Piezas del Museo Arqueologico Nacional visitan Albacete

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Os pongo mas detalle de la exposición de Albacete.
El Centro Cultural de CCM acogerá durante casi dos meses una impresionante muestra de piezas de incalculable valor traídas del Museo Arqueológico Nacional.

EXPOSICIÓN
Fecha: del 3 de abril al 25 de mayo

Lugar: Centro Cultural de CCM

Caja Castilla la Mancha y el Museo Arqueológico Nacional se han unido para traer a Albacete una novedosa y siempre sorprendente muestra que cuenta con las piezas más valiosas del Museo Arqueológico de Madrid y que tan sólo se podrán ver en cuatro ciudades españolas como Granada, Sevilla, Murcia y como no Albacete. ‘Egipto, Nubia y Oriente Próximo’ es más que una exposición arqueológica, «estas 160 piezas que conforman la muestra son las más representativas y valiosas que conserva el Museo Arqueológico», según señaló su directora Rubí Sanz y que será la única vez que estas piezas vean la luz fuera de su sala de custodia habitual en Madrid.

El motivo de que piezas como estas se hayan sacado temporalmente se debe a las reformas que se están llevando a cabo en el Museo Arqueológico Nacional, «que lleva 141 años en pie», como bien afirmó Rubí Sanz, lo cual movió a sus responsables a realizar estos itinerarios de exposiciones temporales por España.

Piezas de excepción

Al acto de inauguración que tuvo lugar ayer acudieron los máximos responsables que han hecho posible que piezas como estas estén en Albacete hasta el próximo 25 de mayo, una oportunidad que nadie debería perderse dada la envergadura y la excepcionalidad de las mismas.

Elena Hernando, representante del Ministerio de Cultura, asistió entusiasmada al acto en el que destacó la importante labor cultural que se estaba desarrollando en Albacete y de la que se siente orgullosa de participar, pues según palabras textuales «cuanta más gente trabaje en un proyecto más calidad tendrá».

Sobre la exposición

‘Egipto, Nubia y Oriente Próximo’ es una exposición que cuenta con tres partes diferenciadas que coinciden con los tres ámbitos históricos y artísticos del departamento. En primer lugar se ha hecho una selección de importantes y muy significativas piezas de carácter funerario en el caso de Egipto, que nos recordará a los faraones que imperaban en la época así como sus creencias en una vida en el más allá después de la muerte acompañados de sus ajuares, descubrimientos que han supuesto más de cuatro décadas de estudio en el yacimiento egipcio de Heracleópolis Magna.

El apartado que hace referencia a Nubia no deja de ser menos interesante dado el vasto patrimonio histórico con el que cuenta y que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional gracias a los restos hallados durante la ‘Campaña de salvamento de Nubia’ con motivo de la presa de Asuán.

Una tercera parte está integrada por objetos procedentes de toda la historia de Mesopotamia, así como de Persia y Arabia que llevan a sus espaldas nada más y nada menos que once mil años de historia.

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La sombra de KeopS

LECTURA

Hoy quiero poneros un relato que ha escrito mi amiga http://myrealfairytale.blogspot.com/princesa de un cuento titulado “la sombra de Keops”.

Una música suave entraba por uno de los balcones de palacio. El pequeño Khufu dormía junto a su padre, el faraón Senefru, mientras las largas y casi transparentes telas de lino que colgaban de lo más alto del techo cubriendo los ventanales a forma de cortina bailaban al son del revoltoso aire de la noche.

- “Los dioses bailan, Khufu. Despierta en este festín celestial y toca las estrellas del cielo. Ellas te regalarán su brillo. Adóralas, son las guías de tu destino”.

