Jean-François Champollion

EGIPTÓLOGOS

Jean-François Champollion, conocido como Champollion el joven (Figeac, departamento de Lot; 23 de diciembre de 1790 – París; 4 de marzo de 1832), filólogo y egiptólogo francés, considerado el padre de la egiptología por haber conseguido descifrar los jeroglíficos.

Decía de sí mismo:
«Soy adicto a Egipto, Egipto lo es todo para mí».

Hijo menor de un vendedor ambulante de libros; Jacques Champollion, y de Jeanne-Françoise. Nacido durante la represión de la Revolución Francesa, niño precoz y de talento incomparable, sufrió los estragos de la época en su educación. Con las escuelas cerradas a causa de los problemas internos de Francia, con un padre ausente debido a sus viajes laborales, y una madre analfabeta y enferma, Jean-Françoise fue educado en sus primeros años escolares por su hermano Jacques-Joseph Champollion, doce años mayor que él y autodidacta, y por sus tres hermanas mayores; Thérèse, Pétronille y Marie-Jeanne. Desde joven ya destacaba sobre los demás niños de su edad: comenzó a hablar latín a los nueve años, hebreo a los trece y árabe a los catorce. Hasta los ocho años estudió en Figeac, donde a pesar del reconocimiento de su prodigio por parte de sus maestros, dejo un mal recuerdo a sus compañeros. Con frecuencia se hablaba de él como de un bicho raro, era indisciplinado y con tendencia a la frustración y a los ataques de ira, y su capacidad de concentración en aquellos temas que eran de su interés era inusual para un niño de su edad. Por desgracia para sus maestros, si la asignatura no era de su agrado, mostraba una absoluta falta de interés y de respeto.

A pesar de su carácter difícil, su familia jamás flaqueó en el abierto apoyo que demostraban hacía los singulares y poco convencionales temas de estudio del jovén Champollion. Al fracasar en otras áreas de estudio como las matemáticas o la ortografía, y ante su total desagrado hacia la escuela y sus estamentos, sus padres claudicaron y contrataron un tutor particular para su hijo. A los diez años fue a vivir a Grenoble donde su familia veía un buen futuro para un muchacho con sus capacidades. Su hermano que para aquel entonces se había cambiado el apellido por Champollion-Figeac, se ofreció a pagar y supervisar los estudios de su hermano menor. Jean-François continuó con el apellido Champollion, pero para evitar futuros equívocos con su hermano mayor, en ocasiones se refería a sí mismo como Champollion le Jeune (Champollion el Joven) Al comienzo de su estancia en Grenoble empezó a acudir a una escuela privada, gracias a la cual llegó a dominar el latín y el griego, para más adelante dedicarse al árabe, el hebreo y las lenguas de siria y caldea.

A los once años de edad conoció a Jean-Baptiste Joseph Fourier, miembro de la comisión de Napoleón, y un apasionado amante de la cultura y las artes egipcias. Fourier se hallaba en Grenoble para trabajar en la Description, la afamada enciclopedia sobre Egipto escrita a raíz de la incursión militar de Napoleón Bonaparte en el país de las Pirámides. Fourier empleó al joven Champollion para una tarea de investigación que le era necesaria para poder escribir el prefacio de la Description. Es probable que también le enseñara a su joven aprendiz algunos jeroglíficos, despertando en el el interés por la egiptología.

El Liceo

Fue uno de los primeros alumnos que pasó el examen para ingresar en el Liceo cuando fue fundado. Gracias a sus notas obtuvo una beca del Estado que cubría dos tercios de la matrícula; del resto de su manutención se ocupó su hermano mayor. Sin embargo al joven Jean-François la vida del liceo le desagradó desde un comienzo. No soportaba la disciplina militar, que consideraba inútil y sin sentido, resistiéndose a ella pese a que eso significaba encontrarse con faltas graves en su expediente académico. Odiaba las matemáticas, impartidas de manera obligatoria, y se resistía ante el estricto plan académico que no permitía el estudio del hebreo, del árabe, el sirio y el caldeo, idiomas en los que estaba ahondando desde su llegada a Grenoble. Aguantó en el liceo un par de años a falta de una salida mejor a la hora de completar sus necesarios estudios, y aprendió en privado el copto, el italiano, el inglés y el alemán. En 1807 los estudiantes del liceo protagonizaron una revuelta en contra de las estrictas normas de estudio, y Jacques-Joseph finalmente permitió que su hermano viviera en su casa, bajo su cuidado, y tan solo acudiera a la escuela cuando lo considerara necesario.

París

En agosto de ese mismo año terminó sus estudios en Grenoble, y Champollion se trasladó a la capital, París, con el fin de proseguir con sus estudios sobre lenguas antiguas. Comenzó entonces su interés por el estudio de los jeroglíficos egipcios, y no era el único: por toda europa, los intelectuales, encerrados en bibliotecas, y en el más estrecho de los hermetismos, trabajaban cada uno por su cuenta para ser el primero en resolver el acertijo de los jeroglíficos. Presionado por los magros, pero constantes avances de algunos de estos eruditos, Jean-François sentía que el tiempo se le escapaba; tan sólo su hermano, con grandes dotes para las lenguas antiguas y que ya había hecho un fallido intento de descifrar la piedra Rosetta, comprendía el afán de su hermano. De nuevo le apoyó financieramente a pesar de que debía de mantener una familia en aumento.

«No te desanimes con el texto egipcio; éste es el momento para aplicar el precepto de Horacio: una letra te llevará a una palabra, una palabra a una frase y una frase a todo el resto, ya que todo está más o menos contenido en una simple letra. Continúa trabajando hasta que pueda ver tu trabajo por tí mismo….»
Champollion

Champollion creía que para entender los textos egipcios, era necesario conocer, traducir e interpretar sin error alguno el copto, capacidad de la que carecían todos aquellos eruditos que aspiraban a descifrar los jeroglíficos. Su esquema de estudio predecía que a través del copto entendería las inscripciones en demótico (una forma abreviada de la escritura hierática) y con la ayuda de la lengua egipcia, alcanzaría a descifrar la escritura jeroglífica. Para ello estudió el copto en

El Colegio de Francia, en la Escuela de Idiomas Orientales y en la Biblioteca Nacional de París. También aprendió el copto litúrgico de la mano de un sacerdote egipcio. Siendo apenas un adolescente logró compilar un diccionario de copto conformado por 2000 palabras. El experto en jeroglíficos Silvestre de Saçy, fue uno de sus nuevos maestros. Por desgracia, y debido a la gestión de Napoleón, que no cesaba en su empeño de orquestar constantes campañas militares que desmoralizaban a la nación entera, y ante la escasez de alimentos y la elevada inflación, no existía tiempo para el estudio, y quien quisiera sobrevivir en tales circunstancias, debía de tener la enorme suerte de poseer un trabajo constante y remunerado, algo de lo que carecía Jean-François. Vivía con el eterno temor a ser reclutado en el ejército, escaseaban los jóvenes sanos; su salud estaba muy deteriorada, estaba hundido en una profunda depresión, terriblemente delgado y prácticamente vestido con harapos. El que sería uno de los padres de la egiptología, y el hombre que descifró la piedra Rosetta, era poco más que un pordiosero.

En esta época, con sólo dieciséis años, escribe a su hermano Jacques-Joseph:
«Yo me consagro completamente al copto. Quiero conocer el egipcio tanto como mi propia lengua materna, porque en esta lengua estará basado mi gran trabajo acerca de los papiros egipcios.»
Champollion, 1807

Universidad de Grenoble

Su suerte volvería a cambiar en 1809 cuando, contando tan sólo con 18 años de edad, publicó su geografía de Egipto, una primera parte de lo que pretendía ser una obra de mayor envergadura. Gracias a esta publicación obtuvo una plaza como profesor de Historia Antigua en la recién fundada Universidad de Grenoble. Jacques-Joseph obtuvo aquel mismo año, y en la misma universidad, una plaza como profesor de Literatura Griega. Ambos hermanos obtuvieron el doctorado.

