En el principio del Imperio Antiguo, Egipto con sus fronteras naturales, el mar Mediterráneo y los desiertos no necesitó de tropas para defenderse, su cultura se desarrolló aislada y pacífica. El país del Nilo no tuvo necesidad de un ejército permanente.
En el Imperio Antiguo, el ejército del Antiguo Egipto se denominaba “mesha”, cuya traducción viene a ser “agrupación de fuerzas”: y efectivamente, eso era, unos grupos que se reunían en caso de necesidad para apoyar a pequeñas unidades permanentes. Este ejército tenía entre sus funciones la protección de fronteras y del comercio marítimo, pero también la realización de todo tipo de trabajos públicos.
El ejército como tal no apareció hasta el Imperio Medio y se desarrolló durante el Imperio Nuevo, cuando los faraones partieron a la conquista de nuevos territorios.
Cuando Egipto era atacado o había que organizar una expedición contra alguno de los enemigos tradicionales de Egipto (los pueblos de Nubia, Canaán, Libia o los nómadas del desierto), los funcionarios del faraón reunían a un grupo de hombres y, sin un entrenamiento militar exhaustivo, lo enviaban a cumplir la misión. Para realizar estas misiones esporádicas, se reclutaban muchachos jóvenes que una vez cumplida la tarea, regresaban a casa y continuaban su vida cotidiana.
Esto significaba, además, que las campañas militares tenían lugar cuando las condiciones agrícolas y el clima lo permitían. Por ejemplo, para ir a combatir a Nubia, donde el calor es enorme, se prefería la época del invierno y la primavera, cuando las temperaturas no eran tan altas. En cambio, para atacar la zona de Siria-Palestina se elegía el verano, después de haber recogido la cosecha. Ser soldado y agricultor tenía sus desventajas, sobre todo desde el punto de vista del ejército. Pero durante la
Antigüedad era algo habitual. Durante los primeros años de la república romana pasó lo mismo y aún así conquistaron un gran imperio.
Afortunadamente para los egipcios, los pueblos a los que se enfrentaban contaban con el mismo tipo de formación militar, por lo cual en sus enfrentamientos salían victoriosos casi siempre. Al menos eso es lo que nos dicen los textos egipcios.
El oficio de soldado no era noble, eran pocos los egipcios que lo ejercían y a menudo pasaba de padres a hijos.
Para contar con un ejército fuerte, el faraón alistaba por la fuerza a soldados enemigos vencidos, como los arqueros de Nubia o prisioneros de guerra. También se servía de mercenarios, soldados extranjeros que alquilaban sus servicios.
Hasta el Imperio Nuevo, los soldados combatían con un hacha de bronce y una lanza de silex y se protegían con un escudo de madera o piel. También se usaban arqueros nubios.
Realmente fue con la invasión hisca cuando se produjo una revolución en el ámbito armamentístico y en las estrategias en el combate. Parte de las mejoras fueron por la introducción del carro y la mejora de la metalurgia y siderurgia que hicieron mejorar las armas, se usaron el cobre para las puntas de flechas o lanzas. Tras el derrocamiento de los hicsos, el cuerpo de élite estaba formado por príncipes y equipados con carros; y las tropas por infantes y mercenarios extranjeros. Una falta de tradición militar ayudó a personajes de clase media a tener acceso a los mandos, todo esto supuso que el ejército acabase convirtiéndose en una forma de ascensión social.
Fue con la dinastía XVIII cuando el ejército contó con la ayuda de los <> o o milicia auxiliar dotada de armamento ligero y encargada del orden público cumpliendo funciones de policía. Por estas fechas es cuando se reorganizó el ejército y su composición.
1.- Las innovaciones de la XVIII Dinastía
Cabe señalar que la XVIII Dinastía nace con la guerra ya que son sus príncipes quienes están al frente de forma directa en las batallas y en muchas ocasiones mueren en ellas. Esto provoca un cambio en los valores, ahora los cortesanos valoran más al coraje y al valor bélico, no como en la antigüedad que se valoraba más el aspecto administrativo y cultural. Ahora el ejército es permanente y especializado, los faraones se rodean de sus compañeros de armas. La política está ahora, orientada a la ampliación de las fronteras, esto lleva a que Egipto se adentre hasta l Éufrates en Siria, y hasta la cuarta catarata ya en tierras nubias.