Como un eco lejano la voz se repetía en los sueños del pequeño príncipe que intentaba brillar en la colosal sombra que proyectaba su padre en Egipto. Lejos veía aquellas severas discusiones en el salón del trono, las procesiones y adoraciones en el interior de los templos, pero las voces de las estrellas retumbaban cada noche en su cabeza, como trazando las normas de un futuro. Su madre, la reina Hetepheres I lo cuidaba como a un pequeño tesoro. Siempre pendiente de que no le pasara nada al heredero del trono de Egipto, la reina transmitía a su hijo todos los valores que un buen faraón debía garantizar a su pueblo para dotarle de prosperidad. Pero el joven Khufu atendía más a los mensajes que le llegaban de extraños destinos y emisores que al buen hacer del pueblo egipcio.

Y fueron esos mismos mensajes los que a una edad ya avanzada para la época en la que le había tocado vivir, mostraron con claridad el camino que debía seguir. Khufu nunca se olvidaría de aquella revelación de las estrellas cuando su padre aún agonizaba en su lecho de muerte. Él sería el siguiente a ocupar el trono de Egipto, sin duda, y debería superar la figura que había representado su predecesor, el faraón Senefru, el mismo que tras cruzar la gran puerta le guiaría como hacían desde su temprana infancia el resto de faraones que habían gobernado aquellas tierras. Y así fue.
Frío e infranqueable, Khufu encabezó la ceremonia funeraria de su padre, aunque en su interior un fuerte puño retorcía su más profundo sentimiento hacia aquel hombre que tan lejano había parecido todos los años anteriores y tan próximo se veía todavía tumbado sobre su cama. Lo que mantenía Senefru, sin embargo, era su gesto templante, aquel con el que tiempo atrás con una mirada era capaz de aniquilar al más temerario y fuerte de los hombres, la dureza y lo distante del poder hacia los suyos, ciudadanos de Egipto.

- “No baciles, no dudes. Mantente siempre firme y conseguirás tu estela”