A pesar de contar con un trabajo estable y digno, seguían teniendo problemas, no sólo de dinero, sino también personales y políticos. En 1813, mientras Jean-François percibía un sueldo miserablemente bajo, lo cual lo obligaba a humillarse dando clase a antiguos compañeros del Liceo a los que en su momento había considerado inferiores a él, y la familia de Rosine Blanc (acaudalados dueños de una fabrica de guantes), la muchacha a la que cortejaba, se negaba a permitir que contrajeran matrimonio, Jacques-Joseph atravesaba problemas con su esposa y su familia.

Ambos hermanos tenían un interés enfermizo y preocupante por la política; confesaban ser abiertamente bonapartistas, eran dolorosamente francos y sinceros, y con frecuencia sacaban de sus casillas a todo aquel que intentara ejercer cierta autoridad sobre ellos. No sabían utilizar la diplomacia y se granjeaban enemistades con mucha asiduidad. Era imposible que pasaran inadvertidos por donde fueran. La mayor preocupación de los hermanos residía en la difícultad de conseguir copias de los jeroglíficos, algo que nunca hubiera pasado en París.

En 1814 los hermanos Champollion seguían faltos de fondos monetarios, Jean-François más que su hermano, mientras que al otro lado del Canal de La Mancha, en Londres, el doctor Thomas Young, erudito, cientifíco, astrónomo, músico, médico y profesor de Filosofía Natural de la Royal Institute andaba falto de tiempo para dedicarse de la manera en que lo hacía Champollion a la piedra de Rosetta. En el tiempo que logró hacerlo, llegó a identificar correctamente al menos cuarenta signos. Champollion trabajó y corrigió la lista que Young publicó. Durante mucho tiempo mantuvieron correspondencia de manera esporádica, tuvieron una amistad bastante superflua que menguó con el tiempo, y en ocasiones llegaron a considerarse acérrimos enemigos y rivales.

Cuando en el año 1814 Napoleón abdicó y partió de Francia hacia la isla de Elba, Luis XVIII subió al trono de Francia. La partida de Napoleón evitó el ataque del ejército austríaco, que le había declarado la guerra a Francia un año antes. Los hermanos Champollion, a pesar de haber críticado en algún momento al régimen de Napoleón, seguían siendo fieles bonapartistas. Uno de sus defectos era que tanto Jacques-Joseph, que consideraba a Bonaparte su héroe, como Jean-François, no sabían mantener sus inclinaciones políticas en secreto. Empezaron a criticar con dureza a la monarquía.

En marzo de 1815 Napoleón volvía de su exilió en Elba a Francia. De camino a París se detuvo un día entero en Grenoble donde conoció a los hermanos Champollion. Tanta fué la impresión que le produjo a Jacques-Joseph que éste tomó la decisión de abandonar a su familia y seguir a Napoleón hacia el norte. Auspiciado por la visita de su héroe Jean-François publicó un artículo que resultó ser un polvorín en su contra. En su escrito se podía leer:

«Napoleón es nuestro príncipe legítimo.»
Champollion, 1815

Con esta cita dejaba bien claro cuales eran sus lealtades en el ámbito político. No pudo elegir momento más inoportuno. Napoleón se embarcó en la difícil tarea de ganar una guerra que tenía perdida de antemano; Waterloo, y de nuevo marchó al destierro. Esta vez a la lejana isla de Santa Elena. Mientras tanto Grenoble, que permanecía fiel al dictador, acabó siendo bombardeada conjuntamente por los ejércitos de Austria y Cerdeña. Jean-François, preocupado por su hermano mayor que se encontraba aún en París, le esribió estás líneas:

«sobre todo sálvate tú…yo no tengo ni esposa ni un hijo.»
Champollion, 1815

Destierro

En 1816 fueron oficialmente expulsados de la Universidad y condenados al destierro en Figeac, el sitio que les había visto nacer, compartiendo la casa familiar con su anciano y alcohólico padre y dos de sus tres hermanas, las solteras Thérèse y Marie-Jeanne. En 1817 le levantaron la sentencia al menor de los Champollion que pudo regresar a Grenoble donde, en diciembre de 1818, pudo finalmente casarse con Rosine.

Hacia finales de 1821 Champollion había hecho verdaderos e importantes progresos en sus estudios de los signos jeroglíficos. Primero había logrado demostrar que la escritura hierática no era sino una forma más simple y abreviada de la escritura jeroglífica. Por su parte la escritura demótica era una versión posterior y todavía más simplificada de la hierática. En resumen los antiguos egipcios habían utilizado tres escrituras diferentes para escribir el mismo idioma. Ese mismo año logró clasificar y componer una tabla de 300 signos jeroglíficos, hieráticos y demóticos, lo que le permitió hacer transcripciones entre los tres.

Pese a los extraordinarios avances de sus trabajos, su vida personal no iba nada bien. Volvía a estar enfermo, deprimido, sin empleo y otra vez en París. Compartía casa en la rue Mazarine, cerca del Institute de France, donde su hermano había encontrado un trabajo.

Gracias a las comparaciones de varios textos escritos con signos jeroglifícos se percató de que existían letras homófonas; podían sonar igual, pero se escribían de dos formas distintas. Como la T en Cleopatra y Ptolomeo: sonaba igual, pero se escribía de manera distinta en cada uno de los nombres. Pronto pudo estudiar las inscripciones del templo de Karnak, situado en Tebas, lo que le permitió reconstruir el nombre de Alejandro. Tardó poco tiempo en lograr reconstruir un alfabeto fonético que se podía aplicar a todos los nombres grecorromanos que habían sido escritos en egipcio. Le faltaba lo más difícil: lograr descifrar los nombres reales en egipcio.

El 14 de septiembre de 1822 la puerta del despacho de Jacques-Joseph se abrió de golpe y un emocionado Jean-François, que había estado trabajando en casa, como era costumbe, entró corriendo al grito de Je tiens l’affaire! (¡Lo tengo!) y cayó desvanecido al suelo. Durante unos instantes Jacques-Joseph creyó que su hermano estaba muerto.

Nada más lejos de la realidad, el jovén Champollion había recibido textos mil quientos años más viejos que los de la Piedra Rosetta, que contenían nombres reales. Para su asombro, había sido capaz de reconocer nombres de reyes egipcios que previamente se había encontrado en las obras grecorromanas.

Apenas trece días después, el 27 de septiembre, se presentó su descubrimiento ante la Academia de Inscripciones de París, de manera formal, por medio de una carta. Carta para M. Dacier relativa al alfabeto fonético jeroglífico utilizado por los egipcios (Bon-Joseph Dacier era el secretario de la Academia por aquel entonces) La carta se tradujo y publicó en varios idiomas y empezaron los elogios y las críticas. Algunos no le creyeron; otros, como Thomas Young, lo acusaron de robar las ideas de otros. Champollion no se rindió; gracias a las visitas al Museo de Turin, que albergaba muchos textos jeroglíficos, en el año 1824 tenía perfeccionado su sistema y se vio con fuerzas para publicar Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens (Resumen del sistema jeroglífico de los antiguos egipcios) En esta obra explicaba la complicada naturaleza de los jeroglíficos:

«La escritura jeroglífica es un sistema complejo, una escritura que es a un tiempo figurativa, simbólica y fonética en un mismo texto, en una misma frase y, debería decir, casi en una misma palabra.»
Champollion, 1822

Museo del Louvre

En 1826 logró el reconocimiento al trabajo de toda una vida. Fue nombrado conservador de la colección egipcia del museo del Louvre. Recopilaba objetos para montar exposiciones, organizaba la propia exposición, y sobre todo tenía que enfrentarse a todos aquellos colegas que no creía que mereciera el respeto que se había ganado con su trabajo.

Consiguió que los objetos fuesen expuestos de forma sensata y cronológica, aunque no le permitieron decorar las salas con un estilo verdaderamente egipcio.

