Mehent, el mágico Juego de la Serpiente

DEPORTES Y JUEGOS

Entre los juegos que acompañaron a los antiguos egipcios desde los comienzos de su civilización se encuentra el que hoy se conoce como “Mehent”, una variante de nuestro moderno “Ludo” o del “Juego de la Serpiente y la Escalera” tan popular en Inglaterra.
El origen del llamado “Juego de la Oca” egipcio se remonta al Período Predinástico y continúa en auge durante todo el Reino Antiguo.

Muchos museos aun conservan en sus vitrinas ejemplares de tableros de Mehent –existen casi 14 de estos antiguos tableros. Los tableros tienen forma circular y su superficie se decoraba con la imagen de una serpiente enroscada (la palabra egipcia “mehen” o “mehenyt” quiere decir “la que se enrolla”, en alusión a la serpiente). La cabeza del reptil se ubica en el centro del tablero, su largo cuerpo delgado se divide en anillos que hacen las veces de casillas.

El número de casillas nunca fue regularizado y variaba de tablero en tablero modificando la duración del juego. El sentido en que las fichas recorrían las casillas también parece haber carecido de importancia. Los tableros antiguos representan ambas direcciones, pudiendo comenzar desde el centro –la cabeza- o la periferia –la cola de la serpiente-.

Los tableros eran comúnmente fabricados en terracota. Quizás por practicidad al tablero se le agregaba un pie a modo de mesa, podemos imaginarnos a los jugadores sentados en el suelo alrededor de la serpiente enfrascados en una partida de Mehent.

No existen reglas escritas que nos permitan saber cómo se desarrollaba una partida de Mehent. Para conocer un poco más al respecto debemos acudir a los propios egipcios y examinar las escenas de su vida cotidiana que se encuentran vivamente representadas en los muros de las tumbas.

Existen cuatro tumbas del Reino Antiguo donde los egipcios plasmaron escenas que los muestran jugando Mehent, como en la tumba de Hesire un alto funcionario de la III Dinastía (hacia. 2.700 a.C.), pero en ninguna se encontró un juego completo.

Otras piezas aparecieron en tumbas más antiguas. En la tumba del visir Hemaka de la I Dinastía (hacia. 3100 a.C.) se encontraron piezas de marfil que pertenecieron a un tablero de Mehent: tres leones, tres leonas y diversas bolitas blancas y rojas.

Podemos afirmar que el juego se componía de seis piezas de piedra de distinto color y otras seis piezas especiales con la forma de un animal peligroso como el león o el temible hipopótamo. El dado egipcio no era otra cosa que bastoncitos hemisféricos con una cara plana. Los bastoncitos se lanzaban para luego contar las caras planas que quedaran a la vista y determinar así el avance o retroceso de las fichas sobre el tablero.

Es importante destacar que muchos de estas piezas parecen pertenecer a un contexto exclusivamente funerario. El tablero de Hesire de 300 casillas parece excesivo para un juego real, cuando la mayoría de los tableros muestran de 30 a 150 casillas. Según explica el experto Timothy Kendall -quien ha estudiado y escrito extensivamente sobre el juego Mehent, este tablero y otros modelos hechos en marfil “pueden, de hecho, haber sido entendidos únicamente como juegos para la eternidad, partidas que habrían durado una eternidad.”

El Mehent es el único juego egipcio de mesa que sabemos permitía muchos jugadores. El juego permitía hasta seis oponentes mientras que, los que le sucedieron como el Senet, sólo podían jugarse de a dos.

SERPIENTES Y OTROS ANIMALES MÁGICOS.

Algunos tableros muestran una protuberancia en un extremo que ha sido interpretada como la cabeza estilizada de una tortuga.

Otros tableros tienen en el reverso extrañas marcas realizadas con un objeto cortante, que parece representar el caparazón de una tortuga.

La tortuga que habita en el río Nilo es de costumbres nocturnas, depredadora y feroz, ya que tiende a morder fuertemente cuando se siente amenazada. Durante el Reino Antiguo la tortuga adquirió un aspecto mitológico debido a su ferocidad y su oscura existencia en la profundidad de las aguas del río. Ya desde tiempos Predinásticos parece haber sido vista como un animal protector y un símbolo de renacimiento.

Los poderes mágicos de la tortuga permitían al difunto revestirse con una protección física que lo haría invulnerable a los peligros del Más Allá; como si él mismo fuera una tortuga resguardada dentro de su caparazón. Puede que esa fuera la finalidad de las tortugas impresas en los tableros Mehent colocados en las tumbas, ya que ambos reptiles podían renacer de sí mismos y ayudar al difunto en esa misma tarea.

La mitología egipcia suele tener dos puntos de vista -que muchas veces se oponen- de un mismo símbolo o deidad dependiendo del contexto en que se encuentre. Así durante el Imperio Nuevo la tortuga pasó a ser uno de los genios que habitan el mundo subterráneo, siendo hostil al dios Ra, un enemigo del dios Sol. Este aspecto negativo está documentado en el Libro de los Muertos.

Otro animal que suele aparecer en los tableros es la oca.

Existen muchas especies de ocas en Egipto, pero la considerada como representante de la deidad es la llamada Oca de Amón o Alopochen aegyptiacus. Se trata de un ave agresiva y territorial que defiende a sus crías con ferocidad aun de otros animales más grandes.

En el ámbito religioso las ocas figuran como responsables del huevo cósmico del que nace el Sol.

Uno de los tableros mejor conservado data de la I Dinastía y se encuentra en el Museo del Louvre. El tablero de alabastro muestra la serpiente enroscada con la cabeza en el centro y la cola al final del tablero de donde emerge la cabeza de una oca. El ave sagrada será la encargada del nacimiento del Sol cada mañana. Mediante este simbolismo se expresa una idea religiosa: el viaje del dios Ra.

Las sucesivas espirales del cuerpo de la serpiente aludían al recorrido del astro por el cielo, recorrido que se encontraba plagado de peligros y múltiples obstáculos constituidos por casillas especiales que se decoraban con viñetas y símbolos mágicos.

El significado de cada símbolo determinaba la buena o mala fortuna de los jugadores que caían en ellas.

Al finalizar el viaje la oca solar, adosada al último anillo o “casilla” de la serpiente, pone el huevo del que el Sol saldrá completamente rejuvenecido.

De la misma manera el difunto que emprendía su viaje al Más Allá podía incorporar en su ajuar funerario un tablero-serpiente de cualidades mágicas que podía beneficiarlo y brindarle protección como al dios Sol, defendiéndolo de sus enemigos y permitiéndole renacer en la eternidad.

Los tableros encontrados en las tumbas suelen ser de materiales más duraderos como la piedra, pero éstos no debemos verlos como inocentes juegos para pasar el rato, en realidad son poderosas herramientas mágicas que ayudan al difunto a “ganar” inmunidad ante los peligros del Más Allá.

LA PARTIDA FINAL.

El Mehent se jugó formalmente en el Antiguo Egipto antes por lo menos del 2700 a. C. hasta quizás un poco después del 2000 a. C. Dejó de jugarse pasado el Primer Período Intermedio, y es imposible no preguntarse por qué los egipcios abandonaron su único juego de mesa para varios jugadores.

Quizás la respuesta deberíamos buscarla en un cambio de las ideas religiosas. Pasado el Primer Período Intermedio, época de caos político y social, las ideas egipcias sobre el Más Allá comienzan a tomar un rumbo diferente. Hace su aparición los Textos de los Sarcófagos, una recopilación de textos mágicos más antiguos de carácter funerario que una vez fueran exclusividad del monarca. En estos textos aparece por vez primera una gigantesca serpiente mítica que habita el mundo subterráneo del Más Allá. Es la protectora del dios Ra en su aspecto de Auf-Ra; la serpiente se llama Mehent.

Ella es parte de la tripulación de la barca en la cual Auf-Ra realiza su viaje nocturno por las doce regiones de ultratumba. El enorme cuerpo de Mehent forma la cabina de la barca dentro de la cual el dios Sol se refugia; Mehent se encargará de repeler a los enemigos de Auf-Ra con su potente veneno, protegiendo al dios y permitiéndole renacer a la mañana siguiente bajo su forma de Khepera, el escarabajo.

No pasó mucho tiempo para que la serpiente enrollada del tablero y la divinidad del mismo nombre se fusionaran en la mentalidad religiosa egipcia. El Dr. Kendall lo explica de la siguiente manera: “Cuando el dios Mehent entró en la mitología como el protector del dios del Sol él y la serpiente del tablero se fusionaron simbólicamente. Los tableros decorados con serpientes cortadas (3) habrían sido vistos por algunos como magia muy peligrosa, porque debilitaba o mataba a Mehent, amenazando así la vida del Sol y, por ende, el orden de la creación. Obviamente los tableros no tardaron mucho en ser sancionados. Esto puede haber ocurrido alrededor de la Dinastía XI o XII, el juego, jugado en los tableros formales del tipo tradicional probablemente fue prohibido en todas partes”.

ÚLTIMOS VESTIGIOS DEL MEHENT.

Finalizado el Reino Medio ya no quedan huellas del juego de la serpiente. Su lugar lo ocupa otro juego de tablero que ameniza las horas de ocio de los egipcios: el Senet. A diferencia del Mehent el Senet sólo permite la participación de dos jugadores pero mantiene el significado religioso y funerario que hizo tan popular al juego de la serpiente.

A pesar de que el juego de la serpiente fue completamente olvidado por la civilización faraónica en pos de otros igualmente mágicos y mitológicos, su memoria fue recogida por culturas vecinas que también apreciaban los juegos de mesa. En la década de 1920 aventureros occidentales que gustaban viajar por territorio africano descubrieron que el tablero-serpiente aun perduraba en un juego de los árabes Beggara del Sudán conocido como el Juego de la Hiena. Sobre este juego del siglo XX Timothy Kendall escribe: “En todos los detalles esenciales el ‘Juego de la Hiena’ parece haber sido idéntico al Mehent. Se jugaba sobre un tablero en espiral, los palitos que empleaban como dados eran precisamente del tipo conocido en los contextos arcaicos egipcios, y tenían dos tipos de piezas, uno de los cuales representaba a un animal predador. La única diferencia parecería ser que los egipcios antiguos asignaron seis piezas para cada jugador en lugar de sólo una”.

El juego de la serpiente habrá perdido su mensaje mágico-religioso que tanta asistencia brindó a los egipcios antiguos que transitaban los umbrales de la muerte. No obstante su legado sobrevive aun en nuestros días bajo otro nombre: el Juego de la Oca, de la Oca Sagrada del dios Amón.

Del pasado remoto heredamos un sencillo juego de mesa que a primera vista pareciera infantil, pero en el fondo guarda un testimonio de un pueblo que se empeñó en vencer a la muerte y alcanzar la luz solar ayudados por una serpiente. Recordémoslo la próxima vez que nos encontremos entretenidos disfrutando de un juego de caja o una partida de ludo.

