INTRODUCCION

La moda se origina, posiblemente, en el antiguo Egipto, un país milenario cuya historia se remonta, aproximadamente, al año 3000 antes de Cristo. Esta fue y sigue siendo una de las culturas más poderosas y ricas de todos los tiempos, en la que los egipcios y egipcias de la Antigüedad consideraban las telas que cubrían sus cuerpos como importantes símbolos religiosos y míticos. La creencia en la vida después de la muerte y en la innegable inmortalidad del alma se pone de manifiesto en los tejidos, las formas y colores.

La forma de vestir de la época respondía a una compleja mentalidad que definía perfectamente y sin ningún tipo de dudas la condición social y la función que cada persona cumplía en la sociedad. Uno de los marcadores más importantes de la diferencia de clases era la presencia o no de adornos y joyas en las telas. Los amuletos protegían del mal y aportaban a aquellos que los poseían energía y poderes mágicos.

Los tejidos solían ser transparentes, puesto que no existían, en aquel entonces, prejuicios en torno de la desnudez corporal. La forma de vestir respondía, holísticamente, a un sentido estético que, bajo ningún concepto, obedecía a un patrón moralista.

El Faraón, ser mítico y descendiente directo del Dios del sol Ra (la más poderoso de todas las Deidades), era vestido con un traje especial, el cual le otorgaba una fuerza única y una energía sobrehumana sin igual. Esta vestimenta poseía un significado mágico y divino; ahí reside su inigualable grado de superioridad estética.

LA MODA EN EL ANTIGUO EGIPTO

No ha sido tarea fácil para los egiptólogos rescatar “vestidos” propiamente dichos, ya que lo que normalmente se encuentra en los yacimientos son fragmentos de los mismos, de los que hay miles por todos los museos del mundo clasificados como “tela egipcia”. Las telas encontradas tampoco aclaran demasiado si eran para anudar al cuerpo como prendas de vestir, o si eran ropa de cama. Solo el análisis de las marcas de uso o manchas puede resolver algo.

Ante todo cabría decir que los vestidos que han sobrevivido físicamente pertenecían a dueños de tumbas y de ajuar funerario, es decir, a personas acomodadas, por lo que en lo que se refiere a sirvientes u obreros de cualquier tipo, debemos tomar como referencia las representaciones parietales o las esculturas. Por otro lado, la moda que se representa en las pinturas de las paredes podría llamarse “moda real” o bien “moda divina” ya que son reyes o dioses los que la lucen. Por lo tanto siempre tenemos la sensación de ver a personajes vestidos “de domingo” En cambio para las clases bajas, la moda varió muy poco entre las diferentes épocas de la historia de Egipto.

Afortunadamente han aparecido tumbas bien provistas de telas y ropas. Lo que no sabemos es cuales fueron de uso normal y cuales diseñadas solo para uso funerario como parte del ajuar.

Otro problema con el que nos encontramos para reconocer los vestidos es la idealización a la que tendían los artistas. No perdamos de vista que cuando un artista resaltaba una característica de una prenda, incluso sacrificando el aspecto que “debía” tener, era porque así lo deseaba, como por ejemplo un taparrabos o un vestido abierto. Esto no significaba que siempre estuviese abierto, sino que era una manera de mostrar cómo era la prenda. Es decir, su deseo era mostrar la realidad, resaltando las características importantes, sin concesiones a la perspectiva.

Hay más dificultades para el estudio de la ropa en el Antiguo Egipto, como son por ejemplo la imposibilidad de averiguar el color que tenían las prendas, ya que la mayoría han llegado extremadamente dañadas. Y a veces en las representaciones nos encontramos con dibujos lineales y esquemáticos sin policromía. La textura tampoco puede apreciarse por la representación parietal.

Podemos dividir las prendas egipcias en dos grandes grupos: Las prendas que simplemente se arrollaban al cuerpo como un pareo, y las prendas cortadas por patrón y cosidas.

En el primer grupo entrarían vestidos arcaicos, faldellines, faldas, mantos y chales.

Al segundo grupo pertenecerían los vestidos funda, las túnicas saco, las camisas y los taparrabos.

Capítulo aparte merecerían la ropa para los soldados, las pieles de felino para los sacerdotes, y las prendas usadas por las bailarinas y prostitutas. En cuanto a la ropa de niños, nada podemos decir puesto que iban desnudos hasta alcanzar la pubertad.

