Los Artesanos
SOCIEDAD Agosto 31st, 2010
La artesanía tuvo un amplio desarrollo en el Egipto antiguo, aunque elartesano o artista rara vez firmaba sus obras, el artesano era un ser anónimo que hacía muy bien su trabajo, pero que no dejaba constancia de él con su nombre sino con su obra. Gran parte de los artesanos trabajaban para el faraón o los grandes templos, conociéndose documentación sobre la existencia de amplios talleres, que estaban conectados a los templos o palacios, donde el trabajo era supervisado por un superintendente. Incluso, a veces vivían juntos en villas especialmente construídas para trabajar en grandes proyectos, como la construcción de una tumba o un palacio. Muchas de estas villas de artesanos han sido excavadas, por ejemplo, Deir el-Medina cerca de Tebas, hogar de quienes construyeron el Valle de los Reyes.
La estima que se tenían los artesanos era tan alta, que los mejores tenían sus propias tumbas sumamente elaboradas y decoradas.
Teniendo en cuenta que sus técnicas y útiles eran muy sencillos, la extraordinaria calidad de sus obras se debía a la habilidad y paciencia casi infinitas que dedicaban a su trabajo.
Este cargo era habitualmente hereditario y tenía la misión de controlar la labor de los artesanos y el uso de los materiales que tenían destinados, especialmente los metales.
Los textos hacen referencia a la jornada laboral y parece que trabajarían unas ocho horas diarias, durante ocho días de cada diez.
La mayoría de los talleres debieron ser ruidosos, calurosos y sucios, con todos los desechos de la producción tirados por el suelo.
Orfebres y Carpinteros
Los artesanos egipcios, que trabajaban bajo la protección real, alcanzaron un alto nivel en la fabricación de muebles, de objetos de adorno y de uso diario, y en la decoración. Ciertas técnicas, como la del trabajo en metal, tenían su origen en Mesopotamia, pero fueron perfeccionadas en suelo egipcio. Se dispuso de grandes provisiones de cobre del Sinaí y de Nubia, pero los trabajos en hierro y bronce no conocieron su máximo desarrollo hasta más tarde, puesto que los egipcios no tenían ningún acceso directo a las minas de hierro y estaño.
Las ricas minas de oro de Nubia y del desierto oriental de Egipto proporcionaron a los faraones, medios de intercambio comercial. Las caravanas iban y venían entre las cortes de Egipto y Tebas y las ciudades principales de las potencias del oeste asiático; cada uno de los reyes asiáticos ambicionaba el oro para embellecer sus palacios y aumentar su prestigio, y cedía, a cambio, muebles taraceados, metales y piedras preciosas. Probablemente, la materia decorativa conocida como mayólica egipcia fue también un invento importado del occidente asiático, aunque fuese fabricada en Egipto desde épocas muy remotas. Desde la época predinástica se empleó con profusión el oro en utensilios valiosos, y también para recubrir o chapar otros de bronce, piedra o madera.
Las vasijas de uso cotidiano en templos y palacios eran de oro con relieves y grabados de figuras dispuestas alrededor de las mismas. En oro, bronce dorado y marfil (raramente en plata, muy escasa en Egipto) se labraron muchísimas estatuillas en honor a las divinidades y altos personajes. Asimismo fueron adornados con pedrería muebles, brazaletes, collares, anillos, etc y Se revestían con planchas de oro o de electrum las puertas de los templos, los relieves de piedra y aun los zócalos y obeliscos más estimados. Se empleaba el bronce como material ordinario en utensilios domésticos y en estatuas, adornándolas a veces con incrustaciones de oro y plata.
El rico color azul, fue, en particular, solicitadísimo. Dicha sustancia consiste en una sustancia de cuarzo pulverizado recubierta de un barniz brillante. Los artesanos egipcios perfeccionaron también la fabricación de cristal opaco, que utilizaron frecuentemente en joyería o decoración de muebles como sustitutivo del lapislázuli, la turquesa o el jaspe.
Los canteros, con el mero empleo de cinceles de cobre y taladradores, esculpían delicadas vasijas de piedra dura, como la diorita y el pórfido; utilizaban el alabastro por la belleza de su veteado, y el cristal de roca para la fabricación de copas de paredes tan delgadas como la cáscara de huevo. Los carpinteros daban muestra de una asombrosa habilidad en la fabricación de arquetas taraceadas y muebles.
Los orfebres y joyeros elaboraban aderezos de complicada factura, y se trabajó el cobre para hacer con el, diversidad de herramientas y de armas que, en manos de los orfebres y guerreros, contribuyeron a la grandeza del país. Utilizaban la técnica de la “cera perdida”.Se realizaba el modelo con cera y luego se recubría con yeso. El calor endurecía el yeso y hacía fundir la cera, que iba saliendo por orificios abiertos en el yeso. El metal fundido podía ser vertido, por tanto, en el interior del molde rígido.