Los mensajes se repetían una y otra noche sin dejar descansar al nuevo faraón Khufu. La carga de gobernar Egipto como el segundo faraón de la IV dinastía era pesada, primero por las responsabilidades de mantener el país y segundo por las promesa de superar todo lo conocido hasta el momento. Era el Faraón, el máximo poder, el más grande de los hombres, el que se convertiría en Dios, el que no erraría en su camino, o así le habían dicho que debería ser. En su interior todo era diferente. Deseaba ser superior, superar la sobra de Senefru que aún reinaba en la memoria del pueblo egipcio, y esa sobra se oscurecía aún más en el pensamiento de Khufu, nublando sus buenas intenciones para el país que ahora se extendía bajo su mirada, hasta que eran éstas las que se esfumaban.
Los años del reinado de Khufu pasaron lento, con dificultades y desaprovaciones del pueblo hacia su rey. Ocecado en su estela y cubierto cada vez más por la sombra aún de Senefru, Khufu se repetía para si las palabras de las estrellas, marcarse su estela, ¿qué significaba aquello?
Sufría cuando veía sufrir a su pueblo, pero no podía debilitar su brazo, por ello se volcaba en su familia. En su entorno más próximo, el faraón era otra persona. Sereno y tranquilo, su rostro resplandecía de felicidad en los jardines del palacio, pero el cruzar el umbral de la esfera pública, el llevar a cabo las funciones rituales y debates políticos fruncían sus entrañas llevándolo a tomar duras decisiones.
Cada noche, la mente del faraón se llenaba de absurdas soluciones para los mensajes de las estrellas. Su obsesión que había nacido ya en su infancia cada vez se hacía mayor y presionaba su mente como las piedras de los pasadizos apretaban el espacio cuando más cerca se estaba del tesoro. !Eso era! Conseguir un tesoro nunca antes conseguido por otro faraón. Pero ya lo había conseguido. Las guerras que el faraón Khufu había liderado en países extranjeros había dotado de riqueza a Egipto, o por lo menos a las clases más altas de la sociedad, nunca antes el país había gozado de tanta riqueza, pero el interior de Khufu seguía vacío, sin respuestas a sus preguntas.
Las estrellas, las piedras que aprisionaban el espacio, la sombra de Senefru, Ra. El dios supremo de Egipto no perdía su poder, pese a que las estrellas lucharan en la oscuridad por vencerle. Aquel dios era como Senefru, siempre presente, con un brillo que ensombrecía cualquier intento de triunfar. Aquellos pensamientos de Khufu le volvían cada día más huraño con el pueblo egipcio que cada día formulaba más comparaciones entre el actual faraón y su padre. Entonces los pensamientos oscuros se multiplicaban, la luz cada vez era más escasa en la vida del joven faraón pese a tener sobre sus espaldas años de experiencia en el trono y una noche las estrellas le indicaron una solución: debía cegar la luz existente para crear la suya propia y pagar el precio necesario fuese lo que fuese.
Aquella vez el mensaje era claro: había que cegar a Ra, prohibir su culto, ser superior a él y sólo así podría ser también superior a Senefru y extinguir por una vez el resplandor de su memoria. Él, y solamente él podía ser el alabado, el admirado, ser un dios terrenal. Su estela nacía pobre, pero sería recordada y adorada porque permanecería a través de los tiempos. Para ello, Khufu ordenó construir una gran morada funeraria que garantizara su memoria en el pueblo egipcio, una construcción nunca antes realizada por ningún otro faraón, porque sólo él, el dios terrenal, sería capaz de hacerlo, y las estrellas guiarían sus coordenadas.
Así fue cómo las bases de la primera pirámide de Egipto, una de las siete maravillas del mundo fue tomando forma. La obsesión del faraón llegó a ensombrecer durante 23 años al pueblo egipcio, oprimido por la avaricia de su rey, una avaricia que acabaría con él mismo, con su fe, con su moral. Su mente era tan poderosa que logró vencer a su robusto cuerpo y también a la sombra de su padre, Senefru. La pirámide de Keops costó lágrimas y pobreza a un país rico y respetado, pero con el tiempo, las estrellas dieron a su faraón la estela que tanto había buscado en su vida. Reinaría en el tiempo enfrentándose cada día al resplandor del propio Ra y sería admirado por sus súbditos en años futuros que contemplarían la gran obra de su rey como la mayor de las victorias del pueblo egipcio, y es que ¿hay algo tan admirable como la pirámide de Keops?

Creo que se merece la enhorabuena.

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Conferencia Salima Ikram en Hawaii

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Conferencia que dará Salima Ikram, en la Universidad de
Hawaii (Manoa) el día 10 a las 19:30.
El acto se centrará en los motivos por los que los egipcios
momificaron a sus muertos, cómo se llevaba a cabo este proceso y cómo
el mismo fue cambiando a lo largo de la historia de Egipto. También
hablará sobre el uso y abuso que se ha hecho de las momias, en tiempos
modernos, incluyendo las nuevas técnicas usadas para obtener
información sobre la dieta que siguieron, qué enfermedades padecieron y
cuál fue el nivel tecnológico alcanzado por los antiguos egipcios.
Salima Ikram, que además de profesora de Egiptología en la Universidad
Americana de El Cairo es una experta en momias animales, fue la
fundadora del Proyecto Momias Animales que se llevó a cabo en el Museo
Egipcio de El Cairo.

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De los mitos a los avances científicos sobre reproducción y fertilidad

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Los primeros vestigios de la reproducción humana, con apariencia sobrenatural, se reflejaron en las artes. La sangre de la menstruación, por ejemplo, fue sinónimo de miedo entre las mujeres del clan y cazadores turcos, iraquíes e iraníes del paleolítico superior, 30 milenos antes de nuestra era.

Ya en esa época se ven huellas al respecto en estatuillas de 20 centímetros de alto, con sobredimensión del sexo y del vientre como representación del embarazo. Relieves en cuevas del Ródano y del Laussel en la cultura magdelaniense (de 15 a ocho milenios antes de nuestra era) muestran exageraciones de genitales femeninos, una mujer con cuerno, símbolo de la fertilidad, y otra en el instante del parto.