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Senet, el juego de mesa egipcio

DEPORTES Y JUEGOS

Historia

El Senet es un juego de mesa originado en el Antiguo Egipto y muy famoso en esa época. Es uno de los juegos de mesa más antiguos que se conocen junto con el oware (también llamado Wari entre otros muchos nombres dependiendo del lugar) o el Juego Real de Ur.

La referencia conocida más antigua al Senet está pintada en una pared en la tumba de Hesy, durante la dinastía III (c. 2650 a. C.), que lo muestra siendo jugado con siete peones por jugador (en otras pinturas se representa con diez peones por jugador).

Después hay varias referencias más en diversas tumbas como en la de Nefertari que aparece en una pintura de su tumba jugando al senet; Tutankamon tenía cuatro Senet en su tumba para jugar durante la eternidad; Sennedyem aparece, junto a su esposa Inyferti, jugando al Senet en su tumba. Este juego se consideraba una referencia al sortilegio 17 del Libro de los Muertos, ya que representa el Juicio de Osiris, la victoria del difunto y su entrada en la Duat.

Durante el Reino Nuevo, el Senet toma una significación religiosa muy importante, y en el Libro de los Muertos se recomienda jugar una partida contra un oponente invisible para garantizar al difunto una buena vida en el Más Allá.

Este juego guarda ciertas similitudes con el Juego real de Ur y el backgammon (éste derivado del juego de la tábula romana), por lo que se cree que el Senet puede ser un predecesor de éste último y derivado del Juego real de Ur. Aunque no está confirmada ninguna de las dos teorías es bastante probable que así sea.

Se cree que el juego gozaba de cierta importancia, debido al descubrimiento de varios tableros en tumbas importantes, como los cuatro juegos del Senet que fueron encontrados en la tumba de Tutankamon. Incluso hay arqueólogos que afirman que tenía cierto carácter mágico o simbólico y que los egipcios creían que debían enfrentarse a alguna deidad jugando al mismo en su tránsito hacia el más allá, teniendo mucho que ver el resultado de la partida con su destino en el mismo. Esto último se deduce porque en algunas tumbas se representa al difunto jugando contra un contrincante invisible y por las referencias en el Libro de los Muertos.

Era posiblemente el juego más popular del Antiguo Egipto, ya que se han encontrado juegos de Senet o partes del mismo en un gran número de tumbas, tanto de nobles como del pueblo llano, y hay varios frescos que representan a faraones o nobles y esclavos jugando al mismo.

Los tableros, así como las fichas, se fabricaban en una gran variedad de materiales, probablemente dependiendo del poder adquisitivo del comprador. De este modo podemos encontrar piezas de barro cocido, de metal, de hueso, de piedras semipreciosas como el Lapislázuli, etc.

Con los tableros sucede lo mismo, pudiendo encontrar una gran gama desde el barro cocido hasta maderas nobles talladas y policromadas, o nácar, entre otros materiales, incrustado o formando las casillas.

En una antigua inscripción egipcia se puede leer: “Estás sentado mientras juegas al juego del Senet, tienes cerveza, tienes vino”. Cuando se disponía de todos estos lujos, se poseía felicidad y calidad de vida.

Forma de Jugar

Como no se conoce exactamente la manera de jugar original, se han desarrollado diferentes variantes del juego que comparten muchas reglas y el mismo objetivo.

El tablero del Senet es un rectángulo de 30 casillas, agrupadas en 3 filas paralelas de 10 casillas cada una. Hay 5 casillas marcadas. El orden de los cuadrados es del 1 al 10 de izquierda a derecha en la primera fila, del 11 al 20 de derecha a izquierda en la segunda fila y, del 21 al 30 de izquierda a derecha en la tercera fila, siendo este el sentido que deben seguir las fichas de los dos jugadores al avanzar saliendo sus 10 fichas de la primera fila colocadas alternativamente ocupando esta por completo y parte de la segunda en la modalidad de 14 fichas. Existen varias casillas especiales que son la 15, 26, 27, 28, 29 y 30 (estas casillas especiales pueden contener dibujos o símbolos jeroglíficos).

Juegan 5 piezas blancas y 5 negras.

No se utilizan dados para determinar los avances de las fichas, sino cuatro pequeñas tablillas que por un lado no tienen nada y por la otra cara son negras o tienen motivos dibujados o tallados para poder distinguirlas bien: según las caras que caigan mirando arriba, se decide la movida; si cae una blanca mirando arriba, se mueve un lugar, si caen dos, se mueven dos, etc. Si todas caen boca abajo, se mueven seis. No existe el 5 como resultado de estas tablillas. Se tienen en consideración las caras que quedan hacia arriba y los correspondientes resultados se muestran en la tabla.

El recorrido forma una ese invertida. Las piezas se mueven en la primera fila hacia la derecha, en la segunda hacia la izquierda y en la tercera hacia la derecha.
Desarrollo

Al inicio de la partida, las fichas se colocan en posiciones alternas (blanca, negra, blanca, etc.) sobre la primera fila. La primera casilla está ocupada por una pieza blanca y la casilla 10 por una negra.
Comienza el juego el primer jugador que consigue un 1. Utilizará las piezas negras y empieza moviendo la última ficha negra de la primera fila.

El turno, para cada jugador, finaliza cuando se obtiene un 2 o un 3.

Si una pieza cae sobre un lugar ocupado por el adversario, intercambian posiciones.

Excepto cuando:

• la pieza del adversario ocupa una de las casillas de seguridad (26, 28 y 29)

• 2 o más piezas del mismo equipo ocupan posiciones consecutivas

Dos fichas juntas del mismo jugador bloquean la posibilidad del adversario de intercambiar las fichas.

Tres piezas del mismo equipo forman una barrera cuando ocupan posiciones consecutivas. Las barreras no pueden ser sobrepasadas por el adversario, aunque el valor de la tirada lo permita.

Cuando un jugador no puede avanzar con ninguna de sus piezas, debe retroceder. Si tampoco puede retroceder con ninguna de ellas, pasa el turno al adversario.

Si ninguna de las fichas del jugador pueden ser movidas, pasa entonces el turno al adversario.

Si una pieza cae en el río Nilo, la casilla 27 (Azul), debe retroceder hasta la casilla 15 (Roja). Si esta posición está ocupada por otra pieza, debe seguir retrocediendo hasta una posición libre.

Gana el jugador que consiga sacar todas sus piezas del tablero. Para sacar las piezas se necesita una tirada exacta y no tener ninguna pieza en la primera fila Las casillas 26, 28, 29 y 30 son casillas donde las fichas están protegidas pero requieren tiradas especiales para extraer las fichas del tablero.

Estas tiradas especiales consisten en que la ficha debe pasar obligatoriamente por la casilla 26. Después tiene un máximo de dos tiradas para salir del tablero. De tal forma, en la casilla 26 puede sacar un 1, 2, 3 o 4. Y la siguiente vez que mueva, tiene que sacar el número exacto para salir. Si no puede hacerlo, esa ficha no se mueve.

Siempre que un jugador obtenga como resultado 1, 3 o 6, sigue teniendo turno de juego y, tras mover el peón que desee o pueda, tiene otra tirada y así hasta que saque un 2 o un 4. En otras variantes de otros autores solo se sigue teniendo el turno cuando se saca un 6.

Movimientos y capturas

Cuando dos fichas del mismo jugador se encuentran en dos casillas consecutivas cualesquiera, se protegen mutuamente y no pueden ser capturadas por el adversario; cuando son tres fichas del mismo jugador, en vez de dos, forman una barrera que el contrincante no puede saltar, pero él sí.

La captura de una ficha del contrario consiste en intercambiar la posición de ésta por la de la ficha que la captura, y sólo puede hacerse cuando no está protegida y coincidiendo la última casilla de avance en la casilla de la pieza que se va a capturar.

Cuando no se puede avanzar hacia adelante (barrera o fichas protegidas) y sí hacia atrás, es obligatorio hacerlo hacia atrás.

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¿Que significa la palabra Momia?

SABIAS QUE?

La palabra momia viene del vocablo árabe mummia, sustancia negra parecida a la brea y que se conoce como betún. Se creía que el betún poseía propiedades curativas. Por ello, cuando los árabes vieron las primeras momias ennegrecidas por el aceite de embalsamar, pensaron que habían encontrado un sustituto del betún y las molieron para utilizar como medicamentos.

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¿Como trataba de saber si el que iba a nacer era niño o niña?

SABIAS QUE?

Para saber si un futuro bebé era niño o niña, los antiguos egipcios hacian orinar a la mujer en un montón de trigo y a otro de cebada. Si el trigo crecía más rápido que la cebada, el fruto sería un niño, y si era al revés sería una niña.

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¿Quienes tocaban el Arpa en Egipto?

SABIAS QUE?

Los músicos que tocaban el arpa, en el antiguo egipto eran exclusivamente varones, que a la vez eran invidentes.

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¿Cuantos medicamentos se cree que conocian?

SABIAS QUE?

Unos papiros egipcios encontrados por 2 arqueólogos, revelaron la existencia de más de 700 medicamentos diferentes.

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¿Por que las Abejas son sagradas?

SABIAS QUE?

La importancia de las abejas y su historia es otra de las curiosidades de Egipto más populares: Antiguamente se creía en Egipto, que cuando el Dios del Sol lloraba, sus lágrimas se transformaban en abejas al tocar el suelo. Estos insectos tenían, por tanto, un origen divino para los egipcios, quienes fueron los primeros en domesticar colonias de abejas, dando así origen a la apicultura hace miles de años.

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¿Por qué no en Egipto no se acepta una invitación a la primera?

SABIAS QUE?

En Egipto esta mal visto aceptar una invitación la primera vez que se ofrece, si la persona que hace la invitación, lo hace de corazón, lo dirá dos veces, y a la segunda se ha de aceptar, si no será como una ofensa para la persona.

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¿Cuantas pirámides hay en Egipto?

SABIAS QUE?

Hay más de 80 pirámides extendidas por todo el territorio de Egipto, la gran mayoría en ruinas y algunas semiescondidas bajo las arenas del desierto. Las de mayor tamaño son las de Gizeh. La Gran Pirámide es una de las 7 maravillas del mundo antiguo. La única que llegó hasta nuestro días.

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¿Que Faraón es el primero en viajar en Taxi?

SABIAS QUE?

Tutmosis IV, el primer faraón que viaja en taxi, cuando fue descubierta el médico forense Elliot Smith, un experto del primer tercio del SXX del estudio de momias egipcias, decidió observar el cuerpo del faraón por rayos X para intentar determinar su edad.

Como el único aparato de rayos X de el Cairo se encontraba en una clínica privada, Smith, con la ayuda de Carter, trasladó al rígido faraón en un taxi hasta la clínica. Fué la primera momia real, sometida a rayos X. Y tambien la primera y creo que la única en viajar en taxi.

