su cabeza carecía casi por completo de pelo.

Me incliné sobre la vitrina abierta en el Museo Egipcio de El Cairo y miré lo que muy probablemente sea el cuerpo de la faraona Hatshepsut, la extraordinaria mujer que reinó en Egipto de 1479 a 1458 a. C., y que hoy es menos famosa por su reinado durante la era dorada de la dinastía XVIII que por haber tenido la audacia de representarse a sí misma como un hombre. No flotaba en el aire el seductor perfume de la mirra, sólo un ácido y acre olor que parecía haberse acuñado durante los muchos siglos que permaneció en una cueva de piedra caliza. Era difícil conciliar esta cosa postrada con la gran gobernante que había vivido hacía tanto tiempo y de la cual se escribió: “Contemplarla era más hermoso que nada”. El único toque humano era el brillo del hueso en las puntas de sus dedos sin uñas, donde se había replegado la carne momificada, creando la ilusión de una manicura y evocando no sólo nuestra esencia vanidosa, sino nuestras frágiles intimidades, nuestro breve y pasajero aprecio por el mundo.

El descubrimiento de la momia perdida de Hatshepsut acaparó los encabezados hace dos veranos, pero la historia completa reveló poco a poco un drama. La búsqueda de Hatshepsut mostró a qué grado las pequeñas palas y pinceles de la tradicional caja de herramientas de los arqueólogos se han complementado con escáneres TAC y termocicladores de ADN.

En 1903, el renombrado arqueólogo Howard Carter había hallado el sarcófago de Hatshepsut en la vigésima tumba descubierta en el Valle de los Reyes –la KV20–. El sarcófago, uno de los tres que Hatshepsut había preparado, estaba vacío. Los eruditos no sabían dónde se encontraba la momia o si había sobrevivido la campaña que, con el fin de erradicar todo registro de su reinado, se llevó a cabo durante el gobierno de su corregidor y último sucesor, Tutmosis III, cuando casi todas las imágenes de ella como rey fueron retiradas sistemáticamente de templos, monumentos y obeliscos.

La búsqueda que parece haber resuelto el misterio la inició en 2005 Zahi Hawass, director del Egyptian Mummy Project y secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades. Hawass y un equipo de científicos se enfocaron en una momia llamada KV60a, la cual, a pesar de haber sido descubierta más de un siglo antes, no se creyó tan importante como para retirarla del suelo de una tumba menor en el Valle de los Reyes. La KV60a había navegado por la eternidad sin el amparo de un ataúd, mucho menos con un séquito de figurillas que desempeñaran tareas reales. Tampoco tenía qué usar: ni tocado, ni joyería, ni sandalias de oro, ni cubiertas de oro para los dedos de las manos y los pies; ninguno de los tesoros que se le habían dado al faraón Tutankamon, quien no era nadie comparado con Hatshepsut.

Incluso con todos los métodos de alta tecnología empleados para descifrar uno de los casos de personas desaparecidas más notables de Egipto, de no haber sido por el descubrimiento fortuito de un diente, la KV60a quizá seguiría recostada sola en la oscuridad, con su nombre real y estatus desconocidos. Actualmente es consagrada en una de las dos salas de Momias Reales del Museo Egipcio, con placas en árabe y en inglés que la proclaman como Hatshepsut, “La Reina Hombre de Egipto”, reunida al fin con sus compañeros faraones del Nuevo Reino.

Debido al olvido que cayó sobre Hatshepsut, es difícil pensar en un faraón cuyas esperanzas de ser recordado sean más conmovedoras. Parece haberle temido más al anonimato que a la muerte. Fue una de las mayores constructoras en una de las dinastías más grandes de Egipto. Levantó y renovó templos y santuarios desde el Sinaí hasta Nubia. Los cuatro obeliscos de granito que erigió en el vasto templo del gran dios Amón en Karnak estaban entre los más magníficos. Encomendó cientos de estatuas de ella misma y dejó testimonios en piedra –verdaderos e inventados– de su linaje, sus títulos, su historia, incluso de sus pensamientos y esperanzas, que a menudo expresaba con un candor poco común. Las expresiones de preocupación que Hatshepsut inscribió en uno de sus obeliscos en Karnak aún resuenan con una inseguridad casi encantadora: “Ahora se me vuelca el corazón cuando pienso lo que la gente dirá. Aquellos que vean mis monumentos en los años por venir, y que hablarán de lo que he hecho”.

Muchas incertidumbres plagan la historia temprana del Nuevo Reino, pero queda claro que cuando nació Hatshepsut, el poder egipcio aumentaba. El que posiblemente fuera su abuelo, Amosis, fundador de la dinastía XVIII, había expulsado a los formidables invasores hicsos que ocuparon la parte norte del Valle del Nilo durante dos siglos. Cuando el hijo de Amosis, Amenhotep I, no tuvo un hijo que viviera para sucederlo, se aceptó en la realeza, por haberse casado con una princesa, a un temible general conocido como Tutmosis.

Hatshepsut era la hija mayor de Tutmosis y su Gran Esposa Real, la reina Ahmose, probablemente pariente cercana del rey Amosis. Pero Tutmosis tenía un hijo de otra reina, Tutmosis II, quien heredó la corona cuando su padre “descansó de la vida”. Ciñéndose a un método común para fortalecer el linaje real –y sin ninguno de los reparos de hoy para acostarse con su hermana– Tutmosis II y Hatshepsut se casaron. Tuvieron una hija; una esposa menor, Isis, le daría a Tutmosis el heredero masculino que Hatshepsut no pudo procrear. Tutmosis II no gobernó por mucho tiempo, y cuando fue conducido hacia la vida eterna a causa de lo que 3 500 años después los escáneres tac sugieren sería una enfermedad del corazón, su heredero, Tutmosis III, aún era un niño. Como se acostumbraba, Hatshepsut asumió el control verdadero como reina regente del joven faraón.

Así comenzó uno de los periodos más intrigantes de la historia antigua de Egipto.

Al principio, Hatshepsut actuó en nombre de su hijastro. Aunque no tardaron en aparecer signos de que su regencia sería diferente. Los primeros relieves la muestran desempeñando funciones propias del rey, como hacer ofrendas a los dioses y pedir obeliscos de las canteras de granito rojo de Asuán. Tras unos cuantos años, había asumido el papel de “rey” de Egipto, poder supremo en sus tierras. Su hijastro –quien para entonces habría sido ya capaz de asumir el trono– quedó relegado a un segundo plano. Ella procedió a gobernar durante 21 años.

“Algo motivaba a Hatshepsut a cambiar la forma en que se representaba a sí misma en los monumentos públicos, pero no sabemos qué –dice Peter Dorman, renombrado egiptólogo y presidente de la American University de Beirut–. Una de las cosas más difíciles de adivinar es su motivación”.

Es posible que su línea sanguínea tenga algo que ver. En un cenotafio de las canteras de arena de Gebel el-Silsila, su administrador y arquitecto Senenmut se refiere a ella como “la hija primogénita del rey”, distinción que acentúa su linaje como heredera principal de Tutmosis I más que como esposa real de Tutmosis II. Recordemos que Hatshepsut de verdad era de sangre azul, emparentada con el faraón Amosis, mientras que su esposo-hermano era descendiente de un rey adoptado. Los egipcios creían en la divinidad del faraón; sólo Hatshepsut, no su hijastro, tenía un vínculo biológico con la realeza divina.

Aun así, quedaba el pequeño detalle del género. El reinado debía pasarse de padre a hijo, no a hija; la creencia religiosa dictaba que el papel de rey no podía desempeñarse adecuadamente por una mujer. Saltar este obstáculo debe haber requerido mucha sagacidad por parte de la mujer rey. Cuando su esposo murió, Hatshepsut prefirió no usar el título de Esposa del Rey, sino el de Esposa del Dios Amon, nombramiento que algunos creen le allanó el camino al trono.

Hatshepsut nunca mantuvo en secreto su sexo en los textos; sus inscripciones con frecuencia empleaban terminaciones femeninas. Pero en principio, parecía estar buscando formas de sintetizar las imágenes de reina y rey, como si un arreglo visual resolviera la paradoja de un soberano mujer. En una estatua de granito rojo se muestra a Hatshepsut con el inconfundible cuerpo de una mujer pero con los símbolos del rey: el nemes –tocado a rayas de la cabeza– y la cobra uraeus. En algunos relieves de templos, Hatshepsut porta el apretado vestido tradicional hasta los tobillos, pero tiene los pies separados, la postura típica del rey.

Conforme transcurrieron los años, parece haber decidido que era más fácil eludir por completo el asunto del género. Se hizo representar exclusivamente como rey varón, con el tocado, la falda shenti y la falsa barba, sin rasgos femeninos. En los relieves del templo mortuorio de Hatshepsut, ella tejió una fábula de su asunción al poder como la realización de un plan divino y declaró que su padre, Tutmosis I, no sólo quiso que ella fuera rey sino que además pudo asistir a su coronación. En los paneles se muestra al gran dios Amón apareciéndosele a la madre de Hatshepsut, disfrazado de Tutmosis I. Este le ordena a Jnum, el dios de la creación con cabeza de carnero que modela el barro de la humanidad en su torno: “Anda, hazla mejor que a todos los dioses; dale forma por mí a esta mi hija, a la cual he engendrado”.

A diferencia de la mayoría de los contratistas, Jnum se pone a trabajar, respondiendo: “Su forma será más elevada que la de los dioses, en su gran dignidad de Rey…”.

En el torno de alfarero de Jnum, la pequeña Hatshepsut es representada inequívocamente como niño. Aún se discute exactamente quién era la audiencia prevista para semejante propaganda. Es difícil imaginar que Hatshepsut necesitara apuntalar su legitimidad con aliados poderosos, como altos sacerdotes de Amón, o miembros de la élite, como Senenmut. ¿Entonces, a quién le estaba montando esa historia? ¿A los dioses? ¿Al futuro? ¿A National Geographic?

Es posible que una respuesta se encuentre en las referencias de Hatshepsut a las avefrías, aves comunes de los pantanos del Nilo que los antiguos egipcios conocían como rekhyt. En los textos jeroglíficos, la palabra rekhyt suele traducirse como “la gente común”. Se repite con frecuencia en las inscripciones del Nuevo Reino, pero hace unos años Kenneth Griffin, ahora en la Universidad Swansea en Gales, notó que Hatshepsut hizo un uso más extenso de la frase que otros faraones de la dinastía XVIII. “Sus inscripciones parecían mostrar una asociación personal con el rekhyt inigualable en esta etapa”, dice. Hatshepsut a menudo hablaba en posesivo de “mi rekhyt” y pedía su aprobación, como si la inusual gobernante fuera populista de clóset.

Después de su muerte, alrededor de 1458 a.  C., su hijastro prosiguió a asegurarse su destino como uno de los más grandes faraones de la historia egipcia. Tutmosis III, como su madrastra, fue un constructor de monumentos, pero también un guerrero sin par, el llamado Napoleón del antiguo Egipto. En 19 años condujo 17 campañas en el Levante mediterráneo, incluyendo una victoria en contra de los cananeos en Megido, en el actual territorio de Israel, que aún se enseña en las academias militares. Tuvo una multitud de esposas, una de las cuales dio a luz a su sucesor, Amenhotep II.

Durante la última etapa de su vida, cuando otros hombres se conformarían con recordar sus aventuras pasadas, Tutmosis III se embarcó en un pasatiempo. Decidió borrar metódicamente de la historia a su madrastra, el rey.

Cuando Zahi Hawass emprendió la búsqueda para hallar a Su Majestad el Rey Hatshepsut, estaba casi seguro de una cosa: no era la momia desnuda que se encontró tendida en el suelo de una tumba menor. “Cuando empecé a buscar a Hatshepsut, nunca pensé que descubriría que ella era esta momia”, dice Hawass. Para empezar, no tenía ninguna investidura real aparente; era gorda, y como escribió Hawass en un artículo publicado en la revista KMT, tenía “enormes pechos como péndulos”, de la clase que más probablemente pertenecerían a la nodriza de Hatshepsut.

Meses antes, Hawass había visitado la tumba de Hatshepsut, la KV20, en busca de pistas de su paradero. Descendió 200 metros en una de las tumbas más peligrosas del Valle de los Reyes. El túnel de frágil esquisto y caliza apestaba a excremento de murciélagos. Cuando Howard Carter lo despejó en 1903, lo describió como “uno de los trabajos más fastidiosos que he supervisado”. En la tumba, Carter halló dos sarcófagos con el nombre de Hatshepsut, algunos paneles de caliza en las paredes y un cofre canope, pero ninguna momia.

Carter hizo otro descubrimiento en una tumba cercana, la KV60, una estructura menor cuya entrada estaba tallada al principio del corredor de la KV19. En la KV60 Carter halló “dos momias de mujer muy despojadas y algunos gansos momificados”. Una momia estaba en un ataúd, la otra en el piso. Carter tomó los gansos y cerró la tumba. Tres años después, otro arqueólogo llevó a la momia del ataúd al Museo Egipcio. Más tarde, se relacionaría a la inscripción en el ataúd con la nodriza de Hatshepsut. La momia en el piso se dejó como estaba, como había estado desde que fue escondida ahí, probablemente por sacerdotes durante los reentierros de la dinastía XXI, alrededor de 1000 a. C.

Con el paso de los años, los egiptólogos le perdieron la pista a la entrada de la KV60, y la momia en el piso de la tumba efectivamente desapareció. Eso cambió en junio de 1989, cuando Donald Ryan, egiptólogo y profesor de la Pacific Lutheran University en Tacoma, Washington, fue a explorar varias tumbas pequeñas y no decoradas en el valle. Incitado por la influyente egiptóloga Elizabeth Thomas, quien sospechaba que la KV60 podría alojar la momia de Hatshepsut, Ryan la había incluido en su solicitud para el permiso de investigación. Como el primer día llegó demasiado tarde para empezar a trabajar, decidió pasear alrededor del sitio para dejar algunas herramientas. Deambuló hasta la entrada de la KV19 y, sólo porque sí, pensando que la KV60 podría estar cerca, comenzó a barrer el pasillo de la entrada con su escobetilla. Trabajó hacia atrás desde la puerta de la KV19. En media hora había encontrado una rajadura en el corredor de roca. Una escotilla de piedra reveló una serie de escalones. Una semana después, con una casetera tocando la sonata Patética de Beethoven, él y un inspector local de antigüedades entraron a la tumba “perdida”.

“Fue espeluznante –recuerda–. Nunca antes había encontrado una momia. El inspector y yo entramos con mucho cuidado. Había una mujer tendida en el suelo. ¡Oh, por Dios!”.

La momia estaba acostada en una tumba que había sido saqueada por ladrones en la antigüedad. Su brazo izquierdo estaba doblado sobre el pecho, en una posición de enterramiento que algunos consideran común para las reinas egipcias de la dinastía XVIII. Ryan se puso a catalogar lo que encontró. “Hallamos la pieza facial destrozada de un ataúd y trozos de oro que habían sido raspados –recuerda–. No sabíamos qué tanto había movido Howard Carter, así que lo documentamos como si se tratara de un sitio intacto”. En una cámara lateral, Ryan encontró una enorme pila de vendajes, una pierna de vaca momificada y montones de “provisiones momificadas”, paquetes de comida dispuestos para el largo viaje por la eternidad del difunto.

Entre más estudiaba Ryan la momia, más pensaba que podría tratarse de alguien importante. “Estaba muy bien momificada –dice–. Y tenía una postura real. Pensé, ‘¿Por qué? ¡Es una reina!’. ¿Podría tratarse de Hatshepsut?

De cualquier forma, no parecía bien dejarla, quienquiera que fuera, tendida desnuda sobre el suelo en medio de un desorden de harapos. Antes de cerrar la tumba, Ryan y un colega ordenaron un poco la cámara de enterramiento. Mandaron construir un sencillo ataúd en una carpintería local. Depositaron a la dama desconocida en su nuevo lecho y cerraron la tapa. El prolongado periodo de anonimato de Hatshepsut estaba próximo a terminar.

Por mucho tiempo, los historiadores le han adjudicado a Hatshepsut el papel de la madrastra malvada del joven Tutmosis III. La evidencia de su supuesta crueldad es la forma en la que su hijastro se la retribuyó póstumamente atacando sus monumentos y borrando su nombre de los monumentos públicos. De hecho, Tutmosis III devastó la iconografía del rey Hatshepsut con el mismo rigor con el que aporreó a los cananeos en Megido. En Karnak su imagen y su cartucho, o el símbolo de su nombre, se quitaron a cincelazos de los muros de los santuarios; los textos en sus obeliscos se cubrieron con piedra (lo que, sin quererlo, los conservó en perfectas condiciones).

En Deir el-Bahari, sitio de su logro arquitectónico más espectacular, sus estatuas fueron destrozadas y arrojadas a un pozo frente a su templo mortuorio. Conocido como Djeser Djeseru, sagrado entre los sagrados, en la ribera oeste del Nilo frente al moderno Luxor, el templo está frente a un conjunto de acantilados color león que enmarca sus piedras rojizas como hace un nemes con el rostro del faraón. Con sus tres pisos, sus pórticos, sus espaciosas terrazas unidas por rampas, su ahora desaparecida calzada cubierta de esfinges, las albercas de papiro en forma de T y árboles de mirra que dan sombra, Djeser Djeseru se encuentra entre los templos más gloriosos jamás construidos. Fue diseñado quizá para ser el centro del culto a Hatshepsut.

Sus imágenes como reina quedaron intactas, pero donde se proclamaba como rey, los trabajadores de su hijastro usaron sus cinceles en un acto vandálico cuidadoso y preciso. “La destrucción no fue una decisión emocional, sino política”, dice Zbigniew Szafraski, director de la misión arqueológica polaca en Egipto que ha estado trabajando en el templo mortuorio de Hatshepsut desde 1961.

Para cuando los excavadores despejaron de escombros el templo casi totalmente enterrado, a finales de la última década del siglo XIX, el misterio de Hatshepsut se había refinado: ¿qué clase de gobernante era ella? La respuesta les pareció evidente a varios egiptólogos que se apresuraron a adoptar la idea de que Tutmosis III había atacado la memoria de Hatshepsut en venganza por su descarada usurpación del poder real. William C. Hayes, curador de arte egipcio en el Museo de Arte Metropolitano y uno de los directores de las excavaciones de Deir el-Bahari en los años veinte y treinta, escribió en 1953: “No pasó mucho tiempo… antes de que esta vanidosa, ambiciosa e inescrupulosa mujer se mostrara tal como era en realidad”.

Cuando en los años sesenta los arqueólogos descubrieron evidencia que indicaba que el destierro del rey Hatshepsut había comenzado al menos 20 años después de su muerte, la telenovela del exaltado hijastro vengándose de su inescrupulosa madrastra se vino abajo. Se concibió un escenario más lógico en torno a la posibilidad de que Tutmosis III necesitara reforzar la legitimidad de la sucesión de su hijo Amenhotep II frente a los reclamos de otros miembros rivales en la familia. Y Hatshepsut, alguna vez desacreditada por su despiadada ambición, ahora es admirada por su habilidad política.

Casi dos décadas después de que Donald Ryan redescubriera la ubicación de la KV60, Zahi Hawass les pidió a los curadores del Museo Egipcio que reunieran todas las momias femeninas no identificadas que pudieran haber pertenecido a la familia real de la dinastía XVIII, incluyendo los dos cuerpos –uno delgado, otro obeso– que se habían encontrado en la KV60. La momia delgada fue retirada de su almacenamiento en el ático del museo; la obesa, la KV60a, que había permanecido en la tumba donde fue hallada, se trasladó desde el Valle de los Reyes. En un periodo de cuatro meses, a finales de 2006 y principios de 2007, las momias pasaron por un escáner TAC que les permitió a los arqueólogos examinarlas a detalle y calcular su edad y causa de muerte.

El resultado del escaneo tac de las cuatro momias candidatas no fue concluyente. Entonces Hawass tuvo otra idea. Se había encontrado una caja de madera grabada con el cartucho de Hatshepsut en una gran reserva de momias reales en Deir el-Bahari en 1881; se creía que contenía su hígado. Cuando se pasó la caja por el escáner, los investigadores se sorprendieron al encontrar un diente. El dentista del equipo lo identificó como un molar secundario al que le faltaba parte de la raíz. Cuando Ashraf Selim, profesor de radiología en la Universidad de El Cairo, reexaminó las imágenes de las mandíbulas de las momias, vio que la mandíbula superior derecha de la momia obesa de la KV60a tenía una raíz sin diente. “Medí la raíz en la momia y en el diente y encontramos que coincidían”, dice Selim.

Para estar seguros, los científicos sólo han probado con seguridad que el diente de una caja pertenece a una momia. La identificación está basada en la suposición de que el contenido de la caja está marcado correctamente y contiene lo que alguna vez fueron las partes vitales de la famosa faraona. Pero la caja inscrita con el cartucho de Hatshepsut no es el tipo de recipiente en el que suelen hallarse los órganos momificados. Está hecho de madera, no de piedra, y pudo haberse usado para guardar joyería, aceites o pequeños objetos de valor.

“Algunos dirían que no hemos encontrado pruebas absolutas –dice Selim–. Y estaría de acuerdo”.

Pero, pregunta Hawass, ¿cuáles son las probabilidades de que una caja identificada con Hatshepsut y hallada en una reserva de momias reales contenga un diente que encaja a la perfección con el hueco en la sonrisa de una momia que se encontró junto a la amada nodriza de la gran faraona egipcia? Y es una maravilla que el diente estuviera ahí para vincular el cartucho de Hatshepsut con una momia. “Si el embalsamador no lo hubiera tomado y puesto junto al hígado, no habría manera de que supiéramos qué le pasó a Hatshepsut”, dice Hawass.

Los escáneres TAC ya han cambiado la historia, disipando las teorías de que Hatshepsut pudo haber sido asesinada por su hijastro. Probablemente murió a causa de una infección por un absceso en el diente, complicada por un cáncer de hueso avanzado y posible diabetes. Hawass especula que los altos sacerdotes de Amón pudieron haber movido su cuerpo a la tumba de su nodriza para protegerla de los saqueadores; muchas personas de la realeza del Nuevo Reino estaban escondidas en tumbas secretas por seguridad. En cuanto a las pruebas de ADN, la primera ronda comenzó en abril de 2007 y aún no ha probado nada definitivo.

“Con los especímenes antiguos nunca se tiene una coincidencia de 100 %, porque las secuencias genéticas no están completas –comenta Angélique Corthals, profesora de biomedicina y estudios forenses en la Stony Brook University de Nueva York y una de los tres consultores que trabajan con los egipcios–. Revisamos el adn mitocondrial de la momia que sospechábamos sería de Hatshepsut y el de la de su abuela Ahmose Nefertari. Existen probabilidades entre 30 y 35 % de que las dos muestras no estén relacionadas, pero debo hacer énfasis en el hecho de que sólo se trata de pruebas preliminares”. Pronto, una nueva ronda podría arrojar un veredicto más claro.

La primavera pasada, el fotógrafo Kenneth Garrett le pidió a Wafaa el-Saddik, directora del Museo Egipcio en El Cairo, fotografiar para este artículo una esfinge de piedra caliza de Hatshepsut de las ruinas de su templo, la caja de madera que contenía el diente, un busto de la faraona con la apariencia de Osiris, dios del inframundo. El-Saddik llegó al último artículo de la lista: el cuerpo momificado de Hatshepsut. “¿Quieres que retiremos el vidrio?”, preguntó incrédula, como si la momia, abandonada por tanto tiempo, ahora poseyera algo indescriptiblemente preciado. El fotógrafo asintió. La directora se estremeció. “¡Estamos hablando de la historia del mundo!”, exclamó.

Al final, se decretó que uno de los paneles de vidrio podría removerse de la caja en que estaba en la Sala de Momias Reales sin poner en peligro la historia del mundo. Mientras se instalaban las luces para fotografiar lo que quedaba de la gran faraona, me pregunté por qué era tan importante autentificar su cadáver. Por un lado, ¿qué podría animar mejor la sorprendente historia del antiguo Egipto que esa mujer que logró preservarse desafiando las fuerzas de la naturaleza y el deterioro? Ahora estaba aquí, entre nosotros, como un embajador de la antigüedad.

Por otro, ¿qué queríamos de ella? Antes que nada, ¿acaso no había algo opresivamente morboso en la curiosidad que atrajo a millones de fisgones a las salas de las Momias Reales e hizo un fetiche de la difunta real? Entre más veía a Hatshepsut, más deseaba huir de sus inconmensurables ojos y de la sofocante adherencia de su carne sin vida. La mayoría de nosotros vivimos de acuerdo con el credo del avefría, que es la antítesis de la fe de los faraones: cenizas con cenizas, polvo con polvo. Se me ocurrió que Hatshepsut está mucho más viva en sus textos, pues incluso, después de tantos miles de años, aún se puede sentir el latido de su corazón.

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Chip Brown ha escrito dos libros además de artículos para más de 30 revistas de Estados Unidos. Fuente National Geografic en español. http://ngenespanol.com/2009/04/hatshepsut-la-reina-hombre-de-egipto-articulos/

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EL REINADO DE AMEN-HOTEP IV Y EL FINAL DE LA DINASTÍA XVIII

FARAONES, HISTORIA

Por. D. Francisco Martín Valentín.

El príncipe Amen-Hotep, el futuro Amen-Hotep IV, era hijo de la reina Tiy y Amen-Hotep III, pero fue el primer heredero del trono.

Con mejores derechos que él, sabemos existió un hermano, llamado Thutmosis, del que conocemos la existencia a través de un látigo que lleva su nombre, procedente de la tumba de Tut-Anj-Amón y un sarcófago procedente de Serapeum, destinado a guardar los restos momificados de su gato preferido. Sabemos que fue el primogénito de Amen-Hotep III y ostentó los cargos de Gobernador de Menfis y Sumo Sacerdote del dios Ptah de la misma ciudad.

El fallecimiento de este príncipe, acaecido entre los años 16 al 27 de su padre, ocupó su puesto con los mismos títulos y derechos el futuro Amen-Hotep IV.

Es muy probable que el nuevo rey subiera al trono en corregencia con su padre y que esto podría haber sucedido hacia el año 28 del reinado de aquél.

Sabemos que siendo príncipe se educó en Menfis, capital del Bajo Egipto, muy cercana, además de la capital religiosa de Heliópolis, lo que, sin duda, facilitaría también su aprendizaje de los antiguos cultos solares.

Por otra parte, sabemos que como Sumo Sacerdote del Ptah de Menfis, llevaba el título del “Mas Grande de los Artesanos”, puesto que dicho dios era el dios de las artes.