En la civilización azteca también aparecen dioses de la fertilidad femenina, como una mujer-serpiente, Cihuacoatl, que regía el parto, y Tonantzin, con falda de ese mismo animal, que carga a un niño.

Los mayas adoraban a Ixchel, diosa de las inundaciones, del tejido y de los embarazos, y los incas se interesaron por explicar la reproducción y las prácticas sexuales.

El homosexualismo, la zoofilia (sexo con animales) y el coito contranatural, no eran costumbres raras, y se hacían en el instante exacto en que la mujer de la tribu estaba pariendo, creyendo que así facilitaban el parto.

M. Morleym, en su libro La civilización maya, reproduce un documento sobre estas conductas sexuales; y tales datos se ven en el famoso museo arqueológico Rafael Larco Herrera, en Lima, Perú.

El diagnóstico del embarazo aparece (1 500 años antes de nuestra era) en el célebre Papiro de Ebbers; y en el sepulcro de El Assassif, se afirma que eran infértiles las mujeres que veían «manchas». Elementos sobre la detección del embarazo se aprecian en el Papiro médico de Burgsh (1 350 antes de nuestra era), así como en el Papiro de Kahun, donde hay restos de más de 30 secciones ginecológicas en torno a afecciones del útero y la vagina, y métodos para asegurar el embarazo y ¡diagnosticar el sexo del feto! Y el Papiro de Ármese um da «recetas» para saber si el niño nacerá muerto y para impedir la gestación.

Los más remotos hindúes conocieron que la gestación humana duraba alrededor de diez meses lunares, y atribuían la esterilidad a la acción «selladora» de los espíritus. Además pensaban que la mortalidad de los niños ochomesinos obedecía al «traspaso de la fuerza vital a la mamá». Los hindúes daban mucha importancia al culto del llamado «lingan» o falo erecto, y al «yoni», el genital femenino.
Los dioses regían el sexo

Para nuestros antepasados más remotos, los dioses regían todo el fenómeno de la reproducción sexual. En la dinastía XVIII de Egipto se constituyó el templo de Hassheput, donde se ve la representación del nacimiento de la reina y el acoplamiento del dios Amón con su propia madre.

Aún hoy, para facilitar el parto se practican acciones increíbles en Abserdenshire, Inglaterra, y en el condado de Ferry, en Irlanda, como el «paso de mujeres infértiles a través de un orificio en una roca o en un árbol».

En Grecia, entre las diosas de la procreación estaba Actemia, que pidió a Zeus «virginidad eterna», hasta que conoció a Endimión, y llegó a tener con él 50 hijos. Artemisa se representaba por una estatua con más de 15 senos perfectamente formados, y Hera, esposa de Zeus, se convirtió en la diosa de los matrimonios.

En el siglo VIII antes de nuestra era aparecen las primeras escuelas de medicina en Grecia, en las que se diagnosticaba la esterilidad femenina envolviendo a las féminas en frazadas, fumigando su vagina con aceite de rosas, y si este aroma se percibía en las fosas nasales o en la boca de esas mujeres se sabía que no tenían ninguna impedimenta física para embarazarse.

Sorano de Efeso, que practicó la medicina en Roma durante los tiempos de Adriano y Trajano —en el 98 antes de nuestra era— fue considerado el primer especialista en obstetricia y ginecología. Describió la anatomía de la pelvis y sus órganos en mujeres jóvenes, ancianas y embarazadas. Fue de los primeros en emplear los espéculos vaginales, y aconsejaba utilizar «tapones cervicales» para impedir el embarazo, no obstante ser uno de los detractores del aborto y de las «pociones» anticonceptivas. Asimismo se le debe la idea, posteriormente verificada, de que el instante propicio para el embarazo es poco después de la menstruación.