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¿Como llamaban los egipcios a su pais?

SABIAS QUE?

Los egipcios denominaban a su propio país Kemet, es decir “tierra negra”

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¿Que remedio usaban contra la calvicie?

SABIAS QUE?

El remedio a la calvicie de los antiguos egipcios era invocar al dios Atón y untarse grasa de tortuga y pata de hipopótamo en la calva

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¿Como se distinguian las mujeres casadas de las solteras?

SABIAS QUE?

Las mujeres solteras de Egipto solían llevar en su cinturón joyería en forma de concha de oro para distinguirse de las casadas

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¿Cuando se permitio gobernar a las mujeres?

SABIAS QUE?

Egipto fue el único país del mundo antiguo que permitió gobernar a las mujeres en igualdad de circunstancia que a los hombres gracias a una ley promulgada en la II dinastía

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¿A que edad se casaban los Egipcios?

SABIAS QUE?

En Egipto las mujeres solían casarse entre los 12 y 14 años, mientras los hombres lo hacían a los 16

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El cuento de las mentiras

RELATOS

Todos los días el hombre bajaba al río a pescar y luego vendía los pescados en el bazar; la ganancia alcanzaba para las comidas diarias. Pero una mañana el pescador se sintió mal y no quería levantarse.
–¿No irás a pescar hoy? –le preguntó entonces su mujer– ¿Y de qué viviremos? ¿Qué comeremos? ¡Levántate! Yo llevaré el canasto y la red.

De modo que ese día fueron los dos al río y pescaron un buen rato en los acantilados cercanos al palacio real. Casualmente el rey miró por una de las ventanas que daban al mar y vio a la mujer. Quedó asombrado y se enamoró perdidamente de ella. Llamó al visir y le dijo:
–¡Oh, visir! Vi a la mujer del pescador y me enamoré de ella. Es tan hermosa como la luna en su noche de plenitud. ¡Por Alá!, en todo mi palacio no hay ninguna que pueda competir con su belleza. ¡Debe ser mía!
–¿Y qué piensas hacer, oh rey? –preguntó el visir.
–Debemos hacer venir al pescador al palacio y matarlo –contestó el rey –. Así podré casarme con su mujer.
– ¡Por tu honor, oh rey! No puedes matar al pescador sin que haya cometido ningún crimen –objetó el visir–. Todos tus súbditos verían ese proceder con malos ojos. Te hago otra propuesta: mi padre posee un salón que es más o menos tres veces más grande que tu parque. Haremos venir al pescador y le diremos que el rey quiere una alfombra de una sola pieza para cubrir su piso. Le daremos tres días de plazo; si no cumple, morirá. De este modo tendrás un motivo para matarlo y tus súbditos no podrán decir nada.

Al día siguiente el visir llamó al pescador, lo condujo al salón y le ordenó lo que había tramado el rey. El pobre hombre protestó:
–¿Por qué me piden eso a mí? ¿Acaso yo negocio con alfombras? En lugar de la alfombra puedo traer peces de todo tamaño y color. Haré todo lo posible; trataré de conseguír los más extraños.
–No le sirve de nada discutir –lo interrumpió el visir–. El rey así lo ha ordenado.

Desesperado, el pescador fue corriendo a su casa.
–¿Qué es lo que te abruma? –le preguntó su mujer.
–Cállate y junta nuestras pocas cosas. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes.
–¿Por qué? –preguntó ella sin comprender.
–El rey quiere matarme si en el término de tres días no le llevo una alfombra de cuatro mil metros cuadrados… ¡Y de una sola pieza!
–¿Es eso todo? Entonces no te hagas problemas; mañana tendrás la alfombra –dijo aliviada la mujer.
– ¡¿También tú estás tan loca como el visir?! –gritó el hombre–. ¡Somos pescadores, no comerciantes de alfombras!
Pero ella le dijo tranquila:
– Si ya la quieres tener hoy, tendrás que ir a buscarla tú mismo.
– Sí, sí, mejor me aseguro ahora. Pero dime, dime cómo debo hacer.
– Ve hasta la mezquita, sigue siempre derecho y en el tercer cruce encontrarás un aljibe debajo de un olivo. Asómate y di: “Badwia, tu hermana te pide el huso que dejó olvidado ayer porque debemos tejer una alfombra”.

El pescador fue hasta el aljibe. Hizo lo que su mujer le había dicho y una voz le contestó desde la profundidad: “Toma el huso y haz la alfombra”. Una mano salió del pozo y le alcanzó lo que pedía. El pescador tomó el huso y regresó a su casa. Cuando llegó le preguntó a su mujer:
–¿Y cómo voy a hacer semejante alfombra en tan poco tiempo y con tan poco hilo?
–Vé a ver al visir y pídele un martillo y un clavo. Clávalo en un rincón del salón, sujeta el hilo del huso al clavo y luego coloca la alfombra como tú quieras.
– ¡¿Acaso hay una alfombra dentro del huso?! ¿Quieres que me tomen por loco y que el rey me mate? –preguntó el pescador fuera de sí.
–Haz lo que te dije –le contestó con firmeza su mujer.

El hombre fue a casa del visir. Por el camino pensaba: “Hoy es mi último día en este mundo”. Cuando llegó, el rey y el visir le preguntaron burlones:
–¿Trajiste la alfombra, oh pescador?
Y como él asintiera, prosiguieron curiosos:
–¿Dónde la traes, oh pescador?
–Dentro de mi bolsillo, oh dueño del poder –respondió él.
Ahí rieron los otros de buena gana y burlándose más le preguntaron:
–¿Es acaso un ovillo?
–¿Qué importa? Dame un clavo y un martillo, oh visir, y colocaré la alfombra en tu salón.
El visir mandó llamar secretamente al verdugo y le dijo:
–No te muevas de esta puerta. Si el pescador no logra cubrir el piso con una alfombra desenvaina tu espada y córtale la cabeza.

Fue así como una valiosa alfombra de seda cubrió el piso por completo. Era tan fina y brillante que el rey empalideció de envidia porque en todo su palacio no había otra igual.

El visir, estupefacto, dijo:

–Esto lo has logrado, oh pescador, pero el rey quiere pedirte otra cosa: desea que le traigas un niñito de ocho días que le cuente un cuento que empiece y termine con una mentira.
–¿Conoces tú, oh visir, un niñito de ocho días que sepa hablar? –preguntó indignado el pescador–. Ni siquiera el hijo del Diablo sabe hablar a los ocho días, y menos contar un cuento.
–Es inútil discutir –respondió el visir– El rey lo quiere así. Tienes ocho días de plazo.
El pescador, furioso, regresó a su hogar y contó lo ocurrido a su esposa.
– No te preocupes ahora por eso –le respondió ella –. Ocho días es mucho tiempo.
Cuando llegó la mañana del octavo día el pescador dijo a su mujer:
– Hoy es el día. ¡Por Alá! ¿Qué haremos ahora?
– Vé otra vez al aljibe que está debajo del olivo y dí: “Badwia, tu hermana te saluda y te pide el niño que nació ayer porque lo necesitamos con urgencia”.
– Y¿Tú tambièn eres tan tonta como el visir? Ni el hijo del Diablo sabe hablar una palabra después de tan sólo ocho días –gritó el pescador–. ¡Y tú me hablas de niñito de un día!
–Vé y haz lo que te dije –le ordenó con firmeza su mujer.

Mientras el pescador se dirigía al aljibe, pensaba: “Hoy es mi último día en este mundo”. Y se puso muy triste. Cuando llegó al lugar indicado hizo lo que su mujer le había dicho. Una mano salió del pozo, le alcanzó el niño y una voz le dijo desde la profundidad: “Pronuncia el nombre de Alá sobre él”.
–En nombre de Alá, el bondadoso y compasivo –dijo el pescador, y regresó a su casa con el niño. Por el camino le dijo a la criatura:
–Habla, así puedo estar seguro de que no moriré.
Pero el niño comenzó a llorar como cualquier niño. Entonces el pescador pensó: “Mi mujer y el visir se han aliado para matarme Cuando llegó a la casa, dijo a los gritos a su esposa:
–¡Aquí está el niño, pero no dice nada!
Ella respondió:
–Llévalo ante el rey y el visir, allí hablará. Pide tres almohadas; siéntalo en el medio del diván y colócale una almohada debajo del brazo derecho, otra debajo del brazo izquierdo y la tercera detrás de la espalda. Así hablará.

El pescador tomó nuevamente al niño y fue al palacio del rey. El visir salió a su encuentro, pero cuando comprobó que la criatura sólo lloraba ”buah… buah…” fue muy contento a ver al rey y le dijo:
–Por mi honor, acabaremos ahora con el pescador; el niño sólo dice “buah… buah…” como todos los niños. Llama a los jueces, sabios y jeques. Como este hombre no ha cumplido, podremos matarlo delante de todos y tendremos la ley de nuestro lado.

Una vez que toda la concurrencia se hubo reunido, el rey ordenó al pescador:
–Trae al niño para que nos cuente el cuento de las mentiras.
El hombre pidió las almohadas, los criados las trajeron. Cuando terminó de acomodar al niño, el rey preguntó:
–¿Es éste el que nos contará el cuento?
Y el niñito contestó:
– ¡Que la paz sea con todos!
Los invitados se extrañaron ante el saludo. El rey, balbuceando, saludó a su vez y le ordenó:
–Bien, niño, cuéntanos el cuento de las mentiras.
El niñito comenzó:

–En la flor de la juventud abandoné la ciudad al calor del mediodía. Me encontré con un vendedor de melones y le compré uno por un dinar. Lo corté en pedazos y en su interior descubrí una gran ciudad con bazares multicolores, suntuosos palacios y mezquitas. Me interné en el melón y admiré los edificios. Tambièn vi gente de muchas razas. Caminé mucho, tanto que alcancé las afueras de la ciudad. Llegué a campos. Allí encontré una palmera que tenía unos dátiles de un metro. Como tenía hambre, me trepé al árbol para comer alguno. Cuando llegué arriba vi que muchos campesinos sembraban y cosechaban el trigo sobre las hojas. Comí un poco y luego bajé y seguí caminando. Entonces encontré a otro campesino que partía gran cantidad de huevos sobre el borde de un jarrón de piedra. De ellos salían infinidad de pollitos. Las gallinas volaban hacia la izquierda y los gallos hacia la derecha. Seguí caminando y me topé con un burro que llevaba tortitas de sésamo sobre el lomo. Corté un pedacito de una y me lo comí. Enseguida volví a encontrarme fuera del melón, que se cerró totalmente hasta quedar tal cual como yo lo había comprado.

–¡Basta ya de mentiras! –exclamó el rey muy enojado–. ¿Dónde se ha visto una ciudad dentro de un melón? ¿Y quién ha oído hablar de pollitos que salen de un huevo con sólo cascarlo?