Mientras Nubia es incorporada, además de ocupada, Siria y Palestina mantienen sus estructuras políticas pero asumiendo tributo y disponibilidad de sus pobladores para formar parte del ejército egipcio.
Este gran imperio necesita una constante vigilancia tanto de soldados como de funcionarios, estos disfrutan de una posición en la cual obtienen beneficios, al ser titulares de pequeñas y medianas propiedades y algunos esclavos. Este cambio, por las nuevas exigencias, ayuda a la aparición de una clase media; es decir, que a la aristocracia de época menfita y del Imperio Medio hay que añadir un Egipto “burgués”.
Con la Dinastía XVIII el ejército ya asume un escalafón superior en cuanto a que es ya un ejército profesional, y asume un peso determinante en cuanto a la organización de la sociedad.
2.-Ejército, marina y policía
Para los antiguos egipcios, la profesión militar raramente tuvo la alta consideración de otros oficios, por lo que el ejército nunca resultó particularmente numeroso. La vida del soldado no era fácil: a las incansables marchas por el desierto y los duros castigos de los oficiales cuando las cosas no se desarrollaban a su gusto, se unían largos períodos de aislamiento en lejanas fortalezas, cuya misión principal, al margen de la vigilancia de las fronteras, era la de proteger las rutas comerciales, (como las que daban al Mar Rojo o a los oasis, frecuentemente amenazadas por pequeños grupos, tanto de beduinos, como de bandidos y proscritos), y la de mantener la posesión de las fuentes inagotables de riquezas que suponían las minas de oro de Nubia, o de cobre, malaquita y turquesas del Sinaí. Tan solo en ciertos períodos, como la época en la que el prestigioso general Horemheb ascendió al trono de los faraones, pudieron gozar de destacados privilegios. Por este motivo, la dificultad para reclutar tropas entre los naturales del país, (en base a levas obligatorias entre los nomos, a los que se unían la décima parte de los componentes de los templos, dos formas de captación que por forzadas generaban un destacable descontento popular), hizo que en ocasiones hubiera que echar mano de mercenarios extranjeros, especialmente nubios, a los que se unieron en otros momentos libios y asiáticos. De hecho, la importancia de esta clase de soldados era tal, que en determinadas épocas llegaron a constituir hasta dos terceras partes del total de las fuerzas con que se contaban.
Fue en el Imperio Nuevo cuando se crea, en Egipto, el verdadero ejército, tras una larga dominación extranjera (dominio hicso para ser más exactos). No hay que olvidar que en el Imperio Antiguo nunca existió un ejército regular, y en el Imperio Medio lo formaba contingentes escasos y para nada eran un ejército. Resaltar que por lo general abundaban mercenarios extranjeros, y que ya en Imperio Medio el faraón se rodeó de un pequeño contingente debido al aumento de poder por parte de la nobleza, la cual también tendía a rodearse de un pequeño número de soldados.
El carro se introdujo tras la invasión hicsa y tanto esta como el uso y como se fabricaba el carro lo explicaré más adelante. Es gracias a los hicsos que el uso del carro de combate y del caballo domesticado se extiende por el Próximo Oriente. La carrería como arma de élite, contaba con divisiones como la infantería que era mandada por un comandante de la carrería.
La infantería mejoró su armamento y lo dotó de divisiones internas; no nos podemos olvidar la honda religiosidad del antiguo Egipto, por lo que nonos debe extrañar que las divisiones internas del ejército llevaran el nombre de un dios. Al mando de cada una de estas divisiones iba un general, los batallones obedecían a los comandantes, y las unidad inferior es la compañía.
Los soldados de la infantería fueron llamados literalmente el (infante) en la vida del ejército y en otras ocasiones el (infante) en la vida del ejército de las victorias grandes. Cada soldado debía “luchar por su buen nombre” y defender al faraón, otorgándosele si combatía bien un título o condecoración llamado “El Oro del Coraje”. Si mostraba cobardía o huía del combate, se lo denigraba, degradaba y, en ciertos casos ejecutaba. Si algún soldado desertaba su familia podía llegar a ser hasta encarcelada.