Pensaba que la fertilidad mejoraba si la mujer permanecía acostada después del coito, y dijo que el útero no tenía «compartimentos separados». Llamó a los ovarios «testículos femeninos», y señaló la vinculación estrecha entre el útero y las glándulas mamarias.
Las comadronas

En el siglo XVI, en Inglaterra, la obstetricia la practicaban comadronas, experiencia que se menciona en El nacimiento de la humanidad, libro del reinado de Enrique VIII (1491-1547). Catalina de Médicis, estéril durante una década, después comenzó a parir hasta tener nueve niños en una docena de años, e impidió así que Enrique II la dejara para casarse con su amante, Diana de Potiers. Al parecer, el suyo fue un caso de infertilidad por inmadurez, pues se casó a los 14 años de edad.

En 1543 A. Vesalio dibujó el ovario y habló de la presencia del «cuerpo amarillo». Médicos como Falopio, Malpigio y De Graff ayudaron a esclarecer secretos de la reproducción, y en 1571, en Inglaterra, William Chamberlan se hizo famoso al emplear los «fórceps obstétricos». Falopio describió las trompas y se refirió al gran parecido en estructura, forma y origen entre el «pene» y el «clítoris».

El doctor Boehmer señaló en 1570 que un «embarazo ectópico» era precedido de un proceso de esterilidad o infertilidad, mientras el médico francés Bussiere encontró la primera bolsa fetal ectópica de que se tiene noticia, en una mujer condenada a muerte que mantenía relaciones sexuales en la cárcel. En aquella época se pensó que ese trastorno era fruto de «un susto recibido durante el acto sexual», como por ejemplo, la súbita aparición de un marido engañado.
El espermatozoide

En 1876 Lázaro Spallanzani consideró al espermatozoide como elemento vital para la fertilización. Lo reafirmó 40 años después Albert von Kölliker, quien aseguró que tenían su origen en las células de los testículos y que por ellos el óvulo quedaba fecundado. Este médico dijo que los núcleos de dichas células transmitían la herencia.

En 1835, el galeno estadounidense James Marion Sims, de Filadelfia, reportó un caso de inseminación artificial.

Berthold, de Göttingen (1803-1861) —el padre de la Endocrinología—, demostró por medio de trasplantes testiculares en gallos, que el efecto «virilizante» de los testículos obedecía a su acción endocrina.

Schleinden, botánico de Hamburgo, dijo en 1839 que el óvulo en los animales es una célula simple de la que se forman los tejidos y los órganos. En ese mismo año, Agustín Nicolás Gendrin indicó que la ovulación controlaba la menstruación, y más de 35 años después Hetwig demostró que la fertilización ocurría porque el espermatozoide penetraba en el óvulo.

Ya a principios del siglo XX son aisladas la gonadotropina coriónica y otras hormonas, y se empieza a ver con más claridad el imprescindible papel desempeñado por el tracto hipotálamo-hipófisis en la secreción hormonal y la reproducción humana. A fines de 1950 se informa el primer embarazo logrado con la ayuda de la gonadotropina pituitaria humana, y el primero gracias al suministro de gonadotropina menopáusica también humana.

Ello se sumó al hallazgo de Greenblat del efecto inductor de la ovulación del clomifeno y las evidencias iniciales destacadas por McCann y otros de la existencia de un factor del hipotálamo que liberaba la hormona luteinizante (LH), todos acontecimientos de gran trascendencia en la historia de la infertilidad.

El vertiginoso desarrollo alcanzado en las técnicas diagnósticas y de determinación hormonal, y las nuevas vías de investigación en el estudio de la reproducción a partir de la década de 1960, y otros adelantos científicos, hicieron posible la fertilización in vitro o «cuna de cristal», ese valioso recurso que permite la formación y evolución de embriones fuera del cuerpo femenino.

Informa: juventud

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