EL VESTIDO EN EL IMPERIO ANTIGUO

Difícilmente podemos llamar vestidos a las ropas que usaban los egipcios en el Reino Antiguo. Las mujeres simplemente arrollaban un rectángulo de tela largo hasta los tobillos que iba atado en el hombro izquierdo, al lado de la axila, dando la impresión de ser un tirante.
Los hombres casi siempre aparecen con un simple faldellín, y en el caso de obreros, con el taparrabos, sin más.

Más adelante aparecieron los llamados “vestidos funda”, consistentes en un cilindro estrecho que se sujetaba más por su estrechez que por el o los tirantes, que además estaban sin coser. Los vestidos que se han encontrado en las tumbas NO tenían tirantes. En las pinturas de las paredes, los tirantes dejan con frecuencia los pechos al aire, aunque en las estatuas están estratégicamente cubiertos por los tirantes. Este vestido-funda era utilizado por todas las clases sociales, reinas, sirvientes, e incluso diosas.

El asunto de los tirantes ha movido a grandes controversias, ya que al no aparecer vestidos con los tirantes cosidos, ni alfileres adecuados para sujetarlos, y ni siquiera haber un canon de utilización, esto podría llevarnos a la conclusión de que los tirantes eran unas bandas que se arrollaban al torso con el fin de sujetar el pecho, por tanto al ir bajo el pecho no necesitaban coserlos al vestido. También se ha pensado que estas bandas fueran una forma de empapar el sudor, sin que chorrease por el cuerpo.

Las diosas llevaron a lo largo de la historia estos vestidos más adornados, con dibujos, colores o bordados.

Por supuesto las representaciones de estos vestidos están idealizadas, y no debían sentar tan bien como podría suponerse. Era difícil que un simple rectángulo arrollado al cuerpo cayese tan recto y simétrico, y es también difícil que un vestido funda, hecho de lino, que es un material que tiende a dar de sí, ajuste en un cuerpo de forma que revele las formas de la manera que vemos en las decoraciones parietales.

Lo que en los vestidos masculinos llamaremos faldellín, cuando es usado por mujeres no tenemos más remedio que llamarle falda, y considerarla una prenda de trabajo, utilizada por la clase trabajadora. Difiere de la prenda masculina en varios aspectos: es mucho más larga, hasta la rodilla o incluso los tobillos; además el borde del rectángulo de tela que en el faldellín masculino es redondeado, en la falda femenina desaparece. La falda es un rectángulo de tejido arrollado al cuerpo en la cintura, con el pico final enganchado de la misma manera que un pareo o una toalla, al salir de la ducha. A veces una banda o fajín sujetaba la falda en su sitio.

Otra diferencia es que las faldas femeninas nunca iban decoradas, ni pliegues, ni flecos, ni adornos de ningún tipo, con excepción de las bailarinas.

Muy raramente aparecen vestidos más elaborados con escote de pico en V, que a veces iban bordados con cuentas de vidrio y llevaban un cinturón.

Prácticamente no había diferencia de forma entre los vestidos de las señoras y los de las sirvientas, aunque sí debía haberla en la calidad de los tejidos. Por supuesto las señoras llevaban peluca y joyas, mientras que las sirvientas no iban adornadas. Incluso, dependiendo del trabajo que desempeñaran en la casa, vestían un simple faldellín como los hombres, que les permitía mayor libertad de movimientos.

Los mencionados vestidos de las bailarinas eran muy curiosos, consistían en una falda hasta la rodilla o el tobillo (tela arrollada al cuerpo y sujeta con una banda o fajín) y unas tiras entrecruzadas por el pecho y la espalda que acababan atándose en el pecho o en la espalda. Estos eran utilizados por las bailarinas del Reino Antiguo. Ejemplos de este tipo de traje se han encontrado en Sakkara, en las mastabas de Ti y de la princesa Idut.

Por otra parte, desde el Reino Antiguo aparecen los llamados vestidos red, consistentes en una red hecha de cilindros de pasta de vidrio engarzados formando rombos y otros dibujos. Dos tirantes sujetaban estos vestidos cilíndricos, que llevaban una especie de placas metálicas (bronce) o de terracota para ocultar la parte más comprometida de los senos femeninos.

