Quiero dar las gracias a Pilar por pasarme esta entrevista y dar la enhorabuena por esta gran entrevista a Manu Guerrero
Entrevistando a Myriam Seco:

Myriam Seco se convirtió en 2003 en la arqueóloga española más importante al descubrir diversos vestigios relacionados con Amenophis III, un faraón que gobernó el Valle del Nilo hace más de 3.000 años. Aquel descubrimiento fue una noticia sorprendente: una mujer española haciendo Historia en la ciencia. Es, por ende, una de las egiptólogas más importantes de su generación además de autora de varios libros de referencia. Ha liderado excavaciones en Oriente Medio y Egipto, donde actualmente reside la mayor parte del tiempo trabajando en diferentes proyectos arqueológicos. En la última década, sus investigaciones y descubrimientos han sido cruciales para entender las costumbres del antiguo Egipto.
Formó parte de la primera expedición que recorrió el Nilo en toda su extensión, es decir, desde su origen en las montañas etíopes hasta su desembocadura en el Mediterráneo, la aventura, según nos dice, más apasionante de su vida. Aunque, como se puede comprobar en esta entrevista, no es la única repleta de intensas emociones.
Algunos la llaman la “Indiana Jones” española. Es Myriam Seco.
-Hola Myriam. ¿Cómo estás? ¿En qué lugar del mundo te encuentras?
-Sigo en Qurna trabajando en el templo funerario de Amenophis III, en los Colosos de Memnon y me quedaré aquí hasta comienzos de abril. Es un proyecto dirigido por la egiptóloga Hourig Sourouzian. Yo empecé a trabajar con ellos en el año 2000 y normalmente hacemos campañas anuales de 3 meses.
-¿Qué investigas allí?
-Se trata del templo funerario mayor de Tebas construido por Amenophis III, en la XVIII dinastía, en el momento de mayor esplendor artístico. Nosotros ahora tenemos la suerte de excavar todas esas maravillas del arte egipcio. Somos un equipo internacional formado por más de 30 especialistas procedentes de más de 10 países diferentes y con una cuadrilla de unos 250 obreros locales.
-Estos días nos informa la prensa española que en Egipto la situación se está complicando. Dicen que aumenta el paro, la pobreza y la inflación. ¿Es como un volcán a punto de estallar?
-Es cierto la situación económica está complicada para la mayoría de la población. Los precios han experimentado un gran aumento, mientras los sueldos siguen siendo muy bajos. No sé cómo pueden llegar a final de mes. Cuando charlo con los obreros del yacimiento me cuentan horrorizados que los precios de los alimentos básicos se han triplicado. Un kilo de tomates cuesta casi 4 libras egipcias, cuando hace un año no llegaba ni a una libra. Un kilo de lentejas vale entre 7 y 8 libras, casi un euro, lo cual supone una fortuna.
-¿Influye eso en tus trabajos de investigación?
-Claro que influye. Nosotros le damos trabajo a unos 250 obreros, muchos de ellos especializados en restauración, excavación o movimiento de bloques de piedra, que no tienen ningún otro trabajo. Son personas con capacidades pero sin ningún futuro en el mercado laboral.
-¿Todos los arqueólogos acaban en Egipto?
-No todos, pero es un buen sitio para dedicarse a la arqueología. ¡Aunque hay tantos lugares interesantes! A mí me atrae muchísimo el Próximo Oriente, lugares como Irak, Siria o Líbano. Pero también otras zonas como Yemen, Etiopía, Sudán o Libia. Y me gustan muchísimo las culturas precolombinas, creo que excavar en México o en Perú también debe de ser interesantísimo.
-¿Qué viste?
-Vi el Nilo en su estado natural, el Nilo del que te hablan los textos y se representa en los relieves y pinturas de tumbas y templos. Cuando navegaba por el Nilo en rafting era como si una de las representaciones de pesca que suelen aparecer en las tumbas egipcias hubiese cobrado vida y yo estuviera dentro de ella. Las orillas del río llenas de papiros, gran cantidad de pájaros de diversos colores, los cocodrilos y sobre todo los hipopótamos, que me impresionaron muchísimo.
-¿Qué fue lo que más impactó?
-Sin duda el Lago Tana, para mí un lugar mágico. Me impactó todo: la luz, los olores, la fauna. Fue precisamente en el Lago Tana donde tuvimos nuestra primera reunión de trabajo. Nos alojábamos en un hotel a orillas del lago. Justo frente a nosotros apareció el primer grupo de hipopótamos, para mí fue un momento muy impactante.
-¿Es la aventura más apasionante de tu vida?
-Por ahora, sin duda.
-Por cierto, ¿cómo es para ti la vida en Egipto?
-Muy variada. Cuando estás de excavación vives en otro mundo, pero cuando me instalo en El Cairo llevo un ritmo de vida muy diferente. Es muy enriquecedor, pues encuentras a una cantidad de gente, que llevando a cabo otro tipo de vida nunca hubiera encontrado. Te relacionas con extranjeros, con egipcios y con españoles.
-¿En qué se asemeja un hogar del viejo Egipto a uno actual?
-Para encontrar el modo de vida del viejo Egipto tienes que ir al campo. Ahí viven exactamente igual que hace 3.000 o 4.000 años. Viajar por el Egipto Medio en coche y visitar los pueblos equivale a hacer un viaje en el tiempo. Yo he visitado casas en las que la vaca, las gallinas y los gatos convivían en perfecta armonía con todos los miembros de la familia y el televisor en el salón.
-¿Qué impresión te causó cuando llegaste por primera vez?
-Horrible. Yo llegué a El Cairo, una ciudad tan grande, desorganizada y caótica que te apabulla. Soy una persona muy sensible y me sentía en cierto modo agredida por el ruido, la masificación. Pero muy pronto descubres que ese caos tiene su orden y en cierto modo te atrae. Es entonces cuando comienzas a descubrir y al final te sientes totalmente enganchada. Ahora me parece una ciudad interesantísima y me encuentro muy cómoda en ella. Aunque hay que salir de vez en cuando. Más de tres semanas seguidas en El Cairo, sin salir de la ciudad, se hace insufrible. De todos modos, yo tengo suerte, pues mi trabajo me exige moverme de un lugar para otro constantemente.
-Habías estudiado la carrera en Sevilla y te doctoraste en Alemania, ¿siempre soñabas con acabar viviendo allí, en Egipto?
-Yo hice la carrera de Historia Antigua en Sevilla y los cursos de especialización en Egiptología en el Instituto de Egiptología de la Universidad de Tübingen, donde pasé tres años. Luego me doctoré en la Universidad de Sevilla. Soñaba con trabajar en Egipto, pero nunca hubiera pensado que acabaría viviendo aquí.
-¿Está la profesión debidamente valorada?
-Por supuesto que no. Si lo estuviera, el presupuesto dedicado a la investigación arqueológica y a la conservación del patrimonio se multiplicaría al menos por diez.
-¿Quién suele financiar los proyectos de investigación histórica?
-Pues hay algo de dinero del gobierno, como puede ser del Ministerio de Cultura o Exteriores, pero la gran fuente de ingresos viene del mundo privado. Mecenas ricos, empresas interesadas por un motivo u otro, bancos, fundaciones dedicadas a la investigación etc.
-¿Y luego los tesoros a quién pertenecen?
-Los tesoros pertenecen, sin duda, al país donde se encuentran.
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