Mehent, el mágico Juego de la Serpiente
DEPORTES Y JUEGOS
Entre los juegos que acompañaron a los antiguos egipcios desde los comienzos de su civilización se encuentra el que hoy se conoce como “Mehent”, una variante de nuestro moderno “Ludo” o del “Juego de la Serpiente y la Escalera” tan popular en Inglaterra.
El origen del llamado “Juego de la Oca” egipcio se remonta al Período Predinástico y continúa en auge durante todo el Reino Antiguo.
Muchos museos aun conservan en sus vitrinas ejemplares de tableros de Mehent –existen casi 14 de estos antiguos tableros. Los tableros tienen forma circular y su superficie se decoraba con la imagen de una serpiente enroscada (la palabra egipcia “mehen” o “mehenyt” quiere decir “la que se enrolla”, en alusión a la serpiente). La cabeza del reptil se ubica en el centro del tablero, su largo cuerpo delgado se divide en anillos que hacen las veces de casillas.
El número de casillas nunca fue regularizado y variaba de tablero en tablero modificando la duración del juego. El sentido en que las fichas recorrían las casillas también parece haber carecido de importancia. Los tableros antiguos representan ambas direcciones, pudiendo comenzar desde el centro –la cabeza- o la periferia –la cola de la serpiente-.
Los tableros eran comúnmente fabricados en terracota. Quizás por practicidad al tablero se le agregaba un pie a modo de mesa, podemos imaginarnos a los jugadores sentados en el suelo alrededor de la serpiente enfrascados en una partida de Mehent.
No existen reglas escritas que nos permitan saber cómo se desarrollaba una partida de Mehent. Para conocer un poco más al respecto debemos acudir a los propios egipcios y examinar las escenas de su vida cotidiana que se encuentran vivamente representadas en los muros de las tumbas.
Existen cuatro tumbas del Reino Antiguo donde los egipcios plasmaron escenas que los muestran jugando Mehent, como en la tumba de Hesire un alto funcionario de la III Dinastía (hacia. 2.700 a.C.), pero en ninguna se encontró un juego completo.
Otras piezas aparecieron en tumbas más antiguas. En la tumba del visir Hemaka de la I Dinastía (hacia. 3100 a.C.) se encontraron piezas de marfil que pertenecieron a un tablero de Mehent: tres leones, tres leonas y diversas bolitas blancas y rojas.
Podemos afirmar que el juego se componía de seis piezas de piedra de distinto color y otras seis piezas especiales con la forma de un animal peligroso como el león o el temible hipopótamo. El dado egipcio no era otra cosa que bastoncitos hemisféricos con una cara plana. Los bastoncitos se lanzaban para luego contar las caras planas que quedaran a la vista y determinar así el avance o retroceso de las fichas sobre el tablero.
Es importante destacar que muchos de estas piezas parecen pertenecer a un contexto exclusivamente funerario. El tablero de Hesire de 300 casillas parece excesivo para un juego real, cuando la mayoría de los tableros muestran de 30 a 150 casillas. Según explica el experto Timothy Kendall -quien ha estudiado y escrito extensivamente sobre el juego Mehent, este tablero y otros modelos hechos en marfil “pueden, de hecho, haber sido entendidos únicamente como juegos para la eternidad, partidas que habrían durado una eternidad.”
El Mehent es el único juego egipcio de mesa que sabemos permitía muchos jugadores. El juego permitía hasta seis oponentes mientras que, los que le sucedieron como el Senet, sólo podían jugarse de a dos.
SERPIENTES Y OTROS ANIMALES MÁGICOS.
Algunos tableros muestran una protuberancia en un extremo que ha sido interpretada como la cabeza estilizada de una tortuga.
Otros tableros tienen en el reverso extrañas marcas realizadas con un objeto cortante, que parece representar el caparazón de una tortuga.
La tortuga que habita en el río Nilo es de costumbres nocturnas, depredadora y feroz, ya que tiende a morder fuertemente cuando se siente amenazada. Durante el Reino Antiguo la tortuga adquirió un aspecto mitológico debido a su ferocidad y su oscura existencia en la profundidad de las aguas del río. Ya desde tiempos Predinásticos parece haber sido vista como un animal protector y un símbolo de renacimiento.
Los poderes mágicos de la tortuga permitían al difunto revestirse con una protección física que lo haría invulnerable a los peligros del Más Allá; como si él mismo fuera una tortuga resguardada dentro de su caparazón. Puede que esa fuera la finalidad de las tortugas impresas en los tableros Mehent colocados en las tumbas, ya que ambos reptiles podían renacer de sí mismos y ayudar al difunto en esa misma tarea.
La mitología egipcia suele tener dos puntos de vista -que muchas veces se oponen- de un mismo símbolo o deidad dependiendo del contexto en que se encuentre. Así durante el Imperio Nuevo la tortuga pasó a ser uno de los genios que habitan el mundo subterráneo, siendo hostil al dios Ra, un enemigo del dios Sol. Este aspecto negativo está documentado en el Libro de los Muertos.
Otro animal que suele aparecer en los tableros es la oca.
Existen muchas especies de ocas en Egipto, pero la considerada como representante de la deidad es la llamada Oca de Amón o Alopochen aegyptiacus. Se trata de un ave agresiva y territorial que defiende a sus crías con ferocidad aun de otros animales más grandes.
En el ámbito religioso las ocas figuran como responsables del huevo cósmico del que nace el Sol.