Pruebas hechas con vestidos de este tipo que han llegado a nuestros días demuestran que estaban pensados para chicas muy jóvenes, unos doce o trece años. Los bordes de estos vestidos estaban formados por unos “flecos” hechos con conchas en las que introducían piedrecitas o bolitas de barro para que pesaran, y que sonaran al moverse. Los egipcios gustaban de admirar el cuerpo femenino semicubierto, casi más que totalmente desnudo. El sonido de las bolitas tenía además un efecto erotizante. Estos vestidos cuando eran utilizados por señoras respetables iban superpuestos a un vestido-funda, mientras que las prostitutas o bailarinas los utilizarían sin nada debajo. En el papiro Westcar aparece el conocido relato del rey Snefru y las chicas vestidas de red que remaban para él.

Los hombres también se enrollaban en rectángulos de tela como las mujeres, con algunas diferencias, ellos lo ataban en el hombro, como vemos en la paleta de Narmer, o de modo algo más complicado de manera que parecían tener una manga solo.

No obstante la prenda masculina por excelencia a lo largo de toda la historia de Egipto fue el faldellín. Era esta una prenda consistente en un rectángulo de tela que llegaba a la rodilla y que se arrollaban al cuerpo igual que hoy en día hacemos con una toalla.

A veces aparecen con los picos delanteros redondeados, dejando ver una especie de delantal, que llevaban debajo cubriendo el taparrabos. Estos delantales en caso de personajes de la realeza podían estar bordados, plisados o con flecos o cenefas.
El delantal básico sería una pieza de tela rectangular o trapezoidal que se ataba con cintas a la espalda. El faldellín/delantal era prenda de uso exclusivamente masculino.

El faldellín podía sujetarse a la cintura con bandas o fajines cuyos extremos se dejaban colgar por delante de la zona genital. Hay autores que sostienen que el faldellín/delantal era una sola prenda, pero hoy en día esa tendencia está obsoleta.
Para que un rectángulo de tela presentase el aspecto de faldellín-delantal, el modo de atarlo debía resultar difícil y poco práctico.

La ropa interior no varió a lo largo de toda la historia de Egipto, y era igual para hombres y mujeres. Se trataba de una especie de pico-pañal triangular con cintas. Estaba formado por dos piezas triangulares unidas por una costura simple en el centro y dobladillo en los laterales.

Se colocaba como un pañal de bebé, metiendo el pico del triángulo entre las piernas y atándolo con las cintas desde detrás.

A veces, en lugar de taparrabos, o encima de él pasaban una banda entre las piernas sujetando los bordes con otra banda que ataban a la cintura. Al dejar colgar los bordes por delante hacía el efecto delantal.

En cualquier caso tampoco se puede asegurar que el faldellín-delantal fueran dos piezas, ya que haría falta encontrar algún trozo lo suficientemente grande como para poder analizar marcas de uso, manchas, arrugas, etc.

Hay otro tipo de vestiduras de las cuales se conservan algunos ejemplos. En este caso son ropas “cosidas” y se trata de los famosos vestidos de Deshasha (Dinastía V) y de la camisa de Tarkhan (Dinastía I). Todas estas prendas están hechas del mismo modo: montadas sobre un faldón y la parte de arriba en canesú rudimentario de dos piezas y manga larga. Las túnicas de Deshasha son largas y podrían servir para un adolescente, mientras que la camisa es corta y de tamaño adulto.

Hay también otra camisa plisada, pero con el mismo corte, de la VI Dinastía Esta no parece una prenda muy cómoda, ya que tiene aspecto de ser muy pesada. También había vestidos largos plisados en sentido horizontal. Esto debió ser una moda pasajera, ya que el propio peso de la tela desplisaría el tejido y el vestido quedaría demasiado largo. Esta moda debió perdurar por poco práctica y poco estética.

EL VESTIDO EN EL REINO MEDIO

Los vestidos femeninos seguían la misma “moda”. Es decir un rectángulo arrollado al menos una vez y media en torno al cuerpo, y sujeto a un hombro.

Ahora, ya elaboraban un poco más los vestidos y curvaban los extremos que debían ser atados en una especie de rabos o rudimento de tirante para atarse a la espalda. Esto era un intento de facilitar la sujeción sin tener que obligar a la tela a arrugarse bajo el brazo, con la consiguiente incomodidad.. Estos vestidos eran fundamentalmente utilizados por las sirvientas. A veces llevaban como adorno una sobrefalda de cuentas que variaba en longitud y tamaño.

Los vestidos funda seguían siendo utilizados. En las representaciones vemos que es más un deseo del artista que una verdadera forma de vestirse, ya que una prenda tan ajustada debía ser incómoda de poner, y no digamos de quitar o moverse con ella, teniendo en cuenta las temperaturas de Egipto. No podemos olvidar que el lino no es un tejido que ceda ni se acople, por tanto cuando vemos a una dama vestida así arrodillada Y SIN UNA SOLA ARRUGA no nos cabe duda sobre la idealización.