Ya al subir al trono, el nuevo rey era también sumo sacerdote del culto de un dios reciente, el dios Aten. Aunque su presencia en los textos puede remontarse hasta el Imperio Antiguo, en los textos puede remontarse hasta el Imperio Antiguo, en los textos de las pirámides, no es menos cierto, que allí tan solo se habla de Aten, el disco, como sede material del dios Re.

Esas dos condiciones (Sumo Sacerdote de Ptah de Menfis y del dios Aten) dan forma a algunas de las cuestiones que caracterizarán el reinado del nuevo faraón. Por una estela del Jefe de escultores Bek, sabemos que este último fue directamente instruido por su Majestad a propósito de lo que debía hacerse en materia artística. De otra parte el uevo rey propiciaba el culto del dios solar Aten a quien se había dado el epíteto que lo definía como “Re-Horakhty que se regocija en el horizonte en su manifestación de luz, que es el disco Aten”.

Cuando fue entronizado, el nuevo rey celebró sus ceremonia de coronación en dos capitales de alto significado solar; en el Bajo Egipto de Heliópolis, también llamada On del Norte; en el Sur en Hermontis también llamada On del Sur.

Sin embargo, en Tebas, capital tradicional para acceder al trono para los reyes del Imperio Nuevo no se celebró ninguna ceremonia con este motivo para Amen-Hotep IV. Otra confirmación del programa solar del nuevo rey, nos lo proporcionan los cinco nombres de su protocolo real, o conjunto de los cinco nombres reales.

Veamos los de Amen-Hotep IV.

El de Horus: “Toro poderoso con las dos altas plumas (en referencia al dios solar

Montu)”.

El de las Dos Señoras: “Grande es su realeza en Karnak”.

(en el Santuario de Aten existente antes de la construcción del

Gem,t pa, Iten, al este de Karnak).

El de Horus de Oro: “Que lleva las Coronas de Hermothis”

(ciudad solar del Sur de Egipto).

El de la caña y la abeja: “Perfectas son las evoluciones de Re: él es el único que

(Rey del Alto y del Bajo Egipto) pertenece a Re”.

El de Hijo de Ra: “Amen-Hotep divino regente de Tebas”.

Por razones desconocidas no desposó a su hermana, la princesa Sat-Amon, sino a Nefert-ity, que según todos los indicios parece que fue hija de Ay, hermano de la reina Tiy.

DuranteРlos cinco primeros años de su reinado, fijó su corte en Tebas, en la orilla este; la primera gran obra de su reinado fue la apertura de canteras de gres en Gebel El Silsilah para construir el Santuario de su dios Aten al Este del recinto de Karnak.

Es en los relieves de este nuevo templo, donde se representa al nuevo dios, tal y como Amen-Hotep IV lo concebía en estos momentos. Se suprime su imagen zoomorfa de halcón y le otorga la de un disco solar del que salen múltiples rayos en forma de brazos terminados en manos. Del úreus que sale el disco solar cuelga la cruz de vida o anj, al mismo tiempo se encierra su nombre dentro de un cartucho real.

Como decíamos más arriba, el rey encarga a su Jefe de Escultores Bek, la transformación de las expresiones artísticas, introduciendo un sistema totalmente nuevo, sin sujeción a ninguna de las normas o cánones ortodoxos hasta tal momento existentes.

Esta transmisión inmediata, sin pasos aparentemente intermedios, se puede constatar en la Tumba de Ramose en Sheik Abd El Gurnah (TT 55).

De hecho se constata el trabajo en diversos monumentos tebanos de dos equipos de artesanos, unos con el concepto tradicional de la estética y técnicas y otros como ejecutores de nuevas concepciones y técnicas, tal y como se puede observar también en la Tumba de Jeruef en el Asassif (TT 192).

En el año 2 al 3 de Amen-Hotep IV, se estima se celebró un anómalo festival Sed, en honor de su nuevo dios, Aten. Estas ceremonias tendrían su principal escenario en el llamado por los textos “Gemet-Pa-Iten”; o santuario del dios Aten construido por el rey al Este del Santuario de Amon de Karnak.

Se trataba de un modelo de templo solar a cielo abierto, seguramente inspirado en los antiquísimos santuarios de Heliópolis, que luego se reproduciría en la nueva ciudad de Akhet-Aten. Era básicamente un patio rectangular de unos 130 metros de ancho por 200 de largo, y estaba rodeado por un muro de 5 metros de altura.

En el interior se erigían una serie de colosos adosados a su perímetro, que representaban al rey de un modo anómalo, como si sufriere graves trastornos endocrinos y en forma asexuada.

Incluían los edificios del recinto una especie de palacio con “ventana de apariciones”, especie de balcón protocolario desde donde Amen-Hotep IV y Nefert-ity entregaban recompensas a sus funcionarios, quizás simbolizando las propias bendiciones que el disco solar otorgaba a sus criaturas. Los textos nos hablan además de otros edificios, que llaman Rud-Menu y Teni-Menu, cuyo uso y significado no está claro. Completaba el conjunto la piedra Ben-Ben, especie de monolito, objeto material de culto solar.

Durante los primeros cinco años de reinado, mientras la corte de Amen-Hotep IV, residió en Tebas, se sucedieron diversos acontecimientos que preparan los eventos posteriores. En el año 2-3, se celebró asimismo el Jubileo de Amen-Hotep III, de su año 30 de reinado.

Desaparecido Amen-Hotep hijo de Hapu en el año 30-31 de Amen-Hotep III, (coincidente con el 3-4 de Amen-Hotep IV) se produjeron profundas reformas de orden artístico, político y religioso que anunciaban la ruptura total.

Durante estos cinco primeros años, se supone que nacieron las princesas Merit-Aton, Meket-Aton y Ajes-en-pa-Aton, las otras tres hijas de la nueva pareja real nacerían probablemente en Akhet-Aton en los años 9, 10 y 11 de Aj-en-Aton (Tell el Amarna). Se trata de Nefer-Neferu-Aton, Nefer-Neferu-Ra y Setep-en-Ra.

A partir del año 5 se producen sustanciales cambios, puesto que, en primer lugar, Amen-Hotep IV, modifica su nombre por el de Aj-en-Aton. Ese hecho pudo ser coincidente con la elección del lugar donde se ubicaría la ciudad y la realización de las ceremonias de consagración de su futuro recinto al dios Aten.

Estos hechos los conocemos por las llamadas estelas-fronteras, que, en número de catorce, hizo erigir marcando los límites geográficos de la futura ciudad.

En ellas nos cuenta como su padre el divino Aten le reveló a él solo la existencia de un lugar, nunca antes dedicado a dios alguno, donde quería que fundase la nueva ciudad.

Estos cambios parece que podrían coincidir con la celebración del segundo Jubileo del faraón Amen-Hotep III, en el año 34 de su reinado.

La nueva ciudad se llamaría Akhet-Aten “El Horizonte de Aton”.

Además con este motivo se produce el llamado, primer cambio del nombre teológico-didáctico de Aton.

A partir de este momento, el rey comienza a trasladar artesanos y obreros especializados desde Tebas a Amarna, al objeto de construir rápidamente su nueva ciudad.

Se calcula que en menos de un año, en el sexto de su reinado, Ajet-Aton estuvo lista para comenzar a ser ocupada.

Se comienzan a excavar tumbas de estructura muy semejante a las de la necrópolis tebana, aunque la mayoría de ellas, quedaron inacabadas.

La decoración de estos monumentos nos indica que se ha suprimido totalmente la mención a las creencias funerarias esenciales tradicionales y a sus dioses. A cambio, en todas ellas, se observa una anormal presencia exclusiva de escenas de la familia real controlando la vida en la ciudad (los muelles reales, los carros de guerra, los soldados que van y vienen etc…). En algunas de las tumbas utilizadas se encontraron al ser excavadas, algunos fragmentos del llamado “Libro de los muertos”, como prueba inequívoca de que los nuevos adeptos a la religión atoniana no estaban dispuestos a renunciar a sus tradicionales creencias a cambio de nada.

La nueva ciudad se componía básicamente de un gran núcleo central, con el Templo Mayor de Aten, el archivo donde se han hallado las célebres “cartas de El Amarna”, El Templo Menor y el barrio de los funcionarios alrededor del Palacio Real.

Los integrantes de la familia real poseían cada uno de ellos un pabellón personal.

Las necrópolis se dividían en dos, una al norte y otra al Sur del recinto de la ciudad, en tanto que la Tumba Rea, se hallaba excavada en un Uadi, llamado hoy Darb-el-Melek, a medio camino entre aquéllas.

La ciudad, que poseía sus muelles, sus barrios obreros, y casas-tipo con jardines silos y estanques, se autoabastecía de todo cuanto necesitaba, constituyendo, desde luego un pequeño y cerrado universo, donde se desarrollaba el endogámico drama de la familia real.

En los años que siguieron a la celebración del Segundo Jubileo de Amen-Hotep III, este pudo pasar a residir en Akhet-Aten, al menos de modo temporal, alternando este lugar de residencia con la capital del Bajo Egipto, Menfis. En todo caso el tercer jubileo del anciano rey, se documenta en Tebas. Sucede esto en el año 37/38. La última inscripción que se conoce con el nombre del padre de Aj-en-Aton es, como ya dijimos del año 38.

En la tesis de la corregencia larga, este año coincidiría con el año 12 de Aj-en-Aton. Así pues, falleció Amen-Hotep III, parece verosímil que Aj-en-Aton, rey ya, en solitario, decidiese celebrar, una especial ceremonia de pleitesía y sumisión a su realeza en la corte de Amarna. Es ésta la célebre recepción de embajadores de países extranjeros que para llevar tributos se celebró en el año 12, y que refleja la tumba de Meryne (nº 2).

De hecho la realidad exterior del mundo egipcio y su imperio asiático era otra totalmente diferente. Las revueltas e intrigas en Asia eran constantes y el príncipe Aziru, vasallo del rey de Egipto, se revolvía contra ése en alianza con Shuppiliuliuma, rey de los hititas. De este modo la frontera norte de la zona egipcia de influencia en Asia se veía seriamente amenazada. No obstante Aj-en-Aton, había seguido la política de alianzas familiares de su padre, para lo que desposó a Taduhepa, hija de Tushratta en el año 36 de Amen-Hotep III.

Los hititas habían destruido el reino de Mitani y ya nada se interponía entre ellos y la zona de influencia egipcia en Asia. La aparente dejación del ejercicio del poder militar, hace pensar que Aj-en-Aton era contrario al empleo de la fuerza, pero más bien cabe pensar que el rey, encerrado en su universo místico de El Amarna, hacía poco o ningún caso de los acontecimientos del gobierno de Egipto y sus zonas de influencia.

De hecho, parece que hacia el final del reinado de Aj-en-Aton, se hicieron ciertos preparativos militares para llevar a cabo una campaña de castigo en GEZER, aunque no tenemos constancia de si ésta se llevó o no a cabo.

Poco después del año 12 fallece la princesa Meket-Aton siendo enterrada en una de las cámaras anexas de la Tumba real.

La situación en Amarna parece degradarse gradualmente; se habla por diversos autores de una posible epidemia que diezma a la familia real y a la población de la nueva ciudad. La propia reina Tiy que residía en Amarna desaparece después de estas fechas, e igual sucede con la reina Nefert-ity, siendo reemplazada en su papel en la Corte por su hija mayor Merit-Aton.

En las excavaciones llevadas a cabo en la Tumba Real, se han encontrado fragmentos de ushebtis de Nefert-ity lo que hace pensar que la reina también fue enterrada allí.

De otra parte la existencia de relieves e inscripciones en que se observa la sustitución de los nombres y títulos de Nefert-ity por los de Merit-Aton, parecen avalar también la posibilidad de una caída en desgracia de la reina antes de su inmediata muerte.

Aj-en-Aton llevando a cabo una costumbre sólo conocida en estos últimos momentos de la dinastía XVIII, desposó a su propia hija Merit-Aton, de la que, se sabe, tuvo otra hija, llamada Merit-Aton-ta-Sherit.

En el extraño mundo de relaciones incestuosas de El Amarna la Princesa sería entregada como esposa más tarde de Se-Menen-Ka-Ra que, probablemente fuere otro hijo de Amen-Hotep III, y, por tanto, hermano o medio hermano de Aj-en-Aton.

Aunque sabemos muy poco de este personaje, sí conocemos que fue nombrado corregente del propio Aj-en-Aton y que su reinado no duraría más de 3 ó 4 años, así como que se hizo construir su tumba en Tebas y no en Amarna, concretamente un grafito fechado en el año 3 de Se-Menen-Ka-Ra nos dice que el templo funerario de este rey se había construido en “el recinto de Amón”? lo que evidenciaría un acercamiento al clero de este dios buscando, probablemente, una reconciliación.

Este personaje debió jugar un extraño papel en la Corte de Amarna. De un lado conocemos la escultura inacabada de Berlín en la que se ve a Se-Menen- Ka-Ra, sentado sobre Aj-en-Aton unidos por la boca y de otra parte sabemos que utilizó el título de Nefer-Neferu-aten que, antes había llevado la propia Nefert-ity y que disfrutaba del epíteto “amado de su Señor”, lo que ha inducido a ciertos autores a pensar en una extraña unión homosexual entre Aj-en-Aton y Se-Menen-Ka-Ra, asumiendo ambos de anómala manera el papel de pareja real.

La tercera de las hijas de Aj-en-Aton, Anj-es-en-pa-Aton, fue igualmente desposada por su padre y de él tuvo una hija.

Todos estos datos evidencian una total decadencia del ambiente amarniense donde las continuas evoluciones del Cisma religioso desembocan, a través de la creencia en que Aj-en-Aton era el propio disco viviente (Aton), en una serie de aberraciones al amparo del intento de la preservación de la sangre solar.

El final concreto de todo este aparato monárquico no nos es conocido. Sólo sabemos que Se-Menen-Ka-Ra debió morir hacia el año 15 del reinado de Aj-en-Aton, algo después fallecerá su esposa Merit-Aton y con todo ello parece caer desplomándose el edificio familiar de Aj-en-Aton.

Reina Tiy.
Pero, mientras tanto: ¿Qué había sido de la reina Tiy, tras la muerte de su esposo?. Sin duda pasó a residir permanentemente en Amarna, donde su hijo le había entregado un palacio para habitar en él. Su nuevo Intendente, Huya, sucesor de Jeruef, que fue beneficiado con la concesión de una tumba en la necrópolis de Akhet-Aten, hace representar a la anciana reina en los actos de la Gran Recepción de Tributos del año 12 de Aj-en-Aton.

Es casi seguro, que tendría preparada su propia tumba en Amarna (o quizás en la Tumba Real de la ciudad). Sin embargo, quizás fuera enterrada en la Tumba de Amen-Hotep III (KV 22) en el Valle Occidental de Tebas.

En todo caso, se cree que su momia pudiera ser la que se encontró en compañía de otras de personajes reales en la tumba de Amen-Hotep II (KV 35) del Valle de los Reyes, a donde fue llevada en tiempos de la Dinastía XXI, tras ser sacada de la (KV 55) tumba del Valle de los Reyes que pudo albergar los restos de otros personajes reales de Amarna.

Cyril Aldred piensa que la persecución de los demás dioses del panteón egipcio se llevó a cabo en los últimos años del reinado de Aj-en-Aton, y que con anterioridad, tan solo se conformó el rey hereje con retirar la percepción de recursos a otros templos para entregarlos a los templos del dios de su exclusivista religión.

Sea lo que fuere, lo cierto es que hay persecuciones de los nombre de Amon y de otros dioses, tanto en los templos como en el interior de las propias tumbas de la necrópolis tebana. Los edictos de prohibición de los nombres de Amón y Mut, se cree que fueron dictados tras la muerte de Se-Menen-Ka-Ra.

Este sería el último acto del drama amarniense. Tras el año 17 Aj-en-Aton desaparece de la historia en medio de muy oscuros acontecimientos.

LOS ACONTECIMIENTOS DESPUÉS DEL “EPISODIO AMARNICO”:

El entorno del faraón hereje se deshace tan pronto como él mismo desaparece. El pueblo egipcio creía probablemente que toda la tragedia de Egipto era debida a que su rey había quebrantado el Maat.

A la muerte de Aj-en-Aton sube al trono el rey-niño Tut-Anj-Aton.

El origen del joven rey es objeto hoy día de una fuerte controversia. Mientras que para G.T. Martín y otros, Tut-anj-Aton, sería hijo de Aj-en-Aton y de su segunda esposa real Kiya, conforme a la interpretación dada al relieve anepigráfico existente en la cámara de enterramiento de la princesa Maket-Aton, en la tumba real de El Amarna, para otros, se trataría del menor de los hijos varones del Rey Amen-Hotep III, y por tanto hermano, o medio hermano de Aj-en-Aton y Se-Menen-Ka-Ra.

Algo antes de su coronación se casó con la princesa y, ambos pasaron a residir a la ciudad de Menfis donde se le consagró como nuevo Rey del alto y del Bajo Egipto, a la edad de nueve o diez años. No obstante, alrededor del joven rey, seguía vivo y latente, el nefasto entramado familiar de la reina Tiy, ya desaparecida. Se trata del padre divino Ay, tío del joven rey y abuelo de la reina. Ay fue promovido durante el reinado de Tut-Anj-Amon a los cargos de Visir y Regente. Otro personaje influyente, fue el general Najt-Min probablemente hijo del anterior, y además un militar de carrera llamado en época amarniense Pa-Aten-em-heb, que luego restauraría su nombre por el de Hor-em-heb, que se casó con la princesa Mut-Nedjemet, hija de Ay y hermana de la reina Nefert-ity, y a través de la cual adquiriría derechos para ocupar en su día el trono de las Dos Tierras.

La situación, a la subida al trono del rey-niño, era, al parecer caótica. Tras cambiar su nombre y el de la reina por los de Tut-Anj-Amon y Anj-es-en-Amon, respectivamente, en el año 4 de su reinado, dicta un decreto real del que se hacen copias para su instalación por todo el país, del que se ha encontrado un ejemplar usurpado por Hor-em-heb, en Menfis, se trata de la llamada “Estela de la Restauración” que entre otras cosas dice:

“Cuando su Majestad se convirtió en Rey, los Templos, de un punto del país al otro, estaban en ruinas. Sus santuarios, abandonados, se habían convertido en rincones salvajes donde crecían las malas hierbas, como si nunca hubieran existido…. El País estaba desorganizado, pues los dioses lo habían abandonado. Si un ejército era enviado al Asia para ampliar las fronteras de Egipto, no tenía ningún éxito. Si se pedía a un dios para obtener alguna cosa, Él no venía. Si a una diosa, tampoco venía. Sus corazones se habían hecho tan duros que lo que había sido hecho estaba destruido…”.

El nuevo faraón reconstruyó los templos, mando hacer de nuevo estatuas de los dioses; abolió el culto del dios Aten y continuó la obra interrumpida del rey Amen-Hotep III en los templos de Luxor y de Soleb, mandando construirse su tumba en el Valle Occidental, no lejos de la de su posible padre.

Ajet-Aten, fue paulatinamente abandonada por sus funcionarios y habitantes, quienes se llevarían consigo los restos mortales de los fallecidos en la ciudad herética, para darles tradicional sepultura en sus lugares de origen.

Es casi seguro, que el gobernante en la sombra durante estos años fue el Padre Divino Ay. Tut-Anj-amon murió sin descendencia durante el décimo año de su reinado y con él se extinguió la gloriosa familia de Ahmosis, fundador de la Dinastía XVIII.

Su muerte pudiera haber sido provocada por las ambiciones de las personas que le rodeaban, y en todo caso, conforme se desprendió del examen de su momia, a consecuencia de una herida existente en su mejilla izquierda.

En estos momentos el Imperio Asiático de Egipto se desmoronaba. Los egipcios habían sido derrotados en Siria del Norte y los hititas, rompiendo un pacto de no agresión con el rey de Egipto, habían invadido los territorios existentes entre el Líbano y el antilíbano.

Probablemente sea este el momento en que debe ubicarse la carta encontrada en los archivos hititas de la ciudad de Boc-az-Koey, en la que una reina, probablemente Anj-es-en-Amon, pide a Shupiliuliuma, rey de los hititas, que la envíe a uno de sus hijos para hacerle rey de Egipto.

El rey enviaría a su hijo Zennanza que nunca llegaría al valle del Nilo, puesto que fue asesinado durante su viaje.

Todos estos gravísimos acontecimientos, que debieron suceder durante el período de las exequias de Tut-Anj-Amon, (unos setenta días según los ritos tradicionales), debieron ser vigilados muy de cerca por el Padre Divino Ay, quien ofició en los funerales del pequeño rey como su sucesor, y después se coronó nuevo faraón de Egipto.

Se cree que desposaría a la viuda del rey fallecido, su propia nieta Aj-es-en-Amon para acabar de legitimar su accesión al trono, aunque tras este acontecimiento la niña-reina desaparece de la historia. De hecho Ay se hace representar en la tumba usurpada a Tut-Anj-Amon en el Valle Occidental de Tebas con su esposa Tiyi.

El reinado de Ay, fue muy corto; se calcula que no superó los cuatro años. A su muerte, sobrevenida también de modo rápido y sorprendente, a pesar de ser ya un anciano al subir al trono, le sucede el General Mor-em-heb, quien residiendo en Menfis como Comandante Militar del Bajo Egipto, con la misión de impedir la invasión e Egipto por los hititas y sus aliados, estaba lejos de las intrigas de Tebas.

Hor-em-heb, se hizo construir una hermosa tumba en la necrópolis de Sakara, que nunca llegó a utilizar, siendo enterrado como rey de Egipto, en la que quedó inconclusa en el Valle de los Reyes de Tebas (KV 57).

Hor-em-heb, debió contar con el apoyo del Clero de Amón Tebano para suprimir y suceder a Ay en el trono de Egipto.

El conocido grupo escultórico del nuevo faraón, existente en el museo de Turín, nos muestra al nuevo rey, protegido por Amon, quien le entrega la realeza, aunque en la inscripción consta el reconocimiento del faraón al dios Horus de Hutnesut, lugar de su nacimiento, como divino patrón que le ha elegido para gobernar la tierra de Egipto.

Dice el texto entre otras cosas:

“….Después de muchos días, el hijo primogénito de Horus de Hutnesut, se presentó en Tebas, la ciudad del Señor de la eternidad…. después, en Karnak para presentarle (Horus) a Amon, a fin de transmitirle la función real que él cumpliría hasta el fin de sus días….

La divina Eneada prodigaba alabanzas que se elevaban hasta lo alto del cielo: Ved, Amón ha llegado…. su hijo (está) delante de él para fijar la Corona sobre su cabeza y exaltar su duración por toda una vida….

Alabaremos a Amón a causa de él. Tu nos has traído a nuestro protector, dale los Jubileos de RE, los años de Horus como Rey, pues él es quien satisfará Tu corazón en Karnak, así como en Heliópolis y en Menfis, es él, quien convertirá estos lugares en duraderos”.

Hor-em-heb, vuelve a explotar las canteras de gres de Gebel-el.-Silvileh para concluir monumentos y construir otros, usurpando los construidos por Tut-Anj-Amon y sus antecesores.

Del estado anárquico de Egipto cuando sube al trono, nos informa su célebre Decreto, cuyo texto nos ha llegado parcialmente en una estela que en origen debía tener cinco metros de alta por tres de ancha y que el rey mandó colocar delante del X pilono de Karnak que también mandó construir:

“…Así pues, Su Majestad deliberó con su corazón para extender su protección sobre el país entero… pare rechazar el mal y destruir la mentira; sus proyectos son un refugio eficaz a fin de expulsar la violencia….Mirad, su Majestad velaba día y noche, pensando en aquello que podría hacer y ser útil al País Bien-Amado, buscando (realizar) acciones benéfica….

Se trajo al escriba de Su Majestad, quién tomó su paleta y un rollo de papiro y se puso a escribir, reproduciendo todas las palabras del Rey, después el mismo dictó el Decreto….. Decreto sellado cerca de Su Majestad, para poner término a los actos de bandidaje en el País….”.

El contenido del documento que contempla una reforma administrativa profunda con supresión de cargos e impuestos y con normas para corregir y castigar las actuaciones de funcionarios venales y corruptos, nos da la medida de la situación de caos y anarquía que debía imperar en Egipto tras el episodio amárnico.

A pesar de haber accedido al trono siendo ya mayor, Hor-em-heb reinó cerca de 27 años, durante los cuales actuó con gran energía, reorganizando a Egipto en el interior, mientras en el exterior derrotó y rechazó al rey hitita Arnu-Uanda, asegurando de nuevo las fronteras de Egipto.

Al carecer de descendencia para sucederle en el trono, nombre su sucesor a otro militar procedente del Delta, el general Pa-Ramessu, el futuro Ramsés I, fundador de la Dinastía XIX.

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Los reyes que cayeron del cielo

FARAONES, HISTORIA

Por D. Federico Lara Peinado.

Los primeros monarcas encontraron la justificación ideal para asumir el poder y no soltarlo: ellos eran los elegidos de los dioses. A partir de ahí, sólo tuvieron que tejer la red que les permitiera perpetuarse

Desde el principio de los tiempos, los poderosos se las arreglaron para atribuir un origen divino a su legitimidad para erigirse en reyes o gobernantes. Diversos textos míticos mesopotámicos –Enuma elish, Poema de Atrahasis- relatan cómo se originaron el cosmos y los dioses, y cómo éstos crearon a los hombres y eligieron a algunos de entre ellos como depositarios de su autoridad.

Especialmente, el segundo de los textos citados, redactando hacia 1630 a.C. ilustra muy gráficamente cómo veían el origen del poder aquellas sociedades. Presenta a los Grandes Dioses ya creados, controlando las diversas partes del cosmos y a los dioses menores –los igigi- realizando trabajos y asumiendo la fatiga…en definitiva, comportándose como si fueran humanos. Y así fue hasta que un día, hartos de pasar penalidades, los igigi se rebelaron, logrando que los Grandes Dioses crearan a los hombres -awilu- para que trabajaran por ellos. Con carne y sangre divina mezclada con arcilla se dio nacimiento al primer ser humano, y creado aquel prototipo, se dio paso a la formación de catorce matrices-siete varones y siete mujeres- a partir de las cuales se generó el resto de la humanidad. Asimismo, a fin de que la vida se organizara de modo adecuado y no perturbara el descanso divino, los dioses dictaron las normas que debería seguir la raza humana y recogieron a una serie de personas como sus representantes en la tierra para que gobernaran en su nombre. Así instauraron una monarquía –nam-lugal-, se elegía a alguien dotado de excepcionales cualidades que se ocupaba de organizar todo lo relativo a los dioses, dueños, absolutos de bienes y personas, así como de los asuntos comunitarios, en particular de la irrigación de las tierras, la justicia y la guerra.