Las distinciones en el oficio de la guerra se otorgaban por parte del faraón, en forma de donaciones de casas, tierras y esclavos, o a través de condecoraciones con forma de collares de oro y armas decoradas, entre las que destacaba por su simbolismo la denominada “Orden de la Mosca Dorada”, o “Mosca del Valor”, al figurar en ella réplicas en el más preciado de los metales de este insecto.
Los mandos estaban formados por miembros de familias de cierta categoría, los únicos que podían acceder a la escuela de oficiales y que conseguían prestigio y fama en la batalla, consiguiendo sus ascensos, y cuando se retiraban eran nombrados asistentes personales de los nobles, administradores del estado o ayos de los hijos del rey, que eran enviados a aprender la carrera militar a los 7 años.
La tropa tenía la esperanza de conseguir un terreno de 3,25 hectáreas, sin distinción entre nativos y mercenarios. El soldado recibía, además, rebaños y personal del cuerpo de servicios de la casa real para poder trabajar las tierras recién obtenidas de inmediato. La parcela podían heredarla sus descendientes siempre que entre ellos hubiese un varón apto para enrolarse. Un papiro relativo a impuestos, fechado hacia 1315 a. C. (bajo Seti I), es prueba de ello.
Las armas utilizadas por los soldados de a pie del ejército faraónico son de dos clases: de tiro y de proximidad: la lanzas, jabalinas, mazas, hachas de combate, espada, sable curvo, ( kopesh), los arcos sencillos y el arco de doble curvatura de origen hitita. Tenían escudos de madera, cuero curtido o caña trenzada. Nada en absoluto parecido a la cota de malla o al casco; los soldados de la infantería ligera, utilizaban un arco y flechas rudimentarias hechas con una aleación imperfecta de bronce. El arco duró hasta la dinastía XVIII, para ser reemplazados por el arco triangular, más fácil de manejar y de fabricar en serie, y que lanzaba unas largas flechas de gran penetración, capaces de atravesar las armaduras.
Las campañas realizadas por los faraones de las dinastías XVIII y XIX ya nos muestran cierto uso de estrategias y tácticas regidas y sujetas a normas con más o menos complejidad. Es en este período cuando se comienza a perfeccionar los campamentos y fortificaciones militares. La literatura egipcia del Imperio Nuevo ha dejado testimonios militares. La realidad que nos muestra los escritos en donde se nos muestra las miserias de las campañas y la vida de las guarniciones, quizás se aleje de esa realidad en la que el soldado si se distinguía en la campaña recibía campos, ganados y siervos. Ya en niveles superiores se podía llegar a altos puestos en la administración. La hacienda que estos soldaos conseguían permanecían en la familia siempre y cuando hubiera algún varón en armas.
En relación a la marina, es obvio que el Nilo manejaba el ámbito de la navegación en Egipto, también que no es un marina de guerra propiamente dicha, era más de transporte que iban a Siria y Nubia. La marina del Nilo tenía sus propias características con sus cabinas, ligeros, en contraste con los usados en alta mar que eran pesados y recios. Se combatía desde el barco con el mismo armamento que en la infantería, esto se puede ver en los relieves de Medinet Habu. Los barcos más grandes llegaban a albergar hasta 200 soldados. Comentar que aunque la tuvieron, era en general de cabotaje, ya que los habitantes del país del Nilo raramente se distinguieron como navegantes: la misión de la marina, se limitaba a proteger la costa, y a la escolta de buques mercantes en los períodos de crisis. Al final del Imperio Nuevo, Ramses II ordenó construir galeras de remos y velas para proteger las orillas de Egipto de los piratas. En las batallas contra los Pueblos del Mar, la flota egipcia impidió a los invasores su penetración en Egipto.
Egipto también contaba con fuerzas del orden, policías si así queremos llamarlos, se encargaban de guardar el orden en ciudades y en el campo. Parece ser que este oficio no les resultaba muy grato a los egipcios por lo que hay que suponer que un principio eran extranjeros los que ocupaban el cargo. Y así es, si observamos el término <
> en egipcio antiguo, su significado era el nombre de unas tribus sudanesas. En la última época parece ser que también había “policías” egipcios, la “policía” dependía del visir como todas las fuerzas armadas.