Dos años después se cumplió su mayor sueño; poder visitar Egipto. Fue integrante de una misión franco-toscana de la que también era parte el egiptólogo italiano Ippolito Roselini, además de doce artistas, delineantes y arquitectos. Fue la primera y única vez que pudo pisar tierra egipcia. Desembarcaron en Alejandría el 18 de agosto de 1828, primero fueron al Cairo, donde vieron por vez primera las pirámides. El 4 de diciembre llegaron a Asúan, al sur del país. Después se internaron en Nubia para poder visitar los templos ramésidas excavados en la roca en Abu Simbel.

Un fragmento de la carta que le escribe a su hermano muestra sus primeras impresiones:

«Aunque sólo fuera por el gran templo de Abu Simbel, valdría la pena el viaje a Nubia: es una maravilla que hasta en Tebas considerarían algo bellísimo. El trabajo que costó esta excavación desafía la imaginación. La fachada está decorada con cuatro estatuas sedentes colosales, de altura no inferior a los dieciocho metros. Las cuatro, obras de soberbia artesanía, representan a Ramsés el Grande: sus caras son retratos y guardan un parecido perfecto con las imágenes de este rey que hay en Menfis, en Tebas y en cualquier otro lugar. También lo es la entrada; el interior es totalmente digno de visitarse, pero hacerlo supone una ardua tarea. A nuestra llegada la arena y los nubios encargados de trasladarla habían bloqueado la entrada. Hicimos que la despejaran de manera que abrieran un pequeño hueco y tomamos entonces todas las precauciones que pudimos contra la arena que caía, que en Egipto, así como en Nubia, amenaza con sepultarlo todo. Yo iba casi completamente desnudo; sólo llevaba mi camisa árabe y los calzones de algodón, y avancé reptando sobe el estómago hacia el pequeño umbral de una puerta, que, de haber estado despejada, habría medido por lo menos siete metros y medio de alto. Pensé que avanzaba hacia la boca de un horno y, deslizándome hacia el interior del templo, me encontré en una atmósfera a 52ºC de temperatura… Tras pasarme dos horas y media admirándolo todo y haber visto todos los relieves, se impuso la necesidad de respirar un poco de aire puro y me fue necesario volver a la entrada del horno..»
Champollion, 1828

Muerte

Después de pasar 18 meses de trabajo de campo, disfrutando de la auténtica vida de un arqueólogo, su salud comenzó a resentirse. Volvió exhausto a Francia para completar su obra más grande y ambiciosa, su Grammaire égyptienne (Gramática egipcia). En marzo de 1831 fue nombrado profesor de Arqueología en el College de Francia. No disfrutaría demasiado tiempo de su merecido puesto. Murió el 4 de marzo del año siguiente. Tenía 41 años, sufría de diabetes, padecía tisis, gota, parálisis, tenía enfermo el hígado y también el riñón. Un ataque al corazón acabo con su vida.
Jacques-Joseph quedó destrozado tras la muerte de su hermano menor. En 1836, como homenaje póstumo a su hermano, logró terminar y editar la última obra de Jean-François Champollion; la Gramática egipcia cuya elaboración le había hecho salir del país de las pirámides con el que tanto había soñado.

Museos Champollion

• En su casa en Figeac
• Casa Champollion en Vif, en Isére, antigua propiedad de su hermano egiptólogo

Bibliografía

• 1822, Lettre à M. Dacier relative à l’alphabet des hiéroglyphes phonétiques.
• 1824, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens.
• 1826, Lettres à M. le Duc de Blacas d’Aulps.
• 1827, Notice descriptive des monuments égyptiens du Musée Charles X.
• 1828, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens ou Recherches sur les élémens premiers de cette écriture sacrée, sur leurs diverses combinaisons, et sur les rapports de ce système avec les autres méthodes graphiques égyptiennes.
• 1828-29, Lettres écrites d’Égypte et de Nubie [1]
• 1836, Grammaire égyptienne (Gramática egipcia, obra póstuma)
• 1841, Dictionnaire égyptien en écriture hiéroglyphique (Diccionario egipcio de escritura jeroglífica)

Casi todos ellos editados tras su fallecimiento.

Fuente Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Fran%C3%A7ois_Champollion

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Auguste Mariette

EGIPTÓLOGOS

Françoise Auguste Ferdinand Mariette (1821-1881) fue un egiptólogo francés nacido el 11 de febrero de 1821 en Boulogne-sur-Mer.

Impartió clases de francés y dibujo en Stratford, Inglaterra, entre 1839 y 1840; ejerció de diseñador en Coventry en 1841; profesor del colegio de Boulogne en 1841, se apasiona por la egiptología, visitando la Galería egipcia del Museo de Boulogne y clasificando las notas que Nestor L’ Hôte recogió en su viaje con la misión franco-toscana sobre la tierra de los faraones.

Aprende escritura jeroglífica e idioma copto y, renunciando a su plaza de profesor, entra como empleado en el Museo del Louvre, aceptando un trabajo ingrato y mal remunerado. Observado por Emmanuel de Rougé y Charles Lenormant, fue enviado a Egipto en 1850, financiado por el Louvre, para adquirir manuscritos coptos.

La compra no se realizó y utilizó los fondos para excavar en Saqqara,

El resultado fue inmediato, se desenterraron algunas esfinges, así como una estatua de bella factura: el Escriba (el 1º de noviembre de 1850), una de las principales estatuas del departamento egipcio del Louvre. Descubrió y excavó, desde 1851 hasta 1854, el Serapeum de Menfis; también numerosas mastabas datadas en el Imperio Antiguo.

En 1857 volvió de nuevo a Egipto y conoció a Ferdinand de Lesseps; este último apreció el interés de Mariette respecto el destino de las antigüedades. Por esto le presentó a Saïd Pacha.

Excavó en Dra Abu el-Naga (Tebas) y encontró el sarcófago intacto de Ahmose, quien reinó hasta 1567 a. C. y puso fin a la dinastía de reyes invasores Hicsos, con la toma de Avaris.

Mariette fue nombrado director de antigüedades por el jedive Abbas, en 1858. Fundó y dirigió el Museo de Boulaq, precedente del Museo Egipcio de El Cairo.

A partir de junio de 1858, sobre la margen del Nilo opuesta a Luxor, no lejos del lugar donde había exhumado el sarcófago de Kamose, su equipo, dirigido por Maunier, descubrió el de su esposa, Ahhotep, así como los muebles y las suntuosas joyas que lo acompañaban.

En ausencia del egiptólogo francés, las autoridades egipcias abrieron el sarcófago, “estabilizaron” la momia y conservaron las joyas y objetos encontrados que expidieron, vía el Nilo, con destino a El Cairo. El Director General de antigüedades interceptó el convoy fluvial, recuperó las cajas, y compareció ante Saïd Pacha, que reservó una parte para su uso personal.

En 1860, descubre y trabaja en el templo de Edfu que hace desenterrar.

Es retenido en Egipto a la espera de la inauguración de la ópera Aida, de Giuseppe Verdi, cuyo tema habría sugerido y que debía representarse en 1870, durante la apertura del Canal de Suez, pero debido a la guerra en Europa y la derrota de Sedan, la fecha se pospuso al año siguiente.

Durante este tiempo, los obreros, que retiraban la estela de unos miembros de la familia real, datada del Imperio Antiguo, descubrieron la entrada de un pozo, y uno de ellos penetró en la galería, vela en mano, y reapareció lívido: acababa de cruzarse con la brillante mirada de dos personas que lo observaban fijamente; cuando Daninos fue a ver lo que era, se encontró ante las estatuas de Rahotep y Nefret que fueron así a incorporarse al museo de Boulaq.
Mariette tenía en 1872, bajo su dirección, 2780 obreros trabajando en Egipto; encontró y trasladó unos 15.000 objetos de numerosos lugares en Egipto y Nubia. Excavó unas 300 tumbas en Saqqara y Guiza.