ERIDU FUE LA PRIMERA CIUDAD Y ALULIM, EL PRIMERO DE LOS MONARCAS.

Viendo que la monarquía era cosa buena, pues facilitaba el bienestar de las gentes un proverbio sumerio decía que un pueblo sin rey era como un ganado sin pastor-, los dioses decidieron enviarla, junto con su símbolo –el cetro-, a la ciudad de Eridu (hoy, Abu Shahrain), en el sur de Irak. Y el escogido como rey fue Aulim, a quien concedieron una vida de 28.800 años.

CON LA DINASTÍA ARCADIA, LA REALEZA ALCANZÓ COTAS POLÍTICAS Y RELIGIOSAS.

Un extraordinario documento historiográfico, conocido como Lista Real Sumeria, y repetido en 15 copias – la más significativa, grabada en un prisma de barro (WB 444), fue redactada en Nippur por un sacerdote llamado Nur-Ninshubur-, contiene la referencia a los más remotos tiempos de Mesopotámia. El documento es básico por la importante información que facilita acerca de los orígenes de la realeza. A pesar de la emisión de algunas dinastías (la de lagash, por ejemplo), fija por escrito los acontecimientos vividos en las ciudades mesopotámicas, los nombres de sus monarcas y la duración de sus reinados, todo ello enmarcado en el cuadro de una cronología universal diacrónica, conectada con el origen de los tiempos.

DIVERSOS TEXTOS APOYABAN EL ORIGEN DIVINO DE LA AUTORIDAD.

La historia de las monarquías mesopotámicas se presenta en dicho documento como un desarrollo continuo en el tiempo, en el contexto de un fortísimo poder real, creado y legado a los hombres por los dioses. En su aspecto ideológico sirvió para apoyar la doctrina política que afirmaba la legitimidad de la monarquía como única forma de gobierno posible y que, pasando de una ciudad-Estado a otra, posibilitaba el desarrollo pleno de una institución sacrosanta e intocable, que había descendido del cielo.

La lista Real Sumeria no era el único documento que reflejaba la idea del origen divino de la monarquía. Otras crónicas posteriores, como la Crónica Real de Lagash, la Crónica Weidner, la crónica real Babilónica y la Crónica dinástica, aludían al establecimiento de la realeza en el país y reseñaban sus reyes. Todas ellas señalaban como causa por la cual la monarquía había tenido que descender del cielo por dos veces a la Tierra el hecho de haberse producido un cataclismo de inusitadas consecuencias –un diluvio universal-, del que tan sólo unas pocas personas habían podido sobrevivir gracias al favor de los dioses. Es cierto que antes del diluvio varios reyes habían gobernado ya en diversas ciudades. -cinco, según los documentos-. Pero el recuerdo de la inundación, supuestamente enviada por los dioses contra los hombres a causa de su mal comportamiento, quedó anclado en la memoria colectiva de Mesopotámia, inspirando mitos, poemas y documentos históricos que acabarían vertiéndose en la Biblia.

En todo caso el prisma WB 444, después de recoger las dinastías antediluvianas, dice: “El diluvio lo niveló todo. Después la realeza, descendiendo del cielo, quedó fijada en Kish”, donde se hallaron los restos de los más antiguos palacios mesopotámicos. A continuación enumera el listado de los 23 reyes que gobernaron dicha ciudad durante “24.510 años, tres meses y tres días y medio “. Con Kish y sus monarca se da paso a los tiempos del llamado Dinástico arcaico, de complejo contenido histórico y que puede dividirse en tres grandes épocas: la primera (2900-2700 a.C.), con reyes tan prestigiosos como Elana -protagonista de un relato mítico-. Enmebarageis, Arga, y Mesilim; la segunda (2700-2550 a.C.), durante la cual gobernaron los reyes de la primera dinastía de Uruk, destacando entre ellos Enmerkar y el poderoso Gilgamesh; y la tercera (2550-2316 a.C.), a la que pertenecieron los monarcas de la primera dinastía de Ur, de Umma de Kish, de Adab y de Ashak; además de otros monarcas de otras ciudades extranjeras (Mar, Awan, Hamzi). Con la tercera dinastía de Uruk, controlada por el rey Lugalzageis, finalizaban los tiempos del Dinástico arcaico, dándose paso a la etapa de los monarcas acadios, encabezados por Sargón de Akkad. Con esta dinastía la realeza alcanzó nuevas cotas políticas y religiosas Mesopotámia se convertiría en imperio y sus reyes en dioses.

Si en Egipto el primero de los hombres en llegar al cielo había sido el faraón, también en Mesopotámica sería un rey el primer humano en llegar al paraíso para argumentar tal ascensión se elaboró un interesante relato –el citado mito de Etana-, que en tiempos babilónicos conocería una amplia difusión y que serviría de base para justificar la necesidad de la monarquías como gobierno ideal.

El relato cuenta que cuando en la tierra aún no existían reyes y las insignias del poder yacían en los cielos ante el dios Anu, los dioses Anunnaki, a quienes incumbía fijar los destinos, decidieron buscar un rey para los hombres y eligieron a un pastor llamado Etana. Al principio todo fue bien, pero Etana se dolía de no tener descendencia y, por tanto, de interrumpir la línea monárquica. A fin de solucionar el problema pidió al dios Shamash, titular de la Justicia, que le concediera la hierba del alumbramiento para que su esposa pudiera darle un hijo, y Shamash le mandó a la montaña, donde hallaría respuesta a su petición. Con anterioridad, en ese lugar se había producido una disputa entre un águila y una serpiente que compartían el mismo árbol, sin embargo, un día el águila, pese a las advertencias de uno de sus aguiluchos, decidió comerse las crías de la serpiente. Ésta fue a quejarse a Samash, el cual le dijo que fuera a la montaña. Donde encontraría a un búfalo al que debería abrir las entrañas y esconderse en su interior; cuando el águila acudiera a comerse los despojos, tenía que cogerla cortarle las alas y arrojarla a un foso para que muriera de sed y hambre. Y así lo hizo. Pues bien, Etana, cuando a su vez subió a la montaña, encontró al águila que agonizaba lentamente en el foso. Siguiendo los consejos de Shamash, el rey pastor le habló de su problema, pidiéndole ayuda para obtener la hierba del alumbramiento, cosa a la que accedió el águila a cambio de que le ayudara a recuperar sus fuerzas. Durante ocho meses, Etana le procuró alimentos hasta que el animal pudo remontar el vuelo.

TRAS POSTRARSE ANTE LOS DIOSES, ETANA Y EL AGUILA SE PRECIPITARON AL VACIO

Entonces se ofreció a Etana para transportarlo al cielo de Anu. El rey, esperando alcanzar la ansiada hierba, subió sobre el águila y ambos se echaron a volar. Llegados al cielo se postraron ante los dioses, pero al elevarse aún más, se precipitaron al vacío. En ese punto, el texto se interrumpe, ignorándose el final.Sin embargo, dado que el Prisma WB 444 recoge a Balih como hijo y sucesor de Etana, no hay duda de que la historia terminó bien para el rey y el águila.

Con este relato, el anónimo poeta trataba de decir que la cabeza no se podía transmitir de padres a hijos sin la ayuda de los dioses, y que eran éstos quienes proveían a los hombres de sus representantes administrativos, los llamados en. Éstos, además de cumplir sus específicas funciones religiosas (alimentación de los dioses, festividades y ceremonias, cuidado de los templos), también eran responsables del sistema hidráulico y de la adecuada explotación de las tierras, propiedad en los primeros tiempos de las divinidades. En el supuesto de producirse situaciones excepcionales (conflictos armados, desastres naturales), la ciudad se dotaría de un líder guerrero (lugal o sharru) para hacerlas frente. Después, el lugal quedará desposeído de todas sus prerrogativas extraordinarias. Sin embargo, por razones que se ignoran- ¿ambición personal, necesidad social?- el cargo de lugal pronto hubo de aceptarse el de en y a veces incluso sustituirlo.

En cualquier caso, los dos centros de poder de las ciudades sumerias, en sus aspectos económicos, sociales y políticos, fueron el templo -egal makh- y el palacio –egal-, gobernados en sus orígenes por un único personaje –el en-que a partir de 2500 a.C., aproximadamente, sería sustituido por el lugal. Con ello la institución monárquica, tan celebrada en los textos religiosos e históricos, cobraría su real sentido y significado. La conexión del Lugal con la divinidad motivó la creencia de que su autoridad civil se iba asentando cada vez más en la elección divina antes que en las decisiones humanas, tomadas en las asambleas. Los textos hablan claramente de que el cargo de rey era de origen divino y que la realeza descendía de los cielos. No faltaron ocasiones en las cuales los dioses debían quitar el cargo de rey a una persona para dárselo a otra. Las derrotas militares o los golpes de estado justificaban esa actuación divina.

Entre los reyes de Uruk hubo, según algunos textos sumerios, tres especialmente heroicos: Enmerkar, Lugalband, y Gilgamesh. El ejemplo de este último –dos tercios divino y un tercio humano- fue paradigmático. Hijo de un sacerdote, Gilgamesh accedió al trono por sus hazañas y muy pronto fue protagonista de un ciclo épico –mítico de siete episodios que, retomados y adaptados por los copistas babilonios y asirios, darían origen al magno texto que lleva su nombre. En el Poema de Gilgamesh, el rey aparece como un joven monarca, defensor de sus súbditos y de su ganado, pero que abusa de su poder despótico. Los lamentos del pueblo llegaron a oídos del dios Anu, el cual ordenó a la diosa Aruru que creara un ser parecido -un doble del tirano – que le hiciera frente.

UN GOBERNANTE HEROICO PERO MORTAL, EN BUSCA DE LA ETERNA JUVENTUD.

Entonces Aruru creó a Enkidu quien, en vez de convertirse en rival de Gilgamesh, acabaría siendo su amigo. Ambos héroes corrieron todo tipo de aventuras alcanzando el Bosque de los Cedros, a cuyo guardián Humbaba, dieron muerte. Al despreciar luego los amores de Ishtar, la diosa logró que fuera enviado a Uruk el poderoso Toro del cielo, que también fue muerto por ambos amigos. El desprecio manifestado a Arurru y la sacrílega muerte del Toro acarrearían la enfermedad de Enkidu y su posterior muerte. Gilgamesh, aterrado ante aquel hecho -pues se creía inmortal-, partirá a la búsqueda de la inmortalidad. Así, y después de soportar enormes fatigas, pudo llegar al lugar paradisiaco donde vivía con su familia el salvado del diluvio, Utnapishim, Éste le habló de la planta de la eterna juventud, que Gilgamesh consiguió aunque luego le fue robada por una serpiente, con lo cual el héroe perdió la esperanza de ser inmortal. Desolado y triste, Gilgamesh hubo de regresar a Uruk, su ciudad.

La moderna historiografía no duda en aceptar la historicidad de Gilgamesh, quien debió de vivir hacia 2650 a.C. Con el Poema de Gilgamesh, su autor demostraba la caducidad de la vida, la impotencia del hombre ante la muerte la resignación ante el destino. La única sublimación posible era la de poder forjarse un nombre famosos, la de ser un monarca modelo, asistido por los dioses de quienes, en definitiva, los reyes eran descendientes.

En Egipto sucedió algo parecido. Según los antiguos egipcios, después de la creación del mundo, el país del Nilo estuvo regido por una sucesión de dinastías que inicialmente eran de origen divino y más tarde ya humano. El primer rey fue el Sol-Re-Atum, a quien sucederían por turno todos los miembros de su familia, hasta llegar a Bidis, a lo largo de 13.900 años. Aquellos reinados no se vieron libres de inquietudes, pues sufrieron constantes asaltos por parte de las poderosas tinieblas. La conmoción más seria fue la guerra fratricida entablada entre Osiris y Seth. De aquella lucha, larga y enconada, saldrían victoriosas las fuerzas del asesinado Osiris, mandadas por su hijo Horus, vengador de su padre.

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Imperio Antiguo (2680–2613 A.C.) – Dinastia III

FARAONES, HISTORIA

La tercera dinastía. Es la primera de las cuatro dinastías que constituyen el denominado Imperio Antiguo de Egipto. El fundador de la tercera dinastía fue Nebka, hijo de Jasejemuy. Se le considera el iniciador de la construcción de la mastaba de Saqqara. Con la llegada de su sucesor Dyeser (Zoser). se producen una serie de cambios importantes tanto en religión como en arquitectura que hacen de este monarca el más importante de esta dinastía. Por un lado se produce el asentamiento definitivo del culto al dios Ra y por otro el cambio de la forma de construcción de las tumbas reales que pasó de la mastaba a la pirámide. El primer ejemplo lo tenemos en la mastaba de Saqqara construida por Nebka. Esta y en varias etapas se convirtió en lo que es la primera pirámide en piedra de la historia de Egipto (pirámide escalonada).

El proyecto del conjunto funerario lo diseñó Imhotep, príncipe, visir y gran sacerdote de Heliopolis, es el primer medico y arquitecto de la historia. Se le considera el artífice de la pirámide escalonada. Fue divinizado en el imperio Saita como dios de la medicina e identificado por los griegos con Asclepios (Esculapio).

Del resto de monarcas se conoce muy poco, e incluso el orden sucesorio no está todavía bien definido. De la política exterior de esta dinastía cabe destacar que se inició de forma sistemática la colonización del Sinaí y la Baja Nubia, para explotar sus yacimientos y recursos naturales.

Durante este período, los egipcios creían que la naturaleza del tiempo era cíclica, y el faraón debía asegurar la estabilidad de aquellos ciclos. También se consideraban una gente especialmente elegida, “como los únicos seres humanos verdaderos sobre la Tierra”.

Faraones

Sanajt (Nebka) – 2682 – 2665 A.C.: El nombre Sanajt significa “el fuerte protector”. También es conocido como Nebka, su nombre de Trono. La Piedra de Palermo lo menciona erigiendo un templo en el año 13º de su reinado, la estatua de Jasejemuy en el año 16º, y la construcción de un barco en el año 18º. La esposa de Nebka fue Initkaes, hija de Jasejemuy y Nimaathapi, su predecesor, consiguiendo el trono probablemente mediante este matrimonio, pues el derecho al trono se obtenía a través de la descendencia femenina. Se le atribuye la pirámide de El-Kula, la mastaba de Meidum y la construcción de la primera mastaba de base cuadrada sobre la que se erigió la Pirámide escalonada de Saqqara. El lugar de su sepultura es posiblemente la estructura de adobe rodeada de un muro en Abu Roash. Se le atribuye el complejo funerario inacabado situado al oeste del templo de Dyeser.

Dyeser (Zoser) – 2665 a 2645 A.C.: En las inscripciones contemporáneas se le denominó Necherjet (nṯr ẖt), que significa “Cuerpo divino”. En documentos posteriores, durante el Imperio Nuevo, lo denominaron Dyeser (ḏsr) «Sublime», narrando acontecimientos de su reinado, y la construcción de la Pirámide Escalonada, llamada «Dyeser Dyeseru», confirmando que Necherjet y Dyeser eran el mismo personaje. En la Lista Real de Saqqara figura como Dyeser (ḏsr); en la Lista Real de Abidos aparece como Dyeser-sa; en el Canon de Turín se indica que Dyeser-it estuvo reinando 19 años. Como la reina Nemaathapy, la esposa de Jasejemuy, el último rey de la segunda dinastía, aparece con el título de “Madre del Rey”, algunos autores afirman que era la madre de Dyeser (Zoser) y que Jasejemuy sería su padre. Al principio de su reinado residió en Abidos, donde se comenzó a construir su tumba, en Bet Jalaf. Sin embargo posteriormente trasladó su residencia al cercano Menfis, la capital del país. Este faraón ordenó realizar varias expediciones militares a la península del Sinaí, durante las cuales las tribus de nómadas fueron dominadas, para extraer los valiosos minerales de la región, como turquesa y cobre. También era estratégicamente importante como vínculo entre Asia y el valle de Nilo. Pudo haber fijado la frontera sur del reino en Elefantina, junto a la primera catarata del Nilo. Célebre por haber encargado a su chaty, Imhotep, construir el complejo de la pirámide escalonada de Saqqara, considerado el primer gran complejo monumental en piedra de Egipto y del mundo. Algunos fragmentos encontrados en Heliópolis y Gebelein mencionan el nombre de Dyeser, y sugieren que había encargado los proyectos de construcción de esas ciudades. Una inscripción, conocida como Estela del hambre, grabada durante la dinastía Ptolemaica narra cómo Dyeser reconstruyó el templo del dios Jnum en la isla de Elefantina, junto a la primera catarata, acabando así con la hambruna que había asolado Egipto durante siete años. Esa inscripción de época de Ptolomeo V, en la isla de Sehel, aunque pudiera ser una leyenda, muestra como más de dos milenios después de su reinado, Dyeser era recordado todavía.

Dyeser Teti (Sejemjet) – 2645 – 2638 A.C.: En la Lista Real de Abidos figura como Teti y en la Lista Real de Saqqara como Dyeser Teti. Como su predecesor, Dyeser, Sejemjet inició la construcción de una pirámide escalonada en Saqqara, pero sólo las gradas más bajas estaban terminadas en el momento de su muerte. Algunos egiptólogos creen que la pirámide de Sejemjet habría sido más grande que la de Dyeser si se hubiera terminado. Los subterráneos de la pirámide se componen de 132 almacenes; en la cámara sepulcral se encontró un sarcófago monolítico de alabastro vacío. Hoy el lugar está en gran parte bajo las arenas del desierto. En Uadi Maghara se encuentra un relieve del Sejemjet, escenificando al faraón golpeando a un enemigo.

Jaba (Sedyes) – 2638 A.C.: Se le cita en el Canon de Turín como Hu(dyefa) reinando seis años. En la Lista Real de Abidos figura como Sedyes, pero en la Lista Real de Saqqara no aparece. Sólo gobernaría un breve periodo, siendo su sucesor Neferkara-Nebkara. Lehner sostiene que Jaba fue enterrado en el Zawyet el-Aryan, pero no en la pirámide, sino en la gran mastaba próxima. Se le atribuye la pirámide estratificada, inacabada, sita en Zawyet el-Aryan. Su nombre se ha encontrado grabado en: varias vasijas de piedra en Zawyet el-Aryan. Vasijas en la mastaba (Z500), cercana a la pirámide de Zawyet el-Aryan (Dunham 1978: 34). Vasija de diorita (Museo Petrie: UC15800). vasija de dolomita en el Museum of Fine Arts, Boston.

Nebkara – 2638 -2614 A. C.: Se le atribuye la pirámide septentrional en Zawyet el-Aryan, cuya base mide 110 m de ancho por 180 m de largo, que tiene inscripciones en varios bloques de Neferkara (o Nebkara, Nebka). En la Lista Real de Abidos, Neferkara es el nombre nº 19, entre Sedyes, faraón de la dinastía III, y Seneferu, de la dinastía IV. En la Lista Real de Saqqara, Nebkara es el nombre nº 14 y está colocado entre Dyeser teti y Huny, de la dinastía III. En la Lista Real de Saqqara otro Neferkara es el octavo nombre y está colocado en la entre Sened y Neferkaseker, de la segunda dinastía. Pudiera ser Soyfis, que reinó 16 años, o Tosertasis, que reina 19 años, de la lista de Manetón, según el epítome de Julio Africano.

Huny – 2637 y 2613 a. C.: Huny llegó al trono a una edad venerable. Estuvo casado con Meresanj y tuvo dos hijos: Seneferu y Hetepheres. A veces se le adjudica ordenar construir la gran pirámide escalonada situada en Meidum, más grande que la de Dyeser, que según se supone dejó inacabada a su muerte, así su sucesor Seneferu, se comenta, la terminó al principio de su reinado. Sin embargo, esta teoría surge de un natural deseo de tener un monumento funerario significativo atribuido a Huny, pero no hay evidencias de que que la pirámide de Meidum fuera el lugar de su sepultura. El nombre de Seneferu, sin embargo, se ha encontrado en Meidum, y varios hijos de Seneferu, concretamente, los príncipes Nefermaat y Rahotep, fueron enterrados en mastabas de la necrópolis de Meidum. Así, parece más probable que fuera Seneferu quien ordenara construir la pirámide y, más tarde, durante su reinado, se transformara de pirámide escalonada en pirámide clásica, adquiriendo sus caras forma triangular. La pirámide, desde que se desmoronó, sólo mantiene en pie su núcleo central. Existe otra pirámide que muy probablemente fuera ordenada construir por Huny, pero es una pequeña pirámide ceremonial cuyas ruinas se han encontrado en la isla de Elefantina. Esta pirámide no era una tumba, ni tiene un complejo circundante de necrópolis o templos: su función verdadera y su significado religioso son desconocidos. También es posible que todas las pequeñas pirámides escalonadas, que miden de 10 a 17 m de altura, descubiertas en Zawyet el Meytin, Abidos (Sinki), Naqada (Nubt), Khula (Hieracómpolis), y Edfu puedan ser atribuidas al soberano Huni (M.D.A.I.K. 36 p. 43-59; M.D.A.I.K. 38 p. 83-93 y 94-95). Su posible tumba podría estar en Zawyet el-Aryan, o en la necrópolis de Meidum (mastaba M 17, según Swelim), donde también se encuentran las mastabas de algunos funcionarios, como la de Nefermaat (M 16), enterrado con su esposa Itet, otro hijo de Huni y primer visir de Seneferu, el padre de Hemiunu, arquitecto y visir de Jufu; y la mastaba de Rahotep y Nofret (M 6).

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Imperio Antiguo (2680 – 2200 a. C) – Dinastias III, IV, V y VI

FARAONES, HISTORIA

El Imperio Antiguo de Egipto, también llamado Reino Antiguo, es el período de la historia del Antiguo Egipto comprendido entre c. 2700 y 2200 a. C. Lo integran las dinastías III, IV, V y VI.

El Imperio Antiguo forjó y consolidó el sistema político, cultural y religioso surgido durante el periodo protodinástico, con la aparición de una monarquía cuyos rasgos más notables son la divinización absoluta del faraón (los egipcios creían que el faraón aseguraba las inundaciones anuales del Nilo que eran necesarias para sus cosechas) y un poder político fuertemente centralizado.

Esta época surge marcada por la influencia del faraón Dyeser (Zoser), quien traslada la capital a Menfis y extiende el Imperio egipcio desde Nubia al Sinaí. Aunque más importante que Dyeser fue su visir Imhotep, el arquitecto diseñador de la pirámide escalonada de Saqqara, sumo sacerdote de Ptah, divinizado en la época ptolemaica. También las grandes pirámides de Giza, atribuidas a los faraones Keops, Kefrén y Micerino se datan en este periodo.

Tras el largo reinado del faraón Pepy II (94 años), y ante la debilidad del poder real, los nomarcas (gobernadores de los nomos) se hacen fuertes, y convierten sus cargos en hereditarios. Entonces Egipto pasó a un período histórico en el cual se descentralizó fuertemente el sistema político, siendo denominado por los historiadores primer período intermedio.

Historia del Imperio Antiguo

El Principio: III Dinastía

El primer faraón notable del Imperio Antiguo fue Dyeser, de la III Dinastía, que ordenó la construcción de una pirámide (la Pirámide Escalonada) en la necrópolis de Menfis, la actual Saqqara. La persona más importante durante el reinado de Dyeser fue su chaty (visir), Imhotep. Durante este período, los egipcios creían que la naturaleza del tiempo era cíclica, y el faraón debía asegurar la estabilidad de aquellos ciclos. También se consideraban una gente especialmente elegida, “como los únicos seres humanos verdaderos sobre la Tierra”.

El Apogeo: IV Dinastía

Los faraones de la Dinastía IV alcanzaron el cenit del Imperio Antiguo, que comenzó con el faraón Seneferu, quien construyó tres pirámides: la pirámide ahora derruida de Meidum, la Pirámide acodadada de Dahshur, y la Pirámide Roja, al norte de Dahshur. Utilizó una masa mayor de piedras que cualquier otro faraón.

Seneferu fue sucedido por su hijo, Keops, quien construyó la Gran Pirámide de Giza. La tradición posterior egipcia lo describe como un tirano cruel, que impuso el trabajo forzado a sus súbditos para erigir su pirámide. Después de la muerte de Keops es posible que surgieran disputas sucesorias entre sus hijos Dyedefra y Kefrén. Éste último construyó la segunda pirámide y posiblemente la Gran Esfinge de Giza.

Los últimos reyes de la IV Dinastía fueron Micerino, quien construyó la tercera mayor pirámide de Giza, Shepseskaf y Dyedefptah.

Decadencia y colapso: V-VI Dinastías

La V Dinastía fue fundada por Userkaf, quien inició las reformas que debilitaron el poder del faraón y del gobierno central. Los intereses comerciales de Egipto en mercancías como ébano, mirra, incienso, oro, cobre y otros metales útiles inspiraron a los antiguos egipcios a construir grandes barcos para navegar por mar abierto.

Ellos negociaron con Líbano para obtener cedro y viajaron por el mar Rojo hasta el Reino de Punt, ubicado en las actuales Etiopía y Somalia para obtener ébano, marfil y especias aromáticas. Los constructores de barcos de aquella época usaban cuerdas para trabar sus barcos.

Después de los reinados de Userkaf y Sahura, los poderosos nomarcas (gobernadores regionales) entablaron disputas entre ellos, que fueron cada vez a peor, minando la unidad y el gobierno central. También surgieron hambrunas. Pero la autonomía regional y los disturbios no eran las únicas causas de esta decadencia. Los proyectos de grandes edificaciones de la IV Dinastía habían excedido la capacidad del tesoro y a la población, debilitado a la monarquía en sus raíces.

El golpe final fue una severa sequía en la región de las fuentes del Nilo, causada por una drástica disminución de las lluvias entre 2200 y 2150 a. C., que a su vez evitó las inundaciones normales del Nilo. El resultado fue el colapso final del Imperio Antiguo después de décadas de hambre y disturbios. Una importante inscripción en la tumba de Anjtifi, uno de los nomarcas, durante el temprano Primer período intermedio, describe el estado lamentable del país después de las hambrunas.

El faraón y su corte

El faraón era considerado oficialmente como un dios, heredero de los dioses que reinaron sobre la Tierra, custodio de la justicia y el orden universal “Maat”. Era el único que podía tener varias esposas legítimas y otras secundarias (concubinas), madres de los futuros reyes, visires generalmente, sumos sacerdotes en los templos de Ra, Tot y Min, con derecho a ser enterrados junto al faraón, en pirámides menores o mastabas propias.

La sociedad

La necesidad de realizar grandes trabajos hidraúlicos que regulasen las crecidas del Nilo obligó a crear una estructura organizativa cada vez más compleja que fue el germen del Estado centralizado egipcio.