Uno de los tableros mejor conservado data de la I Dinastía y se encuentra en el Museo del Louvre. El tablero de alabastro muestra la serpiente enroscada con la cabeza en el centro y la cola al final del tablero de donde emerge la cabeza de una oca. El ave sagrada será la encargada del nacimiento del Sol cada mañana. Mediante este simbolismo se expresa una idea religiosa: el viaje del dios Ra.
Las sucesivas espirales del cuerpo de la serpiente aludían al recorrido del astro por el cielo, recorrido que se encontraba plagado de peligros y múltiples obstáculos constituidos por casillas especiales que se decoraban con viñetas y símbolos mágicos.
El significado de cada símbolo determinaba la buena o mala fortuna de los jugadores que caían en ellas.
Al finalizar el viaje la oca solar, adosada al último anillo o “casilla” de la serpiente, pone el huevo del que el Sol saldrá completamente rejuvenecido.
De la misma manera el difunto que emprendía su viaje al Más Allá podía incorporar en su ajuar funerario un tablero-serpiente de cualidades mágicas que podía beneficiarlo y brindarle protección como al dios Sol, defendiéndolo de sus enemigos y permitiéndole renacer en la eternidad.
Los tableros encontrados en las tumbas suelen ser de materiales más duraderos como la piedra, pero éstos no debemos verlos como inocentes juegos para pasar el rato, en realidad son poderosas herramientas mágicas que ayudan al difunto a “ganar” inmunidad ante los peligros del Más Allá.
LA PARTIDA FINAL.
El Mehent se jugó formalmente en el Antiguo Egipto antes por lo menos del 2700 a. C. hasta quizás un poco después del 2000 a. C. Dejó de jugarse pasado el Primer Período Intermedio, y es imposible no preguntarse por qué los egipcios abandonaron su único juego de mesa para varios jugadores.
Quizás la respuesta deberíamos buscarla en un cambio de las ideas religiosas. Pasado el Primer Período Intermedio, época de caos político y social, las ideas egipcias sobre el Más Allá comienzan a tomar un rumbo diferente. Hace su aparición los Textos de los Sarcófagos, una recopilación de textos mágicos más antiguos de carácter funerario que una vez fueran exclusividad del monarca. En estos textos aparece por vez primera una gigantesca serpiente mítica que habita el mundo subterráneo del Más Allá. Es la protectora del dios Ra en su aspecto de Auf-Ra; la serpiente se llama Mehent.
Ella es parte de la tripulación de la barca en la cual Auf-Ra realiza su viaje nocturno por las doce regiones de ultratumba. El enorme cuerpo de Mehent forma la cabina de la barca dentro de la cual el dios Sol se refugia; Mehent se encargará de repeler a los enemigos de Auf-Ra con su potente veneno, protegiendo al dios y permitiéndole renacer a la mañana siguiente bajo su forma de Khepera, el escarabajo.
No pasó mucho tiempo para que la serpiente enrollada del tablero y la divinidad del mismo nombre se fusionaran en la mentalidad religiosa egipcia. El Dr. Kendall lo explica de la siguiente manera: “Cuando el dios Mehent entró en la mitología como el protector del dios del Sol él y la serpiente del tablero se fusionaron simbólicamente. Los tableros decorados con serpientes cortadas (3) habrían sido vistos por algunos como magia muy peligrosa, porque debilitaba o mataba a Mehent, amenazando así la vida del Sol y, por ende, el orden de la creación. Obviamente los tableros no tardaron mucho en ser sancionados. Esto puede haber ocurrido alrededor de la Dinastía XI o XII, el juego, jugado en los tableros formales del tipo tradicional probablemente fue prohibido en todas partes”.
ÚLTIMOS VESTIGIOS DEL MEHENT.
Finalizado el Reino Medio ya no quedan huellas del juego de la serpiente. Su lugar lo ocupa otro juego de tablero que ameniza las horas de ocio de los egipcios: el Senet. A diferencia del Mehent el Senet sólo permite la participación de dos jugadores pero mantiene el significado religioso y funerario que hizo tan popular al juego de la serpiente.
A pesar de que el juego de la serpiente fue completamente olvidado por la civilización faraónica en pos de otros igualmente mágicos y mitológicos, su memoria fue recogida por culturas vecinas que también apreciaban los juegos de mesa. En la década de 1920 aventureros occidentales que gustaban viajar por territorio africano descubrieron que el tablero-serpiente aun perduraba en un juego de los árabes Beggara del Sudán conocido como el Juego de la Hiena. Sobre este juego del siglo XX Timothy Kendall escribe: “En todos los detalles esenciales el ‘Juego de la Hiena’ parece haber sido idéntico al Mehent. Se jugaba sobre un tablero en espiral, los palitos que empleaban como dados eran precisamente del tipo conocido en los contextos arcaicos egipcios, y tenían dos tipos de piezas, uno de los cuales representaba a un animal predador. La única diferencia parecería ser que los egipcios antiguos asignaron seis piezas para cada jugador en lugar de sólo una”.
El juego de la serpiente habrá perdido su mensaje mágico-religioso que tanta asistencia brindó a los egipcios antiguos que transitaban los umbrales de la muerte. No obstante su legado sobrevive aun en nuestros días bajo otro nombre: el Juego de la Oca, de la Oca Sagrada del dios Amón.
Del pasado remoto heredamos un sencillo juego de mesa que a primera vista pareciera infantil, pero en el fondo guarda un testimonio de un pueblo que se empeñó en vencer a la muerte y alcanzar la luz solar ayudados por una serpiente. Recordémoslo la próxima vez que nos encontremos entretenidos disfrutando de un juego de caja o una partida de ludo.