Fue nombrado miembro de la Academia de Inscripciones y Bellas-Letras en 1878. Enfermó gravemente, a causa de su diabetes, y fallece en 1881, en El Cairo, donde fue enterrado. Los egipcios, agradecidos, erigieron una estatua de Auguste Mariette en los jardines del museo egipcio de El Cairo.

Bibliografía
• Musée de Boulogne-sur-Mer, Catalogue des monuments composant la galerie égyptienne, 1847
• Sur le Côté gauche de la salle des ancêtres de Thoutmès III, 1849
• Bibliographie copte, 1849
• Note sur un fragment du papyrus royal de Turin et la VIe dynastie de Manethon, Rev. Arch., 1849
• Renseignements sur les soixante-quatre Apis trouvés dans les souterrains du Sérapéum de Memphis, Bull. de l’Ath., 1855
• Fragment du sarcophage phénicien conservé au musée de Berlin, Bull. de l’Ath., 1856
• Mémoire sur la mère d’Apis, 1856
• Choix de monuments et de dessins découverts ou exécutés pendant les déblaiements du Sérapéum de Memphis, 1856
• Le Sérapéum de Memphis, 1857
• Communication sur le trésor de la reine Aah-hotep, Bulletin de l’Institute Égyptien, 1859 y 1861
• Description des fouilles exécutées en Égypte, 1863
• La Table de Saqqarah, Rev. arch., 1864
• Aperçu de l’histoire d’Égypte, 1864
• Notice des principaux monuments exposés dans les galeries provisoires du musée d’antiquités égyptiennes de S. A, le vice-roi, à Boulaq, 1864
• La Stèle de l’an 400, Rev. arch., 1865
• Quatre Pages des archives officielles de l’Ethiopie, Rev. arch., 1865
• La Nouvelle Table d’Abydos, Rev. arch., 1866
• Exposition Universelle (de París), 1867
• Description du Parc Égyptien, 1867
• Sur les Tombes de l’ancien empire qu’on trouve à Saqqarah, Rev. arch., 1869
• Itinéraire des invités aux fêtes d’inauguration du canal de Suez, 1869
• Abydos, 1869-80
• Dendérah, Librairie A. Frank, Paris, 1870-75
• Les papyrus égyptiens du musée de Boulaq, 1871-78
• Album du musée de Boulaq, 1871
• Itinéraire de la Haute-Égypte, 1872
• Listes géographiques des pylônes de Karnak, 1875
• A Karnak, étude topographique et archéologique, J.C. Hinrichs, Paris, 1875
• Déir el-Bahari, 1877
• Voyage de la Haute-Égypte, Goupil, Paris, 1878-80
• Catalogue général des monuments d’Abydos découverts pendant les fouilles de cette ville, Imprimerie Nationale, Paris, 1880
• Monuments divers recueillis en Égypte et en Nubie, 1884

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Amelia Ann Blandford Edwards

EGIPTÓLOGOS

Amelia Ann Blandford Edwards (7 de junio de 1831–15 de abril de 1892) fue una novelista, periodista, viajera y egiptóloga británica.

Nacida en Londres, hija de una irlandesa y de un antiguo oficial del Ejército británico que se convertiría en banquero, se educó en casa con su madre y, desde joven, mostró unas prometedoras dotes como escritora. Publicó su primer poema a los siete años y su primer relato, a los doce. Posteriormente publicaría diversos poemas, relatos y artículos en numerosas revistas, entre las que figuraron el Chamber’s Journal, Household Words y All the Year Round. Escribió, asimismo, para el Saturday Review y para el Morning Post.

Su primera novela extensa fue My Brother’s Wife (1855). Si bien sus primeras obras recibieron una acogida favorable, fue Barbara’s History (1864), una novela sobre la bigamia, la que consolidó su reputación como novelista. Amelia Edwards dedicaba tiempo y esfuerzo considerables a los ambientes y a los antecedentes y se calcula que la investigación y la redacción de cada una de sus novelas debió de ocuparle unos dos años. Esa ardua labor dio sus frutos y su última creación, Lord Brackenbury (1880), se reveló como un éxito arrollador que alcanzó las quince ediciones.

En el invierno de 1873–1874, en compañía de varios amigos, Amelia Edwards recorrió Egipto y quedó fascinada por el país y sus culturas, tanto la antigua como la moderna. En un viaje hacia el sur desde El Cairo en una dahabiya (embarcación vivienda tripulada) alquilada, el grupo visitó File y terminó llegando a Abu Simbel, donde permaneció seis semanas. Durante esa etapa final, Amelia Edwards realizó una excavación no planeada por iniciativa propia y descubrió un santuario, hasta entonces desconocido, el cual llevaría su nombre durante algún tiempo.

Tras su regreso al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda redactó una viva descripción de su viaje por el Nilo, que se publicó en forma de libro en 1876 con el título de A Thousand Miles up the Nile. Enriquecido con sus propias ilustraciones realizadas a mano, ese relato de viajes se convirtió en un éxito de ventas instantáneo.

Los viajes de Amelia Edwards por Egipto le hicieron cobrar conciencia de la amenaza que para los monumentos antiguos representaban el turismo y el desarrollo que corre parejo con la modernidad. Con la firme voluntad de eliminar ese riesgo por medio de la concienciación social y de la conservación de los monumentos antiguos, en 1882, fundó la Egypt Exploration Fund (denominada en la actualidad Egypt Exploration Society) con Reginald Stuart Poole, conservador del Departamento de Monedas y Medallas del Museo Británico. Amelia Edwards permaneció en el cargo de Secretaria Honorífica de la Egypt Exploration Fund hasta su muerte, acaecida catorce años más tarde.

Con el objetivo de impulsar el trabajo de la Egypt Exploration Fund, Amelia Edwards abandonó, en gran medida, sus actividades literarias para concentrarse en la egiptología. En ese campo colaboró en la redacción de la novena edición de la Enciclopaedia Británica, en el suplemento estadounidense de la misma obra y en el Standard Dictionary. Ese empeño la llevaría a embarcarse en una ambiciosa gira de conferencias por los Estados Unidos en 1889–1890. El contenido de las mismas aparecería publicado en 1891 con el título de Pharaohs, Fellahs, and Explorers.

Amelia Edwards falleció en Weston-super-Mare, en el condado de Somerset, el 15 de abril de 1892, legando su colección de antigüedades egipcias al University College de Londres, así como 2.500 libras esterlinas destinadas al mantenimiento de la Cátedra Edwards de Egiptología. Fue sepultada en la iglesia Saint Mary’s, Henbury, Bristol.

Bibliografía

Novelas

My Brother’s Wife 1855.

Barbara’s History 1864.

Debenham’s Vow 1870.

The Days of My Youth 1873.

Lord Brackenbury 1880.

The Ladder of Life.

Hand and Glove.

Half a Million of Money.

Miss Carew.

Monsieur Maurice.

The phantom coach by Amelia B. Edwards ; adapted by I.M. Richardson, illustrated by Hal Ashmead. c.1982.

Poesía

Ballads. New York: Carleton.

A poetry-book of elder poets, consisting of songs & sonnets, odes & lyrics, selected and arranged, with notes, from the works of the elder English poets, dating from the beginning of the fourteenth century to the middle of the eighteenth century. 1878.

Viajes

Sights and Stories: A Holiday Tour Through Northern Belgium. 1862.

Untrodden Peaks and Unfrequented Valleys: A Midsummer Ramble in the Dolomites. London: Longman’s, Green, and Co. 1873.

A Thousand Miles Up the Nile. 1877.

Historia y Arqueología

Pharaohs, Fellahs, and Explorers New York: Harper & Brothers, 1891.

The Story of Cervantes.

Outlines of English history: from the Roman conquest to the present time: with observations on the progress of art, science, and civilization, and questions adapted to each paragraph: for the use of schools c.1857.

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Giovanni Battista Belzoni

EGIPTÓLOGOS

Giovanni Battista Belzoni nace en Padua (Italia) en 1778,, en el seno de una familia acomodada; de carácter aventurero, es un ilustre y singular personaje de la incipiente egiptología del siglo XIX.