–¡Pero mi rey! Tu deseo era que te contara un cuento lleno de mentiras. ¿O es que acaso planeabas matar al pescador para quedarte con su hermosa mujer? ¡Es una vergüenza! Eres rey, sultán y jefe de los creyentes y te enamoras de la mujer de un pescador. ¡Por Alá! ¡Si no dejas en paz a este hombre, borraré tu cabeza de este mundo!

El rey se puso muy pálido y todos dirigieron su mirada hacia él. Entonces el pescador, aliviado, tomó al niño entre sus brazos y regresó feliz a su casa. Allí vivió con él y su mujer en armonía hasta la muerte.

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El mendigo sabio

RELATOS

El califa se encontró con un mendigo en el mercado y le preguntó:
-¿Qué quieres?
El mendigo se rió y dijo:
-¿Me preguntas como si pudieras satisfacer mi deseo?
El califa dijo:
-Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo. ¿Dime qué es?
Y el mendigo, que era muy sabio dijo:
-Piénsalo dos veces antes de prometer.
El califa Insistió:
-Te daré cualquier cosa que pidas. Soy el príncipe de los creyentes. ¿Qué puedes desear que yo no pueda darte?
El mendigo le dijo:
-Es un deseo muy simple. ¿Ves aquella escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?
Por supuesto -dijo el emperador.
Llamó a uno de sus servidores y le dijo:
-Llena de dinero la escudilla de este hombre.
El servidor lo hizo… y el dinero desapareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escuadrilla del mendigo siempre estaba vacía.
Todo en el mercado se reunieron. El prestigio del califa estaba en juego. Les dijo a sus servidores
-Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme.
Diamantes y perlas caían en la escudilla… los tesoros se iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba reunida en silencio. El califa se tiró a los pies del mendigo y admitió su derrota.
Le dijo:
-Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad. ¿De qué está hecha tu escudilla?
El mendigo se rió y dijo:
-Está hecha del mismo material que la mente humana. No hay ningún secreto… simplemente está hecha de deseos humanos.
Que la paz sea con todos.

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El Hombre, su caballo y su perro

RELATOS

Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.
Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga y el sol era muy fuerte y los tres estaban empapados en sudor estaban sedientos. En una curva del camino, vieron un portón de oro y mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al guardián que cuidaba de la entrada.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el guardián.
-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.
-Esto es el cielo -fue la respuesta.
-Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante.
-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.
-Mi caballo y mi perro también están con sed.
-Lo lamento mucho -le dijo el guardián-. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar , con sed y agotados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra bordeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía…
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?
-Este lugar es el cielo -respondió el hombre.
-¿Cielo? ¡El guardián del otro lado del portón de mármol y oro me dijo que allí era el cielo!
-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.
El caminante asombrado dijo:
-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.
-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

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La piedra de toque

RELATOS

Se cuenta de un hombre al que un anciano sabio reveló un secreto fabuloso llamado “la piedra de toque”. Se trataba de hallar dicho talismán tras lo cual estaría a su alcance todo aquello que deseara. La Piedra de Toque podría encontrarse, según le informó el sabio, entre los guijarros de una playa. Todo cuanto debía hacer era pasear por la orilla e ir recogiendo guijarros. Si una de esas piedras la sentía tibia al tacto, cosa contraria a lo que suele suceder con los guijarros, habría encontrado la Piedra de Toque.

El hombre se marchó inmediatamente a su casa y decidió dedicar una hora cada día a la búsqueda de tal tesoro. Y cada mañana al amanecer recogía piedras en la playa. Cuando agarraba un guijarro que sentía frío, lo tiraba al mar. Esta práctica continuó hora tras hora, día tas día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Cada guijarro se sentía frío. Cada guijarro era inmediatamente lanzado al mar. Sin embargo, se consolaba pensando que aquella práctica resultaba sana y agradable. De hecho, pasados los años, casi había olvidado la razón de sus paseos matinales por la playa, disfrutaba mirando el mar, observando el oleaje, escuchando a las gaviotas y recoger y tirar los guijarros pasó a ser casi un juego divertido, un hábito.

Pero entonces, tarde en una mañana, sucedió que tomó un guijarro que sintió tibio, a diferencia de los demás. El hombre, cuya conciencia apenas percibió la diferencia, lo lanzó al mar. Ni siquiera se dio cuenta que había tirado La Piedra de Toque. El tesoro cuya búsqueda había comenzado hace tantos años.

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El juicio

RELATOS

En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco.
Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo, pero el hombre decía: “Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo.

Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo:

-Viejo estúpido. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!

-No vayan tan lejos -dijo el viejo-. Simplemente digan que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es juicio de ustedes. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento.¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?

La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes.

De nuevo se reunió la gente diciendo:

-Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte.

-De nuevo están yendo demasiado lejos -dijo el viejo-. Digan sólo que el caballo ha vuelto… ¿quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Están leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo pueden juzgar el libro entero?

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro sabían que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos…

El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar:

-De nuevo tuviste razón -dijeron-. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y a tu edad él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca.

-Están obsesionados con juzgar -dijo el viejo-. No vayan tan lejos, sólo digan que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto.

Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían.

-Tenías razón, viejo, era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre.

-Siguen juzgando -dijo el viejo-. Nadie sabe. Sólo digan que sus hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Sólo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda.

No juzgues o jamás serás uno con el todo. Te quedarás obsesionado con fragmentos, sacarás conclusiones de pequeñas cosas. Una vez que juzgas, has dejado de crecer.

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La muchacha de las zapatillas rojas

RELATOS

Pocos años antes de que el país fuera invadido por los persas, gobernó en Egipto el faraón Amasis. para proteger el territorio de la amenaza de Ciro el persa, que estaba conquistando todo el mundo conocido, el monarca permitió que los griegos comerciasen y se estableciesen sin trabas en Egipto; también les concedió la ciudad de Naucratis para su uso exclusivo.

En Naucratis, cerca de la desembocadura del Nilo en Canope, vivía un próspero comerciante griego llamado Charaxos. Había nacido en la isla de Lesbos, y era hermano de la celebre poetisa Safo; pero la mayor parte de su vida la Había dedicado a comercio con Egipto. Cuando accedió a la edad madura decidió asentarse en Naucratis.

Un día, mientras se paseaba por el mercado, divisó una muchedumbre que se arremolinaba donde vendían a los esclavos. Arrastrado por la curiosidad, se abrió paso a empellones y vio la causa del revuelo: una hermosa muchacha que acababa de ser puesta en venta en la tribuna de piedra.

Su apariencia delataba los griegos de su origen: una pálida piel y unas mejilla sonrosadas como capullos de una rosa. Charaxos se quedo sin aliento: era la criatura mas hermosa que había visto en su vida.

En cuanto comenzó la puja. Charaxos entró inmediatamente en ella, decidido a hacerse con la muchacha. Como era uno de los comerciantes más ricos de Naucratis, logró su propósito sin muchos contratiempos.

Después de adquirir a la muchacha se enteró de que se llamaba Rodopis, que venía del norte de Grecia y que había sido raptada por piratas cuando era una chiquilla. La habían vendido a un rico terrateniente que tenia numerosos esclavos a su servicio en la isla de Samos. Allí había transcurrido su niñez; otro de los esclavos que vivían con ella era un hombrecillo mas bien feo llamado Esopo, que había sido siempre muy gentil con la niña y le contaba unas historia y fábulas cautivadoras sobre animales, aves y seres humanos.

Cuando se hizo una mujercita, su amo decidió sacar el partido a una muchacha tan bella, así que la mandó a Naucratis para ponerla en venta.

La historia de la muchachazo nacer en Charaxos una profunda compasión. Al poco andaba como chalado por ella. Le regaló una casa estupenda con un jardín en el patio y niñas esclavas que le servían. Le colmó de presentes, de joyas y suntuoso ropajes, y la malcrió como si hubiese sido su propia hija.

Pero un día acaeció algo extraño mientras Rodopis se bañaba en la piscina de mármol de
su jardín privado. Era mediodía, cuando el clima, en verano, adquiere todo su calor, incluso en el norte de Egipto. La muchacha se refrescaba lánguidamente en el agua y las niñas esclavas le guardaban la ropa, vigilando un cinturón de piedra preciosas y unas zapatillas de un rojo intenso, por las que Rodopis sentía predilección.

Todo parecía estar tranquilo y calmado. Pero de pronto apareció un águila en medio del cielo azul y bajó planeando, directa al grupo de la piscina como si fuera a atacarlas. Las esclavas tiraron los ropajes y huyeron despavoridas a esconderse entre la vegetación del jardín. Rodopis salió del agua y se quedó de espaldas a la fuente de mármol que había en uno de los extremos, mirando el ave con los ojos asustados y como platos.

El águila estaba tan campante. Fue directa a una de las zapatillas y la estrujó firmemente entre las garras. Luego remontó el vuelo batiendo sus enormes alas; con la zapatilla en su poder, desapareció por el valle del Nilo en dirección al sur.

Rodopis vertió amargas lágrimas por la pérdida de su zapatilla roja, pues estaba convencida de haberla perdido para siempre. También le apenaba haber extraviado un regalo de Charaxos.

Pero el águila parecía haber sido enviada por los dioses, por el propio Horus quizás, dios al que estaba consagrada su especie. El pájaro fue directo a Memfis, siguiendo el Nilo y descendió grácilmente hasta el palacio.
En ese mismo instante, el faraón Amasis se hallaba en el patio real, impartiendo justicia entre sus súbditos y atendiendo a las quejas que éstos deseasen formularle.

El águila pasó sobrevolando el patio y dejó caer la zapatillas roja en el regazo del faraón.

Las gentes profirieron exclamaciones de asombro ante tal acontecimiento; Amasis tampoco quedó impasible. Examinó la pequeña zapatilla y admiró su delicada estructura y su pequeño tamaño; imaginó que la muchacha dueña de tal zapatilla debía de ser sin duda de una hermosura sin par.

Este acontecimiento impresionó tan hondamente al faraón que promulgó el siguiente decreto: <>.

Los emisarios se postraron ante él y exclamaron con reverencia:
-¡Oh faraón nuestro, a quien deseamos larga vida y fortaleza! ¡El faraón ha hablado y sus órdenes serán cumplidas!

Partieron los emisarios. Pasaron por Heliópolis, Tanis y Canope hasta al fin llegaron a Naucratis. Allí se enteraron de la existencia de un tal Charaxos, un rico comerciante que había adquirido a una hermosísima joven griega en el mercado de esclavos que la trataba con tal lujo como si fuese una princesa que los dioses hubiesen dejado a su cargo.

Se encaminaron sin dilación a la mansión junto al Nilo y allí hallaron a Rodopis en el tranquilo jardín junto a la piscina.

