Nada. Eso dicen los arqueólogos que su referente cinematográfico, Indiana Jones, tiene en común con ellos. Además de lo anecdótico del látigo, el héroe que acaba de regresar a la gran pantalla de la mano de El Reino de la Calavera de Cristal no comparte ni el fondo ni la forma con los profesionales que se encargan de aflorar restos del pasado. Pese a ello, sus aventuras han servido de inspiracción a toda una generación.

Como en todo, tampoco hay una voz unánime contra el aventurero. Algunos aseguran que, pese a las diferencias, el personaje popularizado por Steven Spielberg y George Lucas ha sido beneficioso porque ha dado visibilidad a la profesión, en general, oculta bajo capas y capas de tierra que ellos mismos se afanan en levantar con sumo cuidado.

Los menos positivos reprochan que su cinematográfico colega ayude a generalizar un modelo de arqueólogo poco ético, expoliatorio y sólo interesado por las piezas únicas y los tesoros, por lo general, cubiertos de cierto misticismo. Y para muestra, los principales tesoros que han llevado a Indy de cabeza. Las aventuras que ha emprendido el héroe encarnado por Harrison Ford le han llevado hasta el Arca (perdida) de la Alianza, las piedras mágicas del templo maldito y el Santo Grial que, por otro lado, muchos expertos sitúan en la Catedral de Valencia.

Calaveras
El profesor Jones se ha embarcado ahora en la búsqueda de unas calaveras de cristal supuestamente precolombinas. Y no sólo él. National Geographic ha iniciado un estudio sobre el origen y la veracidad de esta reliquia, un conjunto de cráneos tallados en diferentes tamaños a partir de bloques de cuarzo cristalino. Las autoridades científicas no comparten teoría con Indiana Jones y sospechan que los cráneos podrían haber sido fabricados en Europa en el siglo XIX, con lo que tumban el posible origen precolombino de la reliquia.

Pese a ello, ningún arqueólogo actual perseguiría las reliquias atesoradas por Indiana Jones. ¿El porqué? Se trata de objetos salidos de leyendas (el Arca), piezas falsificadas (las calaveras) o inexistentes (piedras mágicas).

¿Pero Indiana Jones existió en realidad? El periódico inglés Daily Telegraph cree que sí. De hecho, recientemente publicó un informe sobre la vida de Otto Rahn, un investigador, escritor y arqueólogo alemán en el que aseguran que se inspiró el personaje, aunque ni Spielberg ni Lucas lo han aclarado nunca. Al igual que Jones, Rahn estaba obsesionado con encontrar el Santo Grial. Sin embargo, mientras que Jones obtuvo un enorme éxito de taquilla, la obsesión de Rahn terminó costándole la vida.

Sea o no cierto, lo que las aventuras de Indiana Jones dejan claro es que lo suyo son las grandes empresas. De existir en realidad, podría equipararse a los grandes clásicos de la Arqueología: Henrich Schliemann (descubridor de la ciudad de Troya, en 1870), Henry Layard (descubridor de la ciudad de Nínive, en 1846, tras localizar el palacio de Senaquerib -704-681 a. C.-) o el experto en lenguajes orientales Jacques Champollion, que en 1822 logró descifrar los principales jeroglíficos egipcios. Ello fue posible gracias al hallazgo dos décadas antes de la Piedra Rosetta por el capitán del ejército napoleónico Bouchard Pierre.

Esos descubrimientos están lejos del alcance de la mayoría de arquólogos. “Si te vas a hacer excavaciones a Luxor (antigua Tebas), puede que sí, pero no es el caso en España”, asegura Norberto Rodríguez, presidente de la sección de Arqueología del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filología, Letras y Ciencias (CDL) de Valencia y Castellón.

Él, no obstante, se encuentra entre los menos críticos con la figura de Indiana Jones. Con el héroe de la gran pantalla dice compartir “que resolvemos los misterios, ayudamos a la sociedad a que conozca la historia, a sus antepasados”.

Pero nada de látigo ni pistola en la cintura. “Lo mejor para el arqueólogo es un gorro de paja”, asegura. Eso y muchas herramientas que no se ven en ninguno de los filmes de la saga, en los que el doctor Jones se enfrenta a infinidad de peligros menos a la polvorienta tierra.

El arqueólogo que el cine muestra se pasea por despachos de universidades y grutas secretas “pero no se ve ningua excavación”, subraya Norberto Rodríguez.