Parece que estaba destinado a la carrera eclesiástica, pero que se vio mezclado en intrigas políticas antes de tomar los hábitos, y, ante la perspectiva de la cárcel, huyó a Londres. Allí se convirtió en la atracción de un circo como forzudo.

Se dice que en Londres siguió estudios de ingeniero mecánico, de igual manera que se sospecha que se ganó la vida como charlatán.

En 1812 dejó Inglaterra y, después de viajar a España y Portugal, llegó a Egipto en 1815. Había estudiado rudimentos de ingeniería e ideó una rueda hidráulica que, según sus cálculos, era cuatro veces más eficiente que las contemporáneas. Expuso su invento en Egipto, instalándolo en el palacio del Pachá Mehmet Alí. La demostración fue un fracaso total.

En Egipto conoció al cónsul general británico, Henry Salt, y se aventura a transportar una gran busto de piedra de Ramsés II, desde el Ramesseum a Alejandría, para su embarque con destino a Londres; aun se exhibe en el Museo Británico. Observando el lucrativo negocio que suponía la obtención de antigüedades decide dedicarse a ello. Era una actividad sin escrúpulos, imperando en la época la ley del más fuerte.

Belzoni visitó y exploró los templos de Edfu, Elefantina y File, despejó de arena el gran templo de Abu Simbel (1817), descubrió y expolió numerosas tumbas en el Valle de los Reyes, como las de Ay, Ramsés I y Seti I.

Consiguió entrar en la piramide de Jafra, pero para su desgracia solo llego a encontrar unos huesos de vaca y poco mas.

Belzoni escribió un libro de viajes en 1820, donde contaba su experiencia en Egipto, sus excavaciones, así como multitud de anécdotas (peleas, cómo consiguió volver a pescar un obelisco que se le cayó al Nilo, etc.).

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Howard Carter

EGIPTÓLOGOS

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO 7 DE “LA PUERTA DE MAAT”, REVISTA DEL INSTITUTO VALENCIANO DE EGIPTOLOGÍA (www.ivde.org)

Howard Carter fue uno de los egiptólogos más famosos de la historia. Admirado por muchos, criticado por no menos y envidiado por todos, fue un hombre que se hizo a sí mismo y consiguió ser uno de los mejores. De ideas fijas, temperamento difícil, carácter agrio y pocos amigos, pero trabajador incansable, de mente despierta y apetito voraz por nuevos conocimientos. Fue un ejemplo para sus contemporáneos y un referente para sus sucesores.

Primeros años

Howard Carter nació el 9 de mayo de 1974 en Kensington, pero vivió su infancia y adolescencia en la pequeña aldea de Swaffham, en el condado de Norfolk. Era el pequeño de once hermanos (diez niños y una niña). Hijo de Samuel John Carter y Martha Joyce Sands. Su padre era un conocido artista de gran talento que se ganaba la vida como retratista de animales de la aristocracia rural y eventual dibujante del Illustrated London News.

Problemas de salud y económicos le impidieron acudir a la escuela como otros niños de su edad, por lo que la educación formal que recibió fue mínima. No obstante, fue entrenado concienzudamente por su padre en las técnicas del dibujo, llegando a desarrollar unas dotes extraordinarias a muy temprana edad.

No muy lejos de su casa vivía la acaudalada familia Amherst, para quienes el padre de Howard Carter había hecho varios trabajos. Fue allí, en Didlington Hall, el hogar de los Amherst, donde el joven Carter quedó fascinado por primera vez de la cultura del antiguo Egipto gracias a la colección de antigüedades de la familia. Y fue allí también donde su vida iba a cambiar.

Un inesperado golpe de suerte

Un día de 1891 los Amherst recibieron la visita de su amigo Percy E. Newbarry, quien por entonces era un afamado egiptólogo que trabajaba para la Egypt Exploration Fund (EEF). Newberry se interesó por la excelente técnica de un retrato del caballo de lady Amherst y manifestó su interés en encontrar a algún artista de talento demostrado que le acompañara en sus campañas en Egipto como copista de la EEF. Fue así como Howard Carter y Percy Newberry se conocieron y el joven de apenas 17 años fue propuesto para el trabajo. Después de una breve estancia y entrenamiento de tres meses en el British Museum de Londres, Carter se embarcó con Newberry rumbo a Egipto. Este iba a ser el primero de muchos más viajes a la Tierra Negra.

Carter dibujante

A su llegada a Egipto, Carter trabajó a las órdenes de Newberry copiando escenas y textos de algunas tumbas de la necrópolis del Imperio Medio en Beni Hassan. Ya desde un comienzo Carter destacó por sus dibujos, y aunque al principio aprendió y trabajó según la metodología seguida por la EEF, no tardó en imponer su criterio. El modo operativo de copiar los relieves y pinturas de las tumbas hasta la época era trazar los contornos y después, una vez los dibujos estuviesen en Inglaterra, rellenarlos y dibujar los detalles con tinta. Carter pensó que de este modo era más que probable que se perdiesen muchos detalles de importancia. Después de su estancia en Beni Hassan, se fue con Newberry al yacimiento de Bersheh, donde tuvo la oportunidad de hacer el tipo de dibujos que él quería, contorneando las figuras y añadiendo detalles interiores siempre que fuera posible. Esta técnica se convirtió en el estándar de la EEF.

A finales de 1891, Carter llegó a Tell el-Amarna bajo las órdenes del gran egiptólogo Flinders Petrie. Las excavaciones de Petrie siempre tuvieron fama de ser las más duras y en las que se vivía en peores condiciones, pero Carter pareció no verse impresionado cuando al día siguiente se le entregó su ración mensual de comida (sardinas enlatadas) y tuvo que construir él mismo su propio habitáculo con ladrillos de adobe. En su visita con Petrie a la tumba real de Amarna realizó varios dibujos de escenas de la tumba, de las cuales una fue publicada en el periódico británico The Daily Graphic. Esta fue la primera aparición de los dibujos de Carter en la prensa. El tiempo pasado a las órdenes de Petrie sirvió a Carter no sólo para consolidarse como dibujante, sino para aprender arqueología y egiptología. Petrie llegó a decir de él, “El sr. Carter es un chico de buen natural, que tiene todo su interés puesto enteramente en la pintura y en la historia natural, pero no me sirve en absoluto para trabajar como excavador”. El tiempo diría que Petrie se equivocaba, ya que Carter le probó su valía como excavador al realizar algunos importantes descubrimientos en Amarna.

En 1892 Carter recibió el duro golpe de la muerte de su padre, del cual tardó meses en recuperarse, perdiendo parte de la temporada de la campaña de ese año. Tras este alto, volvió a trabajar en Beni Hassan con Newberry. Para entonces, los dibujos y el trabajo de Carter habían ganado una buena reputación, convirtiéndose en el dibujante oficial de las excavaciones británicas del Archaeological Survey. Según le describen quienes le conocieron, Carter era el hombre perfecto para ese trabajo: tranquilo, reservado e incómodo en presencia de extraños, solitario y completamente entregado a su trabajo. En 1893, el egiptólogo suizo Eduard Naville requirió sus servicios como artista para trabajar en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari. Allí permaneció seis años copiando magníficos relieves y mejorando sus técnicas de excavación y restauración, hasta que en 1899 Gaston Maspero, Director del Servicio de Antigüedades Egipcio, ofreció a Howard Carter el puesto de Inspector General de Monumentos del Alto Egipto y Nubia, cargo del que tomó posesión a principios de 1900. Carter se había convertido con sólo 25 años en uno de los egiptólogos más famosos de la época.