La sociedad estaba jerarquizada en tres niveles: Faraón: Depositario del derecho divino, se le atribuían todos los poderes por mediación de Horus. Altos funcionarios y sumos sacerdotes. Pueblo: Artesanos, campesinos, entre otros.

Aunque la idea de un faraón rico que sometía a los artesanos se encuentra muy extendida, no es del todo exacta. Los faraones regalaban una serie de derechos, estaba extendida la propiedad privada y había posibilidad de ascenso y hasta que los cargos se hiciesen hereditarios. El faraón era propietario de hombres y tierras, teológicamente, pero en realidad la propiedad privada era un derecho con garantías jurídicas y legales, garantizada por el Estado si estaba registrada, existiendo censos bianuales de bienes muebles e inmuebles:
La población urbana

Se concentraba fundamentalmente en varias poblaciones del delta del Nilo y el valle del Nilo. Los núcleos urbanos eran el motor ideológico de Egipto. Allí se asentaba el comercio, las clases ricas y cultas. Se constituyeron en centros culturales y religiosos. La ciudad más importante de esta época fue Menfis, la capital.

La población rural

Era la base de la economía. Asentada en poblaciones menores, estaba compuesta fundamentalmente por agricultores, ganaderos y trabajadores libres que recibían un salario en especie. La existencia de mercados implicaba que también entre ellos estuviera extendida la propiedad privada.
La administración

El cargo más importante era el de visir, quien presidía la administración central, y era designado por el faraón. Disponía de su propio consejo: los jefes de misión. Presidía la corte de justicia como jefe de la Gran Casa de Justicia. También era el custodio de los archivos. Además dirigía la hacienda pública, que centralizaba los impuestos y los productos del campo, era el encargado de la agricultura y de la casa real.

En un rango inferior al de visir estaba el canciller del rey del Bajo Egipto, título que acabó siendo meramente honorífico; y el canciller del dios, encargado de las expediciones militares y comerciales. La justicia, prerrogativa real, disponía de un conjunto de leyes escritas (conocidas parcialmente por referencias), sin pena de muerte ni castigos cruentos. Era un derecho egipcio apelar en última instancia al rey.

El “ministerio” de cultura se ocupaba de dos asuntos: campos y ganados. Nace la figura del arrendatario de una propiedad real. Los escribas: Existía un archivo al que se llamaba Casa de Vida en el cual se reunían todos los documentos relativos al funcionamiento de la ciudad. Entre los escribas se encontraba el jefe de los secretos, que se ocupaba de las cuestiones religiosas.

La administración provincial estaba basada en la figura del nomarca: “el que abre los canales”, que era responsable de la irrigación, del rendimiento agrícola, recaudar impuestos y fijar los límites de las propiedades después de la inundación anual. En esta época el número de nomos fue de 38 o 39.4

Arquitectura

Los monumentos de esta época muestran la inteligencia y capacidad organizativa de los arquitectos para construirlos, unida a la destreza y habilidad de los artesanos egipcios, y pone de manifiesto el alto grado de esplendor que alcanzó la civilización egipcia.

Los complejos funerarios del Imperio Antiguo, constituidos en piedra, formaban parte de un conjunto en el que se disponían, normalmente, la pirámide principal, el templo funerario junto a la pirámide, un templo del valle con un embarcadero, y un camino procesional que comunicaba estos edificios. Se complementaban con pirámides subsidiarias, barcos solares en fosos, capillas, almacenes, etc. Eran extraordinarios espacios arquitectónicos ideados para realizar solemnemente las ceremonias de enterramiento.

Los faraones de la Dinastía III iniciaron la construcción de pirámides en Saqqara, en la ribera opuesta de la nueva capital, Menfis. El sabio, y arquitecto Imhotep construyó para el faraón Dyeser (Zoser) el complejo funerario de Saqqara, por primera vez totalmente ejecutado en piedra, constituido por una pirámide escalonada, y un conjunto de templos simbólicos intercomunicados mediante patios. La pirámide escalonada del faraón Dyeser es el edificio más antiguo conservado de arquitectura monumental; erigido a modo de 6 mastabas superpuestas, es considerado la primera fase del desarrollo de las pirámides, que sustituyeron a las mastabas como tumbas reales o cenotafios.

Los faraones de la Dinastía IV erigieron monumentales pirámides. Seneferu fue el artífice de tres grandes pirámides, construyendo la primera pirámide clásica. Sus sucesores comenzaron el complejo funerario monumental de Giza. Keops erigió la Gran Pirámide, de 146 metros de altura, conformada por unos 2,5 millones de bloques de piedra, la única de las siete maravillas del mundo que ha perdurado. Kefrén construyó una pirámide, algo menor, y Micerino levantó la tercera gran pirámide de Giza, donde según la tradición fueron enterrados.

Los faraones de la Dinastía V erigieron en Saqqara complejos de pirámides más sencillos, peor ejecutados constructivamente, dedicando gran empeño en la erección de un nuevo tipo de edificios: los Templos Solares, reflejo de una nueva doctrina religiosa, la mística solar del clero de Heliópolis, abandonando las prácticas de los sacerdotes de Menfis.

Literatura

Los textos que nos han llegado de este periodo se clasifican en varios tipos:

Los textos religiosos, son los más antiguos que se conocen de esta época, y tienen relación con el Más Allá, la Duat, la vida después de la muerte física, describiendo que deberá hacer el espíritu del faraón para conseguir la inmortalidad, el único egipcio que podía obtenerla. Estos son los Textos de las Pirámides, un conjunto heterogéneo de himnos, conjuros y normas útiles, compilados por el clero menfita, para después de la muerte, en el viaje por la Duat, y grabados en el interior de las pirámides durante el Imperio Antiguo, aunque la procedencia de algunos textos sería predinástica, como el himno caníbal. Su evolución dará lugar a los Textos de los Sarcófagos, en el Imperio Medio, y el Libro de los Muertos, en el Imperio Nuevo.

Las lecciones sapienciales, textos pedagógicos con enseñanzas y consejos cívicos y morales, gestados en las Casas de Vida por los escribas, eran buenos ejemplos de retórica, como Las enseñanzas de Ptahhotep, Las enseñanzas para Kagemny, o Las enseñanzas de Hordyedef.

Los textos de carácter histórico, narrando acontecimientos e hitos de gran valor histórico, como la biografía de Neferseshemra, o los fragmentos de la Piedra de Palermo, con anales que incluyen reyes predinásticos. Los textos de carácter técnico, como los papiros, de carácter administrativo, hallados en los archivos del templo de Neferirkara, en Abusir. Se han encontrado también textos de teatro religioso, donde se escenificaban las aventuras del dios Horus.

Ciencia

Durante el Imperio Antiguo alcanzaron un desarrollo notable varias ciencias, tales como la aritmética y la geometría, por la necesidad de calcular correctamente las superficies de los campos, tras la inundación anual. También sabían calcular volúmenes, como el de la pirámide y el tronco de pirámide, problemas de imposible resolución sin una demostración racional previa. La construcción de los monumentos de esta época implica amplios conocimientos de estas ciencias. También la astronomía disfrutó de un avance significativo al organizar calendario solar relacionado con los movimientos estelares, que les permitió orientar las inmensas pirámides con gran precisión.

La mayor parte de los textos médicos de épocas posteriores están redactados en egipcio antiguo, como posibles copias de este periodo, indicando el gran nivel alcanzado en medicina durante el Imperio Antiguo. El papiro Edwin Smith es un buen manual quirúrgico con diagnósticos racionales y prácticas recomendaciones. Además, de esta época hay inscripciones citando a dentistas, ginecólogos, traumatólogos, cardiólogos, etc. La farmacopea también se desarrolló ampliamente.

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Periodo Arcaico – Dinastia I (3050–2830 A.C.) – Dinastia II (2830–2680 A.C.)

FARAONES, HISTORIA

El periodo Arcaico, o época Tinita o periodo Dinástico temprano (c. 3100 – 2700 a. C.), es el comienzo de la historia dinástica del Antiguo Egipto. Según Manetón, la capital del Imperio durante este tiempo fue Tinis, o Tis, de donde proviene el nombre Tinita, aunque no hay vestigios arqueológicos que lo corroboren. En esta época gobernaron sólo dos linajes de reyes, denominados primera y segunda dinastía; los primeros faraones se consideran los unficadores de Egipto.

La expansión de la monarquía

En los inicios de este período se empieza a vislumbrar el sistema de organización estatal que sería casi constante en toda la historia del Egipto antiguo. En esta época parece ser que la capital se trasladó de Nejen (en griego Hieracómpolis), capital antigua del Alto Egipto, a Menfis, situada cerca de donde el Nilo se abre en varios brazos. La monarquía poseía un destacado carácter militar, el rey en persona o sus delegados mantenían a la raya a los nómadas (en general libios de la frontera occidental), a su vez aseguraban, en el Sur y el Este, el control de las minas (de oro y piedras preciosas). Justamente, Egipto avanzó hacia la Primera Catarata, absorbiendo las ciudades de Elefantina y Siena (actual Asuán), de poco desarrollo agrario pero centros mineros y comerciales, además de puntos estratégicos para la expansión hacia Nubia. Ya del segundo faraón Aha se tiene constancia de expediciones a Nubia. En cuanto a los nómadas, se sabe que Aha recibió tributo de los libios, y que su sucesor Dyer realizó expediciones hasta el mar Rojo (estas estaban generalmente vinculadas con la explotación de las minas de la región). También constan campañas en época de Den al Sinaí (para el control de la minas) y contra los libios.

El estado dirigía una política cultural hacia la asimilación mutua entre el Alto (de donde provenía la monarquía) y el Bajo Egipto. Esto se realizaba mediante:

• En primer lugar, la adopción por parte del faraón de simbolismos del Norte y del Sur, como la corona roja del Bajo Egipto y la blanca del Alto Egipto.

• Celebraciones simbólicas de la unificación, atestiguadas en el reinado de Aha.

• Alianzas matrimoniales: Dos reinas, Neithotep (de Aha) y Merytneit (de Dyer y regente de su hijo Dyet), poseen en su nombre el de la diosa guerrera Neit, oriunda del la ciudad de Sais, en el Bajo Egipto; tal vez se trate de matrimonios mixtos entre el rey y miembros de la nobleza de Sais. Esto también es prueba del peso político y religioso de la ciudad de Sais. Los matrimonios mixtos también se realizaban entre la nobleza.

• Construcción de templos en el Bajo Egipto.

• Asimilación de estilos arquitectónicos del Norte y del Sur, especialmente en las tumbas reales. Estas se situaban tanto en Abidos (Alto Egipto) como en Saqqara (Bajo Egipto).

Economía y sociedad

La economía egipcia está íntimamente vinculada con el aparato político. Los faraones promovían obras de canalización para riego, aumentando el rendimiento agrícola, posibilitado por un estado fuerte y unificado (aunque pronto se vería envuelto en guerras civiles, que serán detalladas más tarde). Según algunos autores, en un primer momento los nomarcas eran funcionarios que organizaban construcción de canales, aunque tienen apariencia de ser jefes locales más que funcionarios; en cualquier caso pronto se transformarían gobernadores (nomarcas) de las provincias o nomos. Las fuentes griegas posteriores recogen tradiciones que afirman la construcción de Menfis, la capital, por el primer faraón (llamado por ellos Menes), de todos modos, aunque sea poco fiable el dato, la arqueología atestigua la construcción de Menfis por esta época (c. 2900 a. C.), y por lo tanto el desarrollo urbano, lo que concuerda con el desarrollo agrario, que provoca mayor acceso a productos alimenticios y crecimiento de la población. Además, Saqqara, cerca de Menfis, era uno de los principales centros de enterramiento real. El comercio era cada vez más amplio, teniendo dos principales corrientes: Nilo arriba (Nubia) y hacia el llamado Levante (franja costera más oriental del Mediterráneo, que incluye los actuales Israel, Jordania, Líbano, Siria y los Territorios Palestinos). El comercio con Nubia era predominantemente terrestre, ya que las sucesivas cataratas impiden la navegación mucho más allá de Elefantina, en la frontera con Nubia. El Levante era su principal fuente de madera. Del final del período arcaico se hallaron restos de cerámica que muestran barcos con remos. De esto se podría deducir que en esta época se produjo una revolución tecnológica, y también el aumento del comercio, tanto porque los barcos servían para el transporte de mercancías, como porque la madera provenía del Levante (especialmente del actual Líbano). En cuanto a Nubia y el frente Sur y Este, la expansión militar aseguraba la explotación minera (piedra y oro).

El comercio internacional servía para satisfacer demandas de primera necesidad (madera, metales para producción de bronce, piedra) así como artículos de lujo (incluidos metales y piedras preciosas). Además, por motivos sociales (culto funerario, ostentación) y políticos (demostración de poder), había gran demanda local para la construcción de objetos funerarios, estatuas reales y todo tipo de monumentos, que era satisfecha mediante la presencia militar en áreas productivas.

En cuanto a la satisfacción de las necesidades básicas de la población, la producción alimenticia ascendía en forma de impuestos al aparato político, almacenándose en los llamados silos reales, y era redistribuido entre la población no rural. En este sector se comenzaban a constituir los artesanos, dedicados en modo particular al trabajo de madera y metal. El resto de la población la constituía el sector dedicado al comercio (fluvial e internacional) y la que formaba parte del aparato político (ejército, burocracia, familia real).

Religión

En esta época los dioses locales de las ciudades y centros religiosos comenzaron a tomar importancia nacional, muchas veces mediante el llamado sincretismo o asimilación de dioses y cultos de distintos origen. Uno de los casos más relevantes es el de Osiris, un dios benefactor relacionado con la fertilidad, el comercio y, sobre todo, la vida después de la muerte, originario de la ciudad bajo-egipcia de Busiris, que fue asimilado un dios de características similares de la ciudad alto-egipcia de Abidos, ciudad que consolidó su autoridad como centro religioso y funerario (allí eran enterrados los faraones), más aún al adoptarse a Osiris y a su hijo Horus dentro del simbolismo de la realeza.

Posiblemente en esta época se comenzó a gestar el mito de las guerras entre Osiris y Horus contra Seth, aunque su redacción definitiva es posterior.

Indicios de conflictos internos

Parecen relacionarse, en un modo simplificado, con una oposición del Bajo Egipto al centralismo de la monaquía del Alto Egipto. Ya se comienzan a evidenciar en el reinado de Adyib, quien al parecer tuvo que enfrentar rebeliones en el Bajo Egipto, a pesar de algunas señales de acercamiento, como su matrimonio con una menfita. Su sucesor, Semerjet, parece ser un usurpador. Ambos reyes, así como un tercero, Qaa, fueron enterrados, como sus antecesores, en Abidos (Alto Egipto); además de Qaa se conoce una estela en la que utiliza símbolos como el dios Horus (hijo de Osiris y por los tanto relacionado con Abidos) y la Corona Blanca del Alto Egipto, en lugar de la Corona Doble*.

Todo ello evidencia una inclinación de la monarquía hacia el Alto Egipto y un proceso de sedición por parte del Bajo. Si bien estos indicios se diluyen en los reinados de sus sucesores Hotepsejemuy (quien incluso fue enterrado en Saqqara, en el Bajo Egipto) y Nebra, serían antecedente de disturbios más graves ocurridos algo más tarde.

Peribsen eliminó al dios Horus de la simbología real y lo reemplazó por el dios Seth, lo recuerda al mito de la guerra entre Horus y Seth. Así, da la impresión que la guerra civil desencadenada bajo su sucesor Jasejem poseía un marcado carácter religioso, siendo una guerra entre seguidores de uno y otro dios.

La rebelión llegó a atacar la ciudad de Nejet, antiguo centro religioso de la monarquía del Alto Egipto, lo que de una idea de su magnitud. Finalmente Jasejem se impuso, como lo demuestran los relieves de las bases de dos estatuas, en las que se muestran los enemigos muertos y en las que el rey es representado significativamente con la Corona Blanca del Alto Egipto*. Tanto el cambio de nombre de Jasejem (que significa “un poder”) a Jasejemuy (“dos poderes”), como el regreso a la simbología de Horus tras las modificaciones de Peribsen, nos inducen a pensar que los rebeldes del norte tomaban como emblema al dios Seth, en contraposición al Horus de la monarquía.

El origen de las ciudades del mundo mediterráneo

La historia de Egipto se inicia con el desarrollo de poblados agrícolas y ganaderos en el fértil valle del Nilo, en las mesetas cercanas al río, que paulatinamente se transformaron en asentamientos fluviales con el fin controlar los sistemas de irrigación. El río Nilo era la gran vía de comunicación constituyendo el principal elemento vertebrador del territorio.

Estas ciudades se conformaron con calles paralelas al río, cruzadas por otras perpendiculares que desembocaban en él, casi siempre formando ángulos rectos, originando, de forma natural, los primeros trazados urbanos ortogonales (plan hipodámico).

En el milenio III a. C. surgen en Egipto más de treinta ciudades, a lo largo del valle y el delta del Nilo. Este es el nombre actual, o helenizado, de estas nuevas ciudades (o sus necrópolis), por orden alfabético:

Abidos, Abu Gurab, Abu Roash, Abusir, Ajmin, Acoris, Amra, Armant, Asiut, Atribis, Bet Jalaf, Beni Hassan, Buhen, Buto, Coptos, Dendera, Edfu, Elefantina, El Badari, El Kab, Gerzeh, Giza, Heliópolis, Heracleópolis, Hermópolis, Hermontis, Hieracónpolis, Hiu, Kom Abu Billo, Kom el-Hisn, Kom Ombo, Menfis, Naqada, Qina, Qus, Saqqara, Siena, Tasa, Tarjan, Tebas, Tinis, y Tod.

Dinastia I (3050–2830 A.C.)

Nombre Común (Nombre de Trono) – Años de Reinado: Comentario

Narmer (Menes) – 3050-3007 A. C.: Menes de Tis según Manetón, el unificador de Egipto, primer faraón de la dinastía I de Egipto. Tanto la I dinastía como la II dinastía son llamadas también tinitas, ya que sus faraones eran originarios de la ciudad de Tinis, en el Alto Egipto. El reinado de Narmer (Menes), puede fecharse sin demasiada exactitud en torno al 3100 a. C. A este faraón le atribuye la tradición egipcia posterior la fundación de Menfis y la construcción del templo de Ptah en esta ciudad. Murió por las heridas recibidas durante una cacería.

Aha (Teti) – 3007-2975 A.C.: Mantuvo relaciones con Fenicia e hizo la guerra en Nubia y Libia. Practico la Medicina. llamado Iti en la Lista Real de Abidos, Atotis por Manetón. Su nombre significa “el guerrero”. Peleó contra los nubios y edificó un templo a la diosa Neit en Sais, en el recientemente anexionado Bajo Egipto. Posee una tumba en Abidos y un cenotafio en Saqqara.

Dyer (Iti) – 2974 – 2927 A.C: Comerció con Líbano, conquistó la tierra de Sejat, parte del Sinaí y Canaán; guerreó en Buto y Dep reunificando Egipto. guerreó tanto en el Sinaí como en Nubia, adentrándose hasta la segunda catarata, tal y como muestra un grabado encontrado cerca de lo que luego sería la fortaleza de Buhen. Es posible que dirigiese una campaña contra los libios. Su consorte fue Merytneit, de la cual se conoce su tumba. La tumba de Dyer fue descubierta en Abidos, enterrado junto a más de trescientos criados, presuntamente asesinados para que le sirviesen en la otra vida.

Merytneith (Merytneith) -2927 A.C.: accedió al trono a la muerte de Dyer. Es posible que se trate de la primera gobernante de Egipto, corregente con Dyet. Tuvo, como es habitual entre los reyes de esta época, una tumba y un cenotafio, en Abidos y Saqqara. Ambas son de rango real por su tamaño y estructura. Según han señalado algunos egiptólogos, podría tratarse de una reina corregente con Dyet o Den (Edwars), durante su minoría de edad. El nombre significa “amada de Neit” una diosa del bajo Egipto, lo que muestra el grado de unión que había alcanzado Egipto entre sus dos regiones en apenas unas décadas.

Dyet (Ita) – 2927-2914 A. C.: Hizo expediciones fuera de Egipto y se han encontrado huellas de su paso por el desierto arábigo, en el camino que conduce al mar Rojo. Durante su reinado se hicieron grandes avances en el arte y la artesanía. Una gran hambruna asoló el pais. El lugar de su sepultura es la tumba Z en la necrópolis de Umm el-Qaab, en Abidos. Tiene pequeñas habitaciones que rodean la cámara funeraria dentro del propio edificio, una característica de las mastabas. Fuera de ella se encontró una estela de dos metros que marcaba el lugar donde los visitantes debían rendir homenaje.

Den (Sepaty) – 2914-2867 A. C.: es el rey del que tenemos más datos. Su nombre de Nebty (una de las titulaturas) fue Semti, y ha sido identificado con Hesepti en la lista Real de Abidos y con Usaphaidos de las crónicas de Manetón. Este rey organizó varias campañas al Sinaí, para defender las minas de malaquita que ya explotaban los beduinos nómadas. Durante su reinado se celebró una fiesta Sed, lo cual hace pensar que reinó al menos treinta años, una edad nada desdeñable teniendo en cuenta la esperanza de vida de aquella época. Este dato hizo pensar que llegó al trono siendo muy joven y afianzó la hipótesis de que su madre gobernase como regente. Durante su reinado se hizo un censo de ganado. El rey cazó un hipópotamo y visitó el lago Herishef en Heracleópolis. En su reinado aparece un alto funcionario llamado Hemaka, cuyas atribuciones eran similares a las de los visires de épocas posteriores. La tumba de Abidos es relativamente pequeña y tiene 130 tumbas adyacentes de criados. La tumba del norte nunca ha sido investigada en profundidad, y es atribuida tanto a Hemaka como al propio faraón.

Adyib (Merbiapen) – 2867-2861 A. C.: Realizó una expedición militar contra los nómadas. Se le consideró un usurpador del trono. Periodo de turbulencias politicas. Merbapen en la lista de Abidos y Miebidos para Manetón, es el primer rey de la Lista Real de Saqqara, aunque su nombre fue borrado parcialmente por su sucesor, lo cual sugiere una época de conflictos dinásicos. Este dato parece ser confirmado por el reducido tamaño de su tumba de Abidos. La tumba de Saqqara contiene elementos arquitectónicos más evolucionados, reflejando el avance de las técnicas de construcción.

Semerjet (Semsu) – 2861-2853 A. C.: sucesor de Adyib, es poco conocido. Celebró una fiesta Sed. Su tumba se halla en Abidos, pero no se ha encontrado su cenotafio en Saqqara.

Qaa (Kebeh) – 2853-2828 A. C.: Último rey en hacerse enterrar con algunos cortesanos. Su complejo fúnebre en Saqqara es el primero en la historia egipcia que incluye el Templo funerario. el último faraón de la primera dinastía, Kebeh en la lista de Abidos, Bienekes para Manetón, del cual se conoce muy poco, su tumba está en Abidos y su cenotafio en Saqqara.

Dinastía II (2830–2680 A. C.)

Hetepsejemuy (Bedyatau) – 2828-2800 A. C.: Su nombre significa “Los dos poderes está en paz”, lo que parece aludir a la terminación de las luchas entre el Bajo Egipto y el Alto Egipto. Se le considera el iniciador de la dinastía II, pero no se sabe con certeza qué relación existió entre él y la dinastía anterior, pues se cree que no fue hijo de Qaa. Es posible que llegara al trono casándose con una princesa. A partir de su reinado dejan de usarse las tablillas epónimas de la dinastía I y las reemplazan por impresiones de sellos cilíndricos. Esto nos proporcionará los nombres de los funcionarios, pero no información sobre sucesos políticos o religiosos. Según Manetón en su época se abrió una grieta en el suelo de Bubastis en la que perecieron numerosas personas. Se cree que fue apartado del trono mediante un complot organizado por su propio hermano. Su tumba se ha identificado en Saqqara; la estructura enterrada ha perdurado pero no quedan restos de la cubrición.

Nebra (Kakau) – 2800-2785 A. C.: Primer rey que incluye el nombre de Ra en su onomástica, Añadiendo además que durante su gobierno se consideró que los bueyes Apis en Menfis, Mnevis en Heliópolis y el carnero en Mendes, eran dioses. Actualmente se sabe que el culto a los bueyes Apis procede, al menos, de inicios de la dinastía I. Se han encontrado numerosas impresiones de sello del faraón bajo la pirámide de Unis en Saqqara (Maspero), en su posible tumba; también una estela, con su nombre, procedente de Saqqara o Menfis.

Nynecher (Banecheren) – 2785-2742 A. C.: La Piedra de Palermo menciona la celebración de numerosas fiestas religiosas, la realización del empadronamiento y de un censo de ganado (cada dos años). Continúa la política de desplazamientos hacia el norte del país, iniciada por sus antecesores, como forma de consolidar la unificación emprendida por el primer faraón Menes. Manetón comenta que durante este reinado se legisló que las mujeres podían ejercer el poder real.

Uneg (Uadynes) – 2742-2735 A. C.: Comienza la crisis dinástica y las luchas internas. Encontramos su nombre, Uadynas, en la Lista Real de Abidos y la Lista Real de Saqqara. También aparece su título en algunas vasijas halladas en los almacenes subterráneos de la Pirámide escalonada de Saqqara.

Senedy (Senedy) – 2735-2724 A. C.: Egipto vuelve a dividirse en varios principados independientes. La Lista Real de Abidos le denomina Senedi. En la Lista Real de Saqqara figura como Senedy. Su nombre, Senedi, y el de Peribsen se encuentra en una “falsa puerta” conservada en el Museo Egipcio de El Cairo. Tras la muerte de Senedi Egipto dejó de estar gobernado por un solo faraón. El faraón Sened fue el primero que utilizó un cartucho egipcio para significar su nombre.

Neferkara, (Seneferka) (?) – 2724-2719 A. C.: Su nombre de Horus pudiera ser Seneferka. Sólo se conoce por sus referencias en las Listas Reales de Egipto y las inscripciones, con el nombre Seneferka, encontradas en recipientes de la tumba 3505, en Saqqara, perteneciente al alto oficial Merka, fechado en el reinado de rey Qaa, que gobernó al final de la primera dinastía (Emery) En la Lista Real de Saqqara Neferkara es el octavo nombre y está situado entre Sened y Neferkaseker, en la segunda dinastía. En el Canon Real de Turín Neferkara, o Aaka, está en el registro 2.25, entre Sened y Neferkasocar. Durante el periodo tardío de Egipto, este faraón, gozó de gran popularidad.