Pese a que el doctor Jones reconoce en una de sus películas -Indiana Jones y la última cruzada- que el 80% del trabajo de un arqueólogo se realiza en una biblioteca, el jefe de sección de Arqueología del CDL en Valencia y Castellón asegura que el verdadero experto se hace sobre el terreno. “La experiencia es la que te ayuda”, señala. Ese, añade, es “el gran problema de la universidad”, que da una buena base teórica pero no la sufienciete práctica. “Además hay que ser autodidacta” y sumergirse en el nada antiguo mundo de las nuevas tecnologías, en el que los arqueólogos encuentran novedosas herramientas para la investigación.

Pero no en las bibliotecas ni en internet sino en los mostradores de la Administración es donde pasan buena parte de su tiempo los arqueólogos reales. Ante una excavación en una zona de protección arqueológica (un casco urbano, por ejemplo) estos expertos en el estudio de restos de civilizaciones antiguas se encargan de la petición de permisos a la autoridad competente -Conselleria de Cultura- para el realizar el estudio del terreno y comprobar si existen o no restos arqueológicos en el subsuelo.

A esta labor previa le sigue, según explica Norberto Rodríguez, un arduo trabajo de campo. El solar en cuestión se delimita metro a metro. La tierra, hasta una profundidad que se establece en cada caso -según el alcance de los cimientos del futuro edificio y de las características del yacimiento-, se criba escrupulosamente en busca del más mínimo resto que pueda relacionarse con civilizaciones antiguas.

En Valencia se han hallado vestigios de culturas romanas, árabes e íberas. Una de las más recientes, restos hallados junto al río Turia (en el entorno de las calles Ruaya y Bilbao) de lo que se cree fue un campamento del general cartaginés Aníbal en su campaña bélica contra Roma (siglo III a. C.).

En casos como este, en los que se hallan vestigios de civilizaciones antiguas, los especialistas deben realizar lo que denominan “memoria arqueolígica”, fotografiar los restos, limpiarlos, clasificarlos y estudiarlos para determinar la época exacta de procedencia y el uso que se le daba entonces.

Herramientas
Del día a día de los arqueólogos forman parte piquetas, paletas, recogedores, cribas…, y sobre todo brochas. Los pinceles sirven para quitar con suavidad la tierra depositada sobre los restos que localizan en las catas. Es una de las imágenes más reconocibles de las excavaciones.

Del trabajo sobre el terreno nada se refleja en la tetralogía de Indiana Jones. Es uno de los pocos reproches que el presidente de la sección de Arqueología del CDL en Valencia y Castellón hace a los filmes, que considera “un referente cultural”. Tanto que hasta su hijo, y eso que lo de la arqueología corre por sus venas, vibra con las aventuras del profesor. Algo normal, puesto que en su primer fin de semana de estreno El Reino de la Calavera de Cristal congregó a 1,3 millones de espectadores y recaudó más de 7,9 millones de euros en España.

Otros colegas de profesión son más críticos con la influencia cinematográfica, un tema que se ha globalizado a la velocidad que marcaban los estrenos de la última cinta de Harrison Ford. “Con Indiana Jones lo que se observa es aventura y no ciencia. Entrar en un templo perdido, tomar un ídolo de oro y salir corriendo no es el procedimiento del manual del buen arqueólogo”, dijeron arqueólogos argentinos antes de que el filme se comenzara a proyectar en las salas. Las historias, ambientadas en la época colonial, dan popularidad a la actividad ilegal de los saqueadores de reliquias de tumbas antiguas, subrayaron.

La aventura continua del trabajo de Indiana Jones, en el caso real, es poder sortear el intrusismo profesional y conseguir unas condiciones laborales unificadas -sobre todo en materia de riesgos en el trabajo-. Los cerca de 350 arqueólogos colegiados que existen en la Comunitat Valenciana han tenido que culminar una completa formación teórica y práctica para poder buscar las huellas del pasado.

Norberto Rodríguez explica que los arqueólogos son licenciados en Historia, que han realizado las asignaturas optativas de Arqueología clásica o del mar. Tras completar esta formación, deben realizar 15 días de prácticas en una excavación, también como materia optativa.

Pero el cine es el cine, y la ficción, tal vez por eso mismo, suele ser poco fiel a la realidad, especialmente cuando se trata de reflejar una determinada profesión. Es la magia del séptimo arte, si no ¿qué aliciente tendría el cine?

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