Cuando le enseñaron la zapatilla, la joven no pudo reprimir una exclamación, porque la había reconocido. Extendió el pie para que pudiesen ver que la zapatilla era suya; mandó a una de las niñas esclavas a buscar la otra, que había guardado como recuerdo del extraño episodio del águila.

Entonces, los emisarios se dieron cuenta de que era ésta la joven que el faraón andaba buscando; se arrodillaron ante ella y exclamaron:

-¡El buen dios, el faraón Amasis, a quien deseamos larga vida y fortaleza, os ruega que acudáis de inmediato a su palacio de Memfis! Allí seréis tratada con todos los honores y se os concederá un alto rango entre sus esposas reales, pues está convencido de que Horus, hijo de Osiris e Isis, mandó el águila para hacerle saber de vuestra existencia.

Era imposible no acatar una orden semejante. Rodopis se despidió de charaxos, que se hallaba dividido entre una enorme alegría por la suerte de la muchacha y la pena por perderla, y partió para Memfis.

Cuando Amasis vio cuán bella era, no le cupo la menor duda de que se la habían mandado los dioses. No sólo la incorporó a su harén de esposas reales, sino que la hizo su primera esposa y reina de Egipto. Y vivieron felices por el resto de sus días; los dos murieron un año antes de la invasión de Cambises, el rey persa.

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El barbaro real y su sobrina

RELATOS

Era un valiente personaje que obtuvo el titulo de Barbero del Rey y aunque nunca lucho logro hacer un prisionero

Cuando lo llevo a Egipto, su sobrina se enamoro de el y nadie, ni siquiera un Barbero Real podia obligar a casarse o no casarse a una Egipcia, presa de la desesperacion, el barbero le dono parte de sus bienes a su prisionero e incluso le lego su puesto a su ex-prisionero

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El soldado y la mujer

RELATOS

Corrian los tiempos de la victoria sobre los hiksos y segun la costumbre los soldados podrian llevar algunos prisioneros para trabajar para ellos antes de ser liberados

Un soldado hizo prisioneros a 3 personas, un hombre y dos mujeres, cuando de pronto una de las mujeres cae al suelo por el cansancio, ella se arrepiente por haber ayudado a los enemigos y cree que merece morir abandonada, pero el soldado no lo cree asi, la toma en sus brazos y se la lleva cargada

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La princesa y el demonio

RELATOS

Ramses II gobernaba en Egipto y tambien dominaba todos los territorios que iban desde Libia, por el oeste, a Persia, por el este; de la tierra de los hititas, al norte de Siria, hasta el sur de Babilonia.

En los sesenta y dos años que aún se prolongó su reinado, cada cierto tiempo el monarca emprendía viajes a lo ancho de su vasto imperio.En tales ocasiones, fijaba su residencia temporalmente en alguna ciudad de sus territorios.Los príncipes que le debian obediencia y habitaban cerca acudían entonces con sus presentes y ofrendas, para demostrarle su lealtad.

En una determinada ocasión, la corte de Ramsés se hallaba establecida en la ciudad de Babilonia, capital de Mesopotamia, que los egipcios llamaban Nehern.
Los reyes y principes de todos sus confines acudieron a rendir pleitesía al faraón.

Todos le traían ricos presentes: oro, lapislázuli, turquesa y finas maderas; todos querían que su ofrenda superase a las demás en magnificencia y singularidad.

Le llegó el turno al príncipe de Betjen, que traía algo más que los acostumbrados metales preciosos y aromáticas maderas: traía a su hija mayor.La mandó colocarse ante Ramsés y le dijo al faraón:

-¡Oh farón de todas las tierras, a quien deseo larga vida y fortaleza! He aquí que os ofrezco a lo más hermoso que ha dado mi reino: esta princesa, mi propia hija.

Ramsés contempló a la muchacha y quedó en efecto hechizado por su hermosura sin par, por su exquisita apariencia, pues era alta y esbelta como una palmera. Una mirada fue suficiente para cautivarlo; al instante proclamó su voluntad:

-Acepto vuestra ofrenda, príncipe de Betjen:el más hermoso regalo y de más incalculable valor que jamás he recibido de un monarca súbdito. He aquí que le impongo un nuevo nombre: se llamará Neferu-Ra, la hermosura de Ra; hago saber que la tomo como primera esposa, y que como tal será reconocida en Egipto y en todos mis territorios. Escribas:¡esculpid el nombre de la hermosa reina Neferu-Ra en los cartuchos y sellos reales! ¡Cinceladlo bajo el mío en los lugares de honor de mi templo de Abu Simbel, que mis arquitectos acaban de escabar en la roca!

Sus deseos fueron cumplidos; de vuelta en Egipto, Ramsés continuó honrando a su primera esposa, la hermosa reina Neferu-Ra, del mismo modo que si hubiese accedido al trono de Egipto por derecho propio.

Transcurrieron varios años. En el decimoquinto de su reinado, Ramsés se hallaba en la ciudad de Tebas, porque allí se iban a celebrar las festividades en honor de Amon-Ra, ocasión en que las barcas surcan el Nilo provistas de lámparas y antorchas; surca las aguas la sagrada barca de Ra, ornada de oro y piedras preciosa; se lleva la embarcación de templo en templo y así las gentes contemplan la imagen viajera de Amon-Ra.

La reina Neferu-Ra se hallaba junto a Ramsés, sentada a su lado
en el grandioso templo que hoy conocemos como Karnak. Allí recibían ambos las ofrendas y adoración de las gentes, y también atendían a las peticiones que los súbditos quisiesen hacerles.
De pronto, el jefe de la casa real apareció ante los monarcas, se inclinó ante ellos humildemente y exclamó:

-¡Oh mi faraón, a quien deseo larga vida y fortaleza! ¡Ha llegado un emisario del prícipe de Betjen, que trae ricos presentes para la reina de los egipcios, Neferu-Ra!

-Que acuda a nuestra divina presencia y deposite los presentes a nuestros pies-dijo Ramsés.

Cuando entró el emisario, se postró ante el faraón y besó el suelo como muestra de obediencia.Cuando hubo mostrado los presentes que traía de parte de su señor real dijo:

-¡Oh faraón, a quien deseo larga vida y fortaleza! Traigo un mensaje de vuestro súbdito, el principe de Betjen, acerca de su hija la princesa Bentresht, hija de la alegría, hermana de la reina Neferu-Ra. Unos males extraños la afligen y nadie en la tierra de Nehern puede curarla ni adivinar el origen de su dolencia, y eso que Babilonia es reputada por sus sabios.Por tanto, mi señor os pide que le enviéis a los hechiceros egipcios más sabios y expertos, ya que no hay nadie en el mundo más versado en todo lo oculto que los sacerdotes de las tierras negras que bañan el Nilo.

Ramsés se volvió hacia sus cortesanos y dijo:

-Haced venir a los escribas más doctos de la casa de la vida y a los más sabios de los que conocen el saber que se oculta en las cámaras secretas de los templos divinos.

Cuando los tuvo ante su presencia, Ramsés dijo:

-Oíd la petición del príncipe de Betjen; cuando la hayais oido, elegid de entre vosotros al más docto y sabio, que irá a Nehern para curar a Bentresht, la hermana menor de mi primera esposa.

Una vez hubieron departido entre ellos, los sabios de Egipto eligieron a Tehuti-em-heb, el escriba real.Éste partió de inmediato con el emisario del principe de Bejten; al cabo de un viaje de muchos meses, llegó a la tierra de Nehern y al palacio donde yacía enferma Bentresht.

Al poco tiempo, gracias a sus artes mágicas, Tehuti-em-heb descubrió que un demonio se había introducido en el cuerpo de Bentresht y que todos sus poderes eran inútiles contra la maligna criatura.

Le dijo entonces al príncipe de Bejten:

-No hay ser humano capaz de expulsar este demonio. Pero os aconsejo que mandéis de nuevo un emisario a Egipto y pidáis la ayuda del poderoso dios Jons, el que libera a los demonios, cuyo templo se haya en Tebas.

El prícipe de Bejten envió a Tehuti-em-heb enseguida a Egipto como emisario, acompañado de un guarda fornido y digno de confianza, además de numerosas y ricas ofrendas para Jons.

Cuando Ramsés supo del mensaje que el príncipe de Bejten le enviaba, y dado que su esposa Neferu-Ra le pedía implorante que ayudase a su hermana menor, acudió personalmente al templo de Jons.
En el santuario más recondito de este templo lleno de explendor, había una imponente estatua del dios de la luna, que libera los demonios.El poderoso Ramsés se detuvo delante y entonó la siguiente plegaria al dios:
-Jons, benévolo señor, acudo a ti para implorarte que saleves la vida de Bentresht.Haz que el Ka de tu espíritu entre en la estatuilla para viajar a Bejten; que una vez allí la libere del demonio que la posee.
Entonces, la grandiosa estatua de Jons le inclinó dos veces la cabeza, para señalar que la plegaria había sido atendida.
Ramsés salió del templo y les contó todo lo que había acontecido a Tehuti-em-heb y a los emisarios del Príncipe de Bejten, que emprendieron jubilosos la marcha.Llevando la estatua de Jons con los honores que ésta merecía.

Su viaje duró muchos meses, pero al fin llegarón a Bejten.llevaron a Jons a la alcoba de Bentresht.En un abrir y cerrar de ojos, el demonio que la poseía abandonó su cuerpo y enseguida se sintió la princesa como si nada le hubiese sucedido.

El demonio que la había poseido se presentó ante Jons y le dijo:

- Habeis venido en son de paz, gran dios egipcio.La ciudad de Bejten os pertenece ahora. ¡Me arrodillo ante vos, pues también yo soy vuestro esclavo! Me retiro ahora a mi lugar de origen, pero quiero pediros que me reservéis un día festivo al año, en virtud del poder que poseéis en Bejten.

-¡Que el príncipe y las gentes de Bejten hagan un sacrificio en honor de esta criatura y que de ahora en adelante le honren un día al año!- dijo Jons.

Enseguida instauraron un día de fiesta para el demonio, le cantaron himnos de alabanza y le hicieron sacrificios.

El príncipe quería quedarse con la estatua de Jons, ya que así protegería la ciudad y atraería muchos peregrinos.

Le dijo a Tehuti-em-heb:

- Parte deprisa a Egipto y dile al farón que Bentresht se halla libre del demonio gracias a los poderes de Jons.Cuando le haya rendido al dios los honores necesarios os mandaré su estatua, con ricos presentes.

Tehuti-em-heb regresó a Egipto.Pero el príncipe de Bejten no devolvía la estatua de Jons.Se la quedó tres años, cuatro meses y cinco días.
Al final de ese periodo, un día en que el prícipe estaba de rodillas rezandole a la imagen, Jons recobró la voz y le dijo:

- Egipto es mi tierra, y mi morada la ciudad sagrada de Tebas.Allí me dirijo en este mismo instante.

