El Riego en el Antiguo Egipto
CIENCIAS Y TECNOLOGÍA, COSTUMBRES, EL RIO NILO, SOCIEDADDesde los primeros tiempos en el Antiguo Egipto existía un “departamento de riego” muy bien organizado, equivalente a un Ministerio, cuyos jefes eran siempre los más famosos arquitectos de Egipto. A menudo en la documentación que aparece sobre la vida y costumbres del pueblo Egipcio, se encuentra entre los títulos de los más altos dignatarios, el de “el jefe de riego”,
Uno de los principales ocupaciones de este Departamento era el de vigilar la crecida y el descenso del nivel de las aguas del Nilo. Para ello se excavaban pozos que comunicaban con el río y en los cuales se colocaba un palo o escala que indicaba el nivel más alto del agua en cada año, a estos aparatos de medición se les denominó Nilómetros. Esta información se daba a conocer, mediante mensajeros, a todas las ciudades para que todo el mundo, pudiera saber cuándo se producirían las crecidas del Nilo y así mismo evitar el nerviosismo entre los agricultores.
Los “Nilómetros” más antiguos datan del Período Predinástico. Uno bastante conocido es el construido en Memphis hacia el año 3000 A.C. Strabo cita otro en Elefantina cerca de la primera catarata donde el nivel del agua era mucho más alto que en Memphis. Hoy en día aun se pueden ver algunos a lo largo de las Riberas del Nilo. Los turistas pueden ver uno de estos nilómetros en la isla Elefantina, en Asuán.
En tiempos de Ramses III (1200 a.C.) además de inspectores de diques, jefes de canales, vigilantes de Nilómetros, oficiales para abrir las presas etc. existían “Tribunales de agua” encargados de vigilar los riegos, distribución y medida de las tierras inundadas y de resolver los conflictos que de esto se derivara.
La imprevisión a veces de las inundaciones, hizo muy importante también la construcción de presas y lagos artificiales aprovechando depresiones del terreno o lugares donde podía hacerse llegar el agua del río y dejarla embalsada para ser utilizada en períodos de sequía. Muchos textos nos hablan de la ausencia de inundaciones durante siete años seguidos, en el reinado de Zoser de la III Dinastía (2600 a.C.) y del hambre que sufrió Egipto en esa época. Unos 200 años más tarde, con Amenemhat II se comenzó a utilizar la depresión de Fayun para aumentar la capacidad del lago que este oasis tiene desde épocas prehistóricas.
También existían máquinas o artilugios de aspecto mucho más sencillo y sin embargo igualmente útiles, usados para poder regar campos. En la época en la que se retiraban las aguas, después de la inundación, la orilla del cauce quedaba muy alta, unos 4-5 m por encima del nivel de las aguas y algunos lugares mucho más. Esto hacía necesaria la utilización de “elevadores de agua” para poder regar las tierras limítrofes.
Se conocen varios tipos de maquinarias que realizaban esta función. Una de las más conocidas es el sadhuf o sadhoof. Esta se encuentra representada en pinturas de tumbas de las Dinastías XVIII y XIX (1500 – 1100 a.C.) Consistía en un largo palo de forma cónica casi horizontal, que se apoyaba en un mecanismo oscilante o de balancín. Del extremo largo cuelga un cubo, generalmente de piel, y del extremo corto un contrapeso. Un hombre empuja hacia abajo el cubo introduciéndolo en el agua y una vez lleno el contrapeso le ayuda a elevarlo. Cuando la altura es grande pueden utilizarse varios a distintos niveles.
No ha llegado ninguno hasta nosotros porque los materiales, con los que estaban hechos: madera, piel o barro no han resistido el paso del tiempo y se han destruido. Existían algunas variantes en las que el contrapeso era sustituido por otra persona que tiraba hacia abajo. También un solo hombre podía manejarlo apoyándose en el pie.
En la actualidad es frecuente su uso en Egipto y en el mundo árabe en general, para salvar pequeños desniveles y regar campos también pequeños.
Se cree que el shaduf fue introducido en Mesopotamia desde Egipto después de la conquista de Sennacherib pero no hay documentación que lo confirme.
Otra máquina, aunque posterior, para elevar el agua fue la Saqiya: aparece en el período Ptolemaico el que marca un avance fundamental en los sistemas de irrigación. La saqiya consiste en una noria horizontal, movida por tracción animal, un buey que da vueltas en círculo alrededor de ella. Los recipientes que se encuentran en sus extremos recogen el agua, expulsándola, cuando llegan a la parte más alta, y vertiéndola en un canalón de madera que llega hasta el campo a regar. Es el método más eficaz porque el caudal de agua es mayor, más continuo y el agua puede llegar a mayor altura para irrigar campos más elevados. Al igual que los otros sistemas mencionados, aún hoy puede verse éste en Egipto.