En tiempos de paz, los soldados ocupaban las fortalezas en las fronteras imperiales y se entrenaban en la lucha cuerpo a cuerpo, protegían las caravanas para que las mercancías del faraón llegasen sanas y salvas al palacio.
3.- Estrategia, organización y armamento
El ejército egipcio estaba organizado tradicionalmente en grandes cuerpos de ejército (División) organizados a nivel local, que contaban cada uno con unos 5.000 hombres (4.000 infantes y 1.000 aurigas que tripulaban los 500 carros de guerra agregados a cada cuerpo). Cada una iba mandada por un general y veinte oficiales, y recibía el nombre de un dios; estaban divididas en batallones, de unos 250 hombres, dirigidas por un comandante con la ayuda de un escriba, identificadas merced a un estandarte con nombre propio, (entre los que se puede citar los de “León Saltarín”, “Amada de Amón”, o “Fuerte en Armas”), las compañías eran finalmente estructuradas de nuevo en cinco secciones de 50 individuos., dirigidas por un oficial.
La unidad militar básica era un grupo de cincuenta soldados, dirigidos por un oficial. Cinco de estos grupos formaban una compañía, dirigida por un comandante con la ayuda de un escriba militar. Una división, o cuerpo de ejército, estaba compuesta de veinte compañías y constaba en total de 5.000 soldados, dirigidos por veinte oficiales superiores y un general.
Cada cuerpo de ejército recibía como emblema la efigie del dios tutelar de la ciudad donde había sido creado, residía normalmente, le servía de base y le daba nombre (entre los que se puede citar los de “León Saltarín”, “Amada de Amón”, o “Fuerte en Armas”), y cada uno poseía también sus propias unidades de abastecimiento, servicios para apoyo de combate, logística e inteligencia.
Los denominados portaestandartes eran los primeros en abrir la marcha de las tropas, llevando las insignias de cada una de las compañías.
A partir de la Dinastía XVIII el ejército recluta extranjeros en sus filas, porque los egipcios parecen rechazar cada vez más las armas.
Bajo el reinado de Ramsés II, hay dos tipos de guerreros, los infantes y los carristas, cargos que se heredan de padres a hijos, que suelen ser terratenientes. Ramsés II amplió y reorganizó el ejército, ampliándolo de dos cuerpos a cuatro. Es posible que un tercer cuerpo existiese ya en tiempos de Ramsés I o Seti I, pero no existe duda alguna de que el cuarto fue fundado por Ramsés II. El conjunto del ejército llegó a tener cuatro de dichas formaciones: la de Amón, (originaria de Tebas), la de Ra (formada en Heliópolis), la de Ptah, (procedente de Menfis), y la de Set, (nativa de Pi-Ramsés).
Las unidades de carros eran agregadas a los cuerpos de ejército, de quienes dependían, en una proporción de 25 carros por cada compañía. Había tres tipos de carros: de combate, y otros más ligeros y veloces: el dedicado a las comunicaciones y otro para exploración.
Los(mercenarios (y también algunos prisioneros de guerra a los que se ofrecía la vida y tierras si luchaban por Egipto) mantenían su identidad ordenándose en unidades separadas por nacionalidad y adscritas a uno u otro cuerpo de ejército, o bien como unidades auxiliares, de apoyo o de servicios.
Los nakhtu-aa, conocidos como “Los del fuerte brazo” constituían unidades especiales entrenadas para el combate cuerpo a cuerpo. Estaban muy bien armados, pero sus escudos y armaduras eran rudimentarios.
Ramsés II, tras la batalla de Qadesh, desconfiando de los mandos existentes, reorganizó el ejército sobre tres bases:
• Los jefes del ejército pertenecían a la casa real, de hecho durante su reinado fueron sus propios hijos,
• Una alta oficialidad de origen extranjero. Los mercenarios que ascendían se mantenían leales a la persona del Faraón, obteniendo a cambio un alto rango.