Apenas hubo pronunciado estas palabras, el Ka de Jons salió volando de la estatua, bajo la forma de un halcón con plumas de oro.A la velocidad de un rayo cruzó montañas y desiertos hasta llegar a Egipto.

El miedo se apoderó del prícipe de Bejten e imediatamente dio la siguiente orden:

- Devolved presto a Egipto la imagen que ha dado cobijo al dios Jons durante este tiempo.

La estatua fue colocada en un carro rebosante de presentes y maravillosas riquezas; una fastuosa comitiva se encargó de conducirla a Egipto. Muchos meses duró su viaje, pero al fin llegaron a Tebas.

El faraón Ramsés y su primera esposa, dieron la bienvenida a la estatua del dios Jons.Entre los dos volvieron a colocarla en el lugar sagrado que le correspondía en el templo. Todos los presentes de Bejten fueron consagrados a Jons y los faraones no se reservaron nada para ellos.

El gran dios Jons esbozó una benevolente sonrisa desde su posición. A partir de aquel día, su protección acompañó siempre a Ramsés, a Neferu-Ra y a Bentresht y los colmó de ventura y prosperidad por el resto de sus días.Haz click para ver los artículos sobre templos, con fotos, mapas, etc.

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La canasta vacia

RELATOS

La esposa del Faraón de Egipto había perdido muchos hijos en su vientre…

Este parto, seguramente, era su última oportunidad para darle un heredero al Faraón.

Rodeada de médicos y sirvientas el dolor de su vientre fue en aumento hasta que explotó en un grito de dolor liberador y, simultáneamente a su muerte dio un parto de cinco hijos, cuatro de ellos varones y una niña.

El Faraón crió con amor y dedicación a sus hijos, dándoles la educación de futuros gobernantes a los varones y de princesa a la hija.

Pasados los años y crecidos sus hijos, el Faraón se enfrentó al dilema de escoger a su sucesor.

Dado que todos habían nacido en el mismo parto, no había un primogénito a quién el derecho le correspondiese naturalmente.

Consultó con el Consejo de Ancianos:

- ¿Qué debo hacer ?, ¿Cómo elegir a mi sucesor ?, ¿Quizás deba dividir el Imperio en cuatro reinos para ser justo con todos ellos ?

Los sabios respondieron:

- No su majestad, dividir el Imperio implica debilitarlo y ello acarreará su destrucción, además, usted tuvo cinco hijos y sería injusto con su hija.
Lo mejor es hacer un Concurso entre ellos y el que traiga el Proyecto que más beneficie a Egipto, ese sea el escogido

Satisfecho con la sabiduría del consejo recibido, el Faraón citó a sus hijos -incluida la hija- y les dijo:

- Tienen seis meses para plantear el Proyecto más beneficioso para Egipto, quién así lo haga será elegido mi sucesor

En ese mismo instante los cuatro varones se miraron suspicaces, surgiendo por primera vez entre ellos el recelo, el temor y quizás, hasta el odio mismo.

Seis meses después los cinco hijos se congregaron en el Salón del Faraón portando los varones gran cantidad de maquetas y planos y la hija una canasta vacía.

El Faraón escuchó por turno los proyectos…cada cual superaba al anterior: Que un Sistema de Caminos para el Reino, que un Sistema de Canales de Riego, que un Sistema de Silos para las Cosechas, que un Sistema de Puertos para el comercio… era difícil pensar en uno que superase en beneficios al otro.

La discusión para analizar el valor de cada uno, sin duda sería ardua, problemática y difícil.

Sin embargo, al llegar el turno a la hija ésta mostró su canasta vacía y dijo:

- Padre, yo traigo una canasta vacía que hoy vale tanto como las maquetas que has visto. Nadie puede decir qué obra es la mejor hasta no verla hecha y, para ese entonces el contenido de mi canasta podría superar en valor a cualquiera de ellos.

Todos quedaron sorprendidos por el enunciado, pero el Faraón y el Consejo de Sabios estuvieron de acuerdo en que discutir el valor de los proyectos no tenía más sentido que discutir el valor del contenido de una canasta vacía.

Entonces la solución fue obvia: los recursos del reino se afectarían al desarrollo de los proyectos durante dos años y, al cabo de ese tiempo se analizaría el beneficio real de cada obra para el Reino.

Pasaron los dos años de febril actividad y llegó el momento de presentarse al Salón del Trono.

Cada uno de los hijos venía orgulloso con gran cantidad de documentos y asesores para demostrar que su obra había sido la más beneficiosa al Reino… y la hija llegó con su canasta vacía…

A su turno cada hijo expuso el valor de las obras hechas: de cómo ahora el sistema de riego había aumentado las cosechas, de cómo ahora el sistema de caminos permitían que esas cosechas llegasen hasta el último rincón del Reino, de cómo ahora el sistema de silos permitía almacenarlas de modo limpio y seguro, de cómo ahora los nuevos puertos eran fuente de comercio y prosperidad.

Al llegar el turno de la hija, esta señaló su canasta y dijo:

- Padre, tal como lo anuncié, el tiempo me permitiría dar valor al contenido de esta canasta…ahora lo ves, gracias a mi canasta vacía el Reino tiene canales, caminos, silos y puertos…sin ella sólo hubiésemos tenido Proyectos y una larga discusión para ver cual era el mejor sin que nunca ocurriese nada…

Los cuatro hermanos se dieron vuelta sorprendidos y azorados y, tras un momento de vacilación se arrodillaron frente a su hermana…

… Y así Egipto tuvo su primera Reina….

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Los nueve dioses

RELATOS

Shu y Tefnet fueron los primeros de los hijos de Ra-Atum. Ellos se quisieron con un amor tan grande y profundo que, al cabo de poco tiempo, Tefnet dio a luz unos gemelos. El primero en nacer fue Geb, el dios de la tierra, y el segundo, Nut, diosa del cielo.

Geb amaba a su hermana apasionadamente, la bella Nut, y durante muchísimo tiempo permanecieron fuertemente abrazados. Como consecuencia de tal efusión el cielo se mantenía estrecho contra la tierra y entre ellos no quedaba espacio para que pudiera alguien vivir o crecer.

Al final, Ra-atum cogió enormes celos del gran amor de Nut por Geb y con gran ira tomó la decisión de que nunca más pudieran estar juntos. Para ello ordenó al padre de ambos, Shu, que hiciera algo para separarlos definitivamente. Así se lo hizo saber y el poderoso dios pisó a Geb para que no pudiera elevarse. Luego levantó a Nut con las manos y la mantuvo, de esta forma, muy por encima de su hermano, de manera que les mantenía separados. A pesar de que Nut esperaba un hijo, Ra-Atum la maldijo, como castigo por su actitud anterior, para que fuera incapaz dar a luz ninguno de los días del año.

Al verse separados de una forma tan violenta, Geb luchaba sin descanso y con gran valentía bajo los pies de su padre, mientras que Nut intentaba abalanzarse hacia abajo para acercarse a él, pero no había forma de que se pudieran alcanzar y con ello su tristeza y desesperación fue en aumento.

Mientras tanto, el Creador había ido dando vida a muchos otros seres, entre ellos a Thot, el más sabio de los dioses. Un día, Thot levantó los ojos y vio el bonito cuerpo de Nut encima del mundo, mientras se debatía por regresar hasta su amado, y la amó de una forma tan pura y profunda que se compadeció de ella.

Decidió prestar su ayuda a la infeliz diosa para que al menos pudiera dar a luz a sus hijos, e inmediatamente inventó el juego de las damas. Entonces, decidió desafiar a los demás dioses a que jugaran contra él siempre y cuando utilizaran el tiempo a modo de apuesta. Poco a poco, el sabio dios consiguió ir ganando a sus contrincantes hasta obtener de ellos cinco días.

El Creador había fijado la duración del año en trescientos sesenta y cinco días, pero Thot le añadió el tiempo que había ganado y lo alargó en cinco días más. Este periodo no estaba sometido al curso de Ra-Atum, y de esta forma Nut pudo finalmente dar a luz a sus hijos.

El primer día dio a luz a un niño ya coronado, que fue llamado Osiris y el segundo, después de grandes dolores, Seth. Los días tercero y cuarto llegaron al mundo las dos hijas, Isis y Neftis.

Osiris e Isis se habían enamorado en el interior del vientre de su madre y no tardaron demasiado en convertirse en marido y mujer.

Seth y Neftis también se casaron con el tiempo, pero nunca existió un verdadero amor entre ambos.

Las dos hijas de Nut eran totalmente diferentes de carácter. Isis era valiente, bella y astuta, la Señora de la Magia, más sabia que millones de hombres, mientras que Neftis era leal y dócil.

Los hermanos Osiris y Seth tenían, si cabe, todavía más diferencias. Osiris era hermoso, gallardo noble y generoso, mientras que Seth tenía la cabeza de bestia salvaje y ello ya delataba su naturaleza, porque era ambicioso, maligno y cruel. Nunca pudo perdonar a Osiris que fuese su hermano mayor y, por tanto, el destinado a ocupar el trono.

Ra-Atum, con sus hijos Shu y Tefnet, sus nietos Geb y Nut y sus biznietos Osiris e Isis, Seth y Neftis, fueron adorados como los nueve grandes dioses bajo el nombre de la Enéada.

El Creador fue dando existencia a muchos otros dioses y diosas y llenó el cielo de encima y debajo de la Tierra de espíritus, demonios y divinidades menores. Vivieron todos ellos bajo el poder del primero de todos.

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Verdad y Mentira (La ceguera de Verdad)

RELATOS

Había una vez dos hermanos que se llamaban Verdad y Mentira.

Verdad era noble y honrado, y su hermano maligno, llamado Mentira, le odiaba.

Un día Mentira fue a ver a la Enéada y se quejó ante los dioses que Verdad le había robado la daga. Cuando le pidieron que describiera la daga, Mentira dijo:

-Todo el cobre del monte Jal sirvió para hacer la hoja y toda la madera de Koptos para el mango. La vaina tiene el largo del pozo de ventilación de una tumba y la piel de todos los rebaños de Kal sirvió para hacer el cinto –insistió Mentira-, y Verdad me la ha robado. Si se niega a devolvérmela, cegadlo y dádmelo para que me haga de portero.

Verdad fue llamado ante la presencia de la Enéada y afirmó su inocencia. No pudo presentar la daga, pues ésta no existía, y las acusaciones de Mentira parecían tan convincentes que Verdad fue condenado. La Enéada ordenó que le quitaran los ojos y que fuera entregado a Mentira para que le hiciera de portero.

Mentira pronto se dio cuenta que no podría soportar la presencia de Verdad sentado plácidamente delante de su puerta. Aquello le recordaba cada día su crueldad así como la inocencia de su hermano. Por este motivo les dijo a dos de los antiguos criados de Verdad:

-Llevaos a vuestro amo al desierto y dejadlo en un sitio donde una manada de leones lo pueda encontrar fácilmente. No regreséis hasta que no estéis seguros que esté muerto.