En el Reino Medio comenzaron a utilizarse los plisados para la realeza y los colores para las sirvientas y obreras.

Los hombres seguían utilizando faldellín, aunque durante el IM eran algo más altos de cintura, y solían cubrir el ombligo. También eran más largos. En la moda también se traslucía algo de la melancolía del Reino Medio. Aunque en esta época florecieron artes como la Literatura, la sociedad en general era algo menos festiva, y esto se traduce en una moda algo más recatada, e incluso una cierta blandura de facciones en las estatuas.

Durante el Reino Medio aparecieron las llamadas túnicas-saco, o camisas. Pero no sobrevivió ninguna de aquella época, y las que conocemos son del Reino Nuevo

EL VESTIDO EN EL REINO NUEVO

A partir del Reino Nuevo ya no se vuelve a ver el vestido arcaico, es decir el simplemente arrollado al cuerpo, aunque se siguen envolviendo en una tela de manera más o menos artística. Las telas eran más ricas y muchas veces plisadas, sobre todo para las clases altas.

Comenzaron a idear nuevas y complicadas formas de anudar en torno a su cuerpo grandes cantidades de tela, consiguiendo unos resultados realmente sorprendentes, como podemos ver en los fastuosos vestidos de Nefertari, o los de época amárnica

Unas veces arrollaban la tela dejando un pecho al aire. Otras veces cubrían ambos, dando la impresión de llevar una especie de chal por encima, pero algunos dibujos nos enseñan cómo se podía conseguir tan magnífico resultado. Aunque los rectángulos de tela debían se cada vez mayores para dar todas las vueltas necesarias. Y también las telas más finas para no abultar demasiado.

Se cree que después del complicado entrecruzado de tela iban atados delante, pero quizás esa es solo la impresión de las representaciones, ya que las diosas y las reinas realzaban estos modelos con fajines o, llamémosle, cinturones, aunque ahora éstos eran bordados, o de colores y tenían flecos trenzados para evitar que se deshilacharan.

Los vestidos funda seguían utilizándose, aunque cada vez eran más nítidos, o quizas, los artistas más esmerados. Vemos Además que ya tenían dibujos y colores, incluso para las sirvientas.

Cuando vemos un color amarillento en los vestidos blancos de las fiestas tebanas, es, al parecer, las manchas de grasa de los conos de perfume, que iban impregnando las telas.

También las franjas grises verticales que aparecen en los vestidos de las plañideras, no son ningún color añadido, sino las manchas de la ceniza que se arrojaban por encima para demostrar su dolor.

La moda masculina también varió, y en el Reino Nuevo los faraones y nobles se hacen representar con vestiduras más complicadas. A menudo llevan una falda larga hasta los pies, aunque de tela transparente a través de la cual vemos el faldellín corto.

También en esta época aparecieron las llamadas “Túnicas-Saco”. Estas prendas eran utilizadas igualmente por hombres, mujeres y a veces niños. En algunos textos las llaman dalmáticas, por la semejanza que tienen con la vestidura sacerdotal actual. Se trata de un rectángulo de tela doblado a la mitad, con un agujero en forma de ojo de cerradura para el cuello, y cosida a los lados, pero dejando un espacio sin coser para los brazos de unos 30 cm. Las había con y sin mangas

Normalmente eran simples, pero las había bordadas y con adornos de tapicería o flecos (Tutankhamon). También solían intercalar hilos de otros colores en el tejido La abertura del cuello se cerraba con cordones. A veces se las ceñían con cordones o fajines de colores, bordados o con flecos para ir más cómodos y evitar el antiestético aspecto de murciélago

Las había largas y cortas. Las largas iban desde los hombros a las rodillas, o más frecuentemente a los tobillos. Eran utilizadas por todos. Las cortas, que iban desde los hombros a las caderas eran de uso masculino. Ambas modalidades podían utilizarse solas, o sobre otras prendas, ya que su función primordial era la de abrigar en épocas frías, mas que la de adornar o demostrar status social.

