Himno al Sol de Akenaton
LECTURATus rayos alimentan los campos.
Resplandeces y ellos viven.
Abundan para ti.
Has creado las Estaciones
para mantener con vida a todo lo que has creado.
Has hecho el cielo lejano
para resplandecer desde allí y mirar
todo lo que has creado
bajo tus aspectos de sol viviente,
ya sea que apenas aparezcas
o que estés en tu mayor resplandor.
Que estés lejano o que te acerques,
has creado millones de formas de ti solo,
villas y aldeas, campos, caminos y ríos.
Todos lo ojos te contemplan por delante
cuando eres el sol del día, allá arriba.
¡Cuán múltiples son tus obras,
misteriosas a nuestros ojos!
Dios único, tú que no tienes semejante,
has creado la Tierra, según tu corazón,
cuando estabas solo:
los hombres, todas las bestias domésticas y salvajes,
todo lo que está sobre la tierra y camina con sus pies,
todo lo que está en el cielo y vuela con sus alas,
los países extranjeros, Siria y Nubia,
y la tierra de Khemi.
Has puesto a todos los hombres en su lugar
y provees sus necesidades.
Para cada cual su alimento y su tiempo de vida.
Sus lenguas son diversas en palabras;
y sus cutis difieren.
Has distinguido sus comarcas.
Creas el Nilo de los Infiernos
y haces que surja por amor
para que vivan los habitantes,
puesto que los has hecho para ti,
su Señor, a causa de tu solicitud.
¡Oh, Dueño de todos los países,
Sol del día, grande en poderío!
Haces vivir a todos los países más lejanos;
les has dado un Nilo en el cielo
para que baje sobre ellos;
que azote sus lomas con sus aguaceros,
y que riegue sus campos entre las aldeas.
Todos los seres que andan,
desde que fundaste la Tierra,
los crías para tu hijo, nacido de tu carne,
Rey de las Dos Tierras,
que vive de Verdad…,
cuya duración es grande,
y para su gran esposa real, a quien ama,
la Dueña de los Dos Países,
viviente y floreciente
por siempre jamás