Los criados tenían demasiado miedo de Mentira para negarse a llevar a cabo tal acto. Muy tristes, cogieron a Verdad uno por cada brazo y lo condujeron al desierto. Cuando el hombre ciego notó la tierra del desierto bajo sus desnudos pies, preguntó adónde le estaban llevando. Los criados le contaron las órdenes que tenían con los ojos llenos de lágrimas.

Un día más tarde, una señora que se llamaba Deseo paseaba por su jardín, cuando dos criadas corrieron a ella para decirle:

-Señora, hemos encontrado un ciego sentado entre las cañas cerca del lago. ¡Ven a verlo!

-Traédmelo aquí –dijo Deseo.

Los criados no tardaron en llegar llevando a Verdad entre los dos. Estaba desfallecido y medio muerto de hambre, pero Deseo pensó que era el hombre más hermoso y apuesto que jamás había visto.

Le aceptó en su casa y en su cama y tuvo un hijo con él, pero Deseo pronto se cansó de su nuevo amante y lo echó fuera del hogar.

El hijo de Deseo y de Verdad no era un niño normal y corriente. Se hizo alto y hermoso como un dios, y a los doce años superaba a sus compañeros de colegio tanto en la lectura y la escritura como en las artes de la guerra. Los demás muchachos le tenían muchísima envidia y se mofaron de él diciendo:

-Si eres tan listo, quién es tu padre.

El hijo de Deseo no lo sabía y el resto de los niños no paraban de burlarse por ello, hasta que un día no lo pudo resistir más y fue corriendo a ver a su madre para preguntarle:

-Por favor, dime quién es mi padre y así se lo podré decir a los demás compañeros de clase.

-¿Ves ese ciego que está sentado sobre el polvo? –preguntó Deseo a su hijo-. Pues bien, ese hombre es tu padre.

El niño corrió al patio y abrazó a su padre. Después acompañó a Verdad dentro de la casa y le hizo sentar en la mejor silla. Después de poner los mejores y más selectos platos delante de él y de ayudarle a comer y beber cuanto le vino en gana, le preguntó:

-Padre, ¿quién fue el que tuvo la osadía de dejarte ciego? Si me lo dices, te vengaré.

-Fue mi propio hermano –contestó con tristeza Verdad.

El muchacho preparó inmediatamente un plan y luego fue a la despensa de su madre a buscar diez panes, un bote de agua, una espada, un bastón y un par de sandalias de cuero.

Después cogió un magnífico buey del rebaño de su madre y se dirigió hasta donde Mentira estaba pastando sus propios animales. El niño se acercó al vaquero principal y le dijo:

-Tengo que partir para un largo viaje. Si me guardáis el buey mientras estoy fuera, podréis quedaros con las provisiones, la espada, el bastón y estas preciosas sandalias de cuero.

El vaquero aceptó lleno de contento y el muchacho simuló que se iba fuera de la comarca.

Unas semanas más tarde, Mentira fue a inspeccionar sus rebaños. Inmediatamente se encaprichó el precioso buey.

El vaquero principal objetó que el buey era propiedad de un chico que regresaría pronto para reclamarlo. Mentira se encogió de hombros:

-¿Y qué más da? –añadiendo-. Cuando el chico regrese le puedes dar el mejor del rebaño.

Y así Mentira se llevó el buey y lo hizo sacrificar. El hijo de Verdad se enteró pronto y fue a ver al vaquero.

-Cualquiera de estos animales es tuyo –dijo el vaquero principal-. Elige el que prefieras.

-¿Por qué, si ninguno se puede comparar al que era mío? –preguntó el muchacho-. Mi buey era más grande que, si se situara en la isla de Ammon, el hocico le llegaría hasta el desierto de Nubia y la cola hasta los pantanales del delta, con la punta de un cuerno apoyada sobre las Montañas Occidentales y la otra en las Orientales.

El vaquero se quedó estupefacto:

-¿Existe un buey tan grande?

El hijo de Verdad simuló un gran enfado y llevó al vaquero principal y a Mentira al tribunal para ser juzgados por la Enéada por el robo de su buey. Mentira exclamó:

-¡Vaya tontería! ¡Nadie ha visto jamás un buey de las dimensiones que estás diciendo!

-Tampoco nadie ha podido jamás ver una daga de las medidas del pozo de ventilación de una tumba –dijo el hijo de Verdad-, con todo el cobre del monte Jal en la hoja, toda la madera de Koptos en el mango y toda la piel de las bestias de Kal en su cinto.

Mentira se volvió amarillo al oír las palabras que acababa de pronunciar el chico ante la Enéada.

-Volved a juzgar a Verdad y Mentira. ¿Cómo podéis condenar a Verdad basándoos en esta historia? Yo soy su hijo y estoy ante vosotros para defender su inocencia.

Mentira continuó afirmando que todo cuanto había estado explicando hasta el momento era cierto.

-Y si Verdad está vivo y puede venir a negarlo, entonces me confesaré culpable de lo que dice el joven. Luego podréis arrancarme los ojos y convertirme en su portero.

Mentira estaba convencido de que su hermano había muerto, pero el joven dijo:

-Tú mismo te has juzgado. Venid conmigo.

Entonces llevó a la Enéada a casa de su madre y les mostró a su padre. Después de oír su historia, ordenaron que sacaran los ojos a Mentira y desde ese día Verdad y su hijo vivieron juntos y felices y Mentira les hizo de portero”.

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Los hijos de Nut

RELATOS

Hace mucho tiempo, Ra, el señor de todos los dioses, aún reinaba sobre la Tierra como faraón. Vivía en un enorme palacio a orillas del Nilo, y todos los habitantes de Egipto acudían a presentarles sus respetos. Los cortesanos no dudaban en complacerle, y él pasaba el tiempo cazando, jugando y celebrando fiestas. ¡Una vida realmente placentera!

Pero un día llegó a palacio un cortesano que le contó una conversación que había oído. Thot, el dios de la sabiduría y la magia, le había dicho a la diosa Nut que algún día su hijo sería faraón de Egipto. Ra se puso muy furioso. Nadie salvo él era digno de ser faraón. Caminaba de un lado a otro gritando:
-¡Cómo se atreve Thot a decir eso! ¡Ningún hijo de Nut me destronará!

Reflexionó sobre ello largo tiempo, al cabo del cual, tras invocar sus poderes mágicos, lanzó la siguiente maldición:
“Ningún hijo de Nut nacerá en ningún día ni en ninguna noche de ningún año”.
La noticia pronto se extendió entre los dioses. Cuando Nut se enteró de la maldición. Se sintió muy apesadumbrada. Deseaba un hijo, pero sabía que la magia de Ra era muy poderosa. ¿Cómo podría romper el maleficio? La única persona que podía ayudarla era Thot, el más sabio de todos los dioses, así que fue a verlo.

Thot quería a Nut y, al verla llorar, decidió ayudarla.
-No puedo romper la maldición de Ra, pero puedo evitarla. Espera -le pidió.
Thot sabía que Jonsu, el dios Luna, era jugador, así que le retó a una partida de senet. Jonsu no pudo resistirse y cedió al desafío.
-¡Oh, Thot! -exclamó-. ¡Tal vez seas el dios más sabio, pero yo soy el mejor jugador de senet! No he perdido ninguna partida. Jugaré contigo y te ganaré.
Los dos se sentaron a jugar. Thot comenzó ganando todas las partidas.
-Has tenido suerte, Thot -dijo Jonsu-. Apuesto una hora de mi luz a que te gano la siguiente partida.
¡Pero también perdió! Thot continuó ganando y Jonsu siguió apostando su luz hasta que Thot hubo conseguido una luz equivalente a la de cinco días.
Entonces, Thot se puso en pie, dio las gracias a Jonsu y se fue llevándose la luz consigo.
-¡Menudo cobarde! -murmuró Jonsu-. Mi suerte empezaba a cambiar. ¡Habría ganado esta partida!
Thot colocó los cinco días entre el final de ese año y el comienzo del siguiente. En aquella época, un año tenía 12 meses de 30 días cada uno, lo que sumaba un total de 360 días.
Nut se sintió feliz cuando Thot le contó lo que había hecho. Como los cinco días no pertenecían a ningún año, sus hijos podrían nacer en esos días sin romper el maleficio de Ra.
El primer día Nut dio a luz a Osiris, que sería faraón después de Ra; el segundo día, a Harmachis, que está inmortalizado en la Esfinge; el tercer día, a Seth, que más tarde mataría a Osiris y se convertiría en faraón; el cuarto día, a Isis, que sería la esposa de Osiris; y el quinto día, a Neftis, que sería la esposa de Seth.
En cuanto a Jonsu, el dios Luna, quedó tan debilitado tras la partida que ya no pudo brillar con fuerza todo el tiempo. Aún hoy, la Luna sólo brilla toda entera durante unos cuantos días del mes, y ha de pasar el resto del tiempo recobrando fuerzas.

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El Nombre secreto de Ra

RELATOS

ISIS era una diosa muy sabía, casi tanto como el gran RA, tan solo le faltaba conocer el nombre secreto de este para tener su poder.

Tanto ella como los demás dioses envidiaban a RA, el era quien dominaba el mundo y toda criatura estaba sometida a él. En su juventud luchó por conseguir la autoridad que en su madurez le otorgaría el respeto y el reconocimiento que merecía por un reinado justo y pacífico.

Pero el tiempo no perdona, ni siquiera a las divinidades, y según RA envejecía, los demás veían que cada vez estaba más cerca el momento de poder hacerse con su poder aprovechando su debilidad.

ISIS trazó su plan. Hizo con sus manos una serpiente con barro y la dio apariencia de bastón. Cuando RA cogió el bastón la serpiente le mordió, provocándole mucho dolor. Fue entonces cuando ISIS apareció y le convenció de que moriría si no le decía su nombre secreto para poder acabar con el maleficio. Cuando no puedo soportar más dolor le dijo su nombre e inmediatamente el sufrimiento desapareció, pero a la vez RA fue consciente de lo que había hecho, a partir de ese momento tendría que compartir su poder con ISIS.
La Creación
Se cuenta que NUN era agua, era el Dios de las tinieblas, era el principio de todo… pero dormía, solo dormía.

Cuando por fin NUN despertó, solo encontró aburrimiento, a su alrededor era él todo lo que veía. Ni animales, ni plantas, ni hombres… ni siquiera dioses. Entonces, reconociendo en sí mismo el poder inmenso de crear, decidió ponerse manos a la obra y comenzar con la creación de universo.

Como era agua comenzó creando tierra, hizo surgir de sí una gran isla de tierra limosa, era Egipto, y pensó que al haber nacido Egipto del agua, debía ser esta quien le diera la vida, fue entonces cuando creó el río divino, el Nilo.