Con anterioridad a la Dinastía XVIII y antes de que hiciese su aparición el shaduf, el método que se utilizaba para el riego de los campos resultaba bastante rudimentario. Los hombres transportaban el agua hasta los jardines en dos jarras de cerámica que anudaban con una cuerda a los extremos de una vara, permitiendo ser llevada en los hombros. Las escenas de las tumbas que muestran este sencillo sistema de riego se ciñen a pequeñas parcelas de terreno a los que no llega la inundación. En la Tumba de Mereruka (IV Dinastía, Saqqara) se puede encontrar un relieve representando esta actividad.
Otro método fue la creación de canales artificiales. Siendo la agricultura el medio de vida por excelencia para los antiguos egipcios, resultaba fundamental la organización de los sistemas de regadío para los campos. El Nilo inundaba las tierras dejando tras su paso el negro lodo fértil. Sin embargo, en un momento determinado de la Historia de Egipto el efecto natural producido por el Nilo tuvo que ser ayudado por sistemas artificiales de riego. Por ello fue necesario construir redes de canales que llevasen el agua a las zonas a donde no llegase naturalmente. El problema es determinar en qué momento comenzó la construcción de los canales.
Una teoría aceptada hasta hace pocos años fue la que argumenta que desde muy temprano, según algunos incluso desde la época Predinástica, la organización y desarrollo del estado fue consecuencia de la necesidad de construcción, mantenimiento y reparación de los canales de irrigación, dado que todo el sistema se hallaba absolutamente centralizado.
De este modo, se organizó a la población a fin de que varios días al año participasen y colaborasen con el estado en la construcción y mantenimiento de estos canales. Es este tipo de impuesto que pagaban los ciudadanos lo que se ha venido en llamar corvée.
Debido a la practicidad de la mentalidad egipcia y la interrelación existente entre los aspectos socio-culturales, político-administrativos y económicos, este sistema organizativo empleado para la producción en los campos fue trasladada al campo constructivo. De esta forma, edificaciones como templos y pirámides eran erigidos gracias al trabajo de personas libres, agricultores, quienes durante los períodos de inundación carecían de la posibilidad de trabajar en los campos y se veían reclutados por el estado.
Sin embargo, tras el estudio de los documentos sobre irrigación artificial de que se disponía, la teoría expuesta ha quedado en desuso ya que se ha podido comprobar, por una parte, que las menciones más antiguas a canales se encuentran en los textos de las pirámides pero siempre referidos a transporte vía fluvial, no a regadío. Es más, si los agricultores fuesen destinados durante la época de la inundación a trabajar en la construcción de canales de irrigación en base a un sistema organizativo centralizado, debería quedar constancia de tal hecho en los decretos reales, cosa que no ocurre ni en la VI ni en la VII Dinastías. La única referencia a canales de irrigación en la VI Dinastía proviene de un decreto de protección emitido por el rey Pepi I, sobre exención de impuestos. En lugar de un sistema centralizado, se ha comprobado que la construcción de canales y su conservación así como la distribución y adjudicación del agua se encontraba en manos de instituciones locales, lo cual tampoco niega la existencia de un interés del poder central y cuya causa deviene del pago de impuestos, esto es, a mejor irrigación, mayor cosecha y, por tanto, mayor facilidad en pagar los impuestos lo que beneficia a las arcas del estado; o por proyectos a nivel nacional como los llevados a cabo en el Delta, El-Faiyum, etc.
Tampoco existe ninguna representación de la construcción de canales para el regadío en las tumbas del Imperio antiguo.
No será hasta el Imperio Medio cuando realmente sea necesaria la irrigación artificial debido a la escasez en las inundaciones y en la lluvia, siendo a partir de este momento cuando se empieza a dotar a Egipto de una red hidrológica e instalaciones adecuadas a las nuevas necesidades, lo que permite diferenciar dos tipos de campos de cultivo, siendo los irrigados artificialmente y, por tanto, de nuevo uso, los que proporcionaban dos cosechas al año. Y, es de esta época cuando, por primera vez se conoce un documento que hace referencia a la construcción de un canal de irrigación, en concreto en la tumba del príncipe Khety, en Beni Hasan
La importancia de la irrigación continua de los campos era tal que, incluso en el El Libro de los Muertos(*6), son recogidas las siguientes menciones:
33.- No obstruí el agua cuando debía correr.
34.- No interrumpí el agua corriente en ningún canal.
Hay que citar la llamada Tanbur.- (Tornillo o espiral de Arquímedes). Es otro mecanismo que con mucha frecuencia se observa en la actualidad en los campos egipcios. Su invención se debe a Arquímedes (Siracusa 287-212) aunque hay autores que afirman que ya se utilizaba en el antiguo Egipto. Apareció en Egipto durante la época Persa, siendo el primer sistema mecánico de elevación de agua. Consiste en un cilindro que se coloca al nivel del agua; este cilindro contiene en su interior una hélice que por efecto de la propia corriente hace que gire y ascienda el agua por él obteniendo un caudal de agua continuo. El tanbur no aparcó el uso del shaduf, ambos sistemas convivieron.