El Servicio de Antigüedades

Como Inspector General de Monumentos del Alto Egipto y Nubia, Carter se dedicó a supervisar todos los yacimientos de la zona, y se hizo cargo de la instalación de luz eléctrica en Abu Simbel y el Valle de los Reyes. Además, fue partícipe de algunos importantes descubrimientos: una noche cuando Carter volvía hacia su casa a lomos de su caballo Sultán, éste cayó al suelo y abrió un agujero en la tierra con las patas traseras. El agujero, al que Carter llamó Bab al-Hosan (la Puerta del Caballo), resultó ser una cámara asociada al complejo del templo funerario del rey Mentuhotep II. Las expectativas de Carter le llevaron a organizar una apertura oficial con altos dignatarios invitados por él para abrir lo que él creía que era la tumba de Mentuhotep II. Pero dentro de la cámara sólo encontró un sarcófago vacío sin inscripciones, un pozo con tres barcas de madera y algunas vasijas, y una magnífica estatua en granito negro del rey portando la corona roja del Bajo Egipto que hoy puede apreciarse en el Museo de El Cairo. Pese a la importancia arqueológica del hallazgo los dignatarios que acudieron al acto quedaron decepcionados. Carter debió prometerse no volver a pasar por semejante vergüenza.

En los años siguientes, Carter trabajó también como excavador para el millonario norteamericano Theodore Monroe Davis en el Valle de los Reyes.

Su prometedora carrera en el Servicio de Antigüedades llegó a su fin en 1905 debido a un altercado ocurrido tras su traslado a Saqqara. Unos turistas franceses habían irrumpido borrachos en la casa donde vivían Petrie, su mujer y algunos de sus aprendices, exigiendo una visita guiada por el recinto del Serapeum. Petrie se negó, y ante la agresión de los franceses a las mujeres, mandó avisar a Carter. Carter se presentó allí con los guardias egipcios del Servicio de Antigüedades. Hubo una pelea en la cual Carter autorizó a los guardias a defenderse, y éstos derribaron a los turistas franceses. Pero el asunto no quedó ahí, y los franceses llevaron sus quejas por el trato recibido hasta el cónsul general francés. El cónsul exigió una disculpa por parte de Carter, e incluso Maspero le instó a hacerlo, pero el carácter rudo y a veces áspero de Carter y su convicción de que había actuado correctamente se lo impidieron. El pequeño altercado sin importancia se había convertido en un conflicto anglo-francés, y ante la negativa de Carter a ofrecer sus disculpas, Maspero se vio obligado a relegarle de su cargo en el Servicio de Antigüedades. Su prometedora carrera se vio truncada.

Durante los siguientes años Carter sobrevivió gracias a su talento artístico vendiendo dibujos y acuarelas a los turistas y ofreciendo sus servicios como guía turístico. Pero la vida le deparó un nuevo golpe de suerte en 1907 cuando Maspero le presentó a lord Carnarvon. Carter estaba necesitado de trabajo y lord Carnarvon necesitaba un arqueólogo que le guiara y aconsejara en sus excavaciones.

Carter y Carnarvon

Carter trabajó como excavador patrocinado por lord Carnarvon en varios yacimientos como Sakha y Tell Balamun en el delta, pero su principal interés estaba en la región de Tebas. Trabajaron durante cuatro años en Karnak, Luxor y unos cuantos lugares más de la orilla oriental del Nilo, y a excepción de dos o tres tumbas privadas decoradas, el trabajo fue bastante estéril. Al margen de las excavaciones, Carter actuó como intermediario y consejero de Carnarvon a la hora de adquirir antigüedades egipcias, llegando así el conde a poseer una gran y valiosa colección.

En el Valle de los Reyes las cosas iban mucho mejor, Theodore M. Davis había descubierto más tumbas reales: Tutmosis IV, Hatshepsut, Siptah, Yuya y Tuya, Horemheb y una pequeña tumba que sirvió como reenterramiento de algún miembro de la familia real de Amarna. En 1906 Davis se topó con una pista que le llevó a pensar que podía haber más tumbas en el valle, una copa de fayanza azul con el nombre de un rey hasta entonces desconocido, Nebkheperura, Tutankhamon. El año siguiente encontró una pequeña cámara con restos de cerámica rota, lino, guirnaldas de flores, huesos de animales y una pequeña máscara funeraria pintada de amarillo. Davis pensó que se trataba de la tumba del misterioso rey, pero Carter nunca lo creyó así, y menos aún cuando años después su amigo del Metropolitan Museum de Nueva York, Herbert Winlock le dijo al examinar el material encontrado por Davis que se trataba sin duda alguna, de los restos del banquete funerario y enterramiento del rey, no su tumba.

En 1912, Davis renunció a su permiso de excavar en el Valle de los Reyes convencido de que no quedaban tumbas por descubrir. No obstante, Carter y Carnarvon no lo creían así y Maspero les concedió a ellos el permiso para excavar en el valle.

Durante la primera campaña de excavaciones en el valle, se llevó a cabo una reexploración de la tumba de Amenhotep III en el Valle de los Monos. La tumba ya había sido explorada y saqueada en la antigüedad, pero aún así, Carter encontró varios depósitos de fundación, un fragmento de un ushebti de la reina Tiy, parte de un vaso canopo del rey, una rueda de un carro real y un brazalete. En la segunda campaña hizo un importante hallazgo: 13 vasijas de alabastro con los nombres de Ramsés II y Merenptah. Debido a la I Guerra Mundial las excavaciones se paralizaron, tiempo durante el cual Carter trabajó como correo diplomático. En 1917 se había propuesto encontrar la tumba del faraón Tutankhamon y para ello había trazado un triángulo entre las tumbas de Ramsés II, Ramsés VI y Merenptah, en el que excavar hasta alcanzar el nivel de la roca madre. Encontró los cimientos de las casas de los trabajadores de la tumba de Ramsés VI, pero debido a la cercanía de los turistas que acudían a visitar la tumba del mismo faraón, no siguió por ahí y se fue al otro extremo. Las siguientes campañas no fueron nada fructíferas y Carter empezó a perder la esperanza. Abandonó su triángulo (cosa muy de extrañar en un hombre tan disciplinado como él) para inspeccionar diversas áreas al azar que se salían del perímetro marcado. Los resultados fueron los mismos: nada.

Carnarvon también empezaba a perder la paciencia, la esperanza y grandes cantidades de dinero, así que en el verano de 1922 informó a Carter de su intención de abandonar las excavaciones en el valle y solicitar una nueva concesión en otra zona más prometedora. Todo parecía apuntar que Davis tenía razón y el valle estaba agotado. En una reunión mantenida entre Carter y Carnarvon en Highclere, la mansión familiar de los Carnarvon, Carter consiguió convencer a su mecenas de continuar las excavaciones en el valle sólo una campaña más. Carnarvon, emocionado y sorprendido por la tenacidad de su amigo Carter, decidió confiar en él y correr con todos los gastos una campaña más en el valle. Tan convencido estaba Carter de la existencia de la tumba de Tutankhamon en la zona, que si Carnarvon no hubiera accedido, Carter estaba dispuesto a patrocinarse la campaña él mismo con fondos personales que había ido ahorrando gracias a comisiones de grandes transacciones de ventas de antigüedades en las que había mediado con el Metropolitan Museum de Nueva York. Esta sería pues, la última oportunidad que Carter tenía en el Valle de los Reyes.

Carter y Tutankhamon

A finales de octubre de 1922, Carter ya estaba de vuelta en Luxor para dar comienzo a las excavaciones, y esta vez trajo con él un pequeño canario dorado. Todos sus trabajadores egipcios creyeron que era un buen presagio. En esta “última campaña”, Carter retomó las excavaciones en el punto donde había encontrado los restos de las casas de los obreros de la tumba de Ramsés VI. La mañana del 4 de noviembre de 1922, a 4 metros por debajo de la entrada a la tumba de Ramsés VI, apareció un escalón tallado en la roca. Y tras ese escalón, otro y otro más, hasta un total de 12 peldaños que descendían en ángulo de 45º hasta una puerta sellada con el sello de la necrópolis real y cartuchos reales con el nombre de su propietario: Tutankhamon. Carter telegrafió a su mecenas “Al fin he hecho un maravilloso descubrimiento en el valle: una tumba magnífica con sellos intactos; tapada como estaba hasta su llegada. Enhorabuena.”