• Unas tropas de élite en las que los extranjeros también tenían un papel destacado. A los guerreros nubios, asiáticos y libios de épocas anteriores, se habían añadido los shardana, soldados que eran leales a la persona del jefe, y que según los relieves participaron en numerosas operaciones bélicas. La presencia de estos mercenarios en Egipto está documentada hasta principios del Tercer Período Intermedio.
En la Epoca Macedonica, con la conquista de Alejandro Magno, el ejército ptolemáico se organiza según el modelos creado por Alejandro Magno. Así, existe una distinción neta entre los jinetes y los soldados de infantería, organizados en falanges de mil hombres. Como las otras monarquías helenísticas, tuvo también un cuerpo de elefantes de guerra.
Los ejércitos fueron aumentando paulatinamente el número de mercenarios, profesionales de la guerra cuya principal aspiración era mejorar su propia suerte. Sin ningún espíritu patriótico, eran elementos inseguros. Los Lagidas no hicieron nada para hacer frente a este problema hasta que Ptolomeo IV decidió realizar un reclutamiento nativo, buscando constituir un meollo de soldados fieles como base de su defensa militar. Los primero Ptolomeos habían intentado establecer a los mercenarios en Egipto, dándoles así una motivación nacionalista. Para ello, se distribuía entre estos mercenarios extranjeros parcelas de tierra a cambio de su participación militar en caso de conflicto. Los lotes eran proporcionales al grado militar de sus beneficiarios; cuando el sistema fue ampliado a los nativos incorporados en el ejército, éstos tuvieron que contentarse con parcelas más pequeñas que los griegos. Este sistema puso a los soldados griegos en contacto con los nativos, y ayudó a la transmisión de nuevas técnicas agrícolas.
En la práctica, el griego no renunció a su estilo de vida para lanzarse a la agricultura; generalmente, continuó viviendo en la ciudad entre otros griegos, alquilando su tierra a granjeros nativos; los contactos con la población local fueron por lo tanto de dueños a colonos, a menudo con modales despreciativos. Esta actitud fue tanta más odiada por los egipcios porque estos tuvieron a veces que hacerse cargo de alojar a los soldados, obligación pesada que se prestaba a abusos.
Si este sistema permitió a los primeros Lagidas asegurarse un ejército relativamente sólido, su efecto se deshizo poco a poco; debido en primer lugar a la saturación en las tierras disponibles que el rey podía ofrecer a cambio de un compromiso en el ejército; luego, porque el hecho de que los nativos se pudieran beneficiar de este sistema lo desvalorizaba a los ojos de los griegos; Y peor aún, porque no se recuperaban estas tierras a la muerte de sus poseedores, que los transmitían a sus herederos sin que estos reasumiesen las obligaciones militares de su padre. Éste último caso se agudizó al final del periodo ptolemáico, debido a la transmisión de los terrenos a las hijas cuando éstas eran las únicas herederas: El sistema de nuevo tiene que basarse en la contratación de mercenarios
La estrategia egipcia se puede ver bien documentada en la batalla de Kadesh, en la cual Ramsés II se enfrentó a los hititas. Para saber qué ocurrió, existe una pintura hecha por Ippolito Rosellini, el cual a su vez es una copia más que fiable de los grabados y relieves de Abu Simbel. En ella se puede observar como unos soldaos egipcios golpean con bastones a unos “espías” hititas; tras ellos hay un grupo de infantería con escudos y hachas de mano. Junto a ellos se observa a un músico el cual marca el ritmo de la marcha y las órdenes con una trompeta.
Aunque se conocía los tambores, el instrumento más usado era la trompera. Hay que observar que en el destacamento, del dibujo referido con anterioridad, es de lanceros, cuyo equipo consta de lanzas, escudos y hachas; y como protección anexa al escudo podremos observar que disponían de una cota de cuero.
El faraón era el jefe del ejército, y eso que este estaba muy bien organizado y jerarquizado, pero era en el faraón en quien recaía el mando absoluto, el cual era ayudado en primera instancia por un general en jefe, así como por un cierto número de otros generales, (algunos de ellos con título tan solo honorífico, pues muchos de estos últimos eran hijos del propio rey o personalidades muy próximas al monarca).A pesar de esta concentración de poder, el faraón delegaba funciones al igual que ocurría con su poder religioso.