Neferkasocar (Neferkasocar ) – 2719-2711 A. C. Su nombre figura entre Neferkara y Hudyefa en la Lista Real de Saqqara y el Canon Real de Turín donde le asignan un mandato de 8 años. Aunque no está en la Lista Real de Abidos. Puede tratarse del Sesocris de Manetón, según Sexto Julio Africano y Eusebio de Cesarea. Posiblemente se tratara de un mandatario que solo gobernaba en la región del delta del Nilo.Von Beckerath asigna como sucesor de Neferkasocar a Hudyefa. Testimonios arqueológicos de su época: Un fragmento de papiro (del siglo II a. C.) que parece mostrar su nombre, y describe el edificio de un templo en la zona de El-Fayum. Una inscripción, con el nombre Neferkasocar en la pirámide inacabada de Zawyet el-Aryan. Un sello cilíndrico con el nombre del monarca, que podría no ser contemporáneo.

Hudyefa (Hudyefa) – 2711-2709 A. C.: Su nombre figura entre Neferkasocar y Jasejemuy (Beby) en la Lista Real de Saqqara y el Canon Real de Turín, en donde se consigna un mandato de un año, ocho meses y cuatro días. Posiblemente se tratara de un jerarca que solo gobernaba en la región del delta del Nilo.

Sejemib (Perenmaat) – 2734-2714 A. C.: Derrota a los reyes del Bajo Egipto. Tomó el trono bajo el nombre de Horus-Sejemib, pero lo cambió posteriormente por el de Seth-Peribsen; tal vez por una revuelta del norte contra el sur de Egipto. Se piensa que abandono Menfis (Seth representaba el Alto Egipto y Horus era protector del Bajo Egipto) y vuelve a enterrarse en Abidos, al sur, regresando a una tradición que rompieron sus predecesores. Posiblemente en esta época el poder estaba dividido y gobernaron reyes coetáneos, separándose el Alto y el Bajo Egipto.

Jasejemuy (Dyadyay) – 2709-2682 A. C.: Casado con Nemaathapy, fue padre de Initkaes y Hetephernebty, y posiblemente suegro de Sanajt y Dyeser. Es considerado el reunificador de las Dos Tierras (Egipto) bajo su mando, dividida después del reinado de Peribsen. Acabó con las rebeliones de los nomos septentrionales y mediante su enlace con la princesa Nemaathapy, procedente del Bajo Egipto, consolidó su poder sobre todo el territorio. Se cree que al reunificar el país cambio su nombre Jasejem por el de Jasejemuy. Por la semejanza del nombre, muchos estudiosos ven en Jasejemuy una titulatura diferente adoptada después de la reconciliación nacional, que estuvo en precario por la rebelión del sur. Jasejemuy trasladó la capital a Hieracómpolis, en la zona sur del país, y fue la primera y última vez que Egipto era gobernado desde esa ciudad. Reafirmó el sentimiento nacionalista y restableció el culto a Horus, junto con el de Seth que fue propagado por Sejemib durante la época de crisis. Fue sepultado en la necrópolis real de Umm el-Qaab, en Abidos; en la tumba de Jasejemuy se encontraron muchos sellos con el nombre de Necherjet, que fue el responsable de los ritos funerarios (pudo haber sido su hijo o su yerno). Con Jasejemuy concluye la segunda dinastía, y con ésta, el periodo arcaico de Egipto, o periodo Tinita.

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Periodo Protodinástico (3200 y 3000 A.C.) – Dinastia 0

FARAONES, HISTORIA

El Periodo Protodinástico de Egipto (situado generalmente entre los años 3200 y 3000 a. C.) es considerado la fase final del periodo predinástico. Es conocido también como Dinastía 0 o periodo predinástico tardío. Culturalmente, se corresponde con el periodo denominado Naqada III.

La Dinastía 0 de gobernantes egipcios fue durante muchos años desestimada por los egiptólogos, siendo sólo reconocida a partir de las excavaciones de Emile Amelineau y Flinders Petrie en el cementerio de Umm el-Qaab (Abidos), entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y también por las excavaciones de James Edward Quibell en Nejen (Hieracómpolis).

Está asociada al final de la época predinástica, también denominada periodo de Naqada III. En ella se incluyen varios gobernantes que reinaron en el Alto Egipto entre el 3200 y el 3100 a. C.: Horus Ro o Iry-Hor (c. 3200 – 3175 a. C.), Horus Ka o Ka-Sehen (c. 3175 – 3150 a. C.) y Horus Escorpión o Serket (c. 3150 – 3100 a. C.)

Estos gobernantes oriundos del Alto Egipto son blanco continuo de debate, relativo a la extensión de sus reinos en época tan antigua de la historia de las civilizaciones humanas, aún después de las recientes excavaciones realizadas por el Instituto Arqueológico Alemán en Abidos y de las dirigidas hasta hace poco tiempo por Michael Hoffman y Barbara Adams en Hieracómpolis.

La identidad de estos primeros reyes figura en la Piedra de Palermo, casi 700 años posterior, y otras listas de faraones que se hicieron unos 2000 años después, como las de Abidos, Saqqara o el Canon Real de Turín. La más antigua representación de un posible gobernante se ha encontrado en una vasija de Abidos, y data de la época en que esta ciudad era un enclave funerario de la capital, Tinis. Se representa, junto a una mujer embarazada, a un hombre ataviado con el shenti (faldilla), y una pluma en la cabeza, sosteniendo una maza, en una postura que se repitió después en las representaciones reales.

Piedra de Palermo

En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis en Abidos, Nubet en Ombos, Nejeb en Eileithyaspolis, Nejen en Hieracómpolis, Per-Montu en Hermontis, Uetyeset-Heru en Edfu, y Ab en Elefantina.

Son típicos de esta época los magníficos vasos tallados en piedra, los cuchillos ceremoniales, como el de Guebel el-Arak, las paletas para cosméticos, o las cabezas de mazas votivas y de guerra.

Nombres de los gobernantes protodinásticos del Delta del Nilo, o Bajo Egipto, grabados en la Piedra de Palermo.

…Pu
Seka
Jaau
Tiu
Tyesh
Neheb
Uadynar
Mejet
…A

Gobernantes protodinásticos del Alto Egipto

Horus Escorpión I
Doble Halcón
Horus Ny
Horus Hat
Horus…
Horus Hedyu
Horus Iry
Horus Hut
Horus Ka
Horus Nineyt
Horus Cocodrilo
Horus Escorpión II
Narmer (?)

Gobernantes de Tinis-Abidos desde el período Naqada IIIa1 hasta principios de Naqada IIIc1. Lista reconstruida por G. Dreyer (Umm el-Qaab I, 1998, p. 178.)

Oryx estandarte
Concha
Pez
Elefante
Toro
Bucranium estandarte (?)
Cigüeña
Cánido
Horus Escorpión I
Min estandarte
Halcón II (?)
León
Doble Halcón
Horus Iry
Horus Ka
Horus Escorpión II

Los probables nombres o los símbolos de los gobernantes de esta época predinástica: Oryx, Concha, Pez, Toro, Cigüeña, Cánido (?), estandarte de cabeza de ganado, Escorpión I, Halcón I, Estandarte Min, Halcón II (?), León, Doble Halcón, Iry-Hor, Ka, Escorpión II, Narmer.

Otros gobernantes locales fueron (la mayoría de la “Dinastía 0″, período Naqada III): Nb (o R ?), Hedyu(-Hor), Pe + Elefante, Ny-Hor, Hat-Hor, Cocodrilo, Halcon + Mer (o ‘Mer Dyehuty’), y Pe-Hor. Desde Doble Halcón en adelante son considerados de la Dinastía 0.

Fuente Wikipedia

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Cronología de los Reyes y Faraones Egipcios

FARAONES, HISTORIA

Periodo Protodinástico

Gobernantes protodinásticos del Bajo Egipto

Gobernantes protodinásticos del Alto Egipto

Período Arcaico

Dinastía I (c. 3050–2830 A. C.)

Dinastía II (c. 2830–2680 A. C.)

Imperio Antiguo

Dinastía III (c. 2680–2610 A. C.)

Dinastía IV (c. 2610–2480 A. C.)

Dinastía V (c. 2480–2320 A. C.)

Dinastía VI (c. 2320–2190 A. C.)

Primer Periodo Intermedio

Dinastía VII (c. 2190–2170 A. C.)

Dinastía VIII (c. 2170–2150 A. C.)

Dinastía IX (c. 2150–2100 A. C.)

Dinastía X (c. 2100–2040 A. C.)

Imperio Medio

Dinastía XI (2139–1991 A. C.)

Dinastía XII (1991–1786 A. C.)

Segundo Periodo Intermedio

Dinastía XIII (c. 1760–1630 A. C.)

Dinastía XIV (c. 1750–1650 A. C.)

Dinastía XV (1655–1537 a. C.)

Dinastía XVI (c. 1650–1530 A. C.)

Dinastía XVII (c. 1650–1550 A. C.)

Imperio Nuevo

Dinastía XVIII (1552–1305 A. C.)

Dinastía XIX (1305–1194 A. C.)

Dinastía XX (1188–1069 A. C.)

Tercer Periodo Intermedio

Dinastía XXI (1069–945 A. C.)

Dinastía XXII (945–715 A. C.)

Dinastía XXIII (818–715 A. C.)

Dinastía XXIV (727–715 A. C.)

Dinastía XXV (716–656 A. C.)

Periodo Tardío

Dinastía XXVI (672–525 A. C.)

Dinastía XXVII (525–404 A. C.)

Dinastía XXVIII (404–398 A. C.)

Dinastía XXIX (398–378 A. C.)

Dinastía XXX (378–341 A. C.)

Dinastía XXXI (343–332 A. C.)

Periodo Helenístico de Egipto

Dinastía Macedónica (332–309 A. C.)

Dinastía Ptolemaica (305–30 A. C.)

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Cleopatra, la última reina de Egipto

FARAONES, HISTORIA

Cleopatra Filopator Nea Thea, Cleopatra VII fue la última reina del Antiguo Egipto de la dinastía Ptolemaica, también llamada dinastía Lágida. Dicha dinastía fue creada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno, y fue también la última del llamado Periodo helenístico de Egipto.

Cleopatra nació hacia el año 69 A. C. y murió en el año 30 A. C. Era hija de Cleopatra V Trifena y de Ptolomeo XII Auletes, de quien heredó el trono en el año 51 A. C., en torno a la edad de 18 años, junto con su hermano Ptolomeo XIII, que contaba aproximadamente con doce años, con quien ella tuvo que casarse por testamento de su padre. Claro que esta unión era puramente legal ya que según se dice Cleopatra, extremadamente inteligente y ambiciosa, dejaba fuera de todas las decisiones a su hermano.

Ptolomeo XII Auletes, no era muy respetado por su pueblo y era un gobernante bastante malvado para con e, su sobrenombre AULETTES, que en griego significa «flautista», era porque, según se decía, Ptolomeo XII le dedicaba más tiempo a la música que a gobernar.´
Ptolomeo XII tuvo 6 hijos, que son: Berenice IV, Cleopatra VI, Cleopatra VII, Arsinoe IV, Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV.

Durante una revuelta en el año 58 A.C. Berenice IV aprovechó el odio que sentían los egipcios hacia su padre, debido a su maldad y su despreocupación hacia el pueblo y envió le envió al exilio; gobernando junto a su madre durante un año. A la muerte de Cleopatra V, Berenice gobernó como regente única y se casó con Seleucus Kybiosaktes. Después de algunos días, Berenice mandó estrangular a su marido y se casó con Archelaus.

Ptolomeo XII consiguió el apoyo de Roma después de pagar a Pompeyo una gran suma de dinero y prometerle que durante años le pagaría tributos. Contando con los romanos de aliados, Ptolomeo XII consiguió derrotar al ejército de Archelaus y fue devuelto al trono. Uno de sus primeros actos fue mandar a ejecutar a su hija Berenice IV, esto ocurrió en el año 55 A.C. Durante el reinado de Berenice IV, Cleopatra VI, una de sus hermanas, aparentemente desapareció o fue asesinada, ya que no se encuentran más registros de ella a partir de esta época.

Cleopatra y sus hermanos fueron educados durante su niñez bajo la cultura Helénica, sus principales fuentes de estudio eran los poemas homéricos, la retórica de Demóstenes, etc. A pesar de haber recibido una educación puramente griega, Cleopatra fue el primer miembro de esta dinastía que aprendió a hablar el idioma egipcio; pero no sólo conocía este idioma sino también el griego, hebreo, sirio y arameo y quizás también el latín. Fue instruida así mismo en los campos de la literatura, música, ciencias políticas, matemáticas, astronomía y medicina. Además tenía fama de poseer modales dulces y refinados y una sugerente voz, cosas que hacían de ella una mujer muy seductora.

Era impulsiva, caprichosa, ingenua, espontánea, apasionada, diplomática y constante.

Plutarco dijo de ella: «Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje».

Políticamente, ella era muy ambiciosa, gobernó con la ayuda de su primer ministro Dioiketes y vigiló de cerca a los gobernadores griegos que estaban en el control de otras partes del país.
Instauró nuevas leyes, devaluó el dinero un tercio para las exportaciones. Y hasta modificó las leyes religiosas en favor de su propia gente.

Al subir al trono ella intentó rápidamente solucionar un conflicto existente con el imperio romano. Un año atrás habían asesinado a dos hijos del cónsul romano en Alejandría. Para demostrar buena voluntad, Cleopatra entregó a los presuntos asesinos a Pompeyo, que intentaba obtener el poder absoluto de Roma. Su opositor era Julio César.

Cleopatra también ofreció soldados egipcios a Pompeyo. Toda la condolencia que ella había mostrado hasta ahora para con el imperio romano se convirtió en el tema de discusiones en Alejandría. Esta ayuda a los Romanos realmente no fue apreciada, y los enemigos de Cleopatra, entre ellos sus tres consejeros Pothinus, Achillas y Theodotus y hasta su propia hermana, Arsinoe IV, que deseaban obtener el poder, aprovecharon esta situación para tramar un plan en su contra.

Entre el 50 y el 49 a. C. los campesinos sufrieron graves hambrunas, se rebelaban y se unían a bandas de forajidos que causaban grandes males; la moneda egipcia se debilitaba y la lenta burocracia entorpecía la recuperación: el país dependía cada vez más de Roma. Además, en su propio entorno familiar tampoco iban bien las cosas. Su hermana menor Arsinoe, en desacuerdo con su política de ayuda a los romanos en señal de buena voluntad, aspiraba al trono y pronto surgieron las desavenencias también con su hermano-esposo. Ptolomeo XIII, muy joven y manipulable, era prácticamente manejado por tres consejeros muy hostiles a ella: el eunuco llamado Pothinus, el general Achillas y el retórico Teodoto. Por consejo de ellos en 48 A. C. expulsó a su hermana del trono derrocándola con un comando dirigido por sus consejeros Pothinus y Achillas. Y la obligó al exilio eligiendo ella Siria. Desde esta región Cleopatra pretendió recuperar el poder, reuniendo un buen ejército para este fin, aunque no lo logró. Es entonces cuando se entera que Pompeyo ha sido derrocado en Pharsalus por el ejército de Julio Cesar y decide tratar de unirse a este.

Julio César había estado ausente de Roma por diez años, durante la guerra contra las Galias, en este tiempo Pompeyo, su rival, había tramado bajarlo del mando y había preparado todo un ejército para enfrentarle, sin embargo César logra derrotarlo en la batalla de Pharsalus durante el año 48 a.C.

Luego de la derrota, Pompeyo huye a Egipto buscando el apoyo y ayuda de Ptolomeo XIII.

En lugar del refugio buscado, Pompeyo encuentra la muerte el 28 de agosto del año 48 a.C. en Alejandría, bajo las manos de Lucius Septimius, antiguo servidor suyo, enviado por Ptolomeo XIII quien bajo el consejo de Pothinus decidió decapitarlo y enviarle la cabeza a César para así obtener su simpatía.

Sin embargo César lloró la muerte de su rival y amigo, y no miró con buenos ojos el acto de Ptolomeo XIII tomándolo como una traición.

Es allí cuando entra en escena Cleopatra, que viendo la oportunidad de recuperar su trono decide llegar hasta César. Estando él en el palacio real le es entregada una alfombra que era enviada por la exiliada Reina, y al desenrollarla se encontró con ella misma dentro.

Se dice que César quedó prendado de la belleza exuberante y la gran audacia de Cleopatra, en aquel mismo instante, y vio una gran oportunidad de mantener a Egipto dominado si ella volvía a ser Reina. Cleopatra a su vez supo que si enamoraba a César iba a tener de su lado a Roma, y no tendría que temer una invasión por parte de los romanos.

Julio César y Cleopatra pasaron la noche juntos. Al día siguiente Ptolomeo XIII fue citado ante el César para que éste intentara un arreglo entre hermanos en calidad de testamentario de Ptolomeo XII Aulettes. Al llegar Ptolomeo se percató de la situación entre César y su hermana y decidió huir del palacio haciendo correr el rumor entre los egipcios, que había sido traicionado, intentando despertar a la multitud de Alejandría contra Cleopatra, pero pronto fue capturado por los soldados de César.

Para calmar los ánimos, César da a Ptolomeo XIII la isla de Creta y a Ptolomeo XIV y Arsinoe IV Chipre. Arsinoe considera que ella debería reinar Egipto y se une a la causa de su hermano.

Pothinus y Achillas organizaron a 20.000 soldados y rodearon la ciudad, es entonces cuando la guerra entre Cleopatra y Ptolomeo se transformó en la guerra de Arsinoe IV y Ptolomeo XIII contra el César.

En uno de los combates, el ejército de Achilas intentó apoderarse del Gran Puerto de la ciudad, donde estaban anclados 72 navíos de guerra egipcios y 50 trirremes romanos. Para evitar que cayeran en sus manos, César prefirió quemar dichas naves provocando un gran incendio que alcanzó la ciudad y el resultado final fue la pérdida de muchos e importantes edificios, entre otros el famoso Museo con su Biblioteca, que quedó completamente destruida.

Arsinoe IV escapó del palacio y se unió a Achillas, el ejército la proclamó reina de Egipto. Durante la batalla Achillas fue asesinado y César ejecutó a Pothinus él mismo, en venganza por la muerte de Pompeyo. Ptolomeo XIII aparentemente murió ahogado cuando intentaba escapar. Arsinoe IV fue tomada presa por Cesar para exhibirla en Roma, como trofeo de guerra. Esto fue en el año 47 a.C.

Debido a la muerte de Ptolomeo XIII Cleopatra fue proclamada reina absoluta de Egipto y César la obligó a casarse con su hermano menor, de tan solo 12 años, Ptolomeo XIV.

César deja tres legiones romanas para proteger Alejandría y emprende una travesía por el Nilo junto a Cleopatra, a quien pareció la mejor forma de mostrarle la belleza de su país. Hay muy pocos documentos de esta travesía, pero aparentemente duró unos dos meses. Pararon en Dandara donde adoraban a Cleopatra como Faraona. César nunca tendría este honor y no podía bajar del barco. El solo bajó para atender un importante negocio en Siria.

Pero la travesía terminó, César debió marcharse hacia Hispania en los últimos avatares de la contienda civil.

Semanas después de la partida de César, el 23 de junio del año 47 a.C., Cleopatra dio a luz al hijo de ambos, Ptolomeo XV César, llamado por el pueblo egipcio Cesarión (pequeño César). El niño es validado rápidamente por los egipcios como hijo de Amon-Ra.

César reconoció abiertamente a Cesarión como su hijo. Esto enfureció a los romanos, sobre todo porque César ya estaba casado con Calpurnia, muchos pensaron que él planeaba casarse con Cleopatra sin importar las leyes de bigamia y las uniones con los extranjeros que regían en Roma.

La influencia egipcia durante estos años de Julio César en Roma también se reflejó en la administración, la sociedad, la cultura e incluso la religión. Cabe citar, por ejemplo, la recaudación directa de los impuestos por el Estado (que evitaba los anteriores abusos de los publicanos); el inicio de la administración racional (y no la mera explotación) de las provincias; la adopción, con pequeñas correcciones, del calendario de Canopo (llamado desde entonces Juliano); y la introducción del culto a Isis. La propia Cleopatra estuvo dos veces (46 y 45-44 A. C.) en Roma junto a Cesarión y viviendo como concubina en la villa de César. Nunca fue aceptada por el pueblo romano que la miraban con desconfianza. Además, César desafió a la opinión pública y rindió homenaje oficial a la reina egipcia. Durante la segunda estancia Julio César fue víctima del asesinato El 15 de marzo del 44 a.C., César es asesinado a la salida del edificio del senado en Roma. La mayoría de los senadores pensaron que él planteó una amenaza al bienestar de la república y tenía que ser eliminado. Con la muerte de César, Roma entra en un período de crisis, Octavio (hijo adoptivo de César) y Marco Antonio son sus sucesores, porque éste fue asesinado antes de que impusiera a Cesarión como su hijo legítimo. Cleopatra, que acababa de perder a su poderoso aliado no podía hacer otra cosa que abandonar la capital italiana y regresó con su hijo a Egipto.

A partir del año 43 a. C., tras su regreso a Egipto, Cleopatra, temiendo que su hermano-esposo Ptolomeo XIV, que ya contaba con 15 años de edad, quisiera tener más poder del que a ella le convenía, lo envenena y establece a Cesarión como su corregente a la edad de 4 años. El estado en que encontró a su reino fue muy desalentador. Sufría plagas y hambre. Los canales del Nilo habían sido descuidados durante sus dos años de ausencia y esto hizo que las cosechas fueran malas y las inundaciones no fueran bien aprovechadas.

El imperio romano ahora estaba dividido en dos, los viejos partidarios de César y los republicanos (quienes pidieron su muerte). Los republicanos se estaban acercando a Egipto, ellos eran perseguidos por los partidarios de César. Cleopatra no deseaba dar su ayuda a cualquier persona de los ejércitos luchadores. Todavía había tropas romanas en Alejandría, las que puso César para protegerla, así que ella no deseaba tener problemas con ellos, tomando alguna decisión equivocada.

El 23 de noviembre de 43 A. C., la Lex Titia oficializaba el pacto entre los tres por un período de cinco años: acababa de crearse el Segundo Triunvirato, que reunía a Antonio, Octavio (heredero político designado por Julio César) y Lépido, antiguo jefe de la caballería de César que se pasó al lado de Antonio. Se desencadenó de esta manera una guerra civil entre los partidarios del triunvirato y los seguidores republicanos. Marco Antonio llamó en su ayuda a la reina Cleopatra, para que acudiera con sus naves a Tarso en la actual Turquía, pero la reina no quería que Egipto entrara en una guerra civil de los romanos y tampoco se fiaba de él. Finalmente cedió a la reunión con la condición de que ésta se desarrollara en su propio barco, considerado donde fuere que estuviese anclado como suelo egipcio. Se encontraron en Tarso en el (41 A. C.). Aunque Egipto estaba al borde del colapso económico, Cleopatra navegó con los remos de plata, las velas púrpuras y todo el lujo al que estaba habituada, hasta se vistió como Afrodita, la diosa del amor. El encuentro duró cuatro días. El resultado de este viaje fue que ambos personajes se enamoraron, que Cleopatra convino en prestarle la ayuda económica que le pedía a cambio de que Antonio ejecutase a su hermana Arsinoe IV a quien consideraba una continua amenaza, como así se hizo, y que Marco Antonio decidió quedarse en Egipto al lado de Cleopatra. La pareja pasó junta en Egipto el invierno de 41-40 A. C. disfrutando de los máximos lujos y fiestas continuas. Pero los asuntos de Roma llamaban al general y en el año 40 A. C. tuvo que regresar a la capital del Imperio. Allí cumplió con la promesa de casarse con Octavia, hermana de Cayo Julio César Octavio Augusto.

Tras la marcha de Marco Antonio a Roma, Cleopatra dio a luz dos niños gemelos, Cleopatra Selene II y Alejandro Helios. No volvieron a encontrarse hasta cuatro años después. Él regresó a Egipto en otoño del 37, durante el curso de una campaña contra los partos, y contrajo matrimonio con Cleopatra (sin repudiar a Octavia). Marco Antonio cedió a su esposa Chipre, Fenicia y Creta, y Egipto volvió a tener una extensión similar a la de los tiempos de los primeros Ptolomeos.
Tuvieron otro hijo (Ptolomeo Filadelfo), llevaron juntos una vida de lujo y derroche, y nombraron a sus vástagos herederos de varios Estados satélites como Armenia y Cirene (34 a. C.).

Octavio le propuso a Antonio que después de que el Triunvirato terminara los dos gobernarían el mundo romano, aunque permitieron que Lepidus permaneciera en el Norte de África y que gobernara el área. Octavio sostuvo todo Europa occidental y Antonio obtuvo el extremo Este del mundo romano.

Durante la ausencia de Antonio, Cleopatra comenzó un conflicto entre ella y Herodes de Judea. Este era uno de los más ricos, inteligentes y capaces clientes de Roma y era un gran amigo de Antonio. Pero en el 40 a.C. Cleopatra trató de seducirlo, claro que Herodes no le siguió el juego y al ver su fracaso, ella comenzó a odiarlo. Cuando se encontró con Antonio, lo persuadió para que le dé las porciones grandes de Siria y del Líbano e incluso parte de las arboledas del bálsamo de Jericó. Con esto lo único que logró fue que Herodes y Antonio se distanciaran. Cuando el senado romano le declaró la guerra, la capacidad y los recursos de Herodes hubieran sido esenciales para su victoria. Desafortunadamente, Herodes rechazó ayudar a su amigo gracias a Cleopatra.

En el año 36 a.C. Marco Antonio deja Italia en una expedición contra Persia. Octavia había tenido otra hija y viajó con él hasta Corcyra. Pero allí Antonio se excusó de llevarla a Persia diciéndole que no deseaba exponerla a los peligros de las batallas y la envió a Roma, su hogar. Le dijo que ella le era más útil en Roma cuidando la paz con Octavio.

Sin embargo, lo primero que hizo cuando alcanzó Antioch, fue enviar por Cleopatra. Allí le fueron entregados sus gemelos y los reconoció. Pero Cleopatra todavía estaba enojada, por el casamiento de Antonio y Octavia, y mucho más aún porque juntos tenían dos niñas. Entonces le pide a Antonio territorio de sus conquistas, para entregárselo a sus hijos.

Aproximadamente en el año 36 a.C. Cleopatra y Antonio se casaron, y aunque la bigamia era ilegal en Roma, esto insultaba no solamente a Octavia y Octavio sino a todo el imperio. Ella también dio a luz a otro niño de Antonio, Ptolomeo Philadelphus.

Cuando Antonio invadió Armenia en el 34 a.C., llevó a cabo la marcha del triunfo en Alejandría. Como parte de las festividades hubo banquetes y distribuciones públicas de dinero. Antonio quiso tener un completo festejo romano en Egipto, pero los romanos sentían que ellos debían recibir el alimento y el dinero que en ese momento era entregado a los Egipcios, esto hizo que la reputación de Antonio en Roma empeorara.