Lord Carnavon y su hija lady Evelyn llegaron a Luxor el día 23, y a la mañana siguiente ya estaba limpia de escombros la escalera. Pudieron comprobar que el interior de la tumba estaba también lleno de escombros, y que los saqueadores de tumbas la habían visitado ya en la antigüedad, pues se había vuelto a sellar en varias ocasiones. Aquel día, Carter, Carnarvon, lady Evelyn y Callender (ayudante de confianza de Carter) penetraron en la antecámara de la tumba y quedaron maravillados por todos los tesoros que vieron ante sus ojos. Aunque era evidente que la tumba había sido saqueada en varias ocasiones, aquello era mejor de lo que ninguno de ellos soñase jamás. Entre dos estatuas de centinelas de tamaño natural encontraron una puerta sellada que daba paso a la cámara funeraria en sí. Carter no iba a cometer el mismo error dos veces, y esta vez se aseguraría de que tras esa pared había algo realmente importante antes de invitar a nadie a una solemne apertura oficial de la tumba. Fue así como esa misma noche, el cuarteto hizo un hueco en la pared sellada y penetró en la cámara funeraria del rey y descubrió dos pequeñas habitaciones más que llamaron Anexo y Tesoro. En la cámara funeraria había una gran capilla de madera con paneles de oro y cerámica azul que ocupaba casi toda la habitación. Abrieron las puertas de la primera capilla y encontraron una segunda, con el sello real de la necrópolis aún intacto en el cerrojo. Era evidente que debían parar ahí su aventurada incursión si no querían tener problemas con el Servicio de Antigüedades. Carter omite esta ‘aventurilla’ en sus diarios y en su libro La Tumba de Tutankhamon, se limita a decir que abrieron un agujero entre los escombros, se asomó, echó un vistazo a los objetos, posteriormente lo taparon y se fueron todos de vuelta a casa esperando a continuar al día siguiente. No obstante, hay datos más que suficientes de otras fuentes para pensar que no fue así, y que esa ‘aventurilla’ realmente ocurrió.

Resulta imposible describir y siquiera imaginar el estado de ánimo de nuestro protagonista en esos momentos… unos momentos que bien le han merecido su paso a la historia por ser el autor del mayor descubrimiento arqueológico.

Resucitando a Tutankhamon

La historia del descubrimiento de la tumba de Tutankhamon sigue fascinándonos hoy en día y hay cientos de libros dedicados en exclusiva a ella, los fabulosos tesoros y hasta la popular maldición que se creó en torno al descubrimiento. La prensa mundial se hizo eco de la noticia y el Valle de los Reyes se convirtió en lugar de peregrinación para todos aquellos que querían ver y saber algo de los fascinantes tesoros de un joven rey prácticamente desconocido.

Durante muchos meses Carter tuvo que lidiar con políticos, periodistas, turistas, egiptólogos, arqueólogos, diplomáticos, simples curiosos y toda clase de oportunistas. La diplomacia nunca fue su fuerte y esto le causó serios problemas con el Servicio de Antigüedades. La presión del trabajo, el cansancio acumulado, los nervios a flor de piel y una complicada situación política en Egipto fueron la gota que colmó el vaso. Carter perdió los nervios y el Servicio de Antigüedades aprovechó la ocasión para relegarle de los trabajos en la tumba. Su buen hacer y un trabajo más que impecable para la época y los medios con que se contaba, quedaron ensombrecidos.

Tras juicios, tejemanejes políticos, conflictos por la repartición del tesoro, intercesión de sus colaboradores y amigos, y principalmente debido a un cambio político, Carter y su equipo pudieron volver al trabajo en la tumba. Dentro de la primera capilla dorada había dos más, y dentro de la última, un precioso sarcófago rectangular de cuarcita que contenía tres ataúdes antropomorfos. Cuando por fin Carter llegó al cuerpo momificado del rey tuvo que quitar cientos de metros de vendas de lino y casi 150 piezas de joyería entre éstas para encontrarse cara a cara con el rey.

No fue hasta principios de 1932 cuando la tumba fue completamente vaciada de todo su contenido, catalogados y restaurados todos los objetos y supervisado su traslado al Museo de El Cairo. ¡¡Habían pasado casi 10 años!!

Últimos años

Tumba de Howard Carter situada en el cementerio de Putney Vale.
Tras el cierre de la tumba, Carter se retiró de la arqueología. Volvió a Egipto en varias ocasiones, pero no quiso nunca volver a excavar, se convirtió en un gran coleccionista de antigüedades y viajó por todo el mundo impartiendo palestras en los mejores círculos intelectuales.

En 1932 cayó enfermo y nunca llegó a recuperarse completamente, siendo frecuente verle sentado al sol en el porche del Hotel Windsor Palace de Luxor durante sus últimos años de vida. El 2 de marzo de 1939 Howard Carter murió a los 64 años de edad debido a un ataque al corazón en su casa de Kensington. Una inscripción en su tumba en el cementerio de Putney Vale de Londres hace alusión a un fragmento de los Textos de las Pirámides: “Oh, noche, extiende tus alas sobre mí como las estrellas imperecederas”.

El nombre de Howard Carter está escrito con letras mayúsculas en las páginas de la historia por derecho propio.

Autor: Désirée Domínguez

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Howard Carter descubre la Tumba de Tutankamon

EGIPTÓLOGOS

El 4 de noviembre de 1922 Carter halló la tumba de Tutankamon, estaba casi intacta, siendo la mejor conservada del Valle de los Reyes.
Howard Carter (9 de mayo de 1874 – 2 de marzo de 1939) fue un arqueólogo y egiptólogo Inglés, que se hizo muy famoso por descubrir, en 1922, la tumba de Tutankamón (Tut-Anj-Amón), en el Valle de los Reyes, frente a Luxor, en Egipto.

Carter comenzó sus trabajos en Egipto en 1891, a los 17 años, copiando inscripciones y pinturas. Participó en la excavación de Beni Hasan. Posteriormente estuvo bajo la tutela de William Flinders Petrie.

En 1899, comenzó a trabajar para el Servicio de Antigüedades Egipcias, el cual abandonó en 1905 después de una disputa. Tras varios años difíciles, en 1907 conoce a Lord Carnarvon, un entusiasta noble aficionado a la arqueología y dispuesto a proporcionar los fondos necesarios para continuar el trabajo de Carter.

Tumba de Tutankamon
Lord Carnarvon financió la búsqueda de la tumba de un faraón hasta entonces desconocido, Tutankamon, cuya existencia había sido detectada por Carter. El 4 de noviembre de 1922 Carter halló la tumba de Tutankamon (posteriormente designada KV62), la tumba encontrada estaba casi intacta, siendo la mejor conservada del Valle de los Reyes. Junto a Lord Carnarvon, el 16 de febrero de 1923, Carter abrió la cámara funeraria siendo el primero en ver el sarcófago de Tutankamon.

Tras catalogar los extensos hallazgos, Carter se retiró de la arqueología convirtiéndose en coleccionista. Murió en Inglaterra en 1939 a los 65 años. Su muerte a esta avanzada edad es la evidencia más comúnmente esgrimida para refutar la leyenda de la “maldición de los faraones” que se supone recayó sobre el grupo que profanó la tumba de Tutankamón poco después del descubrimiento de la tumba.

Howard Carter fue enterrado en el cementerio de Putney Vale, al oeste de Londres, en 1939.

Veintiocho faraones fueron enterrados durante 420 años en el Valle de los Reyes y del orden de cincuenta equipos de arqueólogos fueron encontrando la mayoría de los enterramientos que se sabía que existían a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX.

Theodore Davis, que peinando el valle había encontrado unas treinta tumbas entre 1902 y 1914, declaró que consideraba agotado el yacimiento del Valle. Sin embargo, desde que Davis descubriera en 1907 fragmentos de objetos con el sello de Tutanjamon, Howard Carter estaba convencido de que todavía no se había encontrado la tumba del rey niño y que debía hallarse cerca de la excavación de Davis, en un triángulo de una hectárea entre las tumbas de Ramsés II, Merenpath y Ramsés VI.