Estas prendas comenzaron a verse en el Reino Medio, pero las que han sobrevivido pertenecen al Reino Nuevo. Por ejemplo en la tumba del arquitecto Kha aparecieron 16 de estas túnicas de material fino y una de material grueso, que hemos dado en denominar “de invierno”. Tutankhamon tenía 12 túnicas-saco, algunas bordadas para uso ceremonial. Otras se encontraron en la aldea de los trabajadores de Amarna

No olvidaremos las vestiduras de los sacerdotes. Los sacerdotes utilizaron las mismas vestiduras que la gente ordinaria, y no debieron variar gran cosa a lo largo de la historia. Sus vestiduras siempre debían ser de lino de la mejor calidad, casi transparente, y estar recién lavadas. Podían utilizar faldellín, vestido arcaico, o también los llamados túnica saco. Pero solo gracias a los demás símbolos de los vestidos podemos saber si un personaje era sacerdote o no, ya que solían llevar unos pectorales especiales, llevar unos báculos muy característicos, o bien ir peinados con un mechón lateral. También los adornos del delantal del faldellín, habitualmente adornado con una cabeza de guepardo nos informan de que el personaje pertenece al clero

Para determinados ritos, o fiestas funerarias. los sacerdotes Sem y Iunmutef llevaban pieles de felino sobre sus túnicas. EL Sem la llevaba simplemente superpuesta, mientras que el Iun-Mwt-ef solía agarrar la pata trasera de la piel del felino

Tanto sacerdotes, como sacerdotisas utilizaron estas pieles, aunque las mujeres arrollaban la piel al cuerpo como un vestido y no como una capa.

VESTIDO EN EPOCAS POSTERIORES

Las representaciones de vestiduras en época ptolemaica y tardía nos muestran una vestidura que es una copia de las anteriores, aunque nos cabe la duda de que esto pudiera ser solo de “cara a la galería” para las representaciones murales.

Lo cierto es que los faraones y reinas de esta época se hacían representar en las paredes y estatuas como egipcios clásicos. Pero a veces parecían estar disfrazados de algo que ya no era su modo habitual de vestir. A pesar de que hemos visto tantas veces representada a la famosa Cleopatra VII como ejemplo de la mujer egipcia, la verdad es que el atuendo habitual de Cleopatra debía ser más bien como dictaba la moda griega, es decir con clámide. Y solo para hacerse representar en los monumentos debió usar prendas egipcias.

No obstante tenemos magníficos ejemplos de vestidos de época tardía como el que luce la reina Karomama.

LOS MATERIALES

La materia prima principal es el lino.

La lana no llegó a Egipto hasta el siglo V A.C. y se consideraba impura. Herodoto dijo que la lana estaba prohibida por la religión egipcia. La realidad es que no les hacía falta para nada. Seguramente si hubieran vivido en un lugar donde hiciera frío no la hubieran considerado impura.

El uso de la lana para hacer pelucas no se ha confirmado. La traducción de una palabra dudosa como “lana” en un papiro del Reino Nuevo no es suficiente prueba. Si se llegó a usar la lana, no fue en modo alguno para vestirse.

El algodón tuvo su origen en India, siendo el primer tejido del 3.250 A.C. en Mohenjo Daru. Aparece en Egipto en el Siglo II D.C., aunque la producción en serio se inició con los árabes en el 641.

La seda no llegaría hasta el Siglo IV y por tanto nada tiene que ver con la cultura faraónica.

El LINO

El lino se cosechaba en distintos momentos de maduración, dependiendo del uso que se fuera a dar a sus fibras.

- Verde para los tejidos más finos
- Amarillo para fabricar “buenas telas”
- Maduro para hacer cuerdas y esteras

Una vez recogido se pasaba por una especie de peine para separar las impurezas del tallo. Luego se mojaba, para separar las fibras de cualquier resto de tallo y se peinaba de nuevo. Las fibras ya estaban listas para ser torsionadas e hiladas. Se tendía a torsionar el hilo en “S”, es decir, hacia la izquierda, ya que el lino al secarse tiene esa tendencia. Los husos que utilizaban para la hilatura eran de tres tipos: suspendidos, de pared y a mano

El color iba de blanco a marrón dorado pasando por toda la gama de los beige. La variación era según la madurez de la planta. Algunos linos eran deliberadamente blanqueados al sol. Las variedades eran:

- Lino real. Blanco y casi transparente.
- Lino fino. Con más hilos, más tupido, aunque aún fino.
- Tejido fino. Buena calidad, pero hilos más gruesos.
- Tejido suave. Tejido bueno y resistente, aunque con una terminación algo más ordinaria. Era el tejido de abrigarse.