Octavio seguía con sus ansias de conquistar el mundo, tomó el territorio de Lepidus: África y se convirtió en una amenaza directa para Egipto. Cleopatra preocupada por esta situación intenta persuadir a Antonio para que se quede en Egipto y la proteja. Ella logra su objetivo, logrando al mismo tiempo distanciar un poco más a Antonio de los Romanos.

Antonio le concedió el deseo a Cleopatra y dio tierras y títulos a sus hijos, incluyéndose él en el reparto. Se presentó como el nuevo Dionisio, como parte de su sueño de gobierno Greco-Romano.
Nombró a Cleopatra Selene, de seis años de edad, reina de Creta y de Cyrenaica (en la costa norteña de África). Alexander Helios, también de seis años, fue declarado Gran rey de Armenia y del imperio de Seleucid. El más joven, Ptolomeo Philadelphus (de tan solo dos años), fue nombrado rey de Siria y de Asia Menor. Cleopatra obtuvo el título de Reina de Reyes, que era la posición más alta de los cargos y Ptolomeo XV César fue nombrado Rey de Reyes y fue hecho corregente junto a su madre. Ahora el imperio Ptolomeico cubrió una porción grande del mundo mediterráneo del Este. Estas donaciones no ayudaron a las reputaciones de Antonio y de Cleopatra en Roma.

En el año 31 a.C., Antonio finalmente se divorció de Octavia, lo que obligó a la parte occidental del mundo a reconocer su lazo con Cleopatra. él incluso había puesto su nombre y cara en una moneda romana, el denario de plata. Este circuló bastante por todo el mediterráneo. Cosa que indignó a Octavio quien declaró que Antonio había roto sus lazos con Roma.

Mientras tanto los rumores seguían creciendo en Roma, Antonio ya no era más un romano. Ahora era considerado bajo la influencia de Cleopatra.

Antonio deseaba evitar un conflicto mundial pero, debido a lo acaecido con su amigo Julio César, temía por su vida cuando estaba en Roma, por lo que decidió instalarse definitivamente en Egipto. El ejército de Cleopatra continuó haciéndose más y más grande. A algunos viejos amigos de Antonio no les gustó que el poder de Cleopatra se ampliara y decidieron retornar a Roma, ellos conocían el testamento de Antonio y sabían que él deseaba ser enterrado en Alejandría, no en Roma. Ese pequeño detalle fue suficiente para declarar la guerra a Antonio y a Cleopatra. Para los romanos, significaba que Antonio ya no era romano o lo que era peor, ya no quería serlo.

En el año 32 a.C. Octavio acusa a Cleopatra públicamente del uso de la magia, de incesto, adoración animal, droga, embriaguez y lujuria desenfrenada. Declarándole la guerra, el nombre de Antonio no se mencionaba en ninguna parte de la declaración oficial. Los romanos creían que era mucho mejor declarar la guerra a la reina egipcia que influenciaba a Antonio, que a Antonio mismo.

Ambos bandos comienzan a reunir a todas sus fuerzas. Cleopatra tiene un ejército mucho más grande que el de Octavio, con Antonio al frente. Esta batalla es decisiva pues de ambos lados están utilizando todas sus tropas. La superioridad egipcia era muy obvia pero tenían algunas dificultades para proveer el alimento a tantos hombres debido a que las tropas romanas cercaron las naves de Antonio. Las naves eran demasiado lentas y tuvieron que ser quemadas para ir más rápidamente.

Los problemas persiguen a los amantes, Dellius (uno de los amigos de Antonio) huye con los planes de batalla. Antonio selecciona sus mejores naves y decide atacar con ellas aunque sean muchas menos de las que tiene Octavio. Después de cuatro días, la batalla final ocurre en Actium, Grecia.

La batalla ocurrió en el año 31 A.C., día a día Marco Antonio perdía aliados romanos y sus fuerzas se debilitaban. Por el contrario Octavio estaba cada vez más seguro de su victoria, ya que lo superaba, con un número mayor de soldados. Y la victoria llegó, Cleopatra viendo que las fuerzas de Antonio estaban perdiendo, salió en retirada y lo abandonó huyendo hacia Alejandría, posiblemente ellos ya habían planeado esto, ya que tras la partida de Cleopatra partió Antonio hacia Alejandría, abandonando a todas sus fuerzas en batalla. Esto trae la desorganización en el ejército egipcio, Octavio tiene la victoria en sus manos. La marina de Octavio derrotó a Antonio en Actium, Grecia, el 2 de septiembre de 31 A.C.

Antonio y Cleopatra están en Egipto. Antonio intenta recolectar nuevas tropas pero no tiene éxito, todavía lleva la responsabilidad de la derrota en Actium, y desea suicidarse, pero sus amigos lo disuaden. Cleopatra sabe que las tropas romanas pronto llegarán a Alejandría, y decide ocultar todos los tesoros lejos del mar mediterráneo, pero las naves son interceptadas por los árabes (bajo el mando de Octavio).
Cleopatra planeó enviar a Cesarión lejos, quizás a la India, así podría escapar de Octavio y conservar el trono de Egipto. Arregló para que las naves fueran desde el Nilo al Mar Rojo, pero este plan fracasó.

Octavio se acercaba más y más, Egipto estaba prácticamente cercado. Cleopatra deseaba encontrar un acuerdo pacífico y tanto ella como Antonio enviaron sobornos a Octavio para lograr la paz, pero ninguno fue aceptado.

Cleopatra construyó un mausoleo donde ella amontonó su abundancia y planeó pasar la eternidad. Octavio le mandó mensajes diciendo que sería tratada bien por los romanos, por temor a que Cleopatra quemara todos sus tesoros. Cuando Octavio llegó a Alejandría, Cleopatra se encerró en su mausoleo con dos de sus criadas, Iras y Charmion.

Los generales de Marco Antonio le informan que Cleopatra había muerto en su mausoleo, y éste al saber a su amante muerta, se suicidó con su propia espada. Según se dice, en su agonía Marco Antonio fue llevado hasta el mausoleo donde se encontraba Cleopatra, y allí ella lo vio morir en sus brazos. Entonces Cleopatra es apresada por los soldados de Octavio y trasladada al palacio, en donde se dice que intentó desde sobornarlo hasta seducirlo, sin obtener éxito alguno.

Octavio quería llevar a Cleopatra viva a Roma, para mostrar su superioridad y su victoria. También mandó capturar a los niños de Cleopatra, excepto a Cesarión que huyó al Sur. Cleopatra se percató del plan de Octavio de llevarla a Roma, sabía que la visualizarían como esclava en las ciudades que ella misma había gobernado. Decidió que no viviría de esta manera, así que a tres días de la salida hacia Roma, pidió a sus criadas Iras y Charmion que le traigan una cesta con frutas y en ella un áspid (cobra egipcia). Mientras tanto ella escribía una carta a Octavio en la cual le pidió que la pongan junto a Antonio después de su muerte.

El 12 de agosto del año 30 A.C. Octavio recibe la carta, pero ya era demasiado tarde, al entrar al cuarto donde se hallaba Cleopatra, de tan solo 39 años de edad, la encontró ya muerta sobre su cama de oro, con su traje real y sus joyas puestas, junto a sus dos criadas.

Cesarión fue traicionado cuando huía de Egipto por su profesor particular, Rhodon, y fue asesinado bajo las órdenes de Octavio. El resto de los hijos de Cleopatra fueron criados por la esposa de Octavio. Cleopatra Selene se casó con el rey Juba II de Mauritania. Tuvieron un hijo al que nombraron Ptolomeo que ganó el trono en el 23 d.C. y gobernó hasta que Calígula lo mató 40 años más tarde. Alexander Helios y Ptolomeo Philadelphus pudieron haber ido a vivir con su hermana en Mauritania pero no se sabe exactamente qué les sucedió.

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El Faraón y La Familia Real

FARAONES, SOCIEDAD

Faraón es la denominación bíblica de los reyes del Antiguo Egipto. Para los egipcios, el primero fue Narmer, denominado Menes por Manetón, quien gobernó hacia el año 3050 a. C., y la última fue Cleopatra VII, de ascendencia helénica, reinando del año 51 al 30 a. C.

Los faraones fueron considerados seres casi divinos durante las primeras dinastías, y eran identificados con el dios Horus, aunque a partir de la dinastía V sólo fueron hijos del dios Ra. Normalmente no fueron deificados en vida; era a su muerte cuando el faraón se fusionaba con la deidad Osiris y adquiría la inmortalidad y una categoría divina, siendo entonces venerados como un dios más en los templos.

Cuando el faraón se hacía viejo se le consideraba como inútil y debía ser eliminado. Pero en una época histórica se sustituyo por una fiesta ritual llamada Sed donde se renovaban las capacidades del faraón

Faraón deriva de la palabra egipcia Per-aa , que significa “casa grande”. Per-aa era el nombre de la residencia real, pasando después a designar a la autoridad misma. Faraón es un nombre de origen hebreo, bíblico, adoptado después por los griegos. Los escribas egipcios solían usar el término nesu (rey), neb (señor) o hemef (majestad). Fue un término utilizado por el pueblo, nunca por los propios faraones, y sólo comenzaría a usarse a partir del reinado de Amenhotep III, en la primera mitad del siglo XIV a. C. Por tanto, podría decirse que la palabra “faraón” es relativamente moderna, y que sólo abarcaría a la mitad de los monarcas que habitaron en el Valle del Nilo.

La palabra faraona no existía en el Antiguo Egipto, sino que se empleaba “faraón mujer” o, simplemente, “faraón”

El faraón ocupará el puesto supremo en el gobierno, en la escala social, en la jerarquía sacerdotal y, además, era venerado como una divinidad, siendo este último aspecto de gran relevancia. A esta forma de gobierno, cuyo fundamento es la religión, se le conoce con el nombre de teocracia.

Eje de todas las actividades y revestido de poder absoluto, el faraón y su familia se destacaban claramente respecto de los demás hombres. La rígida división de clases egipcia obedecía, también, a la necesidad de organizar y controlar, hasta en sus más mínimos detalles, la vida de los súbditos de un imperio tan vasto.

Su autoridad se ejerce por medio de los funcionarios, jerarquizados, y reclutados entre los escribas o egipcios instruidos, y el ejército, mitad nacional y mitad mercenario.

Los poderes del faraón:

Participaban en la construcción de las pirámides y de los templos. Toda la tierra de Egipto y su pueblo pertenecían a los dioses, y en particular a Horus, a quien, según se creía, el faraón representaba sobre la tierra en el transcurso de su vida. Las funciones del faraón consistían en mantener el orden total del universo, establecido en el momento de la creación, y que abarcaba no solamente la estructura social y política de Egipto, sino también las leyes de la naturaleza, el movimiento de los cuerpos celestes, la sucesión de las estaciones y la inundación y estiaje anuales del Nilo.

A todo lo largo de la historia egipcia, el rey dispuso la autoridad absoluta en todas las esferas de la administración, aunque sus responsabilidades cotidianas quedaran necesariamente delegadas en su visir y en un número cada vez mayor de funcionarios. Como solamente el rey podía llegar a los dioses, él era también el cauce gracias al cual los hombres tomaban contacto con el mundo espiritual.

El rey había de interceder ante los dioses en favor del pueblo, cumpliendo los ritos apropiados y haciendo a las ofrendas requeridas, con el objeto de que los dioses consideraran benévolamente a Egipto. En teoría el rey era, por tanto, el sumo sacerdote de cualquier templo del territorio, y era él quien designaba a otros sacerdotes para tan alto menester y quien dotaba a los templos de tierras y rentas.

Privilegios del faraón:

El faraón podía dedicarse a la caza en los desiertos de Egipto, podían cazar toros salvajes, gacelas, órices, antílopes y leones. Por lo general, el faraón no corría peligro en sus partidas de caza: le acorralaban los toros en un cercado y allí les azuzaban las piezas. Luego, también utilizaron carros. Además de la caza, el río estaba rebosante de peces que se podían capturar con arpones, anzuelos o redes. Los macizos de papiro también ofrecían gran variedad de aves y gansos. Para cazarlos la técnica consistía en lanzar un bastón arrojadizo cuando las aves salían volando del macizo.

Símbolos del faraón

Coronas:

Sin duda, el elemento del vestuario mejor conocido de los faraones egipcios eran sus propias coronas, de las que existían numerosos ejemplos. Las más comunes y mejor conocidas son:

<• La Corona Hedjet o Corona Blanca, símbolo del Alto Egipto.

• La Corona Desheret o Corona Roja, símbolo del Bajo Egipto.

• La Corona Sejemty o Corona Doble, símbolo del Egipto unificado, es una superposición de las dos coronas anteriores.

• La Corona Atef o Corona Osiriaca, presente en algunos rituales de carácter funerario. Precisamente, el culto funerario era la esfera de influencia del dios Osiris.

• La Corona Jepresh o Corona Azul, de significado aún oscuro, pero muy utilizada a partir del Imperio Nuevo.

• La Corona Shuty o Corona Emplumada, que con el tiempo pasó a ser utilizada por las Grandes Esposas Reales y por las Divinas Adoratrices.

• La Corona Jemjem o Triple Atef, compuesta por tres coronas Atef y algunos complementos; parecía tener una función solar.

Y, aunque no sea propiamente una corona, no podemos olvidarnos del tocado Nemes, el famoso cubre peluca y quizás el tocado más universal de los faraones gracias a la tumba de Tutankamón. Su comodidad y ligereza lo harían quizás la prenda favorita de los monarcas en momentos en que no fuera necesaria la presencia de las coronas, algunas de ellas realmente pesadas.

Cetros


El Cetro Nejej (flagelo), el Cetro Heka (cayado) y el Nemes.

También existían diversas variedades, cada una de ellas con una sutil función que no hacía más que remarcar el poder del faraón sobre todo el mundo civilizado. Los más frecuentes son:

• El Cetro Nejej, símbolo antiquísimo del estado, tenía la forma de un flagelo o mayal. Era muy utilizado en las ceremonias, y aparece con mucha frecuencia asociado al dios Osiris.

• El Cetro Heka es el eterno acompañante del Nejej. Su función era clara: como el pastor dirige al ganado con un cayado, el faraón lo hace con el heka a todo su pueblo. El rey suele aparecer con los brazos cruzados y en cada uno de ellos porta uno de estos símbolos del poder. Reforzaba con ello varios posibles mensajes: “soy el señor de todas las tierras y rebaños de Egipto”, “represento el poder temporal y espiritual”. El Heka era un cetro también asociado a Osiris y con grandes poderes mágicos (la palabra Heka significa magia).

• El Cetro Sejem, utilizado tanto por reyes como por nobles, simbolizaba la fuerza y la energía mágica de su portador.

Trono

La ceremonia de la coronación se realizaba en Menfis, primera capital del reino unido, y comenzaba ascendiendo al heredero al rango de dios entregándole las insignias del cayado (Heka) y el látigo (Nejej), atributos del poder. Luego, tocado primero con la corona blanca del Alto Egipto, después con la roja del Bajo Egipto y finalmente con la doble corona, se sentaba en el trono hecho con papiros (símbolo del norte) y lotos (símbolo del sur).

Otros símbolos del poder:

No sólo por su corona o por su cetro era reconocido el faraón. La larga historia y la compleja organización religiosa y ritual del Antiguo Egipto permitieron desarrollar decenas de vestimentas, ornamentos y tocados reales, cada uno con una función específica. Así, no podemos olvidarnos de símbolos tan importantes como:

• La barba postiza, utilizada por los faraones en las grandes ocasiones por su identificación una vez más con Osiris, considerado el primer gran monarca egipcio, y que era representado con una gran barba similar a la que llevaban sus sucesores.

• El Uraeus y el buitre: La Cobra, animal característico de la diosa Uadyet, patrona del Bajo Egipto. El buitre, era el animal característico de la diosa Nejbet, patrona del Alto Egipto. Así las Dos Señoras representaban la unificación de las Dos Tierras en el ser del faraón.

• Cola de toro o de león, que remarcaba la potencia creadora del monarca.

• Así como infinidad de tipos de collares, pendientes, cinturones, sandalias, vestiduras plisadas de lino y demás tipos de joyas que harían de la visión del faraón en toda su gloria un golpe de efecto para los modestos habitantes del Valle del Nilo.

Entorno familiar:

Siempre, al lado del faraón, debía convivir su Gran Esposa Real, el equivalente a una reina y la transmisora del linaje real. La posición de Gran Esposa Real, en egipcio Hemet nise ueret, implicaba no solo una posición política a ocupar dentro de la corte, sino también una posición religiosa, ya que la Gran Esposa Real oficiaba de ritualista en variadas festividades. Considerando que existían variados ritos distribuidos a través de la geografía del país de las Dos Tierras, estos involucraban al faraón y su principal esposa. Así, en los cultos que formaban tríadas como ser: Osiris, Isis y Horus; Amón, Mut y Jonsu; Shu, Tefnut y Atum, etc. cada uno implicaba la participación del faraón, su principal reina y en los casos donde era posible, de su heredero. En dichos ritos, que se expresaban mediante múltiples festividades como ser la fiesta de Opet en Karnak, la participación del rey y la reina daban un significado por emulación de la existencia divina de los dioses representados. Y no sólo ello: dado que los egipcios creían que la legitimidad sólo podía poseerla una mujer, las Grandes Esposas Reales eran las garantías y el principal apoyo del faraón durante su reinado. Por tanto, no es de extrañar que los faraones se casasen con las hijas de su antecesor (en muchos casos estas hijas eran sus hermanas o sus hermanastras) para poder ascender al trono.

A lo largo de la historia egipcia también hubo grandes reinas, algunas de las cuales llegarían incluso a asumir el poder absoluto a la muerte de sus maridos. Otras ocuparon un determinante papel político o religioso, y no se podrían entender muchas cosas de la Historia Egipcia sin tener en cuenta el poder que ocuparon estas damas a la sombra de sus esposos.

Por debajo de las Grandes Esposas Reales, el faraón podía tomar tantas mujeres como quisiera, e incluso ascenderlas, si así lo quería, al rango de Gran Esposa Real (aunque esto sería infrecuente). En las primeras dinastías existirían numerosas esposas secundarias y concubinas, y ya a partir del Imperio Nuevo, los monarcas se encargarían de poseer enormes harenes en los que todo tipo de mujeres, incluidas las princesas extranjeras, pasaban a residir. Hay grandes diferencias los harenes faraónicos y los legendarios harenes utilizados por califas y sultanes: en el Antiguo Egipto los harenes eran una institución más abierta, no una cárcel de oro guardada por eunucos. Ésta situación sólo aparecería con la llegada de los persas y de los griegos.

En cuanto a la descendencia real y la sucesión al trono, las reglas no se mantuvieron inmutables a través de los miles de años que duró la investidura de faraón. Así, durante la Dinastía XVIII, al comienzo del Imperio Nuevo, surge con fuerza la posición de Hija del Dios, a quién se emparenta con el dios Amón, y se la eleva a Dadora de herederos, quedando identificada como la única que puede dotar de un sucesor al faraón reinante, por encima de las otras reinas de la Casa Jeneret (el harén real). No obstante, la sucesión normalmente se resolvía mediante un heredero masculino, aun cuando el mismo pudiera no ser hijo de la Gran Esposa Real, sino de una reina de menor rango. Si el sucesor provenía de una reina de menor rango, procedía a contraer enlace con una hija de la Gran esposa real del rey fallecido; El futuro de las hijas dependía del rango de su madre: si eran hijas de una reina, podrían heredar su cargo o vivir en soltería; y si eran hijas de una esposa secundaria o de una concubina, podían casarse con algún noble o residir en el harén.

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Akhenaton

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Akhenaton fue el unico faraon de todas las 31 dinastias que se hizo representar como hombre de familia.

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Reinas que accedieron al trono y gobernaron solas

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La primera Reina de la que quiero hablaros es de Cleopatra I Epífanes.
Esta Reina también conocida como Sira, gobernó con gran sabiduría desde el año 181 adne que fue cuando enviudo de su esposo Tolomeo V, que fue con el que se caso en el año 193 adne.
Ejerció una política pacifista que logró las simpatías del pueblo.
Se opuso con gran fuerza al deseo de su padre que era invadir su reino.

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El coleccionista de pililas

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Ramsés III, el último faraón importante del Imperio Nuevo de Egipto, gobernó entre el 1184 y el 1153 a.C. Fue un gran reformador del reino y sus años de gobernanza estuvieron marcados por la prosperidad y las grandes construcciones públicas. Este faraón tuvo que soportar las primeras huelgas de las que se tiene noticias en la Historia, provocadas por el retraso en el pago a los trabajadores. Según las crónicas, los obreros fueron en manifestación hasta Medinet Habu, el gran complejo administrativo-funerario situado en la orilla occidental del Nilo, frente a Tebas.
Medinet Habu es hoy uno de los templos funerarios de mayor tamaño y mejor conservados de Egipto. En su día el complejo estaba protegido por murallas, con una torre defensiva a la entrada en forma de migdol (fortaleza militar típica de Asia Menor) y un atracadero de barcas en un canal que traía las aguas del Nilo hasta aquí, permitiendo así la organización de grandes procesiones navales.
Desde un enorme patio accedemos a la entrada del templo (cuya imagen reproduzco), que es mundialmente conocida por su enorme y espectacular pilono (dos muros con forma de pirámide truncada de 63 m. de alto por 22 de ancho), decorado con relieves alusivos a victorias militares de Ramsés III; quizá se trate del pilono más espléndido de todo el conjunto de Luxor. Las dependencias privadas del faraón tienen también sus curiosidades, como la ventana desde la cual el monarca saludaba a sus súbditos, las cámaras reales, el salón de audiencias reales y el retrete no menos real que los guías señalan como el más antiguo del mundo.
Entre los más de 7.000 m2 decorados de Medinet Habu, hay un relieve realmente curioso. En él se ve a Ramsés recibiendo como ofrenda manos y penes de los soldados vencidos. Según nos explican, los egipcios contaban las bajas practicadas sobre sus enemigos por el número de manos amputadas (igual que algunos indios contaban cabelleras y otros orejas). Hasta que, para una mayor precisión, el faraón implantó además el cómputo por falos. Ello le convirtió en el primer coleccionista de pililas del que se tiene noticia.
En otro patio interior nos deslumbran los relieves polícromos describiendo las ceremonias oficiadas por el Faraón. Es del todo increíble que, resistiendo a los efectos de la lluvia y el sol, conserven sus vivos colores 3.200 años después de pintados. Maravilloso. Y esto es sólo una parte, ya que el palacio real de Medinet Habu está en proceso de excavación en este momento, lo que garantiza que los futuros visitantes podrán admirar los descubrimientos que se vayan sucediendo.

Informa:diario vasco

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Las Reinas de Egipto, diosas en la Tierra

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Mujeres como Cleopatra, Nefertiti y Hatshepsut reinaron en el país del Nilo como auténticos faraones. A lo largo de siete grandes apartados, la muestra de Mónaco pasa revista a las diferentes funciones que la mujer egipcia pudo realizar en su alta posición, tanto en el Antiguo Egipto como en el mundo contemporáneo, a través de la literatura y el cine.

Las Reinas de Egipto, diosas en la TierraDada la riqueza del arte egipcio, siempre es posible encontrar diferentes enfoques con los que presentar una exposición novedosa. En esta ocasión, con unas 250 piezas prestadas por los principales museos del mundo, se trazan las distintas facetas de la vida de la mujer en la cumbre del Estado egipcio. Tres mil años de historia en un espectacular montaje del arquitecto y escenógrafo François Payet, diseñador del Pabellón de los Descubrimientos en la Exposición Universal de Sevilla’92.

La representación de las reinas egipcias, como Sara Puerto nos muestra a través de su recorrido por la exposición, se concentró siempre en exaltar su belleza. Casi siempre se las representa jóvenes y, según los convencionalismos propios del arte egipcio de cada momento, con exquisitos vestidos, numerosas joyas y sus objetos de tocador.

También con sus símbolos de poder, pues la “Reina madre” y la “Gran Esposa Real” están vinculadas a los dioses. Las coronas o tocados con la cabeza de buitre, la cobra real o la doble pluma de Maat, además del anj o cruz ansada, símbolo de la vida, indican ese estatus especial, tal y como pretenden aclarar los últimos estudios, en un intento de demostrar que existía una contrapartida femenina a la esencia divina de la realeza faraónica, además de mostrar la indudable proximidad de estas mujeres al monarca como hijo de los dioses.

Informa:revistarte

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La consideración del Faraón como mago en el Antiguo Egipto

FARAONES

Los magos en Egipto tuvieron la consideración de ‘funcionarios de Estado’. Ellos eran los encargados de ejercer la magia como sacerdotes, en sustitución del propio faraón, el mago por excelencia de todo Egipto, pues él poseía las Dos Coronas que eran los más poderosos instrumentos mágicos. Estos profesionales de la magia, por así decirlo, ejercían sus funciones dentro de un marco oficial, como parte del sistema de orden y organización del cosmos y del mundo egipcio, y pertenecían a un estamento profesional formado en las Casas de la Vida de los templos.
Conforme al pensamiento egipcio la magia consistía en la facultad de poseer el ‘Heka’, o poder mágico.

El ‘Heka’ era un atributo de los dioses y, por extensión, del rey, y tenía por finalidad y fundamento el conocimiento de la naturaleza del universo y de los medios sensibles, para controlarlos en bien de la humanidad y de la creación.

Así pues, el primer y más importante propósito de la magia consistía en prestar la colaboración humana para facilitar el cumplimiento de los planes divinos; y su principal actuante, era el rey.
Si el rey, dotado ‘per se’ de Heka, tenía entre sus principales obligaciones el mantenimiento de la creación del primer día, como sucesor que era de los dioses sobre la tierra, su poder mágico estaba principalmente encaminado a garantizar que la vida diaria y cíclica en la tierra de Egipto estuviese permanentemente asegurada por la celebración de los ritos en los templos y por la fuerza de su propio poder.

El rey era el oficiante por excelencia. Él era el ‘Señor de los Ritos’ y el ‘Señor de las Coronas’. Estos eran los dos atributos de naturaleza especialmente mágica que se recogían en las titulaturas o nombres de los reyes.

La condición de ‘Señor de los Ritos’ equivalía a ser dueño, propietario, titular de todas las actuaciones mágicas. Él conocía todo lo necesario para mantener la vida; la noche y el día; el sol, las estrellas, la luna y los planetas.

Él tenía el poder para hacer crecer el Nilo en su tiempo. El faraón poseía el conocimiento de las actuaciones mágicas para neutralizar a los enemigos de los ‘Nueve Arcos’, las nueve naciones enemigas tradicionales de Egipto.