Comenzada la última campaña, bajo los cimientos de unas cabañas de obreros que habían construido la tumba de Ramsés VI, el 4 de noviembre de 1922 apareció el primero de los escalones de la tumba prácticamente intacta. Recibió el nombre de KV62, por ser la número 62 descubierta en este Valle de los Reyes (King Valley en inglés).

Carter contrató para que le ayudasen en la excavación varios expertos de reconocido prestigio, entre los que se encontraban conservadores de antigüedades, especialistas en textos antiguos, catalogadores y dibujantes.

El Museo Metropolitano de Nueva York envió al fotógrafo arqueológico Harry Burton que fotografió todos los objetos encontrados tal como se encontraron en la tumba y también después de retirarlos.

Se trataba de una pequeña sepultura destinada a un personaje no real que debió ser transformada para acoger al rey ante su prematura muerte. Carter y su equipo, supervisados por el gobierno egipcio, fueron retirando y catalogando en un lento proceso los 5.000 objetos que encontraron en las cuatro pequeñas cámaras concluyendo en febrero de 1932.

Fuente:universia

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Jean François Champollion (2)

EGIPTÓLOGOS

La Piedra de Rosetta, encontrada en Rosetta, cerca de Alejandría en 1799. El texto es tres escrituras diferentes: jeroglíficos (parte superior), demótico (centro), y griego (abajo).

La inusual monumento fue inmediatamente enviada al Instituto Nacional en El Cairo, una institución que los franceses bajo Napoleón había creado, para el estudio de los artefactos que eran la recolección. Expedición de Napoleón a Egipto, en 1798, había sido no sólo militar, sino científica: él había organizado un equipo de 167 científicos, miembros del cuerpo de globo, ingenieros, impresoras, geómetras, astrónomos, zoólogos, botánicos, artistas (incluidos los pintores , Diseñadores, poetas y sculpters), matemáticos, economistas, periodistas, y así sucesivamente, para sondear el país y, más tarde, a publicar un informe completo sobre sus hallazgos en la Descripción de l’Egipto, a355 obra monumental de dieciocho volúmenes, con ilustraciones.
Aunque nadie puede leer las inscripciones, todos eran conscientes de que el texto trilingüe abrió la posibilidad de descifrar el jeroglífico. Los británicos, congnizant plenamente la oportunidad que representaba la piedra, se trasladó militarmente contra los franceses, y después de la capitulación en 1801, confiscó todos los artefactos el francés había reunido-en especial la Piedra de Rosetta, que envió a la British Museum de Londres.

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Jean François Champollion (1)

EGIPTÓLOGOS

Nació en Figéac en Diciembre del año 1790.
Gracias a un hermano suyo aprendió parte de los idiomas árabe, etíope. Copto. Hebreo. Sirio, caldeo, y algo de numismática.
Con tan solo 16 años se intereso por la piedra Rosetta.
Escribió un artículo en el que sostenía y con razón que la lengua copta usada por los egipcios cristianos descendía directamente de la antigua.
En el año 1807 se marcho a Paris para dedicarse plenamente a los estudios orientales, lenguas como el árabe, sirio, hebreo, chino, copto y muchos idiomas más.
En los años 1809 al 1821, fue profesor de historia en la facultad de Grenoble y fue elegido miembro de la Academia.
Mas tarde se traslado a Paris para estudiar manuscritos coptos en la biblioteca imperial, incluso llego a confeccionar una Gramática copta y un diccionario de la misma lengua.
En el año 1814, publica Egipto bajo los faraones.
En 1808 arranco por descifrar la escritura jeroglífica, se preparó concienzudamente en lenguas orientales, resistiéndose a emprender el estudio sobre la piedra Rosetta hasta conseguir toda la formación adecuada.
Mañana seguiré publicando mas sobre esta gran persona.

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EGIPTOLOGA ESPAÑOLA MYRIAM SECO

EGIPTÓLOGOS

Myriam seco es la única egiptóloga española que reside actualmente en ese país, con tan solo 35 años, habla cinco idiomas (español,aleman,frances,ingles y árabe), es doctora en Egiptología y especialista en Arqueología submarina.
Empezó a ejercer en 1995, desde entonces su labor aunque en España no sea muy conocida su nombre ya es prestigioso en la egiptología mundial.
Myriam en muchas ocasiones ha comentado que disfruta como nadie deslizándose por los oscuros recovecos de un yacimiento.
Alterna las expediciones terrestres en el desierto y en el valle del Nilo con las submarinas, así se mantiene ocupada y combate un poco el calor, cosa que en el mes de abril ya es difícil soportar.
Desde aquí quiero aprovechar para enviarla un saludo.

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HISTORIADOR YUNAN LABIB

EGIPTÓLOGOS

Hoy del tema que quiero hablaros es de un historiador llamado Yunan Labib Rizk, para aquellos que no sepáis quien era, os diré que era uno de los mayores historiadores de Egipto.
Murió este mes de Enero con tan solo 74 años de edad, después de haber escrito más de 50 libros, muchos de ellos secretos del antiguo y moderno Egipto.
Fue miembro del poderoso Consejo superior de antigüedades, entre tantas cosas.
También fue uno de los grandes defensores de Egipto, y gano notoriedad pública al defender la causa egipcia ante un tribunal de arbitraje internacional sobre la propiedad de unos terrenos en Taba.
Egipto gano la disputa en 1989, y recupero la tierra.

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HOWARD CARTER Y SU TUMBA

EGIPTÓLOGOS

Aquí os pongo las fotos de la tumba de Howard Carter y como la gente le deja flores y le enciende velas.

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Jose Ignacio Velasco Montes

EGIPTÓLOGOS

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QUIEN ES EL?, SE LLAMA JOSÉ IGNACIO VELASCO MONTES.
NACIÓ EN BADAJOZ, ES MEDICO ESPECIALISTA EN CIRUGÍA GENERAL, TRAUMATOLOGIA, CIRUGÍA ORTOPÉDICA , REHABILITACIÓN Y MEDICINA DEPORTIVA, HABIENDO EJERCIDO LA CIRUGÍA EN EL HOSPITAL DE LA PRINCESA EN EL PERIODO DE FORMACIÓN Y HASTA SU JUBILACIÓN EN LA CIUDAD SANITARIA DE “LA PAZ”, EN MADRID , DURANTE LOS POSTREROS CUARENTA AÑOS.
LECTOR EMPEDERNIDO DESDE SU INFANCIA, Y UN ESTUDIOSO DE EGIPTO Y SU CULTURA DESDE LA PUBERTAD AL NACER EN EL SENO DE UNA FAMILIA AMANTE DE EGIPTO , PAIS A LA QUE HA TENIDO LA GRAN OCASIÓN DE VISITAR EN VARIAS OCASIONES .
ES UN EGIPTÓLOGO ESPECIALIZADO EN EL IMPERIO ANTIGUO EGIPCIO, LLEVA AÑOS ESTUDIANDO , ANALIZANDO PREPARANDO Y REUNIENDO DATOS FIABLES SOBRE ESTE PERIODO DE GRAN ESPLENDOR DE LA CIVILIZACIÓN DE KEMI, EL PAÍS DE LAS DOS ORILLAS) .
ESTA LABOR DE AÑOS DE RECOPILACIÓN LE HA LLEVADO A EMPRENDER LA ACTUAL OBRA : ESCRIBIR UNA PENTALOGÍA SOBRE EGIPTO, SITUANDO LA ACCIÓN NARRATIVA DE LOS OCHO VOLÚMENES, REALMENTE “HISTORIA NOVELADA ” MÁS QUE “NOVELA HISTORIA” .
EN EL IMPERIO ANTIGUO , LA IV DINASTÍA EL MOMENTO DE MAYOR CONSTRUCCIÓN Y CRECIMIENTO DESARROLLO DE ESTA CIVILIZACIÓN QUE HABRÍA DE DURAR 3000 AÑOS.

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