HILATURA Y TEJIDOS

La hilatura y el tejido eran artes antiquísimos en Egipto. Una vez hiladas las fibras se procedía al tejido de las telas. Se solía hacer en las casas, donde había un pequeño taller para el uso doméstico. Tejían en telares verticales y horizontales.

Los telares horizontales o de suelo se usaron desde la época Badariense al Reino Medio. Los verticales se usaron desde el Reino Nuevo, sin que esto signifique que se desterrara el telar horizontal.

Los hilos (lo que se llama “urdimbre”) se mantenían separados por unos peines para que pasaran unas agujas enhebradas (lanzaderas). Después unos listones de madera (“batanes”) apretaban el entretejido de los hilos para darles consistencia.

El ancho de las telas oscilaba alrededor del metro o metro veinte. (Los brazos del tejedor extendidos). Este ancho configuraba a veces el largo de los vestidos. Es de destacar que los bordes longitudinales de los tejidos estaban reforzados en algo parecido a nuestra “orilla viva” para evitar que se deshilachara. Esto se conseguía reforzando al doble de hilos en la trama y urdimbre de los bordes. También tejieron dejando hebras huecas sobre la trama, es decir haciendo un rudimento de tela de “rizo” que se utilizaba como toalla.

Todos los templos tenían su propio taller de tejidos, y el de Amarna se tenía por particularmente próspero. Sorprendentemente, y pese a lo rudimentario de la hilatura y tejido, muy pocas telas egipcios presentan defectos en la fabricación.

También encontraremos cordones y chales. Los cordones eran fibras gruesas de lino fino torsionadas en S o en Z con algo parecido a borlas con flecos en los bordes. Los chales, o más bien deberíamos llamarlos fajines eran de tejido y también llevaban los bordes con flecos trenzados y se utilizaban para ceñir las ropas a la cintura, o bajo el pecho. Afirmamos esto porque es mucho más escasa la representación de esta prenda como “chal”.

El llamado chal de Tutankhamon mide 1,07 m. de largo por 20 cm. de ancho. Con este ancho no deberíamos considerarlo un chal, con la acepción que le damos ahora a la palabra, aunque pudiera ser una especie de estola ritual usada en determinados ritos u ocasiones solemnes.

Hay muy pocas representaciones de estos fajines usados como chales por mujeres, solo como ceñidor para evitar que se les cayeran las faldas en los trabajos más duros, o ya en vestidos muy elaborados de la 19 Din. (Nefertari). Otros autores apuntan que estas bandas eran utilizadas por las mujeres como algo parecido a un sujetador, aunque no existen representaciones específicas de este uso, por lo que nada podemos afirmar.

EL TEÑIDO

Utilizaban tintes naturales:

Rojo
Alkanna tinctoria (raices)

Rubia tinctorum

Rubia peregrina

Hembra del Coccus ilicis (cochinilla)

Azul
Isatis tinctoria

Indigofera tinctoria

Amarillo
Carthanus tinctorius

Verde
Mezcla de amarillo y azul

Púrpura
Mezcla de rojo y azul

Ocre
Mezcla de rojo y amarillo

Para teñir los tejidos, saturaban la tela en un agente fijador, o mordente (cal apagada o alumbre) y luego la sumergían en el tinte hirviendo. Este proceso hacía que el teñido fuera duradero y no desapareciera con el lavado. EL proceso actual de teñido es más o menos el mismo.

No tejían mezclando hilos teñidos de diferentes colores hasta la llegada del telar vertical en el Reino Nuevo. Aún así, sólo la realeza y las representaciones de diosas llevaban vestidos que combinasen colores. En éstas pintaban o esculpían el vestido liso y luego el dibujo como superposición. Nunca estamparon las telas. De hecho no han sobrevivido tejidos teñidos, no se sabe si porque no lo enterraban en las tumbas por considerarlo demasiado costoso, y preferían seguirlo utilizando, o que quizás los tintes se desvanecieran con el paso de los siglos.

Un ajuar normal implicaría unos 20 m. de tela para un hombre y algo menos para una mujer. Por lo tanto las telas eran un material muy apreciado que servían de dote, medio de pago, o recompensa, e incluso cuando había una disputa conyugal, en ocasiones el marido era condenado a regalar a su mujer determinada cantidad de tela.

LAVADO, PLANCHADO Y PLISADO

El sistema de lavado era el que debió usarse hasta tiempos relativamente recientes. Es decir: se mojaba la ropa y se golpeaba con unos palos dentro del agua. La frotaban con carbonato o bicarbonato sódico para blanquearla.