NUN continuó creando… el cielo, el aire, plantas, animales y dioses, pero algo faltaba, no había una oscuridad absoluta, pero tampoco había luz. Un día, de un loto que flotaba en el Nilo surgió luz. La flor se resistía a abrirse y cuando ya no pudo aguantar más, de su interior nació RA, el sol, dando al mundo lo que le faltaba, esa luz con la que apreciar los colores, la belleza de la creación y por supuesto el tiempo, ya que RA volvía al interior del cáliz de la flor del loto a descansar mientras duraba la noche. RA se convirtió en el dios más poderoso, el amo del mundo y también el más envidiado…

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El hebreo Yusuf y la egipcia Zulaija

RELATOS

En Egipto vivía el poderoso Aziz, casado con la bella Zulaija.

Cierto día llegó a él la noticia de que había entrado en la ciudad un joven hebreo llamado Yusuf, de gran virtud y honradez. Ante este hecho, Aziz decidió adoptarle como bajo y así se lo comunicó a su esposa, quien se mostró encantada ante tan maravillosa idea.

Pero Yusuf era de gran hermosura y Zulaija se enamoró de él. Por eso siempre procuraba estar a su lado y atenta a la menor necesidad del joven y se complacía peinando sus cabellos. Sin embargo, Yusuf no correspondía a su pasión, todo su pensamiento lo tenía puesto en Dios.

Esto expresaba a Zulaija, hasta el punto de que sus mejillas empezaron a palidecer y su cuerpo languideció, solo pensaba en cómo lograría que el joven hebreo cediese a sus deseos.

Cierto día en que estaba, como de costumbre, pensativo, entró en su habitación su antigua nodriza y le dijo que había un medio bien sencillo para que Yusuf ardiera en amor hacia ella: que le hiciera fijarse bien en la hermosura de su rostro y en la exquisita perfección de su cuerpo. Si la dejaba obrar a ella libremente, pronto vería cumplidos sus más íntimos deseos.

Zulaija la dejó hacer. Entonces la nodriza encargó a unos competentes albañiles que hicieran una cámara con arreglo a sus indicaciones.

Después encargó a un pintor que retratara con todo detalle las figuras de Yusuf y Zulaija abrazándose.

Por último, compró un magnífico lecho de oro, incrustado de perlas y piedras preciosas, y lo colocó en el centro de la habitación, cubriéndolo con una maravillosa colcha de seda llena de fantásticos dibujos. El suelo lo alfombró con un rico tapiz y colgó de las paredes bellas cortinas de suave tejido.

Hechos estos preparativos, se dirigió a la estancia donde se encontraba Zulaija y la atavió espléndidamente. Coronó sus cabellos con una valiosa diadema y puso sobre su cuerpo una delicada túnica. Así fueron hacia la cámara que antes había preparado, y Zulaija se tendió en el lecho.

A continuación, la nodriza fue en busca de Yusuf y le dijo que su señora le necesitaba y le rogaba que fuese a su cámara. Yusuf le contestó que obedecería al instante y se encaminó hacia donde se encontraba Zulaija.

Cuando llegó ante la cámara, el joven comprendió los deseos de la egipcia y quiso volverse pero ella, rápida como el pensamiento, fue hacia él y, cogiéndole de la mano, le condujo hacia el lecho. Luego le alabó la belleza de su rostro, de sus ojos, de sus cabellos, el delicioso aroma de su aliento.

Yusuf le contestaba diciendo que toda esa belleza se convertiría en polvo cuando muriera, y si entonces aspiraba su aliento, que tanto le agradaba ahora, huiría asqueada ante el hedor que desprendería todo su cuerpo.

Cuando Zulaija le preguntó a qué se debía que cuanto más se acercaba ella a él tanto más huía, respondió el joven hebreo que de esa manera esperaba acercarse más a su Señor.

Zulaija siguió insistiendo, pero la decisión de Yusuf era firme, y su propósito de no ofender a su Dios, inquebrantable. Por eso, cuando vio una oportunidad para escapar, no vaciló y corrió hacia la puerta. Pero Zulaija se agarró a su túnica y la desgarró.

Y he aquí que en ese momento acertó a pasar junto a la habitación Aziz, quien al ver a Yusuf tan apenado y a Zulaija llorosa y mesándose los cabellos, entró en la cámara para saber lo que sucedía. Entonces ella le dijo que su protegido hebreo, aquel al que había favorecido con todo su cariño, había querido cometer con ella una mala acción.

Al oír esto, Aziz se dirigió hacia Yusuf y, afeándole su conducta, le preguntó cómo había podido intentar tan reprochable acto. Entonces Yusuf, invocando a Dios, le explicó la verdad del caso.

Aziz estaba asombrado; su mirada iba de Yusuf a Zulaija, y de ésta al hebreo. Pero Yusuf se acordó, de pronto, de que podía citar a un testigo en su favor. En la habitación donde había tenido lugar aquella escena se encontraba un niño pequeño en una cuna; este niño había sido adoptado por Zulaija, en vista de que Dios no le concedía ningún hijo, y dormía siempre en su misma alcoba.

Yusuf elevó al cielo su oración y pidió al Señor que le ayudara en su crítica situación. Entonces Dios hizo bajar a la Tierra a Gabriel -¡sobre él sea la paz!- y le dio la orden de que hiciese hablar al niño para que declarase a favor de Yusuf.

Gabriel hizo como el Señor le mandaba, y el niño empezó a hablar y dijo a Aziz que si la túnica de Yusuf hubiera estado desgarrada por delante, Zulaija habría dicho la verdad; pero que al estarlo por detrás, ella mentía, y el testimonio de Yusuf era sincero.

Aziz comprobó que cuanto había dicho el pequeño era totalmente cierto, entonces, dirigiéndose a su mujer, le mandó que pidiera sincero perdón al muchacho hebreo.

Y sucedió que a partir de aquel día empezó a divulgarse la noticia por todo Egipto, principalmente entre las mujeres, que lo comentaban riendo y no podían comprender cómo la mujer de Aziz había podido incurrir en tal extravío.

Zulaija se enteró de todo y quiso demostrar a sus amigas cómo no tenía culpa de lo que había ocurrido.

Así, pues, les envió un mensaje invitándolas a merendar en su casa.

Cuando la reunión estuvo formada, les dio naranjas con miel, y para que mondaran las naranjas entregó a cada una un pequeño cuchillo.

Las damitas empezaron su faena, y en ese instante Zulaija mandó que hicieran entrar en el salón al joven Yusuf, al que antes había vestido y adornado con todo esmero.

Cuando sus amigas vieron al bello hebreo, su admiración no tuvo límites. Tan absortas estaban en contemplar su hermosura, que, en vez de cortar las naranjas, cortaban sus propias manos, y era tal su atolondramiento que no sentían correr la sangre ni el dolor que con el cuchillo se producían.

Zulaija, mientras, se reía de ellas, comentándoles que si por un momento que le habían visto habían llegado al extremo de no percatarse de lo que hacían, comprenderían que a ella, en siete años que llevaba junto a él, le hubiera acontecido aquello que antes de conocer al joven les causara tanta extrañeza.

Pero incluso después de lo sucedido Zulaija seguía deseando castigar a Yusuf por su desprecio. Para ello fue a ver al rey Rayan ibn al Salid, con el que tenía gran influencia, y logró que le permitiera encarcelar al hebreo.

Cuando pasó algún tiempo, ante la represión de Aziz por su conducta, Zulaija se arrepintió y desde entonces no podía conciliar el sueño, y solo estaba contenta al hablar de Yusuf.

Se cuenta, acerca de las mujeres que vieron al bello mancebo, que murieron siete de ellas por su amor.

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La leyenda de Amasis

RELATOS

Cuenta Herodoto que Amasis había llegado al trono de Egipto desde una vil condición, ya que antes se había dedicado al robo y al pillaje.

Su elevación al trono causó una gran sorpresa y un enorme disgusto, pues los orgullosos egipcios se vieron así mandados por un hombre a quien juzgaban de clase inferior a los más bajos.

Amasis, viendo el desprecio con que era tratado, resolvió dar una lección a sus desdeñosos súbditos.

Entre los objetos que poseía para su uso personal se encontraba una jofaina de oro en la que se lavaban los pies todos los que iban a comer con Amasis. Mandó fundir la palangana y con el oro hacer una estatua de una divinidad, poniéndola después en una plaza pública.

Todo los que pasaban por enfrente de la estatua se volvían a ella y la adoraban con veneración.

Amasis mandó reunir a todos los que habían adorado a la estatua y les dijo:

- Esa estatua ante la cual os habéis inclinado tan reverentemente no es más que la jofaina en que os lavabais los pies, modelada de nuevo. A mí me ha ocurrido lo mismo: si en otro tiempo era hombre de clase inferior, ahora soy vuestro rey. Por lo tanto, habréis de respetarme y tenerme veneración.

Y en efecto, desde aquel día cesó el desdén de los egipcios por Amasis y le prestaron acatamiento y respeto.

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El faraón Dyoser y la crecida del Nilo

RELATOS

Sentado en su trono, silencioso y apenado, se encontraba el faraón Dyoser.
Egipto había caído en desgracia ya que hacía siete años que la crecida del Nilo era insuficiente. No había agua suficiente para regar las tierras, y las reservas de los graneros, que hasta ahora habían permitido al pueblo alimentarse, se estaban quedando vacíos.

Los meses pasaban y la preocupación del faraón aumentaba. Su pueblo no tenía apenas con qué alimentarse, los campesinos observaban con tristeza los campos secos, los niños lloraban y los ancianos se debilitaban. Incluso los templos se cerraban por falta de ofrendas a sus dioses.

El Nilo se negaba a fecundar la tierra de Egipto. Por eso, decidió pedir ayuda a su amigo y primer ministro Imhotep, arquitecto, médico, mago y astrólogo.

- Nuestro país está sufriendo una grave situación – dijo el rey dirigiéndose a Imhotep -. Si no encontramos una solución moriremos de hambre. Hay que darse prisa y descubrir dónde nace el Nilo para saber cuál es el poder divino responsable de que suban las aguas.

Imhotep se marchó a Heliópolis, donde se encontraba el gran templo de Thot, dios de la sabiduría y protector de los escribas. Buscó entre los libros sagrados y documentos más antiguos que hablaran sobre la crecida del Nilo y volvió al palacio para informar a Dyoser.

- Eres el primer faraón que se interesa por los secretos de los caudales del Nilo – comentó Imhotep mientras desenrollaba un montón de papiros, y prosiguió -. Los textos indican que en el sur de Egipto se encuentra la isla de Elefantina. Allí apareció la luz divina cuando decidió dar vida a todos los seres. El Nilo nace en ese lugar, en dos cavernas de donde manan todas las riquezas de la tierra. Cuando lo desea, el Nilo fertiliza sus orillas.

- ¿Quién vigila esas cavernas? – preguntó ansio