Los fundidores de metal y los orfebres, fundían cobre, bronce, oro, plata y, al final del Imperio Nuevo, hierro. Se colocaba un crisol con el metal sobre el fuego atizado por los fundidores, con abanicos en el Imperio Antiguo y con fuelles de pie en el Imperio Nuevo. Una vez fundido el metal, retiraban el crisol con unas grandes barras con forma de pinza y llenaban los moldes. Así daban forma al metal en frío. Usaban unas placas colocadas sobre un yunque de piedra que martilleaban, trabajándola con un guijarro muy duro y con puntas. Así fabricaban joyas, vasos, armas…
Los carpinteros fabricaban muebles, armazones, carros de combate, estatuas o barcos. Usaban hachas, sierras, azuelas y mazos, y pulían la madera con piedras y arena. Las piezas se machihembraban entre sí o se unían con clavijas, que eran pedazos más pequeños. La madera usada se elegía en función de sus propiedades: la palmera fibrosa, para los armazones, la acacia, compacta para los sarcófagos, el fresno, resistente, para arcos, lanzas y carros, el sicomoro, maleable, para cofres, objetos y muebles cotidianos. Las maderas preciosas (el cedro, y el ébano) se trajeron de las expediciones a Siria y Nubia. Antes de ponerse a trabajar, los carpinteros dibujaban croquis en papiros y los presentaban al jefe de equipo.
A los egipcios les gustaba la joyería de fantasía y colores brillantes, para cuya fabricación utilizaron variados materiales: piedras semipreciosas, materiales vidriados, e incluso cristal, pero nunca piedras preciosas. En el Antiguo Egipto el oro era muy abundante y con este metal se hacían básicamente muchas joyas.
Para hacer las cuentas primero rompían las piedras semipreciosas en trozos de tamaño adecuado y las desbastaban rudimentariamente, sometiéndolas a la fricción del rozamiento o restregándolas. Después las pulían mediante insistente frotamiento. La fase siguiente consistía en perforar las cuentas para ensartarlas en un hilo. Los agujeros los hacían con un taladro, cuya punta, ligada al mango, podía ser metálica o de piedra, o un trozo de junco duro. Para hacer más fácil la acción del taladro al horadar se usaba un material abrasivo como el esmeril o el cuarzo. Una vez fabricadas las cuentas, podían ser pulidas o vidriadas, según la necesidad. Concluido el proceso de elaboración de las cuentas, éstas se entregaban a otros artesanos para que hicieran sencillas sartas, complicados collares, redes de amuletos o placas para colocar sobre las momias.
Curtidores y Tejedores
Los curtidores preparaban las pieles y el cuero para fabricar vestidos, sandalias, escudos, aljabas, correas, odres de agua… Salvo con las pieles manchadas, como las de los leopardos, los curtidores afeitaban los pelos de las pieles y raspaban el dorso para retirar los restos de carne y de grasa. Las pieles se sumergían en una decocción de vaina de acacia o se untaban con grasa. Esto ablandaba las pieles, que se tornaban impermeables y no se pudrían. Para fabricar sandalias, el zapatero cortaba los pedazos de cuero con un cuchillo curvo, los agujereaba y juntaba las piezas con cordones.
El hilado. Este trabajo femenino consistía en fabricar el hilo con el que los tejedores fabricaban las telas. Aun antes de la época de los faraones, los egipcios hilaban el lino, planta que crecía en abundancia en el valle del Nilo. Se arrancaban los tallos, se ponían en remojo, se aplastaban con un mazo, se peinaban y se cocían para separar las fibras. Las hilanderas dejaban correr esa hilera entre sus dedos o usaban un huso. Así obtenían largos y finos hilos, que enrollaban en carretes.
El tejido de las fibras también era tarea de las mujeres. Hasta el Imperio Medio, se usaban telares colocados en el suelo. En el Imperio Nuevo apareció el telar vertical. El tejido no se teñía, pues los egipcios vestían de blanco, símbolo de la pureza. Los vestidos y las vendas de las momias se hacían con telas de lino. Con la lana de cabras y ovejas se tejían mantos. Las velas de los grandes navíos y los sacos estaban confeccionados con cáñamo (otra fibra vegetal). El algodón no llegó a Egipto hasta la época griega, y los egipcios lo llamaron “lana de árbol”.
Los cesteros, trenzaban toda clase de cestos, canastillas o esteras, usadas para dormir o para protegerse del sol. Usaban diversas materias primas: paja, junco, hojas de palmera, cañas…
Los albañiles y alfareros
Los egipcios sólo disponían de una palabra para designar ambos oficios: los alfareros eran”los albañiles en pequeño” y los que construían eran “los albañiles de los muros”. Todos usaban el limo depositado por la crecida del Nilo. Los alfareros lo moldeaban a mano o sobre un torno manual. Los recipientes-cuencos, platos, cántaros…- se dejaban secar al sol y luego se cocían al horno. Las piezas más hermosas se decoraban con dibujos o grabados. Los albañiles preparaban los adobes con una mezcla de tierra, paja, arena y agua. Se amasaba, se vertía en un molde de madera y luego se dejaba secar durante días.