El escurrido se hacía retorciendo la prenda arrollada a un poste vertical hundido en la tierra, a veces ayudados por otra madera para hacer más fuerza y retorcer la tela más fácilmente.

Se lavaban las prendas con frecuencia, sobre todo las interiores. El lavado no se hacía en casa, y en Deir-el-Medina se han encontrado listas de lavandería, en las que se relacionan las prendas que se entregaban al lavandero. En ropas de las D.XII se han encontrado marcas que las señalan como pertenecientes al templo de Mentuhotep.

En estas listas se especifican las prendas, hasta las más pequeñas, como bandas, pañuelos, paños e incluso algo que ellos denominaban literalmente “bandas de las traseras” y que suponemos que eran algo parecido a compresas. Hemos dicho que había lavanderos, hombres, lo cual no deja de ser chocante. Anécdota: En la Sátira de los oficios se dice de ellos:

El lavandero lava en la orilla, con el cocodrilo como vecino. ‘Padre, sal de la corriente de agua’, dicen su hijo y su hija. No es un trabajo que satisfaga…Su alimento está mezclado con la suciedad. No hay parte suya limpia, mientras se coloca a sí mismo entre las faldas de una mujer en menstruación. Llora, pasando el día en la pala y la piedra. Se le dice: ‘Ropas sucias para tí’.

Como contrapunto a estos inconvenientes que el escriba expone a su hijo, el enamorado ve las cosas de otro modo en esta canción de amor:

Ojalá yo fuera el lavandero de mi amada, aunque fuera solo un mes. Disfrutaría mi trabajo de lavar las prendas que han tocado su cuerpo. Sería yo el hombre que lavase el ungüento que queda en su paño de cabeza. Trabajaría hasta la extenuación entre sus vestidos.

El plisado de los vestidos se conseguía estirando el tejido aún húmedo sobre una tabla con estrías, de las que sólo se conserva un ejemplar en el Museo Británico. Al secarse la tela, quedaban marcadas las líneas. Luego, con las manos obligaban a los pliegues a quedarse en su sitio. Después cosían estas líneas para fijarlos. Luego los “planchaban” con piedras. No sabemos si por simple peso de éstas, o si las calentaban de alguna manera, o incluso al sol, para acelerar el proceso. Como los pliegues estaban cosidos, no necesitaban repetir el proceso de la tabla al lavar la prenda. Solo debían “plancharlos”.

ZURCIDO

También han aparecido evidencias de que algunas prendas fueron zurcidas. Se cree que remendaban las de tejido más fino, o confección más valiosa, con bordados, o colores. El zurcido se hacía reparando los hilos de trama o urdimbre que estuvieran dañados o desaparecidos, como si se tejiera de nuevo. Para esto empleaban agujas con hilo enhebrado como en la actualidad. Los alfileres podían ser de metal, aunque los más frecuentes eran de espinas vegetales, que guardaban en alfileteros de huesos de ave huecos. También se han encontrado “dedales” de piedra para proteger de pinchazos el dedo medio.

VESTIDURAS ESPECIALES

Además de los vestidos utilizados por todo el mundo, había otras prendas que también hemos de reflejar aquí. Se trata de los corseletes o cotas de malla que usaban los faraones en combate. Todos hemos visto en los museos algunos de estos corseletes hechos de pequeñas placas metálicas colocadas como escamas de pescado. Eran la prenda que los faraones o los militares de alto rango utilizaban para las batallas. Es frecuente ver a los faraones de pie en sus carros luciendo una de estas cotas de malla en las representaciones murales de las batallas. Esta prenda se ve sobre todo en el Reino Nuevo. Entre los hallazgos de la tumba de Tutankhamon hay un ejemplar bastante bien conservado de uno de estos corseletes.

También una vestidura especial podemos considerar a los taparrabos de cuero que utilizaban los soldados. Los soldados llevaban como ropa interior el clásico taparrabos triangular utilizado por todo el mundo, pero encima del pico de tela llevaban una curiosa prenda de cuero, mejor dicho de tiras de cuero. Estas prendas no se metían entre las piernas, sino se superponían por la parte trasera sobre los glúteos y riñones y se ataba delante, aunque también los hay que se ataban a ambos muslos. Tenían, por lo tanto una forma algo curiosa. Más o menos rectangular con tiras en los cuatro ángulos.

