Egipto era, y es, un país con un entorno hostil formado por el desierto o Desheret, “el rojo” y el río Nilo y su vega, Kemi, “el negro” y en ambos la agresión para los seres que lo habitaban era manifiesta:

1.- Luz cegadora con gran reflexión, refracción y difracción, lo que ocasionaba lesiones oculares y cataratas a edades tempranas.

2.- Polvo de arena y frecuentes Khamsin o Jamsin, el terrible huracán del desierto que podía durar desde días a semanas.

3.- Manifiesto calor por el día, con peligro de deshidratación y un intenso frío por las noches.

4.- Un agradable río, el Hapi Nilo, con abundante y fresca agua. Pero, sin embargo un agua traidora, plena de parásitos y mosquitos transmisores de enfermedades, así como animales peligrosos como cocodrilos e hipopótamos.

5.- Animales dañinos, peligrosos y venenosos en el entorno de las ciudades y el desierto.

En Egipto había toda una serie de enfermedades locales provocadas por la existencia de microorganismos: esquistoso-miasis, tracoma, bilarziosis, etcétera, que penetraban por la piel o por el agua bebida. A ellas se unían otras bacterias que se encontraban en la arena del desierto o transmitidas por moscas (tracoma o conjuntivitis granulosa o conjuntivitis egipcia) sobre los ojos, dando lugar a la ceguera, situación muy frecuente y descrita en textos y dibujos, como eran los arpistas, que con gran frecuencia aparecen en los grabados como ciegos (posiblemente por tener ocupadas ambas manos y no poder espantar las moscas).