Terminada la batalla, los egipcios recurrían a un sistema un poco peculiar para conocer cuantos soldados contrarios habían muerto: les cortaban el pene y luego los amontonaban para que los escribas recogieran en sus papiros las cifras oficiales de muertos. Y es que siempre ha ocurrido lo mismo, los generales dirigen las batallas y se llevan la gloria, pero son los sufridos soldados quienes pierden la vida.
La intendencia de las tropas egipcias
El transporte de víveres era una parte básica del ejército egipcio, y eran suministrados en su totalidad por el Estado. Los alimentos se almacenaban en carros. El agua, el vino y la cerveza, se guardaban en grandes tinajas de cerámica, las cuales se sellaban durante el desplazamiento.
El tipo de comida o rancho que consumían los soldados, consistía en una ración de pan, carne, verduras y dulces. Se tenía que alimentar bien a la tropa, ya que sus integrantes tenían que soportar largas marchas, con todos los pertrechos militares a cuestas, y la dureza y crueldad de los combates en el cuerpo a cuerpo, exigía una buena alimentación.
3.- El carro de combate
El reino de Mitani parece que fue el responsable de la introducción del caballo de tiro y del carro de guerra en la Edad del Bronce en el Oriente Medio. El testimonio más antiguo del carro de guerra es el texto de Anitta, texto hitita del siglo XVIII a. C., que menciona 40 tiros de caballos en el asedio de Salatiwara. Dado que sólo se cita explícitamente a los caballos y no a los carros, se pone en duda la presencia de éstos. La primera noticia cierta de carros en el Imperio Hitita data del siglo XVII a. C. (Hattusil I). Se conserva un texto hitita sobre el entrenamiento de caballos, atribuido a Kikkuli de Mitanni en el siglo XV a. C. Los hititas fueron hábiles aurigas. Desarrollaron un nuevo diseño, con ruedas más ligeras, con cuatro radios en lugar de ocho y capaz de transportar a tres guerreros en vez de dos. La prosperidad hitita dependía en gran medida del control de las rutas comerciales y de los recursos naturales, especialmente los metales. A medida que los hititas extendieron su dominio por Mesopotamia, surgieron conflictos con sus vecinos asirios, hurritas y egipcios. Durante el reinado de Shubiluliuma I, los hititas conquistaron Kadesh y quizás toda Asiria. La Batalla de Qadesh en 1299 a. C. parece haber sido la más grande batalla con carros nunca vista, en la que tomaron parte 5.000 carros de guerra. Según el historiador Francisco Gracia Alonso, el ejército del rey hitita Muwatallis II contaba con 3.700 carros, de los que sólo 500 eran hititas, el resto procedía de los contingentes de los dieciocho estados aliados.
El carro, junto con el caballo, fue introducido en Egipto durante el dominio de los hicsos en el siglo XVI a. C. La aparición de un ejército profesional en el Reino Nuevo de Egipto (c. 11570 a. C.-1070 a. C.) está estrechamente ligada a la mayor proyección, en especial militar, hacia el mundo palestino-sirio –consecuencia entre otras cosas de la derrota de los hicsos- y a la aparición de un nuevo tipo de arma: el carro de guerra. Se trata de la primera arma colectiva, elemento característico de los ejércitos desarrollados. Pero sólo puede entenderse en su concepción como un trinomio de vehículo, arma ofensiva (el arco compuesto) y dotación de caballos entrenados. En los restos que han llegado hasta nosotros del arte del Antiguo Egipto y Asiria hay numerosas representaciones de carros en las que se aprecia la riqueza de sus ornamentos. Los carros egipcios y asirios, en los que la principal arma era el arco, solían ir equipados con aljabas llenas de flechas. Los egipcios añadieron el yugo a sus carros hacia 1500 a. C. Los ejemplares mejor conservados de carros egipcios son los seis que se hallaron en la tumba de Tutankamon.