Estaban hechos de una pieza de cuero con incisiones que hacían que al estirarse quedaran como una red, o como un trenzado. Estas prendas debían ser para preservar los tejidos en las batallas y para protección del cuerpo al sentarse en el suelo. Sólo lo usaron los soldados y algunos trabajadores de oficios especialmente duros.

CHALES, BANDAS Y MANTOS

Tenemos que distinguir muy bien lo que es un chal y lo que es una banda ornamental. En el AE si que hubo chales, pero no todo lo que llaman chales lo son. Es producto de una traducción poco cuidadosa del inglés donde el término se presta a confusión. Llamamos chales a las piezas de tela rectangulares y de la anchura necesaria para poder ser usada como abrigo sobre los hombros, o bien envolviendo glúteos y caderas con fines ornamentales o ceñidores. El ejemplo más claro de chal que todos tenemos en la mente es el que llevaba la imagen del dios Anubis en la tumba de Tutankhamon. Estos chales podían ser lisos, o bien plisados. Normalmente se colocaban sobre los hombros y se ataban delante bajo el pecho. Eran prendas utilizadas igualmente por hombres y por mujeres.

En cuanto a las bandas, o fajines jugaron un importante papel en la moda egipcia. Se trataba de unas tiras de tela de un ancho máximo de 20 cm. Aunque muy largas. En el Museo de Leiden hay un ejemplar que tiene 3 m. de largo. Estas tiras de tela tenían la función de sujetar las faldas y faldellines, o bien se usaban como ceñidores en los vestidos complejos o sobre las túnicas-saco.

La clase trabajadora utilizaba cualquier trozo de tela disponible para ceñír sus vestiduras, incluso a veces ataban estas bandas en la espalda con el fin de que los extremos no les incomodasen en sus trabajos. Esto en cuanto al uso práctico de bandas.

Ahora bien, también había fajines más ricos, adornados con flecos, con bordados, de colores, que tenían una función más especifica. Además de sujetar las ropas, eran un adorno. Pensemos si no en los ceñidores que luce la reina Nefertari en sus atuendos. O en el artístico modo de anudarlo hasta tres veces que podemos ver en las ropas del príncipe Amonhirkhopeshef.

Estos fajines más elaborados tenían dobladillo en uno de los lados largos, y en el otro la orilla viva del tejido.

Las bandas, como ya hemos dicho podían constituir el precursor del sujetador femenino, como vemos en los vestidos de las bailarinas.

Y pasemos a los mantos. Les llamamos mantos para no confundirnos con las túnicas, que sí llevarían algo de confección. Los mantos eran simples piezas cuadradas o rectangulares, normalmente largas hasta los pies, que tenían la función de abrigar. No llegamos muy bien a saber si esto eran prendas de vestir, o si eran ropa de cama utilizada para abrigar. El hecho cierto es que suponemos que en épocas frías se abrigaban con uno de estos mantos, que solían anudar en un hombro. La diferencia en la forma de usar los mantos parece ser que estriba solamente en la postura de la figura representada. Mientras que si está sentado lo lleva solo superpuesto y cruzado por delante del pecho, si la figura está de pie con conduciendo un carro, lo lleva anudado en un hombro, o bien volando detrás de la espalda como si fuera una capa. Estos mantos se utilizaron desde el Reino Antiguo, y sobre todo los faraones lo usan en los rituales de la fiesta sed, en los que aparecen totalmente envueltos en pesados mantos.

De todo cuanto hemos visto se desprende que en el Antiguo Egipto las gentes del pueblo llano no dedicaron especial atención a su atuendo y se vistieron siempre más o menos igual. Esto no era así para las clases más elevadas y por supuesto, la realeza, donde sí vemos vestidos extremadamente complejos y cuidados. Aunque también hemos de decir que los artistas se ganaban el sueldo, ya que representaban a sus señores de modo espléndido.
No dudamos que las egipcias tuvieran una figura envidiable, aunque no todas tendrían el cuerpo juvenil que nos muestran. Tampoco dudamos que los vestidos les sentaran bien, pero no tanto. En cualquier caso, los vestidos de la realeza, con todos los adornos, pectorales, coronas, etc debían resultar fastuosos.

Si tenemos en cuenta que ellos se hacían representar en monumentos para la eternidad, como son las paredes de sus tumbas, o los relieves de los templos, resulta del todo justificable que quisieran aparecer favorecidos, y en pleno esplendor. Si les he de ser sincera, yo en su caso habría hecho lo mismo.