Como ‘Señor de los Ritos’, el rey ordenaba al cielo y a la tierra, porque había sido iniciado y sabía lo que había más allá de la vida terrena. El rey controlaba por la magia los vientos del sur y los vientos del norte. Ellos eran sus nodrizas. Respirando el viento del norte se beneficiaba de una abundancia vivificadora.

Tenía los medios para poseer los cuatro vientos celestes que no podían oponerse a su voluntad. Tenía la virtud de combatir las tormentas del cielo. Estaba facultado para dispersar las nubes cargadas de lluvia y, según los Textos de las Pirámides, subido sobre una nube podía llegar a alcanzar la luz divina.

Con su poder, el rey era capaz de vencer los elementos desencadenados y convertirse en un viajero cósmico, en el más allá.

Todo lo dicho era así porque él había sido concebido y puesto en el mundo, a partir de la energía primordial para gobernar todos los reinos o colinas primordiales. Los textos así lo indican: ¡Ve, oh rey! ¡Que puedas gobernar las colinas de Horus. Que puedas gobernar las colinas de Seth. Que puedas gobernar las colinas de Osiris!

Esto demuestra que el faraón era para el mundo egipcio el centro del Pensamiento Creador, era el medio a través del cual el universo creado se hacía visible y sensible a los ojos del resto de los mortales.

Engendrado por la tierra y el cielo, era el heredero del trono del dios Gueb, y el hijo de todas las potencias divinas que le permitían ser, a su vez, el padre alimenticio de toda la creación que de él dependía.

Como ‘Señor de las Coronas’, de la Corona Roja y de la Corona Blanca, él era el dueño de su poder mágico. Ellas eran su protección. El rey podía ordenar a la Corona Roja, terrible serpiente de fuego, para que se le aclamase como faraón, al igual que ella era aclamada.

Las dos coronas eran las madres del rey; la Corona Roja le amamantaba; la Corona Blanca le daba la posesión de la tierra. Cuando el rey colocaba la Corona Blanca sobre su cabeza, ella era como la cabeza del propio dios Ra. Cuando ceñía la Corona Roja, se abrían para él las puertas de las regiones luminosas, porque se había convertido en el dueño del ureo cuyo nombre era ‘la que es Grande de Magia’.

Esta terrible serpiente de fuego otorgaba al rey sus poderes mágicos. Nadie más podía poseerla porque solo él conocía las palabras mágicas que la aplacaban. Con su posesión el faraón podía obtener de la Corona que le temiesen como ella era temida; producir el terror como ella podía hacerlo; ser aclamado como a ella se la aclamaba y ser amado como ella era amada. Ella era quien entregaba al faraón los dos cetros, Heka y Nehaha, el poder mágico y la eternidad, para gobernar a los seres vivos y a todos los Aj, o seres luminosos.

La Corona Blanca, la diosa madre de Nejen, también tenía atribuidos poderes semejantes. Ella era la Grande que protege a Horus, en medio de las dos enéadas. Por ella, el faraón era como el mismo dios Ra.

Faraón aparecía en gloria ante los dioses provisto de la luz divina, y su aparición radiante bajo las Dos Coronas, le hacía, como a Ra al amanecer, Señor del Alto y del Bajo Egipto. El temor surgía en todos los corazones cuando el rey, el mago por excelencia, se mostraba revestido de todo su poder y toda su gloria.

De la obra Los magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002
Autor: Francisco J. Martín Valentín

Informa:tendencias21

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RAMSES III

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Enfrentado a los más graves intentos de invasión de toda la época gloriosa de Egipto.Ramses III freno a los enemigos exteriores apelando al esfuerzo de su país Una actuación que guarda interesantes paralelismos con la que milenios después protagonizaría Churchill durante la Segunda Guerra Mundial

Los extranjeros han venido desde sus países en las islas en medio del mar y se dirigen hacia el nuestro confiados en sus fuerza Esta advertencia dramática habría podido resonar en los versos homéricos de la iliada en boca del rey Príamo de Troya.Pero no es literatura sino una autentica llamada a las armas grabadas sobre la piedra caliza del templo funerario de Medinet Habu en Egipto Allí otro rey Ramses III en nada emparentado con el padre de Paris y Héctor pero que sufrió similares tribulaciones ante atacantes extranjeros hizo esculpir la historia de Egipto pudo haber sido la siguiente Troya:la mayor narración del mayor intento de invasión del País del Nilo obra quizás de los mismos protagonistas que unos años antes habían quemado la ciudad donde se refugio la princesa Elena

Pero en Egipto al contrario de Troya los invasores no tuvieron caballo ni a los dioses de su lado Los compatriotas de Ulises que hacían estragos en el Mediterráneo oriental se toparon con un faraón convertido en comandante en jefe Ramses III La apelación a su pueblo para que se uniera contra los atacantes que leemos en su templo funerario de Medinet Habu nos recuerda el discurso de Churchill a los ingleses en que les pedía que se prepararan a luchar con”sangre,sudor y lagrimas” contra los invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial

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El Faraón y su coronación

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El faraón, en el día de la coronación, recibía cinco nombres, los mismos componían su título formal. En la actualidad, se suele utilizar el quinto para nombrarlos, sin embrago, según parece, ellos utilizaban el cuarto.

Una vez coronado, el faraón debía manifestar su posición a través de una serie de símbolos externos.

Según la ocasión, utilizaba un atuendo u otro. Habitualmente cubría su cabeza con el “nemes”, o sea, un pañuelo de rayas que le caía sobre los hombros. Sin embargo, en los días de fiesta, se ponía la corona azul o “kepres”.

La corona blanca era la corona del Alto Egipto, mientras que la corona roja era la del Bajo Egipto. Unidas formaban la doble corona o “pschent”, símbolo del reino unido.

En la frente se colocaban el “ureus”, una especie de diadema con la figura de una cobra, la cual según creían, brindaban protección de los enemigos.

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El Faraón y sus nombres

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El faraón, en el momento de la asunción, recibía 5 nombres.
Durante el Imperio Medio, los reyes egipcios recibían una sola combinación de cinco nombres. El primero era el nombre de nacimiento y se les confería los otros cuatro cuando accedían al trono. La secuencia era la siguiente:

Nombre: “Horus”; título correspondiente “Horus”

Nombre: Nebti o las Dos Damas; título correspondiente: el de las Dos Damas (Uadyet y Nejbet)

Nombre: Horus Dorado; título correspondiente: Horus dorado

Nombre: de Trono o Prenombre; título correspondiente: el de la juncia y la abeja (Rey del Alto y bajo Egipto)

Nombre: de Nacimiento; título correspondiente: Hijo de Re

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Faraón Aminhotb III

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a imagen que se distingue en la piedra es el rostro del Faraón Aminhotb III. La estatua, que de acuerdo con las estimaciones de los expertos, fue esculpida en el siglo catorce antes de Cristo, fue descubierta en una excavación en un sitio arqueológico de la antigua ciudad de Luxor, ubicada en la región austral de Egipto.
La escultura es una de las dos estatuas de Aminhotb descubiertas recientemente por un equipo compuesto por arqueólogos alemanes y egipcios en el templo de ese faraón egipcio.

Foto:


faraon-aminhotb.jpg

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El faraón que no quiere salir

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Este faraón llamado ” Neferhotep I ” tendrá que permanecer sepultado por no querer salir.
El problema es que están teniendo muchos problemas para intentar sacarle, pues mide 1.80 y lleva sepultado mas de 3600 años, pero va tener que seguir sepultado bajo las ruinas de Tebas hasta que el consejo de antigüedades no decida desmontar el monumento antiguo para poderla extraer.

Galería de fotos:

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El faraón Merenptah

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Este faraón decimotercer hijo del faraón Ramsés II subió al trono cuando era ya un anciano, y sorprendió mucho al sobrevivir diez años mas, se cree que reino de 1222 a 1212 adC “aproximadamente”.
El cadáver no se hallo como se creía en la tumba DB320 donde se encuentra su padre, su abuelo y su bisabuelo, cuando ya se había perdido la esperanza se encontró el segundo escondite de las momias reales en la tumba KV35.
El sarcófago donde descansaba Merenptah, en un principio estaba destinado al faraón Sethnajt, lo que esto nos hace pensar que su cuerpo sea uno perteneciente al único varón adulto sin identificar de la tumba.
Esta momia sufrió muchos daños a manos de los ladrones que saquearon su tumba, pues tiene la rota la clavícula derecha, se ha desgarrado el brazo derecho y la región abdominal, y aparte tiene un feo agujero en la cabeza, practicado quizás para encontrar algún tipo de joyas dentro de la cabeza embalsamada del faraón.
Esta momia tiene una cosa muy misteriosa y es la falta de los órganos sexuales ya que esta amputación lo había sufrido el cuerpo un poco antes o después de morir, cosa que indica que una posible dolencia del faraón que incluso pudo haberle causado la muerte, o bien una practica funeraria que otros reyes no llegaron a practicar.
Sea cual sea su muerte, este faraón se nota que sufrió mucho, pues sus dientes estaban muy desgastados y sufría una artritis degenerativa y arteriosclerosis en la columna vertebral.

Galería de fotos:

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Tumba de Tutankhamón ponía…….

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“La muerte se abatirá sobre el que ose turbar el descanso del faraón”.

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La reina Hetepheres

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Hetepheres fue íntimamente ligados dentro de la familia real (que se cree que ha sido la hija de Huni (último gobernante de la dinastía de 3 ª)), que también fue la hermana y la esposa de Sneferu y de la madre de Khufu. La reina debe haber sido un real y debe haber tenido un poder considerable en su propio derecho).
Ella se cree que han muerto durante el reinado de su hijo (Khufu), y fue enterrado inicialmente en Dahshur. Poco después de su entierro, sin embargo, su tumba fue saqueada por ladrones tumba. Su sobrevivir bienes funerarios junto con su sarcófago fue trasladado a una tumba más seguro cerca de la pirámide de Khufu.
Hetephere la tumba sigue siendo segura y no descubiertas hasta 1925 AD. Por un golpe de buena suerte, la pata del trípode de una cámara del fotógrafo rompió el techo de la tumba (el fotógrafo es parte de la expedición dirigida por George A. Reisner, un arqueólogo americano). La tumba en sí consistía en un profundo pozo (99ft), que luego llevó en una sola cámara (esta sala en el momento de su descubrimiento está todavía sellado con bloques de piedra caliza. Dentro de esta cámara se grave los bienes de la reina Hetepheres (una inscripción en uno de A los presidentes en la tumba dio su nombre a las excavadoras: «La madre del rey del Alto y el Bajo Egipto, seguidor de Horus, que está a cargo de los asuntos del harén [?] Cuya cada una de las palabras se hace de ella, Hija del dios [engendrado] de su cuerpo, Hetepheres “), estos productos incluyen:
Un gran, desmontable, dosel cama, dos sillones, una cama, una silla desempeño; más pequeños artículos de oro. Cobre y alabastro (incluida una manicura set).
El trabajo sobre la limpieza de la tumba se movió muy lentamente – la mayoría de la madera en el entierro de muebles ha degradado casi por completo, es sólo a través de la paciente labor de Reiner y su equipo que más tarde fueron posibles reconstrucciones.

Foto:

image_2.jpg

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Tutankhamón y Akhenatón

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La siguiente tabla es para que veáis la similitud que hay entre las medidas de los dos faraones de los cráneos y de la cabeza.

conceptos ……………… Tutankhamón ………………………….. Akhenatón

Longitud del cráneo …… 187.0 ……………………………….. 190.0
Anchura del cráneo ……. 155.5 ……………………………….. 154.0
Altura del cráneo ………. 132.5 ……………………………….. 134.0
Anchura de la frente …… 99.0 ……………………………….. 98. 0
Altura de la cara:superior.. 69.5 ……………………………….. 73.5
Altura de la cara: total …. 121.0 ………………………………. 122.0
Anchura de la mandíbula … 99.5 ………………………………. 99.0
Circunferencia de la cabeza 542.0 ………………………………. 547.0

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NEFERTITI

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busto-nefertiti.jpg

Este es el busto de Nefertiti, el cual pareció una mujer muy hermosa.
Fue reina de Egipto y esposa de Akenatón. La traducción de su nombre viene a ser algo así como “la bella ha llegado”.
Este matrimonio engendró seis hijas, aunque Akenatón por su parte tuviese cuatro más.
La desaparición de la reina Nefertiti tras el decimocuarto año de reinado resulta extraña y polémica. La reina desaparece por completo de los escritos, de los grabados y de los papiros. A este hecho, aparecen otras hipótesis como que fue victima de una muerte violenta y que su marido prohibió que se mencionase su nombre o que pudo adoptar algún comportamiento que desagradó a los egipcios y que hicieron perder a la reina casi toda su influencia y prestigio o también se llega a la idea de un posible divorcio entre los dos reyes. Esta desaparición coincide con la de la otra esposa de Akenatón, Kiya, que no dejará de ser cuanto menos sospechosa.
La búsqueda de la momia de Nefertiti fue objeto de curiosidad y de todo tipo de especulaciones. En el 2003 Joann Fletcher la encuentra viendo que la momia hallada estaba en un estado que hace suponer que fue saqueada poco después de la muerte. La técnica utilizada para la momificación sugiere la época de la XVIII Dinastía, y la posición del cuerpo indicaría la realeza del personaje. Sin embargo estas teorías serán desmentidas por falta de pruebas hasta que en el 2004 el equipo de Fletcher trasladó todo tipo de aparatos para confirmar su teoría a la tumba donde se encontraba la supuesta Nefertiti para por fin afirmar su identidad.

Foto de la momia de Nefertiti:

momia-nefertiti.jpg

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RAMSES II

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Sabias que…. cuando se desenvolvió la momia de Ramses II, se vio que los cabellos blancos de Ramses II habían sido teñidos con henna, pero lo que no se sabia es que el faraón gracias a 13 especialistas ingenieros y médicos del Laboratorio de Identidad judicial, del instituto textil de Francia, de la sociedad de L´Oreal, declararon con toda certeza de que el color inicial de Ramsés era rojo.
Quiere decir que el Faraón Ramses II era pelirrojo.

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LOS HIJOS DE TUTANKHAMÓN

FARAONES

En la tumba de Tutankhamón aparecieron en un armario dos pequeños ataúdes. Dentro de cada uno había otro recubierto por láminas de oro. Y en el interior de éstos había sendos fetos momificados. Uno medía 30 cm de longitud, muy bien conservado con su máscara facial. La otra momia fetal estaba peor conservada, medía 39.5 cm de longitud y no llevaba máscara. La máscara que fué preparada para este feto se encontró en el pozo nº 54 junto con otros restos del embalsamamiento y enterramiento del Faraón, que fueron los que dieron pistas a Carter para pensar que la tumba de Tutankhamón se encontraba en el Valle de los Reyes. Fué Davis quien encontró en 1907 aquellos restos de embalsamamiento y no les dió importancia.
Douglas Derry realizó la autopsia de las dos pequeñas momias en 1932. Una parecía una hembra de 25.75 cm de longitud con el cordón umbilical cortado a ras de la piel del abdomen. La otra momia midió 36.1 cm de longitud y parecía también de niña, sietemesina, en peor estado de conservación, aunque tenía cejas y pestañas, los ojos abiertos y había sido embalsamada con el cráneo relleno de telas empapadas en sal, y con una incisión pequeña en la región inguinal por la que se había introducido tela empapada también en sal.
Se han considerado ambas como hijas de Tutankhamón. El estudio del DNA podría confirmarlo. Además apareció otro féretro pequeño, que era una reproducción en maqueta del gran féretro del Rey. Este féretro era antropomorfo, medía 35 cm y estaba barnizado en negro con adornos de oro en forma de tiras con frases escritas en ellas. Dentro había otro féretro recubierto de oro como el del Faraón y dentro de éste un tercer féretro con lo que creyeron que era una momia de niño. Pero al desatar las vendas se vió que no era una momia sino otro féretro “momificado”. Y dentro de él un amuleto de oro heredado de su abuelo Amenofis III y envueltos en tela de lino, unos rizos de pelo color castaño pertenecientes a la abuela Teye que aún vivía cuando fué enterrado con Tutankhamón.
La existencia de los dos fetos abortivos en la tumba, dió origen a la teoría de que la momia que se creía era la de Tutankhamón, no lo era realmente, sino que era la momia de una mujer, ya que la costumbre en Egipto es colocar los restos de los hijos muertos junto a la madre y no con el cadáver del padre. Llegaron algunos a pensar que sus enemigos arrojaron el verdadero cadáver del Faraón al Nilo, substituyéndolo por el de una mujer.

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TUTANKAMON

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LA HISTORIA DEL PUEBLO EGIPCIO ES UNA DE LAS MAS BRILLANTES QUE EXISTEN, DURANTE 3000 AÑOS DISFRUTARON DE ESPLENDOR, TENACIDAD Y GRANDEZA.
NOS HAN DEJADO UN MONTÓN DE COSAS PIRÁMIDES, MOMIAS, TESOROS FASCINANTES.
TAMBIÉN PODEMOS LEER CARACTERES JEROGLIFICOS, CONOCEMOS COMO VIVÍAN DÍA A DÍA Y SIN EMBARGO NINGÚN PUEBLO RESULTA TAN ENIGMÁTICO.
AHORA NOS VAMOS AL AÑO 1355 a.c. NACIÓ AL LADO DEL NILO TUTANKAMÓN, HIJO DE AKENATON Y DE KIYA – QUE MURIÓ AL NACER EL.- EL FARAÓN AKENATON GOBERNABA UN ESTADO PODEROSO.
TUTANKAMON CON TAN SOLO NUEVE AÑOS, MUERE SU PADRE Y SE CONVIERTE EN EL DUODECIMO REY DE LA XVIII DINASTÍAS PADRE RENEGO DEL CULTO AL DIOS AMON PARA PASAR A VENERAR AL DIOS ATON. PUES BIEN TUTANKAMON RESTAURO EL CULTO OFICIAL A AMON Y DEJO EL ESTADO EN MANOS DE UN CONSEJERO LLAMADO AY Y DE UN GENERAL, HOREMHEB. SE CASO CON SU HERMANA ANKESENAMON. ERAN LOS ULTIMOS SUPERVIVIENTES DE SU DINASTIA, UNA LINEA HEREDITARIA CON DOS MILENIOS DE ANTIGÜEDAD, POR LO QUE BUSCABAN A TODA COSTA UN HIJO.
PERO LA VIDA DE TUTANKAMON SE VIO FRUSTADA CUANDO TAN SOLO CON 19 AÑOS DE EDAD, EN EL AÑO 1337 MUERE.
FUE ENTERRADO 70 DIAS DESPUES DE MORIR COMO MANDA LA TRANDICION EN TEBAS, RODEADO DE UN IMPRESIONANTE TESORO. COMO ERA COSTUMBRE SE LLEVO A LA TUMBA SUS BIENES EN EL VIAJE A LA ETERNIDAD. EN LA ANTECAMARA DE LA TUMBA SE ENCONTRARON OBJETOS PERSONALES DEL FARAON Y ALGUNOS ALIMENTOS EL FARAON TENIA QUE SEGUIR ALIMENTANDOSE EN SU OTRA VIDA. AL LADO DE LA CAMARA SEPULCRAL DONDE ESTABA EL CUERPO MOMIFICADO.
UN COFRE DE MADERA DE DOS METROS CONTENIA LAS VISCERAS DE TUTANKAMON.
QUE SIGINIFICA TUTANKAMON? , SIGNIFICA LA VIVA IMAGEN DE AMON.
CUANDO TUTANKAMON MURIO, TRAS MOSTRAR UNA CLARA OPOSICION A LAS PERSECUCIONES REALIZADAS EN CONTRA DE LOS PARTIDIARIOS DE ATON, SE PUSO FIN A LA XVIII DINASTIA EGIPCIA.
FUE SUCEDIDO EN EL TRONO POR AY UN ALTO FUNCIONARIO DE LA CORTE DE AKENATON, TRAS DESPOSARSE CON LA JOVEN VIUDA DEL REY.
SU IMPORTANCIA LE LLEGO MUCHOS SIGLOS DESPUES Y RADICA EN QUE SU SEPULTURA FUE LA UNICA QUE PERMANECIÓ SIN SAQUEAR HASTA LA EDAD CONTEMPORÁNEA. A ESO SE SUMA LA CONOCIDA ” LA MALDICIÓN DEL FARAÓN” UN MISTERIO QUE HA RODEADO A TUTANKAMÓN DESDE AQUEL AÑO 1922.
LA MALDICIÓN DICE: QUE LA MALA SUERTE RODEARA A QUIENES HAYAN PROFANADO LA TUMBA DEL FARAON Y PARECE NO SER TAN DISPARATADA.
EL EGIPTOLOGO ZAHI HAWAS, QUIEN ESTA SUPERVISANDO ESTE CUARTO EXAMEN A LA MOMIA, DIJO QUE NO PODIA DESCARTAR LA LEYENDA DE LA MALDICION, YA QUE AHORA, CUANDO LA ABRIERON, OCURRIERON MUCHAS COSAS ESTRAÑAS: CASI HAY UN ACCIDENTE AUTOMOVILISTICO, EL VIENTO SOPLO EN EL VALLE DE LOS REYES (DONDE SE ENCONTRO LA TUMBA), Y LA COMPUTADORA DE TOMOGRAFIAS DEJO DE FUNCIONAR DURANTE DOS HORAS.
LA MOMIA ESTABA EN MUY MALAS CONDICIONES, DEBIDO A LAS HERRAMIENTAS QUE CARTER UTILIZO PARA SEPARARLA MASCARA DORADA, UNO DE LOS TESOROS MAS CONOCIDOS QUE SE PERMANECEN HASTA HOY EN EL MUSEO DE EL CAIRO.
EL SCCANER AL CUERPO DE LA MOMIA MOSTRO QUE EL CRANEO ESTABA INTACTO Y EL RESTO DEL CUERPO EN MAL ESTADO. LOS DEDOS DE SUS PIES Y DE SUS MANOS, ASI COMO CIERTOS HUESOS DE SU CARA, SE PUDIERON VER DENTRO DE UNA CAJA QUE LOS PROTEGE.
ESTA VEZ LA MOMIA SE RETIRO BREVEMENTE DE SU TUMBA. DE ACUERDO A LOS ESPECIALISTAS, NECESITA CONSERVAR LA TEMPERATURA INTERIOR DEL SARCOFAGO, POR LO CUAL INSERTARON EN EL UN APARATO QUE GARANTIZARA EN EL FUTURO LAS CONDICIONES IDELAES DE TEMPERATURA Y HUMEDAD.
HA SIDO LA PRIMERA VEZ DESDE LA APERTURA DE SU TUMBA QUE SE REALIZA UNA IMAGEN DIGITAL DEL ROSTRO DE TUTANKAMON, LA CUAL MUESTRA SUS RASGOS PRECISOS. EN TOTAL SE TOMARON 1700 IMAGENES DE SUS RESTOS SOLO EN 15 MINUTOS.
TUTANKAMON FUE SEPULTADO EN UN SISTEMA DE TRES SARCOFAGOS, ENCASTRADOS UNO DENTRO DEL OTRO, UNO DE ELLOS ES DE ORO MACIZO.

tutankamo.jpg

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AKENATHON

FARAONES

AQUI PONGO LO RELACIONADO CON AKENATHON DE TODOS MODOS SEGUIRE PUBLINCANDO MAS .
AKENATON

Amenofis IV, Akenaton, décimo faraón de la XVIII Dinastía, el llamado Rey Hereje, es probablemente uno de los faraones de Egipto más emblemático y desconocido por la falta de documentación que existe sobre él y la época amarniana. Akenaton era un poeta, un soñador sensible a la belleza, la humanidad y la justicia. Trece siglos antes de Cristo, todos los templos de Egipto fueron cerrados al culto, excepto el recién creado, dedicado a Aton, el disco solar. Estos cambios fueron producidos por Akenaton, que gobernó en las Dos Tierras durante algo menos de veinte años, aunque se dispone de poca información, ya que fue borrado de las listas de reyes de Egipto.

En el siglo XIX, un grupo de arqueólogos que trabajaba en Tebas, descubrieron los restos de una ciudad, cuyos restos eran completamente diferentes a todo lo visto hasta el momento en Egipto. A 300 Km. Al Sur del Cairo, acababan de descubrir la ciudad de Akhet-aton, y la llamaron El Amarna. Su estado era casi ruinoso, aunque comenzaron a encontrar vestigios interesantes en el interior de sus tumbas. En primer lugar, se observaba que no estaban representados los dioses como era costumbre, sino un solo dios, Aton, el disco solar. Otra característica diferente fue el encontrar representaciones de la vida familiar del faraón, aspecto que no se había contemplado en el arte hasta el momento.

Casi toda la documentación de que disponemos está sacada de los grabados en templos y tumbas en la ciudad de Amarna.

Amenofis IV nació hacia el año 1.377 A.C., durante el decimoctavo reinado de su padre, en pleno apogeo del país. Era el segundo hijo del faraón, por lo que en un principio, no era el heredero. Fue educado en la tradición religiosa heliopolitana, y nombrado sucesor después de la muerte prematura de su hermano y heredero oficial, Tutmosis. Ésto ocurrió en el trigésimo años de reinado de Amenofis III, durante su primera fiesta Sed.

El arte de la guerra había evolucionado con el uso de carros de combate, por lo que el Imperio se extendía desde Sudán hasta Turquía.

©Busto de Akenaton.Museo Egipcio de El Cairo

Su padre, Amenofis III, noveno faraón de la XVIII dinastía, fue un diplomático. Su reinado se caracterizó por la ausencia de conflictos bélicos, y el Imperio era bastante estable. Sus contactos comerciales se extendían por Babilonia, Mitanni, Hatti, Siria, y Chipre, entre otros. Gobernaba un gran imperio, rico y con muy buenas relaciones comerciales.

Su madre era la princesa semítica Tiy. Algunos historiadores suponen que su nacimiento fue en el palacio de Malgatta, en la orilla oeste de Tebas.

La capital religiosa era Tebas, y el culto iba dirigido a numerosos dioses. Para los antiguos egipcios, el sentido de religión difería de cómo la vemos ahora nosotros. Para ellos sus dioses no eran más que las respuestas a fenómenos naturales, del cual el más importante era el Sol, fuente de la vida, representado como Amon-Ra, dios de dioses en la época.

Cada dios tenía su templo, sus sacerdotes, y su culto diario. Los templos eran ricos y la clase sarcedotal tomaba cada vez más poder. Esto pudo influir en Amenofis IV a la hora de decidir su revolución religiosa.

Cuando Amenofis IV ascendió al trono tendría alrededor de 20 años, hacia el 1358 A.C. y estaba casado ya con Nefertiti, que no tenía ascendencia real, con la que tuvo varias hijas: Mery-Atón, Meket-Atón y Ankhesenpa-atón, Nefer-Neferu-Atón, Nefer-Neferu-Ra y Step-en-Ra.