El carro de guerra del faraón me lleva nuevamente a la guerra de Kadesh y las representaciones que tenemos de la misma. Aunque existen múltiples representaciones de carros que muestran en su mayor parte una batalla, o un desfile victorioso. Pero volviendo a Kadesh o las muchas imágenes de Ramsés II posando en un carro, este aparece solo con las riendas sujetas en la cintura y las manos libres para manejar el arco. Está claro que se refiere a una imagen ideal puesto que está claro que sin la ayuda de un auriga difícilmente el faraón podría manejar el carro y el arco en pleno combate.
Destacar que los caballos de la antigüedad eran más pequeños y algo más débiles que los de hoy día, utilizándose con la combinación de ligereza e innovación. A cada lado del carro se colocaba una aljaba o carcaj para las flechas y venablos. El carro era una plataforma de madera en forma de herradura con un parapeto que cubre el frente y lateras, pero abierto por detrás. La decoración estaba basada en palmeras, o motivos animales, aunque en los carros más nobles. no faltaban las aplicaciones de oro y otros lujos.
El carro de combate era un arma muy usada en el campo de combate como ataque frontal a la infantería o para rodearla, esto ayudaba a que el enemigo perdiera un orden táctico precipitando de esta forma su huída. Hay que resaltar que contra los carros pocas defensas había, un uso inteligente del terreno, obstáculos y poco más, todo junto a soldados especializados en derribar los caballos enemigos. También cabría la posibilidad de utilizar carros para derribar a otros carros, aunque su buen resultado era bastante discutible. Una de las primeras batallas de carros documentada es la de Megiddo, situada al Norte de Palestina, librada en 1468 entre el faraón Tutmosis III, y una alianza encabezada por hicsos.
En Egipto podíamos encontrar dos tipos de carros: aquellos destinados al transporte de personas importante (entiéndase el faraón y toda la nobleza más destacada), actuando en combate pero como una especie de puesto de mando móvil; y luego encontramos aquellos carros de combate comunes. El carro de combate egipcio llevaba dos hombres, gran diferencia si la comparamos con los carros hititas que llevaban tres personas, uno de ellos era el auriga quien llevaba un látigo y a veces un escudo, y junto había un combatiente que manejaba el arco. El armamento que llevaba el combatiente constaba normalmente de un arco y una jabalina. No se usaba casco u otra protección, con la excepción de un escudo ligero y de pequeño tamaño. Para poder manejar el carro se necesitaba mucha fuerza y destreza, los cuales se adquirían en combate pero también con la práctica de la caza que era un deporte y entrenamiento a la vez.
La construcción del carro necesitaba de materiales flexibles y de gran calidad, en este caso de madera que tenga estos requisitos. Otros materiales usados, además de la madera, podían ser cuero, bronce, marfil, telas, e incluso metales y piedras preciosas.
Los carroceros son los artesanos encargados de construir el carro propiamente dicho, es decir, el yugo (que es la pieza con forma de arco doble para uncir el caballo) y también la lanza o vara que unía la caja al yugo (el yugo recibía el nombre de thent-hetor) y al tiro del caballo que servía como propulsor. Las herramientas de los carroceros eran las mismas que las del resto de artesanos centrados en el trabajo de la madera.
Los guarnicioneros hacían los diferentes elementos de tiro, como son la frontanela, muserola o collera entre otras. Estas debían ser sólidas y resistentes a la vez que ligeros y manejables. Pero para la construcción de los carros se hacía necesaria la incorporación de otros artesanos como ensambladores por ejemplo, o la participación de especialistas secundarios como son flecheros entre otros.
Los carros de guerra egipcios contaban ya con algunas diferencias con respecto. Era montado por dos personas y no por tres como en el carro hitita; otra singularidad era el número de caballos de tiro, que en el caso de los egipcios eran dos algo de lo que se diferenciaba con respecto a los carros sirios. Con estos últimos guardaba la singularidad de la rueda que contaba con cuatro radios.
Hay que resaltar que en su origen el carro llevaba cuatro ruedas, pero al llegar a Egipto, entre 1700-1600 a.C, ya había evolucionado al sistema de las dos ruedas clásico y más conocido. Los dibujos que realizó Ippolito Rosellini, reproduce un carro de una tumba tebana.