El faraón, al asumir, se convertía en sumo sacerdote del reino. Su misión sacerdotal consistía en construir templos, además de reparar y mantener los ya existentes en todo el reino.
Era su función también procurar que se cumplan los oficios religiosos establecidos.

Una función más que le competía como sacerdote principal era, la necesidad de presidir y celebrar ceremonias para solicitar favores de los dioses, para dar gracias por la crecida del Nilo, y demás cuestiones necesarias para el reinado.