©Busto de Princesa de Amarna

Museo Egipcio de El Cairo

Al poco tiempo de ser faraón, implantó el culto a Aton, disco solar, representado unas veces como un sol que baña con sus rayos al rey, y otras veces con forma humana y cabeza de halcón

Tres años después de su coronación, realizó su primera fiesta sed, reservada al 30 aniversario de reinado, en la que invitaba a comer a todos los asistentes, hecho que fue muy bien recibido por el pueblo.

Durante el jubileo, aprovechó para inaugurar el primer templo dedicado exclusivamente a Aton. En él lo representaba como un sol, cuyos rayos eran manos que dan la vida al faraón.

©Estatua de Akhenaton. Museo Egipcio de El Cairo

Durante los primeros cinco años de su reinado, su capital estaba en Tebas, pero poco a poco fue distanciándose del clero de Amon, cambiándola a El Amarna, como veremos a continuación.

Los sacerdotes de Amon, en Tebas, se dieron cuenta de que su poder estaba siendo amenazado.

Fue un profundo cambio religioso y social. Quedó también representado en el arte. Se abandonaron las figuras rectas a favor de líneas muy redondeadas y femeninas. El hecho de crear un arte tan particular, puede ser debido a su deseo de romper con el pasado. En sus representaciones, Akenaton aparece con el cuerpo deformado, la cara y cuello muy alargadas, y las caderas excesivamente anchas. Para algunos historiadores, podría ser debido a una enfermedad degenerativa.

La mayoría de los textos y monumentos habían sido destruidos, utilizando sus piedras para construcciones posteriores. Durante más de 30 años, arqueólogos trabajaron en la reconstrucción de muchos restos, logrando centenares de escenas de la época, que nos pueden arrojar más luz sobre este fascinante personaje.

A finales de los años 70, escondido en el interior de la puerta de un templo, se encontró un documento que contenía un discurso de Akhenaton a su pueblo:

“Lo sé todo sobre los dioses, pero todos ellos se han terminado. Aunque estén hechos de oro, plata y piedras preciosas, mi dios es el que no ha sido creado, el creador. Ningún hombre lo ha moldeado…”

Para los egipcios, este nuevo culto amenazaba las leyes de Maat, y, por tanto, toda la vida del pueblo.

Amon, junto a otros dioses, desaparece del culto, por lo que los sacerdotes se ven amenazados, viendo peligrar su posición y sus riquezas. Todos los templos tuvieron que pagar un tributo al templo de Aton. Akenaton estaba tratando de acabar con las influencias de los sacerdotes y aumentar el poder absoluto del faraón. Él era el sumo sacerdote de Aton.

Su esposa, Nefertiti era frecuentemente representada en el arte amarniense con la corona de faraón. Se cree que pudo ser pieza clave en política, aunque no se sabe con certeza si abrazó la fe de su esposo. Es posible que hubiera incluso desavenencias matrimoniales por esta causa.

Akenaton, encontrando en Tebas mucha oposición a sus planes, trasladó la corte lejos de los sacerdotes de Amon, a un territorio al Oeste del Nilo, en pleno desierto, donde construyó la ciudad de Akhet-aton, estableciendo allí la capital. Fue llamada ciudad del Horizonte, dada la similitud entre la salida del sol por sus colinas, y el jeroglífico correspondiente al horizonte.

En ella construyó un gran palacio, un templo dedicado a Aton y tumbas similares a las del Valle de los Reyes. Cerró todos los templos, destruyó las referencias a Amon, y prohibió cualquier referencia a los dioses del pasado. Esto fue concebido por los sacerdotes de Amon como un insulto, e hizo temer al pueblo. A la muerte del Rey, la ciudad fue abandonada, y no se volvió a utilizar, al considerarla maldita.

©Akhenaton, Nefertiti y tres hijas.

Museo Egipcio de El Cairo

Aprovechando la coyuntura, los hititas comenzaron a avanzar sobre el Norte de Egipto, dominando Mittani. A Akenaton pareció no importarle demasiado, probablemente debido a las constantes desavenencias entre los pueblos del norte, que se aliaban con los egipcios o los hititas, según su conveniencia. Varios aliados del Norte de Egipto, se unieron a los hititas, y el país fue perdiendo territorios.

A su vez, la situación interna del país era delicada.

Hacia el año 24 de su reinado, Nefertiti dejó de ser la primera esposa. Akhenaton nombró un corregente, con el que se le representaba en disposición muy afectuosa, por lo que algunos historiadores llegaron a presumir su homosexualidad. Estudios posteriores revelan que ese corregente podría ser la propia Nefertiti.

En algún momento aún sin determinar, desapareció de la vida pública. No se sabe cómo murieron ni él ni Nefertiti. Tampoco se sabe exactamente cómo fue la sucesión, aunque en las listas de reyes aparece Semenkhkare .

Tras éste, Tutankhamon tuvo que reestablecer el orden anterior, eliminando el culto a Aton, abriendo los templos, estableciendo el culto a los otros dioses, y estableciendo su capital en Menfis de nuevo. Los sucesivos reyes destruyeron Amarna, y borraron toda evidencia de la existencia de Akenaton, eliminándolo incluso de las listas de reyes. Con él se cerró un nuevo período de la historia de Egipto, tan desconocido como atractivo, la época de Amarna.

El enigma Nefertiti

No podía imaginar el arqueólogo alemán James Simon para unos, o Borchant para otros, cuando hurgaba entre la tierra en las ruinas de Amarna, que en aquel taller del escultor llamado Tutmis, abandonado hacía más de tres mil años, encontraría entre otras, la escultura en yeso de una de las mujeres más bellas del antiguo Egipto.

La suerte del abandono repentino del taller, por razones no explicadas históricamente, y la caída sobre un lecho de arena de la escultura policromada salvó para civilizaciones posteriores la imagen de una de las reinas de Egipto que fue polémica y que estuvo inmersa en cambios repentinos en aquella sociedad.

Nefertiti era hija de Ay, hermano mayor de la reina Tiy o Teye, esposa principal del faraón Amenotep III el Magnífico. Ay se había casado tres veces, la primera con una mujer de gran belleza cuyo nombre se ignora y que fue la madre de Nefertiti, la cual murió al dar a luz a su única hija en el año 1.397 a.C. Su segunda boda fue con Tey, famosa también por su belleza de la que tuvo otra hija a la que llamaron Mutnedjemet y la tercera boda fue con su propia nieta a los 82 años.

Nefertiti se llamaba realmente Nofretete, que significa ‘la belleza que nos llegó de allí’, se crió junto a su medio hermana Mutnedjemet, cuatro años más joven que ella, y desde su pubertad ya era admirada por su belleza. De pechos pequeños, esbelta y de pequeña estatura, como casi todas las mujeres de los países cálidos, que desarrollan muy jóvenes lo que frena el crecimiento corporal.

Desde muy pequeña sentía un gran afecto por su joven primo Amenhotep, que sería más tarde Akhenaton o Amenhotep IV con el cual se casó a la edad de 16 años en el 1.381 a.C. y en ese mismo año tiene a su primera hija y al año siguiente su marido pasa a ser faraón.

El primer problema que tuvieron que sortear fue el quitarle al clero su enorme preponderancia, la estrategia fue la de abolir la religión politeísta y dictaron la adoración a un sólo dios; el disco Solar, Ra-Horakhte, y mandan construir el primero de los ocho templos en honor a Aton, prohiben que a las divinidades le coloquen cabezas de animales y cambian el nombre de la ciudad de Tebas por el de El esplendor de Aton. En éste tiempo nace otra hija del matrimonio y también otra fruto de los amores incestuosos del faraón, su marido, con su propia madre a la que llamaron Servidora de Aton.

En el quinto año de su reinado se celebran las fiestas de su coronación en Tebas y entonces se producen graves revueltas populares que son aplastadas sin consentimiento del faraón por su general Horenheb. Como consecuencia de esto el faraón decide marcharse de esa ciudad ‘corrompida e ingobernable’ y se traslada río abajo y a unos 125 kilómetros pasa la noche en un lugar donde más tarde funda la ciudad de Et-Till-El-Amarna, la actual Amarna, eso ocurría el 13 del octavo mes del sexto año de su reinado. Esta ciudad es la primera que se conoce en la historia que tuvo un plan general urbanístico.

Al noveno año de su reinado se termina la ciudad con calles anchas, rectas y largas, zonas verdes, grandes palacios y en su centro el gran templo de Aton y es aquí donde nace el único hijo del faraón y que es concebido por su propia madre en unas relaciones incestuosas tan normales en aquella época, a este niño se le pone el nombre de Tutankamon , más tarde sería faraón de Egipto. Un año más tarde ocurre algo impensable para aquella época, se deshace el matrimonio de Nefertiti y el faraón, cuando ella tenía treinta años. Desde este momento sólo sabemos que Nefertiti vive en el llamado castillo norte situado al norte de la nueva capital hasta la muerte del faraón, posiblemente envenenado, cinco años más tarde.

Se especula con la posibilidad de que fue regente al ser nombrado faraón Tutankamon, ya que sólo tenía nueve años y que su muerte se produjo en Amarna ciega por un tracoma, enfermedad que asolaba el país. Pero lo cierto es que desde su separación del faraón su vida permanece oculta tras un velo de misterio hasta hoy, sin saberse donde está enterrada su momia.

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RAMSES EL GRANDE

FARAONES

LA MUERTEDE RAMSES EL GRANDE, FUE COMO LA MUERTE DE UN DIOS, RAMSES TUVO UN DESTINO EXTRAÑO:SU EXIXTENCIA FUE TAN LARGA QUE SOBREVIVIO A MUCHOS DE SUS DESCENDIENTES. MURIO CASI CENTENARIO TRAS 67 AÑOS DE REINADO Y ONCE FESTIVALES HEB-SED A SUS ESPALDAS. SU MOMIA, DESCUBIERTA EN 1881.
ANTES DE SU MUERTE CON ALREDEDOR DE 90 AÑOS, RAMSES II ANDABA ENCORVADO Y TENIA DEFORMACIONES EN LA COLUMNA VERTEBRAL DEBIDO A LA ARTRITIS. TENIA TAMBIEN EFECCIONESEN LAS ENCIAS. SUS DIENTES ESTABAN EN MUY MAL ESTADO Y TENIA ABCESOS DENTALES.
EN EL MOMENTO DE SU MUERTE TENIA UNA IMPORTANTE INFECCION QUE CON SEGURIDAD LE PROVOCO FUERTES DOLORES LOS ULTIMOS DIAS DE SU VIDA.
CUANDO FINALMENTE MURIO HABIA SOBREVIVIO A TRECE HEREDEROS. CON SU MUERTE,EL PAIS INICIO UN LENTO PROCESO DE DECADENCIA QUE NO LOGRARIA SUPERAR. SU CUERPO FUE DESCUBIERTO EN EL ESCONDITE DE DEIR EL-BAHARI JUNTO A OTRAS MOMIAS REALES.
SU MOMIA REPOSA ACTUALMENTE EN EL MUSEO DE EL CAIRO TRAS HABER VIAJADO EN 1976 A PARIS, DONDE FUE RECIBIDO CON HONORES MILITARES RESERVADOS A GRANDES JEFES DE ESTADO.
ESTE VIAJE FUE PREPARADO CUANDO A MEDIADOS DE LOS 70 EMPEZO A HACERSE EVIDENTE EL DETERIORO DE LA MOMIA AL COMPARARLA CON LAS FOTOGRAFIAS QUE SE LE TOMARON EN 1912.
UNA VEZ EN PARIS, ADEMAS DE LAS EVIDENTES FRACTURAS DE PIEL QUE SUFRIA Y EL DETERIORO DE ESTA, SE COMPROBO QUE INCLUSO EL AGUJERO DEL TORAX HABIA AUMENTADO DEBIDO A LA HUMEDAD A LA QUE HABIA ESTADO EXPUESTA.PRUEBAS REALIZADAS DIERON COMO RESULTADO QUE DEBIDO TAMBIEN A LA HUMEDAD Y LA TEMPERATURA SE HABIAN DESARROLADO UN IMPORTANTE NUMERO DE BACTERIAS Y HONGOS QUE REPRESENTABAN UN IMPORTANTE PELIGRO PARA LA CONSERVACION DE LA MOMIA.GRACIAS A UN TRATAMIENTO DE IRRADIACION CONTROLADA DE RAYOS GAMMA ESTE PROBLEMA PUDO RESOLVERSE.

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RAMSES II

FARAONES

Nieto de Ramsés I e hijo de Seti I, se cree que Ramsés II no había sido el primogénito del faraón, sino que tenía un hermano mayor cuyo nombre no ha perdurado. Pero su padre quiso asegurar la sucesión en vida designándole heredero y vinculándolo al poder en calidad de corregente. Al joven príncipe le fue otorgado entonces un palacio real y un importante harén, y debió acompañar a Seti en las campañas militares emprendidas para sofocar las rebeliones en Palestina y Siria. También lo secundó en la guerra contra los hititas que habían ocupado los territorios de Siria.

De modo que cuando en 1301 llegó al trono, poseía ya una vasta experiencia militar, a pesar de su extrema juventud. Al nacer había recibido el nombre de Ramsés -II que ha conservado la historia-, y en la ceremonia de coronación, además de recibir el cetro y el látigo (las insignias sagradas destinadas a introducirle en el rango de los grandes dioses), le fueron otorgados cuatro nombres: «toro potente armado de la justicia», «defensor de Egipto», «rico en años y en victorias» y «elegido de Ra». A partir de ese momento su vida fue la de un rey-dios, hijo de dioses, objeto de culto y adoración general. Fue un faraón tan absoluto como su padre y llegó a identificarse con Dios más que los gobernantes anteriores. La distancia que lo separaba del pueblo era aún mayor que la de Keops.

Ramsés y Nefertari

Comenzó su reinado con el traslado de la capital desde Tebas hasta Tanis, en el delta, a fin de situar la residencia real cerca del punto de mayor peligro para el imperio, la frontera con Asia. Sus primeras campañas militares se dirigieron a recobrar las fértiles tierras de «entre ríos», en los valles de los ríos Tigris y Éufrates, y ya en el cuarto año de su reinado comenzaron las incursiones por Asia. La primera de ellas tuvo como objeto someter Palestina, a fin de obtener una base de operaciones que le permitiera invadir Siria, tal como había hecho su padre con relativo éxito. Al año siguiente, los hititas allí instalados le dejaron avanzar hasta el río Orontes, a los pies de las murallas de Kadesh, donde fue cercado por el ejército enemigo. Creyendo haber ganado la batalla, los hititas intentaron el asalto al fortín del faraón para repartírselo. En medio de la confusión, Ramsés cargó contra ellos y transformó la derrota en una relativa victoria. Su hazaña en Kadesh se cantó en una de las muestras más brillantes de la poesía épica egipcia: el Poema de Kadesh, profusamente grabado en los templos.

Trece años después de la batalla de Kadesh, en 1294, logró firmar un tratado de paz, el primero del que se tiene noticia histórica, con el rey hitita Hattusil. Dicho tratado se vio reforzado una década más tarde merced a los sucesivos matrimonios de Ramsés con dos hijas del rey.

Consolidadas las relaciones entre ambos imperios y apaciguados los problemas de fronteras, la gestión de Ramsés dio a su reinado la imagen de esplendor legada a la posteridad. Dada la prosperidad del país, se supone que fue un administrador competente y un rey popular: su nombre se encuentra en todos los monumentos de Egipto y Nubia. Su instinto lo llevó a convertirse en el «rey constructor» por excelencia: engrandeció Tebas, completó el templo funerario de Luxor, erigió el Ramesseum, terminó la sala hipóstila de Karnak e hizo importantes reformas en el templo de Amenofis III.

Su familia comprendía varias esposas: la primera y quizá favorita fue Nefertari, que murió tempranamente. Otras reinas fueron Isinofre, que le dio cuatro hijos -entre ellos Merenpta, el sucesor-, y las princesas hititas Merytamun y Matnefrure. El faraón poseía también un vasto harén y se dice que en su larga vida llegó a tener más de cien hijos.

A su reinado corresponde, según sostienen algunos historiadores, el primer «éxodo» de los judíos. Ramsés el Grande, tuvo, por otra parte, un destino extraño: su existencia fue tan larga que sobrevivió a muchos de sus descendientes, entre ellos a su hijo favorito Khaem-uaset, reputado mago y gran sacerdote de Ptah. Murió casi centenario y su momia, descubierta en 1881, es la de un hombre viejo, de cara alargada y nariz prominente. Fue sin duda el último gran faraón, ya que sus sucesores, Merenpta y Ramsés III, se vieron obligados a llevar una política defensiva para mantener la soberanía en Palestina. Posteriormente, la decadencia interna habría de terminar con el poder de Egipto más allá de sus fronteras.

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LA VIDA TUTANKAMON

FARAONES

Faraón egipcio de la XVIII dinastía (?, h. 1372 – Tebas ?, 1354 a. C.). Tutankamón era yerno del faraón Akenatón, que murió sin dejar hijos varones; por ello le sucedieron sus yernos, Semenkera y Tutankamón; este último, hermano del anterior, accedió al Trono hacia el 1360 a. C. De hecho, hasta la muerte de su suegro, Tutankamón llevó el nombre de Tutankatón, en honor del dios solar Atón cuyo culto había impulsado Akenatón con carácter casi monoteísta.

Tres años después de acceder al Trono, el nuevo faraón restableció el culto tradicional y, consiguientemente, el poderío de los sacerdotes de Amón, seriamente debilitado en el reinado anterior; al mismo tiempo, devolvió la capitalidad a Tebas, abandonando la capital creada por Akenatón en Amarna; y para simbolizar estos cambios, sustituyó su propio nombre por el de Tutankamón (que significa «la viva imagen de Amón).

Máscara de Tutankamón

El reinado de Tutankamón no tuvo otro significado que este restablecimiento del orden tradicional del Egipto faraónico, bajo la influencia de los sacerdotes y generales conservadores. Tutankamón murió cuando sólo contaba 18 años y llevaba seis de reinado, probablemente en un motín palaciego.

Tutankamón debe su fama a que su tumba fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea; su descubrimiento por Howard Carter en 1922 constituyó un acontecimiento arqueológico mundial, mostrando el esplendor y la riqueza de las tumbas reales y sacando a la luz valiosas informaciones sobre la época.

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LA VIDA DE HATSHEPSUT

FARAONES

EL MISTERIO DE LA MOMIA HATSHEPSUT, FUE LA PODEROSA FARAONA DEL ANTIGUO EGIPTO, NO REPOSABA EN NINGUNA DE LAS TUMBAS CONSTRUIDAS EN SU HONOR EN EL VALLE DE LOS REYES.
LA MOMIA DE 3400 AÑOS DE ANTIGUEDAD, YACIO DURANTE AÑOS OLVIDADA Y ANONIMA EN LOS SOTANOS DEL MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO.
HATSHEPSUT FUE UNA SOBERANA DE LA 18A DINASTIA QUE REINO DURANTE CERCA DE 21 AÑOS EN EL SIGLO 15 a.c.
FUE LA SEGUNDA MUJER QUE SE SABE ASUMIO EL PODER FORMALMENTE COMO “SOBERANA DEL ALTO Y BAJO EGIPTO2, DESPUES DE SOBEKNEFERU, DE LA 12a DINASTIA.
ES UN PERSONAJE MUY CARISMATICO YA QUE NO LE CORRESPONDIA GOBERNAR Y SIN EMBARGO SE IMPUSO SOBRE SU HERMANO TUTMOSISII, Y SOBRE HEREDERO LEGITIMO AL TRONO, TUTMOSIS III.
NO ES QUE HICIERA GRANDES COSAS MAS BIEN SU FAMA SE DEBE A LAS CIRCUSTANCIAS EN QUE LLEGO AL TRONO.
HATSHEPSUT SE VISTIO COMO HOMBRE-INCLUIDA LA BARBA POSTIZA Y SE AUTOPROCLAMÓ” FARAÓN DE EGIPTO”.
EL PODER DE HATSHEPSUT SE EXTENDIO A LO LARGO Y ANCHO DE EGIPTO Y LOGRO UN REINADO PROSPERO.
FUE ADMAS UNA CONSTRUCTORA PROLIFICAS DEL ANTIGUO EGIPTO, YA QUE COMISIONO CIENTOS DE PROYECTOS ARQUITECTONICOS.
HOY EN DIA, SU TEMPLO FUNERARIO CERCA DEL VALLE DE LOS REYES , EN EL ALTO EGIPTO, ES UNO DE LOS MONUMENTOS MAS FAMOSOS.
PERO DESPUES DE SU MUERTE SU MEMORIA FUE PERSEGUIDA EN LO QUE SE PIENSA FUE UNA VENGANZA DE TUTMOSISIII.Y DESPUES LOS POSTERIORES FARAONES SE ENCARGARON DE OMITIT EL NOMBRE Y LEGADO DE HATSHEPSUT DE LAS LISTAS REALES Y REGISTROS HISTORICOS.
LOS MONUMENTOS EN HONOR DE HATSHEPSUT FUERON DESTRUIDOS Y SU MOMIA FUE RETIRADA, LO QUE RODEO A SU MUERTE MISTERIO.
QUE DUDAS HABIA SOBRE LA MOMIA:
EN 1903 HOWARD CARTER DESCUBRIO DOPS MOMIAS EN LA KV-60 (TUMBA 60 DEL VALLE DE LOS REYES).
SE DICE QUE ESTE HA SIDO UNOS DE LOS HALLAZGOS ARQUEOLOGICOS MAS DESCORCENTANTES YA QUE CONTENIA DOS MOMIAS DE MUJERES NO INDENTIFICADAS.
TRES AÑOS DESPUES SE LOGRO IDENTIFICAR A SIT-RA , LA NODRIZA DE HATSHEPSUT, PERO LA OTRA MOMIA FUE COLOCADA EN LOS SOTANOS DEL MUSEO DE EL CAIRO Y ABANDONADA HASTA 1990.
DESDE ENTONCES SE ESPECULO QUE PODRIA SER LA FARAONA POR EL HECHO DE QUE SU BRAZO IZQUIERDO ESTABA DOBLADO EN UNA POSICION QUE SE CREE CARACTERIZADA A LOS ENTIERROS REALES.
TAMBIEN LLEVABA UNA MASCARA DE MADERA, POSIBLEMENTE, DICEN LOS ARQUEOLOGOS, PARA PODER COLOCAR LA BARBA FALSA.
EL MISTERIO DE LA MOMIA HATSHEPSUT, FUE LA PODEROSA FARAONA DEL ANTIGUO EGIPTO, NO REPOSABA EN NINGUNA DE LAS TUMBAS CONSTRUIDAS EN SU HONOR EN EL VALLE DE LOS REYES.
LA MOMIA DE 3400 AÑOS DE ANTIGUEDAD, YACIO DURANTE AÑOS OLVIDADA Y ANONIMA EN LOS SOTANOS DEL MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO.
HATSHEPSUT FUE UNA SOBERANA DE LA 18A DINASTIA QUE REINO DURANTE CERCA DE 21 AÑOS EN EL SIGLO 15 a.c.
FUE LA SEGUNDA MUJER QUE SE SABE ASUMIO EL PODER FORMALMENTE COMO “SOBERANA DEL ALTO Y BAJO EGIPTO2, DESPUES DE SOBEKNEFERU, DE LA 12a DINASTIA.
ES UN PERSONAJE MUY CARISMATICO YA QUE NO LE CORRESPONDIA GOBERNAR Y SIN EMBARGO SE IMPUSO SOBRE SU HERMANO TUTMOSISII, Y SOBRE HEREDERO LEGITIMO AL TRONO, TUTMOSIS III.
NO ES QUE HICIERA GRANDES COSAS MAS BIEN SU FAMA SE DEBE A LAS CIRCUSTANCIAS EN QUE LLEGO AL TRONO.
HATSHEPSUT SE VISTIO COMO HOMBRE-INCLUIDA LA BARBA POSTIZA Y SE AUTOPROCLAMO”FARAON DE EGIPTO”.
EL PODER DE HATSHEPSUT SE EXTENDIO A LO LARGO Y ANCHO DE EGIPTO Y LOGRO UN REINADO PROSPERO.
FUE ADMAS UNA CONSTRUCTORA PROLIFICAS DEL ANTIGUO EGIPTO, YA QUE COMISIONO CIENTOS DE PROYECTOS ARQUITECTONICOS.
HOY EN DIA, SU TEMPLO FUNERARIO CERCA DEL VALLE DE LOS REYES , EN EL ALTO EGIPTO, ES UNO DE LOS MONUMENTOS MAS FAMOSOS.
PERO DESPUES DE SU MUERTE SU MEMORIA FUE PERSEGUIDA EN LO QUE SE PIENSA FUE UNA VENGANZA DE TUTMOSISIII.Y DESPUES LOS POSTERIORES FARAONES SE ENCARGARON DE OMITIT EL NOMBRE Y LEGADO DE HATSHEPSUT DE LAS LISTAS REALES Y REGISTROS HISTORICOS.
LOS MONUMENTOS EN HONOR DE HATSHEPSUT FUERON DESTRUIDOS Y SU MOMIA FUE RETIRADA, LO QUE RODEO A SU MUERTE MISTERIO.
QUE DUDAS HABIA SOBRE LA MOMIA:
EN 1903 HOWARD CARTER DESCUBRIO DOPS MOMIAS EN LA KV-60 (TUMBA 60 DEL VALLE DE LOS REYES).
SE DICE QUE ESTE HA SIDO UNOS DE LOS HALLAZGOS ARQUEOLOGICOS MAS DESCORCENTANTES YA QUE CONTENIA DOS MOMIAS DE MUJERES NO INDENTIFICADAS.
TRES AÑOS DESPUES SE LOGRO IDENTIFICAR A SIT-RA , LA NODRIZA DE HATSHEPSUT, PERO LA OTRA MOMIA FUE COLOCADA EN LOS SOTANOS DEL MUSEO DE EL CAIRO Y ABANDONADA HASTA 1990.
DESDE ENTONCES SE ESPECULO QUE PODRIA SER LA FARAONA POR EL HECHO DE QUE SU BRAZO IZQUIERDO ESTABA DOBLADO EN UNA POSICION QUE SE CREE CARACTERIZADA A LOS ENTIERROS REALES.
TAMBIEN LLEVABA UNA MASCARA DE MADERA, POSIBLEMENTE, DICEN LOS ARQUEOLOGOS, PARA PODER COLOCAR LA BARBA FALSA.
DE TODOS MODOS SE SEGUIRA INVESTIGANDO MAS SOBRE SU VIDA AHORA QUE SE SABE QUE ES ELLA.

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